J. C. García Fajardo |
![]() Cuaderno de Bitácora sobre Mundo actual y Sabiduría universal.
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El colmo de la vergüenza es no tenerla. Ni sentido del ridículo al expresar su desprecio a las Instituciones de la Unión Europea. Aunque parecía que el primer ministro de Italia, Berlusconi, había superado todas las cotas del histrionismo, acaba de sugerir como candidatas al Parlamento Europeo a “mujeres bellas para animar a la participación electoral de los ciudadanos”. El oligarca italiano ha menospreciado a los ciudadanos que le han elegido y lo mantienen en el poder. Pero los europeos necesitamos estructuras supranacionales para afrontar los desafíos de una sociedad en tránsito. No podemos tirar por la borda los esfuerzos de políticos eminentes que han trabajado por una Europa mejor, más justa y solidaria, más responsable y unida como Jean Monet, Schuman, Spaak, Adenauer, De Gasperi, Spinelli, y tantos otros. Navegamos lentamente, escribe Bassets, con rumbo fijo, pero sin seguridad alguna de que no terminemos dando en los escollos que se dibujan en el horizonte. Y en estas malas condiciones se celebrarán las elecciones al Parlamento Europeo y se elegirá la nueva Comisión que deberá conducir los asuntos europeos en los próximos cinco años. ¿Extraña a alguien, visto el barroquismo de las instituciones europeas, que los ciudadanos se sientan poco motivados? Estamos hablando, a pesar de todo, de la institución mejor valorada por los ciudadanos según el Eurobarómetro. El profesor británico, Garton Ash, manifiesta su desaliento ante la falta de convocatoria y de voluntad democrática en las elecciones directas que se van a decidir en gran parte en función de cuestiones nacionales y locales. “En la mayoría de esos países, los electores que se molesten en ir a votar aprovecharán la oportunidad para expresar sus opiniones sobre partidos, personalidades y Gobiernos nacionales. Pero lo que ha hecho cada parlamentario en Bruselas y Estrasburgo durante los últimos cinco años, lo que figura en los programas de los llamados partidos europeos, como el Partido Popular Europeo y el Partido Socialista Europeo, y cuáles son los grandes asuntos que se van a discutir son cuestiones que se encontrarán con la indiferencia suprema de los votantes”. Lo que no vamos a tener es un debate político de ámbito europeo sobre el futuro de Europa. Y esto clama al cielo, después de haber conseguido una Europa de las libertades y de los derechos políticos en camino de convertirlos en derechos sociales para todos. Con esta crisis inmensa que se originó en la desaforada orgía de la codicia, del descontrol y del desprecio a los estados, a los gobiernos, a las instituciones y a los ciudadanos del mundo, pues todos estamos interrelacionados y por eso somos responsables solidarios. De hecho, el bienestar, desarrollo, avances y nivel de vida y de despilfarro de los europeos hubiera sido imposible sin las materias primas que en casi un 70% proceden de esos países del mal llamado tercer mundo. Alarma la disminución de la participación desde las primeras elecciones directas al Parlamento Europeo, hace 30 años; desde más del 65% en 1979 hasta menos de 40% que prevé la encuesta del Eurobarómetro para esta convocatoria. Para él no tenemos una democracia directa operativa, legítima y eficaz en Europa, ni vamos a tenerla a corto plazo. Sugiere algo que podríamos hacer en materia de democracia. Una sería la elección directa del presidente de la Comisión Europea. Otra, la elección directa del presidente del Consejo Europeo (la máxima instancia de la UE, con los jefes de Gobierno), si el Tratado de Lisboa entra alguna vez en vigor. Pero estas dos cosas no cambiarían el carácter de la Unión Europea, que es un híbrido cuya legitimidad democrática deriva del carácter democrático de los Estados miembros y sólo en segundo lugar de los elementos de la democracia directa. No vamos a contar con una democracia europea unificada en un futuro próximo. Ya tenemos una comunidad de democracias europeas. La legitimidad de esa comunidad aumentará si afrontan la política energética, las relaciones con Rusia y China, el cambio climático, la coordinación de las políticas económicas nacionales para salvar puestos de trabajo en una recesión económica mundial, la defensa de la libertad de expresión frente a las intimidaciones y la contención de una pandemia de gripe porcina. Parece tener razón al apuntar que el verdadero símbolo de Europa en la actualidad, no lo constituyen las estrellas amarillas sobre un fondo azul, sino un avestruz gris que esconde su cabeza en la arena. José Carlos Gª Fajardo Cuando participé en el Foro Económico Mundial para América Latina, el 15 de abril, en Río de Janeiro, pregunté: ante la actual crisis financiera, ¿se trata de salvar al capitalismo o a toda la humanidad? La respuesta es aparentemente obvia. ¿Por qué entonces el adverbio de modo? Por una sencilla razón: no son pocos los que creen que fuera del capitalismo la humanidad no tiene futuro. ¿Pero acaso tuvo pasado? Suscribo al 100% esta denuncia de Nativel Preciado Todo un ejemplar Delincuentes