La BBC ha conseguido un vídeo que muestra una nueva matanza de los soldados de Estados Unidos contra un grupo de civiles en Irak. Según la cadena británica, los hechos sucedieron el pasado mes de marzo en la ciudad de Ishaqi in March, al norte del país, y once personas, de ellas cinco niños, murieron en el ataque. Un portavoz militar de Estados Unidos ha asegurado que ya hay en camino una investigación oficial para esclarecer los hechos, según informa la cadena.Estados Unidos informó en un principio de la muerte de cuatro personas como balance a una operación militar de ataque contra un edificio en el que supuestamente se encontraba un colaborador de Al Qaeda. Sin embargo, posteriormente la policía iraquí aseguró que los militares estadounidenses habían matado deliberadamente a once personas.En la información oficial que facilitó Estados Unidos tras los sucesos de ese 15 de marzo, se aseguraba que sus tropas se habían visto envueltas en un tiroteo tras descubrir en esa casa al supuesto miembro de Al Qaeda. Los militares estadounidenses afirmaron que finalmente habían muerto un sospechoso, dos mujeres, y un niño. Estas muertes, según las tropas, sobrevinieron al derrumbarse el edificio debido a la dureza del combate.Pero los informes de la policía iraquí contrastan estas informaciones. Según los agentes, los soldados dispararon deliberadamente contra estas personas matando a cuatro mujeres y cinco niños.
El presidente del Gobierno abrió ayer el debate sobre el estado de la nación hablando de lo que, según el líder de la oposición, Mariano Rajoy, más interesa a los ciudadanos -empleo, educación, seguridad y otros problemas sociales- y pasando de puntillas sobre lo que, según el propio Rajoy, no interesa a nadie: las reformas territoriales. La paradoja estuvo en que fue de esto último de lo que más habló Rajoy. Ambos discursos acabaron cruzándose más tarde en torno a la cuestión territorial, mientras que los dos evitaron entrar a fondo en el asunto más candente del momento: las expectativas abiertas por el alto el fuego de ETA. El presidente se limitó a pedir la colaboración del PP, y Rajoy, a marcar escuetamente las líneas rojas que no deberían traspasarse en los contactos previstos con la banda. Las profecías catastrofistas de Rajoy en el debate de 2005 sobre la economía no se han verificado, según demostró Zapatero con datos. No lo dijo así, pero el mensaje implícito fue que este Gobierno aplica medidas liberales para crecer (incluyendo las reformas fiscales) y socialdemócratas para redistribuir. El presidente se mostró en este tema muy seguro y solvente en el manejo de las cifras: todos los parámetros han mejorado desde que gobierna, lo que desmiente el argumento de que los socialistas están malbaratando la herencia saneada que se encontraron. Hubo menciones reiteradas a los jóvenes y anuncio de medidas concretas para favorecer su acceso a la vivienda, por un lado, y a empleos fijos, por otro. También las hubo para las personas mayores y dependientes, objeto de la ley de mayor calado social de la legislatura. La discusión sobre la seguridad ciudadana resultó brumosa por el empeño de llevar el debate a terrenos estadísticos. Lo único sustantivo fue la importancia que parecen dar ambos partidos al incremento de las plantillas de los cuerpos de seguridad. Por el contrario, es dudosa la utilidad práctica, disuasoria, de las nuevas reformas en el Código penal, sobre todo la agravación de penas para ciertos delitos, planteadas para hacer frente a la alarma creada por los asaltos a viviendas. Rajoy acusó a Zapatero de carecer de política de inmigración y volvió a hablar de "efecto llamada", "papeles para todos" y otros tópicos a propósito de una regularización que, como recordó Zapatero, han tenido que abordar todos los gobiernos europeos, incluido en el de Aznar. El presidente recordó la más que criticable gestión del propio Rajoy y su compañero Acebes en su época de ministros del Interior para defender su política en inmigración y seguridad, un tema especialmente sensible para los ciudadanos. Rajoy acusó a Zapatero de ser culpable de la ruptura del consenso sobre la reconciliación entre españoles. Aunque la acusación sea injusta, tiene razón el líder de la oposición al decir que los españoles de hoy están muy mezclados en cuanto a los bandos que entonces se enfrentaron, y que no tiene sentido un concurso para determinar a qué bando pertenece cada familia o para considerar a los partidos democráticos de hoy continuadores de los que se enfrentaron hace 70 años. Rajoy citó varias veces el Pacto del Tinell como prueba de políticas excluyentes contra su partido en aras de favorecer la alianza del PSOE con formaciones nacionalistas. Tanto Carod como Maragall reconocieron en su momento públicamente que fue un error introducir en ese pacto el compromiso de no pactar con el PP en ninguna institución. Ambos líderes coincidieron en acusarse recíprocamente de carecer de una idea clara de España. El uno por no entender su pluralidad y el otro, por ir a remolque de aliados inseguros. El catastrofismo del PP en las cuestiones más afiladas de la política territorial ha impedido llegar a acuerdos en asuntos en los que tal vez estaban más de acuerdo entre sí que cualquiera de ellos con los demás grupos. Sin embargo, que las reformas en marcha no hayan provocado la ruptura de la unidad de España, como auguraron los más sectarios de la derecha, no convierte necesariamente en convenientes tales reformas. En esto faltó un punto de autocrítica de Zapatero, al menos sobre su compromiso de avalar cualquier proyecto que llegase de Cataluña. Zapatero insistió en la conveniencia del máximo consenso en las reformas territoriales pero incluyendo a las formaciones nacionalistas, lo cual puede considerarse una autocrítica respecto a los pactos autonómicos PSOE-PP del pasado. La descalificación sumaria practicada por Rajoy en materia de política exterior (España ha desaparecido del mapa, sus amigos nos nacionalizan nuestras empresas en Bolivia, etcétera) puso fácil a Zapatero la respuesta al preguntar si, ahora que Bush y Blair han reconocido los graves errores cometidos en relación con Irak, hará lo mismo el PP ante el Parlamento y ante los ciudadanos españoles. El debate no fue ayer tan bronco como el del año pasado, incluyendo la actuación de las bancadas respectivas, pero estuvo a punto de descarrilar por la gresca montada sobre los tiempos concedidos a la oposición, que Rajoy planteó de manera demagógica (nadie le "expulsaba de la tribuna", como dijo) y que el presidente Marín no acertó a encauzar. (Editorial de El País)
Un alineamiento de estrellas y de planetas, que arranca este miércoles por la tarde, culminará el próximo 17 de junio, cuando Marte y Saturno se verán tan cerca uno del otro, que dará la impresión de que vayan a chocar, aunque finalmente no lo harán. Los días 31 de mayo y 7, 15 y 17 de junio están considerados por la NASA, según información publicada en su página web, cuatro momentos estelares a marcar en el calendario de los astrónomos por sus "muy especiales" anocheceres. Tres planetas y un cúmulo de estrellas están convergiendo actualmente hacia un encuentro que "merece la pena" contemplar, explica la NASA. Este espectáculo estelar se inicia hoy al atardecer,cuando la Luna creciente se deslice hacia Saturno, hasta verse en línea "con un resplandor muy bonito", observándose entonces cráteres y montañas con largas sombras "si se apunta con el telescopio hacia ella". A continuación, se recomienda mirar hacia Saturno, el planeta de los anillos, porque, literalmente, según la NASA, la visión "cortará la respiración". A su derecha se apreciará, asimismo, el cúmulo estelar Beehive, con un grupo de estrellas situadas a 600 años luz de la Tierra. No satisfechos con todo este espectáculo, y a medida que vaya transcurriendo el mes de junio, "las cosas irán volviéndose incluso más interesantes", según la NASA. Desde mañana, la Luna se irá alejando para dejar atrás a Saturno y al cúmulo estelar Beehive, y rápidamente se irá acercando, noche a noche, un débil ente rojo, Marte, al planeta de los anillos. El 15 de junio será "una noche especial", según la NASA, porque en dirección a Saturno, Marte pasará directamente frente al cúmulo Beehive. Si se contempla entonces el cielo con un pequeño telescopio, se podrá ver el planeta Marte brillando unas 16 veces más que las estrellas del entorno. Clímax A mitad de junio, Mercurio se alejará del fulgor del Sol, planeando en el cielo no muy lejos de Saturno ni de Marte. La noche del 15 de junio, Marte "explota" en el cúmulo Beehive, y Mercurio será muy fácil de divisar, incluso desde ciudades muy iluminadas. El clímax de toda esta cadena de acontecimientos se producirá en el anochecer del sábado 17 de junio, cuando Marte y Saturno se verán tan sumamente cerca que podría pensarse que van a colisionar, aunque no lo harán. ¡Menos mal! Y a mi que esta narración me resulta erotizante... habrá que buscarse un artilugio, o ir al Planetario, o con un saco de dormir a la sierra de Guadarrama, digo.
Un Editorial que debería hacernos reflexionar: Rusia antes que India. Durante décadas los políticos occidentales menospreciaron a Rusia y a los países miembros de la antigua URSS. Cuando Occidente pudo haber ayudado a Gorbachov a realizar una transición ordenada a la democracia los presionó hasta el colapso favoreciendo el enriquecimiento de los nuevos oligarcas rusos. Ahora va a ser más dificil integrarlos en una auténtica Unión Europea en la que Rusia tiene más cabida que Turquía. Nesemu. La defensa organizada por el presidente de Arcelor, Guy Dollé, contra la OPA lanzada por Mittal Steel el pasado 27 de enero le ha llevado a fusionarse con el grupo ruso Severstal, que se convertirá en su principal accionista, con un 32% del capital. Arcelor, resultado de la fusión del grupo francés Usinor, el luxemburgués Arbed y el español Aceralia, había utilizado toda suerte de argumentos para rechazar la oferta del empresario indio Lakshmi Mittal, al que algunos medios tildaban de simple especulador, olvidando su larga trayectoria al frente de un importante grupo que produce 70 millones de toneladas de acero y es el principal suministrador de la industria automovilística de Estados Unidos. La dirección de Arcelor y los representantes de los Gobiernos de los países en los que está establecida, especialmente el de Luxemburgo -hasta ahora su principal accionista, con el 6% del capital-, contraponían el modelo de "capitalismo especulativo" de Mittal al de Arcelor, empeñado en crear "un grupo siderúrgico europeo". La constitución de "campeones industriales europeos" sintonizaba además con ciertas corrientes proteccionistas que no cesan de buscar falsas salidas al reto de la globalización. La realidad es que la oferta de Mittal nunca gozó de simpatías entre los mismos Gobiernos que ahora evitan pronunciarse sobre la operación rusa.
La fusión convertirá a Severstal, una empresa con una fuerte influencia del Gobierno de Putin, en el gran accionista de referencia del grupo europeo, con un tercio de su capital; ello pone al descubierto la debilidad de la argumentación defensiva con acento europeísta. La defensa de la posición de los ejecutivos de Arcelor en esta batalla es un ejemplo del poder de los directivos en las grandes compañías, frente a la ínfima capacidad de decisión de los accionistas. Porque, tras el acuerdo entre ambos grupos, Guy Dollé conservará de momento su puesto de presidente director general en el nuevo conglomerado, mientras que el primer ejecutivo ruso y amigo personal de Putin, Alexéi Mordachov, se mantendrá a la espera del mejor momento para hacer valer su posición.
Uno de los efectos de la operación es que a la inquietante dependencia gasística del cada vez más poderoso grupo Gazprom -proporciona el 25% del gas que se consume en la UE- se sumará ahora el control del acero por otra empresa rusa. Dos compañías que no representan un modelo de transparencia e independencia del poder político acumulan así una influencia descomunal. Las voces que clamaban por la constitución de campeones industriales europeos, de una política energética europea, hace días que no se oyen en Bruselas ni en Luxemburgo.
