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J. C. García Fajardo

Lecturas

Agentes del FBI detallan el trato denigrante a presos en Guantánamo

Ante confesión de parte no hay prueba en contrario. ¿Harían falta más pruebas para incriminar a un Gobierno que conculca con semejantes evidencias el derecho internacional ? Nesemu
Un documento desclasificado en EE UU refleja las agresiones sufridas por los detenidos
A algunos detenidos se les golpeaba contra el suelo, otros eran encadenados en posición fetal y sometidos a altas o bajas temperaturas; algunos eran supuestamente "bautizados" al cristianismo, amenazados con ser devorados por perros de presa o envueltos en banderas de Israel. Un informe del FBI detalla estas "técnicas de interrogación" presenciadas por sus agentes en la base militar estadounidense de Guantánamo. El FBI está presente, pero no participa en los interrogatorios que llevan a cabo agentes de la CIA y de los servicios de inteligencia del Pentágono.
La American Civil Liberties Union (ACLU), la principal organización de defensa de los derechos civiles en EE UU, ha recibido un informe del FBI con el testimonio de los agentes que han presenciado interrogatorios en la base de Guantánamo. El documento había sido requerido en el marco de una demanda contra el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, y otros altos cargos del Pentágono y el Gobierno; la ACLU encabeza un proceso judicial por supuestas torturas en nombre de muchos de los detenidos en Guantánamo.
El FBI redactó el informe hace algo más de dos años, tras tomar declaración a 493 agentes que presenciaron interrogatorios en la base militar, en la que hay permanentemente enviados de la agencia para compartir la información que supuestamente se obtiene de los detenidos.
Al menos 26 de los agentes relataron un "maltrato agresivo" a los detenidos en los interrogatorios, aunque el FBI insiste en que sus agentes sólo presenciaron, pero no participaron en las sesiones. Los documentos, disponibles en la página web del FBI (http://foia.fbi.gov/foiaindex /guantanamo.htm) detallan, entre otros, los siguientes episodios:
- Detenidos encadenados en posición fetal sin comida ni agua; muchos de ellos orinaban y defecaban en esa posición, en la que permanecían más de 24 horas. A veces, el aire acondicionado se ponía tan bajo que los detenidos temblaban de frío; en otras, se ponía tan alto que parecían desmayarse. Un detenido tenía un montón de pelo a su lado: se lo había arrancado durante la noche. Otras veces, se les ponía música rap a todo volumen.
- Los interrogadores ponían pastores alemanes junto a los detenidos; ladraban y enseñaban sus dientes.
- Alguien le dijo a un agente: "Tienes que ver esto". En una sala, un detenido con larga barba tenía la cabeza completamente tapada con cinta adhesiva gruesa. El agente no sabe cómo le despegaron luego la cinta. Se la habían puesto porque no dejaba de recitar el Corán.
- A los detenidos se les impedía dormir con música a todo volumen y luces estroboscópicas. Un interrogador dijo que ese método "rompía" a los detenidos en cuatro días.
- Uno de los interrogadores presumía de haberse vestido de sacerdote católico y haber bautizado a algunos detenidos.
- Se rumoreaba que una mujer que participaba en los interrogatorios obligó a un detenido a vestirse de mujer y realizó bailes sensuales sobre él.
- Una de las interrogadoras se quitó la blusa y restregó sus pechos contra un detenido encadenado de pies y manos, manoseó sus genitales y restregó una compresa manchada de sangre sobre su cara.
- Un agente oyó un ruido fuerte y vio a un detenido en el suelo sangrando por la nariz. Los interrogadores dijeron que el detenido "se había tirado" contra el suelo.
- Un agente vio a un detenido encerrado en una habitación, encadenado y envuelto en una bandera de Israel mientras era sometido a música a todo volumen y luces cegadoras."

 

Deseo al Presidente del Brasil, Lula, los mayores éxitos y desde aquí seguiremos sus pasos

El Lula más serio
  
El presidente reelecto de Brasil, Luiz Inazio Lula da Silva, tomó posesión el primer día de 2007 de su segundo mandato
en una ceremonia sobria y serena que nada tuvo que ver con la que le acompañó en 2003. Entonces, en presencia de más de medio millón de seguidores fuera del Congreso y numerosos mandatarios de todo el mundo dentro, el primer presidente brasileño de origen obrero y sindical llegó al cargo con el verbo encendido y derroche de emoción. El Lula que asume ahora la presidencia, tras otra arrolladora victoria electoral, es muy distinto. Éste ya histórico líder del mayor país de Latinoamérica ha aprendido mucho. A costa de dolor, disgustos y mucha decepción, ahora es un Lula más serio.
Brasil es por dimensión, población, recursos y potencial uno de los grandes tigres del siglo XXI que ha de liberarse de muchos lastres, entre los que están en preferencia la pobreza endémica y la inseguridad. Dijo Lula en su toma de posesión que además de su verbo preferido de "cambiar" referido a Brasil quiere conjugar cada vez más y mejor los de "acelerar", "crecer" e "incluir". El presidente de Brasil pudo ser arrastrado por la marea de la corrupción que ahoga a las democracias en el subcontinente: antes lo hacían las dictaduras militares suprimiéndola directamente. Pero ha resistido, incluso, a las amenazas dentro de su partido (PT) y ha recibido un nuevo y rotundo mandato popular que ahora lo capacita para lanzar este nuevo mensaje a la mayor democracia latinoamericana: ha de crecer para ser más justa y ser más justa para crecer bien. Brasil ha crecido un 2,6% de media anual en el último cuatrienio, muy lejos de las grandes economías emergentes como China e India.
Lula no quiere hacerle la guerra al mundo desarrollado o a estas nuevas zonas, sino competir con ellas. Frente a los populismos bolivarianos que difunden mensajes de dirigismo mesiánico e ideológico, Lula formuló en su toma de posesión la frase mágica que debiera resonar en toda Latinoamérica: "La educación de calidad será la prioridad de mi Gobierno". Mayor formación, seguridad, legalidad y libertad hacia una mayor prosperidad con mayor justicia. Éste es el lema que se desprende de una agenda muy difícil. Pero nadie como él estuvo nunca en Brasil en condiciones de situarla tan alto entre las expectativas de su pueblo.

Me parece una interpretación vil, indigna y alucinada, propia de un enajenado

Francisco José Alcaraz, presidente de la Asociación de Víctimas del Terrorismo, entrevistado por Por Miguel Pato:
«Esto es un paréntesis que tanto ETA como el Gobierno han ideado para retomar el proceso»
Asegura que la ruptura del Gobierno con ETA se trata de una ruptura del diálogo no del proceso. El presidente de la Asociación de Víctimas del Terrorismo, en esta entrevista concedida a Periodista Digital, explica que la situación actual (o sea, la  interrupción de  la  búsqueda de que la  banda criminal abandone el terrorismo a causa del  atentado criminal  de ETA) representa “un paréntesis para anestesiar a la sociedad”. 
¿Llega tarde la ruptura del diálogo?
Pienso que se ha roto el diálogo pero no se ha roto el proceso. Pienso que esto es un paréntesis que tanto ETA como el Gobierno han ideado para retomar el proceso en una situación mucho más cómoda para ambos.
¿Ese paréntesis durará hasta ver qué pasa con las próximas citas electorales?
Este paréntesis busca anestesiar la sociedad española y, especialmente, a la Navarra de cara a un proceso electoral para que el PSOE pueda conseguir el poder en esta Comunidad Autónoma. Así, podrán pagar el precio político que exige la banda terrorista ETA. Pienso que es un plan maquiavélico por lo que, vamos a vivir unos meses complejos en tanto que todo responde a una gran mentira que van escenificar la banda terrorista y el Gobierno."

Esto  ya es más que una locura, roza el delito por la calumnia que supone. No vale todo, ni en política ni en ética ni en justicia. ¿Cómo extrañarnos de las pancartas, de los gritos e imprecaciones de algunos manifestantes que tratan de reventar cualquier manifestación de los ciudadanos en contra del terrorismo y en favor de la paz? Hay quienes no entienden más que el ojo por ojo y el exterminio del enemigo sin cuartel ni posibilidad de buscar una salida a tanto crimen y despropósito. En todo enfrentamiento, por terrible que sea, tiene que haber espacio y oportunidad para el diálogo. Es falso que , como acaba de sostener en Radio Nacional, el portavoz de los Obispos, Martínez Camino, sea "inmoral el diálogo con una banda terrorista". La ética sostiene que la búsqueda de la justicia que traerá la paz y evitar muertes inocentes, es una prioridad que supera los términos del lenguaje. Al menos, en la ética de Jesús ante los enemigos, es exactamente lo contrario a lo que sostienen estas gentes dominadas por una ideología tan excluyente como la de sus antagonistas. ¿Qué significa perdonar no una sino setenta veces siete? O "pon la otra mejilla? Y mil citas y ejemplos más en la vida del modelo que dicen seguir y en nombre del cual se atreven a pontificar. Salir al encuentro, establecer puentes, buscar intermediarios, ¿recordáis la parábola del buen samaratinao? ¿Recordáis la actitud del sacerdote y la del escriba del Templo criticados por Jesús? ¿Recordáis el impresionante diálogo con la samaritana, con la cual un judio y mucho meno  un rabino y un propfeta no podían hablar sin contaminarse, y así se lo dijeron sus discípulos? Estos nuevas escribas y sacerdotes volverían a ser calificados por Jesús como "sepulcros blanqueados" que ven la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio. ¿Y todavía no comprenden por qué tantas personas abandonen sus filas, huyan de sus celebraciones, abandonan sus seminarios, pasan por alto sus prescripciones morales en materia sexual, cuando ven los miles de sacerdotes pederastas condenados por sentencias firmes? Se escandalizan de sus pretensiones de controlar la educación... de los niños, de estar exentos de impuestos en diversos rubros como las transmisiones, las donaciones y sus negocios, y de gozar de privilegios inconstitucionales? Pero esa es la pretendida moral "católica" que subyace en muchas actitudes radicales, fanáticas e insolidarias, por inhumanas. Cada vez que habla ese dirigente de la AVT  me cuesta creer que sea auténticamente representativo. Pero más me duele que sea instrumentalizado por los obispos, algunos sectores del PP y la emisora propiedad de la Conferencia Episcopal. Algo no va bien, algo no casa. De ahí el desconcierto de tanta gente, y la comprensible pero muy peligrosa huida en un "¿y a mí qué?, yo paso" No podemos pasar porque nos arrollarán, sobre todo a los más débiles e indefensos. Si los dejamos, todavía pretenderán anatematizarnos. Ya veis lo que sucede con quienes pretenden utilizar su legítimo derecho a darse de baja en las filas y estadísticas en las que fundan su pretensiones. ¡Es más difícil que darse de baja en Telefónica! Cuando, para apuntarnos y enrolarnos no pusieron ninguna dificultad ni caución. Santa Rita rita rita...  lo que se da no se quita. Pero millones de esos niños bautizados sin su consentimiento (hubo una larga época en la Historia en que no se podía bautizar mas que a adultos convencidos y probados... porque ya no tenían otra posibilidad de ser perdonados, y entonces se inventaron el rentabilísimo instrumento de la confesión auricular sobre la cual Jesús no dijo ni una palabra) hoy no están de acuerdo con sus pretensiones, por anacrónicas, desarraigadas y difícilmente coherentes con el mensaje y la vida del carpintero de Nazareth.