convictos, esperpentos y figuras grotescas de toda condición ganan ingentes cantidades de dinero a base de contar miserias, traiciones, vulgaridades y mezquindades en un plató de televisión o en las páginas de una revista. Parece que todo les está permitido. Cuanto más provocadoras sean sus intervenciones, mayor es su retribución. A unos se les paga por exhibir su ignorancia y a otros por hacer apología de sus aberraciones. Se convierten en figuras mediáticas, es decir, en bufones que divierten a un público que jalea sus mamarrachadas. Muchos gozan de los beneficios de una libertad ilimitada sin contrapartidas. Firman autógrafos, se forran, viven a cuerpo de rey y trastocan valores y Todo lo que se siembra crece y, a veces, se esparce de mala manera, pero nunca, hasta ahora, las malas hierbas habían traspasado los muros de la Universidad, donde se supone que, en cualquier estación del año, impera el rigor y la excelencia. Ya no. Los cursos de verano de la Universidad Rey Juan Carlos han convocado a Julián Muñoz, en tercer grado penitenciario, para que exponga sus conocimientos a los alumnos que participen en el curso sobre “Periodismo y corrupción política”. El ex acalde de Marbella, con nueve condenas por delitos urbanísticos y numerosas causas pendientes por corrupción, es el que tiene más procedimientos penales abiertos en España. ¿Son estos los méritos que ha visto en él la autoridad académica? ¿Qué clase de espectáculo van a presenciar los alumnos? ¿Por qué no hacen un plante los ilustres ponentes que comparten con él las tórridas jornadas de verano? Me parece una excelente noticia. Era un escándalo que Israel amenazase con bombardear Irán por desarrollar energía nuclear, y sin haber firmado el Tratado de No Proliferación Nuclear disponga de cenetenares de cabezas nucleares, reconocidas por su gobierno, listas para ser montadas en sus misiles. La pretendida defensa de sus fronteras no se consigue con bombas atómicas sino con justicia, acatamiento de las Resoluciones del CS de la oNU y el respeto de los compromisos internacionales y de los legítimos derechos del pueblo palestino a formar un Estado viable, seguro y libre. Ahora me los ha facilitado uno de mis nietos de seis años, y otro de 9 me envió un mail “Yo también los crío, por si necesitas algo”. Me levanto pensando en ellos, y los llevo a la mesa del desayuno para mirarlos. Después, los limpio en la cocina, coloco abundantes hojas frescas de morera de base, y otras bien troceadas para que las coman mejor. Los he cambiado de la tradicional caja de cartón a una transparente que me permite ver cómo evolucionan. Por las tardes, al regresar de la universidad y dejar al perro en la terraza, me los llevo al salón mientras tomo una copa y veo el telediario. No, no hay protestas… uno ya ha alcanzado un cierto grado de autonomía. Uno de mis hijos, que ahora guía a los suyos, me animó a entrar en Google… cuánta información. Ahora sigo los ciclos de mis nuevos amigos, tantos días, cinco mutaciones, las paradas que hacen inmóviles con la cabeza hacia arriba, la voracidad en la última semana, el colocarles una especie de bosquecillo con ramas para que cuelguen sus capullos antes de encerrarse en ellos… la espera, las 24 horas de coyunda de machos y hembras… la pena es que ellos, después, se mueren… aunque no sé,visto visto. La puesta frenética de la mariposa hembra… el bajarlos al cuarto trastero para que estén al abrigo hasta que llegue la primavera, anunciada por los brotes de las moreras en el jardín. No antes, porque no tendrían comida. Y los cuidados con las hojas: las has cogido del árbol sin dañar las ramas, las lavas, las colocas en un paño blanco húmedo que después colocas en la nevera, a la altura de las verduras. Por la mañana y por la noche, selecciono bastantes, las pongo sobre papel de cocina para secarlas y luego caliento algo cada una entre las manos… y las tengo allí cerca, sin pensar los 65 días de su existencia visible… ni siquiera pienso en la metamorfosis. Está bien así. Le echo un recuerdo cordial a Baricco y regreso a mis otras cosas... sin pensar en la Ruta de la seda, ni en Marco Polo, ni en las pinturas chinas. J C Gª F Jackson Brown no es un gran pensador ni un Nobel de literatura, sino un hombre común, un padre preocupado por la felicidad de su hijo que quiso escribir estos simples ‘consejos’, cuando éste iba a estudiar a la Universidad, lejos de su casa. * Observa el amanecer por lo menos una vez al año. Y también una noche estrellada. * Estrecha la mano con firmeza y mira a la gente de frente, a los ojos. * Ten un buen equipo de música. * Elige a un socio de la misma manera que elegirías a un compañero de tenis: busca que sea fuerte donde tú eres débil y viceversa. * Desconfía de los fanfarrones: nadie alardea de lo que le sobra. * Recuerda los cumpleaños de la gente que te importa. * Evita a las personas negativas; siempre tienen un problema para cada solución. * Nunca existe una segunda oportunidad para causar una buena primera impresión. * Anímate a presentarte a alguien que te cae bien simplemente con una sonrisa y diciendo: Mi nombre es fulano de tal; todavía no nos han