Hace un año, los ciudadanos franceses echaron a pique el Tratado por el que se creaba una Constitución europea, y pocos días más tarde les seguían los holandeses. Los Veinticinco se dieron unos meses de "pausa de reflexión", pero poco se ha reflexionado durante todo este tiempo. El Parlamento Europeo ha dado algunas puntadas y la Comisión de Durão Barroso otras, aunque para alejarse de todo federalismo y acercarse a la visión anglosajona. La verdad es que nadie sabe muy bien qué hacer. La primera discusión debería tener lugar en el Consejo Europeo del mes que viene. Para prepararla, los ministros de Asuntos Exteriores se reunieron este fin de semana en Klosterneuburg, una abadía cercana a Viena, sin ideas novedosas, salvo darse un año más de reflexión y buenas palabras. La propia Angela Merkel, que al llegar a la Cancillería alemana se mostró ansiosa de recuperar el Tratado durante su presidencia comunitaria, en el primer semestre de 2007, ha desistido del empeño, pues antes tienen que celebrarse, esa primavera, las elecciones presidenciales y legislativas en Francia. Puede que, en realidad, los franceses no quisiesen votar en contra de Europa, pero el caso es que lo hicieron. Y aunque más de la mitad de los Estados que representan una mayoría de la población de la UE hayan ratificado el Tratado (sólo España lo ha hecho por referéndum), las imposibles reglas del juego en una Unión de 25 son las que son y exigen la unanimidad. Tampoco hay que engañarse. Detrás del no francés se agazapan los Gobiernos británico, sueco, danés o polaco, que se han comprometido a celebrar referendos que tienen pocas posibilidades de triunfar. Ahora bien, la UE no se puede quedar parada. Con las instituciones del Tratado de Niza en vigor, resultará crecientemente ingobernable a 25 o 27. Si entran Bulgaria y Rumania (en enero próximo o un año después), Niza prevé que la Comisión deje de contar con un miembro por país, pero la cifra tendrá que rebajarse "por unanimidad". La reforma institucional no puede esperar. Si no se puede salvar la Constitución, no hay porqué excluir la posibilidad de un nuevo Tratado que se limite a unas reformas institucionales que permitan la gobernabilidad de una Unión con 27 o más miembros y, a la vez, como propone la Comisión Europea, centre los esfuerzos de la UE en las preocupaciones concretas de los ciudadanos, desde la inmigración a la economía. Es necesario un debate a fondo sobre futuras ampliaciones y los límites geográficos de Europa. La UE anda desorientada. Tiene que recobrar un rumbo para saber qué quiere ser, con quién y cómo. La "Agenda de los Ciudadanos" que propone la Comisión empieza con una frase bien cierta: "En un mundo globalizado, la Unión Europea nunca ha sido tan necesaria y, sin embargo, tan cuestionada". Ésa es la paradoja europea. (Edit. El País)
Esta artículo del profesor Vidal-Beneyto es un ejemplo de erudición y de honestidad intelectual que puede ayudarnos en nuestra reflexión. Nesemu
La formulación de este título no es mía, sino de Edgar Faure, uno de los políticos más agudos de la IV República francesa y último recurso de muchos conflictos en su país. Los vientos, como él decía, son caprichosos, y oponerse a su vuelo es casi siempre inútil y con frecuencia nocivo. Lo que hay que hacer es acompañarlos y dar razón de nuestro acompañamiento. Los vientos del siglo XX han sido dramáticamente mudables en todos los ámbitos. La crisis, entendiendo por tal la mutación rupturista, ha sido su característica fundamental. Claro que el mundo y la vida de los hombres son objeto permanente de cambios, pero en los últimos 120 años han sido sometidos a una aceleración extraordinaria. Cambios que nos han arrastrado con ellos sin que nadie haya querido detenerse en ningún porqué. Ni siquiera aquellos que tienen una responsabilidad especial por haber hecho de la explicación cotidiana del acontecer de la realidad su oficio principal y haberse alistado así en la pedagogía ciudadana: digo escritores inscritos en la notoriedad people, ensayistas mediáticos, intelectuales catódicos con urgencias de masa, etc. Tanto más cuanto que los vientos que nos sacuden son vientos rugosos, regresivos, que han invertido las corrientes que antes nos empujaban, arrastrándonos con ellos y haciéndonos saltar de campo sin dar una sola razón, sin decir una sola palabra. Con lo que el desconcierto y la orfandad se han convertido en nuestra condición irrenunciable. Pues ¿cómo asumir que los dos inexorables denostadores de la Unión Soviética que fueron Alexandr Solzhenitsyn y Alexandr Zinoviev hayan endosado, al final de sus vidas, el sayo antidemocrático, y Zinoviev haya hecho a la perestroika la responsable de todos los males actuales de Rusia? Y, más cerca de nosotros, ¿cómo aceptar sin desgarramientos que esos grandes luchadores por la democracia que fueron nuestros modelos, Bronislaw Geremek, Georgy Konrad, Václav Havel, Adam Michnik, se alineasen con las posiciones de Bush en política exterior y se apuntasen con entusiasmo a una guerra que nada imponía? Havel polemiza a principios de 2003 en The New Yorker en defensa de la invasión con el periodista norteamericano David Remnik; Konrad publica un ensayo en el Frankfurter Allgemeine Zeitung y Michnik se enfrenta en Francia con el también periodista Bernard Guetta y envía a este diario su texto Nosotros, los traidores, que aparece el 2 de abril de 2003 respondiendo al artículo de Christian Semler en Die Tageszeitung del 8 de marzo del mismo año. La estructura argumental de estos alegatos se repite en todos ellos, la lucha contra las dictaduras y el terrorismo personificados en Sadam Husein es la piedra angular de su demostración. En ningún momento se entra en el tema del petróleo y en los manejos de Bush y de Halliburton, previos a la guerra; se omite la falsedad de los pretendidos contactos entre Al Queda y Sadam Husein, se silencia el hecho de que Irak no hubiese intervenido en ninguna acción terrorista en los países occidentales; se pasa por alto el inevitable enfrentamiento bélico entre suníes y chiíes, y se convierte a los partidarios de Sadam en resistentes y a sus tropas en fuerzas de liberación. Sin olvidar el escarnio de los derechos humanos que han supuesto Abu Ghraib, Guantánamo y la legitimación democrática de la tortura. La verdad es que el sí a la guerra es un acto de vasallaje a Bush y a su política con el fin de asegurarse la protección del dispositivo militar norteamericano dada la inanidad de la defensa europea y teniendo en cuenta el temor a que se repitan las agresiones del pasado, sobre todo en función del renaciente expansionismo ruso. Actitud que se ha traducido en la inquietante derechización autieuropea y que ha reducido políticamente la integración en la Unión Europea a su incorporación a la OTAN, con la consiguiente reacción de Rusia. Este basculamiento ¿fue dictado por miedo histórico o por euroatlantismo visceral? ¿Cómo pudo suceder que la tentativa más radical de subversión del orden capitalista y de liquidación de la sociedad del lucro se transformase en menos de una década en la cazuela en la que se cocieron lo posmodernoy la economía financiera y se guisara el social-liberalismo que es nuestro pensamiento único, sin que nadie nos advirtiera de la fechoría? Pero siempre hay un justo, que en este caso se llamó Guy Hocquenghem, quien en un texto vitriólicamente demoledor, Carta abierta a los que han pasado del cuello Mao al Club Rotary, nos explica cómo fue y a manos de quién. Alain Frinkielkraut, André Glucksmann, Pascal Bruckner, Bernard-Henri Lévy, Philippe Sollers, Bernard Kouchner, Serge July, Romain Goupil, los feroces gauchistas de la primera mitad de los setenta, de vuelta de todas las revoluciones, cruzados del antitotalitarismo de derechas, vestidos con el hábito curalotodo de los derechos humanos, impugnan la rebeldía política y la mutación social con el mismo furor con que antes querían imponerlas. El primado de las reformas y la adaptación a lo nuevo son hoy sus dos grandes dogmas que les eximen de darnos razón del abandono de sus viejos amores, de su giro de 180 grados. Los vientos en España han sido vientos engañosos que bajo el lema de la transparencia han escondido la trampa de la falsificación del pasado, clave para el sepultamiento de la memoria. Los primeros beneficiarios de esta amnesia impuesta han sido los miembros de la clase dominante y en especial de su sector político, que no han cambiado porque o han negado su pasado o, de recordarlo, lo han considerado un antecedente necesario y coherente con sus posiciones actuales. Que los líderes de la derecha democrática fueran los prohombres del franquismo, que Adolfo Suárez pasase sin bajarse del coche oficial de la presidencia del Movimiento Nacional a la del primer Gobierno de la democracia, nada tiene, según ellos, que merezca explicación, pues es simple prueba de que el primero fue condición imperativa de la segunda. En nuestro caso todo ha girado en torno de la legitimación democrática de la designación por Franco de Juan Carlos de Borbón, y a ese carro se han subido los protagonistas más destacados de la escuadra franquista. Sólo dos ejemplos: Torcuato Fernández-Miranda y Laureano López Rodó (vid. Lo que el Rey me ha pedido y La larga marcha hacia la Monarquía, respectivamente). En los otros casos, los partidos han hecho una lectura del proceso pro domo sua. Javier Tusell, para la UCD, y la presentación canónica que representa el libro de la Editorial Sistema sobre este tema, para el PSOE, eliminando, obviamente, cuanto contradice su línea -por lo que a mí me toca la omisión, en una bibliografía de 40 páginas, de los ocho textos que he escrito sobre la transición-. A partir de ahí, por una parte no nos hemos ahorrado ningún travestimiento y, por otra, ha bastado que José María Aznar levantase la veda para que muchos nostálgicos del esplendor franquista que, al final del periodo, se pusieron por si acaso la careta, se la quitasen ahora agresivamente. Ejemplos, numerosísimos, pero sólo citaré el de un hombre antes del progreso, cuya integridad y entereza pude vivir de cerca en Triunfo y La Calle. ¿Qué le ha sucedido a César Alonso de los Ríos, qué le ha llevado a su actual reaccionarismo? A no ser que tenga razón mi admirado Vicente Verdú, otro mutante, cuando sostiene que hoy los reaccionarios somos los progresistas. El honor de la memoria democrática lo han salvado, en este caso, dos hombres de bien, que fueron falangistas iniciales y nos han dado cumplida y convincente noticia de las causas y los momentos de su abandono del totalitarismo y su apuesta por la democracia. Dionisio Ridruejo, en sus Memorias, y Pedro Laín Entralgo, en su Descargo de conciencia, testimonios admirables de una inversión ideológica radical, no sólo nos hablan de su peripecia personal, sino que nos ayudan a comprender el papel determinante que personas como ellas tuvieron en el desmontaje de lo que se ha llamado el franquismo sociológico y en la recuperación de los referentes democráticos. Ridruejo y Laín, y otros como ellos, desde la sociedad civil y montados en su transformación socioeconómica y en la pregnancia europea de la derecha civilizada española, contribuyeron a casi pre-enterrar a Franco en vida. Este reconocimiento nos confirma que si queremos que la veleta resista a los vientos, hemos de consolidar sus condiciones de existencia, en particular sus cimientos. Que en nuestro caso se llaman valores, lealtades, convicciones.
El comité de la ONU contra la tortura dio a conocer ayer un informe pidiendo a Estados Unidos que tomara medidas inmediatas contra esta execrable práctica por sus fuerzas armadas, así como que cerrara todos sus centros secretos de detención. El informe, emitido por 10 expertos presididos por el español Fernando Marino Menéndez, mencionaba expresamente la cárcel de Guantánamo, colonia norteamericana en Cuba, establecida tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, donde la Administración de Bush ha encerrado a cientos de reclusos, de los que aún permanecen 460 tras las rejas. La noticia se produjo justo cuando un grupo de internados allí protagonizó ayer mismo un intento de motín, el primero que se registra en la base desde que se montó la prisión hace ahora más de cuatro años. El cierre de Guantánamo, como de otras prisiones ad hoc que Washington sostiene en países que controla como Irak y Afganistán, obligaría a juzgar de una vez a los detenidos, presuntos terroristas, o su inmediata puesta en libertad. El documento incriminatorio subraya que Estados Unidos debe ampliar su concepción de lo que es tortura, de acuerdo con lo establecido en la convención de 1984, que Washington ratificó, aunque con reservas, en 1994. Y señala, entre lo que la superpotencia no reconoce como tortura, la práctica del submarino -inmersión del preso en una bañera-, utilización de perros aunque sea sólo para amedrentar, las humillaciones sexuales, y en general lo que se entiende en el mundo entero por tortura psicológica. El informe destaca sutilmente que el solo hecho de que esos centros sean secretos supone ya casi una admisión de culpa. En febrero pasado, un borrador de informe de la ONU había concluido que las condiciones de detención en Guantánamo eran inhumanas y, "en algunos casos, emparentadas con la tortura". No en vano, desde la inauguración en 2002 de tan macabro centro, 23 cautivos han intentado quitarse la vida, cuatro de ellos el jueves pasado. Como Abu Ghraib, en Irak, donde el trato que recibían los presos llegaba a unos extremos de depravación que contrastan con la excelente opinión que Estados Unidos tiene de sí mismo, Guantánamo constituye una ofensa a la comunidad internacional. Es también un mentís a las pretensiones de Washington de ser un sacrificado agente de la propagación universal de la democracia, y un gravísimo error que por sí solo desacredita la ocupación de Irak, donde se buscaban armas de destrucción masiva y se ha producido una ignominia, que repugna a quien la contempla y envilece a quien la practica.
Soledad Gallego-díaz ha escrito este estupendo y sugerente artículo:
Los días 10 y 11 del próximo mes de julio se celebrará en Rabat una conferencia euro-africana sobre migración y desarrollo, organizada por Marruecos y España. Faltan pocos días pero todavía no se sabe qué países van a asistir, de África y de Europa, ni cuál será su nivel de representación ni los documentos básicos de los que partirán los trabajos de la conferencia. Nada de nada. Habrá que confiar en que las cosas no estén tan paralizadas como parecen y que la reunión termine por producir sus frutos. Sobre todo, que se den pasos hacia lo que la mayoría de los expertos considera la decisión más urgente y necesaria: la apertura de las fronteras europeas a cupos de emigrantes africanos, autorizados, por periodos determinados de tiempo, a trabajar en nuestros países. Todo el mundo sabe, en África y en Europa, que está en marcha una gran corriente de migración, perfectamente justificada y explicable, y que si no se encuentran pronto los elementos para encauzarla y organizarla provocará grandes sufrimientos. No sólo en los que emigran, que sufren muerte y discriminación, sino también en nosotros mismos, porque ya sabemos de lo que somos capaces y de las infamias en las que puede caer nuestra naturaleza cuando nos relacionamos con "los otros" o nos sentimos amenazados por su presencia. Karen Blixen escribió sobre el modo en que se comportaban los europeos en África: "Muchas veces he pensado que la pena y la compasión ocupan demasiado lugar en la mentalidad moderna. Lo que realmente debe movernos es el deseo de comportarnos con justicia, una honda aversión a vernos degradados nosotros mismos de esta forma...". La gran corriente migratoria que empieza a llegar de África no es un asunto de ellos, que tengamos que contemplar con pena o compasión. Es un fenómeno social provocado por condiciones económicas, políticas y globalizadoras que todos hemos contribuido a poner en marcha y al que no podemos dar la espalda como si fuera ajeno. Cierto que no podemos acoger en nuestros países a todos cuantos querrían emigrar de los suyos. Cierto que una inmigración descontrolada puede provocar movimientos de xenofobia y racismo. Pero cierto también que no existen trabajadores ilegales, sino trabajo ilegal y que la mano de obra africana es la más barata de todas y la que acepta las faenas más duras y desagradables. ¿Por qué, si no, siguen existiendo tantos inmigrantes africanos clandestinos? No es un problema exclusivo de España. Ayer, el nuevo ministro del Interior británico reconoció que no tiene "ni idea" de cuántos inmigrantes irregulares hay en su país. Pero lo que está claro es que, en el Reino Unido como en España, no sobreviven mendigando sino ejerciendo las tareas más bajas en el escalón social. En casi toda África subsahariana existe el mismo proverbio, procedente del pueblo fulbe: "La paciencia puede cocinar una piedra". Los subsaharianos son pueblos asombrosamente pacientes y pacíficos (en España tienen los índices de delincuencia más bajos de toda la población), pero ya han cocinado la piedra y ahora la tienen en la mano. Por primera vez, esta semana se ha organizado en Malí una manifestación de protesta contra la visita oficial del ministro francés Nicolas Sarkozy, defensor de una dura política de repatriaciones. Los malienses, simplemente, no pueden quedarse en su país porque no disponen de fuentes de ingresos ni de esperanza de conseguirlos. Los que emigran no son los que se mueren de hambre, sino los que se mueren de desesperanza. Muchos creen que si se organizaran cupos temporales de trabajo en los países europeos, que les permitieran mantener el contacto con sus familias en sus lugares de origen, aceptarían la regulación del flujo migratorio y los plazos de los países de acogida. Y muchos creen que ese flujo permitiría al mismo tiempo mejorar las condiciones de vida en los países de origen. ¿Lo habrán oído los responsables de la Conferencia de Rabat? Quienes vienen y quienes vendrán no son quienes se mueren de hambre. Esos se quedan para siempre en Dafur, en el cuerno de África y en todas las zonas de extrema sequía que atraviesan ya África. Y si la mayor vergüenza es no tener vergüenza, sepamos todos que evitar esas hambrunas medievales cuesta unos pocos millones de euros y algo de voluntad política.
