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J. C. García Fajardo

Lecturas

La sombra del viento, como fenómeno de ventas, a pesar de sus fallos

Acabo de leer "La sombra del viento", de Carlos Ruíz Zafón, 575 págs. de la que dicen que se han vendido más de 50 edic. Me parece un fenómeno digno de ser comentado. Con indudables aciertos y fallos manifiestos, juega con un "argumento río" con el que podría estar hasta la pág. 3000. Todas las casualidades imaginables se dan cita, retuerce y retuerce las situaciones y el protagonista acaba siendo abuelo de su padre, o poco menos. La ficción no necesita ser verosímil, basta que esté bien contada aunque sea con un abuso manifiesto de frases hechas que parecen sacadas de un cuaderno en el que las ido apuntando durante años.  Daniel, joven hijo de un librero, descubre un libro del que casi no se han vendido ejemplares. Toda la trama consiste en buscar a su autor para descubrir que se puede identificar con él mismo y con sus avatares. Llega a extremos insufribles por forzados. La clave reside en esta frase "hubo un tiempo, de niño, (en el) que decidí que quería ser novelista y llevar una vida de melodrama". De ahí arranca la novela desde sus 10 años... Esto es la novela: un melodrama que cae en el folletín y en el folletón más gruesos. Por eso me interesa su análisis, porque cientos de miles de personas la han leido y se la pasan unos a otros. ¿Su clave? La de los folletones: cada capítulo parece terminar con ¿qué sucederá mañana? Y así entretiene la espera, o el aburrimiento. Frases ingeniosas pero de las que abusa hasta la exasperación "un silencio a gritos que aún no había aprendido a callar con palabras", "la claridad del amanecer se filtraba en soplos de luz sesgada", "cuchillas de luz se perfilaban"..  tiene una obsesión con la luz y abusa de metáforas muy forzadas y no pocas veces cursis de morirse "Aquél era otro Aldaya, adulto y robado de inocencia...". "museo de ecos y sombras", "su idioma eran las texturas y los ecos, el color de las voces..." "combates de silencios" "alcé la vista y vi el temporal derramarse como manchas de sangre entre las nubes", otra obsesión: las manchas de sangre en las paredes, en las nubes, en la noche... "sentí que se me encogía la garganta y a falta de palabras me mordí la voz", "eché los ojos al patio""la lengua se me adelantó". Una vez está bien, diez pueden pasar, pero mil frases bonitas llegan a cansar. Situaciones insólitas:el joven Daniel, 16 años,  conoce a un mendigo, borracho y sucio, con más de 50 años, se lo lleva a casa, lo bañan entre su padre y él, lo secan y lo visten y lo acuestan en la cama del crío etc. Increíble pero va a resultar unpersonaje clave de la novela. Con estas libertades igual podría haber convocado a Peter Pan. pero resulta que el tal mendigo, se convierte en el factotum de la librería "no había título que se le escapase", ahí es nada en una librería de viejo y de coleccionistas de libros raros... y esto a los pocos días de entrar a trabajar allí como ayudante. El resumen y una de las claves de la novela está en pág 214, bien tratado "...porque aquellos a quien (quienes) necesita amar son sólo sombras que viven en el alma de un extraño". Es muy bueno. Pero ¿quién no se ha "identificado" o soñado ser un personaje de ficción y retuerce los argumentos para "parecerse" a él. Hay alguna frase muy forzada aunque ingeniosa: "El modo más eficaz de hacer inofensivos a los pobres es enseñarles a querer imitar a los ricos. Ese es el veneno con (el) que el capitalismo ciega...". Prefiero la de Garralda: "Los pobres son ricos sin dinero, tan pronto le toca la uno a primitiva ya no hay quién lo pille". El tal exmendigo, pide al camarero "cervezas varias..." y luego, "se sirve un vaso de vino", y no lo habían pedido antes pues la mesa estaba vacía. Esto sucede muchas veces. Incoherencias, errores cronológicos ¡al cabo de dos o tres páginas! Dice de un  señor muy elegante "engalanado con un abrigo de camello... y un bastón de marfil que blandía como una mitra cardenalicia". Aquí quise dejar el libro, ¿sabe lo que es una mitra? ¿uno se engalana con un abrigo de (pelo) de camello? ¿?se puede blandir una mitra, cardenalicia (que no existen) o no?

Después, se hacen insufribles los barbarismos y abusos del lenguaje: "la echaba a faltar", "se le echa a faltar", "¿Alguien lo encuentra a faltar?" Pues lo utiliza más de doce veces, no ha sido un descuido del autor y de la editorial. "Motivado a salvar a Tomás," en vez de "movido a.." etc,  "y qué se hizo de Julián?", "quejido brusco", vaya oxímoron,  Otra manía: "vahído de aire triste", esto del vahído lo usa para todo, vahído de aire, de agua, de lo que sea... Otra manía de la que abusa sin piedad "inducía a..." taquicardias, lástima, risa..."Su esposo de tres años le comunicó que la abandonaba"... toma ya, en lugar de durante tres años.  Otra burrada inadmisible en Planeta: "La madre de Julián enfrentaba la ventana sentada al borde de un camastro". Otra manía: "partieron un alba de 1926" Esto de el alba lo utiliza a troche y moche, para todo. Otra "se dignase a darle la dirección", "desprendía el color y el olor de un osario", toma ya. "Un hombre de rasgos cincelados con indiferencia" No se cincela con indiferencia. Es casi es un oxímoron. "Federico se retiró con prestancia y nos dejó solos". ¿No hay correctores de estilo en Planeta? Otra manía "Por entonces,... Por entonces... " y así varias veces en una pág. "Había esperado a amar a su mujer hasta después de haberla perdido". "Empujó la puerta de un puntapié", Otra manía "anegada de escombros o de aire, o de humo o de luz... No se puede anegar más que con agua. La luz del mechero de bencina, en el mismo párrafo, es ámbar o azul o blanca, le da igual. "El enfermo estaba cercenado de morfina". Cercenar es cortar, pero insiste Ruíz Zafón "Carax se cernía ya sobre él". Otra obsesión, la miseria, los mendigos, la pobreza en personajes que, pocas páginas antes, vivían en palacios del Tibidabo, en la opulencia, con "infinidad de criados" etc "Una banda de palomas que le picaban los ojos indujo a la policía a descubrir un cadáver sentado en el parque". Ya, desde la pág 527, el autor de la famosa novela "te seguía, observaba, te veía crecer y se preguntaba quién eras" ¡a Daniel!, el protagonista de esta otra novela que lo andaba buscando, "porque te habías convertido en el hijo que había perdido"... ¡Demasiado para el cuerpo! "Fumero, le tendió la mano velada de sangre en demanda del arma". Me parece excesivo, manchar por velar.

Otra manía con la que voy a concluir, "El viento escupía la nieve a ráfagas"  Ruíz Zafón utiliza escupir para todo: escupia el aliento, las palabras, el sudor, la lluvia, la niebla "el viento helado me escupió en la cara". Es demasiado para que nadie se haya dado cuenta y se lo haya advertido en alguna de las sucesivas ediciones. Todo esto me mueve a reflexionar, ¿cómo es posible vender tantos libros a pesar de tantas barbaridades? No sirve decir que el autor es catalán para disculpar algunos barbarismos. Pero lo increíble es cómo se puede fabular y fabular saltándose tantas normas de la coherencia, de la gramática y hasta de la sintaxis, del elemental conocimiento que se supone en un autor, que va a tratar de ese ambiente, de las normas de conducta y del estilo de un estamento determinado, en este caso, la riqueza opulenta de la burguesía catalana que parece fascinar a Ruíz Zafón. Chirría. Bueno, pues las 575 páginas del libro, y hasta las 3200, si se lo hubiese propuesto, se leen sin poder abandonar el libro. ¿Moralejas?  Hay bastantes. ¿Te animas a compartirlas? Demos ya por asumida, la envidia por haber sido capaz de vender tantos libros. A partir de ahí, dialoguemos. Nesemu

Ya no hay bodas en Caná de Galilea, sólo llanto y vino amargo

Cuelgo en mi blog el valiente y documentado artículo del General español y analista político, Alberto Piris, La barbarie israelí

En una anterior columna aludí a las prácticas terroristas de Israel en Gaza, a causa del secuestro de un soldado, lo que provocó el castigo colectivo de la población palestina de la franja, castigo que aún perdura, empalidecido ante la ferocidad del nuevo episodio de esta tragedia, que ahora se abate sobre territorio libanés. Al hacerlo así, me sentí respaldado por una buena parte de la opinión pública israelí, como la expresada en el diario "Haaretz". No fue tan fácil encontrar después críticas israelíes a los ataques contra el Líbano, tras la inicial provocación de Hizbolá, aunque después de la reciente masacre en Caná (Qana: la de la boda bíblica) se vuelve a escuchar el orteguiano "no es eso, no es eso", vertido en voces hebreas.
Es inevitable una sensación de horror ante la impunidad con la que Israel desintegra a este sufrido país, bajo la mirada de su aliado estadounidense. Pero cuando se alcanza el cenit de la consternación es al saber que el primer ministro, Olmert, había decidido que la población que permaneciese en los territorios del sur de Líbano, tras el ultimátum para abandonar sus viviendas, sería considerada terrorista y perecería bajo las ruinas de lo arrasado, como la treintena de niños exterminados anteayer en Caná. Un ministro ultra ortodoxo se había explicado así: "No entraremos en las aldeas donde se esconden los terroristas de Hizbolá hasta que no las hayamos convertido en un cajón de arena". Cajón de arena en el que ahora jugarán los espíritus de las infantiles víctimas allí aniquiladas.
Así como Bush decidió considerar terroristas peligrosos a todos los apresados en Afganistán y someterlos a la ignominia guantanamera (como describe el encomiable filme "El camino a Guantánamo", del británico Winterbottom), el dirigente democráticamente elegido por un pueblo que se dice legatario del que sufrió la brutalidad nazi, aplica ahora en el Líbano, a los palestinos allí emigrados y a los libaneses nativos, métodos de similar crueldad a los que la Alemania nazi usó en ciertos territorios invadidos por sus ejércitos: los habitados por "infrahombres", judíos y eslavos, según la jerga racista de Goebbels.
La discusión que tuvo lugar la semana pasada en el seno del gobierno israelí, sobre cómo destruir a Hizbolá, se saldó apoyando la táctica de la tierra quemada. Ésta se desarrolla en dos etapas: primero, se conmina a la población a emigrar; después, se arrasan los poblados con cañones y bombarderos.
Un inciso, para reproducir las palabras que se oyeron en la fracasada conferencia de Roma, incapaz de imponer el alto el fuego que la mayoría deseaba. Habló el primer ministro libanés: "¿Vale menos la vida humana en Líbano que la de los ciudadanos de otro lugar? ¿Somos hijos de un dios menor? ¿Vale más una lágrima israelí que una gota de sangre libanesa?".
El contrapunto a este desahogo emocional lo puso la frialdad de la implacable Sra. Rice, expresando el punto de vista del gobierno de Bush: "No es bueno para nadie dar falsas esperanzas de algo (el alto el fuego) que no va a ocurrir. No va a ocurrir. Dije al grupo (de participantes en la conferencia): ¿Cuándo aprenderemos? Los campos de Oriente Medio están sucios con la basura de tantos alto el fuego destrozados". Y también con la basura —podría añadirse— de tanta hipocresía como la que Occidente, y en lugar destacado EEUU, viene mostrando allí desde que concluyó la época colonial, lo que todavía no ha aprendido la Sra. Rice.
Prevaleció su opinión, que era la del gobierno israelí, ante unos representantes europeos desunidos, débiles e incapaces. Por mucho menos, si el perpetrador de la barbarie que ahora contempla el mundo, horrorizado, hubiera sido cualquier otro país, se habría declarado una retirada general de embajadores y, después, otras medidas más enérgicas.
Pero el ejército de Israel necesitaba más tiempo para alcanzar sus objetivos. Entre estos se encontró un puesto de observadores de la ONU, donde cuatro soldados perecieron bajo el fuego israelí, al servicio de la comunidad internacional. El agresor desdeñó varios avisos para detener su ataque ante la bandera azul, bajo la que se debería amparar toda la humanidad. Pero sabido es que ni EEUU ni Israel tienen en mucha estima a la ONU, como ambos han mostrado al paso de los años.
Hay un arrogante modo de pensar y actuar, propio de los gobiernos que se consideran militarmente muy superiores a quienquiera que pueda oponerse a sus designios. Es el de EEUU frente a la ONU, para invadir Iraq; el de Israel, uno de cuyos generales proclamó que por cada cohete disparado por Hizbolá serían destruidos diez edificios en los barrios chiíes (¿entró en esta cuenta el que albergaba a los niños de Caná?); el que, cuando Bagdad ardía bajo las bombas, suscitaba entre los que la destruían desde el aire el recuerdo de los árboles de Navidad; o el de Hitler, cuando se refería al Tercer Reich como el "Imperio de los mil años".
Una mentalidad parecida es la que induce a Israel a creer que, cuando todo el sur de Líbano sea un desolado desierto de cráteres de proyectiles, habrá desaparecido Hizbolá y el pueblo israelí podrá vivir en paz. ¡Absurda esperanza!
Así como Hizbolá nació en 1984, a causa de la ocupación del sur del Líbano por Israel y sus aliados libaneses, es de temer que la barbarie israelí de estos días aporte nuevos hizbolás, nuevos terrorismos y más sangre y desolación. Es muy probable, además, que estas calamidades no queden circunscritas a Oriente Próximo sino que se extiendan a otros países. Esto es lo que tampoco ha aprendido la Sra. Rice ni el gobierno al que pertenece, que en Roma contribuyó a reforzar la vieja espiral de violencia en la que vive sumido Oriente Próximo desde la conflictiva creación del Estado de Israel en 1948, tan mal gestionada después por las grandes y medianas potencias que pugnaban por la hegemonía mundial sin ver que estaban activando una bomba de retardo.
 