Ejecución indigna y rápida para que nos desvelase todo lo que EEUU le apoyó en sus actuaciones más siniestras.

Me parece interesante esta reflexión del analista de internacional M.A.Bastenier "A hierro mata":     
Por una vez la conseja popular no tiene razón. Quien a hierro mata no tiene por qué morir de igual manera, aunque, a título personal, no haya motivo para lamentar una u otra muerte. La ejecución del presidente derrocado de Irak, Sadam Husein, sólo es una venganza legal. El director del Programa de Justicia Internacional del Human Rights Watch, Richard Dicker, dice en un informe sobre el proceso que "la prueba del compromiso de un Gobierno con los derechos humanos es la forma en que trata a sus peores enemigos". De acuerdo con esa declaración, el Gabinete de Bagdad resulta calamitosamente suspendido. Pero ni siquiera la oposición a la pena capital, generalizada en Europa y desamparada en Estados Unidos, explica plenamente por qué la muerte del tirano es inaceptable.
El juicio carecía de elementales garantías para la defensa, hasta el punto de que afirmar que ha sido la Justicia iraquí la que ha dictado el castigo bordea la farsa. Washington es quien ha decidido unilateralmente sobre el bien y el mal, como ya hizo al invadir Irak en marzo de 2003. Sadam Husein no ha muerto por sus pecados, que eran muchos, sino para completar una obra que se pretende legitimadora de la guerra norteamericana.
El juicio se ha celebrado bajo la ocupación de un ejército extranjero, y que no se diga que es el mismo caso de Alemania en 1945, porque en Nuremberg había un tribunal internacional, la defensa hizo todo lo que pudo, y, en especial, la opinión alemana por lo que estaba preocupda era por comer, mientras que en Irak el ciudadano, con la excepción de la minoría kurda, desea que se retire cuanto antes el contingente anglosajón; el Gobierno iraquí no se ha molestado en proporcionar a los abogados defensores ni un atisbo de seguridad, con lo que tres de ellos han sido asesinados durante el proceso; y, de remate, Bagdad ha impedido que declararan testigos clave, ocultado material a los defensores, y obrado con una prisa muy significativa en la revisión de la sentencia, para que el ex dictador permaneciera el menor tiempo posible en exposición en el corredor de la muerte, y, especialmente, para que no tuviera que pasar por otros siete procesos, en los cuales surgiera información inconveniente sobre los años en que Washington apoyaba al matón iraquí contra el Irán de los ayatolas.
Pero la actuación de mayor peso ha sido la de los servicios, jurídicos y de información, de Estados Unidos que han trabajado sin descanso para que la condena fuera expeditiva y urgente. Abogados norteamericanos, entre bastidores, han recogido la información, preparado los argumentos condenatorios, y, en general, escrito el dramático guión de una máxima pena anunciada.
Pero la muerte de Sadam Husein deslegitima, a contrapelo de lo que pretende Washington, allí donde más duele, la opinión trasnacional musulmana. El único país del mundo árabe donde ha sido minoritaria, pero no insignificante, la repulsa popular por el ajusticiamiento es Irak. El 20 o 25% de kurdos iraquíes, casi hasta el último secesionista, han celebrado el fin de su atormentador; una gran mayoría de la mitad, puede que larga, de la población chií del país ha hecho lo propio con quien gobernó criminal y discriminatoriamente contra esa familia del Islam. Y sólo el sunismo restante ha llorado al que ya eleva a mártir. Pero en el resto del mundo árabe, suní en más del 90% de efectivos, el cruel mandatario ha sido visto, por añadidura, como el único gobernante árabe que ha osado enfrentarse a Israel; en la anterior guerra del Golfo, 1991, con el lanzamiento de 39 Scud sobre el Estado sionista, y la recompensa pública de 25.000 dólares a las familias de los terroristas suicidas de Hamás en Palestina. No todo el mundo juzga el terror con arreglo a la misma óptica.
Cada paso que da Estados Unidos en esa parte del mundo está marcado por una grave desviación del sentido común y de un básico conocimiento de la misma. La ley del Talión valía, posiblemente, en los tiempos de un Jehová cejijunto y de cólera bíblica, pero no conviene en este tiempo posterior a casi toda certidumbre. Sólo los que propugnan el choque de civilizaciones rescatan y acatan determinadas e implacables leyes del Antiguo Testamento."

Más sabia es esta  sentencia "El  traidor  no  es  menester  siendo  la  traición  pasada"

No perder el equilibro porque toda desmesura es vana

Me parece equilibrada esta reflexión del analista Jospe Ramoneda: Regreso al pasado. Nesemu

"1. Decía David Trimble que un proceso negociado de fin de la violencia sólo es posible si las partes están convencidas de que no conseguirán ninguno de sus objetivos por la vía militar. El atentado del pasado sábado confirma que esta condición no se cumple en el caso vasco: ETA sigue pensando que puede obtener resultados de la violencia. Que el terrorismo es un arma eficaz para doblegar las voluntades de los demócratas. Y mientras ETA piense así, no hay salida. Toda tregua acabará siendo una tregua trampa: una pausa para rearmarse, renovar el personal y volver a empezar. Por eso, el Gobierno sólo tiene una respuesta posible al bombazo de la T-4: trabajar con las fuerzas de seguridad francesas y dar un golpe policial a la cúpula de la organización terrorista. Esta tregua ha terminado: o el Gobierno se equivocó de interlocutores o éstos le engañaron; en cualquier caso, no hay posibilidad de retomar ahora el hilo de los seis confusos meses que han seguido a la declaración del Parlamento. Muy probablemente ETA intente ahora jugar a la confusión, negando que el atentado de Madrid suponga la ruptura de la tregua. Sería muy peligroso que el Gobierno cayera en esta trampa. Hizo bien Zapatero en hablar de suspensión de los contactos y no de ruptura de la tregua. Es ETA la que tiene que declarar la ruptura porque sólo ella es responsable del fracaso. Pero la única manera de convertir su cautela en firmeza es una acción policial y judicial inmediata. Seguir flirteando con nuevos señuelos de la banda terrorista sería extremadamente arriesgado. ETA está tan anclada en el pasado que sigue creyendo en la utilidad política de la violencia. Y esto imposibilita cualquier acuerdo.
Zapatero da ya por liquidado el proceso de final dialogado del terrorismo tras el atentado de ETA
2. El atentado del sábado tiene la virtud de la claridad: es ETA la que ha roto la tregua. Sobre ella recae toda la responsabilidad. Y, por si alguien lo dudaba, una vez más se confirma que en estas organizaciones el mando es el comando. Como dice Kepa Aulestia, las treguas de ETA las declara la dirección política y las rompe el aparato militar. Es también definitivamente clarificador para Batasuna. Con el parking de la T-4 "se ha hundido también la propuesta de Anoeta", ha dicho José Jon Imaz. Se ha hundido si es que alguna vez estuvo de pie. La miserable prestación de Arnaldo Otegui la tarde del atentado levanta cualquier duda sobre la autonomía de Batasuna. Este grupo es una terminal de ETA, a la que ésta apenas respeta. Sencillamente, a ETA le tiene sin cuidado que Batasuna se presente o no a las elecciones y que sus dirigentes estén en la calle o en la cárcel. Y Otegui es una pobre marioneta a la que le dan y le retiran la cuerda cuándo y cómo les da la gana. Batasuna ha dejado definitivamente de tener significación política alguna. No la tiene frente a ETA, en la medida en que sus dirigentes son simples empleados de los de las pistolas. Y no la tiene como representación de la izquierda nacionalista vasca porque de ser así sería capaz de imponer un discurso propio al sector militar, en vez de ir permanentemente a remolque de éste.
3. Zapatero tendrá que cargar el resto de su carrera política con sus imprudentes palabras del pasado viernes. Los hechos han convertido su proverbial optimismo -dentro de un año las cosas estarán "mejor"- en trágico sarcasmo. Su imprudencia levanta serias dudas sobre la solidez de su apuesta. Es legítimo preguntarse si su osadía es ignorancia sobre cosas que estaban en el ambiente, que todo el mundo decía: que ETA se estaba rearmando, que los comandos tomaban el mando, que la organización se había renovado, que los planes de Batasuna habían sido desautorizados, y así sucesivamente. A Zapatero el optimismo de la voluntad a menudo le hace descontar demasiado deprisa el pesimismo que aporta la inteligencia. En esta coyuntura, la ciudadanía necesita poder confiar plenamente en el Gobierno. Y el patinazo de Zapatero más bien genera dudas. Demasiadas veces el presidente ha dado la sensación de confundir con suma facilidad sus deseos con las realidades. La anticipación es una virtud del liderazgo político. Pero requiere medir adecuadamente los pasos necesarios para alcanzar el objetivo anticipado, de lo contrario se convierte en imprudencia.
4. De este episodio el PP sale con una mancha en su piel que le costará mucho quitarse. Hay dos momentos que para mí marcan la historia del PP más allá de las discrepancias ideológicas y que me hacen difícil mantenerle el respeto que merece toda institución democrática. Uno es su apoyo incondicional y ciego a la guerra de Irak, simbolizado por el jolgorio con el que celebraron que ninguno de sus diputados hubiese fallado en el voto en el que se decidía el apoyo a la guerra. Pero este disparate, que con el paso de los días se hace más evidente, a ojos de los biempensantes que anteponen la coherencia al error, podía tener un atenuante: nadie podía atribuirlo a intereses electoralistas, porque la inmensa mayoría de la opinión estaba en contra de la guerra de Irak. El segundo momento, es el que hemos vivido este año: el negarse a apoyar al Gobierno en el proceso de paz, con intenciones indudablemente electoralistas. En una estrategia trazada como la revancha del 11-M, como quedó de manifiesto en algunas pancartas de la manifestación de la AVT del pasado domingo. El PP ha preferido que fracasara el proceso de paz antes de que Zapatero pudiera apuntarse este éxito. Y esto hay que decirlo así, porque no se puede ir en este tema con medias verdades. Ni siquiera el día del atentado el PP ha sido capaz de ponerse al lado del Gobierno. Y sus dirigentes han participado en las manifestaciones que trataban de convertir el bombazo de ETA en una exigencia de responsabilidades al presidente del Gobierno. En la pendiente de demagogia de la derecha, se ha llegado a pedir una moción de censura contra el presidente del Gobierno, a caballo del atentado de la T-4. Es difícil llevar la obscenidad en política tan lejos. El PP también vive instalado en el pasado.
5. Zapatero es el presidente del Gobierno y no haber conseguido la complicidad del PP es un fracaso de su parte, por mucho que sepamos que el PP había hecho de la ruptura de la tregua una opción estratégica. Zapatero, a partir del verano, ha sentido la presión del PP y ha jugado con lastre. Ciertamente, el atentado de ETA deja en evidencia al PP porque demuestra que mentía cuando estaba diciendo que Zapatero hacia concesiones políticas a los terroristas. Sabido es que la mentira forma parte, de manera compulsiva, de la historia reciente del PP. Pero este episodio confirma dos cosas: primera, que es casi imposible llevar adelante un proceso de este tipo sin la plena unidad de los demócratas, porque la división deja un flanco abierto a la agitación y al protagonismo político muy fácil de aprovechar por los terroristas. Segunda, que si algún día el fin negociado de la violencia es posible (hoy no lo es porque ETA no pone las condiciones mínimas elementales de su parte), el presidente que lo lidere tendrá que ser capaz de asumir algunos riesgos, probablemente incompatibles con estar pendiente de la presión de los ventajistas -tanto de la derecha como del nacionalismo vasco- como de los dientes de sierra de los sondeos de opinión. Y en el campo de los ventajistas no podemos olvidar al presidente Ibarretxe. Frente a la responsabilidad y la serenidad de Imaz, el lehendakari, una vez más, ha aprovechado la trágica coyuntura para colocar su programa de máximos sobre la mesa, como si previendo desde ya que Batasuna no podrá presentarse a las elecciones empezara la caza de sus votos."