El Prof Sachs, escribe en "Luchar contra la pobreza con la ayuda adecuada": El mundo en desarrollo a menudo se parece al tráfico de una carretera. Países como China, India y Chile avanzan en un sentido de rápido crecimiento económico, que reduce las diferencias tecnológicas con los países desarrollados, mientras que naciones como Nepal, Níger y Sudán se precipitan en sentido opuesto, cada vez con más disturbios, enfrentamientos, sequía y enfermedades. Los costes del fracaso económico son enormes para todo el mundo, ya que los conflictos, el terrorismo, el tráfico de drogas y los refugiados sobrepasan las fronteras nacionales. Pero los conductores pueden cambiar de sentido, y también los países. India, China y Chile difícilmente se podían considerar historias de éxito en los años sesenta y setenta. Los tres estaban agitados, acuciados por la pobreza, el hambre y la inestabilidad política. Su transformación económica demuestra que los "casos perdidos" de hoy pueden ser los mercados emergentes del mañana. Quienes afirman que la ayuda exterior no funciona -y que no puede funcionar- están equivocados. Esos escépticos hacen carrera fomentando el pesimismo, al señalar los múltiples e indudables fracasos de anteriores campañas de ayuda. Pero lo cierto es que podemos ayudar a garantizar el desarrollo económico adecuado de los países más pobres. Podemos ayudarlos a escapar de la pobreza. Y debemos hacerlo por nuestro interés nacional. El primer paso para salir de la pobreza rural casi siempre supone aumentar la producción de alimentos y poner fin a los ciclos de hambruna. La salida de Asia de la pobreza durante los últimos 40 años empezó con una "revolución verde". La producción de alimentos se duplicó o se triplicó. La Fundación Rockefeller colaboró en la obtención y la difusión de semillas de alto rendimiento; y la ayuda estadounidense permitió a India y otros países proporcionar abonos y semillas subvencionados a los agricultores pobres. Cuando consiguieron tener unos ingresos, los campesinos pudieron pasar a la creación de pequeñas empresas. El segundo paso para salir de la pobreza es la mejora de las condiciones sanitarias, empezando por la mejora de la nutrición, el agua potable y los servicios sociales más básicos. En las historias de éxito asiáticas, la mortalidad infantil ha disminuido drásticamente, lo cual, a su vez, ha reducido el tamaño de las familias, porque los progenitores pobres empezaron a confiar en que sus hijos sobrevivirían hasta la edad adulta. El tercer paso consiste en salir del aislamiento económico para introducirse en el comercio internacional. Chile, por ejemplo, se ha convertido en las dos últimas décadas en el principal proveedor de fruta de EE UU fuera de temporada, gracias a la creación de unas cadenas de suministros altamente eficaces. China e India han prosperado como exportadores de mercancías manufacturadas y servicios, respectivamente. En los tres casos, las relaciones comerciales dependían de la mejora de la conectividad: carreteras, energía, telecomunicaciones, Internet e introducción de contenedores para el transporte. Hoy, a los escépticos les gusta afirmar que África está demasiado atrasada y es demasiado corrupta como para llegar a ser como China o India. Se equivocan. Una revolución verde, una revolución sanitaria y una revolución de la conectividad están al alcance de África. Los ingenieros y científicos ya han desarrollado las herramientas necesarias. El proyecto Aldeas del Milenio, desarrollado por mí y un grupo de compañeros, se está expandiendo con rapidez en 10 países africanos y está demostrando que esa triple transformación -verde, sanitaria y de conectividad- es factible. Las variedades de semillas mejoradas, los abonos, el regadío y los camiones han contribuido a convertir el hambre en cosechas extraordinarias en sólo una o dos temporadas. La malaria está controlada. Los agricultores tienen acceso a la capital para pasar de las cosechas de subsistencia a los cultivos comerciales. A los niños se les trata contra las lombrices y reciben una comida a mediodía que ayuda a garantizar que estén sanos y asistan a la escuela. Los escépticos afirmaban que los campesinos africanos no obtendrían más alimentos, que los fertilizantes se perderían, que cortarían las mosquiteras de las camas para hacer velos de novia y que los funcionarios locales bloquearían el progreso. Está ocurriendo lo contrario. En cualquier parte del mundo, los más pobres de entre los pobres desean una oportunidad para mejorar el futuro, en especial el de sus hijos. Denles herramientas y las aprovecharán. Los escépticos de la ayuda, como William Easterly, autor del reciente libro The White Man's Burden, son legión. En lugar de señalar los fracasos, debemos amplificar los éxitos, incluidas la revolución verde, la erradicación mundial de la viruela, la expansión de la alfabetización y, ahora, la promesa de las Aldeas del Milenio. Los criterios para que las ayudas tengan éxito están claros. Deben tener un objetivo definido y ser específicas, medibles, responsables y ampliables. Deben fomentar la triple transformación de la agricultura, la sanidad y las infraestructuras. Deberíamos proporcionar a las aldeas una ayuda directa que se pueda calibrar y controlar. El proyecto Aldeas del Milenio se basa en la participación de la comunidad y en que ésta se responsabilice de garantizar que los abonos, las medicinas y demás ayudas se emplean adecuadamente. Millennium Promise, una organización de la que soy cofundador, propugna y amplía el avance del proyecto Aldeas del Milenio. Se ha unido a Cruz Roja, Unicef, la Fundación de Naciones Unidas, los Centros para el Control de Enfermedades y la Organización Mundial de la Salud para instalar mosquiteras contra la malaria en las camas de los niños de África. En este mundo frágil y plagado de conflictos debemos valorar la vida en todas partes frenando las enfermedades y las muertes innecesarias, promoviendo el crecimiento económico y ayudando a garantizar que la vida de nuestros hijos sea muy preciada en el futuro.
Jeffrey D. Sachs es director del Earth Institute de la Universidad de Columbia. EEUU.
Interesante y prudente editorial en El País: La eutanasia está ahí
Por más que se quiera ocultar, soslayar o anatemizar, el problema de la eutanasia está y estará cada vez más presente en la realidad social. La muerte del tetrapléjico vallisoletano Jorge León Escudero, obra según todos los indicios de una mano amiga, lo ha vuelto a situar en el debate. Cada vez son más las personas que, como consecuencia de enfermedades irreversibles asociadas al envejecimiento extremo o de accidentes, se encuentran inmersas en situaciones que para ellas no reúnen los requisitos mínimos de una vida humana, de la que quieren liberarse con ayuda médica legal, y no por un acto humanitario pero clandestino. Se trata de una cuestión delicada, en la que los aspectos éticos y legales se entremezclan, pero que ningún Gobierno, del signo político que sea, puede seguir ignorando. Algunos países, como Holanda y Bélgica, han regulado cuidadosamente la práctica de la eutanasia activa y la correspondiente actuación médica. En España, por el contrario, se mantiene congelado el debate político e institucional, pese a que la sociedad es favorable a abordar la cuestión con la prudencia y el rigor exigibles. El PP ignoró el tema en los ocho años que gobernó, sin duda por su total alineamiento en este punto con las posiciones de la Iglesia. La ministra de Sanidad, Elena Salgado, ha señalado que la regulación de la eutanasia no figura en la agenda del Gobierno, ya que se trata de un debate político que "no corresponde ahora". Es verdad que el PSOE sólo se comprometió a crear una comisión en el Congreso para estudiar la posible despenalización. Pero de esta comisión no se sabe nada pasado el ecuador de la legislatura. Es comprensible que el Gobierno module su programa reformista y asuma sus compromisos cuando corresponda. La Iglesia española situó la eutanasia en el frontispicio de su campaña contra las reformas del Gobierno, calificando de "apología del delito" su simple debate, y como "una forma más de homicidio" el hecho en sí. Además, las sedaciones paliativas en el hospital público de Leganés dieron lugar a que la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid lanzara una sospecha de eutanasia generalizada, de la que más de un año después no hay rastro alguno. Pero más pronto que tarde, este Gobierno u otro del PP no podrá dejar de dar una respuesta legal, al margen de legítimas y respetables opciones morales, a situaciones personales muy difíciles, frecuentes hoy día y cada vez más en el futuro.
Sugerente reflexión sobre el Apogeo asiático y la crisis de identidad en la U.E., del Profesor del College of Europe, de Varsovia, Dominique Moisi, que nos ayuda en la búsqueda de comprensión ante la nueva correlación de fuerzas en el mundo. Nesemu El museo europeo. En líneas generales, a finales del siglo XIX, Asia era para Europa una fuente de inspiración artística o un objeto de ambición imperial. Por su parte, los asiáticos veían en el viejo continente o bien un modelo de modernidad, caso del Japón Meiji, o bien un barómetro de la decadencia, como ocurría en China. Un siglo después, el milagro económico japonés había transformado la imagen que tenían los europeos de Asia, al menos de una pequeña parte de ella, y ahora les parecía un escenario de rápido progreso tecnológico e industrial. Ahora, en los primeros años del siglo XXI, cuando las economías asiáticas viven su apogeo mientras la Unión Europea se ve inmersa en una crisis de identidad y de confianza, la percepción que se tiene de Europa en Asia y de Asia en Europa está cambiando drásticamente. En la actualidad, destacados asiáticos, como el ex dirigente de Singapur Lee Kuan Yew, advierten a los europeos de que, si siguen por el mismo camino, Europa sólo tendrá importancia como potencia turística y por su mercado inmobiliario de postín. Un destacado empresario chino que reparte su vida entre Hong Kong y Londres ha sido aún más preciso. Durante una reunión privada de líderes económicos y políticos celebrada en París hace unas semanas señalaba: "Ustedes los europeos se están convirtiendo en un país del Tercer Mundo, se pasan el tiempo ocupados en los asuntos equivocados -la Constitución, el Estado de bienestar, la crisis de las pensiones-, y sistemáticamente dan respuestas equivocadas a las preguntas que plantean". Las concepciones que tienen los europeos de Asia, y en concreto de China, son más complejas y van desde la lúcida adaptación a un nuevo y respetable competidor hasta un rechazo puramente ideológico. Durante el mayo francés de 1968, los estudiantes que se lanzaron a la calle a inventar un nuevo mundo -o por lo menos, algunos de ellos- soñaban con la China maoísta, una China inmersa en la brutalidad y el sinsentido de la Revolución Cultural. Su absurda y barroca obsesión se debía tanto al desconocimiento sobre los crímenes de Mao como al aburrimiento de una sociedad próspera en la que el desempleo era casi inexistente. Por el contrario, hoy día sus herederos critican abiertamente el modelo capitalista asiático. La China de ayer era una estrella anticapitalista que guiaba a revolucionarios utópicos; la de hoy se ha convertido en una Némesis ultraliberal para una nueva generación de reaccionarios también utópicos, defensores del statu quo en Europa. Los manifestantes que salieron a las calles de París recientemente no quieren ser ni como los chinos ni como los indios; rechazan la lógica de la globalización y se niegan a renunciar a garantías sociales conquistadas con gran esfuerzo. Concepción poscolonial Para las élites económicas europeas, China e India son completamente diferentes. Ahora son del todo conscientes de que esa concepción poscolonial, ligeramente nostálgica, que tenían de estos países asiáticos como grandes mercados para la exportación y nutridas reservas de mano de obra barata se ha quedado desfasada. Ahora, China e India son auténticos competidores que merecen respeto, cuando no pura y simple admiración. Por ejemplo, la calidad, los costes y los plazos de entrega de sus industrias del automóvil están alcanzando niveles europeos. Europa sigue manteniendo ventaja en lo que se refiere a las ciencias puras, como ocurre en el sector farmacéutico, pero las empresas de primera categoría que están apareciendo, principalmente en India, son cada vez más capaces de contratar a licenciados del Massachusetts Institute of Technology y de Harvard, al tiempo que mantienen costes laborales bajos, conservando así su competitividad mundial. Por desgracia, aunque los dirigentes europeos reconocen el desafío asiático, no han logrado que les sirva ni para descender a la realidad del irresistible proceso de globalización ni como llamada a las armas en materia social y económica. De hecho, sería justo decir que los políticos europeos, con pocas excepciones, como la de Tony Blair, están tardando en ajustar su visión del mundo al revolucionario ritmo de cambio que se registra en Asia. Atrapados entre su falta de visión estratégica a largo plazo y su obsesión por los intereses inmediatos, en general, los líderes políticos europeos, al contrario que las empresas del viejo continente, que están saliendo mejor paradas entre los asiáticos, no han logrado ganarse el respeto de sus homólogos de Extremo Oriente. Naturalmente, en un continente que, en líneas generales, no ha logrado enterrar su pasado ni cerrar la puerta a los fantasmas del nacionalismo, también se suele considerar que la UE es un modelo de reconciliación, paz y prosperidad. Pero si la producción europea sigue descendiendo, ¿se mantendrá esta percepción? A lo mejor entonces los asiáticos empiezan a pensar que el modelo europeo es una versión política de Venecia: un lugar que se visita sintiendo nostalgia por su pasado glorioso y admirando su aire de museo.
