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J. C. García Fajardo

Cuaderno de Bitácora

Donantes de semen se ofrecen encantados

 

Cientos de jóvenes ofrecen su esperma a parejas infértiles en Internet. Los médicos dicen que es muy difícil culminar un proceso de reproducción asistida sin el apoyo de una clínica especializada, escribe Vanessa Pi en un interesante reportaje. El tema era un lugar común de conversación hace medio siglo en el campus y se aventuraba que algún día nuestro esperma también sería rentable. Antes, se iban a sacar unos cuartos  y un bocadillo con las donaciones de sangre; existían subterfugios para despistar a los controladores que exigían un plazo entre las donaciones. Pero el hambre apretaba. Hoy día eso es imposible gracias a controles digitalizados. Sobre la sangre ya conocemos lo que pensaban algunas tradiciones religiosas, por permanecían en el tabú de la sangre como fuente de vida. Todavía los Testigos de Jehová prefieren dejarse morir antes que someterse a una transfusión.

Cuando se pudo donar semen en clínicas especializadas, sin  bocadillo, pero con una retribución para compensar “tiempo perdido, desplazamientos y molestias físicas” todo cambió. Vamos, que Aute modificará lo de “los hijos que no tuvimos se esconden en las cloacas”. Impresiona que algunos hagan de los fluidos corporales otra bizanciada como la del utroque cuando tenemos millones de personas muriéndose de hambre.

Se estudia la posibilidad de mejorar la actual compensación de donantes de gametos (espermatozoides y óvulos), hasta 900 euros por donación las mujeres y 60  por muestra los hombres. Como no hay color, algunos se agencian para saltarse la norma de donar una vez por semana y dicen que lo han hecho “hasta tres”. Cita la autora a un joven que ha donado su esperma hasta 40 veces, no sólo por el dinero sino por la oportunidad de hacerse análisis exhaustivos gratis. Porque, con todo ese trajín, nunca se sabe.

Cuando hay poco que perder, uno es capaz de aferrarse a un clavo ardiendo, escribe, y nunca mejor empleado el dicho popular. Y qué clavo. El problema se incrementa con el número de parejas que buscan remedio a su problema. Mayor número de parejas sin hijos que se han sometido a numerosas sustancias anticonceptivas, posponen los embarazos a “tiempos mejores”, dietas y estrés insoportables. El número de donantes por Internet alcanza cifras notables, y sostienen que la donación se lleva a cabo sin acostarse el donante con la mujer sino mediante técnicas de inseminación artesana.

Estos buenos samaritanos se ofrecen para ayudar a quienes no pueden pagarse un tratamiento de fertilidad ni a que su hijo proceda de un banco de semen. Les parecerá más natural tenerlo de esa forma que, aunque no es tan segura como la de las clínicas, sí puede ser eficaz. Es de prever el lobby de esas clínicas contra prácticas tan rústicas y manipuladas. Aun recuerdo que, en Teología Moral, para permitir que se pudiera analizar clínicamente el semen de un marido era obligado utilizar con la esposa un condón agujereado, y esforzarse por no gozar con el placer. Su secular obsesión.

Cita Vanessa un caso divertido, “Hola, yo estoy donando semen. Tengo 20 años, si alguna pareja no tiene dinero suficiente y el hombre es el afectado, no me importa hacer la contribución. Ah, soy español. Venga, besos...”. Para acceder basta con introducir: “Ganar dinero con semen”. Generosidad a raudales de los “onanistas solidarios” y “sin fronteras”, como se proclaman. Entre 18 y 30 años, sano y fuerte, anonimato, contrato seis meses, 24 eyaculaciones y tres días de abstinencia sexual.

El anonimato funciona como en los trasplantes de órganos, aunque los explícitos ficheros de donantes que guardan las clínicas podrían llegar a ser bombas de relojería.

Si llamo la atención sobre estos hechos, que como las llamadas “drogas” dejarán de serlo si media algún laboratorio, es para afirmar que nadie está obligado a divorciarse, o a casarse con persona de su mismo sexo, o a interrumpir un embarazo no deseado, porque esté legislado para prevenir males mayores. Igual sucede con los nuevos modelos de familias, ya que si lo que les incendia es que peligran las demografías católicas que pongan a funcionar claramente al batallón de reserva por el arcaico celibato obligatorio.

Los países empobrecidos son ajenos a estos problemas, pero en los ricos y decadentes cada vez parecen menos manejables. Hasta que las farmacéuticas dispensen gametos a la carta, previa receta. ¿Se imaginan? Hace medio siglo estas especulaciones se consideraban propias de enloquecidos regímenes totalitarios: eugenesia y selección.

Pero así como los Estados se transforman o desaparecen por las guerras y los errores, las civilizaciones se hunden por abandono de valores y  decadencia.

 

José Carlos García Fajardo

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Como muchosd ya sabéis, mantengo otro blog más actualizado en:  lacomunidad.elpais.com/jubilateria

Un millón de personas se quitan la vida cada año. (Suicidio 1ª parte)

 

Cada día hay en promedio casi tres mil personas que ponen fin a su vida, y veinte intentan suicidarse por cada una que lo consigue.  Cada hora, ciento veinticinco personas ponen fin a su vida, más de dos personas por minuto. Datos de la Organización Mundial de la Salud, (OMS).

Hablamos de suicidios verificados, no de los camuflados en “accidentes”, previa ingestión de drogas, de alcohol o de broncas emocionales insoportables que conducen a pisar el acelerador sin freno.

Está entre las tres primeras causas mundiales de muerte en personas de entre 15 y 44 años, pero el sector que presenta mayor riesgo es el de los adolescentes. Entre poblaciones rurales, son las personas de edad que ya no se sienten útiles, ni necesitadas, ni queridas.

También existen “suicidios” enmascarados en el abandono de tratamientos médicos, para “hacer pagar culpas a la familia”.
Asimismo, muchos ancianos que viven solos en las ciudades grandes, en donde todo egoísmo tiene su asiento, y que “aparecen” muertos, no se han pegado un tiro, ni se han tirado por la ventana ni ingerido venenos, sencillamente, se han dejado morir poco a poco,  abandonándose en la comida y en la higiene, debilitándose, perdiendo fuerzas, y hasta intuyendo un descanso y una liberación, no en la muerte, que siempre impresiona, sino en dejar de llevar un vivir sin sentido; para ellos, ergo, para el universo entero.

¿Sabe alguien cuántos soldados se han dejado morir por no poder soportar la tensión inhumana de una confrontación absurda? ¿Hay suicidio más eficaz que dejarse matar por el “enemigo”, y encima sin “deshonor” ante la familia pues te los rinden militares? ¿Acaso en la guerra de Vietnam, la droga no se distribuía desde la propia intendencia?

Para el año 2020, la OMS prevé que el número de muertes por suicidio en el mundo superará el millón y medio. Por ello, es tan importante tratarla como corresponde. Con una aproximación psicológicamente cálida, acogedora, tranquilizadora. Y con el arsenal terapéutico, realmente efectivo, que tenemos a nuestra disposición.

Y con tiempo, paciencia, con ese sumergirse en el drama del enfermo.

Recordemos que "asistir" (assistere) es, "estar al lado del otro".

Los profesionales que trabajan en la prevención de los suicidios, insisten en que se trata de muertes evitables que, en algunos países, alcanzan a 10,4 por cada cien mil habitantes y, entre los adolescentes, el riesgo es del 30% por la misma proporción.

