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J. C. García Fajardo

Suicidos en las prisiones

Hace veinte años que trabajo como voluntario social en Centros penitenciarios españoles, animando y sosteniendo las Aulas de Cultura de Ssolidarios para el Desarrollo. Sé de lo que hablo. El sábado estuve en Navalcarnero, el anterior en Valdemoro y el próximo en Soto del Real. Tambien conozco, con espanto, la situación en más de dos docenas de cárceles en países de América Latina y de África. Pero hoy quiero referirme a los datos que publicaPablo Ordaz en su crónica ''Peligro de muerte en prisión''

30 presos se han quitado la vida en las cárceles este año; en 2004 hubo 40 suicidios, 12 más que en 2003. El año pasado murieron 180 reclusosm 40 de ellos se quitaron la vida, 33 murieron por sobredosis, detnro de la cárcel, si, y 31 enfermos del sida que fuerzan a preguntarnos si la prisión era el local idóneo para estos enfermos.

La población reclusa en nuestro país supera los 61.000 internos. En 2002 eran 44.924 (3.638 mujeres), en 2003 eran 48.645 (3.899 mujeres), en 2004, 51.272 ( 4.000 mujeres). Es fácil preconizar el endurecimiento de las penas cuando en cárceles como la de Zaragoza hay presos de 61 nacionalidades  con serias dificultades para la reinserción. El hecho de que hayan desaparecido los manicomios y hospitales siquiátricos hace que se envíen a prisión enfermos como José para cumplir 15 días de condena:''Es el caso de José, un indigente de 40 años que ingresó en prisión la primavera pasada. La policía lo pilló robando en un pueblo y el juez lo condenó a 15 días por hurto. Ingresó en Zuera y fue directo a la enfermería. Tenía antecedentes de meningitis, cirrosis, sida, tuberculosis pulmonar, atrofia cerebral y fuerte dependencia de las drogas. Fue llevado al hospital. Murió el 27 de marzo, un día antes de conseguir su libertad. Dice el director de la cárcel: "Yo no cuestiono la actuación de la policía ni del juez, pero me pregunto, ¿es aquí donde tenía que estar José?".

Para terminar, aporto el testimonio de Fernando que habla en un lenguaje claro y directo:'':Fernando cumple condena en Zuera. Tiene 56 años, 30 más que Jordi Rosa, y juntos atienden a los internos con problemas físicos o tendencia al suicidio. A fuerza de asomarse al abismo, son capaces de poner en román paladino lo que Gonzalo o Gallizo explican en lenguaje técnico. "La gente viene muy rallada de fuera", dicen, "se meten de todo, viven la aventura, son unos héroes en su barrio y luego llegan aquí y se les cae el mundo encima. Sobre todo cuando se dan cuenta de que la aventura les va a costar siete años de una condena que tendrán que comerse entera. La juventud de hoy no está preparada para el fracaso. Se derrumba. Y además", añaden, "los psiquiátricos se cerraron y todos los que están mal vienen a parar aquí".  También todos los años, hay muertes violentas.
Creo que es un tema de la suficiente importancia como para reflexionar, debatir y aportar propouestas alternativas al sistema. ¡Y eso que estamos en la UE con eglametnos e instituciones avanzadas! Pero no podemos pasar de largo como si no fuera con nosotros porque la experiecnia de tantos años como volunatrios en prisiones nos demuestra que una ismple visita, un partido de fútbol, una charla, un café compartido o sencillamente caminar escuchando y compartiendo por los eternos patios... ha abierto miles de esperanzas y despertado fuerzas donde sólo cabía la desesperación y la tristeza.