(Dominique Moisi es profesor del College of Europe, en Natolin (Varsovia). )
Pensar a lo grande, es el título de la interesante reflexión del Prof. de la Universidad de Londres, Timothy Garton Ash. Está en relación con el sugerente trabajo del Prof. Dominique Moisi, del College of Europe, El museo Europeo, que reproduzco en otro lugar. Nesemu
UE: coordinación entre todos los países Europa es un continente pequeño lleno de países pequeños, y su futuro va a depender cada vez más de la capacidad de esos países pequeños de pensar a lo grande. La presidencia de la UE la ocupa actualmente Austria (población: 8,2 millones); después, presidirán el club Finlandia (5,2 millones), Alemania (82 millones), Portugal (10,6 millones) y Eslovenia (2 millones). Cuatro pequeños y sólo uno grande. A medida que la UE se extienda hacia los Balcanes, la proporción de sardinas con respecto a los tiburones irá en aumento. Uno de los momentos más absolutamente ridículos de la historia europea reciente se produjo en 1991, cuando Jacques Poos se apresuró a asegurar a los eslovenos -en pleno intento de separarse de la Yugoslavia de Slobodan Milosevic- que los países pequeños no tenían futuro en Europa. Monsieur Poos era ministro de Exteriores de Luxemburgo (población: 475.000). Ser pequeño tiene muchas ventajas. Los países pequeños no suelen comenzar guerras. No suelen tener la arrogancia de otros Estados más grandes. Además de la modestia y la intimidad, suelen disfrutar de una gran solidaridad social. El país es como un clan familiar. Y, sobre todo en las condiciones favorables de la Europa contemporánea, a sus ciudadanos suele irles bastante bien. Siete de los 10 países que encabezan el índice de desarrollo humano, que combina la salud, la educación y el producto interior bruto per cápita, son países europeos de pequeño tamaño: Noruega, Islandia, Luxemburgo, Suecia, Suiza, Irlanda y Bélgica, que pueden estar entre los más firmes partidarios de la integración europea, aunque los euroescépticos señalan con regodeo que tres de esos siete no son miembros de la UE. Provincianismo También hay desventajas. Los costes operativos de los Estados pequeños pueden ser elevados. Un ejemplo extremo es Bosnia. De acuerdo con las bizantinas disposiciones constitucionales que tiene en la actualidad, Bosnia dedica el 70% de su presupuesto sólo a pagar a políticos y funcionarios. Asimismo son elevados los costes operativos necesarios para la cooperación entre un gran número de países pequeños: no hay más que ver el presupuesto de la UE para entenderlo. La modestia puede tener el inconveniente del provincianismo. En las relaciones internacionales, los países pequeños pueden tener miedo de enfrentarse a sus vecinos de mayor tamaño cuando éstos se comportan mal. Finlandización es sinónimo de un estado de ánimo en el que no nos gustaría que cayera la Unión Europea a la hora de relacionarse con Rusia. Pero también los países más grandes pueden caer en la trampa del apaciguamiento, sobre todo cuando tienen que defender unos intereses vulnerables, como Gran Bretaña en los años treinta o Alemania con su dependencia actual del gas ruso, mientras que los países pequeños como Estonia -o Finlandia, en su Guerra de Invierno contra la Unión Soviética- pueden ser enormemente valientes. Me encuentro en Portugal, y aquí me he dedicado a reflexionar sobre qué es lo que puede hacer posible que los países pequeños piensen a lo grande. Un factor que ayuda es poseer un gran pasado. Aquel extraordinario momento del siglo XV en el que marinos portugueses como Vasco de Gama atravesaban mares desconocidos para descubrir el mundo ha dejado a Portugal tesoros asombrosos. Está el monasterio de los Jerónimos, por ejemplo, financiado con las riquezas del Lejano Oriente: una maravilla de caliza blanca y reluciente, con sus magníficos relieves en piedra que evocan formas náuticas: cuerdas, nudos, naves. Aquí se firmó el tratado de ingreso de Portugal en la Unión Europea, hace poco más de 20 años. El recuerdo de ese instante puede servir de inspiración para varios siglos. Más importante aún, el periodo en el que Portugal era una potencia mundial ha dejado una herencia de aproximadamente 220 millones de personas que hablan portugués en todo el mundo (188 millones en Brasil). Más de los que tienen el francés como lengua materna. Es un dato que otorga a este país, como a España, Gran Bretaña e Irlanda, una perspectiva transatlántica imperecedera. Austria, que ocupa actualmente la presidencia de la UE, es otro país pequeño cuyo gran pasado le da una perspectiva más amplia, sobre todo en sus relaciones con los Balcanes y Mitteleuropa. La voz del emperador Francisco José se oye aún en los consejos europeos. Pero no hace falta haber sido colonizador; también puede heredar esa perspectiva más amplia el que ha sido colonizado. Eso es lo que ocurre, o podría ocurrir, con Bosnia, el punto de colisión entre los imperios cristiano y musulmán. Nos preocupa la situación de los musulmanes en Europa, pero allí, en Bosnia, los musulmanes llevan siglos viviendo como europeos, y los europeos comomusulmanes. Para que los países pequeños piensen a lo grande, una cosa absolutamente necesaria es que tengan un buen sistema educativo, que incluya la formación en el extranjero. La educación tiene que compensar la estrechez de los horizontes locales. Si sus clases dirigentes adquieren esa educación, pueden adquirir un punto de vista más auténticamente europeo -multinacional y supranacional- de los que suelen tener un francés, un alemán o un inglés. Pensemos, por ejemplo, en el presidente portugués de la Comisión Europea, José Manuel Durão Barroso. Barroso posee un don extraordinario: cuando habla inglés, no sólo habla sino que piensa como un inglés; cuando habla francés, no sólo habla sino que piensa como un francés. Oírle alternar entre una y otra lengua puede resultar desconcertante, casi como si pasara del lado izquierdo al derecho del cerebro. Este virtuosismo intelectual es una ventaja considerable en un presidente de la Comisión Europea, y quizá sólo podía tenerla alguien procedente de un país pequeño. Desde luego,no les pasaba a Jacques Delors -que, cuando hablaba inglés, era más francés que nunca- ni a Romano Prodi, que, cuando estaba en la presidencia, era siempre italiano al 200%, tanto en francés como en inglés. La mesa de conferencias No quiero exagerar. Una UE de Estados cada vez más pequeños tiene claros inconvenientes. No hay más que ver el tamaño de la mesa de conferencias en torno a la que se reúnen los líderes europeos en Bruselas para comprender que es imposible mantener una discusión seria en ella. Ahora bien, nos guste o no, esta UE más amplia y formada por Estados más pequeños es una realidad. Es iluso pensar que va a poder funcionar con una dirección formada por los tres países más grandes, Alemania, Francia y Gran Bretaña, como es también iluso pensar que pueda funcionar convirtiéndose en un Estado federal único. Esos dos momentos han pasado. Independientemente de las disposiciones institucionales que se establezcan una vez que el tratado constitucional de Valéry Giscard d'Estaing esté definitivamente muerto y enterrado, la clave para el éxito residirá en combinar las ventajas de tener Estados grandes y pequeños, no en sumar sus inconvenientes. En enero del próximo año habrá un modesto punto de partida, cuando tres países con presidencias sucesivas -Alemania, Portugal y Eslovenia- formen, por primera vez, una presidencia continua en equipo. Habrá que ver cómo funciona en la práctica, pero es positivo que comience con Alemania, un país grande que tiene, en política exterior, una tradición de colaborar bien con sus vecinos más pequeños, y en el que hay una nueva canciller deseosa de revivir esa tradición. Dada la dificultad de renegociar los equilibrios entre instituciones y entre naciones dentro de la UE, es posible que veamos más presidencias en equipo -la siguiente sería la de Francia, Chequia y Suecia-, aunque dudo que logremos llegar así a la de Gran Bretaña, Estonia y Bulgaria, que estaría prevista para 2017-2018. A largo plazo, la Unión Europea sólo podrá avanzar en cualquier área política si existe una coalición de países dispuestos en la que entren tanto los Estados grandes y fundamentales como algunos pequeños. No será posible hacer nada mientras los Estados más grandes no estén de acuerdo; pero no será posible hacer nada si sólo lo apoyan los grandes. Estamos ante una oportunidad para cualquier país europeo de pequeña dimensión, pero preparado para pensar a lo grande".
No conozco a ninguna persona inteligente y con sensibilidad que no se conmueva con algunas de las canciones de este auténtico profeta de nuestro tiempo. Por eso, ofrezco este buen reportaje de Diego A. Manrique, La secreta historia de Marley, para abrir un espacio de testimoniossobre este hombre genial. El jueves se cumplen 25 años de su muerte. Bob Marley sigue siendo uno de los iconos pop más universales. Sin embargo, entre esa hojarasca del ídolo ‘rasta’ se suele olvidar su obra musical, en gran parte desconocida fuera de Jamaica. Un libro intenta recuperar ese legado. Nesemu
Lo saben todos los viajeros avezados: Bob Marley es omnipresente. En un puerto de Polinesia, en una choza perdida por la sabana africana, en un centro comercial japonés, en el rincón más insospechado surge su imagen hirsuta o su vibrante música. En palabras de Andrés Calamaro, “la voz de Marley te toca, primero, por esa fatiguita que conmueve; luego te reconforta, ya que cuenta que en algún lugar del mundo está brillando el sol y la vida es simple”. Para la historia, Bob Marley ha quedado como la primera estrella global surgida de un gueto poscolonial. Y la suya no fue una fama fugaz. Tras su muerte, en 1981, su música se ha difundido más que antes. Legend, recopilación de sus grandes éxitos que Island sacó en 1984, es un pasmoso fenómeno comercial: no ha dejado de venderse, llegando a despachar hasta un millón de copias anuales en algún momento de la década de los noventa. Las sinuosas canciones de Marley son consumidas por sucesivas generaciones que se han apuntado a la liturgia canábica de la teología rastafariana, pero también por gente que sería incapaz de liarse un porro. La leyenda de Marley ha superado muchas pruebas. Su golosa herencia provocó una catarata de batallas judiciales que aún colean, demandas y resoluciones que son estudiadas en los cursos de propiedad intelectual. Ha sido víctima de la sobreexplotación: cada año se publican discos suyos con alguna curiosidad más o menos inédita, aparte de que se pongan nuevos envoltorios a sus mil grabaciones. Abundantes libros, incluyendo la espinosa autobiografía de su esposa, Rita Marley (No woman, no cry. Ediciones B, 2004), han desvelado aspectos ingratos de su personalidad. A pesar de todo, su reputación ha sobrevivido casi intacta. Pero, ay, en la recepción de su obra sí se aprecia que Marley tenía origen tercermundista. Muchos de los que todavía compran Legend ignoran que ese disco sólo cubre una parte de su trayecto, de 1973 a 1981, cuando se internacionalizó como profeta tropical. Para cuando Bob fue lanzado por Island Records –una audaz operación dirigida desde Londres por su compatriota Chris Blackwell–, ya llevaba más de diez años grabando exclusivamente para Jamaica y su diáspora. Muchas de sus piezas clásicas se registraron para su público natural y más tarde se reconstruyeron para el mercado del rock. Según sus devotos más puristas, en ese proceso se adulteró su esencia. De hecho, no faltan los que aborrecen parte de los discos millonarios y se concentran en los registros jamaicanos, ingresando en la secta de los coleccionistas dispuestos a pagar fortunas por vinilos con una tirada de, por ejemplo, 50 copias. Si alguien desea conocer profundamente esa etapa isleña, surge el problema. En realidad, varios problemas anudados. Primero, habituar el oído. Las placas jamaicanas poseen la fuerza de lo auténtico, pero las técnicas de captación del sonido eran allí, en los años sesenta, rudimentarias. Por decirlo suavemente, Bob no se expresaba en estudios equivalentes a los de Abbey Road. Segundo, el negocio fonográfico de Jamaica tiene mucho de jungla, tal como quedó reflejado en The harder they come (en España, Caiga quien caiga), la potente película de 1973 que fue, aparte de la eclosión de Marley, la baza decisiva para la aceptación planetaria del reggae. Bob sufrió a bastantes sinvergüenzas del negocio. Al explotar éstos la fama de Marley se multiplican las ediciones, hechas con cuidado o por la patilla: se cambian títulos, se le atribuyen canciones ajenas, se modifican los arreglos para que queden más contemporáneos. Tercer problema, y no se asusten. La diminuta industria musical jamaicana ostentaba entonces una peculiar economía de subsistencia. Cantantes e instrumentistas solían cobrar por pieza grabada, pero los productores arañaban rentabilidad extra al transformar sus fondos musicales: en la cara B de muchos singles de Marley desaparecía total o parcialmente su voz en mezclas caprichosas, con efectos alucinógenos. Era el dub, invento nacido de la codicia que supuso una extraordinaria revolución conceptual bien aprovechada por los productores occidentales hasta nuestros días: a todos los efectos, la mesa de mezclas se transformaba en un hiperinstrumento que permitía a visionarios como Lee Perry realizar el equivalente sonoro de, por ejemplo, las recreaciones de Velázquez por Picasso. Para enloquecer más la situación, en Jamaica era y es habitual la confección de dub plates, grabaciones exclusivas para determinadas sound systems, las discotecas móviles que servían para difundir el reggae cuando la radio estatal de Jamaica vetaba esa música por sus mensajes o por su crudeza sonora. Se necesita paciencia y un fiable mapa de carreteras si alguien quiere internarse en la cara oscura de la obra de Marley o hacerse una idea de la realidad comercial que moldeó su arte cegador. La guía podría ser Bob Marley: su legado musical, el libro de Jeremy Collingwood que ahora se vierte al español; a pesar de la torpeza de su traducción, se erige como texto de referencia. En verdad, es un híbrido de discografía comentada y libro visual para la mesa del salón, con abundante material gráfico poco conocido: desde carteles hasta portadas de revistas, incluyendo páginas de la publicación jamaicana Swing. Y fotos emblemáticas, como las que muestran la pasión de Marley por el fútbol (llegó a contratar brevemente como representante al jugador Allan Skill Cole). El balompié fue la causa indirecta de su muerte: una lesión mal curada degeneró en un cáncer invencible. Otras fotos muestran al gran seductor: en el Regine’s parisiense, cortejando a una candidata a Miss Mundo; Bob terminaría cohabitando con la ganadoradel título, Cindy Breakspeare, y ella sería la madre de Damian, el último Marley que ha triunfado. Estudiar el legado sonoro de Marley ofrece sabrosas revelaciones. Por ejemplo, que la tríada de sus preocupaciones estaba integrada por la política, la religión y el sexo-amor. Atención: a diferencia de lo habitual, su repertorio se radicalizó según conquistó mercados, con la prédica de su fe rasta y cierta ideología panafricana. Pero Bob aspiró al estrellato internacional y estuvo dispuesto a pagar, aunque regateando, el peaje necesario. De los miembros de los Wailers fue el único que se lo peleó. El más espiritual, Bunny Livingstone, sencillamente no quería salir de Jamaica. Como trío vocal, los Wailers reconocían su deuda con los Impressions, el grupo que Curtis Mayfield fundó en Chicago, y adaptaron varios de sus temas (pero también de James Brown, que estaba al otro extremo del soul). Bob, que viajó fuera de Jamaica cuando era un desconocido, no ignoraba que existían otras músicas valiosas, aunque fueran ejecutadas por los blancos de la detestada Babilonia: la influencia de Bob Dylan aparecía cuando cantaba con una guitarra de palo; los Wailers grabaron temas de Lennon-McCartney o Sugar sugar, el himno del chicle pop. Tipo astuto, Marley fue capaz de navegar entre las aguas homicidas de la política jamaicana. A distancia, apoyó a Michael Manley, el líder socialista que ganó las elecciones de 1972. Manley comenzó a hacerse carantoñas con Fidel Castro, y la CIA respondió desestabilizando Jamaica al introducir grandes cantidades de armas que repartió entre los gatilleros de la oposición. Puede que esas mismas pistolas con remite estadounidense atentaran contra la vida de Bob en 1976. Un intento de asesinato que, según otras fuentes, obedecía a asuntos turbios del gueto. Para ponerse a salvo, los Marley debieron exiliarse durante año y medio. A Bob no se le escapó la paradoja: en el libro de Collingwood se reproduce la portada de Soul revolution II, elepé primerizo donde los Wailers posan amenazadores con armas cortas y largas, supuestamente de juguete; en Soul rebels, otra edición del mismo disco, los cantantes han sido reemplazados por una taciturna guerrillera que lleva metralleta y enseña sus pechos desnudos. Marley se enteró de la existencia de Soul rebels durante una visita a Londres. Más que por la funda, su estupor –y la ira consiguiente– vino de comprobar que su ilustre productor, Lee Perry, estaba traficando con sus cintas sin decirles ni una palabra. Obligado a manejarse con ladrones, el joven Marley decidió ser el propietario de sus grabaciones o, por lo menos, de los medios de producción. Los Wailers ya eran autónomos en 1967, cuando los Beatles todavía especulaban con la posibilidad de fundar su propio sello. La primera empresa del grupo fue Wail ’N Soul ’M, que no funcionó, pero que les proporcionó duras enseñanzas, asimiladas para la siguiente aventura independiente, la compañía Tuff Gong, que poseía su propio estudio. Jeremy Collingwood insiste en su carácter pragmático: supo tratar con los grandes tiburones de la industria musical, incluso volviendo a colaborar con el carismático Lee Perry. Para Colligwood, la relación con esos hombres poderosos obedece a una necesidad interna de Bob, que creció sin una figura paterna: apenas conoció a su padre, el militar y funcionario colonial de Liverpool que se casó con su madre para legitimar a su criatura. ¿Psicología barata o percepción aguda? Lo indiscutible es que, en palabras de Collingwood, “su historia es la de una determinación para llegar a conseguir el éxito sin dejar de ser fiel a sus más profundas creencias. Siempre encontró la manera de responder a los reveses de la vida de una manera positiva y a convivir con un mundo imperfecto. Utilizó tanto sus creencias como su pasión para interactuar con el mundo, no para atacar o quejarse. Comprendió el poder transformador de la música y se convirtió en un chamán mundial.” ‘Bob Marley: su legado musical’, de Jeremy Collingwood, está editado en España por Blume (192 páginas).