 

¿Somos anti semitas ?

Interesante artículo del gran profesional del periodismo Lluis Basets ¿Somos antisemitas? Creo que vale la pena leer a personas documentadas para poder reflexionar y formarse una opinión personal y responsable. De la discusión visceral no suele salir la luz porque la apaga el apasionamiento. No olviden los bloggers que visitan este blog que el responsbale del mimso es profesor de la Universidad y periodista y que, con los mismos criterios que administro este blog, desempeño mi labor docente en la Facultad. Podré equivocarme pero procuro que mi reflexión la presidan la búsqueda de la Verdad, de la Justicia y de la Libertad. Si no lo consigo, no pasa nada, siempre estoy dispuesto a rectificar y a aprender de acuerdo con las normas que presiden la actividad universitaria. Ese es nuestro estilo y la participación en los blogs es libre pero debe ser responsable. Nesemu
¿Cuándo la crítica al Gobierno y al Estado de Israel puede considerarse antisemitismo? Recuerdo que el director del diario Haaretz, David Landau, propuso un criterio, el pasado noviembre, en una mesa redonda en Barcelona con motivo del décimo aniversario de la Conferencia del Mediterráneo: cuando lo que se pone en cuestión es la existencia del Estado de Israel, eso es antisemitismo; no lo es criticar al Gobierno de Israel y sus actuaciones. Haaretz -que quiere decir El País en hebreo- es un diario laico y liberal, de centro-izquierda, que ha apoyado ardientemente los procesos de paz y la creación de un Estado palestino. Ha sido el primer diario israelí en mantener corresponsales en los territorios ocupados, entre los que destaca Amira Hass (lean sus Crónicas desde Ramala, Galaxia Gutemberg), y no ha tenido empacho en criticar a sus gobiernos siempre que ha hecho falta.
Su definición sitúa en el campo del antisemitismo, como es evidente, a Hamás y a Hezbolá, y convierte en su führer mundial al presidente de Irán, Mahmud Ahmadineyad: quieren destruir Israel y se dedican a asesinar a los israelíes. Es verdad que sugiere también un ejercicio inverso: negar el derecho de los árabes de Palestina a tener su propio Estado podría ser también una forma de arabofobia o de pulsión irracional de exclusión y discriminación contra los palestinos. Casi todo lo que se ha oído y escrito en España sobre esta doble guerra actualmente en marcha en Gaza y en Líbano, en cambio, poco o nada tiene que ver con el antisemitismo. Hay una derecha española de inspiración neocon, que tiene la pasión de los conversos en los asuntos que implican a Israel. Sus antecesores ideológicos, y en algunos casos no tan sólo ideológicos, sí frecuentaron las malas compañías del antisemitismo europeo, responsable de los campos de exterminio donde perecieron seis millones de judíos europeos. Esta derecha tiene una idea del antisemitismo realmente original. ¿Será antisemitismo criticar los asesinatos selectivos de palestinos? ¿Lo será criticar los bombardeos de poblaciones civiles indefensas? ¿Serán antisemitas los periodistas y columnistas israelíes que escriben en Haaretz? ¿Yoel Marcus, por ejemplo, que tacha de estúpido al Ejército israelí? ("En vez de un Ejército pequeño pero listo, estamos vislumbrando un Ejército que es grande, rico y estúpido", escribe en su artículo del martes). ¿Lo será Ze'ev Maoz, un profesor de ciencia política de Tel Aviv que ha escrito otro artículo de título suficientemente expresivo: La moralidad no está de nuestro lado?
Es un consuelo leer Haaretz en medio de tanta devastación (www.haaretz.com). Una de las asimetrías más profundas e insalvables en esta guerra es la que hay entre la sociedad israelí y las sociedades árabes e islámicas de su entorno. El pluralismo de Haaretz no se puede ni soñar en Siria, en Egipto, en Jordania o en Irán. Esta asimetría que nos acerca a Israel es también más desgarradora, por cuanto lo que está en juego es la existencia de Líbano, un país plural y multicultural, la única democracia en un mar de despotismo árabe, que tiene también prensa con criterio y capacidad de crítica (www.dailystar.com.lb). Si los pocos líbanos de la región reciben este trato, es de temer que jamás Israel tendrá enfrente a esos interlocutores democráticos que dice desear.
Kofi Annan ha asegurado que el ataque aéreo contra las fuerzas de Naciones Unidas, con cuatro víctimas mortales, "fue aparentemente deliberado", algo que ha escandalizado al primer ministro Ehud Olmert. Es inconcebible que el Gobierno de un país democrático, e Israel lo es, pueda haber ordenado que se bombardee un puesto de Naciones Unidas o decenas de edificios de viviendas en barrios chiitas. ¿Había quizá en todos ellos guaridas de guerrilleros y lanzacohetes?
Se deben al jefe del Estado Mayor del Ejército, el general Dan Halutz, dos fanfarronadas que apenas han recibido atención en la prensa internacional. Este militar israelí ha amenazado con bombardear 10 edificios de los barrios chiitas por cada Katiusha lanzado contra Israel: lo está cumpliendo. Y ha prometido que hará "retroceder al Líbano 20 años": y a la vista está que también lo está cumpliendo. Lo leo en Haaretz y también en el Jerusalem Post. ¿Son tan inconcebibles las sospechas de Annan? ¿Son también manifestaciones de antisemitismo? El Gobierno israelí tiene ahora la carga de la prueba. Para quienes creemos que Israel tiene todo el derecho a vivir en paz dentro de fronteras seguras, como un Estado reconocido por sus vecinos (como lo tienen los palestinos), sería un auténtico alivio que probara su inocencia.

 

 

Mañana será demasiado tarde

Me parece muy acertado e interesante el artículo Mañana será demasiado tarde, del profesor Antoni Segura. Nesemu

La intervención militar de Israel en Líbano ha vuelto a encender el Próximo Oriente, donde se juega una partida interminable en la que todos los actores mueven sus fichas según sus intereses y donde las piezas sacrificadas siempre son las mismas. El secuestro de dos soldados israelíes por la milicia de Hezbolá ha tenido una respuesta a todas luces desproporcionada, porque una cosa es el legítimo derecho a defenderse y otra la "violación del Derecho humanitario", tal como ha denunciado el secretario general adjunto de la ONU para Asuntos Humanitarios, Jan Egeland. El bombardeo sistemático de las infraestructuras y de la población civil de Líbano no puede justificarse bajo ningún concepto y nos retrotrae a otra intervención que hace un cuarto de siglo finalizó en tragedia.
Israel intenta repetir los objetivos de 1982: castigar a la población civil buscando una reacción contra Hezbolá (en 1982 fue contra el sector de la OLP liderado por Yasir Arafat) y conseguir que se forme un gobierno no beligerante con Tel Aviv. En 1982, acabó mal: masacres de los campamentos de refugiados palestinos de Sabra y Chatila; asesinato del presidente recién elegido, el cristiano maronita Bachir Gemayel; atentados suicidas un año después contra cuarteles de las tropas de EE UU (y de su Embajada en Beirut) y de Francia, que formaban parte de la Fuerza de Seguridad de la ONU, y del Ejército israelí en Tiro con un balance de más de 400 muertos. Era la carta de presentación de Hezbolá, que oficialmente vería la luz poco después, y de la conexión entre Damasco y Teherán. Los 18 años que siguieron fueron una sangría para el Ejército israelí que perdió casi 800 soldados. De ahí que tanto Israel como EE UU descarten la ocupación y se inclinen por la interposición de fuerzas de la OTAN o de la UE para garantizar la desmilitarización de Hezbolá, cosa que el Ejército libanés no está en condiciones de llevar a cabo. La solución puede añadir más leña al fuego y comprometer a tropas europeas en una crisis de difícil salida.
Por su parte, Siria nunca ha aceptado la independencia de Líbano, pues lo considera una creación colonial para debilitar a Damasco. En 1976, el Ejército sirio entró en Líbano formando parte de una Fuerza de Disuasión Árabe, que tenía por misión interponerse entre las diferentes milicias libanesas. No se opusieron ni EE UU, ni la URSS, ni Israel. El Ejército sirio permaneció en Líbano hasta la primavera de 2005, cuando se retiró en cumplimiento de la resolución 1559 del Consejo de Seguridad de la ONU de 2 de septiembre de 2004. Fue una decisión obligada tras las incógnitas que rodearon al asesinato del ex primer ministro libanés Rafik Hariri el 14 de febrero de 2005. Fue, sin embargo, una decisión forzada con aires de agravio comparativo, pues la comunidad internacional no puso el mismo empeño en hacer cumplir la resolución 242 del Consejo de Seguridad de la ONU que exigía a Israel retirarse de los Altos del Golán que ocupa desde 1967. La actual crisis puede abrir un nuevo statu quo que permita a Siria, en el punto de mira de Washington, volver a ser un actor protagonista en la política de Líbano al precio, seguramente, de sacrificar su apoyo a Hezbolá.
Irán también mueve ficha. Es Hezbolá y no hay duda de que cada uno utiliza sus bazas como mejor le conviene. La crisis de Líbano ha rebajado la tensión internacional provocada por el programa nuclear iraní. La formación de un arco chiíta, desde Teherán a Líbano, pasando por Irak -donde Irán es un actor imprescindible- y por la minoría gobernante en Damasco constituiría un muro de rechazo a las teocracias sunitas de Oriente Medio, de las que poco pueden esperar los libaneses.
Los perdedores serán los de siempre. La retirada israelí de Cisjordania se pospone indefinidamente, lo que deja al partido Kadima sin la base de su programa electoral. La reocupación de Gaza y la destrucción de las infraestructuras palestinas han quedado fuera de cámara tras la intervención israelí en Líbano. La población civil de este país, que miraba con optimismo la recuperación económica y política (la denominada "primavera libanesa"), ve de nuevo frustradas sus esperanzas y teme que tras la destrucción se desencadene un nuevo conflicto interno como hace tres décadas. El proceso de paz está hecho añicos y no se ve cómo puede empezar de nuevo mientras Israel no acepte la realidad de un Gobierno que Hamás conquistó en las urnas. En todo caso, Ehud Olmert debería meditar por qué se produjo la victoria de Hamás: falta de horizonte político tras 40 años de ocupación; desencanto de unos Acuerdos de Oslo que se mostraron inviables y corrupción de una ANP que Tel Aviv se encargó de demonizar. Porque, en el fondo, todo es bastante simple: la ocupación de Gaza y Cisjordania es el cáncer que corroe el Próximo Oriente desde hace décadas y la seguridad de Israel está, cada vez más, indisolublemente ligada a la creación de un Estado palestino independiente y viable capaz de garantizar la paz en base a las fronteras de 1967.
Pero la situación internacional no es la misma que hace un cuarto de siglo. La ocupación de Irak, la situación en Gaza y Cisjordania, el conflicto permanente en Afganistán -donde las cosas van mucho peor de lo que se dice- y, ahora, el castigo de la población civil libanesa constituyen nuevos argumentos de legitimidad para los grupos vinculados al terrorismo internacional. Al mismo tiempo, como muestran las encuestas de opinión de The Pew Research Center de los últimos años, crece el sentimiento antioccidental en muchos países musulmanes, mientras gana simpatías Osama Bin Laden y Al Qaeda, reconvertida en un icono capaz de actuar mediante franquicias en cualquier parte del mundo. La vacilante y tardía respuesta internacional a la agresión que padece la población libanesa parece una imposición de Washington para dar tiempo a que Israel consiga sus objetivos, con el peligro de que el conflicto se internacionalice. Mañana será demasiado tarde para rectificar y, sin negar la responsabilidad de unos dirigentes árabes que utilizan la causa palestina para cubrir sus deficiencias democráticas y la brutalidad de sus regímenes, el sueño neoconservador de construir un Oriente Medio a la medida de sus intereses (y de Israel) nos conduce al borde del abismo. Tras la caída sólo queda el vacío o el apocalíptico escenario hobbesiano preconizado por Samuel P. Huntington en su "choque de civilizaciones". Sin duda, con nuestras reticencias y falta de decisión para saber comprender las dos caras del terror, habremos contribuido a crearlo.