Ya sabemos que el suicidio se ha convertido en un tabú tan fuerte como el incesto o, hasta hace poco, las denominadas “desviaciones” sexuales, como la homosexualidad. Como fue tabú durante siglos tratar de la pedofilia, pederastia o, como ahora prefiere denominar el Vaticano para las experiencias de sus clérigos, “efebofilia”, es decir, atracción por jóvenes de 11 a 17 años.

Hasta en el Libro de estilo de muchos medios de comunicación se reglamenta la publicación de estas noticias, “porque pueden provocar estímulo de imitación”.

La OMS pide mejorar la educación en el tema, reducir la estigmatización y aumentar la conciencia de que el suicidio es prevenible. Todavía, en muchas legislaciones, el intento de suicidio se castiga como delito.  Y a un enfermo no se le lleva al paredón, se le cura y después se le fusila. La Iglesia católica y otras religiones, castigaban al suicida con la prohibición de ser enterrado en “tierra sagrada”. Con el progreso en la conciencia de una mayor libertad y responsabilidad, se han avenido con el subterfugio de que “no sabían lo que hacían”, “locura transitoria”, “fuera de sí, “enajenados”.

No hay más que ver las dificultades que tiene un enfermo terminal para tener una muerte digna, mediante suicidio asistido, o mediante eutanasia positiva, por compasión y por justicia. ¿Tanto cuesta reconocer el derecho a disponer de la propia vida? ¿Alguien nos ha pedido permiso para nacer?

¿Pueden imponerse manu militari ideologías que parten de peticiones de principio, de falsas premisas y de un fanatismo que condena a vivir, como durante siglos bendijeron las condenas a morir?

Partiendo del reconocimiento de este derecho inalienable, es necesario prevenir las decisiones fatales que podrían evitarse mediante atención médica y psicológica, comprensión y tratamiento, información adecuada y medios eficaces al alcance de enfermos depresivos, alcoholismo, drogadicción y esquizofrenia. Adolescentes que no asumen su realidad sexual, o de ancianos sin medios para vivir con dignidad porque la sociedad se lo debe siempre ya que las cosas no son de su dueño sino del que las necesita.  Y aunque la vida no tuviera sentido tiene que tener sentido vivir, pero con dignidad y sin padecimientos insoportables. No vamos de la vida hacia la muerte, sino hacia la felicidad de saberse uno mismo, libre y responsable.

 

José Carlos Gª Fajardo

 

Cuando nuestros representantes nos decepcionan

 Me anonada la situación social, económica y política, reflejada en los medios. Los políticos se insultan y descalifican, no aceptan un diálogo ni asumen un error, sestean en el Congreso y son capaces de sostener una tesis y su contraria, según se trate de su partido o de los demás. Mienten, niegan las evidencias de corrupciones que les atañen, no son coherentes con sus programas y utilizan los medios como armas arrojadizas.
Impresiona ver cómo se habla de Magistrados y de jueces “afines al PSOE o al PP”, y hasta de los mismos Tribunales Supremo y Constitucional. Asistir a una sesión de control al Gobierno en el Congreso o en el Senado causa vergüenza ajena. No hay “parlamento”, porque leen las consignas que llevan escritas. Todo vale con tal de imponerse.
Bien está que, en período electoral, defiendan sus programas y denuncien a quienes no han cumplido sus compromisos anteriores, aportando alternativas constructivas y viables. Pero, pasadas las elecciones, los diputados y senadores, los consejeros autonómicos y los concejales municipales, deberán buscar el bienestar de los ciudadanos, el imperio de la justicia, el desarrollo intelectual, científico y económico, un sistema fiscal equitativo y sin fisuras en paraísos, la calidad de la enseñanza, el funcionamiento de los pilares del Estado de Bienestar: enseñanza pública y gratuita para todos, cobertura sanitaria eficaz y plena, mejora de los planes de pensiones,  y aplicación diáfana de la Ley de dependencia que cubre las necesidades apremiantes de tantas personas necesitadas de ayuda y de sus familiares.
La conservación de la naturaleza y del medio ambiente, ¿será posible no ponerse de acuerdo en este tema vital y arrimar el hombro todos los diputados y senadores, sean del partido que sean?
La mejora de los transportes, los horarios de trabajo, la incorporación inteligente de las nuevas tecnologías en juzgados, universidades, colegios, hospitales y centros sanitarios, bibliotecas públicas, centros de información a los ciudadanos ¿acaso no deberían de ser de máxima prioridad para los responsables de gobernar como mandatarios de todos los ciudadanos, no sólo de los que les han elegido?
Es inadmisible e insoportable, que permanezcamos en permanente situación de campaña electoral. Los ciudadanos se sienten ninguneados, una vez depositado su voto. De ahí la creciente abstención en las elecciones, porque están obligados a votar en listas cerradas y a candidatos que no conocen y que, una vez elegidos, jamás regresan a sus circunscripciones para dar cuenta de sus compromisos.
Era propio de las dictaduras mantener al pueblo en perenne minoría de edad: no podían votar, no podían expresarse en medios de comunicación, libres y responsables, no podían afiliarse a sindicatos independientes, tenían dificultades para viajar a otros países, existían policías secretas y “sociales” que controlaban a las personas por sus ideas religiosas, políticas, filosóficas o por sus preferencias sexuales.
Era delito disentir de la política del Estado con una confesión religiosa determinada ni de su arbitrario y anacrónico poder en la enseñanza, en los matrimonios y la vida familiar, la interrupción del embarazo, la maternidad y paternidad responsables, dentro o fuera del matrimonio, las uniones de hecho, el divorcio y la constitución de nuevas familias, derecho a una muerte digna. Existía censura de prensa y de todo lo que se publicaba fuera científico, filosófico o de investigación histórica.
Aunque eso ya ha pasado, la herida se mantiene abierta porque nuestros políticos no han exigido responsabilidades ni la devolución de lo expoliado, la reparación debida a quienes se persiguió y negó el derecho a una vida de acuerdo con los derechos universales. Aún hoy les niegan el derecho a rescatar los cadáveres de sus familiares asesinados.
¿No se han reconocido como imprescriptibles los crímenes contra la humanidad en países que padecieron la Guerra mundial? Al cabo de 50 años, todavía se recuperan propiedades y obras de arte expoliadas, así como las reparaciones y derechos sociales debidos.

A mi edad, y después de medio siglo de trabajo en la universidad, en la sociedad y en los medios de comunicación, me siento defraudado por el sectarismo de muchos de estos y por la insoportable perversión del ejercicio del poder político.
Un país moderno con una democracia garantizada por una Constitución, no puede soportar a políticos montaraces, a una clase empresarial insaciable, a banqueros y financieros movidos por la obtención de beneficios por cualquier medio. 
Por todo esto es necesario alzarnos contra este modelo de desarrollo injusto y perverso, y contra unos gobernantes irresponsables que no nos merecen.
Es posible la esperanza si nos rebelamos contra esta forma de tiranía, participamos cívicamente y denunciamos la actual situación insostenible, aportando propuestas alternativas. Todas las conquistas sociales se hicieron realidad porque alguien las soñó primero. El progreso comenzó cuando las personas se atrevieron a pensar y los súbditos se convirtieron en ciudadanos.