El Movimiento de los Sin Tierra se rebela contra el Gobierno de Lula y busca apoyo urbano a su revolución, buena crónica de Juan Arias desde Río de Janeiro. No les permiten trabajar latifundios abandonados que durante siglos habían sido tierras comunitarias, mientras emplean pesticidas, transgénicos y destruyen cada día extensiones de la Amazonía equivalentes a centenraes de campos de fútbol. Olvidan que la tierra ni pertenece a su dueño,sino a quienes la necesitan. Nesemu
"El Movimiento de los Sin Tierra (MST) de Brasil, la mayor organización campesina de izquierdas de América Latina, se siente huérfano bajo el Gobierno del Partido de los Trabajadores (PT), que era su brazo político y hoy se enfrenta graves acusaciones de corrupción. Quizás para paliar su orfandad, el MST busca nuevos campos de acción. El coordinador del movimiento en São Paulo, João Paulo Rodrigues, ha anunciado, con motivo del II Foro Social Brasileño, que se está celebrando en la universidad pernambucana de Recife, que el MST necesita “unir el campo con la ciudad para poder hacer su revolución”. Rodrigues ha querido puntualizar lo que para él significa “hacer la revolución”. No se trata de usar las armas a favor de los campesinos ni de pedir para ello la ayuda del proletariado de la ciudad, sino de presionar a la población organizada para acabar con la desigualdad social uniendo para ello a campesinos, estudiantes, desempleados y personas sin techo, de un modo similar a Venezuela. La finalidad política del MST, que se ha radicalizado particularmente en estos años de Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva y ha llegado a invadir y destruir empresas destinadas a la investigación agrícola, es “luchar contra el agronegocio, contra los transgénicos y contra las acciones imperialistas de América Latina y protagonizar] un gran enfrentamiento con el capital financiero internacional”. Y eso, afirman sus dirigentes, “no se puede hacer sin una unión fuerte entre el campo y la ciudad”. Lula se ve presionado continuamente para que condene los actos de vandalismo cometidos, según los detractores del movimiento, cada vez con mayor fuerza e indiscriminadamente por el MST. [¿Cuando ocuparon las tierras no fue por la fuerza y por la sangre?, Cínicos.] Pero el presidente necesita en este momento a los Sin Tierra para su posible reelección y para obtener los apoyos necesarios en la calle en caso de que la oposición pida su destitución. Por eso, ha sido benevolente con ellos. A sus activistas les ha dicho recientemente: “Aprovechen mi Gobierno para sus reivindicaciones”. En su primer discurso tras ser elegido presidente, Lula afirmó textualmente que, con él, “el MST no iba a necesitar ya invadir tierras, porque su Gobierno se las iba a dar”. A pesar de ello —y porque, por un lado, el movimiento no se sintió tan bien tratado económicamente como esperaba del primer Gobierno de izquierdas del pais y, por otro, porque quiso aprovechar que dicho Gobierno no iba a criminalizarle—, ha cuadruplicado las invasiones tanto a tierras improductivas como productivas, con acciones violentas incluso contra edificios públicos. El problema de hacer cumplir la ley contra las consideradas acciones de vandalismo y de violencia física perpetradas por el movimiento es que el MST nunca ha querido tener entidad jurídica y a los jueces les resulta prácticamente imposible juzgar y castigar a grupos enteros, a veces compuestos por más de 200 familias juntas que saquean propiedades. La clase media y el mundo intelectual, que hasta hace unos años sentían un gran aprecio por el mayor movimiento social campesino de toda América Latina, empiezan a estar preocupados, sobre todo con la perspectiva de que puedan empezar a actuar en los grandes centros urbanos poniendo en pie de guerra a las favelas, ya en la línea de fuego. Uno de los mayores líderes del movimiento, José Rainha Junior, que ya ha estado varias veces en la cárcel, acumula 17 procesos penales. El MST realizó 103 invasiones en el último año del Gobierno de Fernando Henrique Cardoso y sólo en el primer trimestre de este año, 107. Ahora, la idea consiste en promover un gran movimiento estudiantil que se una al campesino para poder movilizar la calle y llevar a Brasilia a una multitud de al menos un millón de personas
El papa Benedicto XVI encargó ¡hace ahora poco más de un año!, un estudio sobre el uso del preservativo en personas afectadas por enfermedades graves como el sida. Así lo ha desvelado el cardenal mexicano Lozano Barragán, responsable de salud del Vaticano (y uno de los más feroces integristas). En una entrevista con el diario italiano La República, Barragán asegura que hay una comisión formada por científicos y teólogos que está conformando las distintas posiciones y de la que ¡se espera un resultado en pocos meses! ( No piensan en los miles de personas que en su buena fe padecen problemas graves de conciencia. por no ser capaces de seguir los dictados de su razón y de su sentido común, que son prioritarios a toda creencia)[Una cosa es la fe y otra distinta la creencia. Aquella nace de una gracia o luz interior que te lleva a ver y a aceptarla o a no verla y no tener que aceptarla, porque irías en contra de tu conciencia y actuarías erróneamente. Tomás de Aquino llega a escribir que "el que sigue una disposición eclesiástica/religiosa en contra del dictado de su conciencia peca seriamente". La creencia es la formulación exterior que la Institución eclesiástica que sea hace a lo largo de los tiempos de acuerdo con las diversas culturas.... y aquí es donde viene el gran problema que sólo se alivia y soluciona con la recta razón, el sentido común y la propia conciencia) El cardenal, un hombre muy cercano al Papa, augura que será un documento innovador porque así lo ha pedido el propio Benedicto XVI, quien después decidirá qué posición adopta la Iglesia, hasta ahora contraria al uso del preservativo hasta el punto de cuestionar su eficacia para impedir el contagio del sida. (¿Dónde queda la colegialidad episcopal, en su mayoría a favor del uso del preservativo en no pocas circunstancias? Aunque en Africa he visto que los niños los utilizan como globos...faut de mieux) Algunos vaticanistas coligen de todo esto que la Iglesia acabará autorizando a sus feligreses el uso del condón en casos de enfermedad grave. El cardenal Martini apuntó la semana pasada la posible dirección del cambio: dijo el arzobispo emérito de Milán que el preservativo es un mal menor si, por ejemplo, uno de los cónyuges padece sida. ¡¡¡ Parece increíible, ¡a estas alturas! existan personas, familias y jóvenes que permitan que exista en el mundo nadie que tenga que decirles que ropa interior ponerse... ¿Donde queda el aforismo eterno: de internis, necque Ecclesia? (Acerca del mundo de la propia conciencia NI SIQUIERA LA IGLESIA) Está proclamado en diversos concilio ecuménicos, lo digo para los pusilánimes. Nesemu
Co sólo recordar lo que supuso la crisis de 1973, el final de la Edad dorada en el mundo, puede prearparse para la actual que no conoce límites ni está controlada, como entonces por unos países dentro de una organización como la OPEP. Conviene refrescar la memoria y acudir a textos solventes o a las hemerotecas. En este editorial Sed de petróleo se plantea con seriedad el norme problema que cae sobre el mundo entero. Ya no es una guerra entre colonizadores y colonizados, explotadores y explotados, ricos y pobres. Es una espantosa huida que, sin analizar las causas, se arroja en el caos. En esta guerra ningún contendiente podrá ganar porque, como en la lucha de elefantes quien padece es la hierba, la Madre Tierra, la Humanidad. Nesemu
"La imparable subida de precios del petróleo, aparte de los efectos que puede tener sobre las economías de muchos países -entre otros, el nuestro, por su notable dependencia exterior-, es la manifestación más visible de un problema de fondo que ha de preocupar muy en serio tanto a los políticos como al público: el suministro energético. Las crisis de los años 1973 y 1980 respondían a factores de inestabilidad política que provocaron bruscas subidas de precios, aunque en el segundo caso se registraría luego una recuperación a los niveles anteriores a la crisis. A los riesgos geopolíticos de entonces, que se repiten en el golfo Pérsico y en Nigeria, se añade hoy el temor de que el continuo aumento de la demanda llegue a superar la oferta. En definitiva, que no haya petróleo suficiente para todos por mucho que suba su precio. La demanda de crudo crece de forma continua y los descubrimientos de nuevos yacimientos ya no cubren ni previsiblemente volverán a cubrir el aumento del consumo previsto. El vertiginoso crecimiento económico de ciertas regiones del mundo, muy especialmente de China y la India, ha disparado el consumo de petróleo y las expectativas de esta demanda para las próximas décadas. Las reservas disponibles se han estancado o disminuyen, y la capacidad suplementaria de bombeo apenas puede saciar la actual sed de combustible y será pronto insuficiente. El petróleo es una fuente de energía hoy insustituible en el sector del transporte. China y la India están viendo cómo crece exponencialmente su parque móvil. Es por ello urgente una transformación general hacia vehículos que consuman menos derivados del petróleo y más combustibles alternativos. Algunos países en los que el consumo masivo en los automóviles es casi un toque de distinción, como EE UU, tendrán que revisar su modelo de transporte. Pero nuestras sociedades no sólo consumen energía en el transporte. Casi toda la actividad social, sea industrial o doméstica, requiere el consumo de grandes cantidades de energía, la mayor parte de la cual proviene de los combustibles fósiles: petróleo, gas natural y carbón. Además de los problemas de escasez, que afectan sobre todo al primero, su uso masivo genera gases de efecto invernadero, en particular dióxido de carbono, que pueden tener, y probablemente ya están teniendo, un efecto incontrolado sobre el clima. Es necesaria la búsqueda de otras fuentes de energía que aseguren un suministro duradero con menos efectos negativos sobre el medio ambiente. En este contexto se hace inevitable una reconsideración de la opción nuclear; de hecho, ya está en marcha. La energía nuclear tiene el grave problema de los residuos radiactivos. Sin una solución satisfactoria para el público, será muy difícil superar la paralización que se produjo en su desarrollo, en parte por los problemas objetivos de los residuos, en parte por el trauma de accidentes como el de la isla de las Tres Millas en EE UU y, por supuesto, de la tragedia de Chernóbil hace ahora 20 años. Es urgente avanzar en el diseño de plantas que minimicen dichos residuos y en la reducción de sus índices de radiactividad. La dependencia casi total de los combustibles fósiles debe ceder a un esquema diversificado de fuentes de energía. Es esencial en el mismo un mayor protagonismo de las energías renovables. En este campo, nuestro país está jugando un papel destacado. El despliegue de la energía eólica nos ha convertido en el segundo país del mundo en potencia instalada, con una contribución ya significativa a la producción de electricidad, y que ha generado además una industria potente y competitiva en el sector. Por otra parte, los proyectos existentes de aprovechamiento de la energía solar para producir electricidad pueden suponer un impulso definitivo a esta fuente de energía que nos coloque entre los países más avanzados en este campo. En los informes internacionales sobre niveles de atracción para el desarrollo de las energías renovables, nuestro país figura en primer lugar. El Plan de Energías Renovables 2005-2010 plantea objetivos de apariencia modesta, pero ambiciosos si se comparan con los del resto de los países desarrollados, que se cifran en que las energías renovables deberán cubrir un 12% del total de la energía primaria y un 30% de la electricidad consumida en España. Será necesario lograr y superar estos objetivos si queremos revertir el grave incremento de las emisiones de efecto invernadero, que nos alejan cada vez más del compromiso adquirido en Kioto. La sociedad ha de tomar conciencia de que la energía es un bien precioso y escaso, cuyo consumo tiene siempre consecuencias económicas y medioambientales.