presentado. * Dale una mano a tu hijo cada vez que tengas la oportunidad. Llegará el momento en que ya no te dejará hacerlo. * Aprende a contemplar a la gente desde sus sandalias y no desde las tuyas. Sitúa tus pretensiones en el marco de tus posibilidades. * No hay nada más difícil que responder a las preguntas de los necios. * Aprende a compartir con los demás y descubre la alegría de ser útil a tu prójimo. * Acude a tus compromisos a tiempo. La puntualidad es el respeto por el tiempo ajeno. * Recuerda que el gran amor y el gran desafío incluyen también ‘el gran riesgo’. Asumamos los riesgos y evitemos los peligros. * Nunca confundas riqueza con éxito. * No pierdas nunca el sentido del humor y aprende a reírte de tus propios defectos. * No esperes que otro sepa lo que quieres si no lo dices. * Aunque tengas una posición holgada, haz que tus hijos contribuyan a los gastos de la casa y de sus estudios tan pronto como puedan. * Haz dos copias de las fotos que saques y envíalas a las personas que aparezcan en las fotos. * No olvides que el silencio es a veces la mejor respuesta. * No deseches una buena idea porque no te gusta de quien viene. * No confundas confort con felicidad. * Escucha el doble de lo que hablas (por eso tenemos dos oídos y una sola boca). * Cuando necesites un consejo profesional, pídelo a profesionales y no a amigos. * La envidia es el homenaje que la mediocridad le rinde al talento. * Recuerda que la felicidad no es una meta sino un camino: disfruta mientras lo recorres. * La gente más feliz no necesariamente tiene lo mejor de todo. Simplemente disfruta al máximo de todo lo que encuentra en su camino. Cada día somos muchos más los que compartimos la suerte de los demás en la convicción de que todos participamos en un proyecto común, el de conquistar nuestra libertad cada día. Ser persona es la capacidad de darse a los demás y saberse parte de la creación entera. El tránsito de ser humano a persona radica en la creación de espacios de encuentro y ambientes de solidaridad, fruto de una convivencia consciente de que la comunión es la más alta expresión de la naturaleza humana porque se apoya en una voluntad de asumir la realidad más auténtica. Nada más lejos de la uniformidad y del individualismo que confunde los medios con los fines, instrumentalizándolo todo en aras del interés o de la utilidad como únicos criterios válidos para triunfar por encima de los demás. La felicidad personal tiene que ver con la perfección de la humanidad entera, con la maduración de cuanto existe y con aquella actitud ante la vida que nos anima a “vivir con modestia y pensar con grandeza”. Los poderes de turno pretenden imponernos doctrinas que amenazan con ahogar la libertad de elegir, de ser y de compartir. No nos permiten ni siquiera el derecho a equivocarnos. Pero por fortuna, cada día somos muchos más los compartimos la suerte de los demás en la convicción de que los hombres somos hermanos y que participamos de un proyecto común. Es preciso juntar esfuerzos para luchar por la humana condición que exige la dignidad como garantía de una libertad auténtica. No libertad para morirse de hambre. Así seremos capaces de sintonizar con esos millones de personas que padecen hambre, miseria, dolor, marginación y soledad. Es un error considerar que el voluntariado social que ejercitamos en nuestras comunidades no está íntimamente ligado a la suerte de los más pobres del mundo. Se pierde de vista la auténtica naturaleza del voluntariado social y corremos peligro de reducirlo a una beneficencia que perpetua y se convierte en cómplice de las estructuras de injusticia que padece nuestra sociedad. Esas estructuras son la causa del subdesarrollo, que no es una etapa en el camino hacia el desarrollo sino un subproducto del mismo, basado en una sociedad consumista, opulenta y despilfarradora a costa de la explotación de los pueblos empobrecidos del Sur. Urge extender este movimiento de solidaridad a todos los hombres, comenzando por los más cercanos, por los que están a la vuelta de la esquina, por los que viven a nuestro lado sin que nos hayamos dado cuenta de su indigencia, de su tristeza y de su aislamiento mientras permanecemos ciegos a las manos que se extienden hacia nosotros y nos llaman. Más que enviados, debemos considerarnos llamados a un quehacer solidario. Al fin y al cabo, la libertad no nos la puede dar nadie sino que se conquista cada día. (Ciberseminario. Serie completa en www.garciafajardo.org) Cada año, al recomendar bibliografía a mis alumnos de Hª del Pensamiento Político y Social, o de algunos de los seminarios o talleres de periodismo que he dirigido, nunca faltaba este libro fundamental. Desde hace unos años, está en Internet actualizado www.guiadelmundo.org.uy. Contiene la más amplia y clara información actualizada sobre 238 países: datos básicos; sinopsis informativa sobre el medio ambiente, la sociedad y el estado; historia desde los primeros pobladores hasta el presente; la bandera y el himno nacional; mapas nacionales y regionales; fotos y estadísticas; situación de los derechos humanos y las condiciones sociales. - “Maestro, eso no es