J C Gª Fajardo

 

Terrorismo de Estado

A pesar de ampliarse los umbrales de nuestro conocimiento, cada vez somos menos libres. Junto a la rapidez en las comunicaciones, se extiende la sensación de un vacío que parece dejar manos libres a los políticos para combatir al nuevo enemigo, ahora llamado “terrorismo". Sin analizar antes las causas del gran malestar social que mueve a jóvenes a transformarse en bombas vivientes. Muchas de nuestras decisiones políticas y económicas, no son comprendidas por millones de seres que prefieren acabar con sus vidas a participar en un desastre cada vez más insoportable.  El incremento de suicidios entre los pobres es espantoso.

El crimen, en cualquiera de sus formas -y el terrorismo lo es-, debe ser perseguido por todos los medios legales. A nadie le está permitido tomarse la justicia por su mano, ejecutar a prisioneros o maltratarlos violando la legislación establecida. Causan pavor las imágenes de prisioneros maniatados y sistemáticamente privados de la visión. Desorientados y arrojados al suelo, arrodillados o tumbados boca abajo, humillados, en un intento de desposeerlos de toda dignidad. Transportados como animales y encerrados en prisiones inmundas, denunciadas por Amnistía Internacional.

Lo que las tropas aliadas hacen con los prisioneros de Afganistán, como antes en Abu Ghraib de Irak, es inhumano, inmoral y conculca el orden legal establecido. Guantámano pasará a la historia como símbolo de terrorismo de Estado, como lo fueron los gulag soviéticos y los campos de exterminio nazis. No es cuestión de número para que una muerte injusta constituya un crimen. Si el Estado es el responsable, será un crimen de Estado. En este caso, terrorismo de Estado.

Cada vez es mayor la contumacia de los políticos que proclaman

“seguridad ante todo”, antes que la justicia.  Ni en la guerra ni en la paz se pueden violar las leyes. La seguridad jurídica es lo que nos distingue de una banda de terroristas, no el número.

Vistas las fotos de fanáticos colonos israelíes quemando las cosechas, los olivos y los frutales en Cisjordania y las denuncias de los “desertores de conciencia”, 26 soldados del Ejército de Israel obligados a los más graves abusos en la guerra de Gaza, uno se pregunta si esto no es otra forma de terrorismo.

El gobierno norteamericano gasta más de mil millones de dólares a la semana en esta guerra injusta y precedida de mentiras, falsificación de pruebas y engaño a la opinión pública y a sus parlamentarios. De eso se trataba: de prevenir un ataque inminente con armas nucleares, biológicas y químicas de destrucción masiva, que nunca aparecieron. Se trataba de eliminar a un dictador y a las fuerzas que lo sostenían en el poder para instaurar un régimen justo. Ya lo derrocaron, pero no han traído la paz, sino el dominio de fuerzas extranjeras en connivencia con otros extremistas. La ignorancia es terca y atrevida.

Cada vez está más claro que responsables de la seguridad y de las agencias de información de EEUU, Israel y Gran Bretaña sabían que algo terrible se preparaba. Ocultaron una información vital para salvar vidas o para proporcionar los pretextos que les permitirían poner en marcha un plan de expansión y de dominio. El mismo ataque a las Torres Gemelas parece que pudo haber sido evitado.

Así sucedió con las grandes mentiras de la historia: el ultimátum de Napoleón III a Alemania manipulado por Bismarck, en 1870, que originó la guerra franco-prusiana; la destrucción del Maine en la bahía de La Habana, en 1898, para apoderarse de Cuba y de Filipinas; el rearme al que forzaron a John F. Kennedy con falsa información, facilitada por la CIA, en 1960, asegurando que la URSS incrementaba su poder militar; el falso ataque por los norvietnamitas a dos torpederos de EEUU en el golfo de Tonkín, en 1964, que llevó al paroxismo la guerra de Vietnam; la urgencia nacional decretada por Reagan a causa de la "amenaza nicaragüense", en 1985; las falsedades utilizadas en la Guerra del Golfo, en 1991, para una guerra que necesitaba EEUU; hasta el más increíble proyecto de crear en EEUU un Departamento destinado a la “desinformación”, y que reveló The New York Times.

Una vez que se traspasa la barrera del sentido común, del respeto a los derechos humanos y al orden legal establecido, termina el imperio de la razón y comienza el imperio de la mentira y del crimen en el que cada parte actúa con sus medios, por espantoso que sean.

 

 

José Carlos Gª Fajardo

 

 

Reventar de silencio

Reventar de silencio

 

El ex presidente de General Motors, forzado a dimitir por la Administración de Obama, ha sido “indemnizado” con casi diez millones de dólares durante los próximos cinco años. Grandes compañías de seguros y bancos,  salvados de la quiebra con dinero de los ciudadanos, han acordado restaurar el sistema de bonos para sus ejecutivos. Una de las causas de la catástrofe económica que padecemos. Ejecutivos cesados en sus puestos por cómplices en la crisis, están siendo contratados por otras empresas del sector.

El acuerdo del G20 para terminar con los paraísos fiscales ha quedado en agua de borrajas. Los bancos de la UE, de EEUU, Canadá y Japón reciben  escandalosos subsidios por sus Gobiernos para dar liquidez al sistema crediticio.

Pero mantienen cerrada la concesión de créditos a particulares y a pequeños empresarios,  mientras destinan esos fondos a liquidar sus deudas en el extranjero. Reciben de los Estados el dinero al 1% y lo venden a sus empleados y a empresas vinculadas al 8% y hasta al 10%. Nadie parece ruborizarse. La vida sigue.

Estos mismos bancos han ejecutado créditos avalados por inmuebles a particulares sin consideración alguna y los están vendiendo a mitad de precio a empleados, amigos y testaferros, a quienes sí facilitan créditos muy ventajosos. Algunos con moratorias de un año para comenzar a pagar las letras. Quizás se descubra aquí otra fuente de blanqueo de dineros ocultos que afloran enmascarados. Bancos como Santander, Bilbao y Cajas poderosas han vendido sus sedes y locales, no se sabe a quién, y se los han alquilado a sí mismos.

Pinchada la colosal “burbuja del ladrillo”, en España hay un millón de viviendas sin vender y más del doble en fase de construcción ralentizada. Los promotores se quejan de que es un escándalo que desciendan los precios hasta un 20%. ¡Ojala bajasen al 50%! ¿No es esa la ley del mercado: se produce lo que se vende y se vende como se puede?

¡Y piden ayuda al Estado! ¿Dónde estaba su preocupación por el Estado cuando se embolsaron miles de millones con la especulación de terrenos protegidos, cuando sobornaron a ediles del litoral para que concedieran permisos de construcción en terrenos protegidos, mientras arruinaban el paisaje e hicieron de la España seca del sur, en proporción, el país con más campos de golf del mundo. ¿El agua? Ya la traerían.

Igual que ha ocurrido con complejos de hasta 80.000 viviendas cerca de Madrid para los que no habían previsto ni traídas de aguas, ni colectores de residuos, ni aparcamientos ni redes eléctricas capaces de soportar esos servicios. Ya se encargarían los ayuntamientos de hacer que funcionasen, aunque fuera desviando el curso de las aguas de riego.

No. El promotor no está en la cárcel.

Los ejemplos podrían multiplicarse porque nos bombardean desde los medios para anestesiarnos, apoyados en que la costumbre amortigua la sensibilidad.