 

 

Un misil israelí mata a 12 civiles libaneses que trataban de huir del sur del país

Sexto día de matanza de civiles en Líbano. El Ejército israelí insiste en que su objetivo es crear en el sur del país árabe una zona en la que no se puedan mover los milicianos de Hezbolá. Pero son personas ajenas a la guerra, que por decenas de miles huyen de las ciudades más próximas a la frontera, las que pagan con su vida. Al menos 12 murieron en un puente cerca de Tiro cuando viajaban en dos vehículos. Otras 41 personas, entre militares, que no guerrilleros chiíes, y civiles perecieron en más de 60 ataques aéreos a lo largo y ancho de un país sometido a una destrucción sin piedad.
Es difícil que unas Fuerzas Armadas que cuentan con la tecnología más avanzada cometan tantos errores. Abundan los que opinan que se trata de una táctica deliberada, entre ellos el primer ministro libanés, Fuad Siniora, que acusó a Israel de emplear métodos propios de terroristas. El Ejército israelí tiene claro su propósito. Establecer en el sur de Líbano un área "limpia" de milicianos. Soldados judíos se adentraron por la mañana en territorio libanés para destrozar las bases empleadas por los guerrilleros chiíes y se retiraron más tarde, según informó un portavoz militar. Sin embargo, esa limpieza conlleva efectos dramáticos que nada preocupan a los dirigentes políticos y militares del Estado judío.
Doce civiles perecieron, entre ellos una mujer y siete de sus familiares, en el puente de Rumeile, en las proximidades de Tiro, a pocos kilómetros de la frontera. Escapaban de la destrucción hacia Beirut, pero fueron aniquilados en el camino. Ni siquiera acatando lo que los mandos militares israelíes tildan de recomendación de huir del sur del país están a salvo los civiles.
Otras 10 personas murieron en Zaleh, en el centro de Líbano; seis más en un aparcamiento de camiones en Chim, al sur de Beirut, y nueve militares y seis civiles en un bombardeo en una base militar en la norteña Trípoli. Otra decena de personas murieron en distintos ataques. Rondan los 200 muertos libaneses desde el miércoles. Bien entrada la noche, la aviación israelí atacó el poblado libanés de Aitarún, al sur del país, matando a seis civiles, según informó la televisión de Hezbolá.
Es al Ejército libanés, cuyas instalaciones machaca la aviación judía, a quien el primer ministro de Israel, Ehud Olmert, se dirigió ayer desde el Parlamento de Jerusalén. Le instó a que se haga cargo del sur del país expulsando a Hezbolá de su baluarte. Y el dirigente judío añadió tres condiciones para acabar la bestial ofensiva: la devolución de los dos soldados capturados por Hezbolá el 12 de julio, la detención del lanzamiento de Katiushas, y el desarme de la milicia chií, tal como exige la resolución 1559 del Consejo de Seguridad de la ONU.
El puerto de Beirut, depósitos de gas, centrales eléctricas, de comunicaciones, cuarteles militares, carreteras, puentes... Nada queda a salvo de los bombardeos israelíes. Como sucede en Gaza, el Gobierno de Ehud Olmert, en lo que denomina "lucha contra el terrorismo", ha decidido arrasar Líbano. Al igual que en el territorio palestino, el castigo contra la población civil pretende ser una misiva sangrienta para que retiren su apoyo a Hezbolá y a Hamás. "Continuará hasta que entiendan el mensaje", comentaba días atrás un portavoz castrense. La mayoría de los expertos, por el contrario, opinan que lo único que se consigue es reforzar a estos movimientos fundamentalistas, suní el palestino, chií el libanés.

 (De la crónica del  J. M. Muñoz, corresponsal de El País, desde Haifa.
 
 

El terrorismo israelí, por el General de Artillería español Alberto Piris

Que en un día como hoy, que durante  más de 40 años se conmemoró como Día del Alzamiento nacional, cuando no fue sino la rebelión de unos generales facciosos con ayuda de tropas marroquíes y de los  obispos, religiosos y clérigos españoles, lo cualno deja de ser paradójico o esperpéntico (curas y moros, como ellos siempre les llaman)  un general de adrtillería del Ejército español escriba tan luminoso y valiente artículo El terrorismo israelí , nos puede ayudar para desengrasarnos de la basta propaganda que destilan  otros trabajos. Os lo brindo porque sé que a él, muy buen amigo mío, le encantará su difusuión:

"Recuérdese cómo comenzó, hace unas tres semanas, el último acto de la tragedia que viene asolando las tierras de Palestina durante varios sangrientos decenios. Miembros de la resistencia palestina —no olvidemos que están combatiendo la violenta y prolongada ocupación militar de su país— mataron a dos soldados israelíes y apresaron a un tercero. En respuesta, Israel bombardeó y destruyó las centrales eléctricas de Gaza, inutilizó los sistemas de alcantarillado y agua potable, arruinó puentes y carreteras, cerró “la franja” y aterrorizó al pueblo mediante las explosiones y las atronadoras pasadas sónicas, día y noche, de sus aviones de combate. En términos de derecho internacional, esto es un castigo colectivo infligido a la población civil, prohibido por los convenios de Ginebra. Hoy en Gaza se vive —y se muere— bajo el imperio del terror y en la miseria casi total, impuestos por Israel.
Entonces Europa miró hacia otra parte. Apenas hubo unas vagas declaraciones pidiendo moderación y expresando preocupación. Sólo el diario israelí Haaretz se atrevió a expresarse así: “No es legítimo privar de electricidad a 750.000 personas. Expulsar de sus casas a 20.000 y convertir sus ciudades en pueblos fantasma. No es legítimo secuestrar a medio Gobierno y a un cuarto del Parlamento. Un Estado que adopta esas medidas no se distingue en nada de una organización terrorista”. Ese terrorismo de Estado, perpetrado por Israel y denunciado en Haaretz, tiene hoy un objetivo claro: hacer imposible la vida del pueblo palestino en lo que siempre ha sido su tierra y forzar su emigración.
El Gobierno israelí se mofa de la comunidad internacional y menosprecia a Naciones Unidas, apoyado por EEUU, que recurrió a un ignominioso veto (¿recuerda el lector cuán acerbamente Washington recriminaba a la extinta URSS cuando ésta hacía lo mismo si la votación le era adversa?) para oponerse a una resolución del Consejo de Seguridad que pretendía condenar los ataques israelíes contra Gaza.
Aquella brutal, ilegal y desproporcionada respuesta militar reprodujo días después, como era de esperar, la habitual escalada, cuyo fin no se percibe al escribir estas líneas. Nuevos soldados israelíes apresados y muertos, ahora por Hezbollah —que entró en la lucha, también sin contemplaciones—, muchos más muertos palestinos, y agravamiento y extensión del conflicto al sufrido pueblo libanés, cuyo país es bloqueado y ferozmente atacado desde tierra, mar y aire, y que contribuye con más víctimas inocentes a esta nueva carnicería.
Súmese a esto una muy poco velada amenaza israelí a Siria y el recuerdo de que Irán también puede estar en el punto de mira de su agresividad. Como también era de esperar, el presidente Bush —cuya peligrosidad aumenta a medida que, en el ocaso de su mandato, puede sentirse inclinado a hacer algo sonado que le lleve a los libros de Historia— afirmó que Israel tiene derecho a defenderse. ¿No tiene Líbano también el mismo derecho? Y, sobre todo, ¿quién defiende al pueblo palestino, invadido, humillado y exterminado sistemáticamente durante largos años de incumplimiento israelí de las resoluciones de la ONU? ¿Se le deja solo el terrorismo como único recurso para alimentar su esperanza?
Si del lado israelí se escuchan voces valientes, como la antes citada, también se percibe irracionalidad. Mostrando su desprecio por el democrático triunfo electoral de Hamas, un ministro israelí, apoyando el secuestro de parlamentarios y miembros del Gobierno por el Ejército israelí, declaró: “Si desaparece el gobierno de Hamas, los palestinos tendrán que elegir a otro”. Además de desdén por la democracia, el ministro en cuestión mostraba poca perspicacia: ¿sería más favorable a Israel —es decir, más sumiso y pasivo— un Gobierno elegido bajo la presión armada de la ocupación israelí? Es más probable todo lo contrario. El precio que los palestinos están pagando en sangre, víctimas y resentimiento por las operaciones militares de estos días será el que produzca los nuevos y más peligrosos terroristas suicidas del futuro.
De nuevo conviene leer a Haaretz: “Hay que afirmar y reafirmar que Israel no tiene más opción, a largo plazo, que retirarse de los territorios [ocupados] y poner fin a la ocupación. Esto debería ser el propósito de cualquier táctica a utilizar en la actual crisis”. Nada indica que el Gobierno israelí avance por ese camino.
Frente a esa opinión se oyen en Israel otras voces que expresan aspiraciones muy distintas. De entre ellas no faltan las que sueñan con expulsar de su tierra a los palestinos, que habrían de emigrar definitivamente y sin retorno. Quedaría así una Palestina ideal, sin palestinos (y sin nombre, pues para ellos se trata de las bíblicas Judea, Samaria y Galilea), lo que recuerda a aquel falaz engaño del sionismo primitivo —“Una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra”— del que nació el grave problema que hoy afronta toda la humanidad. La ostensible deriva israelí hacia la aniquilación y desarticulación de la sociedad palestina tiene el marchamo de las más abominables limpiezas étnicas que ha contemplado la historia de la humanidad.
No es, pues, una aberración hablar de terrorismo israelí, cuando de terrorismos se trata. Difícil tesitura sería la de Bush, en su personal guerra universal contra el terror, si ante la contundencia de los hechos se viera forzado a reconocer que su principal aliado en la zona más crítica del mundo, en relación con el terrorismo, es considerado también terrorista por bastantes de sus propios ciudadanos. Aunque en la política de Washington sea larga tradición la de admitir la existencia de terroristas buenos —cuando sirven a sus designios— es difícil que el resto de la humanidad vaya a seguir aceptando a ojos cerrados tanta ficción, cuando ésta le trae guerra, muerte y desolación.

Alberto Piris, General de Artillería en la Reserva
Analista del Centro de Investigación para la Paz (FUHEM) 