posible. ¡Una olla no puede morir!”, exclamó el incrédulo vecino. * * * ¿No somos todos un poco como el vecino de Hodja? A diario nos bombardean los mensajes de demagogos y publicistas que piensan que todo el mundo está dispuesto a aceptar teorías ridículas que ‘explican’ lo que de todas formas queremos creer. Pero ellos son más sutiles que Hodja y jamás nos confrontan con la agria consecuencia lógica de nuestra propia credulidad. Para complacer al público, las ollas de los medios de comunicación modernos siempre dan a luz, pero nunca mueren. El equipo editorial del Instituto del Tercer Mundo dirigido por Amir Hamed trabajó con dedicación y orgullo para mantener esta tradición y al mismo tiempo renovar el producto y hacer de esta nueva edición no sólo una versión actualizada de la anterior, sino una herramienta totalmente reformulada, con secciones nuevas, más diagramas, una diseño más fácil de leer y el máximo nivel de excelencia. En definitiva, como enseñaba mi abuela, nunca le devuelvas a tu vecino una olla vacía… y con ese espíritu le ofrecemos al lector alimento para el pensamiento con lo mejor de nuestros sabores locales. El amor fati (el amor a la realidad pura y cruda) de los antiguos y retomado por Freud se impone en los días actuales en que la humanidad se ve asolada por una gran crisis de sentido subyacente la crisis económico-financiera. Debemos reaprender a amar de forma desinteresada e incondicional a la Tierra, a todos los seres, especialmente a los humanos, a los que sufren, respetarlos en su diferencia y en sus limitaciones. El amor es una fuerza cósmica que «mueve el cielo y las estrellas», al decir de Dante. Sólo quien ama, transforma y crea. Los grandes se reúnen, están confusos y no saben exactamente qué hacer. Es que aman más el dinero que la vida. Si hubiese amor, aprobarían lo que se está proponiendo: una «Declaración Universal del Bien Común de la Humanidad», base para un «Nuevo Orden Global y Multilateral» que contemple a toda la humanidad, incluida la Tierra. Pero no. Perplejos, prefieren repetir fundamentalmente las fórmulas que no resultaron. Entre tanto cabría preguntar: ¿qué capacidad tienen 20 gobiernos para decidir en nombre de 172? ¿Dónde están los títulos de su legitimidad? ¿Solamente que son los más fuertes? Aunque así fuera, veo que se pueden sacar algunas lecciones útiles para las próximas crisis que se están anunciando. La primera es que los gobernantes, por encima de sus diferencias, pueden unirse ante un peligro global. Aunque sus soluciones no representen una salida sostenible de la crisis, el hecho de que estén juntos es significativo, pues dentro de poco enfrentaremos una crisis mucho peor: la de la insostenibilidad de la Tierra y de los efectos perversos del calentamiento global. Éste traerá consigo la crisis del agua y de la inseguridad alimentaria de millones y millones de personas. Tal situación forzará una unión de los pueblos y de los gobiernos, mayor que ésta del G-20 en Londres, si quieren sobrevivir. Si grande será el peligro, mayor será la posibilidad de salvación, decía un poeta alemán, siempre que se dé esta unión. La solución solamente vendrá de una política mundial asentada en la cooperación, en la solidaridad, en la responsabilidad mundial y en el cuidado para con la Tierra viva. La segunda lección es que no podemos prolongar más el fundamentalismo del mercado, el pensamiento único que arrogantemente anunciaba que no había alternativas al orden vigente, como si la historia hubiera sido congelada a su favor y hubiese destruido el principio-esperanza. No podemos confiar más en la mera razón funcional, desvinculada de la razón sensible y cordial, base del mundo de las excelencias y de los valores infinitos (Milton Santos, nuestro gran geógrafo brasileño) como el amor, la cooperación, el respeto, la justicia y otros. Esta vez, o elaboramos una alternativa, es decir, un nuevo paradigma civilizatorio, con otro modo de producción, que respete los ritmos de la naturaleza, y un nuevo patrón de consumo solidario y frugal o tendremos que aceptar el riesgo de desaparición de nuestra especie y de un grave daño a la biosfera. La Tierra puede continuar sin nosotros. Nosotros no podemos vivir sin la Tierra. La tercera lección es constatar que la economía, como eje estructurador de toda la vida social, se vuelve hostil a la vida y al desarrollo integral de los pueblos. Debe ser reconducida a su verdadera naturaleza, la de garantizar la base material para la vida y para la sociedad. Vivimos tiempos de grandes decisiones que representan rupturas instauradoras de lo nuevo. Bien notaba Keynes: «la dificultad no estriba tanto en formular de nuevas ideas, como en sacudirnos las viejas». Las viejas se desmoronan. Sólo nos queda confiar en las nuevas. De ellas depende un futuro mejor. El mundo requiere alternativas y no solo regulaciones. No es suficiente rehabilitar un sistema, se trata de transformarlo. Es un deber moral y para comprenderlo, adoptar el punto de vista de las víctimas, permite a la vez hacer una constatación y expresar una convicción; la constatación que en conjunto las