Nota.- Al igual que me parece miserable la presencia de Astarloa y otros miembros del PP en la esperpéntica manifestación de AVT con su Alcaraz al frente de pancartas inverosílimes, sino fuera porque ese elemento y la facción que los sostiene ya causan vergüenza ajena a muchos votantes equilibrados del PP.

Magistral lección de periodismo

Escribe  JOSÉ MIGUEL LARRAYA , como Defensor del lector: La verdad está ahí fuera.

Una de las verdades evidentes, para el que esto firma, es que el periodismo se basa en el relato fidedigno de los hechos. Aunque se extiende la idea de que hay versiones para todos los gustos y que para los gustos están los colores, es decir, elija usted el diario o la emisora de su gusto y tendrá la realidad que le plazca. El periodismo se convierte así en una prolongación de la propaganda política o de la publicidad comercial. No hay forma de saber, con certeza, qué pasa. Sólo tenemos versiones interesadas de la realidad.
Como siempre se cita a aquellos a los que uno admira he elegido la voz de Walter Lippmann, escritor, periodista, liberal en su acepción anglosajona, que pedía a los periodistas "espíritu científico". Bill Kovach y Tom Rosentiel en su libro los Elementos del periodismo (Ediciones EL PAÍS), resumen con precisión ese concepto. "No importa que la información no sea susceptible de análisis matemático. De hecho, precisamente porque las noticias son un material complejo y resbaladizo, el buen periodismo exige el ejercicio de las virtudes científicas más destacadas". Y los autores citados añaden: "En otras palabras, en el concepto original, lo objetivo es el método, no el periodista. La clave está en la disciplina del oficio, no en los propósitos".
Los autores se refieren a la disciplina de verificación. "A fin de cuentas, el periodismo se diferencia del entretenimiento, la propaganda, las obras de ficción o el arte por su disciplina de verificación. El entretenimiento -y su primo hermano, el infotenimiento- se concentra en la diversión. La propaganda vende hechos o los inventa con el fin de alcanzar su verdadero objetivo: la persuasión o la manipulación".
El Defensor ha pedido a dos periodistas -Soledad Gallego-Díaz, que ha hecho todos y en cada uno de los empleos del diario hasta la dirección adjunta y la defensa de los lectores- y a un redactor especializado en la información científica -Javier Sampedro- su opinión sobre la capacidad de los periodistas para buscar la verdad. Una palabra que tal vez asuste pero a la que no debemos temer.
Soledad Gallego-Díaz responde: "La verdad en periodismo no es un concepto filosófico; es simplemente el cumplimiento de unas normas, el seguimiento obligado, rutinario e imprescindible, de unas normas profesionales. Eso es todo. Sin esas normas de obligado cumplimiento, día a día, información a información, no hay periodismo en absoluto. La primera de esas reglas es la verificación de los hechos en varias fuentes. La comprobación profesional de los hechos. Todos los profesionales del periodismo sabemos exactamente en qué consiste este oficio: en ver, testimoniar, preguntar y comprobar. Otra cosa es que estemos dispuestos a respetarlo".
"El periodismo no tiene nada que ver con la falsificación de los hechos en beneficio de una interpretación determinada. Eso no es periodismo. No hay versiones para todos los gustos: o lo dijo o no lo dijo; o fueron cuatro o fueron tres. O se reunieron o no lo hicieron. O tienes la manera de demostrar que es verdad lo que relatas como hechos ciertos, o no la tienes. Hoy, desgraciadamente, se pretende que los profesionales y los lectores olviden en qué consisten esas reglas y que duden de todo. Pero el asunto es bastante simple: uno puede opinar lo que quiera sobre unos hechos determinados, pero no cambiar esos hechos a su propia voluntad para justificar su opinión predeterminada. Eso ni tan siquiera es periodismo amarillo (aquel que se fija sólo los aspectos más sórdidos de la realidad). Eso, por decirlo con todas las letras, es una mierda de periodismo, periodismo basura, que ignora la realidad. Abunda mucho", remacha Soledad.
Javier Sampedro añade: "Kovach y Rosentiel tienen razón en que la verdad del periodista es la misma que la del científico. Una buena prueba es lo mucho que se parecen los ataques que reciben una y otra, que suelen estar basados en una desconcertante ignorancia de la naturaleza de ambos oficios".
"Lo que descubrió Galileo no era exacto, pero lo que sostenía el tribunal que le condenó ni siquiera pretendía serlo. La mecánica celeste no puede obtenerse sumando ambas versiones y dividiendo por dos. Y la realidad tampoco puede conocerse leyendo dos periódicos y sacando la media. Quienes corrigieron a Galileo fueron otros científicos, y lo hicieron cotejando sus teorías con el mundo de ahí fuera, como hace todos los días un periodista que merezca ese nombre. Los inquisidores se limitan a pedir perdón con cuatro siglos de retraso, y los periódicos de versión no viven tanto".
"Que la objetividad sea inalcanzable para los seres terrenales puede servir para dar 20 vueltas a una mesa redonda, pero no supone el menor impedimento para hacer una ciencia y un periodismo de calidad. Los habitantes de los laboratorios y las redacciones viven en un contexto sociopolítico, naturalmente, y pueden estar sesgados por prejuicios, lastrados por errores de apreciación o informados por fuentes interesadas. Rara vez pueden disponer de toda la información relevante, y formular buenas hipótesis de trabajo es una parte esencial de su oficio", añade Sampedro.
Disponer de información relevante es esencial para informar con solvencia. No siempre es fácil, y más cuando el poder se empeña en ocultarla. Lo que suele ocurrir, en esos casos, es que los que dan su versión interesada de los hechos se erigen en los portadores de la verdad.
Los lectores pueden escribir al Defensor del Lector por carta o correo electrónico (defensor@elpais.es), o telefonearle al número 91 337 78 36.


  

Otra conquista social: la Ley de Igualdad aprobada en el Congreso, con la consabida abstención, del PP

Ninguna fuerza política niega que la igualdad de oportunidades constituya uno de los pivotes en que se asienta una sociedad justa y económicamente avanzada. En la tarea de hacer efectiva esa igualdad, el Estado tiene una gran responsabilidad. Desde el punto de vista constitucional, esta úl: el artículo 9 de la ley fundamental encarga a los poderes públicos que remuevan los obstáculos que dificulten la igualdad real entre los ciudadanos.
La Ley de Igualdad aprobada en el Congreso responde a ese mandato, arbitrando toda una serie de medidas en los ámbitos público, privado y laboral que buscan facilitar la igualdad de oportunidades en el punto de partida y a lo largo de todo el recorrido profesional, donde con frecuencia se sitúan los mayores obstáculos. Se trata de una norma importante, utópica quizás por los objetivos que propone. Por ello mismo, merece todo el apoyo, por más que en algunos aspectos resulte discutible. En su política obstrucionista y revanchista que no le permite reconocer los aspectos positivos del Gobierno, una vez más, el PP se abstiene en la votación final. Aunque la ley mantenga aspectos que no nos gustan a muchas personas, como la paridad en las listas electorales, tiene otros muchos que ninguna fuerza política con vocación de gobierno puede dejar de apoyar.
La medida socialmente más trascendente es sin duda la ampliación a 15 días del permiso de paternidad, al que podrán acogerse tanto el padre como la madre. Facilitará la incorporación de la mujer al trabajo y la del hombre a las tareas domésticas y cuidado de los hijos menores, ayudando a corregir los desequilibrios que persisten ahora. La norma aprobada parece haber superado la tentación de cuantificar la presencia femenina en determinados ámbitos sin atender a parámetros de valía y eficiencia. De ahí que el ministro de Trabajo señalara en su discurso de presentación al Congreso, refiriéndose al polémico asunto del acceso de la mujer a los consejos de administración, que ese acceso no supondrá de ningún modo dar de lado a los principios de mérito, capacidad, eficiencia y competitividad que rigen la empresa privada. A la ley no le faltarán sin duda obstáculos en la práctica, pero una vez que entre en vigor,nadie podrá alegar vacíos legales para justificar con impunidad prácticas discriminatorias.

