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J. C. García Fajardo

Terrorismo social ante el que es justo rebelarse

Durante muchos años se creyó que sólo los trabajadores que habían cotizado a la Seguridad Social tenían derecho a cobrar una pensión al llegar su jubilación. Personas que habían trabajado durante toda su vida sacando adelante a sus familias o trabajando en asistencia doméstica o como modistas o artesanos o en cualquier otro trabajo duro, pero no remunerado con un sueldo fijo y habiendo sido dados de alta por un empleador, ni en sueños podrían aspirar a que la sociedad, por medio del Estado, reconociese su derecho a una pensión digna que les permitiera vivir sin zozobras la última etapa de sus vidas.
Hoy  se reconoce el derecho de todo ser humano a esa pensión como una de las conquistas el Estado de Bienestar, siendo los otros pilares el derecho a la educación pública y gratuita, a la asistencia sanitaria a cargo el Estado y, felizmente ya, a la subvención para las personas dependientes. Son conquistas sociales, sin las cuales los derechos políticos y las declaraciones de derechos universales no serían sino quimeras. Porque somos personas tenemos derecho a que la comunidad provea a nuestras necesidades en tiempo de necesidad, sobre todo, en la enfermedad, en la dependencia y en la vejez.
Ninguna de las conquistas sociales, los logros científicos y técnicos han nacido de la nada ni cada generación ha tenido que comenzar de cero. Caminamos a hombros de quienes nos han precedido y, por eso, existe un capital acumulado al que todo ser humano tiene derecho porque existe y no para existir.
Lo que durante siglos perteneció al campo de la utopía hoy se ha convertido, en los países desarrollados y democráticos, en valores concretos reconocidos por las leyes y exigibles ante los tribunales. Nadie en su sana razón los discute. De la misma manera tenemos que abordar otras propuestas que parecen utópicas, esto es “verdades prematuras” para que, a fuerza de comentarlas, estudiarlas y ponderarlas lleguen algún día a convertirse en realidades concretas.
Es el caso de la denominada “renta básica” que es un auténtico principio revolucionario. Es un ingreso pagado por el estado, como derecho de ciudadanía, a cada miembro de la sociedad, incluso si no trabaja de forma remunerada, con independencia de cuáles puedan ser las otras posibles fuentes de renta, y sin importar con quien conviva. Existe una interesante dirección, www.redrentabasica.org, que puede ser de utilidad.
A fuerza de hablar de la desigualdad de ingresos y riqueza,  nos olvidamos de su acelerado crecimiento, de exponer sus causas y orígenes,  sus consecuencias y de refutar las falsas justificaciones ofrecidas por los interesados. Nos solemos olvidar de que la desigualdad hace tiempo que ha rebasado lo social, lo ética y lo estéticamente tolerable. La extrema desigualdad nos debe golpear por ser radicalmente injusta e inhumana, ante la cual tenemos no sólo el derecho de resistencia sino el deber de alzarnos como ante cualquier tiranía.
Leemos sin inmutarnos que la mitad de la humanidad,  3.000 millones de personas, vive con menos de 2 dólares al día y, de éstos, 1.300 millones con menos de 1 dólar diario. Esta desigualdad extrema entre ricos y pobres destroza la comunidad, rompe los lazos de fraternidad y desata la codicia de unos pocos mientras provoca la desesperación de muchos que se sienten condenados sin culpa.
Algunos sostienen sin rubor que cada uno tiene lo que se merece y que la buena suerte hay que trabajársela. Esto es falso, nadie ha merecido nacer en el hogar en donde nació ni disponer o carecer de los medios necesarios para su formación y desarrollo. Pero todos nacemos miembros de una sociedad y, aunque falleciesen nuestros padres, esta sociedad es responsable de nosotros, del mismo modo que nosotros los somos de los demás miembros de la misma. Esta conciencia que se abre camino en el pensamiento alternativo es una de las conquistas de la globalización que nos ha descubierto próximos y, por lo tanto, responsables solidarios unos de otros.
Por eso es urgente no cejar en la lucha contra la desigualdad injusta construyendo entre todos propuestas alternativas graduales a este modelo de desarrollo basado en el sofisma de que “cuánto más, mejor” producto de la falsa premisa de que el objeto esencial de la economía es la mayor productividad posible con el más alto beneficio, caiga quien caiga y tratando a lo seres humanos como a recursos destinados a ser explotados en  una economía de mercado que nos ha transformado implacablemente en una sociedad de mercado social, en la que nos tratan como a objetos y no como a sujetos libres, dignos y responsables. Es urgente construir alternativas que permitan a la sociedad recuperar el control democrático sobre las decisiones económicas y a las personas recuperar el control sobre sus propias vidas en una existencia que merezca la pena de ser vivida, y no padecida como una condena ante la cual es comprensible rebelarse. Aunque, luchar por el derecho a una vida digna algunos la condenen como un ataque a la sociedad. Como si no fuera el  terrorismo social, y no sólo de Estado, la causa de esta desigualdad injusta.

 José Carlos Gª Fajardo

4 comentarios

Ruth Pilar -

Rawls decía que si una persona tuviera que repartir los bienes entre todo el mundo, desconociendo su posición social en el momento de tomar su decisión, el principio sería el de dar más a quién menos tuviera. Un principio de solidaridad. Aunque más bien parece un principio de guardaspaldasidad. Nadie nos asegura que no vayamos a estar en la posición de desventaja.
Las prestaciones tienen que seguir aumentando. Si crece la presión fiscal, tb deben hacerlo los salarios. Siempre habrá seguidores de Nozick que griten que existe la igualdad de oportunidades y que el que no llega es porque no quiere, como en la fábula de la cigarra y la hormiga, que es un pecado que hacienda retenga al que gana más y que las personas que hacen "nada" cuenten con los mismos derechos que los que hacen "algo".

iván -

Es muy triste que poca gente en nuestra sociedad sea consciente de las desigualdades en el mundo, y peor aún es que parte de los enterados del problema lo achaquen a la mala suerte como se ha dicho, y al "poco espíritu de trabajo de los países pobres, así como de su incivilización".

DANIEL -

Las desigualdades a escala mundial entre los países pobres y ricos son tan evidentes como las desigualdades internas en cada una de las naciones del primer mundo. El equilibrio de la balanza ricos-pobres es el juicio más interesante y necesario al que se enfrenta el ser humano. Decir que la suerte se busca es una excusa sin fundamento para quedarse al margen de la realidad. El capitalismo del que hablábamos hace unos días en otro post se evidencia en este artículo. Cada día tengo más presente la frase más llamativa que dijo el profesor un día en clase: se gasta más en el cuidado de una vaca en Alemania que en el de un niño de Burundi. Esta frase es la forma más condensada y precisa de reflejar la injusta realidad mundial.

Sonia Sanz -

Me parece estupendo recapacitar sobre lo que poco a poco se ha conseguido, para no perder la esperanza al luchar contra aquello que creemos que debe conseguirse.
Está claro que hay que luchar contra las desigualdades, o al menos eso diríamos si fuésemos nosotros los que se ven en la cruz de la moneda.
Encontrar una medida de pagar esa renta básica sin que desde arriba se quejen puede ser dificil, pero aún así es necesario.