Cualquier lector sabe de qué estoy hablando. Nada de catastrofismo ni de augurios de Casandra. Es una sensación de impotencia, de burla y de desamparo. De vacío sin referencias. Mientras se incrementa la venta de armas, las compras de millones de hectáreas de buenos terrenos en países del Sur por compañías y por países enriquecidos del Norte.

Los políticos se han aumentado sus emolumentos en el Parlamento europeo y en los de otros países. Berlusconi es paradigma de cuanto hablamos, y pagar más de 120 millones de dólares por el fichaje de Cristiano Ronaldo ya no sorprenden a nadie.

Mientras tanto, las familias que acuden a comedores sociales ascienden vertiginosamente. La demanda en bancos de alimentos se dispara un 40%. En España atienden más de un millón de personas, a los que hay que añadir las ayudas de  otras instituciones. La rebusca en los contenedores cercanos a grandes superficies hace más negras las noches.

Esto ocurre en la España altanera y en otros muchos países ricos de Europa. Uno se pregunta, con dolor, cómo son posibles tanta injusticia, explotación y desafuero. ¿De qué sirven los G8, G20, denuncias de la FAO, UNICEF, OMS si falta la ética más elemental?

Podríamos acabar con el hambre en el mundo, con el analfabetismo, la falta de cuidados sanitarios, la suicida explosión demográfica mediante la educación, respetar el medio ambiente, salvar los mares y las reservas de agua, reducir la contaminación y atemperar nuestras desorbitadas ansias de tener y de acumular.  Nos han encadenado como a Prometeo y como a Sísifo obligado a subir una roca que no existe, como tampoco existen más cadenas que las de nuestra mente y nuestros miedos.

Es posible construir otro mundo más justo y solidario, quizás mediante una explosión de silencio.

 

José Carlos Gª Fajardo

 

Identidad y desarraigo

 

Cuentan que el Mulá Nasrudín se acercó a un cambista para hacer efectivo un pagaré. El banquero lo miró sorprendido de que alguien tan desaliñado viniera a cobrar aquella suma y preguntó al Mulá: “Por favor, ¿podría usted identificarse?” A lo que Nasrudín reaccionó sacando un espejo. Se estuvo contemplando, hasta que, muy ufano, dijo: “¡Menudo susto me habías dado, hermano, claro que soy yo!¡El mismo yo que salió hace un año para seguir la Ruta de la seda!”

Resulta que, para saber quién soy, tengo que preguntárselo a otro que me dará un papel que servirá para identificarme. Antes, en el “documento de identidad” aparecían los nombres del padre y de la madre. Somos hijos de, nietos de, pero ni siquiera ponen nuestra profesión. Un nombre, apellidos y un número. Esa es la clave: un número, al que pronto se añadirá el grupo sanguíneo, el ADN, las huellas de los diez dedos y la calidad de nuestros espermatozoides.

Vivimos aherrojados, y nos hemos dejado encadenar: cuenta corriente en bancos porque, si no, no podrás domiciliar recibos de teléfono, luz, gas, agua, recibir tu sueldo pagar tu hipoteca, tarjetas de crédito y para todo necesitará el refrendo de una “institución” bancaria.

Ya no sirve el testimonio de un vecino ni el de un pariente; sin un papel no eres. Va a ser verdad la afirmación de Hegel de que “somos lo que no somos”, lo que estamos siendo.

Estamos atrapados por la burocracia del Estado y por la de los poderes económicos que gobiernan el mundo en nombre de la “seguridad”, esa falacia que se ha impuesto por delante de la justicia, porque, seguridad sin justicia, es silencio de cementerio.

“Usted no piense ni razone, ya nos encargamos nosotros”. Así nos inundan de publicidad, de propaganda y de presiones como antes nos deshumanizaron con mitos y magias para conducirnos a la “vida eterna”. Y en el colmo del desarraigo calculado nos anteponen el tener al ser. Somos si tenemos. La dicotomía entre ser y tener lleva al desamparo, al temor y a la entrega a otros para que nos aseguren. La seguridad ya no es fruto de la paz y esta de la tranquilidad en el orden, o sea de la justicia social. ¿Hay otra?

Se confunde valor con precio. Se buscaba el poder por el poder y se sostuvo que la función del Estado era velar por la seguridad para que pudieran prosperar los negocios, en lugar del bienestar de los ciudadanos.

Se explotaron pueblos y tierras bajo el pretexto de la civilización, de la conversión a “la religión verdadera” y de implicarlos en la sociedad de mercado. Fueron tratados como súbditos en perenne minoría de edad, incapaces de gobernarse a sí mismos y necesitados de colonización, y erradicación de sus costumbres para ser utilizados en el desarrollo de las metrópolis.

Se reconocían las ventajas, para los poderes económicos, de una economía de mercado, pero impusieron la sociedad de mercado. Actuaron como si no fuéramos “tierra que camina” y que lo que le suceda a la tierra nos sucederá a nosotros.

Se denunció el fantasma de injusticia, hambre y desolación que recorría Europa. Se alzaron en revoluciones fallidas hombres y mujeres que apostaban por una sociedad más justa y solidaria. Se bastardeó el liberalismo humanista hasta convertirlo en ideología capitalista tan perversa como los totalitarismos soviéticos y fascistas.

Se produjeron guerras con centenares de millones de víctimas, pero lo que contaba era la explotación de las victorias ratificadas con armas de destrucción masiva. La más letal, el hambre. Olvidaron que la victoria nunca trae la paz porque genera humillación y venganza.

Enfermas las ideologías, un rumor esperanzado recorrió el mundo y se alzaron voces sabias y generosos voluntarios sociales para luchar por “Otro mundo posible”, más justo y humano.

La voracidad especulativa y financiera se propagó como cáncer letal. Y vino la hecatombe que padecemos. Bancos y entidades financieras, paraísos fiscales y oscuros poderes se vieron ahogados en su propio éxito.

No pudieron más y reventaron pero, en lugar de reconocer sus crímenes y reparar injusticias, se erigieron en jueces exigiendo a los Estados que les ayudaran para socializar sus pérdidas cuando ya habían privatizado sus ganancias. A pesar de todo, tiene que ser posible la esperanza sostenida por nuestro esfuerzo. El de la sociedad civil transformando las instituciones.

 

José Carlos García Fajardo

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“Mejor que hacer el bien es procurar que otros lo hagan”

 

“Mejor que hacer el bien es procurar que otros lo hagan”

ENTREVISTA CON JOSÉ CARLOS GARCÍA FAJARDO 

Profesor emérito de la Universidad Complutense de Madrid (UCM, José Carlos García Fajardo fundó en 1987 SOLIDARIOS para el Desarrollo, una organización de la sociedad civil declarada de interés público y vinculada a la UCM, cuyos objetivos prioritarios son el voluntariado social, la cooperación con los pueblos empobrecidos del Sur y la sensibilización de la sociedad en temas de justicia social y solidaridad. En este sentido, García Fajardo considera que el voluntariado tiene un papel muy importante en la eliminación de las barreras mentales para hacer frente a las diversas formas de exclusión social. Desde 1999, cuando se creó el Centro de Colaboraciones Solidarias dentro de la ONG, procura además que esta sensibilización social tenga eco en los medios de comunicación a nivel mundial.