"Retirar la confianza al Gobierno cuando no ha habido concesión alguna es injusto"

Me parece digno de ser leído este artículo "Una apuesta por la paz", del sindicalista Cándido Méndez. Es evidente que ni soy sindicalista ni milito en facción política alguna, sino desde la responsabilidad que entraña formar parte de la Universidad. Creo que ante tanta algarabía y tanta confusión que pretende aprovechar la iniquidad, ventajismo y doblez de la banda criminal terrorista para atacar al Gobierno democráticamente elegido por la mayoría de los españoles, merece ser escuchadas otras voces que hablan de agotar todas las vías, hasta la extenuación si es preciso pero sin precio político alguno, antes de dejar a las armas que vuelvan a tronar y derramar sangre inocente. Toda sangre de las víctimas es inocente pero abrirnos al diálogo, hasta con el mismo diablo, si existiera, es una exigencia de humanidad, de razón y de justicia que nos diferencia de las bestias. Contra lo que me alzo en el ejercicio de mis derechos como ciudadano, es contra la perversa manipulación de los legítimos intereses de las víctimas por ese demagogo insoportable y peligroso que es el Presidente de la AVT, Alcaráz. Un personaje siniestro, acomplejado, manipulador y peligroso Abro este Cuaderno de Bitácora a otras voces que busquen la verdad y la paz como fruto de la justicia con respeto y sin descalificar a quienes no piensan como ellos. Pero sobre todo sin aprovecharse ni instrumentar a un elevado número de los familiares de las víctimas al servicio de otra política partidista y respetable que tiene otros foros en donde manifestarse. Nunca se podrá admitir el aprovecharse del sufrimiento de los demás en ninguna lucha por el poder político. Esto es lo que pienso. Nesemu

"El miércoles 22 de marzo, hace tan sólo ocho meses, parecía un día como tantos otros. Pero ese día traía algo nuevo: ETA hizo pública su decisión de decretar un "alto el fuego permanente". Una sensación de alivio se hizo patente de inmediato, los ciudadanos de buena voluntad empezamos a vislumbrar un horizonte de esperanza.
Desde entonces han aflorado dos corrientes de opinión: por un lado, ha habido una importante acumulación de muestras de apoyo, procedentes de multitud de instituciones públicas y privadas, para que el Gobierno, con las condiciones conocidas ya por todos -cese de cualquier tipo de violencia, respeto a la ley y ausencia de "precio político"- pudiera abordar un proceso para el fin dialogado de la violencia. La Unión General de Trabajadores se sumó a esta corriente, en la que se encuentran jefes de Estado y de Gobierno, los principales organismos internacionales, todos los partidos políticos españoles excepto el Partido Popular, organizaciones sindicales, empresariales y sociales de diversa índole. Si leemos los indicadores, esta corriente es mayoritaria, y con ella parecen identificarse siete de cada diez españoles que están a favor del proceso de paz.
Con esta primera corriente convive una segunda que, aun siendo minoritaria, está produciendo unos efectos negativos sobre el clima político general, sin afectar en apariencia hasta el momento -pero podría hacerlo- al clima laboral y económico.
Según esta segunda corriente, existe ya de hecho una negociación política entre el Gobierno y ETA -incluso una rendición, se dice, del Estado ante los terroristas-. Aunque no haya ningún indicio de tal negociación secreta, se repite tantas veces que sí la hay, que el argumento -amplificado cada día- termina por generar desconfianza en la ciudadanía y crispación en la vida política. Esta corriente también defiende que la supuesta claudicación del Gobierno ante ETA obedece a oscuras cesiones que comprometerían a Navarra, la reforma de la Constitución, la escisión de la Comunidad Autónoma del País Vasco e incluso, para los más recalcitrantes, el sacrificio de 192 personas en el atentado más terrible de nuestra historia.
Quizá haya llegado el momento de contribuir, en la medida de nuestras posibilidades y reclamando siempre al Gobierno que respete sus propios compromisos con los ciudadanos, a que la primera de estas corrientes -la que tiene el apoyo de la mayoría de los ciudadanos, la que quiere asentar la paz definitivamente en el País Vasco y en el resto de España- adquiera el protagonismo que merece. Sus objetivos no son otros que el cese definitivo del ruido de las armas, un siniestro ruido demasiado frecuente en la historia de nuestro país.
A fin de cuentas, el Gobierno actual está actuando con una transparencia que no pueden de ninguna manera esgrimir quienes estuvieron en el Gobierno anterior, durante la tregua de 1998. El Gobierno actual cuenta con un aval parlamentario que tampoco tuvo, porque no lo pidió, el Gobierno de Aznar. Y el Gobierno actual ha dejado claras decenas de veces cuáles son las condiciones para un diálogo. Me parece justo reconocer que, aunque hubiera algunas concesiones aparentes como el traslado de presos, el Gobierno de Aznar dio por roto el diálogo cuando se exigieron contraprestaciones políticas.
Fue mérito de Aznar y es justo reconocerlo. En la misma medida, parece justo reconocer al presidente del Gobierno actual que esté defendiendo unas condiciones y unos principios inquebrantables. Nuestra obligación como ciudadanos y como representantes de las organizaciones sociales es exigírselo. Pero retirar la confianza al Gobierno cuando las condiciones se nos explican, cuando hay un acuerdo parlamentario previo y cuando no ha habido concesión alguna es, en mi opinión, injusto y negativo para el futuro de nuestro país.
Tenemos ante nosotros una oportunidad histórica para avanzar en el largo y exigente camino de la convivencia democrática, que no deberíamos desperdiciar. Porque de ese futuro en paz que quisiéramos conseguir, también nos beneficiaremos los trabajadores. La paz es una garantía no suficiente pero sí necesaria para que haya estabilidad empresarial, optimismo económico y buenas perspectivas sociales y laborales.
Los ciudadanos y las organizaciones que creemos sin restricciones en la democracia y en la justicia -que somos la inmensa mayoría- debemos seguir exigiendo al Gobierno que actúe desde los postulados de nuestro Estado de derecho, para concluir con éxito este proceso. Pero también es necesario el consenso leal, no partidista, de todas las fuerzas democráticas en torno al Gobierno y al Parlamento, que son quienes deben tener la iniciativa en sus ámbitos respectivos.
UGT seguirá comprometida, como hasta ahora, con la búsqueda de soluciones justas que permitan una convivencia democrática y sin violencia en nuestro país. Los trabajadores, los ciudadanos, las jóvenes generaciones que nos sucederán, nos merecemos que concluya con éxito esta apuesta por la paz.

Ante el Día Internacional de los Derechos Humanos

El próximo domingo celebramos el Día Internacional de los Derechos Humanos. En este día, en 1948, los dirigentes mundiales aprobaron la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Dejaron atrás la oscuridad de la Segunda Guerra Mundial con el empeño y el valor necesarios para defender un principio fundamental: el respeto a los derechos universales e indivisibles de todos los seres humanos. Demostraron ser unos auténticos líderes.
Irene Khan, Secretaria Gral de Amnistía Internacional hace una valiente denuncia: "Un liderazgo sin principios":

Casi seis decenios después de aquel día, voy camino de un pueblo de la parte norte de Cisjordania, en los Territorios Ocupados palestinos. Hace tiempo, ésta era una próspera comunidad agraria que ahora está muriendo poco a poco, estrangulada por una valla que Israel ha construido en clara violación de las leyes internacionales. Los agricultores palestinos, igual que si fueran animales enjaulados y carentes de libertad y esperanza, observan cómo la alambrada separa sus casas de sus campos y huertos y destruye su trabajo y su forma de vida. Hoy me encuentro en Gaza, donde, desde hace cinco meses, un nuevo brote de violencia de las fuerzas israelíes ha causado la muerte de cientos de personas, muchas de ellas niños. Los bloqueos, cierres y restricciones a la libertad de movimientos han sumido a más de la mitad de la población en la pobreza más profunda. Hace dos días estuve en Sderot, Israel, donde la población civil ha sufrido bombardeos de grupos armados palestinos y vive inmersa en el miedo. En ambos lados dedel conflicto, la gente corriente sufre en medio de una espiral de violaciones de los derechos humanos.
Lo que aquí observo es una burla de los principios, una vergonzosa falta de liderazgo por parte de los gobiernos de la región y la comunidad internacional. Por desgracia, Oriente Próximo no es más que un ejemplo más, entre los muchos existentes en el mundo, del enorme abismo entre lo que se promete y lo que se hace, entre la obligación de los gobiernos de defender los derechos humanos y su incumplimiento. El panorama de los derechos humanos se caracteriza por una combinación letal de hipocresía y ambigüedad, pasividad e impunidad.
Por ejemplo, la guerra contra el terror emprendida por Estados Unidos, que, cinco años después de los atentados del 11-S, sigue produciendo espantosas violaciones de los derechos humanos. Los gobiernos están cuestionando incluso la prohibición internacional contra la tortura y los malos tratos, en nombre de la seguridad. Cientos de personas siguen detenidas de manera arbitraria e indefinida en el centro de la bahía de Guantánamo, que celebrará su quinto aniversario en enero. Guantánamo no es más que la punta del iceberg de un sistema en el que la Administración estadounidense se ha colocado al margen del imperio de la ley y a los detenidos fuera de las protecciones legales. Por asombroso que pueda parecer, al comienzo del siglo XXI, el Gobierno de Estados Unidos ha construido una red de centros de detención en todo el mundo en los que se encuentra un número indeterminado de personas -presuntos terroristas- "desaparecidas", secuestradas por la CIA con la connivencia de otros gobiernos. En septiembre, el presidente estadounidense reconoció oficialmente la existencia de estos centros. Lejos de avergonzarse, los elogió como prueba de su éxito en la lucha contra el terrorismo.
¿Han protestado los dirigentes de la Unión Europea, que se enorgullece de su compromiso con los derechos humanos, contra el hecho de que se hayan traicionado esos derechos? Todo lo contrario, ha quedado al descubierto su complicidad, al permitir que la CIA utilizara sus aeropuertos y su espacio aéreo para transportar ilegalmente a los presos a países en los que corrían el riesgo de ser torturados.
Europa tenía la oportunidad de contrarrestar el ataque frontal contra los derechos humanos, pero ha preferido permanecer como espectadora. El compromiso con los derechos humanos no es una exquisitez de política exterior: es una cuestión de principios, en casa y en el extranjero. Cuando los gobiernos europeos ocultan su cabeza colectiva debajo del ala y se niegan a alzar la voz contra las violaciones cometidas por sus propios Estados miembros o por estrechos aliados, dañan su posición como defensores de los derechos humanos en otros casos.
Hay millones de personas, en muchos países, que no gozan aún de sus derechos básicos, es decir, suficiente alimento, agua potable, una vivienda, sanidad, educación. Las claras dificultades para cumplir la mayoría de los Objetivos del Milenio de Naciones Unidas demuestran que, como en otras áreas de los derechos humanos, la retórica política está por encima del auténtico compromiso en la práctica.
Pero también existen ejemplos en los que los líderes han adoptado una postura de principios, con Estados Unidos como única voz disidente, y han acordado promover el desarrollo de un tratado de comercio mundial de armas que, si se aprueba, podría acabar con muchas violaciones de los derechos humanos.
Aunque la impunidad sigue siendo un problema en numerosas partes del mundo, existe cierta tendencia en el sentido contrario, en favor de que se haga justicia por abusos del pasado, que puede verse en algunos países de Latinoamérica, en Sierra Leona, y otros lugares. Es muy importante que el Tribunal Penal Internacional haya iniciado su primer procesamiento contra Thomas Lubanga por reclutar a niños soldado en la República Democrática del Congo.
Ninguno de estos cambios habría sido posible sin el valor y el compromiso de los activistas y las personas corrientes que lucharon por los principios cuando sus líderes no fueron capaces.
La sociedad civil mundial ha sido la mejor defensora de los derechos humanos. En estos momentos en los que conmemoro el Día Internacional de los Derechos Humanos con la gente de los Territorios Ocupados e Israel, estoy convencida de la necesidad de que esa red mundial les reitere su apoyo y su solidaridad.
Estamos ante una oportunidad concreta. Los Gobiernos de España, Francia e Italia han acordado una iniciativa para comprometer a la Unión Europea en un proceso político para lograr la paz en Oriente Próximo. En el pasado, los planes de paz han dado escasa importancia a los derechos humanos y la justicia. Éste no debe caer en el mismo error. Que sea así o no depende de que ustedes y yo estemos dispuestos a hacer algo.