Revisar los Acuerdos con el Estado Vaticano

En un interesante artículo del Historiador y Profesor Santos Juliá se aborda este tema: Denunciar  los  Acuerdos. EN EL Memorial y manifiesto contra los impuestos para la enseñanza de la religión, escrito por James Madison en 1785, figura un argumento que no ha perdido nada de su vigor y que debía suscitar alguna reflexión entre la ensoberbecida jerarquía de la Iglesia católica española. Dice allí Madison que apoyar con subvenciones a la religión cristiana representa una contradicción con la propia religión, "pues todas las páginas de su doctrina excluyen una dependencia de los poderes de este mundo". Más aún, unos creyentes convencidos de la verdad de su fe no tendrían por qué recurrir al Estado para subvencionar la enseñanza de su religión: si lo hacen es porque en el fondo son "demasiado conscientes de sus falacias como para confiar en sus propios méritos". Toda la experiencia atestigua -siempre según Madison- que los reconocimientos oficiales de las Iglesias, en lugar de mantener la pureza y eficacia de la religión, han operado convirtiéndola en causa de sangrientos conflictos.
Como banderas de la actitud levantisca adoptada por los obispos españoles, ocupan lugares de privilegio la financiación de su Iglesia por medio de impuestos estatales y la obligatoriedad de enseñanza de su religión en horario escolar, con efectos académicos equiparables a las materias curriculares. Conscientes los obispos de que, sostenida en las contribuciones voluntarias de sus fieles, perdería su Iglesia más de la mitad del poder del que suele hacer vana ostentación, exigen del Estado un incremento del porcentaje de IRPF que hasta ahora reciben. Y como la proverbial tacañería del feligrés español a la hora de rascarse el bolsillo para sufragar los gastos de su Iglesia no tiene remedio, los obispos quieren que papá Estado se ocupe. Si no lo hace en la medida deseada, "¡persecución!", clama la crecida grey de propagadores de falacias.
Por lo que respecta a la enseñanza de su religión, los obispos exigen mantener como catequistas (o sea, como personas susceptibles de ser destituidas según la libre voluntad episcopal) a los encargados del adoctrinamiento católico, mientras cargan sobre el Estado los salarios y el astronómico coste de las indemnizaciones por despidos improcedentes: más de 300 millones llevamos gastados los españoles en indemnizar a catequistas despedidos por sus obispos. La falacia episcopal consiste en considerar a estos docentes como catequistas, en lo que tienen de gentes que reciben de los obispos la venia para propagar el dogma y la moral católicas, mientras el Estado les paga religiosamente un sueldo y, en su caso, una indemnización, en cuanto profesores de una mal llamada asignatura de religión.
La buena doctrina exige que si alguien es catequista lo sea a todos los efectos: su fe, acendrada; su moral, intachable; su trabajo, voluntario. Así no habría obispo capaz de despedirlo. Si alguien, por el contrario, quiere ser profesor de religión tendría que pasar una oposición sobre un programa determinado por las autoridades competentes y enseñar su materia como un hecho que reviste diferentes características en distintos tiempos y culturas; sería miembro permanente de un claustro que para nada se entrometería en su vida privada y... ¡no habría más despidos por salir de copas, divorciarse o contraer segundo matrimonio, aunque fuera homosexual!
Todo esto es tan elemental como el transparente Memorial de Madison. Pero el Estado español ha caminado en dirección contraria: no sólo paga un salario a los catequistas católicos, tratándolos como empleados públicos, sino que ha firmado acuerdos con otras religiones para que todas tengan la oportunidad de propagar sus creencias en las escuelas. Pasable sería que esta propaganda de fe religiosa en espacios públicos se organizara fuera del horario escolar, en colegios abiertos una hora extra para que catequistas, pastores, rabinos o imanes transmitan sus doctrinas a quienes lo deseen; pero es un disparate que las creencias y morales religiosas se impartan en horario escolar, obligando además a quienes opten por no recibir ninguna a consumir un tiempo inútil.
Las religiones tienen como lugar propio de transmisión las respectivas comunidades de creyentes, que de ninguna manera pueden identificarse con la comunidad de ciudadanos. Si los acuerdos con la Santa Sede de 3 de enero de 1979 se esgrimen, como acostumbra el cardenal de Toledo y el portavoz de la Conferencia Episcopal -máximos expertos en argumentos falaces- para exigir que los colegios impartan dogma y moral católicos en horario escolar y en idénticas condiciones que las materias curriculares, entonces a un Estado no confesional no le queda más remedio que denunciarlos. James Madison estaría encantado de proporcionar a las autoridades públicas razones suficientes para demostrar que esos acuerdos chocan con la letra de la Constitución promulgada una semana antes.

Interesante artículo de Vargas Llosa sobre Israel y Palestina

Israel  y  los  matices

Illan Pappe, historiador revisionista israelí, procede de una familia de judíos alemanes de sólidas credenciales liberales, y él mismo fue educado dentro de esta corriente de pensamiento que defiende la sociedad abierta, el mercado, al individuo contra el Estado y opone al colectivismo -la definición del ciudadano por su pertenencia a una clase social, una raza, una cultura o una religión- la soberanía individual. Hace unos días le oí contar que, cuando empezó a tomar distancias contra el sionismo, doctrina que sustenta la creación y la naturaleza del Estado de Israel, pensó que su evolución política estaba dentro de la ortodoxia liberal y que cuestionar la ideología sionista era, además de otras cosas, dar una batalla contra el colectivismo. Pero no encontró en su país partido o movimiento político liberal donde encajaran sus ideas, pues la inmensa mayoría de los liberales israelíes eran sionistas. Esto lo fue acercando a quienes, por doctrina, eran sus naturales adversarios políticos, los comunistas, con quienes discrepaba en todo lo demás, pero coincidía en su posición crítica del sionismo. Y eso hace que desde entonces, se quejaba, los amantes de la simplificación y enemigos de los matices, lo cataloguen de "comunista".
La abolición de los matices facilita mucho las cosas a la hora de juzgar a un ser humano, analizar una situación política, un problema social, un hecho de cultura, y permite dar rienda suelta a las filias y a las fobias personales sin censuras y sin el menor remordimiento. Pero es, también, la mejor manera de reemplazar las ideas por los estereotipos, el conocimiento racional por la pasión y el instinto, y de malentender trágicamente el mundo en que vivimos. Hay ciertos conflictos que, por la violencia y los antagonismos que suscitan, conducen casi irresistiblemente a quienes los viven o siguen de cerca a liquidar los matices a fin de promover mejor sus tesis y, sobre todo, desbaratar las de sus adversarios.
Quiero ilustrar con un ejemplo personal lo que trato de decir. La Fundación Internacional para la Libertad organizó hace unos días, en Madrid, un encuentro entre intelectuales judíos y árabes, en el cual, en una de sus intervenciones, el periodista Gideon Levy, crítico severo del Gobierno de su país, dijo que él militaba contra la ocupación de Cisjordania porque no quería sentirse avergonzado de ser israelí. Yo, por mi parte, al clausurar el evento, parafraseando a Levy, dije que mis críticas a la política con los palestinos de los dos últimos gobiernos de ese país se debían a que tampoco quería sentirme avergonzado de ser amigo de Israel. Dos días después, el diario israelí Haaretz publicaba una crónica del propio Gideon Levy sobre el encuentro madrileño, bastante exacta, pero con un título que, al cambiar el matiz, me hacía decir algo que yo no había dicho: "Vargas Llosa tiene vergüenza de ser amigo de Israel".
El diario recibió 199 cartas de lectores israelíes indignados, que publicó en su blog. Las he ojeado con cierta estupefacción, pese a que ellas no hacen más que confirmar algo que, desde que empecé a pensar por mi propia cuenta en cuestiones políticas hace cuarenta años, ya sé de sobra: lo fácil que es tergiversar, caricaturizar o desacreditar a quien disiente, o parece disentir, de nuestras convicciones dogmáticas. Lo curioso es que casi todas las cartas me llaman "comunista", "ultra izquierdista", "castrista", "otro Saramago", "antisemita", y, una de ellas, la más imaginativa, se pregunta: "¿Qué se puede esperar de alguien que sube a los escenarios con la conocida actriz estalinista Aitana Sánchez Gijón y que escribe en EL PAÍS, el periódico más izquierdista de toda Europa?". Bueno, bueno. Mis vociferantes objetores no parecen sospechar siquiera que de lo que yo suelo ser acusado más bien, en España y en América Latina, es de neo-con, de ultra liberal, de pro americano y otras lindezas por el estilo por atacar a Fidel Castro, a Hugo Chávez y criticar con frecuencia el fariseísmo y el oportunismo de los intelectuales de izquierda.
En realidad, una de las cosas que soy, o, mejor dicho, trato de ser en la vida, es un leal amigo de Israel. Muchas veces he escrito que visitar ese país hace treinta y pico de años fue una de las experiencias más emocionantes que he tenido y que sigo creyendo que construir un país moderno, en medio del desierto, de lineamientos democráticos, con gentes provenientes de culturas, lenguas, costumbres tan distintas, y rodeado de enemigos, fue una gesta extraordinaria, de enorme idealis
mo y sacrificio, un modelo para los países como el mío, o los demás países latinoamericanos o africanos, que, con muchos más recursos que Israel, no consiguen todavía salir del subdesarrollo. Es verdad que Israel en el curso de su breve historia ha recibido mucha ayuda exterior. Pero ¿no la han recibido también muchos otros, que la han desaprovechado, derrochado o simplemente saqueado?
Para mí, el derecho a existir de Israel no se sustenta en la Biblia, ni en una historia que se interrumpió hace miles de años, sino en la gestación del Israel moderno por pioneros y refugiados que, luchando por la supervivencia, demostraron que no son las leyes de la historia las que hacen a los hombres, sino éstos, con su voluntad, su trabajo y sus sueños los que le marcan a aquélla unas pautas y una dirección. Ningún país existía allí, en esa miserable provincia del imperio otomano, cuando nació Israel, cuya existencia fue luego legitimada por las Naciones Unidas y el reconocimiento de la mayoría de países del mundo.
Ahora bien, para que Israel tenga un porvenir seguro y sea por fin un país "normal", aceptado por sus vecinos, debe encontrar un modo de coexistencia con los palestinos. Y contra esta coexistencia conspira esa ocupación de Cisjordania que se prolonga indefinidamente y que ha convertido a Israel en un país colonial, lo que ha crispado de manera indecible sus relaciones con los palestinos. Las condiciones en que éstos han vivido, en Gaza, y viven todavía dentro de los territorios ocupados, sobre todo en los campos de refugiados, son inaceptables, indignos de un país civilizado y democrático. Lo afirmo porque lo he visto con mis ojos. Los amigos de Israel tenemos la obligación de decirlo en alta voz y censurar a sus gobernantes por practicar en esos territorios una política de intimidación, de acoso y de asfixia que ofende las más elementales nociones de humanidad y de moral. Y, también, de condenar sus reacciones desproporcionadas a los actos terroristas, como la actual, que, a raíz del secuestro criminal de un soldado israelí por militantes palestinos, ha causado ya decenas de muertos civiles inocentes en Gaza y amenaza con resucitar la guerra con el Líbano.
Esto no significa, en modo alguno, justificar las acciones criminales de los terroristas de Hamás o la Jihad Islámica o de los otros grupúsculos armados que operan por la libre. Pero sí reconocer que detrás de estas acciones injustificables y crueles -las bombas de los suicidas, los ataques ciegos a la población civil, los secuestros, etcétera- hay un pueblo desesperado al que la desesperación empuja cada vez más a escuchar no la voz de los moderados y razonables sino la de los fanáticos y a creer, estúpidamente, que el fin del conflicto no está en la negociación sino en la punta del fusil o la mecha de la bomba.
La superioridad de Israel sobre sus enemigos en el Medio Oriente fue política y moral antes que la de sus cañones, sus aviones y su modernísimo Ejército. Pero, debido a su extraordinario poderío, algo que suele volver a los países arrogantes, la está perdiendo, y eso lleva a algunos de sus dirigentes, como creía Ariel Sharon, a pensar que la solución del conflicto con los palestinos puede ser un diktat, una fórmula unilateral impuesta por la fuerza. Eso es una ingenuidad que sólo prolongará indefinidamente el sufrimiento y la guerra en toda la región.
Mi amigo israelí David Mandel (¿o debo decir ahora ex amigo, ya que me he vendido a los palestinos?) me conmina en una carta abierta a que devuelva el premio Jerusalén que recibí en 1995. Se trata de un premio más bien simbólico, pero que a mí me llena de orgullo, y no voy a renunciar a él, porque, aunque David no pueda entenderlo, lo que yo hago y escribo sobre Israel no tiene otro objetivo que seguir siendo digno de esa hermosa distinción, que me fue concedida por mi compromiso con la democracia y la libertad. Para mí, mi adhesión a Israel es inseparable de aquel compromiso, como es el caso de tantos israelíes que, a la manera de Illan Pappe, Gideon Levy, Amira Hass o Meir Margalit, pero sin duda de manera más radical que yo, denuncian las políticas de su Gobierno con los palestinos y plantean alternativas.
Es verdad que ellos representan una minoría, ese matiz que los adoradores de verdades dogmáticas desprecian. Ni siquiera sé si yo estoy de acuerdo en todas las posiciones que ellos defienden. Probablemente, no. Creo, por ejemplo, que el sionismo tiene unas razones que no pueden descartarse de manera abstracta, prescindiendo de un contexto histórico preciso. Pero que ellos, y otros muchos como ellos, vayan contra la corriente y sean capaces de oponerse de manera tan resuelta a lo que les parecen políticas equivocadas, contraproducentes o brutales, y que puedan hacerlo sin ser perseguidos, encarcelados, o liquidados, como ocurriría -ay- entre casi todos los otros países de la región, es una de las realidades que todavía mantiene viva mi esperanza de que haya un cambio en Israel, y, otra vez, la negociación sea posible, y pueda llegarse a un acuerdo razonable que ponga fin a esa infinita hemorragia de dolor y de sangre.
El encuentro madrileño de judíos y árabes fue asimétrico, porque cerca de diez palestinos que habían aceptado nuestra invitación no pudieron venir, y porque algunos israelíes, como Amos Oz y David Grossman, cuyas voces queríamos escuchar, tampoco lo hicieron. Pero no fue inútil: una gota de agua en el desierto es mejor que ninguna. Hubo, por ejemplo, exposiciones magníficas y no del todo irreconciliables, de Shlomo Ben Ami y de Yasser Abed Rabbo, que participaron en las negociaciones de Camp David. Trataré de seguir convocando estos diálogos, invitando no sólo a quienes hablan por la mayoría, sino también por las pequeñas minorías, esos matices

