J. C. García Fajardo |
![]() Cuaderno de Bitácora sobre Mundo actual y Sabiduría universal.
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Excelente y estremecedor artículo de Malén Álvarez. Luego, no podremos decir que “no lo sabíamos”. Como los alemanes decían ignorar que existían campos de concentración, que eran “campos de reeducación el trabajo”. Nuestro silencio ante esta masacre, ante tantas otros atentados a los Derechos Humanos, dictaduras, terrorismo totalitarismo, mafias de todo tipo, paraísos fiscales, torturas, pena de muerte, marginación de poblaciones, maltrato a las mujeres, ideologías funestas e inhumanas… nos convierten en cómplices de esos crímenes. Porque nosotros sabemos y podemos comprobarlo que esos crímenes se están produciendo. Creo que al menos debemos de estar informados José Carlos Gaza: Si no lo contamos, no existe Voy a apropiarme descaradamente del lema de Reporteros Sin Fronteras, "si no lo contamos, no existe", porque difícilmente se puede superar en este caso. Si los periodistas no podemos contar lo que está pasando en Gaza, si no podemos verlo en directo, porque el Gobierno de Israel nos prohíbe el paso al estrecho territorio palestino -aplicando una censura a la libertad de expresión e información digna de dictaduras como China o Cuba, que tanto solemos criticar los periodistas occidentales-, difícilmente podremos informar al resto del mundo de la barbarie que se está cometiendo con los palestinos, eso sí, a la vista de todos los países democráticos y sus medios de comunicación. Una barbarie aplicada sobre civiles, entre ellos miles de niños que, de día en día, engrosan las listas de muertos y heridos salvajemente, pese al repetitivo "no se persigue a los civiles" de las autoridades israelíes, mantra propagandístico con el que ya no pueden engañar a nadie. Los periodistas están sufriendo una censura digna de dictaduras como Cuba y China La libertad de expresión, el principio elemental del periodismo de ver, hablar, escuchar, observar y luego contar los hechos con la mayor honestidad posible, tiene cada día más enemigos. A este paso nos enfrentamos raudos a una profesión sin futuro. Si en las últimas guerras provocadas por Estados Unidos ya fue difícil informar -recordemos la primera guerra del Golfo, en la que, al margen de los grandes montajes organizados de cara a los medios de comunicación, apenas se podía contar nada-, y la más reciente de Irak, en la que no hubo posibilidad de informar a no ser que los periodistas fueran empotrados con las tropas estadounidenses, en esta ocasión, Israel ha dado un paso más y se ha quitado la careta sin pudor. Ni el menor simulacro de información. Sencillamente se prohíbe a los periodistas el acceso a Gaza. Por supuesto se añade una coletilla: "Por motivos de seguridad". Pero la seguridad, o falta de seguridad, es algo que los periodistas afrontan a diario en todo conflicto. Conocemos el riesgo, pero puede más el deseo de informar. A veces hay muertos y las cifras de periodistas caídos en guerras o conflictos lo atestiguan. Pero queremos estar allí, queremos verlo, queremos poder contarlo. Es nuestro derecho y nuestro deber. Claro que, como bien relataba en sus últimas y estremecedoras crónicas el corresponsal de este diario en Oriente Próximo, Juan Miguel Muñoz -eso sí, obligado a firmar desde Jerusalén y Ashkelón-, las autoridades israelíes tienen mucho que ocultar en la actual operación de Gaza. Porque hasta nuestras televisiones no llegan, o sólo con cuentagotas, las terribles imágenes que atestiguan la ferocidad de los ataques indiscriminados israelíes en los que la primera víctima es la población civil palestina encerrada en una ratonera sin posible salida. Imágenes desgarradoras de niños y ancianos sacados de los maleteros de coches, sin piernas, puro amasijo de carne quemada. Niños exhaustos al lado de los cuerpos de sus madres muertas. Familias enteras masacradas. Ataques con armas prohibidas por la Convención de Ginebra, según han denunciado médicos noruegos que trabajan en la zona. Proyectiles que dejan despedazados a quienes tocan. Falta de medicinas, agua y alimentos. Ataques a convoyes de ayuda humanitaria... Y nosotros, los periodistas de los países occidentales, tenemos que poder contarlo, y mientras no podamos, denunciar bien alto la censura que lo impide. Porque si no, también seremos culpables. Importantes medios de comunicación de todo el mundo se han unido al llamamiento de Reporteros Sin Fronteras al Gobierno de Israel para que abra la franja de Gaza a los medios de comunicación, una situación que consideran "indefendible y peligrosa" ante unos acontecimientos que nos afectan a todos. El llamamiento se enfrenta a la obstinación suicida de las autoridades israelíes, que aseguran "no se han logrado todavía los objetivos". Produce escalofríos y vértigo pensar hasta dónde pueden llegar las acciones de los que un día fueron víctimas y hoy son verdugos. El eurodiputado David Hammerstein, uno de los ocho que han podido romper el bloqueo de las autoridades israelíes y penetrar, sin su permiso, en Gaza, a través del paso egipcio de Rafah, reclamaba que los periodistas pudieran entrar en el territorio palestino para poder contar lo que esté sucediendo. "No puede haber guerra sin testigos. Ésa es la llave de la impunidad", razonaba. Por cierto, Hammerstein es judío. ¿Nos dejarán entrar a Gaza