crisis, financiera, alimentaria, energética, hídrica, climática, social, provienen de una causa común, y la convicción de que podemos transformar el curso de la historia. La constatación Cuando 850 millones de seres humanos viven debajo de la línea de pobreza y que su número aumenta, cuando cada 24 horas decenas de millares de personas mueren de hambre, cuando desaparecen día tras día etnias, modos de vida, culturas, poniendo el patrimonio de la humanidad en peligro, cuando el clima se deteriora y que surge la pregunta si vale la pena vivir en Nueva Orleans, en El Salvador, en Sahel, en las Islas del Pacífico, en Asia Central y en la orilla de los océanos, no se puede contentar con hablar solo de crisis financiera. Las consecuencias sociales de esta crisis se sienten ya más allá de las fronteras de su propio origen: desempleo, vida costosa, exclusión de los más pobres, vulnerabilidad de las clases medias y ampliación, con el tiempo, del listado de las víctimas. Seamos claros, no se trata solamente de un accidente en el recorrido o de un abuso cometido por algunos actores económicos que requieren ser sancionados, estamos confrontados a una lógica que atraviesa toda la historia económica de los últimos dos siglos. De crisis a regulaciones, de desregulaciones a crisis, el desenvolmiento de los hechos responde siempre a la presión de las tasas de ganancia: en aumento se desregula, en disminución se regula, pero siempre a favor de la acumulación del capital, ella definida como motor del crecimiento. Lo que se vive hoy en día no es entonces nuevo. No es la primera crisis del sistema financiero y algunos dicen que no será la última. Sin embargo, la burbuja financiera creada durante los últimos decenios, gracias, entre otros, al desarrollo de nuevas tecnologías de información y de comunicaciones, ha sobredimensionado todos los datos del problema. La economía se ha vuelto cada vez más virtual y las diferencias de ingresos han aumentado exageradamente. Para acelerar las tasas de ganancia, una arquitectura compleja de productos derivados ha sido puesta en marcha y la especulación se ha instalado como un modo de operación del sistema económico. Y lo nuevo es que todos los desequilibrios que se viven hoy mundialmente convergen en una misma lógica. La crisis alimentaria es un ejemplo de eso. El aumento de los precios no fue en primer lugar el fruto de la disminución de la producción, sino más bien el resultado de una combinación entre la disminución de los stock, las maniobras especulativas y la extensión de la producción de agrocarburantes. La vida de las personas humanas ha sido entonces sometida por la obtención de ganancias. Las cifras de la bolsa de Chicago así lo ilustran. Por su parte, la crisis energética va mucho más allá de la explosión coyuntural de los precios del petróleo. Esta señala el fin del ciclo de la energía fósil barata (petróleo y gas), pues su mantenimiento a un precio inferior provocó una utilización inconsiderada de energía, a favor de un modo de crecimiento acelerado, que permitió una rápida acumulación de capital a corto y mediano plazo. La sobreexplotación de los recursos naturales y la liberalización de los intercambios, especialmente desde los años 70, multiplicó el transporte de las mercancías y fomentó los medios de movilidad individual, sin considerar las consecuencias climáticas y sociales. La utilización de derivados del petróleo como fertilizantes y pesticidas se generalizó en el marco de una agricultura productivista. El modo de vida de las clases superiores y medias se construyó sobre el derroche energético. En esta área también, el valor de intercambio se privilegió sobre el valor de uso. Hoy, ante esta crisis que amenaza con perjudicar seriamente la acumulación del capital, aparece la urgencia de buscar soluciones. Sin embargo, según esa perspectiva, estas deben respetar la lógica de base: mantener el nivel de tasas de ganancias, sin tomar en cuenta las externalidades, lo que no entra en el cálculo del capital y que debe ser soportado por las colectividades e individuos. Es el caso de los agrocarburantes y sus consecuencias ecológicas: destrucción por el monocultivo de la biodiversidad, de los suelos y de las aguas subterráneas, y sus consecuencias sociales: expulsión de millones de campesinos que van a poblar los cinturones de miseria de las ciudades y a empeorar la presión migratoria. La crisis climática, de la cual la opinión pública mundial no ha tomado conciencia en toda su gravedad, es según el GIEC (Grupo Internacional de Expertos del Clima), resultado de la actividad humana. Nicolas Stern, antiguo colaborador del Banco Mundial, no vacila en decir que: “los cambios climáticos son el mayor fracaso de la historia de la economía de mercado”. En efecto, aquí como en la situación anterior, la lógica del capital no conoce “las externalidades”, menos cuando estas empiezan a reducir las tasas de ganancia. La era neoliberal que hizo crecer las tasas de ganancias, incidió igualmente en el incremento de la emisión de gases de efecto invernadero y del calentamiento climático. Tanto el incremento de la utilización de materias primas y del uso de los transportes, como