No se trata de ir allí como abogados, psicólogos o asistentes sociales, que los tienen, sino de animar con la presencia de cada semana ayudando a abrir horizontes de esperanza en personas que se han convertido en los mayores enemigos de sí mismos, incapaces de perdonarse y de reconocer que aunque no se puede recuperar la inocencia perdida, siempre es posible crear unanueva inocencia. Porque hoy es siempre, todavía y el pasado no puede hundirnos ni amordazarnos para siempre. Ayer ya pasó, mañana no es más que una hipótesesis. De lo que se trata es de ayudar a descubrir que aquí y ahora es posible aprender a vivir con plenitud transforman la condena a la privación de libertad en rampa de lanzamiento para un nuevo vivir que arranca de asumir el presente y dejar crecer esa otra vida que es posible porque es necesaria. De lo contrario, la depresión, el autocastigo, la venganza, la amargura, la droga o el sucidio

José Carlos Gª Fajardo

Peligro  de  muerte  en  prisión


Manuel era gitano, tenía 27 años y buena mano para el dominó. Había pasado muchas fatigas hasta conseguir desengancharse de la heroína, pero últimamente se le veía muy bien. Echaba un cable en la lavandería y alternaba en el patio con su padre, su hermano, un primo y un tío suyos, todos ellos compañeros de prisión. La semana pasada, Jordi Rosa, un preso de 26 años que ayuda en la enfermería, fue llamado al módulo seis. Durante la noche, Manuel se había ahorcado con una sábana en su celda. De los 1.600 internos de la cárcel de Zaragoza, 70 estaban siendo sometidos a un control estricto de prevención de suicidios, pero Manuel no era uno de ellos. Al salir con la camilla, Jordi Rosa escuchó a los otros presos despedirse de su amigo gritándole "por qué".Ni el director de la cárcel de Zaragoza ni la directora general de prisiones tienen la respuesta. 30 reclusos se han suicidado en las cárceles españolas desde principios de 2005. El año pasado, la cifra fue de 40, 12 más que en 2003. La muerte en prisión se ha convertido ya en la mayor preocupación de Instituciones Penitenciarias. Además de los que se quitaron la vida, otros 140 murieron durante el año pasado mientras cumplían condena o estaban a la espera de juicio. 33 por sobredosis, 92 por diversas enfermedades (31 de ellos seropositivos), dos de forma accidental, uno por agresión y otros 12 por causas aún pendientes de determinar. Mercedes Gallizo, la directora general de Instituciones Penitenciarias, admite que la muerte en la cárcel -y de forma muy especial el suicidio- se ha convertido para ella en una obsesión. "Es la principal de mis preocupaciones", asegura, "más incluso que la sobreocupación. Sabemos que tenemos 10.000 presos más de lo que sería razonable que tuviésemos, que estamos un 30% por encima de nuestra capacidad, pero no sabemos por qué la gente se quita la vida en prisión. Hemos comprobado que a veces las personas que recurren al suicidio no se ajustan al perfil del suicida. Y ésa es mi obsesión: averiguar cómo les podemos ayudar. Tengo la duda de si estamos haciendo todo lo posible...".

 

La muerte de Manuel no hace más que agrandar esa incertidumbre. Sobre todo porque es el tercer preso que se quita la vida en la cárcel de Zaragoza en lo que va de año. Antes de él lo hicieron un joven atracador con ideas de ultraderecha y Mustafá Zanibar, un marroquí que cumplía condena por asesinar con fuego a un compatriota en Almería y al que se le acusaba además de pertenecer a la célula islamista que pretendía volar la Audiencia Nacional. La cárcel de Zaragoza, ubicada en Zuera, a 40 kilómetros de la capital en dirección a Huesca, tiene además otro extraño récord: desde que se inauguró, a finales de 2001, 23 presos han encontrado allí la muerte.