 

Ha señalado que los voluntarios sociales son caballeros andantes. ¿Por qué?

Se trataba de una figura retórica. Porque con su transparencia asumen la causa de los más débiles, denuncian las estructuras de poder injustas, se ponen en camino y se saben responsables solidarios que no hallarán descanso mientras exista una sola persona o comunidad explotada, marginada o ignorada. Tienen el idealismo y andadura de ese Caballero de la Triste Figura que se mueve en un mundo donde le toman por loco por no seguir el pensamiento único del mercado, la competitividad y los beneficios.

 

¿Existe un riesgo de saturación en el voluntariado social?

No lo creo. Al igual que la intensidad de una amistad no se mide por el tiempo que se pasa con el amigo, la intensidad y la calidad del voluntariado social se miden por la calidad de las horas invertidas en el servicio. Lo contrario podría influir en la continuidad de los voluntarios, pero para eso están las normas de conducta del voluntariado social que se aprenden en los cursos de formación continua y en la supervisión por los responsables de la ONG.

El voluntario debe ver los problemas con perspectiva y saber que él es una pieza más en un proceso de reinserción o en la resolución de un problema. Una persona sin hogar que lleva quince años en la calle no puede pasar de la noche a la mañana a vivir una situación de completa normalidad. La implicación intensa para conseguir resultados a corto plazo puede conducir a la decepción del voluntario o al aborto de resultados más firmes aunque a más largo plazo.

 

¿Qué supone la formación para un voluntario?

Durante mis años como presidente de nuestra ONG he sostenido que, sin formación, no hay voluntariado social. Una formación concreta para que el voluntario se desenvuelva en un entorno determinado, pero sobre todo un cierto aprendizaje en la sensibilidad, en el respeto y en la aceptación del otro, tal como es y sin pretender cambiarlo. Nosotros no vamos a enseñar nada ni a cambiar a nadie, sino a ayudar a transformar a quien lo desee, desde su propia realidad en la maduración de sus señas de identidad. Por ello escribí el “Manual del voluntario”, en el que recogí la experiencia de una vida.

En nuestro país hay centenares de miles de personas que se forman como voluntarios sociales. Sólo una actitud contemplativa, brotada del silencio, puede fundamentar y dar sentido a un vivir coherente. Y eso es lo que debe aportar el voluntario.

 

¿Cual es el papel del voluntariado en pro de la justicia social?

El voluntariado social no es prioritariamente una actividad asistencial con las personas marginadas, porque eso podría crear dependencia. La acción voluntaria tiene un componente asistencial decisivo en la resolución de problemas inmediatos, pero, sobre todo, se trata de buscar la colaboración mutua, la autonomía y, en definitiva, la felicidad para aquellos que no la tienen. Un voluntario puede ayudar a un discapacitado a sortear una barrera arquitectónica, pero su responsabilidad será, unida a otros miles de voluntarios, pedir a quien corresponda que desaparezcan las barreras. Su misión social se encamina hacia eliminar las barreras mentales frente a las diversas formas de exclusión social.

Algo mejor que hacer el bien es procurar que otros lo hagan. El voluntariado es para todos y ahí radica su eficacia social. Siempre habrá un lugar adecuado para cada persona dentro del voluntariado.

 

Los temas sociales tienen poca presencia en los medios de comunicación ¿Cuál  es el papel de los mismos en las estructuras solidarias?

Hace tiempo, la campaña de Manos Unidas me impresionó con el siguiente mensaje: “si quieres cambiar el mundo, cambia tu corazón”. Y para cambiarnos a nosotros mismos, debemos dejarnos empapar por las cosas, permitirnos conocerlas. Hace una semana celebramos unas Jornadas de Comunicación para el desarrollo con el objetivo de abrir un debate en torno a ese papel de los medios de comunicación. Periodistas como Rosa María Calaf y Ana Pastor, profesores como Carlos Taibo y otros expertos como Pilar Orenes, nos recordaban que muchos medios no hablan del “tercer mundo” porque lo consideran un mundo de tercera. Y porque siguen una ‘equidistancia’ y supuesta objetividad marcadas que los convierte en cómplices de la injusticia.  Pero cada día está cambiando esa actitud con la fuerza de la profesionalidad y de la  auténtica información. No ha sido otro el objetivo para fundar el Centro de Colaboraciones Solidarias, hace más de diez años y a lo que dedico lo mejor de mi tiempo “liberado”

 

¿Qué es el CCS y qué fines tiene?

El Centro de Colaboraciones Solidarias (CCS) es un servicio gratuito del que se benefician más de 500 medios y cerca de 1.500 periodistas en toda América. Buscamos ampliar y profesionalizar la presencia de los temas sociales y de justicia social en universidades, centros de estudios y, sobre todo, medios de comunicación. Desde hace diez años analizamos la realidad social y humana de acuerdo con el calendario de las conmemoraciones más importantes en el campo de la salud, de la educación, de un desarrollo sostenible y de la justicia social.

Cada semana enviamos siete artículos de nuestra redacción y nuestros colaboradores sobre los grandes temas que proponen ONU, UNESCO, FAO, OMS, Amnistía Internacional, UNICEF, etc.  Y otros cuatro más breves para que sirvan de “faldón”

Buscamos informar y sensibilizar a la sociedad y a los profesionales de la comunicación en temas de solidaridad, justicia social, por una cultura de paz, en defensa de los derechos humanos, con especial énfasis en la lucha contra la pobreza, la exclusión y la protección del medio ambiente.

 

En tiempos de crisis económica algunas personas creen que el voluntariado social evita la contratación de profesionales remunerados. ¿Cómo los convencería que dicha afirmación no es cierta?

El voluntario social nunca podrá amortizar ningún puesto de trabajo, pues eso supondría un intrusismo generador de mano de obra barata y, por tanto, de injusticia social.  Igual sucedió con la prestación sustitutoria del servicio militar, hubo entidades que  intentaron aprovecharse de los objetores de conciencia. Pero no prosperó en donde cada organización seria fue coherente con su concepción del voluntariado social. Hoy ya nadie puede llamarse a engaño. Los voluntarios sociales son mensajeros de justicia y de paz que saben robar unas horas a su tiempo para ayudar a que los demás se ayuden a sí mismos. Por eso los voluntarios sociales siempre serán necesarios, pues el modo en que ejercen su servicio a los más necesitados no interfiere sino que complementa la labor de los profesionales.

 

Por su  relación directa con los jóvenes ¿opina si éstos están realmente sensibilizados con la realidad social de nuestro tiempo o necesitan impulsos nuevos para participar en la ayuda a los demás?

Es un error sostener que a los jóvenes les asustan el orden y la exigencia. Al contrario, si a un joven le pides poco no te dará nada, si les pides mucho te lo darán todo. Ésa es la experiencia cotidiana en las organizaciones de la sociedad civil con los voluntarios sociales que asumen un compromiso movidos por la compasión o espoleados por la injusticia. Lo que admiran y respetan no es la educación como transmisión de conocimientos sino la capacidad de los maestros para extraer lo mejor de cada uno de ellos.

(Revista de la Federación Riojana del Voluntariado Social)

Las alas de la vida

 Todos nacemos con fecha de caducidad, pero ni la conocemos ni la podemos prolongar con violencia.

“Lo entiendes con la cabeza, pero no con el corazón”, dijo el paciente al escuchar el diagnóstico: A.M.S. atrofia sistémica múltiple, una enfermedad neuro degenerativa, invalidante y mortal.

