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J. C. García Fajardo

Retazos de Ting Chang 011: El bloque de piedra

Cuando Sergei recogió el servicio para el té que el Maestro les había dado, le dijo al Noble médico:
- "Señor, esos idiotas no lo eran tanto ¿verdad?
- Yo no lo creo. Lo que importa es no confundir al auténtico seguidor de la via sufí con los cuentos y estratagemas que ellos inventan para desconcertar a sus oyentes y luego ayudarlos en su despertar.
- Entonces, ¿El Mulá Nasrudín... nunca ha existido?
- Sergei, Liebre siempre alerta, quizás existiera un mulá y otro y otro, cada uno de los cuales tuvo experiencias y anécdotas que los demás fueron incorporando a su repertorio. Hacerse el idiota no es lo mismo que serlo, auqnue la perfecta sabiduría quizás consista en recibir las cosas y actuar con la libertad, ingenuidad y pureza de corazón de esa gente sencilla.
- Sin dar vueltas a las cosas...
- Sin darle vuelta a nada. Cuando comer, comer; cuando beber, beber; cuando descansar, descansar.
- Y cuando divertirse, folgar y emborracharse...
- ¡Para, Sergei, para!... Aunque si lo hicieras con el corazón transparente, no te apegases ni lo programases... ¿qué más da hacer una cosa que otra?
- Entonces, el Bien no existe, ni tampoco el Mal.
- Filósofo estás, Hijo de las estepas, ¿seguro que no estás tramando algo?
- Mi Señor,- dijo postrándose de hinojos con la frente en el suelo y las manos hacia arriba como para recibir al Buda- , mi única preocupación es no despertarme de este sueño que estoy viviendo para no separarme nunca de tu lado.
- Venga, levántate y acerca ese plato con las galletas de jengibre, mientras te cuento otra de las idioteces de los derviches, además esta dicen que le sucedió al Mulá Nasrudín mientras paseaba con su hijo.
- Cuenta, Amigo de los que sufren, cuenta.
- ¡Ay de mi! Ahora me vienen tres historia a la mente.
- Esto también le ocurría a nuestro Maestro.
- Pero él sabía desenredarlas y cada vez nos contaba una.
- Salvo una vez que se dejó ir y me fue ensartando una detrás de otra, mientras el sol se ponía al otro lado del río.
- Eso sería porque pasaba cerca el pájaro de la tristeza.
- Si ha de ser así, no me cuentes más que una, Noble Señor... aunque ya nos preparemos para viajar a Shangai.
- Calla y no desbarres. Escucha. Iba el Mulá paseando con su hijo cuando vieron el huevo que una gallina había puesto cerca del camino. "Padre, preguntó el rapaz, ¿cómo entran los pájaros en el huevo?" "¡Ahora sí que estamos bien!, - respondió el Mulá fingiendo sorpresa-, me he pasado media vida preguntándome cómo salían los pájaros del huevo y ahora vienes tú y me preguntas que cómo salen!"
- ¡Esa sí que es buena!
- La sabiduría sufí pretende que no perdamos el tiempo en lamentarnos por los efectos sino que nos preguntemos por qué nos hemos metido en ese problema. Ellos dicen "Dime de dónde vienes y te diré adónde vas".
- ¿Cual era la otra historia, encadenada?, preguntó la Liebre del Ouad Arrama.
- Un Maestro le dice a sus discípulos "Figuráos que estáis encerrados en un enorme bloque de mármol. ¿Cómo haríais para salir de allí?" Unos, dijeron una cosa, otros, otra a cual más disparatada. Entonces, el humilde jardinero que barría el atrio en donde se encontraban alzó la vista y sonriendo da un paso hacia adelante y dice "Así".
- ¡Claro! porque el bloque de piedra no existía.
- La mayoría de los bloques que nos angustian son mentales, inventados, provienen de nuestra imaginación. Si las ilusiones, en realidad, no existen más que en nuestra mente se da un paso adelante y ya se sale de ellas.
- Como nosotros en el camino de Shangai... Pero, Shangai existe.
- Sí que existe, y existía antes de ponernos nosotros en camino. Lo que nos asustan son las fantasías de un mundo desconocido, bueno, los engranajes de eso que llaman mundo y que yo habia tomado la decisión de abandonar para dedicarme sólo a la práctica de la medicina en un hospital alejado de la gran ciudad para poder atender a los más necesitados.
- Sí, pero nuestro Maestro te hizo comprender que no es encerrándonos en nuestro capullo como se producirá la seda.
- El, ni Tenno ni el Barrendero, me dijeron nada. Tan sólo me ayudaron a pasar al otro lado del río.
- ¿Y que haremos con la balsa, quemarla?
- ¡Nada de eso! La dejaremos en la orilla por si otro puede necesitarla.
- Noble Ting Chang, tú no estás triste, ¿verdad? (Nosotros no estamos tristes, ¿verdad?)

José Carlos Gª Fajardo por la transcripción

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1 comentario

Hormiguero -

No, hemos de decir que no lo estamos. Y sin embargo el pájaro de la tristeza lleva mucho tiempo volando sobre alguno...
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