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J. C. García Fajardo

Banqueros insaciables

 “En nuestro banco optamos por una nueva forma de hacer banca y buscamos soluciones innovadoras. Sólo tenemos una palabra: Adelante”.

La otra tarde, descansando en casa después de comer, suena el teléfono y ¡era la directora de la sucursal del banco! Como no tenía pagos pendientes ni abonos urgentes, me dije que se trataba de un recurso publicitario más, de esos que no respetan horarios de descanso ni privacidad alguna.

“¿Ocurre algo?”, pregunté. “No, profesor es que, como usted es un buen cliente, le quería hacer una oferta estupenda que se termina pasado mañana”.

Era la primera vez en mi vida que me telefoneaba el director de un banco y lo juzgaba positivo porque, antes, si llamaban, era para decirte que tenías un enorme descubierto y que no podrían atender a los pagos. Eso era antes, porque ahora, aunque tengas nóminas y cobros domiciliados, y la cuenta desde hace 30 años, como llegue un recibo imprevisto y no hayan llegado los abonos regulares, lo devuelven y ya está. Si protestas, te dicen que es por la informatización, “cosa de las máquinas, ya sabe.”

No, no sé ni quiero saber porque ahora hasta cargan las multas de hacienda o de la circulación sin previo aviso. ¿Hay saldo? Pues se cargan y ya está.
La directora me ofrecía ¡una vajilla, o un conjunto de utensilios para hervir las verduras al vapor, o no sé cuántas cosas más! Cuando salí de mi estupor, me confirmó que sólo tenía que depositar 400 euros en mi libreta de ahorro y no moverlo en no sé cuantos meses.

“¡Pero si no tengo libreta!” “¡Da igual, le hacemos una vinculada a su cuenta corriente!”

Le pregunté si sabía qué edad teníamos, mi esposa y yo, como para ofrecernos utensilios de hogar, más bien podríamos hacerle una contraoferta.
Ya llevo unos meses que me asombran las dificultades que hay en las nuevas oficinas bancarias para llegar a la caja o a un ser humano que piense y te escuche.

Tienes que sortear anuncios de coches, de lavadoras, de joyas, de televisores, y de tantas cosas que me pregunto si habré entrado en un supermercado.

Si el intrusismo está prohibido, y hasta mal visto en cualquier profesión, por qué los bancos se dedican, no sólo a “financiar” compras de inmuebles o de vehículos sino que tramitan las más diversas mercaderías y hacen que te las lleven a tu casa.

¿Se imagina a un particular que preste dinero sin que se le tache con los peores epítetos? O a una tienda de ultramarinos que “descontase” letras o a una corsetería que hiciera transferencias al extranjero, no de bragas y sujetadores, sino de dinero.

¡Lo que han luchado los inmigrante por mantener sus oficinas de envío de remesas a sus países mediante una comisión inferior a la de los bancos, y mucho más rápido. Se les ha perseguido porque, para los bancos y las cajas de ahorros, era un negocio descomunal. No hay más que recordar los millones de euros que desde Europa y EEUU envían como remesas a sus familias. Y aquí sí que no hay papeles oficiales ni empadronamientos ni permiso de trabajo ni certificado de esto o de aquello. Ah, pero durante muchos años, si un inmigrante con permiso de trabajo y seguridad social en regla, pretendía que le financiasen la compra de un local o de un apartamento era tratado como un ser no de fiar, por eso les pedían avales inconsiderados que no pedirían a un nacional. Ahora, como en el relato evangélico, “se echan a las calles en busca de invitados para sentar a sus mesas”.

No tienen más que entrar en las web de la mayoría de los bancos, apartado “selección”, y encontrarán más de un centenar de ofertas de coches, inmuebles, viajes, electrónica, tiempo libre, hogar, salud, informática, joyerías y ¡dos páginas! de 300 productos para el “gourmet”. ¡Un banco vendiendo chorizo, vinos, jamón y exquisiteces! Pronto ofrecerán preservativos, geles y píldoras post coito, ahora que parecen el no va más de la libertad.

Ya está bien de aguantar a tantos buitres que todavía no han pagado por el delito de la crisis económica que padecemos y que pretenden que la paguemos entre todos. Ah, pero mantienen políticas de “responsabilidad social como compromiso con el desarrollo”, porque entre los principios corporativos destaca “el cliente como centro del negocio”, “un comportamiento ético e integridad profesional como forma de desarrollar la actividad” y, claro, “la innovación como palanca de progreso”.

Toda esta oferta la hacen a 18 meses, y sin intereses. ¿Lo cogen?

 

José Carlos Gª Fajardo

 

 

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