 

Turquía y la Unión Europea

Me parece interesante  esta reflexión del ex Presidente de Portugal, Mario Soares: "La reciente visita de Benedicto XVI a Turquía ha resultado, bajo muchos aspectos, extremadamente innovadora e interesante. En primer lugar, porque subrayó las diferencias entre el cardenal Ratzinger y el papa Benedicto XVI, diferencias con las que tendremos que acostumbrarnos a convivir -por lo que se ha visto- a lo largo de su pontificado. En efecto, la primera declaración significativa del Papa, en suelo turco, fue: "No somos una autoridad política , pero deseamos que Turquía forme parte de la Unión Europea". ¡Eureka! Turquía, como París para Enrique IV, "bien vale una misa"... Una declaración que contradice el pensamiento reiterado por el cardenal Ratzinger y la política, en concreto, del Vaticano en un pasado reciente, pero al parecer no la del Papa.

¿Por qué lo hizo? Explicar semejante cambio por la necesidad, sentida por el papa Benedicto XVI, de enmendar la gaffe, o mejor dicho, la maliciosa insinuación del teólogo Ratzinger, realizada en la Conferencia de Ratisbona, en septiembre pasado, cuando procuró sutilmente asociar el Islam con la violencia, sirviéndose para ello de una cita de un emperador bizantino (¡bizantino, además!) me parece demasiado fácil, incluso simplista. Por más que la provocación me parezca manifiesta y grave para el Papa, aunque no para el teólogo Ratzinger. La razón profunda de este viraje es otra y más seria, a mi parecer. Se deriva de que las circunstancias internacionales han cambiado -o lo están haciendo, aceleradamente- con una alteración de las relaciones de fuerza en Oriente Medio. El estado de extrema debilidad de la coalición angloamericana así como de Israel, después de la trágica aventura del Líbano, en esa zona del mundo -los americanos sólo piensan, después de las elecciones del 7 de noviembre, en cómo abandonar Irak, sin dejar el país en un completo caos-, aconseja vivamente no menospreciar a Turquía. Se trata de un dato objetivo, indiscutible.
En efecto, la visita del presidente de Irak, Jalal Talabani, fundador y secretario general de la Unión Patriótica del Kurdistán, al guía supremo de la República Islámica de Irán, el ayatolá Alí Jamenei, tiene un enorme significado. Hubiera sido realmente impensable pocos meses atrás. ¿Después de siete años de una cruenta guerra entre Irak e Irán y de la guerra del Golfo que siguió a ésta, el jefe de Estado de Irak, aupado a ese cargo por George W. Bush, como consecuencia de la invasión americana y de las elecciones promovidas por él, se atreve a presentarse en Irán, uno de los más peligrosos países del "eje del mal"...? Y no sólo eso, debe escuchar además de labios del "guía supremo" -cito literalmente- que "el abandono por parte de los norteamericanos del territorio iraquí es la primera condición para el restablecimiento de la situación". Y conservar una promesa: "Si el Gobierno iraquí solicita la retirada americana, Irán hará todo lo posible para ayudar al restablecimiento de la seguridad y de la estabilidad en Irak". En otras palabras, Irán se postula como potencia regional hegemónica, capaz de desafiar y sustituir a los Estados Unidos, no sólo con palabras sino como salvador de un Estado como Irak, antes enemigo y ahora sumido en la guerra civil y en el caos. En comparación con esta visita, del desayuno de Bush con el primer ministro iraquí, en Amman, apenas se derivó una insignificancia: la promesa de Bush, en efecto, fue tan sólo la de mantener las tropas en Irak... "hasta completar el trabajo".
Es eso lo que explica el radical cambio de política del Vaticano -expresado por el Papa- en relación con Turquía. En efecto, Turquía representa un puente esencial para el diálogo entre el mundo cristiano y el mundo musulmán, está comprometido con el relanzamiento de la Alianza de Civilizaciones, a la que el Papa también se ha asociado ahora, es un miembro influyente de la OTAN y goza de una posición estratégica privilegiada y de un conocimiento poco común de los países del Cáucaso, de Ucrania y de Rusia. Pero además es un Estado laico, en el que rige la separación entre Iglesia y Estado y, a pesar de que su población sea abrumadoramente musulmana, respeta -o pretende respetar- "la libertad religiosa".
Resulta curioso que sea el Papa quien subraye la importancia del racionalismo laico para defender la oportunidad de laadhesión de Turquía a la Unión Europea. A pesar de haber realizado una distinción sutilmente teológica entre laicismo y laicidad. Pero no es eso lo que cuenta. Lo importante es la revelación del interés del Papa por la adhesión de Turquía a la Unión Europea y el hecho de que esto ocurriera el mismo día en el que un ilustre miembro de la Comisión Europea anunciaba la suspensión de las negociaciones entre Turquía y la Unión, por la falta de cumplimiento turco de su compromiso de apertura de los puertos de Chipre. La burocracia de Bruselas se revela, una vez más, bastante distraída respecto a los grandes cambios que están teniendo lugar en la política planetaria. Pero llegado el momento, ya se corregirá el tiro.
Nótese que si el laicismo turco reveló su utilidad, a ojos del Papa, fue también a causa de otro de los objetivos de su visita a Turquía: el encuentro con el patriarca Bartolomé I, primado honorífico de la ortodoxia, para reanudar el diálogo, interrumpido en 1054, entre Roma y Constantinopla. En tal sentido, el Papa retomó la fórmula utilizada por Pablo VI, en una visita anterior, con el mismo objetivo: "La división entre católicos y ortodoxos es un escándalo para el mundo y un obstáculo para la proclamación del Evangelio".
A pesar de la infalibilidad papal y de la centralización romana, a las que los ortodoxos continúan oponiéndose, el diálogo entre las dos Iglesias cristianas es necesario para restablecer la senda de la paz y -como dicen en un comunicado común- para "combatir el rechazo a la fe cristiana en el continente europeo y renovar la conciencia de las raíces y valores cristianos de Europa".
Sería el caso de preguntarse si el laicismo es uno de esos valores -tal y como yo pienso-, más allá de su importancia para garantizar la libertad de la Iglesia ortodoxa, ultraminoritaria en Turquía, como el Papa reconoce. Hay que añadir que Benedicto XVI, mediante su diálogo con el primado de Constantinopla, pretende llegar a Moscú y allanar el entendimiento con el patriarca ruso Alexis II. Lo que, ha de reconocerse, sería sin duda interesante y útil.
Todo ello son señales muy serias para la Unión Europea, que parece apática y perdida en un mundo que la sobrepasa. Es necesario y urgente un golpe de timón. Tengo la esperanza de que éste se produzca durante la presidencia alemana. ¿Serán capaces los dirigentes de la Unión de definir un nuevo rumbo estratégico autónomo, para atajar, de esa forma, la decadencia hacia la que parecen encaminados? Bush arrastró a Occidente hacia una crisis profunda, evidente hoy a ojos de quien quiera verlo. La Unión Europea, pecando de seguidismo y omisión, no ha sabido reaccionar hasta ahora. ¿Es que no resultan lo suficientemente significativos los recientes movimientos políticos en Latinoamérica? ¿No es significativo que el presidente de Irán, Mahmoud Ahmadinejad, se atreva a interpelar directamente a los americanos, alertándoles de que -cito textualmente- "las ilegalidades y las inmoralidades de Guantánamo y Abu Ghraib sólo tendrán como efecto la propagación del terrorismo"? ¿No resulta significativo que Condoleeza Rice diga en Israel "que es preciso aliviar las humillaciones cotidianas que padecen los palestinos"? ¿A qué espera, pues, la Unión Europea para cambiar de política y avanzar? Antes de que sea demasiado tarde...