la desregulación de las medidas de protección del ambiente, aumentaron las devastaciones climáticas y disminuyeron el potencial de regeneración de la naturaleza. Si nada se hace en un futuro cercano, entre el 20% y el 30% de todas las especies vivas podrían desaparecer en el próximo cuarto de siglo. El nivel y la acidez de los mares aumentará peligrosamente y se registrarán entre 150 y 200 millones de refugiados climáticos a partir de la mitad del siglo XXI. La crisis social se ubica en este contexto. Es más provechoso para la acumulación privada a corto y mediano plazo, desarrollar al máximo el 20% de la población mundial, la que es capaz de consumir bienes y servicios con alto nivel de valor añadido, en vez de responder a las necesidades de base de los que tienen un poder de adquisición reducido o nulo. En efecto, estos son incapaces de producir valor añadido, tienen poca capacidad de consumo y son tan solo una multitud inútil, a lo sumo, susceptible de ser objeto de políticas asistenciales. El fenómeno se ha acentuado con la predominancia del capital financiero. Una vez más, la lógica de acumulación se ha impuesto sobre las necesidades de los seres humanos. Todo este conjunto de disfuncionamientos desemboca en una verdadera crisis de la civilización; caracterizada por el riesgo de un agotamiento del planeta y de la extinción del ser vivo, lo que significa una crisis de sentido. Entonces, regulaciones? Sí, mientras estas constituyan las etapas de una transformación radical y permitan una salida de la crisis, que no sea la guerra. No, si ellas solo prolongan una lógica destructiva de la vida. La humanidad que renuncia a la razón y abandona la ética, pierde el derecho a existir. Una Convicción Desde luego, el lenguaje apocalíptico no es portador de acción. Pero una constatación de la realidad puede conducir a reaccionar. La búsqueda y la puesta en marcha de alternativas es posible, pero no sin condiciones. Suponen, en primer lugar, una visión a largo plazo, la utopía necesaria; después medidas concretas, escalonadas en el tiempo, y finalmente, actores sociales portadores de proyectos, en el marco de un combate cuya dureza será proporcional al rechazo del cambio. La visión de largo plazo puede articularse alrededor de unos ejes mayores. En primer lugar, un uso renovable y racional de los recursos naturales, lo que supone otra filosofía de la relación con la naturaleza: no más explotación sin límites de una materia, el objeto en este caso de la ganancia, sino el respeto de lo que es fuente de vida. Las sociedades del socialismo llamado real, poco innovaron en esta materia En segundo lugar, privilegiar el valor de uso sobre el valor de cambio, lo que significa otra definición de la economía: no más producción de un valor añadido, fuente de acumulación privada, sino la actividad que garantiza las bases de la vida, material, cultural y espiritual de todos los seres humanos en todo el mundo. Las consecuencias lógicas son considerables. Desde este momento, el mercado sirve de regulador entre la oferta y la demanda, en vez de incrementar las tasas de ganancias de una minoría. El derroche de materias primas y de energía, la destrucción de la biodiversidad y de la atmósfera, son enfrentadas, tomando en consideración las “externalidades” ecológicas y sociales. Las prioridades de la producción de bienes y servicios cambian de lógica. Un tercer eje es la generalización de la democracia, no solo aplicada al sector político por una democracia participativa, sino también dentro del sistema económico, en todas las instituciones, y entre los hombres y las mujeres. Una concepción participativa del Estado se deriva necesariamente de esto, así como una reivindicación de los derechos humanos en todas sus dimensiones, individuales y colectivas. La subjetividad vuelve a encontrar un lugar. Finalmente, el principio de multiculturalidad entra a complementar estos tres ejes. Se trata de permitir a todos los saberes, aún tradicionales, de participar en la construcción de alternativas, a todas las filosofías y las culturas, quebrando el monopolio de la occidentalización, a todas las fuerzas morales y espirituales capaces de promover la ética necesaria. Entre las religiones, la sabiduría del hinduismo en su relación con la naturaleza, la compasión del budismo en sus relaciones humanas, la búsqueda permanente de la utopía del judaísmo, la sed de justicia en la corriente profética del islam, las fuerzas emancipadoras de una teología de la liberación en el cristianismo, el respeto de las fuentes de vida en el concepto de la madre tierra de los pueblos autóctonos de América Latina, el sentido de solidaridad expresado en las religiones de Africa, constituyen las contribuciones potenciales importantes, en el marco evidentemente de una tolerancia mutua garantizada por la imparcialidad de la sociedad política. Utopías solo utopías! Pero el mundo necesita utopías, a condición que estas se traduzcan en la práctica. Cada uno de los principios mencionados es susceptible de aplicaciones concretas, que ya han sido objeto de propuestas de parte de numerosos movimientos sociales y de organizaciones