Carlos Cristos, licenciado en Medicina y Cirugía, ejerció como médico de familia, con su mujer, también médico en Mallorca.

Amante de la investigación y de la ciencia. Músico. Piloto de vuelo libre. Patrón de vela. Montañero. Colaboraron ambos con ONGs en Ruanda. Como médico ha tenido que transmitir diagnósticos fatales y ha tenido que acompañar a algunos pacientes hasta el final de sus vidas.

Carlos Cristos reclama una vida y una muerte dignas; su familia y sus amigos también. Por eso invita a su amigo y director de cine, Antoni  Canet, a que le acompañe en una narración única: su camino hacia la muerte, una historia esencialmente irrepetible.

Cogidas de la mano, enfermedad y película han viajado con Carlos  para reflexionar junto con su familia, sus amigos, sus compañeros, médicos y científicos, sobre las vivencias y los grandes temas asociados al final de la vida. Y el último tramo del camino lo han transitado como Carlos ha querido: mirando a la muerte a la cara, con serenidad…., pero, «mientras que suene la música, seguiremos bailando. Y a ser posible, con una sonrisa».”

Estamos ante un testimonio conmovedor sobre la vida. Esta película transmite sosiego y paz, porque asume la muerte como justa, “sin la cual, la existencia sería inimaginable, horrible”. Una circunstancia a la que intenta enfrentarse con una curiosidad incluso científica, un presentimiento de trascendencia ajeno a cualquier atisbo de misticismo o religiosidad e incluso con un envidiable buen humor. “Que en los últimos momentos no se me acerque nadie disfrazado a contarme no sé qué. Quiero morir como he vivido”.

El espectador acompaña la voz fragmentada del médico en su última consulta, un viaje cinematográfico y vital hacia la consumación de un periplo, porque vivir hasta morir es vivir lo suficiente. “Aunque el yo que habita en este cuerpo enfermo y terminal tenga sentimientos que no se pueden ignorar”.

En contra de estas inercias actúa la película. El entorno favorable, la fortaleza intelectual y humana de Carlos, su poder comunicativo, la serenidad en la aceptación de lo inevitable, el arrojo para seguir activo y útil hasta el último momento, muestran que el final de la vida debe ser digno y confortable. En manos de la medicina está el deber de evitar el dolor, por medio de los cuidados paliativos, y en manos de los seres queridos está la posibilidad de ayudar a vencer la muerte solitaria del enfermo mediante la cooperación y el respeto a su libertad.

 “Las alas de la vida” reflexiona sobre la vida que se escapa y la muerte en una cultura, la nuestra, que la esconde como un tema tabú, ajeno y desconocido. La sencillez de una persona que ama a la vida en el proceso consciente, acelerado e irreversible de la separación de este mundo es conmovedora. 
Es una sesión cinematográfica donde el amor y la amistad, la vida y la muerte ocupan todo el espacio.

Dotado de una mente poderosa, con un discurso de estremecedora clarividencia y de una entereza moral inquebrantable, el médico da una lección de humanidad, pero también de fragilidad ante su destino. Su deseo de saber más sobre su propio calvario, la manera tan tierna, pero también tan discreta, de irse despidiendo de todo lo que le importaba en la vida, nos conmueven sin sentimentalismo alguno.

No excluye la importancia de la eutanasia, algo tratado en la lectura del testamento, una de las secuencias más electrizantes de este valioso film.

Escribe C. Boyero, uno de los más prestigiosos críticos: Esta hermosa, necesaria y conmovedora película me inyecta vida, conocimiento, alegría y emoción. Me hace pensar, dudar y sentir. Y me enamoran el coraje, la lucidez, la dignidad, el terror, la generosidad, la inteligencia, la incertidumbre, la alegría, la angustia, la autenticidad, la complejidad y el humor de ese admirable ser humano llamado Carlos Cristos. También me hace llorar, pero esas lágrimas no son desesperadas, sino buenas para el alma.

 José Carlos Gª Fajardo

Nota.- Esta película se puede conseguir en  http://www.lasalasdelavida.com/index.html.

 

Prohibido prohibir, y padece la convivencia

 

 

Al comenzar el curso en la universidad,  les digo a los alumnos: “He oído decir que en colegios e institutos hay profesores que padecen estrés. Olvídense de eso, porque los estresados pueden ser ustedes. A la universidad se viene a compartir saberes, y esto es imposible sin trabajar fuerte, respetando las reglas del juego establecidas, y que han dado su carácter y prestigio a la universidad”. 

Se extiende el maltrato de los muchos adolescentes a padres y profesores. Se ha cedido en aspectos fundamentales: respeto, cariño, comunicación, autoridad y concierto en una vida familiar. Hay padres que han pretendido ser los mejores “amigos de sus hijos” cuando estos lo que necesitaban eran padres y puntos de referencia. Los amigos se los buscan ellos. Padres insensatos han sobre protegido a sus hijos y les han consentido vivir sin reglas ni normas ni concierto. 

Niños y adolescentes han empezado a levantar la mano a sus progenitores, sobre todo a  su madre y este maltrato ha adquirido tintes de epidemia.

En España, durante 2008, las Fiscalías de Menores abrieron más de 4.200 expedientes por agresiones de hijos a padres. No todas las denuncias dan lugar a la apertura de expedientes judiciales -muchas se archivan tras  labores de mediación-, y hay que pensar que por cada padre que denuncia a su hijo, hay otros que se resisten a dar ese paso.

Consuelo Madrigal, fiscal de Menores del Tribunal Supremo, dice "Cuando los padres denuncian es porque han llegado a una situación límite. Se sienten doblemente avergonzados por tener que pedir que se actúe contra sus hijos y porque la denuncia misma les parece la constatación de un fracaso". Las estadísticas muestran un espectacular incremento de chicas que pegan a sus madres y también chicas que pegan a otras chicas. En esto, como en el  consumo de alcohol, tabaco y drogas, también se han esforzado por imitar a sus compañeros para reproducir modelos machistas, por mucho que hayan estudiado en colegios mixtos y se les suponga aleccionados en los valores de la libertad y la igualdad.

 

No son casos de marginación social sino que parece concentrarse en familias desestructuradas, de clases medias. Parece que esas conductas son formas de protesta ante una realidad desconcertante pues algunos han sido testigos de malos tratos conyugales o han padecido agresiones paternas.

 

¿Qué está pasando para que adolescentes que antes se fugaban del hogar opten por quedarse en casa a tiranizar a sus progenitores?, se pregunta Berbería. ¿Y para que los padres que antes expulsaban del hogar a sus hijos díscolos o depravados ocupen hoy el papel de víctimas? Muchos han sustituido el modelo del  "ordeno y mando" por una permisividad sin límites, igualmente nefasta.

El principio de autoridad se ha debilitado y ni la sociedad ni la familia han sabido establecer otros valores y límites. Nos estamos equivocando en la educación y muchos menores delincuentes surgen en un ambiente que genera niños individualistas y hedonistas, incapaces de aceptar la frustración.

Algunos sostienen que la familia es la primera patología a tratar y muchos padres no saben qué hacer con sus hijos. Se detecta un problema de ausencia de la figura paterna, bien porque la pareja se haya separado o porque el padre o la madre se inhiben o están muy ocupados en el trabajo.