Testimonios de periodistas e intelectuales de Israel en contra de esta locura

A pesar de su extensión, reproduzco el interesante artículo "La tragedia del pueblo palestino" del politólogo y profesor Sami Naïr, por no tenéis acceso al mismo: "Lo sabemos desde hace tiempo: es posible tratar de destruir un pueblo con la complicidad silenciosa del mundo entero. Ocurrió con el pueblo iraquí, sometido a un horrible embargo durante 12 años (1991-2003); hoy ésa podría ser la suerte reservada al pueblo palestino. En medio de un gran, de un espantoso silencio. Pero como la hipocresía humana no tiene límites, también sabemos que aquellos que hoy callan ante el crimen, mañana vendrán a darnos lecciones de derechos humanos y sobre el deber de la memoria. Ésta es la situación: delante de nuestros ojos, el pueblo palestino es aplastado bajo las bombas de una de las mayores potencias militares contemporáneas. Por tanto, los sucesivos gobiernos de Israel han ganado. No frente a los palestinos, ya que éstos siguen resistiendo, por desgracia utilizando en ocasiones unos medios dementes, sino frente a los gobiernos del mundo entero y frente a la opinión pública internacional. El actual primer ministro israelí Ehud Olmert, apoyado por el Partido Laborista, puede utilizar sus bombarderos para destruir ciudades, sus misiles para asesinar a dirigentes palestinos, sus soldados para matar a mujeres y niños en la calle, y sus bombas para extender la muerte en las playas palestinas. Y nadie reacciona. Sin duda se debe a que Israel viola desde hace tanto tiempo la ley internacional que ha conseguido agotar la indignación del mundo. Y todos saben que este país disfruta de la doble complicidad de Estados Unidos y de los regímenes árabes a su servicio. En Europa, ni una sola condena, ni una palabra, ni un suspiro, nada. Europa prefiere defender el derecho abstracto, la democracia abstracta, la justicia abstracta.
¿Cómo interpretar este silencio? Seguramente no se debe a una hostilidad de principio hacia la causa palestina. En Europa existe, independientemente de las preferencias respecto a tal o cual protagonista de este conflicto, un acuerdo sobre el reconocimiento mutuo y la existencia de dos Estados, uno israelí y otro palestino. Pero esta posición siempre ha sido rechazada por Israel (que no admite un Estado palestino) y ya no es consentida por los palestinos (Hamás no acepta oficialmente la declaración de reconocimiento de Israel por la OLP). Además, el principal actor del conflicto, Estados Unidos, que es el único que puede imponer a su aliado israelí una decisión de derecho internacional, se niega a hacerlo. Es tan sensible a los grupos de presión favorables a Israel en EE UU, que le interesa utilizar al Estado hebreo como policía de su estrategia en Oriente Próximo. Por último, la victoria de Hamás ha debilitado todavía más a Europa, ya que la ayuda que ésta le concede deberá ser gestionada a partir de ahora por un gobierno palestino que no comparte formalmente su posición de principio. Conclusión: Europa, que no existe como potencia política (no puede influir ni sobre EE UU, ni sobre Israel, ni sobre los palestinos), se ve reducida en este conflicto a un testimonio simbólico y moral. Pero lo aberrante de la situación actual es que incluso ha renunciado a desempeñar este papel. Se trata de un giro estratégico de suma importancia. ¿Significa que Europa comparte ahora la presuposición israelo-estadounidense de que la única estrategia que cuenta es la de la fuerza militar? ¿O quiere castigar al pueblo palestino por haber votado a Hamás? En ambos casos, es una estrategia arriesgada. Porque nunca habrá una solución exclusivamente militar a este conflicto, y los dirigentes de Hamás pueden aducir que no tienen ninguna lección de democracia que recibir de una Europa que no respeta el veredicto de la soberanía popular. Y, en efecto, Hamás ha sido elegido libremente y de acuerdo con todas las reglas de la democracia. Europa ha recusado de entrada esta decisión, exigiendo unas condiciones que se niega a plantear a Israel. Para mantener relaciones con Hamás, le exige que renuncie a la violencia y reconozca a Israel. Está bien. Pero, ¿por qué no plantea las mismas condiciones a Israel: que renuncie a la violencia de Estado y reconozca el derecho a la existencia de un Estado palestino en los territorios ocupados ilegalmente desde 1967? ¿Acaso no es el deseo de toda la comunidad internacional? Es el doble rasero.
¿Los regímenes árabes? En su mayoría, están ocupados en aplastar a sus pueblos. La prensa árabe, desde luego, está que rebosa de cólera y estos regímenes dejan que sus medios de comunicación calienten los ánimos, todavía más cínicamente porque se niegan a mover un dedo. ¿La opinión pública mundial? ¿Nosotros? La impotencia. Entonces, ¿qué queda? Lo peor: la espiral de la violencia ciega de los palestinos frente a la violencia racional, fría, industrial, de los militares israelíes. Porque se trata de lo siguiente: el actual Gobierno israelí ha decidido tomar como rehenes a todos los palestinos, después de que una banda de locos tomara como rehén a un soldado israelí. Todos los palestinos: mujeres, niños, ancianos y hombres. Es el principio de la responsabilidad colectiva, condenado tanto por el humanismo más elemental como por la Convención de Ginebra sobre las leyes de la guerra. Pero parece que en la época del derecho internacional hay potencias que están por encima de las demás: al parecer, ningún derecho humano, basado en la justicia, puede pretender perturbar sus intereses. EE UU en Irak e Israel en Palestina están por encima del derecho. Así, desde la victoria de Hamás, el Gobierno israelí se ha permitido pura y simplemente detener a ministros, funcionarios, a personas cuya culpabilidad es el único en determinar. Y actúa todavía con más facilidad porque la victoria de Hamás ha perturbado totalmente los puntos de referencia. Sin embargo, este movimiento fue ayudado en secreto por Israel a comienzos de los años ochenta, para debilitar al Al Fatah laico y convertir la guerra israelo-palestina en una guerra de religión. La derecha y la extrema derecha israelíes, entonces en el poder, y los islamistas palestinos, apoyados por el imán Jomeini, se aprovecharon de ello. Porque tanto los unos como los otros tienen una visión mutuamente integrista de este conflicto. Por ello, 20 años después -después de que Sharon, ayudado por la falta de visión estratégica de Arafat, destruyera los Acuerdos de Oslo- Israel y los islamistas se han convertido en los principales protagonistas del conflicto. El Gobierno israelí y EE UU han establecido que el "islamismo" es una amenaza para el mundo. Tomar como rehén a un pueblo que ha votado a un partido islamista se convierte en algo legítimo. Así pues, la trampa se ha cerrado sobre los palestinos. Están solos. Y en el mundo, este crimen ha sido perpetrado a la sombra de un ambiente festivo: el fútbol es lo que interesa a la gente.
Ésa es la realidad de nuestro tiempo. Sin embargo, nos queda un consuelo: quienes han realizado la crítica más honesta contra el comportamiento del Gobierno israelí son algunos grandes medios de comunicación israelíes. El Yediot Aharonot se subleva ante la destrucción de las infraestructuras (centrales eléctricas, canalizaciones de agua, infraestructuras); el periódico Haaretz acusa al Gobierno de haber "perdido la razón" y, en su editorial del 6 de julio, escribía: "El encanto de la retórica de la seguridad, una vez más, cautiva el corazón de la opinión pública, pese a que esta fórmula, utilizada durante los 40 años que dura la ocupación, ha fracasado totalmente. En estos momentos, hay que decir y repetir que, a la larga, a Israel no le queda más opción que retirarse de los territorios y poner fin a la ocupación.
Y terminar con la ocupación debería ser el objetivo al que debería conducir toda táctica utilizada en la crisis actual". Al día siguiente, el Gobierno israelí recordaba que no cambiaría de táctica. Poco importa, porque las dudas de la opinión pública bien informada en Israel son una verdadera llamada de socorro. ¡Si los gobiernos del mundo fuesen tan valientes como estos editorialistas israelíes! ¿Quién ayudará a los palestinos e israelíes a salir de este ciclo infernal? ¿Qué coalición de potencias dirá que en este conflicto infinito la paz debe ser impuesta por una Conferencia Internacional con todos los protagonistas implicados? ¿Quién tendrá la virtud de reafirmar la fuerza del derecho y el respeto a la vida de los civiles, palestinos e israelíes? Nos habría gustado que fuese Europa, porque encarna una idea de civilización de la que nos gustaría sentirnos orgullosos. Nos habría gustado, aunque ella calle de una forma tan bochornosa".

GENOCIDIO DEL PUEBLO PALESTINO A MANOS DEL EJERCITO DE ISRAEL

Así escribió Andrés Ortega sobre el genocidio del pueblo palestino a manos de los militares de Israel:  Devastadora  "Lluvia  de  verano"  "La entrada masiva del Ejército israelí en Gaza, en la Operación Lluvia de Verano (¿quién diablos elige estos nombres?), ha puesto de manifiesto el fracaso de la retirada unilateral impuesta por Sharon. Contra la desconexión unilateral, que con tanta alegría apoyó la comunidad internacional pues no había otra cosa, alertaron desde posiciones y razones opuestas el ex ministro laborista Shlomo Ben Ami y el ex primer ministro derechista Netanyahu. Pensar que Israel podía desconectarse era ilusorio. Divorcio antes que paz, Israel pretendía forzar a los palestinos a aceptar un Estado demediado o nada, y forzar sus contradicciones. Pero tras la retirada el pasado otoño, la frustración ha crecido en una Gaza prácticamente en estado de sitio -de forma absoluta con la reinvasión-; desde la franja se han disparado decenas de cohetes caseros contra Israel matando a civiles, los palestinos se han radicalizado, lo que se tradujo en la victoria de Hamás, Israel ha proseguido con sus asesinatos selectivos, pero con crecientes daños colaterales, muertes no buscadas. El primer ministro israelí, Ehud Olmert, ordenó la reinvasión de Gaza en principio en busca de un cabo capturado por Hamás tras una inusitada incursión en suelo israelí dirigida contra militares. Su captura tocó una fibra muy sensible de la opinión pública israelí que veía cómo sus fuerzas armadas habían perdido capacidad de persuasión y de disuasión. La captura se convirtió en secuestro, contrario a las convenciones que protegen a los prisioneros de guerra y prohíbe usarlos como rehenes, en este caso para exigir la liberación de un millar de presos palestinos en cárceles israelíes. También la destrucción por Israel de puentes, carreteras, edificios, del aeropuerto (que ya estaba destrozado), de centrales eléctricas en Gaza y otros "objetos indispensables para la supervivencia de la población" que un Estado ocupante, como lo es Israel en los territorios palestinos, no debe tocar.  Una de las razones de la retirada unilateral de Gaza (y de la planteada por Olmert para una parte de Cisjordania) era hacer ver que estaba frente a una apariencia de Estado que se podía atacar desde fuera. No ha sido así, e Israel ha tenido que volver a Gaza, lanzando además un aviso a Damasco que no parece dirigido sólo contra Siria, sino contra todo el mundo árabe para que no se meta en esto. Éste no es un conflicto que pueda aislarse. Las imágenes de los destrozos de la Lluvia de Verano han vuelto e recorrer el mundo árabe y musulmán, sembrando más odio.  La operación recuerda a la forma en que Israel invadió el sur de Líbano en 1982, sembrando también la destrucción, y de donde tuvo que retirarse en 2000 presionado por una opinión pública que no aguantó las muertes en vano de sus jóvenes. Esta vez, ante Gaza, Olmert y su Gobierno se han visto obligados a intervenir, lo que ha puesto al Ejecutivo en manos del Ejército, algo que no pasaba hace tiempo. La política israelí puede radicalizarse y esfumarse el sueño de gobernar Israel desde un nuevo centro.  La detención de decenas de parlamentarios y varios ministros es un paso más que provocado que refuerza a Hamás cuando el Gobierno del grupo terrorista e integrista estaba perdiendo popularidad. Une a los palestinos y a un Hamás que estaban divididos. El acercamiento entre Al Fatah, el partido del presidente Abu Mazen, y una parte de Hamás sobre la base del llamado documento de los presos (que cuenta con el apoyo de Maruán Barguti, el verdadero líder carismático de Al Fatah desde la cárcel) y que se puede interpretar como un reconocimiento implícito de Israel, abonaba también la posibilidad de un Gobierno de tecnócratas con el que el resto del mundo pudiera tratar. "