 

El director de la cárcel se llama Andrés Gonzalo. Es un hombre joven, pero con la experiencia suficiente para haber conocido otros tiempos. Épocas no tan lejanas -principios de los 90- en las que los presos para protestar se amputaban un dedo con la cancela del penal y lo tiraban sobre la mesa de un funcionario. Épocas de motines, de celdas ardiendo, de internos en los tejados. "Siempre se ha dicho, "explica Gonzalo, "que la experiencia es la principal herramienta de un funcionario, pero ahora todo ha cambiado". Un buen ejemplo es la prisión que él dirige. Con capacidad para 1.008 internos, nunca baja de 1.600. De éstos, más del 30% son extranjeros. "¿Quiere saber cuántas nacionalidades distintas hay aquí?", se pregunta para responder enseguida: "Sesenta y una. Estoy seguro de que mucha gente no sería capaz de escribir 61 países en un papel". Hay también en Zuera terroristas de ETA o capos del narcotráfico como Laureano Oubiña. "Pero sobre todo", coinciden Andrés Gonzalo y Mercedes Gallizo, "hay gente que nos llega muy deteriorada, psíquica y físicamente. La sociedad nos manda todos los problemas que no puede resolver: de angustia, de drogas, de locura...".

 

 

 

Hay un estudio reciente sobre el suicidio en la institución penitenciaria que es un tratado de la desesperanza. Lo encargó Mercedes Gallizo cuando empezó a percatarse de la magnitud del problema. Después de estudiar cada caso, el informe apenas puede dibujar un perfil del preso que se quita la vida: varón, español, de entre 21 y 40 años, soltero... Todos los demás indicadores son lo bastante ambiguos como para no poder extraer de ellos una conclusión determinante. Un ejemplo de ello es la variante "primeros días de ingreso". Hasta ahora se creía que la llegada del interno a la cárcel era un factor de alto riesgo, pero el estudio demuestra que no es el de mayor peligro. Sencillamente, no se sabe cuál es. También se creía que quien cae preso por cometer un asesinato podría ser víctima de un remordimiento que lo abocara al suicidio. Sin embargo, de los 40 que se quitaron la vida en 2004, 21 tenían condenas por robo.

 

Dice el director de Zuera que los presos se vuelven miopes con respecto al futuro, que no son capaces de ver más allá de tres o cuatro meses. De ahí que cobre especial importancia una conclusión extraída del nuevo programa de prevención de suicidios que se está poniendo en marcha en las cárceles. Dice que las modificaciones legales puestas en marcha por el anterior Gobierno -el cumplimiento de las penas íntegras y la dificultad de redimir condena- han "disminuido el nivel de esperanza de numerosos reclusos".

 

Nadie sabe si fue eso lo que le pasó a Manuel.

 




13 comentarios

maria -

yo perdi en 2002 un hermano en la prision de navalcarnero por causas nada claras y hoy en dia vivo con la angustia pues mi otro hermano cayo preso y tengo terror cuando pienso que pueda pasarle lo mismo. creo que las carceles se han convertido el algo parecido a las que hay en america es mas facil matar en la carcel y ocultarlo que en la calle contando con mas medios,aunque la diferencia esta que fuere matan con libertad y dentro les dan libertad para matar

carlos -

Estoy totalmente de acuerdo con mi tocayo miguélez. Hace apenas tres meses, mi vida transcurría en parámetros \"normales\", si con eso la gente entiende familia media, trabajadora, hermanos estudiantes, nada me hacía pensar que tendría que ir a una cárcel en mi vida. Ahora, llevo dos meses yendo todas las semanas. Mi hermano cometió un error, sin ser consciente de ello, y mi familia y yo estamos descubriendo que el mundo de las cárceles no es un mundo tan lejano como pensabamos antes. A cualquiera nos puede tocar en primera persona o por un familiar. Todos los días cuando me muevo en transporte público veo a mucha gente, les miro a los ojos y me pregunto ¿realmente hay tanta diferencia entre mi hermno y esta gente? Creo que la respuesta es no, TODOS podemos pasar una temporadita en la cárcel y quién piense que es mejor dedicar su tiempo a personas mayores que no hayan hecho nada a nadie, que lo hagan, quizás la vida les demuestre a través de sus hijos, primos, etc que las cárceles no son un mundo tan aparte como se suele pensar.
También estoy de acuerdo con que se debería dar una mayor importancia a los problemas de los centros penitenciarios