 

Falsa interpretación de la Constitución de la OTAN que puede acarrearnos serios peligros

Interesante artículo del general Alberto Piris "Los despropósitos de Bush en Riga" pues no podemos dejar pasar estas torticeras interpretaciones de la Constitución de la OTAN sin arriesgarnos a que las consideren como "doctrina segura" en un futuro. ¿Nuestros representantes en el Consejo de la OTAN no supieron verlo y denunciarlo? ¿A qué jugamos? Nesemu

"La cumbre de la OTAN celebrada la pasada semana en la capital letona, donde se discutió sobre la participación de la Alianza Atlántica en Afganistán, sirvió para mostrar, una vez más, cómo el presidente de EEUU es capaz de retorcer los argumentos que utiliza a fin de alcanzar sus propósitos. Cabe dudar si lo hace por mala voluntad o por ignorancia, y como ambos factores estuvieron presentes en la desastrosa decisión que condujo a la invasión de Iraq, con el caos subsiguiente, es lícito seguir atribuyéndoles cierto peso en sus decisiones.
Suponiendo —lo que ya es mucho suponer— que Bush sabía cuál era el país donde estaba (y que no confundía Letonia con Lituania o Estonia), debiera haber conocido también algo sobre las normas que rigen la OTAN antes de proferir los despropósitos que se escucharon en su boca. Entre estas normas ocupa un lugar destacado el Tratado del Atlántico Norte, que es algo así como la “Constitución” de la OTAN, pues determina su misión y especifica los modos de actuar y demás peculiaridades de la Alianza.
Dado que Bush aludió al tan traído y llevado artículo 5º del Tratado, antes de proseguir conviene reproducirlo aquí parcialmente, para que el lector pueda juzgar por sí mismo:
Art. 5. Las Partes convienen en que un ataque armado contra una o contra varias de ellas, acaecido en Europa o en América del Norte, se considerará como un ataque dirigido contra todas ellas y en consecuencia acuerdan que si tal ataque se produce, cada una de ellas, en ejercicio del derecho de legítima defensa individual o colectiva, reconocido por el artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas, asistirá a la Parte o Partes así atacadas, adoptando seguidamente, individualmente y de acuerdo con las otras Partes, las medidas que juzgue necesarias, incluso el empleo de la fuerza armada para restablecer y mantener la seguridad en la región del Atlántico Norte. [...] (Cursivas de A. P.)
Leído y laxamente interpretado, se puede entender por qué la OTAN ofreció a EEUU su colaboración inmediata tras los ataques terroristas del 11 de septiembre del 2001, aunque para ello fuera preciso considerar a los aviones comerciales como “armas” de ataque. Sin embargo, EEUU rehusó el ofrecimiento y desencadenó su doble guerra sucesiva contra Afganistán e Iraq. Estaba en su derecho imperial a hacerlo, a equivocarse atribuyendo a un Estado soberano —Afganistán— las tropelías de una organización terrorista —Al Qaeda— en él parcialmente instalada (recuérdese la residencia en Hamburgo del principal núcleo terrorista), y a pretender resolver, mediante la fuerza militar, los conflictos de Oriente Próximo, democratizando esta región a sangre y fuego. No necesitó de la OTAN para proporcionar al terrorismo universal ese excelente campo de reclutamiento y prácticas que es el Iraq postsadámico que observamos hoy.
Ahora que las cosas van bastante mal en Afganistán, y puesto que la OTAN aceptó empeñarse —con el beneplácito de la ONU— en ese país (mostrando de nuevo que la Alianza actúa a menudo como instrumento de la política exterior de Washington) con su esfuerzo militar y con apoyo económico, Bush aumenta la presión. En la citada reunión se le ocurrió afirmar que el principio fundamental de la OTAN es que “el ataque a uno es un ataque contra todos” y que se aplica “tanto si hay un ataque en territorio propio como si es sobre nuestras fuerzas desplegadas en misión de la OTAN en el exterior”.
¡Pues no, señor! Si un miembro de la OTAN, con el asentimiento de los demás, ataca a un país situado fuera del ámbito geográfico que precisa el Tratado y es enfrentado por las armas de la resistencia local, no puede invocar el Tratado para pedir ayuda: sencillamente, no es aplicable. Fuera de Europa o de América del Norte, la OTAN no opera de acuerdo a su carta fundacional a menos que se modifique el Tratado o se cree una nueva alianza militar euroamericana. Esto debía saberlo Bush, o debía habérselo recordado el secretario general, cuando hizo sus extemporáneas declaraciones.
Además, Bush parecía ignorar que la ayuda implicada en el “todos para cada uno y cada uno para los demás”, por él invocada, no es automática ni total. Se lee en el texto reproducido que es cada miembro de la OTAN el que juzga cómo colaborar a la defensa mutua. Cualquier Gobierno es libre de decidir la forma de reaccionar ante un ataque, sin estar forzado a implicar a sus ejércitos en la reacción común.
Bush ha vuelto a mostrar, en la última cumbre atlántica, que de la OTAN sólo le importan los servicios que pueda prestar a EEUU. No debería extrañarnos. Si él puede prescindir de los Convenios de Ginebra (sólo alude a ellos, contrito, cuando se ve hostigado por la opinión pública o pierde unas elecciones); si soslaya la Constitución de EEUU para convertir su Gobierno en una semidictadura; y si ignora los más elementales derechos humanos cuando obstaculizan su omnipotencia como Comandante en Jefe ¿por qué habría de importarle un simple artículo del Tratado del Atlántico Norte?
Eso es para él un obstáculo irrelevante, acostumbrado como está a saltarse, siempre que puede y le dejan, los famosos checks and balances (frenos y contrapesos) que constituyen el elemento esencial de la separación de poderes en cualquier sistema democrático, como nos enseñó a todos, precisamente, la ya veterana Constitución de EEUU.


* General de Artillería en la Reserva
Analista del Centro de Investigación para la Paz (FUHEM) 
 

Gran parte de los problemas de Africa son responsabilidad de los colonizadores/explotadores europeos. Estamos obligados a reparar

La mortalidad materno-infantil es ahora más alta que hace tres décadas y muchos de los niños que mueren lo hacen aún por desnutrición. En la mayoría de los países subsaharianos, más de un tercio de su población joven está infectada, lo que en las condiciones sanitarias en que viven supone de hecho una condena a muerte. Una gran mayoría de los que ya han sido alcanzados por el virus y morirán por su causa ni siquiera lo saben, con lo que, además de ser víctimas, contribuyen a su expansión.
Todos los países africanos tienen un problema endémico de tuberculosis, una enfermedad que nunca ha tenido diques de contención solventes pese a que hace ya mucho tiempo que existen tratamientos eficaces. En los últimos años la tuberculosis ha cobrado nuevo impulso de la mano del sida, de modo que las dos forman un binomio imposible de abordar para los míseros presupuestos sanitarios de los países afectados.
Si sólo la mitad de la población tiene acceso al agua potable, difícilmente se podrán contener las infecciones, a lo que hay que añadir un fenómeno nuevo imparable: el éxodo masivo de la población del campo hacia unas pocas urbaciones carentes de todo servicio. Cada campesino que deja el terruño para ir a vivir a una chabola de alguna de las enormes urbes que crecen en África, es un productor de alimentos que se pierde y una boca más que alimentar en una economía sin excedentes suficientes para garantizar su subsistencia. No es de extrañar que sean también africanos buena parte de los dos millones de niños que mueren en conflictos armados y una gran proporción de los 300.000 niños soldado que luchan en diferentes guerras.
África no tiene medios para cuidar de su salud, y el resto del mundo mira mientras tanto a otro lado. Las ayudas que llegan son apenas un parche incapaz de revertir el círculo vicioso de enfermedad y pobreza en que se desangra el continente. Cuanta más pobreza, peor salud y cuanta peor salud, más pobreza. Incluso en los países políticamente más estables y con economías más desarrolladas, como Botsuana, Lesoto o Zambia, la esperanza de vida ha caído hasta los 40 años, la mitad de la que registran países como España. Mientras eso ocurre, se suceden las grandes declaraciones de intenciones, pero está claro que las palabras no curan.

 