Y así escribió el relator de la ONU sobre los derechos humanos en los territorios ocupados, John Dugard, criticó ayer a EE UU, la UE, Rusia y las propias Naciones Unidas por ignorar el sinfín de violaciones que comete Israel, entre ellas, el uso de bombas sónicas, que causan graves daños a los niños y castigan a la población civil. "La conducta de Israel es moralmente indefendible, viola las normas más elementales del derecho humanitario", dijo. La actividad militar israelí prosigue sin pausa. La artillería bombardeó todo el día de ayer la zona norte de Gaza, y cazabombarderos F-16, tras dos días sin estruendo, volvieron a romper la barrera del sonido provocando las bombas sónicas, una práctica que acarrea severos daños psicológicos a los niños y graves trastornos a las mujeres embarazadas.
El Ejército israelí ha disparado en los 10 últimos días miles de proyectiles sobre la franja de Gaza. Es dueño absoluto del espacio aéreo. En tierra, los milicianos palestinos se mueven con dificultad. El brazo armado de Hamás lanzó un cohete sobre la ciudad israelí de Ashkelon el martes. El Gobierno de Ehud Olmert fue contundente: "Las reglas de juego deben cambiar" para golpear a Hamás y a "las instituciones palestinas en Gaza y Cisjordania".
La aviación israelí lanzó un misil pasado el mediodía en la capital de la franja y calcinó a dos supuestos milicianos -en Jericó (Cisjordania) mataron a tiros a otro activista, y ya son 12 desde que fuera capturado, el 25 de junio, el cabo israelí Gilad Shalit-. Una escuela fue destrozada y la Universidad Islámica fue objetivo de los misiles por segunda vez. El Ministerio del Interior en Gaza, ya atacado la semana pasada, quedó destrozado durante la madrugada, al igual que las viviendas adyacentes, varios de cuyos vecinos fueron heridos. En la tarde de ayer, otro cohete de Hamás alcanzó Ashkelon.
"Se adoptarán medidas muy serias. Existe una amplia operación que continuará", dijo el ministro israelí Isaac Herzog. No hay respuesta de los dirigentes políticos palestinos, que se hallan en la clandestinidad en un territorio en estado calamitoso tras el bombardeo de la única central eléctrica y de decenas de carreteras. La guerra contra Hamás no tiene vuelta atrás. Lo saben los médicos que ayer, en un hospital de Beit Lahia, en el extremo norte de la franja, aseguraban: "Si comienzan a llegar entre 10 y 15 heridos al día tenemos sueros, antibióticos y anestesia para una semana". Están seguros de que no tardarán en atender a milicianos malheridos.
Pero los palestinos, que desdeñan las amenazas, no creen que haya cambio a peor en las reglas de juego, tal como advirtió el Gobierno israelí. Están convencidos de que la captura del soldado judío es un pretexto al que se acoge el Ejecutivo israelí para justificar sus operaciones militares. La mayoría aguarda una grave escalada militar; el asesinato de sus dirigentes e incluso la vuelta atrás que supondría la división de Gaza, con los militares israelíes impidiendo la circulación dentro de la franja. Nada nuevo.
ESTE   ES  UN  GENOCIDIO  QUE  CLAMA  AL  CIELO  ¿DÓNDE ESTÁN  LAS  VOCES  DE PROTESTA  DE  LA UNION EUROPEA Y  DEL RESTO DE DEMOCRACIAS  DEL MUNDO? ¿DÓNDE ESTÁ LA CONDENA DEL GOBIERNO ESPAÑOL? Nesemu


El Embajador exagera y engaña

Esta Carta al Director del El País, del embajador de Israel, Victor Harel, es un insulto a la inteligencia, a la libertad de opinión y a la tolerancia que exigen para ellos, pero que niegan a los demás. Se han apropiado del concepto de holocausto como si sólo ellos lo hubieran padecido en la historia ¿Y la masacre de kurdos y de armenios, de pueblos indígenas de América, de africanos en toda Africa a manos de los misioneros intolerantes de las religiones reveladas, y hoy del pueblo palestino  por parte de los israelíes masacrado, explotado, enviado al exilio por millones, cercado, asfixiado y víctima de continuos asesinatos selectivos? ¿Esto no es un genocidio y un auténtico holocausto? ¿Y se atreve usted a calificar de antisemitas a quienes no comulguen con la política y la ideología de los gobernantes del Estado de Israel?  ¿Habrá alguine más xenófovo y excluyente que quine pretende ser "el pueblo escogido de Dios"? ¿De qué Dios, señor embajador?  Ustedes siembran vientos y recogerán tempestades que no quisiéramos ver nunca más, pero ustedes provocan, insultan, agreden, controlan y se han copnriotuido en un lobby descomunal pero en un país libre como España usted n o puede descalificar a El Roto porque lo súnicos rotos y destrozados en Oriente Medio son los palestinos, y no pocos árabes gracias a las gestiones del al amás derechista que gobierna el estadio de Israel. Ojo, no se apropien también de concepto de semitismo pues tanto como a ustedes conviene a los árabes y a otros pueblos. Se diría que viven obsesionados por la venganza y así como han estrujado al Estado alemán actual en nombre d eun Estado de Israel que no existía en tiempo de las atrocidades nazis, no crean que van a hacer culpables de susproblemas al resto d elospueblos que anhelan vivir en paz y con libertad, con justicia y sosiego y lo más alejados de ideologías como la que le anima. Nesemu        Banalización del Holocausto "La viñeta de El Roto publicada ayer en EL PAÍS establece una comparación insostenible y moralmente injustificable entre el Holocausto y los acontecimientos que están teniendo lugar actualmente en Gaza.
Precisamente, una de las "líneas rojas" más nítidas a partir de la cual la crítica, toda crítica, se convierte de legítima en antisemitismo es el establecer paralelismos insostenibles entre Holocausto y otras situaciones.
Hacer comparaciones a la ligera del Holocausto -singular por seis millones de razones- es una forma odiosa y lamentable de banalizarlo. La caricatura debería provocar indignación y repulsa a todos aquellos con una mínima sensibilidad por los horrores de la Shoá y unos mínimos conocimientos sobre su magnitud y características monstruosas, así como a quienes mantienen una actitud ecuánime ante las circunstancias del conflicto entre Israel y los palestinos." Victor Harel

Dejémonos de "ayudar" a los países del Sur y exijamos un comercio justo

 Las negociaciones en el seno de la Ronda Doha de la Organización Mundial de Comercio (OMC) han vuelto a fracasar. Más de medio centenar de ministros han sido incapaces de encontrar el consenso suficiente sobre tres puntos esenciales para el avance en la liberalización comercial. La Unión Europea debía reducir de forma significativa los aranceles que pesan sobre las importaciones agrícolas; EE UU, hacer lo propio con los subsidios a sus productores de esos mismos productos; y de los países menos desarrollados, representados por el Grupo de los Veinte, se esperaba que abrieran más sus mercados a las manufacturas y bienes industriales. Como se temía, en los dos primeros puntos no ha sido posible el avance. Ahora deberá ser el director de la OMC, Pascal Lamy, quien, antes de agosto, intente salvar la propia ronda.
La extensión del comercio, el aumento de los intercambios y, muy especialmente, del número de países que los realizan es una de las condiciones necesarias para el desarrollo. Todos asumen una premisa tal, pero en su concreción afloran las resistencias de grupos de interés. Los agricultores de los países más avanzados, de forma particular, son capaces de bloquear la generación de bienestar para segmentos mucho más amplios de población, incluidos los de sus propios países.
Instituciones como la OCDE o el Banco Mundial han divulgado estudios que demuestran el muy favorable impacto sobre el bienestar global derivado del desmantelamiento de esas protecciones. Dificultar el acceso a los mercados agrícolas nacionales de los países ricos o subvencionar a los productores domésticos impide que los menos desarrollados, mucho más dependientes de las exportaciones agrícolas, encuentren oportunidades de crecimiento, al tiempo que penalizan a los consumidores. A pesar de que nadie gana a medio plazo, los gobiernos parecen entregados a defender los intereses a corto plazo de unos pocos.
La posición de la Unión Europea no es precisamente ejemplar. A las mayores concesiones de EE UU no acompaña una disposición similar comunitaria, presa de las presiones políticas de pequeños grupos de agricultores. La incapacidad para alcanzar un consenso, antes de que expire el periodo de que dispone el presidente de EE UU para aprobar acuerdos de este tipo sin necesidad de someterlos al Congreso de su país (fast track), puede desembocar en un peligroso escenario, propiciador de la extensión del proteccionismo, y de esa inestabilidad geopolítica que le ha acompañado a lo largo de la historia. La OMC es la más importante herramienta de gestión del proceso de globalización. Es necesario fortalecerla.

¿Por qué el soldado israelí fue "secuestrado" y los diputados palestinos y ministros "detenidos"? Los que nunca serán liberados son los palestinos asesinados selectivamente por militares de Israellt

La ofensiva israelí por tierra, mar y aire que machaca diariamente Gaza tras la captura de un cabo israelí el pasado 25 de junio -y que el primer ministro Olmert ordenó ayer intensificar- no puede considerarse como un medio lícito ni proporcionado para obtener la liberación del soldado. El objetivo israelí, pese a afirmar que no se busca una crisis humanitaria, parece más bien la destrucción material de la Autoridad Palestina, de sus líderes y de sus ya escasos medios materiales. Sólo eso explica el bombardeo de una central eléctrica, de una escuela, de la oficina del primer ministro -el líder de Hamás, Ismael Haniye- y, en general, de objetivos básicamente civiles. Entre ellos están la mitad del Gabinete y la veintena de legisladores palestinos detenidos.¿por queé no decimos secuestrados?
Esa devastación por tiempos es una espiral que reclama más y más violencia. Así, Hamás y el Gobierno israelí rechazaban ayer, con una coincidencia que no les honra, la tentativa egipcia de mediación. El Cairo propone la liberación del militar capturado, Gilad Shalit, a cambio de la de un número indeterminado de presos palestinos en las cárceles de Israel. Hamás reclama, en cambio, la libertad de 1.200 presos -en primer lugar, las mujeres y menores de edad- e ignora la iniciativa egipcia precisamente por su inconcreción. Y su brazo armado advertía ayer a Israel de que si no cesa en su ofensiva atacaría también objetivos civiles en territorio del ocupante; como si eso no hubiera sido ya moneda corriente de su acción terrorista, al menos hasta que declaró la tregua en febrero de 2005, que había venido cumpliendo con bastante rigor hasta el secuestro.
El soldado debe ser liberado; Israel debe cesar no ya en su ofensiva, sino en el permanente hostigamiento, bajo el argumento perverso de los asesinatos selectivos, con el que diezma las filas palestinas; el Gobierno de Haniye, tras cinco decepcionantes meses en el poder, debe mostrarse dispuesto al reconocimiento mutuo con Israel, así como renunciar al terrorismo; y, finalmente, el Estado judío debe iniciar negociaciones con la Autoridad Palestina -sin excluir al Gobierno de Hamás- para una retirada libremente pactada bajo supervisión internacional de los territorios ocupados, que permita la creación de un Estado palestino. Todo ello es hoy utopía, pero casi nadie ignora que ése es el único camino hacia la paz.

Filantropía, sí; peror prefiero una auténtica justicia social

Las dos mayores fortunas del mundo, Bill Gates y Warren Buffett, comparten algo más que abultados patrimonios. Este último acaba de anunciar la cesión de gran parte de su riqueza personal, equivalente a unos 24.000 millones de euros, a la fundación del creador de Microsoft y su esposa. Tras esta operación, la Fundación Gates dispondrá de más de 48.000 millones de euros. Una cantidad enorme, pero que resulta necesario poner en perspectiva: la cifra equivale, más o menos, a lo que EE UU asigna anualmente a la ayuda a los países menos desarrollados. En todo caso, se trata de un patrimonio muy superior al de las demás fundaciones americanas o europeas.
Además de ser los más sobresalientes exponentes del capitalismo americanoambos empresarios coinciden en la defensa de posiciones no muy habitales en quienes han conseguido amasar fortunas tan espectaculares. Se oponen radicalmente a la exención tributaria sobre las herencias, son decididos partidarios de la meritocracia y, desde luego, confían en las posibilidades de la filantropía. Están convencidos de la estrecha relación entre la innovación, la capacidad para asumir riesgos y la igualdad de oportunidades. También asumen como principales propósitos la reducción de la pobreza, la lucha contra las enfermedades, el apoyo a la planificación familiar en el Tercer Mundo, la defensa del aborto o la oposición a la proliferación del armamento nuclear. Los medios de la fundación y su espíritu permitirán invertir en innovación para combatir los males que se proponen.
La decisión de Buffett alimenta una ya larga tradición estadounidense, que parte de la idea de que el que recibe de la sociedad tiene la obligación moral de devolverle algo.
Estas acciones compensan en cierta medida las insuficiencias del gasto público en el presupuesto federal, ya que las estimaciones sitúan en más de 250.000 millones de dólares lo que ciudadanos e instituciones donan anualmente en Estados Unidos bajo el concepto genérico de filantropía y obras de caridad. Es difícil entender los avances científicos y educativos, así como las redes de asistencia social en aquel país, sin contemplar el papel de esos ejercicios de generosidad individual".                        Sigo sospechando de esta filantropía y de un modelo de sociedad y de desarrollo que permite la formación de semejantes fortunas. Aquí no caben la lógica ni las matemáticas en asbtracto, pues no sólo los sueños de la razón producen monstruos sino que nunca será justo un sistema en el que un hombre pueda llegar a ser tan rico que pueda comprar a otro hombre; ni que permita que exita un hombre, familia o nación qe san tan pobres que tengan que venderse a otros hombres para sobrevivir. Nesemu