políticas. La nueva relación con la naturaleza significa, entre otros, la recuperación por los Estados de la soberanía sobre sus recursos naturales y la no apropiación privada; el cese de monocultivos y la revalorización de la agricultura campesina, la ratificación y la intensificación de las medidas de Kyoto y de Bali sobre el clima. Privilegiar el valor de uso conlleva a la no mercantilización de los elementos indispensables para la vida: las semillas, el agua, la salud, la educación; el reestablecimiento de los servicios públicos; la abolición de los paraísos fiscales; la supresión del secreto bancario; la anulación de las deudas odiosas de los Estados del Sur; el establecimiento de acuerdos regionales, no sobre la base de la competitividad sino de la complementariedad y de la solidaridad; la creación de monedas regionales, el establecimiento de multipolaridades y muchas otras medidas todavía. La crisis financiera constituye una ocasión única de poner en práctica estas medidas. Democratizar las sociedades pasa por la organización de la participación local desde la gestión de las materias económicas y hasta la reforma de las Naciones Unidas. La multiculturalidad se expresa por la abolición de las patentes sobre el saber, por la liberación de la ciencia del dominio de los poderes económicos, por la supresión de los monopolios de la información, por el establecimiento de la libertad religiosa. Pero quien será el portador de este proyecto? Es verdad que la genialidad del capitalismo es que transforma sus propias contradicciones en oportunidades. How global warming can make you wealthy?, (como el calentamiento global puede hacerle rico?) se podía leer en una publicidad del US Today al principio de 2007. El capitalismo podría llegar a renunciar a sus propios principios? Es evidente que no: solo una nueva relación de poderes lo logrará, lo que no excluye que actores económicos contemporáneos se adhieran. Pero una cosa es clara: el nuevo actor histórico portador de proyectos alternativos es hoy plural. Son los obreros, los campesinos sin tierra, los pueblos indígenas, las mujeres primeras victimas de las privatizaciones, los pobres de las ciudades, los militantes ecologistas, los migrantes, los intelectuales vinculados a movimientos sociales: su conciencia de ser actor colectivo empieza a emerger. La convergencia de sus organizaciones esta apenas empezando y a menudo faltan todavía relaciones políticas. Algunos Estados, especialmente en América latina, han creado ya condiciones para que las alternativas nazcan. La duración y la intensidad de las luchas de estos actores sociales dependerán de la rigidez del sistema vigente y de la intransigencia de sus protagonistas. Ofrezcanles entonces, dentro de las Naciones Unidas, un espacio para que puedan expresarse y presentar sus alternativas. Eso sera su contribución a la inversión del curso de la historia, indispensable para que el género humano vuelva a encontrar un espacio de vida y pueda, de esta manera, reconstruir la esperanza. François Houtart Responsabilidad y justicia ante embarazos no deseados En España han montado una cruzada contra la nueva ley de interrupción del embarazo y el acceso y uso de la píldora “del día después”. Como muchos lectores y antiguos alumnos piden mi opinión me arriesgo a expresarla con la mayor discreción posible. El ideal sería que una chica, ante un embarazo no deseado, hablase con sus padres y estos le ayudasen a tomar una decisión serena y libre de prejuicios, y la acompañasen en todo momento, incluido el acto médico de esa interrupción consciente. Ahora bien: Imaginemos a una chica mayor de 16 años, embarazada, por violación o una noche loca, rotura del preservativo o porque “no sabía lo que hacía”, y que su padre o madre fueran integristas fundamentalistas islámicos, católicos, mormones, o de sectas que condenan la interrupción de ese embarazo no deseado basándose en argumentos ideológicos, respetables, pero que no tienen derecho a imponer a nadie. ¿Tendrá la hija que someterse al diktat de sus padres? ¿La pueden obligar a que nazca ese hijo no deseado y que va a marcar su vida tanto o más que “el síndrome de un aborto”? Opino que esa hija que ha tenido capacidad, libertad o insensatez para quedarse embarazada tiene el derecho de acudir a una clínica oficial y hablar con los médicos para que actúen con las garantías médicas y sicológicas que precise. Estoy a favor de una formación integral, de salud y sobre una sexualidad responsable. Estoy a favor del uso del preservativo, y me parecen peligrosas las condenas contra su uso por clérigos y familias “ejemplares”. Apoyo la planificación familiar y la utilización de sistemas anticonceptivos supervisados médicamente puesto que acepto la paternidad/maternidad deseada o aceptada pero jamás impuesta por nadie. Lo que me asombra es que sobre estos temas de matrimonio, sexualidad, erotismo, amor, embarazos, preservativos, masturbación o juegos eróticos traten de imponer sus criterios unos profesionales del celibato, una forma de eunucos, en gran parte, reprimidos y que desde el siglo XI han tergiversado el mensaje de Jesús. También