El Defensor del Menor de Madrid, sostiene que la violencia ambiental influye, "aunque no sea el detonante del problema", por eso hay que prestar atención a esos chicos que "pasan muchas horas solos en casa, delante de la televisión, viendo cómo las situaciones más terribles se presentan como si fueran normales. Se ha comprobado que las imágenes violentas activan el área del cerebro que fomenta la agresión. La sobre exposición a estas señales hacen bajar las defensas frente a la violencia, de forma que la costumbre amortigua su sensibilidad. Estamos ante una sociedad dominada por un modelo económico y social agresivo que amenaza con pervertir los sistemas de valores para con devolvernos a la ley de la selva.

El cibersadismo, la difusión de las agresiones, el incremento del maltrato doméstico y escolar practicado por menores sostienen la creciente degeneración.  Es preciso volver a una educación en valores de justicia, de esfuerzo y de solidaridad para una convivencia ciudadana.

 

José Carlos Gª Fajardo

 

 

 

 

Invertir en educación y en solidaridad

¿Es África un continente balcanizado?, se pregunta B. Ben Yahmed desde su indiscutible autoridad y prestigio. El problema se plantea por la absurda inclinación a admirar lo más grande y lo más caro. Al igual que muchos confunden valor con precio, no pocos sigue uncidos al sofisma de que cuanto más, mejor; en lugar de cuánto mejor, más.

Por balcanización entendemos la situación en que quedó esa región de Europa cuando fue arbitrariamente desmembrada, en razón de etnias, religiones, o nacionalismos periclitados. Tanto bajo los imperios ruso, austro húngaro, alemán u otomano, al igual que con Yugoslavia, hoy una sangrante herida.

Dicen que África está excesivamente dividida y que por eso es tan vulnerable. Las potencias colonizadoras hicieron un cruel reparto de pueblos y de tierras de acuerdo con sus intereses económicos y de sus ansias de poder. Ahí están las actas de la Conferencia de Berlín de 1885 repartiéndose el gran continente como un pastel. No hay más que contemplar un mapa que parece cuarteado a cartabón y plomada. Y esa depredación con la anuencia de religiones europeas que se apoyaron en la fuerza para “civilizar, cristianizar y abrir a los mercados” (europeos) mientras se apoderaban de las conciencias de personas que tenían tradiciones y cosmovisiones, en muchos aspectos, más amplias y abiertas que las de los monoteísmos importados. Esa es la “carga del hombre blanco” la pretensión de “salvar” a todo el mundo, como sea. Se lo oí al Superior de los Padres Blancos: “Para poder explicarles la necesidad de la redención antes tuvimos que convencerlos de que estaban en pecado”.

Pero vengamos a los datos. Tanto América como Europa, incluida Turquía, tienen una población equivalente a la de África, cerca de mil millones de habitantes. América tiene 35 países mientras que Europa 46. África 53.

Asia está dividida en 47 países pero su población sobrepasa los cuatro mil millones. Sin contar a Oceanía que, con 30 millones, está compuesta por 10 países.

El gran historiador y profesor en la universidad de Yale, Paul Kennedy, hace una reflexión interesante sobre esta división del mundo en un ensayo citado por el maestro de periodismo Ben Yahmed.

Desde siempre, escribe, los historiadores y los expertos en estrategia saben que países pequeños pero bien organizados pueden alcanzar una influencia desproporcionada a su tamaño. Fue el caso de Portugal, Países Bajos, Gran Bretaña o España que extendieron sus dominios sobre gran parte de la tierra.

En nuestro tiempo, Hong Kong o Dubai “pelean, dice Kennedy, en categorías muy superiores a su peso”.

Pero si la pequeñez no es sinónimo de insignificancia, extenderse físicamente no supone necesariamente crecer en poder e importancia. Si la extensión geográfica fuera sinónimo de grandeza, entonces Rusia, con más de 17 millones de kilómetros cuadrados, dominaría el mundo. Canadá, en una menor medida, está en ese caso y Australia, también por razones climáticas, tiene limitadas sus zonas habitables. En los próximos 50 años, Rusia padecerá las consecuencias de su descenso demográfico mientras que Australia y Canadá albergarán mayores poblaciones adaptadas a sus inmensos territorios.

Los casos de India y de China son aparte pues albergan al 40% de la población mundial, y mientras India padece un crecimiento demográfico desorbitado, China conocerá los problemas de una inmensa población envejecida. Para ambos países ese exceso de población no hace presagiar nada bueno para el resto de una humanidad globalizada e interdependiente.

Paul Kennedy cita a Brasil: el equilibrio entre el crecimiento de su población, su extensión geográfica y sus recursos en agua y en tierras cultivables.

De Estados Unidos, el profesor norteamericano dice “sus datos geopolíticos, una situación privilegiada entre dos océanos, sólo dos países como vecinos apacibles y la mayor ratio del planeta entre superficie, población y recursos agrícolas, le ofrecen formidables oportunidades para sobreponerse de sus estupideces presentes y futuras”.

De ahí que ser grande en población o en territorio no garantizan el ser una gran potencia sino es con la ayuda imprescindible de estrategias inteligentes y la inversión en educación, sanidad y

conciencia universal pues ya nadie podrá sobrevivir en un mundo con planteamientos injustos por inhumanos.

Padecemos estrabismo y nos aferramos a ejércitos y policías porque tenemos miedo a Otro mundo posible que anhela manifestarse.

José Carlos Gª Fajardo

Banqueros insaciables

 “En nuestro banco optamos por una nueva forma de hacer banca y buscamos soluciones innovadoras. Sólo tenemos una palabra: Adelante”.

La otra tarde, descansando en casa después de comer, suena el teléfono y ¡era la directora de la sucursal del banco! Como no tenía pagos pendientes ni abonos urgentes, me dije que se trataba de un recurso publicitario más, de esos que no respetan horarios de descanso ni privacidad alguna.

“¿Ocurre algo?”, pregunté. “No, profesor es que, como usted es un buen cliente, le quería hacer una oferta estupenda que se termina pasado mañana”.

Era la primera vez en mi vida que me telefoneaba el director de un banco y lo juzgaba positivo porque, antes, si llamaban, era para decirte que tenías un enorme descubierto y que no podrían atender a los pagos. Eso era antes, porque ahora, aunque tengas nóminas y cobros domiciliados, y la cuenta desde hace 30 años, como llegue un recibo imprevisto y no hayan llegado los abonos regulares, lo devuelven y ya está. Si protestas, te dicen que es por la informatización, “cosa de las máquinas, ya sabe.”

No, no sé ni quiero saber porque ahora hasta cargan las multas de hacienda o de la circulación sin previo aviso. ¿Hay saldo? Pues se cargan y ya está.
La directora me ofrecía ¡una vajilla, o un conjunto de utensilios para hervir las verduras al vapor, o no sé cuántas cosas más! Cuando salí de mi estupor, me confirmó que sólo tenía que depositar 400 euros en mi libreta de ahorro y no moverlo en no sé cuantos meses.

“¡Pero si no tengo libreta!” “¡Da igual, le hacemos una vinculada a su cuenta corriente!”

Le pregunté si sabía qué edad teníamos, mi esposa y yo, como para ofrecernos utensilios de hogar, más bien podríamos hacerle una contraoferta.
Ya llevo unos meses que me asombran las dificultades que hay en las nuevas oficinas bancarias para llegar a la caja o a un ser humano que piense y te escuche.