Solidaridad con los enfermos necesitados que sólo implica buena voluntad

 Parece como si siempre tuviéramos que recoger noticias negativas, desastres y desgracias. Mª José Atiénzar ha recogido en este artículo Puente Solidario con el Sur una hermosa y eficaz actividad que llevó la salud, el alivio del sufrimiento y mediios a médicos y sanitarios a centenares de miles de personas. Fue necesaria la ayuda de muchos voluntarios que empleaban dos o tres horas a la semana para realizar el milagro de la justicia. Porque podremos si creemos que podemos.  todo esNesemu

Los puentes sirven para comunicar las orillas. Y cuando una de las orillas es rica y en la otra hay necesidades sin cubrir, ese puente solidario se hace imprescindible.
Esperanza, la jefe de enfermeras del hospital materno infantil Mauricio Abdalah de Chinandega (Nicaragua) recuerda: “He tenido durante mucho tiempo ayuda del Puente Solidario y cada vez que abría las cajas con los remedios para las madres sin recursos lloraba de emoción. Los voluntarios sabían que teníamos hasta tres madres por cama dando a luz cada día. Por eso, un día les pedimos sábanas. Y cuando llegó el huracán Mitch, salvamos centenares de vidas con aquél millar de sábanas que nos enviaron, pues tuvimos que hacer con ellas vendas para los quemados y afectados por el deslave del volcán”.
Como en Nicaragua, otros tantos puentes se trazaron con Cuba, Camerún, Colombia, Ecuador, Costa de Marfil o Perú. Durante más de diez años, la organización humanitaria Solidarios para el Desarrollo ha estado enviando medicamentos a los centros médicos más pobres de treinta países de América y África.
La idea surgió al visitar los hospitales donde excelentes profesionales, médicos y enfermeras carecen de recursos suficientes para los tratamientos de los pacientes. La compra de medicamentos suele estar lejos de las posibilidades no solo de los enfermos sino de los propios centros sanitarios. En los países más desarrollados sin embargo, tenemos nuestros armarios y botiquines familiares con cajas de medicamentos que no se empezaron o que quedaron a medias al concluir un tratamiento. Esos restos, además de ser un riesgo en las casas donde hay niños, que pueden ingerirlos en un descuido, son comprimidos y pastillas que acaban caducando y en la mayoría de los casos terminan en las basuras contaminando el medioambiente.
Una parte de los medicamentos a clasificar procedían de estas donaciones de particulares o de centros médicos, ambulatorios y farmacias de toda España. Solidarios recogió durante una década toneladas de medicamentos y con un equipo de más de cien voluntarios de diversas disciplinas, especialmente farmacéuticos y personal sanitario, los adecuaban a las estrictas normas de la Dirección General de Farmacias. Los medicamentos que tenían menos de un año de caducidad se enviaron para ser destruidos ecológicamente como residuos a través del Plan Verde de la Universidad Complutense.
Aquellos miles de kilos de medicamentos salvados de la destrucción sirvieron para que los enfermos más pobres del mundo pudieran remediar una fiebre, un proceso infeccioso y quién sabe cuantas vidas laten por ello desde entonces.
Con los cambios en las normativas de la Organización Mundial de la Salud, este tipo de donaciones se fue descartando para dar paso al envío de los llamados medicamentos genéricos. Las industrias farmacéuticas producen en cantidades grandes las medicinas de uso más común, antibióticos, analgésicos, antipiréticos, etc. Esas presentaciones “sin marca” y envasadas en grandes frascos resultan mucho más económicas, rentables y asequibles  para los hospitales. Las organizaciones solidarias que hacían los procesos de recuperación antes descritos, tuvieron que adaptarse.
Aquellos voluntarios también se reciclaron. Ahora se ocupan de otras tareas, como clasificar libros para el envío de bibliotecas a las escuelas de magisterio con menos recursos, o visitar a los ancianos que viven solos en sus casas; algunos enseñan español a los inmigrantes  y otros participan en talleres de pintura con los presos.
Los Centros de Medicina Preventiva que Solidarios desarrolló en más doce países del África Subsahariana son otro de los programas dedicados a cuidar la salud de los universitarios africanos. Se trataba de crear en el campus un pequeño ambulatorio donde realizar las consultas médicas y la pequeña cirugía, un laboratorio para análisis y una pequeña farmacia. Se pusieron en marcha y no sin dificultades, pero ahora son los propios doctores africanos, los profesores de las facultades de medicina locales los que se ocupan de que la población estudiantil concluya sus estudios sin verlos interrumpidos por alguna enfermedad.
La solidaridad extiende puentes, con imaginación, con generosidad. La gran familia humana, siempre aquejada por las necesidades de sus miembros menos favorecidos, ha de encontrar formas de compartir los recursos, es cuestión de justicia.

 

 

 

Otro asesinato selectivo sobre una casa en una aldea

El líder de Al Qaeda en Irak, el jordano Abú Musab Al Zarqaui, murió anoche durante un bombardeo estadounidense al noreste de Bagdad, según ha confirmado el primer ministro iraquí, Nouri al Maliki. El terrorista estaba considerado como "el enemigo número uno de Estados Unidos en Irak". El Pentágono, que ha difundido fotos del cadáver, le considera responsable de captar a los terroristas extranjeros que se inmolan en Irak.
En rueda de prensa en Bagdad, Al Maliki ha explicado que la muerte de Al Zarqaui se produjo a las 18.15 hora local (16.15 hora peninsular española) de ayer en un ataque aéreo contra la aldea de Hibib, cerca de Baquba, capital de la provincia suní de Diyala, al noreste de Bagdad. Siete de sus ayudantes perdieron la vida con él. "Hoy, Al Zaraqui ha sido eliminado", ha afirmado Al Maliki, lo que ha suscitado un fuerte aplauso en la sala. "Su muerte ayudará al Gobierno iraquí a acabar con la campaña terrorista", ha añadido, rodeado del embajador de EE UU en Irak, Zalmay Jalilzadeh, y el comandante en jefe de las tropas de EE UU en ese país, George Cassey. Jalilzadeh ha declarado que es una victoria en la guerra contra el terrorismo...En esta compareciencia, un portavoz de EE UU ha precisado que "aviones F-16 fijaron el lugar (donde se encontraba Al Zarqaui) y lanzaron una bomba de 500 libras (227 kilogramos) sobre el lugar. Después comprobaron si había acertado en el blanco y lanzaron otra bomba".
Ahora falta saber cuantos civiles murieron en esa casa y en esa aldea. Desde luego, el escenario para anunciarlo es de pelicula.Todo en el mejor estilo israeli de los asesinatos selectivos. Pero algo falla. Permanezcamos atentos.

Nesemu

Es posible eliminar el analfabetismo en el mundo

La revista FUSIÓN publica este reportaje de Marta Iglesias que da que pensar. Sobre todo cuando el Informe del PNUD 1998 sostenía que con 40.000 $ anuales durante diez años se podrían atender las prioridades mundiales:                           Gasto anual en dólares, para cubrir:
-Enseñanza Básica para todos: 6.000 millones $
-Salud reproductiva para todas las mujeres:12.000 millones $
-Salud y nutrición básicas:13.000 millones $
-Agua y saneamiento para todos: 9.000 millones $
Gasto anual en dólares, que se producen en consumo:
-Cosméticos en Estados Unidos 8.000 millones $
-Helados en Europa 11.000 millones $
-Perfumes en Europa y EE.UU. 12.000 millones $
-Alimentos de mascotas Europa y EE.UU 17.000 millones $
-Cigarrillos en Europa 50.000 millones $
-Bebidas alcohólicas en Europa 105.000 millones $
-Drogas estupefacientes 400.000 millones $
-Gasto militar en el mundo 780.000 millones $
(Esto fue en 1998, ahora sólo en gasto militar se superado el BILLON de dólares y en dinero del mercado negro drogas y armas los 800.000 $ al año) Nesemu                                                                                                                            "El mercado de la eterna juventud"
El dinero que actualmente el primer mundo invierte en cremas, tratamientos de belleza, gimnasios y cirugía estética, permitiría reducir significativamente hambre y enfermedades. Mientras que los estadounidenses son los que gastan más dinero en este concepto, España tiene el dudoso honor de ser el primer país de la UE en operaciones de cirugía estética. La belleza se ha convertido en un objeto de consumo al alcance de todos, que nos promete juventud de por vida.
En cualquier revista de las consideradas femeninas, pero también en suplementos dominicales y en la sección de belleza de los semanarios de política es posible encontrar reportajes dedicados a las nuevas cremas del mercado. A través de ellos el gran público sabe que la crema por la que sienten debilidad las famosas cuesta 210€, o cuál es la antiarrugas más conocida del mundo por su eficacia y su asequible precio de 12€. Todos los sectores sociales se han rendido al llamado mercado de la eterna juventud, a la lucha contra la arruga, e invierten lo que pueden en ello. De hecho, hay estudios que afirman que entre los ciudadanos de EE.UU. y Europa se gastan al año 20.000 millones de dólares en la compra de cosméticos, cantidad con la que se podría alfabetizar tres veces la población del planeta.
Uno se pregunta por qué esa obsesión por combatir la arruga. Elena Gismero, Doctora en Psicología de la Universidad Pontificia Comillas de Madrid, asegura que "hay una presión social importantísima hacia dos cosas: la delgadez y la juventud. Parece que tener arrugas o signos de envejecimiento es un problema". La necesidad de una piel sin arrugas, firme, sin manchas, con poros cerrados y sin granos ha ido más allá que las simples cremas, las limpiezas de cutis y los tratamientos que practica la esteticista. Según un informe de la Sociedad Internacional de Cirugía Plástica y Estética (ISAPS), el bótox es el tratamiento más demandado del mundo. No entra en la categoría de cirugía porque no es una operación, sino que mediante un pinchazo se inyecta bajo la piel del cliente una ínfima dosis de la toxina botulínica tipo A. Este líquido paralizante es un veneno que actúa localmente, bloqueando los impulsos nerviosos que controlan los movimientos musculares. Así, la frente no se arrugará aunque reciba la orden de fruncir el ceño, dando la apariencia de piel sin arrugas... A muchos quizás les produzca perplejidad que haya personas que se gasten cada seis meses unos 400€ para evitar las arrugas, inyectándose una toxina purificada que en estado natural es uno de los venenos más potentes y mortíferos que existen en la naturaleza. Pero estudios sociales aseguran que cada vez se asume mejor el que uno mejore su cuerpo sea como sea, y de hecho las cifras económicas les dan la razón. "La actitud social está cambiando de forma muy rápida hacia tolerar, admitir y tomar como normal lo que antes ni siquiera era aceptable -afirma Gismero-. Hace quince años se consideraba que la cirugía estética era algo sólo para las actrices, sin embargo hoy cualquiera piensa en la posibilidad de pasar por un quirófano pidiendo un préstamo. Es algo admitido socialmente y casi valorado. Mientras que antes se veía como una banalidad, ahora entra incluso en los planes de los más jóvenes, apoyados por sus padres".
Los psicólogos se ponen de acuerdo al afirmar que la cirugía estética es positiva cuando su utilización puntual y menor soluciona un problema de autoestima de la persona. Podría ser el caso de una quemadura, una cicatriz producida por un accidente, unas orejas de soplillo... Sin embargo la más común de las operaciones estéticas en el mercado español es la liposucción, un remodelado de la silueta mediante la lipoaspiración de la grasa corporal no deseada. Le sigue en la lista el implante de prótesis mamarias, y luego la remodelación de la nariz, la eliminación de ojeras y el retoque de párpados; la reducción de mamas, la corrección de las orejas de soplillo y los miniliftins. Este gusto por la cirugía estética se importó desde Norteamérica, y ha logrado convertir la belleza en objeto de consumo cotidiano.
Según la Asociación Española de Cirugía Estética, en 2001 los españoles gastamos en estas intervenciones 900 millones de euros. En 2004 unos 350.000 españoles se hicieron la cirugía estética, gastándose más de mil millones de euros anuales, y convirtiendo a España en el país de la Unión Europea donde se realizan más operaciones de este tipo. Estas crecen aquí a un ritmo anual de un 15%, materializándose gracias a la labor de los 800 cirujanos plásticos que trabajan en nuestro país...
El gran negocio que supone la cirugía estética hace que muchos profesionales les operen sin un estudio psicológico previo, debido al dinero fácil que producen. Para la doctora Gismero, el origen de este mercado de la belleza es la insatisfacción personal: "Sentirse bien con uno mismo es fundamental, para lo que puede ayudar la estética cuando hay un problema real. Pero la búsqueda y la persecución obsesiva de un cuerpo perfecto o joven avoca a estar infeliz e insatisfecho. Entonces partiendo de esos niveles de insatisfacción es natural que se cree todo ese mercado, y esas imágenes que nos venden a su vez crean más insatisfacción, con lo cual se convierte en la pescadilla que se muerde la cola. Mientras se mantenga el nivel de insatisfacción hay mercado asegurado". La paradoja es que muchas personas desean parecerse a iconos sociales que a su vez también han operado alguna parte de su cuerpo, con lo cual se sigue un modelo creado de belleza irreal. Los medios de comunicación entran en ese juego publicando fotos de esas personas retocadas, falseadas o mejoradas, que alimentan los deseos de imitación de muchos.
En 2004 unos 350.000 españoles se hicieron la cirugía estética, gastándose más de mil millones de euros anuales, y convirtiendo a España en el país de la UE donde se realizan más operaciones de este tipo.
Elena Gismero nos da una definición de belleza sobre la que merece la pena reflexionar: "La belleza no es como una foto fija, sino que está formada de muchas cosas. El bienestar con uno no se refleja solamente en el físico sino también en la forma de hablar, en la seguridad, los movimientos corporales, los gestos, la expresividad... Eso forma parte del encanto y el atractivo de una persona. No es malo cuidar la estética, pero no es lo único de lo que nos deberíamos ocupar. Hay dimensiones más profundas en nosotros para cuidar". Mientras, millones de euros engrosan las cuentas de médicos y multinacionales".
Marta Iglesias

¿Quién manda en Palestina ?