cuando sea ya sólo un cementerio de ruinas y cadáveres? Malén Aznárez, periodista, es vicepresidenta de Reporteros sin Fronteras España. "Lo más atroz de las cosas malas de la gente mala es el silencio de la gente buena", decía el líder político religioso hindú cuyas enseñanzas inspiraron los movimientos pacifistas del mundo. Y añadía, "Mañana tal vez tengamos que sentarnos frente a nuestros hijos y decirles que fuimos derrotados. Pero no podremos mirarlos a los ojos y decirles que viven así porque no nos animamos a pelear." Así también, Martin Luther King “tendremos que arrepentirnos en esta generación no tanto de las acciones de las malas personas sino de los pasmosos silencios de la gente buena”. Su ejemplo y su mensaje permanecen en un mundo enloquecido por guerras, crímenes, hambrunas y fraudulentas crisis económicas. Conmemoramos ahora el 60 aniversario de su asesinato a los 78 años de edad. Nada más indicado que saborear y ponderar las palabras de quien tomó sobre sus espaldas “ el monopolio de mejorar sólo a una persona, esa persona soy yo mismo y sé, cuán difícil es conseguirlo." A pesar del aparente fracaso de su actividad política, murió en una India desangrada en guerra religiosa, fue fiel a aquella “voz interior” que le urgía a “seguir combatiendo contra el mundo entero, aunque me encuentre solo. Me dice que no tema a este mundo sino que avance llevando en mí nada más que el temor a Dios." Porque él estaba convencido de que “no debemos perder la fe en la humanidad que es como un océano; ella no se mancha porque algunas de sus gotas estén sucias." Ya que nadie puede hacer el bien en un aspecto de su vida, mientras hace daño en otro; “porque un cobarde es incapaz de mostrar amor, hacerlo está reservado para los valientes." Afirmaba que la vida es un todo indivisible por eso "no se nos otorgará la libertad externa más que en la medida exacta en que hayamos sabido, en un momento determinado, desarrollar nuestra libertad interna." Y con la eterna sabiduría citaba el ejemplo del Rabí que pasó entre nosotros haciendo el bien. De ahí que Luther King escribiera “Nosotros devolveremos bien por mal. Cristo nos enseñó el camino y Mahatma Gandhi nos demostró que era operativo”. Como él, fue meridiano con los que ignoran y son causa de la pobreza y de la miseria de tantos seres humanos "El que retiene algo que no necesita es igual a un ladrón”, porque lo que no se comparte se pierde. “Si en apariencia tomo parte en política”, decía, “se debe a que la política nos rodea igual que el abrazo de una serpiente del que no podemos desasirnos por mucho que lo intentemos. Por lo tanto, deseo luchar con la serpiente.” Y sabía que la lucha era durísima y el pago implacable, “si no tuviera sentido del humor me habría suicidado hace mucho tiempo.” Porque, primero ellos te ignoran; más tarde se ríen de ti; luego te hacen la pelea; y entonces… ¡tú ganas!". Sabiduría de la no violencia, del wu wei “no hacer” de Lao Tsé, inclinarse mientras pasa la riada para alzarse de nuevo e imitar al agua que se adapta al terreno para vivificarlo y transformarlo. El Mahatma Ghandi estaba convencido de que ningún hombre pierde su libertad sino por su propia debilidad. Que la fuerza no proviene de la capacidad física sino de la voluntad indomable. “Sé tú mismo el cambio que quieras ver en el mundo." Y se mostró caminando por la inmensa India, con un sencillo doti confeccionado por él mismo en la rueca que habría de figurar en la bandera de India. "Es mejor permitir que nuestras vidas hablen de nosotros a que lo hagan las palabras". Y así, humildemente mostró su camino “me esforzaré en amar, en decir la verdad, en ser honesto y puro, en no poseer nada que no me sea necesario, en ganarme el sueldo con el trabajo, en estar atento siempre a lo que como y bebo, en no tener nunca miedo, en respetar las creencias de los demás, en buscar siempre lo mejor para todos, en ser un hermano para todos mis hermanos." Alma Grande Ghandi sabía lo que significaba vivir y morir como no violento, “pero me falta demostrarlo mediante un acto perfecto." Y ese acto que rubricó su vida, hace ahora 60 años, a manos de un hindú fanático y enloquecido, a quien Ghandi, hubiera estrechado entre sus brazos hizo exclamar a Einstein "Las generaciones del porvenir apenas creerán que un hombre como éste caminó la tierra en carne y hueso." José Carlos Gª Fajardo Atribuido al Mahatma Ghandi”, no estoy seguro de que él lo escribiera, pero contiene su pensamiento. Mi Señor...... Ayúdame a decir la verdad delante de los fuertes Y a no decir mentiras para ganarme el aplauso de los débiles. Si me das fortuna, no me quites la razón. Si me das éxito, no me quites la humildad. Si me das humildad, no me quites la dignidad. Ayúdame siempre a ver la otra cara de la medalla, no me dejes inculpar de traición a los demás por no pensar igual que yo. Enséñame a querer a la gente como a mí mismo. No me dejes caer en el orgullo si triunfo ni en la desesperación si fracaso. Más bien recuérdame que el fracaso es la experiencia que precede al triunfo. Enséñame que perdonar es un signo de grandeza y que la venganza es una señal de bajeza. Si me quitas el éxito, Déjame fuerzas para aprender del fracaso. Si yo ofendiera a la gente, dame valor para disculparme y si la gente me ofende, dame valor para perdonar. ¡Señor...si yo me olvido de ti, nunca te olvides de mí! Gandhi |