Tienes que sortear anuncios de coches, de lavadoras, de joyas, de televisores, y de tantas cosas que me pregunto si habré entrado en un supermercado.

Si el intrusismo está prohibido, y hasta mal visto en cualquier profesión, por qué los bancos se dedican, no sólo a “financiar” compras de inmuebles o de vehículos sino que tramitan las más diversas mercaderías y hacen que te las lleven a tu casa.

¿Se imagina a un particular que preste dinero sin que se le tache con los peores epítetos? O a una tienda de ultramarinos que “descontase” letras o a una corsetería que hiciera transferencias al extranjero, no de bragas y sujetadores, sino de dinero.

¡Lo que han luchado los inmigrante por mantener sus oficinas de envío de remesas a sus países mediante una comisión inferior a la de los bancos, y mucho más rápido. Se les ha perseguido porque, para los bancos y las cajas de ahorros, era un negocio descomunal. No hay más que recordar los millones de euros que desde Europa y EEUU envían como remesas a sus familias. Y aquí sí que no hay papeles oficiales ni empadronamientos ni permiso de trabajo ni certificado de esto o de aquello. Ah, pero durante muchos años, si un inmigrante con permiso de trabajo y seguridad social en regla, pretendía que le financiasen la compra de un local o de un apartamento era tratado como un ser no de fiar, por eso les pedían avales inconsiderados que no pedirían a un nacional. Ahora, como en el relato evangélico, “se echan a las calles en busca de invitados para sentar a sus mesas”.

No tienen más que entrar en las web de la mayoría de los bancos, apartado “selección”, y encontrarán más de un centenar de ofertas de coches, inmuebles, viajes, electrónica, tiempo libre, hogar, salud, informática, joyerías y ¡dos páginas! de 300 productos para el “gourmet”. ¡Un banco vendiendo chorizo, vinos, jamón y exquisiteces! Pronto ofrecerán preservativos, geles y píldoras post coito, ahora que parecen el no va más de la libertad.

Ya está bien de aguantar a tantos buitres que todavía no han pagado por el delito de la crisis económica que padecemos y que pretenden que la paguemos entre todos. Ah, pero mantienen políticas de “responsabilidad social como compromiso con el desarrollo”, porque entre los principios corporativos destaca “el cliente como centro del negocio”, “un comportamiento ético e integridad profesional como forma de desarrollar la actividad” y, claro, “la innovación como palanca de progreso”.

Toda esta oferta la hacen a 18 meses, y sin intereses. ¿Lo cogen?

 

José Carlos Gª Fajardo

 

 

Responsabilidad y justicia ante embarazos no deseados

Responsabilidad y justicia ante embarazos no deseados

 

En España han montado una cruzada contra la nueva ley de interrupción del embarazo y el acceso y uso de la píldora “del día después”. Como muchos lectores y antiguos alumnos piden mi opinión me arriesgo a expresarla  con la mayor discreción posible.

 

El ideal sería que una chica, ante un embarazo no deseado, hablase con sus padres y estos le ayudasen a tomar una decisión serena y libre de prejuicios, y la acompañasen en todo momento, incluido el acto médico de esa interrupción consciente.

Ahora bien: Imaginemos a una chica mayor de 16 años, embarazada, por violación o una noche loca, rotura del preservativo o porque “no sabía lo que hacía”, y que su padre o madre fueran integristas fundamentalistas islámicos, católicos, mormones, o de sectas que condenan la interrupción de ese embarazo no deseado basándose en  argumentos ideológicos, respetables, pero que no tienen derecho a imponer a nadie. ¿Tendrá la hija que someterse al diktat de sus padres? ¿La pueden obligar a que nazca ese hijo no deseado y que va a marcar su vida tanto o más que “el síndrome de un aborto”?

Opino que esa hija que ha tenido capacidad, libertad o insensatez para quedarse embarazada tiene el derecho de acudir a una clínica oficial y hablar con los médicos para que actúen con las garantías médicas y sicológicas que precise.
En el caso de una relación de riesgo que pudiera ocasionar un embarazo, tiene derecho a acudir a una farmacia y tomar la píldora post coital, que no es abortiva, sino que impide la  implantación en su útero de un espermatozoide perdido en un óvulo despistado.

Estoy a favor de una formación integral, de salud y sobre una sexualidad responsable. Estoy a favor del uso del preservativo, y me parecen peligrosas las condenas contra su uso por clérigos y familias “ejemplares”.  Apoyo la planificación familiar y la utilización de sistemas anticonceptivos supervisados médicamente puesto que acepto la paternidad/maternidad deseada o aceptada pero jamás impuesta por nadie.
¿Qué es eso de que “cuántos más hijos, mejor”, porque “los quiere Dios”, son para “su gloria” y “traen un pan debajo del brazo”?

Lo que me asombra es que sobre estos temas de matrimonio, sexualidad, erotismo, amor, embarazos, preservativos, masturbación o juegos eróticos traten de imponer sus criterios unos profesionales del celibato, una forma de eunucos, en gran parte, reprimidos y que desde el siglo XI han tergiversado el mensaje de Jesús.
Sugiero leer “Eunucos por el Reino de los cielos”, de la gran teóloga católica, madre y de un prestigio incontestable, Uta Ranke Heineman, editado por Trotta.

También sugiero buscar en las páginas de los cuatro Evangelios cuántas palabras dedica al sexo el Rabí Jesús… en comparación con las dedicadas a la justicia, la solidaridad, la fraternidad, la comprensión, el amor, la libertad, la alegría, la acogida a los demás…

Parece que los clérigos viven obsesionados por el sexo y el erotismo que reprimen o subliman o emponzoñan en actividades penadas por decisiones judiciales.
¿Por qué no releer las cartas a Timoteo y a Tito?

“…es preciso que el obispo sea irreprensible, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, no dado al vino ni pendenciero… que sepa gobernar bien su propia casa, que tenga a sus hijos en sujeción; pues quién no sabe gobernar su casa, ¿cómo gobernará la Iglesia?” Iª Tim. 3, 1-6

“ … que constituyeses por las ciudades presbíteros en la forma que te ordené. Que sean irreprochables, maridos de una sola mujer, cuyos hijos sean fieles…” Tito.1, 5-9.
Y en cuanto a Jesús y el sexo… baste recordar los espléndidos pasajes con la samaritana, con la adúltera, con María en casa de Simón el leproso, o con la de Magdala etc.  A este Jesús, sí lo admiramos y seguimos millones de personas sencillas o letrados, hombres o mujeres, sanos o enfermos, pero no a desaforadas campañas de algunos de sus seguidores “oficiales.” Prefiero al Jesús “pobre al nacer, más pobre en su vida y pobrísimo en la cruz”, el que no tuvo lugar donde reclinar su cabeza, que amó y fue amado, que sólo tuvo palabras de condena para los sacerdotes, escribas y fariseos corruptos, a esos sacerdotes “sepulcros blanqueados” a quienes las prostitutas les precederían en el reino de los cielos.

Quede para otra ocasión reflexionar sobre las riquezas, codicia, soberbia, intolerancia, el ansia de poder y de dominio que les ha llevado a algunos a tergiversar el mensaje del Maestro según las conveniencias sociales, políticas o económicas del momento.

 José Carlos Gª Fajardo

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