Me parece excelente este reportaje de Georgina Higueras que hoy aparece en El País. India reta a China. Dos modelos de desarrollo diferentes para un propósito común: convertirse en las superpotencias del siglo XXI. India y China, los dos gigantes asiáticos, luchan por situarse entre las grandes potencias. India, la mayor democracia del mundo, lo hace de la mano de la iniciativa privada, la creatividad y la innovación tecnológica. China, que aún controla con mano férrea el partido comunista, experimenta un capitalismo de Estado que pasa por la inversión exterior masiva, la industrialización acelerada y las faraónicas obras de infraestructura. Suyo es el futuro. A pesar de su extensión, lo cuelgo en este blog porque nos servirá de base para un debate el próximo Jueves en clase. Nesemu " India y China comparten el ansia por liberarse del pasado colonial y colocarse por sus propios medios entre los grandes del mundo. Los dos países están convencidos de que este siglo es el suyo, y cada uno, por una vía totalmente distinta, avanza viento en popa hacia su objetivo. India, el último en ponerse en marcha, acelera y espera cerrar el año con un crecimiento económico cercano al 10%. China, que ya lleva un cuarto de siglo a ese ritmo, prentende iniciar una lenta desaceleración, aunque, de momento, no lo ha conseguido. Según informó el Gobierno el pasado martes, en el primer trimestre de 2006 el Producto Interior Bruto (PIB) aumentó un 10,2%. En China ha sido el régimen el que ha mirado hacia el futuro. Abrió las puertas a la inversión exterior, que sembró el país de fábricas, e impuso un espectacular plan de infraestructuras que ha despertado al dragón que dormía acunado en los brazos del Partido Comunista Chino (PCCh). Cientos de miles de excavadoras han allanado casas, valles y montañas sin atender quejas, sólo empeñadas en dejar el paso libre a la construcción de autopistas, aeropuertos, metros, centrales térmicas y barrios o más bien ciudades completas. En India, por el contrario, ha sido la iniciativa privada la que ha aprovechado los resquicios de la maraña de regulaciones gubernamentales y sindicales para dar auge a su creatividad e impulsar la capacidad matemática y científica que muchos de sus ciudadanos habían demostrado al situarse en la cima de estas ciencias en Estados Unidos. Más bien contra el Gobierno que por el Gobierno, ingenieros y empresarios, alentados por una prensa libre, han transformado la imagen de una India mísera y lastrada por el tabú de las castas, en una nueva en la que ciudadanos como Lakshmi Mittal o Kalam Anji Reddy se pasean por Europa. Uno, como maharajá del acero dispuesto a adquirir Arcelor. El otro, después de que su empresa DRL comprara el mes pasado por unos 470 millones de euros una farmacéutica alemana, que ha catapultado a DRL entre los cinco principales fabricantes de genéricos de Europa. Estados Unidos ha recibido la emergencia de India como un balón de oxígeno. Washington ve en Pekín un rival más que un socio, mientras que con Nueva Delhi comparte sus principios básicos: democracia, libertad y empresa privada. Además, tienen una lengua común, el inglés, que hablan 300 millones de indios -la clase media-, entre los que se encuentra toda la cúpula económica y política del país. El sistema legal existente en India, procedente del británico, es otro de los atractivos, pese a su deficiente aplicación, al peso de la burocracia y a la rampante corrupción. Este último mal está también muy enraizado en China. El amigo americano El primero en mostrar su entusiasmo con el despegue de India ha sido el presidente estadounidense George W. Bush, que ha ofrecido a la potencia emergente un acuerdo de cooperación nuclear, que el Congreso es reticente a ratificar porque India nunca firmó el Tratado de No Proliferación nuclear y en 1974 realizó su primera prueba con una bomba atómica. La última explosión termonuclear india, en mayo de 1998, llevó a Pakistán a realizar, ese mismo mes, otras seis pruebas atómicas. India, para conquistar a los congresistas indecisos, se ha comprometido a destinar a uso exclusivamente civil el 65% de sus instalaciones nucleares, que serían las que se beneficiarían de la transferencia de tecnología estadounidense. El primer ministro, Manmohan Singh, como gesto de buena voluntad hacia EE UU, que mantiene un fuerte enfrentamiento con Pekín por la negativa de ese Gobierno a revaluar el yuan, se ha declarado partidario de liberalizar la rupia, ahora pegada al dólar. Singh considera que la convertibilidad de la rupia favorecerá la inversión exterior. Según China, sus reservas alcanzaron en marzo pasado la astronómica cifra de 769.000 millones de dólares, pero las autoridades monetarias no quieren arriesgarse a dejar el yuan libre por temor a ataques de especuladores. Una fuerte oscilación del yuan tendría consecuencias muy desestabilizadoras en el país, en un momento en que el PCCh se enfrenta al descontento creciente entre obreros y campesinos. Las reservas indias también han experimentado un crecimiento espectacular, desde casi la bancarrota del Estado, en 1991, a los 146.200 millones de dólares alcanzados el mes pasado. Esta cifra es la que ha llevado a Singh a declararse "optimista" sobre la liberación de la rupia. Al aumento de las reservas ha contribuido también el incremento de las remesas de la diáspora que, según el Banco Mundial, alcanzaron en 2004 la cifra récord de 21.700 millones de dólares. Mumbai, la antigua Bombay, es a India lo que Shanghai a China; ambas son las capitales comerciales de sus países y ambas reflejan más que ninguna otra ciudad los distintos modelos de desarrollo. El aeropuerto de Shanghai es un templo de la arquitectura moderna, conectado a la ciudad por el tren más rápido del mundo, de tecnología magnética alemana. El de Mumbai acaba de privatizarse después de un debate casi infinito, pero aún no se ha llegado a un acuerdo sobre el trazado definitivo de las nuevas pistas y terminales porque, desde los sindicatos a las asociaciones ecologistas y de los chabolistas que circundan las instalaciones aeroportuarias, se han presentado demandas y propuestas de actuación. Igual sucede con la necesidad urgente de mejorar los transportes públicos y el tráfico que ahoga la ciudad, de 16 millones de habitantes: ¿metro o tren elevado? Todos opinan, aún no hay acuerdo y el caos persiste. Sin embargo, en el corazón de Mumbai tiene su sede central Tata Consultancy Services (TCS), la nueva joya del imperio industrial Tata, el mayor conglomerado de India. TCS, con un volumen de negocio de 2.000 millones de euros en 2005, es la primera empresa de software de Asia y tiene 60.000 empleados, el 80% de ellos ingenieros de telecomunicaciones o informáticos, todos ellos hablan inglés y, en su gran mayoría, recién salidos de entre los 200 colegios de ingenieros seleccionados por TCS como los mejores del país. "El crecimiento medio de TCS en los dos últimos años ha sido del 40%. Todo apunta a que este año será aún mayor", afirma Alan Rosling, director ejecutivo del grupo. No es la única. Parecida expansión han tenido Infosys y Wipro, las tres grandes del software indio. Los servicios de la tecnología de la información y la industria de la programación informática supusieron en 2005 el 55% del Producto Interior Bruto (PIB) de India. Este sector es el que atrae la mayor inversión exterior (IBM tiene 42.000 empleados y se dispone, al igual que otras multinacionales, a ampliar de forma significativa su plantilla). En 2005, la inversión exterior directa fue de 7.000 millones de dólares, poco más del 10% de la que recibe China. Pero mientras que en ese país, con 60.900 millones de dólares, hubo una ligera reducción -por primera vez en 10 años-, en India el crecimiento fue muy fuerte. Manmohan Singh expresó su confianza en que las medidas de liberalización adoptadas por su Gobierno y el establecimiento por todo el país de 140 Zonas Económicas Especiales (ZEE) -como hiciera China en su día- permitirán aumentar a 70.000 millones de dólares la inversión exterior en 2011. Las proyectadas ZEE, once de las cuales ya están activas, pretenden alentar la producción, atraer inversiones e incrementar la exportación, el desarrollo y el empleo. Informática y manufacturas Los expertos señalan que, a primera vista, el modelo de desarrollo chino presenta frente al indio la ventaja de dar empleo a muchas más personas. El sector de la tecnología de la información tan sólo da trabajo a 1,2 millones de indios, mientras que centenares de millones de chinos se emplean en la industria manufacturera. De ahí, la urgente necesidad de India de invertir en la industrialización del país para hacer frente a los más de ocho millones de jóvenes que se incorporan cada año al mercado de trabajo. Las dos economías son complementarias, y los dos Gobiernos están interesados en promover sus relaciones bilaterales para impulsar los crecimientos nacionales. Es por esto por lo que Nueva Delhi ha insistido en que su acercamiento a Washington "no se hace a costa del alejamiento de Pekín", como afirma tajante en su despacho Anand Sharma, ministro de Exteriores en funciones. India no está dispuesta a ser la baza de EE UU para frenar a China, como aventuran los neoconservadores norteamericanos. Para ellos, India es el "aliado natural", con el que hay una convergencia de intereses, mientras que con China mantienen una confrontación estratégica, porque ese régimen pretende que Asia salga de la esfera de influencia de Estados Unidos. No sólo Nueva Delhi es optimista. Un informe del banco norteamericano de inversión Goldman Sachs señala que en el año 2050 la economía india será al menos cinco veces la de Japón, y la renta per cápita de sus habitantes se habrá multiplicado como mínimo por 35. TCS es la que más ha internacionalizado el conglomerado Tata, que produce desde coches a electricidad, acero, textiles y químicos, además de tener hoteles, constructoras, financieras y un departamento de ingeniería industrial que participa en el diseño y en las pruebas de piezas y materiales de los aviones Boeing. Pero el grupo se encuentra también entre los pioneros que han cruzado las fronteras del país, no sólo para vender y ofrecer servicios, sino también para invertir. Tata se ha extendido incluso en España, donde tiene el 21% de Hispano Carrocera y una opción de comprar el 100%. "India no es pragmática, ni tiene la sangre fría de China, pero nuestro desarrollo ofrece más estabilidad porque es aceptado por todos. Aquí se genera desde la base hacia arriba y en China se ordena desde la cúpula hacia abajo; por eso aparecen después las protestas sociales", afirma Jatwan Singh, en su despacho de la Lok Sabha (Cámara baja), el jefe de la oposición p arlamentaria y dirigente del Partido Bharatiya Janata (BJP). "No me cabe duda de que India tiene ante sí un futuro brillante, aunque no exento de problemas. La liberalización económica emprendida no tiene vuelta atrás", añade. El actual primer ministro, Manmohan Singh, se ganó el apodo de arquitecto de la reforma cuando, en 1991, como ministro de Finanzas, sentó las bases de la apertura económica del país, hasta entonces enclaustrado en una estructura arcaica muy proteccionista y de carácter socializante, debido a la fuerte influencia soviética. Los nacionalistas del BJP, que gobernaron entre 1998 y 2004, prosiguieron la liberación, pero ha vuelto a ser el Partido del Congreso, pese a su alianza con los comunistas, el que ha dado alas a la reforma. Rompiendo moldes En estos 15 años, India ha crecido a una media del 6%, frente a los 25 años que lleva China a una media del 9%. Esto ha convertido a los dos gigantes de Asia en los países que han tenido el mayor crecimiento sostenido del mundo. "La educación, la tecnología de la información, Bollywood [la meca del cine indio] y los medios de información son los que están rompiendo los moldes y han puesto en ebullición a la sociedad y al país", afirma Malvika Singh, directora de la influyente revista mensual Seminar. "Pero sobre todo", añade, "la gran riqueza de este país es su juventud, la enorme masa de jóvenes que entra cada año al mercado de trabajo, que vota, consume y que cada día exige más al Gobierno y a la sociedad". Casi podría decirse que lo que en India es un más en China es un menos, y viceversa. En India, el 50% de sus habitantes es menor de 25 años, mientras que en China, según la Academia de Ciencias Sociales, la población comenzó a envejecer en 1999. Esto significa que China será vieja antes que rica, algo que jamás había ocurrido en la historia del mundo. Esa institución ya advirtió en 2002 de la necesidad de flexibilizar de inmediato la política de una familia-un hijo, pero hasta 2006 el PCCh no dio luz verde a la población urbana -500 millones- para tener un segundo hijo. La pirámide poblacional juega sin duda a favor de India para el "desarrollo a largo plazo" que prevé el Gobierno. Malvika Singh, sin embargo, señala que China logró liberarse de la gerontocracia que la gobernaba cuando su arquitecto de la reforma, el ya fallecido Deng Xiaoping, forzó la retirada de ésta en 1983. "Por el contrario, los políticos indios pretenden morirse mandando. Somos un país de jóvenes gobernado por viejos. El rejuvenecimiento del mando es uno de los principales retos que enfrenta este país y, de no acometerse, nos veremos desbordados por los naxalitas", afirma Singh en referencia a los rebeldes maoístas que operan en las regiones más pobres de India. Pekín se topa en su expansión con el cuello de botella que supone la falta de técnicos, empresarios, obreros especializados, intelectuales y personal preparado para tomar todos los logros conseguidos hasta ahora y reconducirlos para que sigan generando progreso y no se vuelvan contra el país o contra el sistema como un bumerán. Las expropiaciones forzosas de tierra realizadas por las autoridades centrales y locales chinas, con compensaciones a veces ridículas (o sin ellas), originan un malestar creciente entre el campesinado. Millones de chinos ven cómo les arrancan sus medios tradicionales de subsistencia para construir autopistas con las que ellos no se benefician, o cómo su tierra es revendida por un precio 40 veces superior a una empresa extranjera por los corruptos dirigentes locales. La huida del campo a la ciudad en busca de un futuro mejor es también muy costosa, porque los campesinos no tienen derecho a registrarse en las ciudades -aunque el Gobierno se ha comprometido a cambiar esta ordenanza el año que viene- y muchos empresarios, que les contratan en negro, abusan, les pagan sueldos de miseria, les retienen el salario durante meses e incluso, para esquivar los controles policiales, les mantienen encerrados como animales en lugares pestilentes e insalubres. Las protestas aumentan por doquier y, aunque silenciadas en su mayoría por los medios de comunicación, son de tal calibre, que el Ministerio de Seguridad Pública se vio obligado a reconocer que el número de manifestaciones masivas ha crecido desde unas 10.000 en 1994 a más de 74.000 en 2004, en las que participaron 3,8 millones de obreros y campesinos. En la primera mitad de 2005 murieron 23 