sugiero buscar en las páginas de los cuatro Evangelios cuántas palabras dedica al sexo el Rabí Jesús… en comparación con las dedicadas a la justicia, la solidaridad, la fraternidad, la comprensión, el amor, la libertad, la alegría, la acogida a los demás… Parece que los clérigos viven obsesionados por el sexo y el erotismo que reprimen o subliman o emponzoñan en actividades penadas por decisiones judiciales. “…es preciso que el obispo sea irreprensible, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, no dado al vino ni pendenciero… que sepa gobernar bien su propia casa, que tenga a sus hijos en sujeción; pues quién no sabe gobernar su casa, ¿cómo gobernará la Iglesia?” Iª Tim. 3, 1-6 “ … que constituyeses por las ciudades presbíteros en la forma que te ordené. Que sean irreprochables, maridos de una sola mujer, cuyos hijos sean fieles…” Tito.1, 5-9. Quede para otra ocasión reflexionar sobre las riquezas, codicia, soberbia, intolerancia, el ansia de poder y de dominio que les ha llevado a algunos a tergiversar el mensaje del Maestro según las conveniencias sociales, políticas o económicas del momento. José Carlos Gª Fajardo “En nuestro banco optamos por una nueva forma de hacer banca y buscamos soluciones innovadoras. Sólo tenemos una palabra: Adelante”. La otra tarde, descansando en casa después de comer, suena el teléfono y ¡era la directora de la sucursal del banco! Como no tenía pagos pendientes ni abonos urgentes, me dije que se trataba de un recurso publicitario más, de esos que no respetan horarios de descanso ni privacidad alguna. “¿Ocurre algo?”, pregunté. “No, profesor es que, como usted es un buen cliente, le quería hacer una oferta estupenda que se termina pasado mañana”. Era la primera vez en mi vida que me telefoneaba el director de un banco y lo juzgaba positivo porque, antes, si llamaban, era para decirte que tenías un enorme descubierto y que no podrían atender a los pagos. Eso era antes, porque ahora, aunque tengas nóminas y cobros domiciliados, y la cuenta desde hace 30 años, como llegue un recibo imprevisto y no hayan llegado los abonos regulares, lo devuelven y ya está. Si protestas, te dicen que es por la informatización, “cosa de las máquinas, ya sabe.” No, no sé ni quiero saber porque ahora hasta cargan las multas de hacienda o de la circulación sin previo aviso. ¿Hay saldo? Pues se cargan y ya está. “¡Pero si no tengo libreta!” “¡Da igual, le hacemos una vinculada a su cuenta corriente!” Le pregunté si sabía qué edad teníamos, mi esposa y yo, como para ofrecernos utensilios de hogar, más bien podríamos hacerle una contraoferta. Tienes que sortear anuncios de coches, de lavadoras, de joyas, de televisores, y de tantas cosas que me pregunto si habré entrado en un supermercado. Si el intrusismo está prohibido, y hasta mal visto en cualquier profesión, por qué los bancos se dedican, no sólo a “financiar” compras de inmuebles o de vehículos sino que tramitan las más diversas mercaderías y hacen que te las lleven a tu casa. ¿Se imagina a un particular que preste dinero sin que se le tache con los peores epítetos? O a una tienda de ultramarinos que “descontase” letras o a una corsetería que hiciera transferencias al extranjero, no de bragas y sujetadores, sino de dinero. ¡Lo que han luchado los inmigrante por mantener sus oficinas de envío de remesas a sus países mediante una comisión inferior a la de los bancos, y mucho más rápido. Se les ha perseguido porque, para los bancos y las cajas de ahorros, era un negocio descomunal. No hay más que recordar los millones de euros que desde Europa y EEUU envían como remesas a sus familias. Y aquí sí que no hay papeles oficiales ni empadronamientos ni permiso de trabajo ni certificado de esto o de aquello. Ah, pero durante muchos años, si un inmigrante con permiso de trabajo y seguridad social en regla, pretendía que le financiasen la compra de un local o de un apartamento era tratado como un ser no de fiar, por eso les pedían avales inconsiderados que no pedirían a un nacional. Ahora, como en el relato evangélico, “se echan a las calles en busca de invitados para sentar a sus mesas”. No tienen más que entrar en las web de la mayoría de los bancos, apartado “selección”, y encontrarán más de un centenar de ofertas de coches, inmuebles, viajes, electrónica, tiempo libre, hogar, salud, informática, joyerías y ¡dos páginas! de 300 productos para el “gourmet”. ¡Un banco vendiendo chorizo, vinos, jamón y exquisiteces! Pronto ofrecerán preservativos, geles y píldoras post coito, ahora que parecen el no va más de la libertad. Ya está bien de aguantar a tantos buitres que todavía no han pagado por el delito de la crisis económica que padecemos y que pretenden que la paguemos entre todos. Ah, pero mantienen políticas de “responsabilidad social como compromiso con el desarrollo”, porque entre los principios corporativos destaca “el cliente como centro del negocio”, “un comportamiento ético e integridad profesional como forma de desarrollar la actividad” y, claro, “la innovación como palanca de progreso”. Toda esta oferta la hacen a 18 meses, y sin intereses. ¿Lo cogen? José Carlos Gª Fajardo |