Virginia -

No concibo cómo puede morir un recluso por sobredosis estando dentro de prisión, ¿qué demonios hacen los que deberían tener un control de lo que se llevan a sus celdas? Y lo mismo con los suicidas. No me parece bien que vigilen sólo a los que consideran como posibles suicidas. No creo que nadie esté a gusto en la cárcel, y muchas veces el suicidio es la única salida que ven algunos. Sé que hay gente que trabaja mucho y de muy buena fe en las prisiones para ayudar, y me alegro de que así sea, pero seguro que hay mucha otra gente a la que no le importa que un preso se suicide (\"total, un gitano menos\", o \"un drogadicto menos\", piensan muchos, por lo menos fuera, en la calle). Y es que hay gente bastante egoísta por el mundo.

Nesemu -

Me ha parecido bastante dura la actitud de algunos bloggers. Eso me confirma la necesidad de trabajar y de colaborar con educadores, psicólogos, abogados y formadores que juntoa los voluntarios sociales nos ocupamos de que estas personas privadas de libertad por sus delitos puedan recuperarse, perdonarse y reinsertarse en la sociedad. ¡Claro que hay muchas personas que creen en su redención y reinserción! Yo creo y mis amigos creen. He visto muchos, muchísimos casos de delincuentes reinsertados..
Y por favor,yo no pretendo"mover en nadie sentido emotivo alguno\'. Parece que algunos no se han enterado de la movida. Paciencia. Ya aprenderán. Me han sorprendido algunas reacciones tan injustas como insolidarias... como si ellos estuvieran seguros de caer algún día por allí. Llámennos entonces y trataremos de echar una mano.

Carlos Miguélez -

Estoy del todo con Emiliano. Gracias a Solidarios, he tenido la oportunidad de ir a prisiones. En esas visitas cai en la cuenta de que los presos son personas como tú o como yo. La diferencia es que metieron la pata, o simplemente que a ellos los pillaron y a nosotros no. O quizá se les inculpó de algo que no hicieron.
Imagínate, Agustín, si sólo cuidáramos de quienes no han hecho daño a nadie. ¿Quién me cuidaría a mí? ¿Quién te cuidaría a ti? ¿Asumes que ningún anciano ha hecho daño a nadie en su vida? No banalicemos.

Emiliano -

Agustín: creo que tienes razón, es cuestión de principios, pero que lástima que tus principios sean tan pequeños. Justamente porque es cuestión de prncipios, la vida de todos estos presos importa. No es cuestión de pena, sino de indignación, la misma que nos causan los asesinatos que algunas de estas personas han cometido, y nos causan indignación porque le han arrebatado la vida a seres humanos, cómo lo son también estos presos.
Como dice el profesor, no se trata de decir pobre puta, pobre drogadicto o pobre ladrón, sino de entender que también son seres humanos y como tales merecen tener una vida digna. No quisiera analizar los motivos que han llevado a estas personas a delinquir (pobreza, marginación, hambre, enfermedad etc), pues de cualqueir manera sus actos se encuentra fuera de la ley y por lo tanto deberán pagar una condena, palabra que si buscas en un diccionario, la encontrarás como sinónimo de castigo, sanción, punición y hasta correctivo, pero jamás de sufrimiento, muerte o suicidio.
Por último, te invito a que leeas el Manual del Voluntario para que reflexiones si el voluntariado \"consume\" tu tiempo y si \"tienes\" que hacer un trabajo de voluntario.