policías en confrontaciones con los manifestantes, y más de 1.800 resultaron heridos. Con 1.300 millones de habitantes, de los que casi 800 millones son campesinos, las desigualdades que amenazan a China no son sólo entre pobres y ricos y entre el campo y la ciudad, como en el caso de Hebei, la provincia que bordea Pekín, que tiene un nivel de vida por debajo de la media nacional. También la brecha que separa la franja costera de las provincias del interior se hace cada año más profunda, y las diferencias en el nivel de renta se multiplican de 1 a 6. Abismo social En India, el porcentaje de población rural es mayor que en China: unos 800 millones de los 1.100 millones que tiene el país. El abismo entre ricos y pobres es un viejo mal de India, donde todavía algunos maharajás retienen sus títulos y gobiernan sus posesiones agrícolas con estructuras tradicionales feudales; pero la vida ha comenzado a cambiar para millones de campesinos. Ahora tienen un respiro a través de iniciativas privadas y de las ONG que fomentan los microcréditos. Además, en los dos últimos años florecen por las aldeas y pueblos agrupaciones de decenas de campesinos que se unen para vender sus productos sin intermediarios, comprar juntos semillas y pesticidas y colaborar en los cultivos. Con el apoyo del Banco Mundial, Nueva Delhi ha puesto en marcha un proyecto para tender un millón de kilómetros de cable de banda ancha antes de 2010. Con ello quiere promocionar el uso de Internet, además de la fabricación y el uso de ordenadores personales. Paradójicamente, en un país donde la tecnología de la información tiene una gran relevancia, tan sólo existen un millón de PC, debido a las malas conexiones telefónicas fijas. En telefonía móvil, sin embargo, se han hecho grandes progresos en los dos últimos años. Cada año el mercado se incrementa en cinco millones de nuevos móviles. Además, el buen ritmo de las instalaciones de torres repetidoras lleva al Gobierno a confiar en que, para finales de 2007, estarán conectados todos los pueblos de más de 2.000 habitantes, señala el secretario de Estado de Telecomunicaciones, Sreedhara Sarma. Lo que maravilla a los analistas norteamericanos es la voracidad consumista de la clase media india, bastante más amante del lujo y el hedonismo que la china. Además, la india maneja con soltura las herramientas capitalistas, como las tarjetas de crédito. De ahí, que los expertos vaticinen un espectacular incremento del comercio a través de la Red en cuanto, a lo largo de los próximos cinco años, se produzca un crecimiento masivo de internautas. Tanto India como China han emprendido este año unos ambiciosos planes para llevar el desarrollo al grueso de su población rural. Pekín se ha comprometido a sacrificar algunos de sus proyectos de infraestructuras para dedicar mayores sumas a reconstruir la educación y la sanidad rurales, destruidas en estos años por la falta de atención del Gobierno central y la corrupción de las autoridades locales, que se han embolsado lo poco que enviaba Pekín o lo han desviado hacia bienes inmuebles o hacia proyectos que les resultaban más rentables a corto plazo. A su vez, el gobernante partido del Congreso indio ha aprobado un plan -que la oposición considera inviable porque requiere un elevado desembolso y porque puede perderse en las manos de los corruptos funcionarios locales- que pretende reducir para 2007, desde el 26% actual al 10%, el número de los que viven con menos de un euro al día. Para ello, facilitará a una persona de cada familia campesina 100 días de trabajo remunerado al año, consistente en pequeñas labores para mejorar la vida de la comunidad. La remuneración será de 60 rupias diarias, aproximadamente 1,20 euros. El Gobierno indio también parece haber comprendido que, mientras no emprenda un gigantesco plan de infraestructuras, no podrá impulsar el sector manufacturero, porque no tendrá ni electricidad para que trabajen las fábricas ni posibilidades de mover la producción. El primer ministro indicó que buena parte de la inversión exterior que consiga captarse entre 2006 y 2011 se destinará a la construcción de "carreteras, ferrocarriles, puertos, aeropuertos, centrales hidroeléctricas e infraestructura urbana". "Lo que la televisión ha llevado a los pueblos es la idea de que cualquier persona puede llegar donde quiera, que la casta es un atavismo del pasado y que el futuro hay que ganárselo trabajando", afirma Uma Gajapati Raju, vicepresidenta de la productora Moving Picture Company. La biotecnología, que ha experimentado un crecimiento del 40% en 2005, se revela como una de las llaves del desarrollo indio. "Somos el país con mayor cantidad de tierra cultivable del planeta, pero la productividad de las cosechas es muy baja. Además, aquí existen todas las enfermedades, desde la lepra al cáncer, con una buena disponibilidad pública a colaborar en la experimentación en humanos de las pruebas farmacéuticas", señala el biólogo S. Natesh, consejero del Departamento de Biotecnología del Gobierno indio. Según Natesh, este campo es la "gran esperanza" de India, que cuenta con una amplia cantera de investigadores y que ya ha atraído a las principales empresas mundiales del sector. Lo peor ha pasado Sean jóvenes o adultos, en la ciudad o en el campo, lo cierto es que en India se respira una relativa confianza en que lo peor ha pasado y en que el Estado, en el que todos se involucran a través del voto -pese a la corrupción de los políticos y las imperfecciones del sistema-, ha emprendido un camino que abre nuevas perspectivas a quien luche por ellas. El crecimiento económico de los últimos años no sólo ha mejorado el nivel de vida de millones de indios sino que ha cambiado el comportamiento y las creencias de muchos más. En China, donde la reforma lanzada por Deng Xiaoping en 1979 fue acogida como agua de mayo por una población hastiada de los excesos ideológicos del maoísmo, se percibe un cierto resentimiento contra el régimen entre los que el PCCh ha dejado en la cuneta. Entre la población urbana, sin embargo, se respira también confianza y orgullo por los logros alcanzados y la evidente mejora del nivel de vida y de las libertades sociales. "Necesitamos más y mejores centrales eléctricas, puertos, aeropuertos y carreteras, pero India tiene lo que no tiene China: una clase media educada de 300 millones de personas", afirma Kulsum Dubash, cónsul honoraria española en Mumbai, quien como otras muchas mujeres de la clase alta india emplea parte de su tiempo en una fundación que se dedica a educar a niños de 32 poblados de chabolas del océano de infraviviendas que hay en la capital financiera y comercial de India. Todo un símbolo de que, como en China, el camino para convertir el país en una gran potencia continúa, todavía, sembrado de obstáculos. Estudiantes indios por todo el mundo EN INDIA, la mayor preocupación de la emergente clase media es la educación, y las grandes empresas siguen muy de cerca a las universidades, con las que colaboran estrechamente para conseguir el desarrollo más preciado: el de la mente. Las empresas hacen su propia selección de facultades o escuelas superiores en las que se enseña la especialidad de la que precisan más profesionales y, además de aportar fondos, cooperan en los planes de estudio y en la adecuación de éstos a la práctica del mundo empresarial. Tata Consultancy Services (TCS) ofrece anualmente a su selección de unos 200 colegios de ingeniería unos cursillos de interacción entre la academia y la industria, así como la actualización del profesorado y de los estudiantes en los últimos avances de la industria del software y de la tecnología de la información. En contrapartida, los colegios permiten a TCS seleccionar a sus pupilos un año antes de que terminen los estudios e irles preparando para integrarles, en cuanto tengan el título, en los cursos de formación especializada de entre 40 y 60 días que obligatoriamente deben pasar todos sus empleados antes de ponerse a trabajar y que les da una base de programadores para todos los servicios de la empresa. "La política de liberalización del Gobierno ha supuesto una tremenda expansión del sistema de educación superior en el país", afirma Mangesh Koregaonkar, profesor del Instituto Indio de Tecnología de Mumbai. La falta de capacidad hace que anualmente sólo se gradúen unos tres millones de indios en las universidades e institutos de tecnología tanto públicos como privados, un número muy inferior a la demanda de los 300 millones de ciudadanos que integran la clase media. De ahí que India tenga estudiantes repartidos por todo el mundo y sea el primer país en número de estudiantes en Estados Unidos, Australia, Canadá y Reino Unido. La luna de miel entre Washington y Nueva Delhi ha facilitado que la demanda de visados indios para el curso 2006-2007 haya aumentado un 23%.
En España vamos "En el furgón de cola " de la UE en cuanto a contaminación. Nunca podremos decir que no lo sabíamos. Nesemu Habrá que tener la fe del carbonero para creer al Gobierno cuando pronostica que a partir de este año habrá un cambio de tendencia en los altos niveles de emisión de gases contaminantes que registra España. De momento, la fría estadística arroja una realidad más que preocupante. Nuestro país sigue suspendiendo ampliamente en los compromisos contraídos para el cumplimiento del Protocolo de Kioto, que en el caso español fijó (en el marco de la UE) un aumento del 15% en el periodo 2008-2012 sobre las emisiones de 1990. Junto con Canadá, España es la nación industrializada que más ha aumentado los niveles de contaminación y que más lejos se halla de satisfacer las metas acordadas en Kioto. Es harto difícil pensar que en un plazo de tan pocos años se cumpla lo pactado, por mucha eficacia que tengan las recientes medidas tomadas por el actual Gobierno, que culpa al anterior de no haber actuado con más diligencia. Así parece cuando se valoran los últimos datos oficiales al respecto y los que recoge el informe que Comisiones Obreras y el instituto de estudios independiente World Watch elaboran anualmente con las metodologías y datos oficiales. Según este estudio, las emisiones de gases de efecto invernadero aumentaron en España un 3,39% en 2005 respecto al año anterior y se situaron en un 52,88% más que en 1990, el año de referencia marcado por Kioto. Las previsiones del informe para el periodo comprendido entre 2008 y 2012 sitúan el nivel en torno al 52,64%. Incumplir el objetivo del Protocolo de Kioto no le saldrá gratis al erario español. Según el informe, le podría costar unos 6.000 millones de euros en el periodo 2008-2012. Los malos resultados fueron debidos en parte a los efectos de la pertinaz sequía, que causó un notable descenso de la producción hidroeléctrica y obligó a que se recurriera en mayor medida al carbón y al petróleo para garantizar el suministro eléctrico. Es probable que 2006 sea menos "sucio" que 2005 si aumenta la pluviosidad. Sin embargo, no bastan las lluvias. Son muchas las lagunas existentes en la política medioambiental española, que exige medidas de ahorro y eficiencia energética de gran calado, la apuesta decidida por la implantación de energías renovables y una estrategia para afrontar el cambio climático. Habrá que confiar en que no se queden en simples parches los remiendos que se han empezado a hacer a través del plan nacional de asignación de derechos de emisión de gases, centrado principalmente en los sectores eléctrico, cerámico, cementero y siderúrgico, el plan de energías renovables y el reciente código para la construcción de casas que consuman menos energía.
Mi admirado Jorge Wagensberg vuelve al aforismo con el libro 'A más cómo, menos por qué' , un libro de cabecera muy recomendable. Nesemu "Lo improbable asombra a todo el mundo, lo cotidiano sólo al genio". "Las verdades se descubren, las mentiras se construyen". O el que da título al volumen: "A más cómo, menos por qué". Son algunos de los 747 aforismos que el científico Jorge Wagensberg (Barcelona, 1948) ha reunido "con la intención de comprender lo fundamental, lo natural y lo actual", según reza el subtítulo del libro. A más cómo, menos por qué (Tusquets) se sitúa en la estela del exitoso Si la naturaleza es la respuesta, ¿cuál era la pregunta?, publicado en 2003, en la misma colección Metatemas. "En aquel libro recogí los pensamientos con los que me había topado en los últimos 20 años. En cambio, las de ahora son reflexiones construidas para comprender, surgen como consecuencia de mi quehacer cotidiano dedicado a la ciencia, que finalmente no es otra cosa que una técnica de reflexión", apunta el físico y catedrático de Procesos Irreversibles de la Universidad de Barcelona. De A más cómo, menos por qué dice el autor: "Es el aforismo de los que he recogido que, a mi entender, resume mejor el pensamiento científico. Preguntar por las causas es siempre una pregunta de emergencia, porque causas puede haber muchísimas. En cambio, preguntarse por el cómo es investigar el proceso. La crisis de Marbella, por ejemplo: cuanto más conozcamos cómo funcionó realmente la corrupción, tanto menos nos interrogaremos sobre las causas", reflexiona el autor. "Preguntarse qué es, en qué consiste determinado fenómeno es investigar sobre el lenguaje. El porqué nos coloca en el plano de la metaciencia. El para qué, en el de la tecnología. Y el cómo en el de la ciencia". Como ya explicó en su anterior volumen de aforismos, Wagensberg considera que la naturaleza es la respuesta al problema. "Las nalgas son la respuesta natural al problema de sentarse. La silla es la respuesta cultural a ese mismo problema". Jorge Wagensberg considera que la diferencia entre arte y ciencia radica "en que la primera puede intuir sin comprender", mientras que la segunda "puede comprender sin intuir". "La ciencia es la forma más compacta para expresar la incertidumbre", abunda. El científico se siente cómodo con el género aforístico. "Se trata de expresiones mínimas de lo máximo compartido, un tipo de pensamiento zip que condensa hasta el límite". La tradición marcada por autores como Spinoza, Wittgenstein o Cioran le infunde mucho respeto. "El aforismo es como la poesía. O resulta sublime o es simplemente ridículo". Confiesa que su formación como aforista es nula. Venera, eso sí, a Groucho Marx, a quien considera uno de los adalides de la sentencia breve. "No ingresar en un club en el que te acepten como socio plantea el problema científico de la indecibilidad". Ciertamente, el aforismo entraña sus riesgos: fácilmente puede ser tomado por dogma, que es un género parecido, utilizado por las religiones. "El aforismo no es dogmático. Yo lo concibo como una píldora lanzada para ser disuelta por el pensamiento. Recomiendo dosis pequeñas de aforismos, leer de vez en vez unos pocos. En grupo, puede resultar divertido escoger uno y comentarlo". ¿Qué persigue el aforismo? "El gozo intelectual", sentencia Wagensberg. "Ese gozo se sitúa en un punto entre dos fronteras: la belleza y la inteligibilidad. La belleza, el arte, es repetición por fuera. La inteligibilidad es repetición del contenido. Comprender es situar el fenómeno dentro de una totalidad".