 Causa un profundo rubor leer esto los periódicos:   "Estamos dispuestos a perder millones de dólares, pero no a poner en riesgo nuestras relaciones con bancos de Estados Unidos y a afrontar sanciones internacionales", comentó un directivo bancario que participó en las negociaciones entre 22 entidades de crédito. Por la tarde comenzaban los empleados públicos a retirar de los cajeros sus fondos.El acorralado Gobierno de Hamás disfrutó ayer de un ligero respiro. Varios bancos palestinos concederán créditos personales sin interés para pagar los salarios de 40.000 de los 160.000 funcionarios palestinos que no cobran sus sueldos desde marzo. Intentan así sortear la amenaza de sanciones de EE UU, que castigará a las entidades que mantengan contactos con el Ejecutivo islamista.
Se trata de un alivio menor: sólo podrán retirar fondos los empleados públicos cuyo salario no supere los 1.500 shequels (250 euros). Después de que varias milicias amenazaran por la mañana a los bancos en una declaración conjunta, un consorcio de 22 entidades anunció que comenzaría a pagar los sueldos de una cuarta parte de los funcionarios y con límites en la cuantía. Hallaron una fórmula que permite evitar los contactos directos con el Ejecutivo dirigido por el islamista Ismail Haniya.

 

El blanqueo de dinero en España

El valor del patrimonio decomisado en las operaciones policiales contra el blanqueo de capitales realizadas en los últimos 12 meses supera los 4.000 millones de euros, una cifra que es 100 veces superior a la registrada en el año 2000. Estas actuaciones han puesto de manifiesto ante la opinión pública la enorme fortuna que acompaña a los delincuentes de guante blanco y la corrupción que generan las redes de ocultación de dinero. Sin embargo, detrás de estas operaciones está el pulso que mantienen Interior y Hacienda por hacerse con la competencia de la policía fiscal. España es el país de Europa con más factores de riesgo en la lucha contra el lavado de dinero.
El duelo entre ambos ministerios por el control de una policía fiscal se está resolviendo a favor de Interior, que ha unificado y reforzado sus unidades de investigación en materia de delitos económicos y ha protagonizado las operaciones más espectaculares. España es el país de Europa más atractivo para el capital sucio, según los expertos. Hay síntomas que desvelan la magnitud del problema. Uno de ellos, es la proliferación de billetes de 500 euros en nuestro suelo: ya casi uno de cada tres en circulación en toda la UE.
A la vista de estos síntomas, no es extraño que el Gobierno español se salve con apuros del suspenso en el examen al que está siendo sometido por el Grupo de Acción Financiera (Gafi), un organismo intergubernamental que promueve medidas contra el lavado de dinero. España "ha tenido dificultades para aprobar la mitad de las 49 recomendaciones del Gafi". "En 11 de ellas estaba suspendida y ha logrado evitar esa nota tras muchas reuniones". Todo apunta a que el Gafi señalará que en España hay un exceso de organismos y comisiones encargadas de la lucha contra el fraude y que están poco coordinados. El Gafi será especialmente crítico con el Banco de España, a quien animará para multiplicar el número de comunicaciones sospechosas y mejorar su relación con el Sepblac (Servicio Ejecutivo de Prevención del Blanqueo de Capitales). La opinión pública española ha asistido atónita en el último año a un carrusel de operaciones policiales que han llevado a la superficie a una nueva saga de profesionales de guante blanco y gustos caprichosos que ayudan a retratar una faceta hasta ahora poco conocida: el blanqueo de dinero.
Juan Antonio Roca, un ingeniero de minas convertido por azares del destino en gerente de urbanismo de Marbella, tenía un valioso Miró en el cuarto de baño, un tigre en el jardín y una cuadra de pura sangre en su finca favorita. Roca coleccionaba carruajes antiguos, se hizo edificar una capilla decorada con tallas de la Edad Media y, entre sus cientos de posesiones inmobiliarias valoradas en más de 2.000 millones de euros, poseía tres palacetes en las calles más caras de Madrid.
El abogado Fernando del Valle tenía otros gustos no menos valiosos: disfrutaba viajando en sus propios aviones, coleccionaba coches antiguos y contrataba exclusivamente personal femenino en sus empresas. Naturalmente, las sociedades que gestionaba tenían en su haber más de 200 inmuebles en la costa. El valor de los bienes incautados superaba los 600 millones.
Francisco Guijarro, un discreto empresario que se dedicaba a la compra y venta de sellos, tenía una discoteca en su chalet de La Moraleja, en Madrid, junto a algunas obras de arte. En este caso, su gusto por el coleccionismo era más prosaico: guardaba una bolsa con 12 millones de euros en billetes de 500 en un falso tabique.
¿Qué hay detrás de estas espectaculares operaciones sobrevenidas en tan breve tiempo? La Comisaría General de Policía Judicial ha agrupado bajo una misma unidad a todas las brigadas de investigación en delitos fiscales, económicos, monetarios y tecnológicos, con más de 170 policías especializados. En algunos casos, como la sección de blanqueo de capitales, ha triplicado los efectivos, de 10 a 30.
Los resultados han sido espectaculares y, en el intervalo entre la Semana Santa de 2005 (operación Ballena Blanca) y la de 2006 (Malaya), la policía ha incautado bienes y dinero por un valor que ronda los 4.800 millones de euros, una cifra que multiplica por 100 lo obtenido en el año 2000, según datos de Interior.
Hasta que la policía no llamó al timbre de su puerta, determinados personajes pudieron disfrutar de sus fortunas sin que las autoridades fiscales hubieran actuado eficazmente contra sus patrimonios, ocultos bajo una maraña de sociedades. En algunos de estos casos, Hacienda había detectado irregularidades pero no había pasado a la acción, un hecho que despierta críticas entre los mandos policiales: "¿Por qué, cuando Hacienda entiende que hay indicios de delito, no acude inmediatamente a la policía?", se pregunta un mando policial.
La investigación del blanqueo de dinero es una actividad relativamente joven en España, caracterizada por la dispersión de unidades y la ausencia de una coordinación efectiva entre las fuerzas de seguridad y la Agencia Tributaria, o lo que es lo mismo, entre Interior y Hacienda, salvo en todo lo que afecta a los casos de narcotráfico.
La incapacidad de Hacienda para combatir adecuadamente el blanqueo de dinero ha sido denunciada por sus propios funcionarios. "Aquí pasa algo que en el resto de países no sucede", dice José María Peláez, presidente de la asociación de inspectores de Hacienda. "Tenemos la administración más avanzada del mundo para vigilar al pequeño contribuyente", termina Peláez. "Sin embargo, en control del fraude estamos en la Edad Media". (dos en Sevilla y una en Málaga) que la forman cinco subinspectores y tres inspectores, de tal forma que la Agencia Tributaria sólo dedica dos subinspectores a la investigación judicial de los casos Ballena Blanca y Malaya. "¿Cuánto tiempo les va a llevar a estos dos subinspectores analizar la documentación incautada para esclarecer estas tramas?", se pregunta Mollinedo. Este dato contrasta con los cerca de 100 funcionarios policiales dedicados a la investigación de ambos casos.
Hacienda no permite que los técnicos inspeccionen empresas que facturen más de 1,8 millones de euros y sólo destina a esa labor a los inspectores (un colectivo de 1.500 miembros de los que la mitad ocupan cargos de confianza). Es decir que, según la relación de puestos de trabajo, hay ocho inspectores en Málaga para analizar 2.048 sociedades que facturan entre 1,8 y seis millones de euros. La asociación Gestha ha solicitado al ministerio a que habilite a los más de 2.000 subinspectores actuales para colaborar en estas labores de inspección. A estas reivindicaciones se unen los funcionarios de Vigilancia Aduanera, que han solicitado intervenir activamente en los trabajos de inspección.
La policía considera que este esfuerzo es insuficiente y reclama más competencias para Interior: tener acceso directo a las bases de datos de la Agencia Tributaria. La disputa por la hegemonía en la policía fiscal sigue su curso.
Según las últimas estadísticas oficiales, en la Unión Europea circulan actualmente un total de 341 millones de billetes de 500 euros, de los cuales ya casi la tercera parte (28,45%) se manejan en nuestro país.
La policía tiene conocimiento de que existe un mercado negro por el cual se paga con un 3% de comisión el cambio de billetes pequeños a billetes de 500. "Ese dinero no siempre se queda en España", dice una fuente policial, "pero a veces vuelve vestido de apariencia legal".

¿Qué pintan nuestros soldados en Afganistán? Una sangría de dinero

" En poco más de dos semanas han muerto violentamente en Afganistán casi 400 personas, una cifra no muy lejana de la sufrida por Irak en parecido periodo de tiempo. Tampoco los procedimientos difieren demasiado. La última escaramuza grave -una docena de víctimas y más de un centenar de heridos- ocurrió a comienzos de semana en Kabul, después de que un camión militar estadounidense averiado arrollase a varios automóviles y matase a cinco afganos. Días antes, una operación de la aviación de EE UU en el sur del país mató a una treintena de inocentes.
La explosión de ira que ha convertido Kabul en un reciente escenario de guerrilla, incluidos asaltos y saqueos a sedes de organizaciones humanitarias, no se explica sólo por un grave accidente de tráfico. Refleja un creciente y peligroso sentido de frustración con los resultados de la ya dilatada presencia armada estadounidense, con un gobierno, el del presidente Karzai, nepotista y de dudosa eficacia, y hasta con una ayuda internacional mediatizada por los donantes y a cuyos representantes muchos afganos consideran privilegiados marcianos en un país cuya capital tiene luz eléctrica ocasionalmente y donde el agua potable es un lujo.
Afganistán no ha dejado de ser un país en guerra. El poder talibán, nunca extinguido, rebrota alarmantemente más de cuatro años después, y sería ingenuo creer en la espontaneidad inocente de los acontecimientos en escenario tan degradado. Pero el incremento de la lucha armada, la repetición y la gravedad de los desencuentros entre la población y el Ejército estadounidense -liberador, pero también invasor- y el clima de imparable rechazo que aquéllos provocan son factores todos ellos que sirven inmejorablemente los objetivos de los fanáticos islamistas. Como cualquier otra guerrilla, los talibanes intentan extender la percepción de que los dirigentes afganos y las fuerzas extranjeras que los apoyan son incapaces de proteger a la gente y garantizar su seguridad. De ahí a que se evapore la autoridad y la credibilidad de Karzai y de EE UU hay un paso.
La gravedad de la situación exige a Bush y sus aliados replantear métodos y estrategias para seguir conservando el amenazado control del crucial país centroasiático, vecino de Irán en el arco explosivo que abarca desde Irak hasta Pakistán. Afganistán necesita un mayor esfuerzo en seguridad y reconstrucción por parte de las potencias occidentales, es decir más tropas y más dinero. De ahí que sea una mala noticia, en este sentido, el anuncio estadounidense de que retirará 4.000 de sus soldados tan pronto como la OTAN haya completado su despliegue hasta llegar a 15.000 de los suyos en los próximos dos meses.
(Editorial El País)