Excelente reflexión del Prof. Ulrich Beck, de la Universidad de Munich

Quien deseaba, tras la caída del muro de Berlín, que la imaginación política de la izquierda -liberada del dogmatismo marxista- alcanzara el poder, siente una profunda decepción.
Es poco probable que los países europeos sigan siendo Estados modernos, acomodados y avanzados, si los partidos políticos de Europa siguen actuando como jubilados. Estoy horrorizado ante la falta absoluta de análisis sobre la situación de Europa en el mundo y de nuevas ideas que exploren lo político.
¿Dónde está la izquierda? Callada. ¿Qué dicen los sindicatos? Han enmudecido. ¿Qué proponen los intelectuales? Nadie responde. Si realmente hay algo por cosechar, son las contradicciones podridas del árbol de la ciencia de la derecha.
El pensamiento ha perdido su capacidad política respecto a todos aquellos problemas que mueven el mundo, desde la protección del medio ambiente, pasando por la interdependencia de la economía mundial, hasta los movimientos migratorios y las cuestiones regionales y globales referentes a cómo alcanzar la paz. Todo aquello que da fuerzas al nacionalismo en Europa es, irónicamente, de ámbito internacional: el desempleo masivo, la afluencia de refugiados, las guerras y el terrorismo.
¿Y qué hay de la izquierda? Como tantas otras cosas, la izquierda se ha desmigajado y pluralizado. Si por un lado se diferencia lo "proteccionista" de lo "abierto al mundo" y por el otro lo "nacional" de lo "transnacional", entonces se pueden distinguir cuatro maneras de ser hoy de izquierdas: la proteccionista, la neoliberal (la tercera vía), la que vive encerrada en su ciudadela y la cosmopolita.
En todas partes se reclama "flexibilidad", lo que al fin y al cabo quiere decir que un patrón tiene el poder de despedir a su empleado con más facilidad. Los empleos serán más fácilmente rescindibles, lo que significa "renovables". La consecuencia es que cuantas más relaciones de trabajo sean "desregularizadas" y "flexibilizadas", más rápidamente se transformará la sociedad de trabajo en una sociedad del riesgo, en la que ni el modo de vida, para los individuos, ni las medidas, para el Estado y la política, serán previsibles.
La izquierda proteccionista se ha formado oponiéndose a esta política económica de la inseguridad. Su hechizo y su antídoto: la negación colectiva de la realidad. Estos representantes victoriosos de un proteccionismo del Estado social, nacional y de izquierdas sencillamente no quieren admitir que la crisis del sistema social no es coyuntural.
Acaba una época, que en Europa ha dado la impresión de que efectivamente hubieran sido resueltos todos los grandes retos para garantizar a la mayoría de las personas una vida segura y en libertad. Quien considere sagrado el volumen y el nivel de las prestaciones del Estado del bienestar -ante los previsibles desplazamientos en la pirámide de población, ante la reducción de la oferta de trabajo retribuido en el capitalismo digital y ante el aumento de demanda de trabajo retribuido- pone en peligro todo el conjunto.
El nacionalismo miope de la izquierda proteccionista (a la que tienden también comunistas y ecologistas) hace más fácil convertirse a la derecha xenófoba. Pues en la defensa del "nacionalismo del bienestar" las ideologías de la derecha y de la izquierda van de la mano.
La izquierda neoliberal se toma en serio el desafío de la globalización, busca un nuevo vínculo entre el Estado nacional y el mercado global, formulado en el programa político de la tercera vía, en particular en el Nuevo Laborismo. En palabras de Anthony Giddens, se trata de un intento de adaptar el programa de la socialdemocracia a un mundoque en las últimas cuatro décadas ha cambiado radicalmente. Precisamente la izquierda neoliberal se ha creado una identidad oponiéndose a la izquierda proteccionista. Por un lado, quiere acceder a las "nuevas realidades" con una política reformista de izquierdas. Por el otro, sigue estando atada al contenedor mental y a la idea de hacer política de ámbito nacional. Quien quiera cambiar algo bajo estas premisas incuestionables tiene que ser "injusto", restar y rechazar derechos.
Los reformadores neoliberales del Estado social pueden buscar con razón la comprensión y la aprobación para esta "necesidad patriótica" de ser obligatoriamente injustos. Sin embargo, fracasan en el hecho de que el margen de maniobra de los Estados se ve reducido al dilema entre financiar un menor nivel de pobreza a cambio de un alto nivel de paro (como ocurre en la mayoría de países europeos) o bien aceptar una pobreza evidente con un nivel de paro algo menor (como en Estados Unidos).
La izquierda que vive encerrada en su ciudadela (difícil de distinguir de una derecha también encerrada en su ciudadela) muestra los dientes cuando entra en contacto con los extranjeros.
La Unión Europea está a favor de proteger las fronteras nacionales con remedios europeos. Los Estados con una economía fuerte siguen una política de doble moral económica, al reclamar a otros países los principios de la economía libre de mercado, mientras que protegen su mercado interno de los "ataques extranjeros". Y esto no sólo es aplicable a la competencia económica, sino especialmente a la inmigración.
En lugar de ver en una política de apertura a la inmigración controlada una ventaja estratégica para la Europa dramáticamente envejecida, se valora la inmigración de manera globalmente negativa y se responde a ella con la construcción de la "Europa fortaleza", con amplio consenso de partidos y Gobiernos.
Muchos opinan que la izquierda cosmopolita es una izquierda idealista sin aparatos de partido y sin posibilidades de llegar al poder. A esto puede responderse: existe una afinidad electiva escondida entre las cuestiones del poder y las cuestiones de la igualdad. Se puede incluso decir que la cuestión de la igualdad se ha convertido en el núcleo de la cuestión del poder. Esto es válido en el marco nacional, pero también en la interrelación a la vez local y mundial entre las culturas y las religiones.
La renuncia a la utopía significa la renuncia al poder. La renuncia abierta a la utopía es un cheque en blanco al abandono de la política por parte de la propia política. Sólo quien es capaz de entusiasmarse, gana apoyos y conquista el poder.
El redescubrimiento de la cuestión de la igualdad es, al fin y al cabo, más realista que el supuesto realismo de los pragmáticos del "ir tirando". Sin embargo, presupone una idea de la política distinta, no nacional.
Todos los Gobiernos y todos los partidos políticos se plantean la cuestión clave de cómo limitar políticamente los riesgos desenfrenados del flujo de capital mundial. ¿Por qué no hacer entonces ambas cosas? ¿Ahorrar al máximo y desarrollar y explorar de nuevo la política en el ámbito transnacional, para así crear las condiciones para poder organizar los mercados globales y las soluciones a los problemas clave nacionales?
La respuesta a la globalización consiste en una mejor coordinación internacional de las políticas nacionales; en controles supranacionales de los bancos y de las instituciones financieras más fuertes; en una reducción de la competencia fiscal desleal entre los Estados, y en una colaboración más estrecha entre las organizaciones transnacionales y la consolidación de éstas conforme a una mayor flexibilidad política y legitimidad democrática. Éstas son vías, quizás las únicas, para recuperar el margen de maniobra nacional de la política. El camino para alcanzarlo es el método del realismo cosmopolita. Un toma y daca multilateral con el que, al final, cada uno pueda solucionar mejor sus problemas nacionales.
El vacío de legitimidad de las empresas transnacionales es evidente y temen la fragilidad de sus mercados. A largo plazo, no pagar impuestos y reducir o deslocalizar puestos de trabajo no debería ser suficiente para recuperar la confianza y estabilizar mercados. ¿Por qué entonces no seguir la estrategia política combinada? Por un lado, reducir los costes de trabajo y, por el otro, plantear abiertamente la pregunta de con qué contribuyen a la democracia en Europa las empresas que obtienen cada vez más beneficios con cada vez menos trabajo.
¿Por qué no reconocer la diversidad de trabajos autónomos precarios y hacer que esta autonomía precaria sea previsible para los individuos, gracias a una política social de protección básica (prestaciones de salud y pensiones independientes de las ganancias, financiadas por todos)? ¿Y por qué no hacer posible que las personas tengan por un lado mayor independencia, allanarles el camino y crear un marco de condiciones para ello, y por el otro reforzar las competencias del Estado y fundar de nuevo la cultura democrática y la igualdad social?
Éstos son los trabajos de Hércules con los que una izquierda cosmopolita puede desarrollar su perfil y su autoconciencia, y probar su eficacia.
La recuperación del poder y de la utopía son dos caras de la misma moneda. Cuanto más pequeña sea la política, cuanto más dependiente se haga de la propia adaptación a las presuntas leyes del mercado, tanto más débil será, hasta que acabe con ella misma y se entierre. También vale lo contrario.
Cuanto más imaginativa, más creíble y grande en su entusiasmo se convierta la pretensión de hacer política, tanto más fuerte será, porque reactivará su propia lógica interna y su independencia frente a la dinámica de la economía mundial.
Muchos se atrincheran, se conforman y murmuran mientras pasan el rosario de los posmodernos (fin de la política, fin de la historia...); entretanto, a su alrededor vuelve a irrumpir lo político. Pero precisamente en el sentido de una nueva idea de lo político que cabe reconocer, comprender y ensayar.

Ulrich Beck es profesor de Sociología en la Universidad de Múnich

Necesitamos a los inmigrantes

La inmigración ha tenido una influencia decisiva en el crecimiento de la economía española y en el del empleo, y también en el superávit de las cuentas públicas. Frente a tópicos muy arraigados, los trabajadores inmigrantes han dinamizado la economía española de tal manera que, lejos de quitar trabajo a los nativos, han contribuido a reducir el paro. Así se deduce de un estudio elaborado por la Oficina Económica de Presidencia, presentado por quien la ha encabezado hasta ahora, el economista Miguel Sebastián, que deja esa ocupación para presentarse como candidato del PSOE a la alcaldía de Madrid.
Precisando lo que ya habían adelantado otros estudios recientes, como el de Caixa de Catalunya de agosto pasado, el nuevo informe atribuye a la inmigración la mitad del crecimiento del PIB español desde 2001. Con el dato adicional de que la dedicación del 15% del total de los nuevos inmigrantes a tareas domésticas ha permitido la incorporación al mercado laboral de cerca de millón y medio de españolas, en su mayoría pertenecientes a las generaciones del baby boom de los años sesenta y setenta del siglo pasado.
Del informe también se deduce que la economía española (unida a la todavía no muy alta densidad de población) tiene capacidad para seguir incorporando inmigrantes a razón de unos 200.000 al año. El balance entre lo que esos trabajadores aportan a las cuentas del Estado en impuestos y cuotas a la Seguridad Social y lo que reciben en servicios públicos es netamente positivo, y uno de los factores del superávit presupuestario actual. Así seguirá siendo durante bastantes años, aunque queda abierta la incógnita sobre lo que ocurrirá cuando esas generaciones alcancen la edad de jubilación, a partir de 2030.
Los inmigrantes están preferentemente ocupados en la construcción y servicios, sectores intensivos en mano de obra, lo que tiene un impacto negativo sobre la productividad. Miguel Sebastián, principal inspirador del programa económico del PSOE, ha defendido que el futuro de la economía española depende de su capacidad para sustituir el modelo de crecimiento apoyado en mano de obra barata (inmigración y empleo precario de los jóvenes) por uno que mejore la relación capital-trabajo. Y ello depende de las inversiones en I+D, objetivo central del Programa Nacional de Reformas presentado hace un año a la Comisión Europea y que aspira a aumentar esas inversiones hasta el 2% del PIB, que es la media de los 15 países de la UE antes de la última ampliación.
Pero incluso para que ello sea posible, es un factor decisivo el mantenimiento del dinamismo aportado por la mano de obra inmigrante.

Energía más inteligente: no se puede decir más claro. Nos va la vida

De seguir el aumento del consumo de petróleo al ritmo actual, especialmente por parte de países como China e India, habrá un crecimiento insostenible de emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera. De ahí que sea imprescindible una estrategia para prolongar los acuerdos de Kioto más allá de 2012 con objetivos más ambiciosos y con la participación de estos países, hoy no obligados por dicho acuerdo. Así se deduce de los datos aportados por el informe de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) correspondiente a 2006.
Ese informe responde al encargo que en 2005 realizó a la Agencia la cumbre del G-8 (que agrupa a los siete países más ricos y a Rusia) para que recogiera en un documento las líneas de actuación política para asegurar un suministro de energía más seguro y respetuoso con el medio ambiente. El informe sostiene que sólo con una decidida intervención de los poderes públicos en los países más consumidores de energía podrá conseguirse una alternativa energética de futuro que sea "limpia, inteligente y competitiva" frente a la simple prolongación de las tendencias actuales, que nos conducen a un escenario "sucio, inseguro y caro".
La primera línea de actuación consiste en impulsar políticas de eficiencia y ahorro energético que permitan invertir a partir de 2015 la tendencia al aumento de la contaminación. Los cálculos del informe demuestran la rentabilidad de dichas políticas, ya que por cada euro invertido en aumentar la eficiencia energética se ahorran dos euros en generación, transformación y distribución de energía. Pero ocurre que el ahorro energético sólo puede ser significativo en los países más ricos mientras que el consumo seguirá creciendo en los más pobres, lo que implica que hay que complementar las políticas de ahorro con las de generación limpia de energía.
En este sentido, el impulso a las energías renovables es una necesidad perentoria, tanto en la generación de electricidad como en los combustibles líquidos para el transporte. Junto a ello, el informe plantea considerar la energía nuclear como una alternativa viable para contribuir a ese escenario más seguro y menos contaminante. Las cifras que avanza son de hasta un incremento del 40% en la potencia nuclear instalada en 2030. La energía nuclear seguirá teniendo un papel que jugar, pero para que sea aceptable será necesario avanzar todavía bastante en su punto débil: la gestión, tratamiento y eliminación de residuos.