Me parece excelente este REPORTAJE: Adolescentes y jóvenes españoles , escrito por Juan Jesús Aznárez y cuya 1ª parte publica hoy El País. Sugiero que abramos un debate y que aportemos ideas, observaciones personales etc. Demos por supuesto que es bueno -de lo contrario no lo hubiéramos seleccionado aquí-, y no perdamos el tiempo en alabarlo. No hay que cometarlo punto por punto sino aquello que llama nuestra atención por discrepar o por apoyarlo. No se trata de una exégesis sino de un entramado -urdimbre y trama- sobre el cual entreveramos nuestras aportaciones. No se trata de hacer un mosaico sino de contribuir en la confección de un tapiz, cuyo diseño ha hecho Aznárez y que proseguirá mañana. Sigamos sus argumentos y aportemos nuestras observaciones. Pasad la palabra en clase. Nesemu La generación más libre Numerosos jóvenes rechazan ser como sus padres, para quienes el trabajo fue prioritario. El concepto de "normalidad" y el grupo de amigos ejercen una influencia decisiva La generación comprendida entre los 15 y los 24 años disfruta de unas libertades impensables en los tiempos de sus padres, con quienes frecuentemente entra en colisión al discrepar sobre las metas en la vida. El ocio despunta como el eje sobre el que pivota la cultura juvenil, y el pragmatismo es, quizá, el valor más compartido por los chavales. /La // La supuesta irresponsabilidad de los adolescentes es una constante histórica desde las reflexiones de Sócrates sobre el comportamiento juvenil en la Grecia antigua. "Los jóvenes de ahora aman el lujo, tienen pésimos modales y desdeñan la autoridad. Muestran poco respeto por sus superiores y ya no se levantan cuando alguien entra en casa", según el inventario de reproches atribuido al filósofo ateniense del siglo IV antes de Cristo. "Prefieren insulsas conversaciones al ejercicio, y están siempre dispuestos a contradecir a sus padres y a tiranizar a sus maestros". La mayoría de los padres españoles entre los 40 y los 55 años también cree que fueron más trabajadores, más maduros y más respetuosos que sus hijos adolescentes y jóvenes, cerca de seis millones, a los que tratan de educar, en esa dirección, desde el convencimiento, no desde el autoritarismo de los abuelos. Pocos dudan,sin embargo, de que nos encontramos ante la generación más libre. Y también más compleja. El propósito de los padres fracasa cuando el pragmatismo, el hedonismo y el relativismo moral percibido en un segmento bastante significativo de los chavales, nacidos en una España más próspera y tolerante, chocan con las elevadas expectativas de sus padres, marcados por una España pobre y rígida. El desencuentro es a gritos no pocas veces, porque los progenitores no encuentran el punto de equilibrio entre la condescendencia y los límites, entre el diálogo convincente y la imposición. La "negociación" de pautas con el hijo "en la edad del pavo" suele ser una vía de escape. Millones de padres disfrutan y confían en sus hijos, pero millones temen la alarmante proclividad de los suyos, entre los 15 y los 24 años, al carpe diem, al disfrute del presente sin apenas preocupación por el futuro. Francisco Javier Lapuente, director del Instituto Luis Buñuel, en Móstoles, no observa, sin embargo, "un cambio a peor generalizable. Cambió la manera de relacionarse. Por ejemplo, ahora mismo, el profesor más severo del instituto sería un blando hace 20 años". Los padres tropiezan, se equivocan y dudan cuando tratan de inculcar a sus hijos los valores que creen deben regir sus vidas en un futuro que adivinan laboral y socialmente complejo: el esfuerzo en los estudios, la diversión responsable, la disciplina, la solidaridad, el respeto o la promoción de los afectos. Los progenitores desarbolados arrojan la toalla y delegan en los profesores o en el psicólogo. Lo hacen después de haber llegado al convencimiento de que su capacidad de influencia es casi nula. Sienten que fueron esclavos de sus padres y ahora, de sus hijos, que son en buena medida muy parecidos a ellos por impregnación u ósmosis. La adolescencia incordia al adulto cuando se manifiesta vaga, gamberra o violenta, cuando bebe hasta la borrachera y fuma porros antes de entrar en las aulas: el 60% bebe alcohol, y el 30% consume marihuana, según un estudio del Ministerio de Sanidad fundamentado en 25.000 entrevistas. El fracaso escolar y personal es consecuencia de esos factores y de otros más profundos. Pero la adolescencia española es muy diversa, pese a los estereotipos, y muy singular al haber llegado precedida por una transición política fecunda en transformaciones, y una acumulación de cambios cuantitativos que, parafraseando la dialéctica marxista, alumbró cambios cualitativos en la conducta de los chavales, entre sí y con sus padres. Tiene más posibilidades que ninguna. Se trata de una generación alejada de la política, a un 60,8% no le interesa, y "muy desbrujulada, desorientada, que busca, pero no sabe a qué agarrarse", según Javier Elzo, catedrático de Sociología de la Universidad de Deusto. ¿Qué referentes tienen? "¿La Iglesia? No. Hay un divorcio entre la religión y los jóvenes. ¿Los partidos? Tampoco. Siempre están a la greña. Los telediarios son un anecdotario de desgracias", lamenta el catedrático. ¿Y los padres? "Los padres están casi siempre fuera de casa. Los referentes son ellos mismos. Y es muy difícil que un chaval sea modelo para otro". Ante esas situaciones, la tradicional cadena de transmisión de valores, familia, amigos, medios de comunicación y escuela, sufre a veces desajustes. Los abuelos y padres de la muchachada que acude a los botellones de Sevilla, Granada, Madrid o Barcelona sí tuvieron referentes claros: el tránsito de la dictadura a la democracia en España, la implantación del Estado de derecho, el salto de unos patrones dictatoriales a otros liberales, y el trabajo. Su esquema de valores se nutrió mucho de las ansias de libertad de los años sesenta y setenta, y de su protagonismo en las profundas transformaciones sociales ocurridas en España. El nivel de educación y bienestar aumentó espectacularmente, la mujer se incorporó masivamente al trabajo y conquistó espacios en un mundo de hombres, las rupturas matrimoniales se multiplicaron, y los hijos crecieron en un entorno y unas estructuras diferentes a los de sus padres. "El contexto histórico en que se produce esta generación tiene sus propias características", señala Josune Aguinaga, doctora en Sociología de la Universidad de Educación a Distancia (UNED) y ex presidenta de la Unión de Asociaciones Familiares. "La permisividad de los padres es una respuesta a la educación autoritaria que tuvieron ellos, pero se les ha ido un poco la mano. Los chavales prefieren límites, aunque sea para trasgredirlos". El vertiginoso reacomodo de las familias españolas, la primacía del éxito laboral en la escala de prioridades de los adultos o la errática democratización del trato con los hijos son factores que no pasan inadvertidos. La reacción puede ser a la contra cuando el ritmo laboral de los progenitores es asfixiante, y su relación personal, crispada. "Mis padres son unos pringaos que no saben hacer otra cosa que trabajar. Acabarán uno por cada lado. No quiero ser como ellos", admite Julián, de 20 años, hijo de un abogado y una profesora universitaria, que salta de un oficio a otro. Los valores socialmente deseables, la probidad, el respeto a los mayores o la ejemplaridad, suelen entrar en colisión con los valores tenidos como característicos de la juventud, entre ellos, la diversión, y una cierta apatía hacia aquello que el adulto considera importante. Lucía, de 16 años, estudiante de un colegio bilingüe de Madrid, reconoce que algunos de los vicios atribuidos a los adolescentes son bastante ciertos. "En parte lo tenemos todo dado y hecho, por nuestros padres o por nuestros profesores. No tuvimos las dificultades que tuvieron nuestros padres o nuestros abuelos", dice. "Es por eso por lo que no hemos desarrollado eso de hacer las cosas por uno mismo. Por otra, diría que somos un poco despreocupados con lo que le pasa a la gente". Lucía lamenta que los jóvenes españoles apenas se involucren en causas justas. "No sé. Es como que a la adolescencia en España las cosas les dan de lado". La mayoría de los tardoadolescentes, entre los 18 y 21 años, también es de esta opinión, a juzgar por los estudios demoscópicos. Nicolás, de 21 años, universitario, pertenece a ese grupo: "La verdad es que no nos interesa mucho la actualidad nacional o la guerra de Irak. Vamos a lo nuestro". Entonces, ¿ a qué van los chavales españoles? ¿Tienen algún denominador común? ¿Alguna característica compartida por la mayoría? La Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD) y el Instituto de la Juventud del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, en colaboración con la Obra Social de Caja Madrid, efectuaron ocho estudios sobre su relación con los medios de comunicación, los amigos, la música, los estilos de vida, la publicidad, el sexo y la política. Los integraron y llegaron a la conclusión de que hay denominadores comunes, rasgos básicos. "Es una cultura juvenil que está muy influida por la representación social, o sea, por lo que la sociedad cree que son los jóvenes. Más allá de la realidad de cómo son, la gente monta un mundo sobre ellos", señala Eusebio Megías, director técnico de la fundación. Los investigadores encontraron una línea que recorre los ocho estudios: el concepto de "normalidad". La normalidad es lo que preconiza el discurso generacional mayoritario, que no admite ni matices, ni fisuras. Ese discurso puede tachar de "raro" a quien le gusta el flamenco, o milite en Amnistía Internacional, pese a que los jóvenes entrevistados uno a uno en sus domicilios se manifestaran con matices y fueran diferentes entre sí. Pero en las entrevistas del grupo, preguntados todos a la vez, predomina el discurso de mayoría, tan potente que acalla los discursos individuales y radicaliza las posiciones. El discurso de la mayoría, el que públicamente conforma la representación de la cultura juvenil, no es muy idealista: sostiene que el compromiso social es cosa de mayores y que, además, suele estorbar para lo que el adolescente y el joven suponen que es su verdadero compromiso: divertirse y prepararse para un mercado laboral complicado. "¿Meterme en política? ¿Para qué? Si son todos iguales: unos chorizos que no sirven para nada. ¿Meterme en una ONG? ¿Para qué? Si es un follón, una bucrocracia que sirve para poco", resume Megías, empleando las palabras de los adolescentes. "¿Informarme? Pero si los medios de comunicación son correas de transmisión de los partidos. Prefiero estar mal informado a que me manipulen". El 26,4% del total de los adolescentes y jóvenes españoles participa en alguna asociación, un índice considerado bastante bajo, y la mitad de ese 26,4% lo hace en deportivas o recreativas, según las encuestas de la FAD. Apenas el 1% del total se involucra en movimientos ecologistas; en ONG, el 1,5%. Otro rasgo en común es la importancia del grupo. El adolescente no tiene sentido sin el grupo, que puede ser uno durante la semana escolar y laboral, y otro muy distinto los fines de semana. Este último es el determinante porque organiza el ocio. Quien quiera integrarse habrá de asumir el discurso de la mayoría, o actuar casi vergonzantemente. El grupo aprueba o desaprueba conductas y normas, acepta o no acepta a nuevos miembros, y puede estigmatizar a una chica si se desvía del punto de equilibrio entre ser una estrecha o un pendón. "Y la supuesta tolerancia que se presume a los adolescentes es más indiferencia. Hay un cierto relativismo moral: que cada uno haga lo que quiera siempre que a mí no me moleste", según agrega Megías. ¿Qué mueve entonces a la mayoría de los jóvenes españoles? El eje sobre el que pivota esa comunidad, lo importante en su vida, está dejando de ser el proyecto de trabajo, que es una amenaza para la que hay que prepararse. Lo importante es el ocio, que mueve mucho: los horarios, las expectativas y la ropa de los chavales. La evolución de la sociedad española fue rápida y bastante drástica. La generación de la democracia se regía implícitamente por un contrato social, donde se suponía que el hombre, más que la mujer, debía hacerse un espacio en la vida. Este espacio venía definido por el éxito o no en el trabajo. En cualquier caso, el trabajo tenía que obtenerse con esfuerzo, igual si se estudiaba una carrera, como si arrancaba de aprendiz. Antes, el ocio se subordinaba al trabajo. Cambiaron las condiciones estructurales y de producción, y conseguir un buen trabajo, aun contando con una carrera universitaria y maestría, es incierto. Por tanto, el ocio se impone. Y los adolescentes son así porque el conjunto de la sociedad entronizó los valores que tienen que ver con el disfrute. Los factores detrás de todos los cambios en curso son muchos. España evoluciona desde un modelo tradicional de familia de matriz mediterránea a otro de perfil nórdico en el que prima el individualismo, y la promoción del padre y de la madre como hombre y mujer, y como profesionales. "Y todo afecta a la educación de los hijos. Nos encontramos con padres que llevan un ritmo tan infernal que cuando llegan a casa es psicológicamente imposible que puedan hacer esa labor de educar. El cuerpo les pide descansar", agrega Javier Elzo. El asunto no es menor porque otros agentes sociales, la televisión, los videojuegos, el móvil, Internet o la música llenan el espacio que en parte hubieran podido ocupar los padres con una dedicación que frecuentemente causa desgana y fastidio porque parece infructuosa. La medida de conexión a la red de los jóvenes (nueve de cada diez usan móvil) es de nueve horas semanales. Los desajustes en la relación paterno-filial generan confusión, insatisfacciones y graves encontronazos; el asunto es serio porque toca a buena parte de los hogares. La población entre los 15 y los 24 años es de 5.624.056 personas en España, según el Padrón de enero del año 2003. Los padres de este colectivo aún exhiben contradicciones no resueltas. Quieren dedicar más tiempo a sus hijos, pero también disponer ellos de más tiempo libre; quieren promover la comunicación con sus vástagos, pero apenas atienden sus argumentos, les preparan un intenso programa de actividades extraescolares, o eluden aspectos relevantes en su formación, como el sexo; quieren que no sean caprichosos y sí austeros, pero al mismo tiempo que tengan todo lo que ellos no tuvieron. No es fácil resolver la ecuación. El psicólogo Jaime Funes, adjunto para la Infancia y la Adolescencia del Defensor del Pueblo de Catalunya, cree que lo fundamental es escuchar para descubrir los argumentos vitales detrás de los comportamientos. "Nuestra sociedad todavía no sabe qué hacer con sus adolescentes", señala. "¿Qué encargo social les ponemos más allá de prepararlos para un futuro cada vez más lejano?". Las generaciones anteriores consideraban la adolescencia un periodo provisional, de transición hacia la edad adulta. Ahora es una etapa vital diferenciada. "Además, esta sociedad es muy gerontocrática y tiene una especial molestia respecto a la existencia de la juventud. Les va bien como consumidores, pero sin desmadrarse, ni molestar", apunta Funes. "Pero los adolescentes necesitan ser, y no sólo estrellas fugaces. Necesitan estabilidad. Y tienen en común cómo exprimir el día a día, pero de aquello que te aporta como persona". No todos están convencidos de esa tesis porque atribuyen a los adolescentes escaso interés por el virtuosismo personal. Dos jóvenes, Carmen Pérez-Lanzac, de 28 años, autora de ¿Qué estarán haciendo?, y Eduardo Verdú, de 31, autor de Adultescentes, los dos muy cercanos generacionalmente a los chavales bajo escrutinio sociológico, han tratado de adentrarse en su mundo. Durante un año, Carmen compartió sus fines de semana con adolescentes. Sin querer etiquetar, observó que "por lo general son muy espabilados. Se puede hablar de todo con ellos. Están muy al día, pero con frecuentes referencias a la televisión. Ven mucha telebasura". Carmen Pérez-Lanzac destacaría también que son muy pragmáticos. "El tema de la carrera universitaria, que a mi edad todo el mundo tenía que hacer una, lo han desmitificado porque ven que no se gana mucho. Mucha gente gana mil euros habiéndose matado a estudiar. Igual no más que un electricista". Muchas más cosas le llamaron la atención, pero una de ellas fue el consumo de porros. "En mi tiempo también se fumaba, pero no tanto. Los cargan mucho. Yo les decía: 'Pero, chicos, ¿cómo podéis ir luego a casa o estudiar en esas condiciones?". Eduardo Verdú piensa que los chavales de ahora han crecido muy deprisa, disponen de muchísima información, y se encuentran en un espacio vital que, quizá, no les corresponde. "Tienen prisa por crecer y, de alguna manera, se sienten frustrados porque no disponen de las libertades que ellos demandan". Tienen las restricciones propias de la edad, y viven en casa, controlados por sus padres, pero han perdido un poco la infancia. "A los 13 o 14 años ya están viendo películas porno, teniendo relaciones sexuales, bebiendo alcohol y tomando porros. Están mucho más espabilados", dice Eduardo Verdú. "A los 13 años, cuando mi generación todavía pedía a los Reyes Magos un balón de reglamento, ellos ya piden móviles, ropa de marca y el iPod (un reproductor que permite almacenar hasta 15.000 canciones y 150 horas de vídeo)". Evidentemente, los padres no están preparados para esta eclosión. ¿Son felices sus hijos? El Informe Juventud en España 2004 dice que la mayoría no manifiesta grandes preocupaciones y que su grado de optimismo y felicidad ante la vida es alto. No es poca cosa. Un padre puede sobrellevar casi todo menos la infelicidad de sus hijos, aunque no sean como hubiera querido que fueran.