Manitoba -

A mí lo que me gustaría es que el profesor Fajardo me respondiera si en sus visitas a las cárceles ha visto la más mínima creencia en la reeinsercción de los presos por parte de la administración penitenciaria. No conozco la realidad penitenciaria española (de ahí la pregunta) pero es fácil suponer que al Estado le resulta más barato apartar a los delincuentes que intentar corregirlos. Con esto de las cárceles tengo la impresión de que lo que se hace es agrupar a todos los delincuentes en una misma zona y hacerlos esperar hasta cumplir sus condenas, no tratar de "reasentarlos" en la sociedad. Creo que si en las cárceles hubiera, de verdad, preocupación por las "segundas oportunidades" los presos no se suicidarían, al contrario, la perspectiva de un porvenir nuevo los amarraría a la vida.
Aún así espero la respuesta del profesor Fajardo.

Un saludo.

P.D. ¿Cual es el trabajo propuesto esta semana?

Rosa -

Me parece muy sorprendente que la muerte de una persona no os produzca ninguna pena. Creo que todo el mundo tiene que tener una segunda oportunidad en la vida, por ello este tema me afecta y preocupa muchísimo.
Tanto las instituciones como los propios ciudadanos debemos interesarnos por estos escalofriantes datos e intentar buscar soluciones.

Jorge P. -

Es imprevisible cómo puede actuar una persona que cree arrebatada su dignidad. Las cárceles han de ser lugares dignos para quien hay dentro. La masificación no viene incluida en las penas. Y es algo que hay que solucionar de manera urgente.

DANIEL -

No me sorprende en absoluto las cifras de las personas muertas en la cárcel.Creo que la clave del asunto es la respuesta que da Andrés Gonzalo. Una gran mayoría de las personas que llegan a la cárcel lo hacen en un estado crítico, ya sea físico, mental, psicológico, de salud... La cárcel recoge a muchos inadaptados de la sociedad que han intentado resolver sus problemas robando, matando, violando, drogándose..., por este motivo no me sorprende que en el estado en el que llegan a la cárcel, sea tal para morir a las pocas semanas o los pocos meses.
Personalmente, encuentro cientos de causas por las que los presos han podido morir: por arrepentimiento de algún asesinato, por enfermedad, por droga, por desequilibrio psicológico...
En resumen, no entiendo tanta sorpresa ante los números de fallecidos en la cárcel.

Agustín -

Sinceramente, aunque reconozco en el texto un cierto interés por mover en nosotros un sentido emotivo, no lo ha conseguido, y aunque me cueste llevarle la contraria y teniendo en cuenta que hay un transfondo de falta de medios y de fondo por parte de las organizaciones, el hecho es que si se suicida un asesino en una cárcel, es imposible que me cause ningún sentimiento de pena, creo que en el texto falta la visión de las víctimas de todos aquellos delincuentes que se han quitado la vida. Quiero que no se confunda, no estoy a favor de la pena de muerte, pero tampoco saldrá de mi ir a consumir mi tiempo jugando una partida de cartas con alguien que robo el sueldo a un trabajador honrado para consumir drogas, aquella persona que mató a aquel joyero del barrio.. prefiero, sin tengo que hacer un trabajo de voluntario cuidar de un anciano que no ha hecho daño a nadie y en sus últimos días se encuentra solo o a preservar la naturaleza.. es cuestión de principios..

Sanchez Vigo -

El tema de los suicidios en las prisiones no es un tema con el que este famililarizada. Desconocia que se diese de un modo tan elevado. Ciertamente, si sabia que se producia, pero que los porcentajes sean tan altos es algo que deberia darse a conocer al publico para que se empezase a plantear soluciones de un modo consistente. Lo que no sabia era que en las carceles no solo se internaban a delincuentes, sino que tambien hay gente con serios problemas psiquicos que estan alli porque no tenemos instituciones adecuadas para ellos.
Me parece vergonzoso que esto suceda, pero mas vergonzoso me parece que los ciudadanos de a pie a penas conozcamos estos datos.

Z -

Si ya mucha gente pierde la esperanza e ilusión por la vida estando en libertad... no me imagino lo que será perderla sabiendo que no puedes hacer lo que quieras. Y yo me pregunto ¿realmente es este el modo adecuado de reinsertar a alguien en la sociedad?