Testimonio del escritor israelí David Grossman: Israel está sacrifiando su propio milagro

Al recordar anualmente a Isaac Rabin, los israelíes nos miramos a nosotros mismos. Este año mirarnos a nosotros mismos no resulta nada fácil.
Hubo una guerra. Israel demostró un enorme poder militar, pero también descubrió su fragilidad y su impotencia. Vimos que, a fin de cuentas, nuestro Ejército era incapaz de asegurar nuestra existencia. Pero sobre todo entendimos que Israel se halla en una profunda crisis, mucho más profunda de lo que creíamos, tal vez la peor de su historia.
Mi amor por esta tierra es difícil, complicado y rotundo. El pacto que siempre he tenido con esta tierra se ha convertido, desgraciadamente, en un pacto de vida o muerte. No soy en absoluto religioso, pero aun así creo que el establecimiento y la mera existencia del Estado de Israel son una especie de milagro que nos ha ocurrido como pueblo, un milagro político y humano. Esto es algo que nunca olvido, ni siquiera cuando muchos aspectos de nuestra realidad me soliviantan y me deprimen, ni cuando el milagro se va desgranando en pedazos de cotidianeidad, miseria, corrupción y cinismo. Incluso cuando la realidad parece una mala parodia de ese milagro, no me olvido de él.
"Contempla la tierra, que tanto hemos malgastado", escribió el poeta Shaúl Tchernijovsky en 1938. Se lamentaba de que en la tierra de Israel, en su seno, enterrásemos una y otra vez a hombres jóvenes, en la flor de la vida. La muerte de los jóvenes supone un precio terrible, pero no menos horrible es la sensación de que el Estado de Israel lleva años y años sacrificando no sólo la vida de sus hijos sino también el milagro que le alumbró: la gran y extraña oportunidad que le brindó la historia de establecer aquí un Estado civilizado y democrático que se guiase por valores judíos y universales. Un Estado que fuera un hogar nacional para los judíos, pero no sólo en el sentido de un refugio sino en el de un lugar que diese un nuevo significado a la realidad judía; un Estado en el que parte importante de su esencia e identidad, de su ética judía, fuera un trato de respeto y plena igualdad a sus ciudadanos no judíos.
Y miren lo que ha pasado. Un país joven, atrevido y vitalista ha sufrido un proceso de envejecimiento prematuro.
¿En qué momento perdimos hasta la esperanza de que algún día podríamos tener una vida diferente, una vida mejor? Y aún más importante, ¿por qué hoy miramos indiferentes e hipnotizados cómo la locura, la rudeza, la violencia y el racismo se adueñan de nuestro hogar?
¿Cómo es posible que un pueblo con tanta capacidad de creación y renovación como el nuestro, un pueblo que ha sabido levantarse de las cenizas una y otra vez, se halle ahora, precisamente cuando posee un poder militar tan grande, en tal estado de debilidad e impotencia? De nuevo somos las víctimas, pero en esta ocasión somos víctimas de nosotros mismos, de nuestros miedos, nuestra desesperación y nuestra miopía.
Una de las peores cosas que ha revelado esta última guerra es que actualmente "no hay rey en Israel", es decir, nuestros jefes, políticos y militares, están vacíos. Y no hablo ahora de sus evidentes negligencias durante la guerra, ni de los grandes y pequeños casos de corrupción. Hablo de que las personas que hoy gobiernan Israel no son capaces de integrar los aspectos saludables, revitalizantes y fértiles de la identidad israelí, esos elementos de la memoria histórica que podrían dar fuerza e ilusión y que darían algún significado a la lucha agotadora y desesperante por la supervivencia.
Nuestros líderes se caracterizan por el miedo y la intimidación, por el guiño del negocio sucio, por el mercadeo de todo lo que más apreciamos. No son realmente líderes, y, desde luego, no son los líderes que necesitamos en una situación tan complicada y carente de rumbo como la nuestra. A veces, parece que lo que realmente les importa ocupa el minúsculo espacio entre dos titulares de periódico o entre dos investigaciones del fiscal general del Estado. Quiénes nos gobiernan -no todos, por supuesto, pero sí la mayoría- se muestran asustados, reticentes, inquietos. Resulta ridículo pensar que de ellos surja alguna visión o idea original, osada, de altas miras.
Señor primer ministro de Israel, no digo esto movido por la ira o la venganza. He aguardado cierto tiempo para no hablar llevado por el arrebato. Usted no podrá menospreciar mis palabras aludiendo al dicho de que "no se debe juzgar a un hombre cuando está sufriendo". Sí, claro que estoy sufriendo, pero más que rabia lo que siento es dolor. Me duele esta tierra y lo que usted, señor primer ministro, y sus colegas le están haciendo.
Isaac Rabin emprendió el camino de la paz con los palestinos no porque sintiera un gran aprecio por ellos o por sus líderes. También entonces, la opinión mayoritaria era la de que no había interlocutor serio entre los palestinos ni nada de lo que hablar con ellos. Pero Rabin decidió dar el paso porque comprendió, con gran tino, que la sociedad israelí no podría mantenerse durante mucho tiempo en una situación de conflicto sin solución. Entendió, antes que muchos otros, que vivir en un clima constante de violencia, ocupación, terrorismo, miedo y desesperanza implicaba pagar un precio que Israel no podía pagar.
Llevamos muchos años viviendo en plena lucha. Hemos nacido en mitad de la guerra, hemos sido educados en ella y, en cierto sentido, hemos sido programados para ella. Tal vez por eso pensamos a veces que esta locura es lo único verdadero, la única vida que podemos tener, y que no tenemos la posibilidad o incluso el derecho a aspirar a una vida distinta. Por nuestra espada viviremos, por nuestra espada moriremos y siempre la espada vencerá.
Quizá eso explique la indiferencia con que asumimos el rotundo fracaso del proceso de paz, un fracaso que dura ya años y que cada día se cobra más víctimas. Tal vez eso explique también que la mayoría de nosotros no haya reaccionado ante el brutal golpe que ha sufrido nuestra democracia con el nombramiento como ministro de un tipo como Avigdor Liberman, que es algo así como nombrar jefe de los bomberos a un pírómano.
Éstos son algunos de los factores que han hecho que en poco tiempo el Estado de Israel se esté mostrando tan cruel con el débil, el pobre, el que sufre. La indiferencia por la suerte de la gente que pasa hambre, los ancianos, los enfermos, los minusválidos, la no reacción ante el tráfico de mujeres o las pésimas condiciones laborales de los trabajadores extranjeros o el racismo institucionalizado hacia la minoría árabe; todo esto ocurre con total naturalidad sin que nos espantemos ni protestemos. Y empiezo a pensar que, aunque la paz llegue mañana, quizá ya sea tarde para que nos curemos del todo.La desgracia que se ha abatido sobre mi familia, con la pérdida en la última guerra de mi hijo Uri, no me da un derecho particular a opinar, pero creo que el enfrentarse a la muerte de un ser querido brinda cierta lucidez, al menos a la hora de distinguir entre lo importante y lo superfluo, entre lo que se puede o no conseguir, entre la realidad y la fantasía. Toda persona cabal, tanto israelí como palestina, sabe en el fondo diferenciar entre los sueños y los deseos y entre lo que se puede lograr realmente tras unas negociaciones. Quien no lo sepa diferenciar, sea israelí o palestino, ya no es un interlocutor sino alguien encerrado en su hermético fanatismo y, por lo tanto, no puede participar en una negociación.
Veamos ahora quién se supone que es ahora nuestro interlocutor. Los palestinos eligieron a Hamás, que se niega a negociar con nosotros y que incluso no reconoce la existencia de nuestro Estado. ¿Qué se puede hacer en una situación así? ¿Qué alternativa nos queda? ¿Seguir asfixiándolos más y más? ¿Continuar matando a cientos de palestinos en Gaza, la mayoría civiles inocentes como nosotros?
Diríjase a los palestinos, señor Olmert. Diríjase a ellos pasando por encima de Hamás. Diríjase a los palestinos moderados, a esos que al igual que usted y yo se oponen a Hamás y a su política. Diríjase al pueblo palestino. Diríjase a sus heridas profundas, reconozca su constante sufrimiento. Ellos y nosotros abriremos un poco nuestros corazones, y eso posee una fuerza enorme. La simple compasión, precisamente en medio del odio y la parálisis, tiene un poder tremendo. Por una vez mírelos no a través del objetivo de un fusil, y entonces verá un pueblo no menos castigado que el nuestro. Un pueblo ocupado, oprimido, sin esperanza.
Por supuesto que los palestinos también son culpables de que nos encontremos en un callejón sin salida. Por supuesto que también ellos tienen una parte importante de culpa en el fracaso del proceso de paz. Pero por un momento, mírelos de otra forma. No se fije en los extremistas, fíjese en la mayoría desgraciada de ese pueblo. Nuestro destino está ligado al suyo, queramos o no.
Acérquese a los palestinos, señor Olmert, deje de buscar todo el rato razones para no hablar con ellos. Usted renunció a un repliegue unilateral, e hizo bien. Pero ahora no deje un espacio vacío, porque enseguida se llenará de violencia y destrucción. Hable con ellos. Ofrézcales una propuesta que puedan aceptar los palestinos moderados, que son muchos más de los que nos muestran los medios de comunicación. Presénteles una propuesta así y que ellos decidan si aceptan o si prefieren seguir siendo rehenes del islamismo fanático. Vaya a ellos con el plan más osado que Israel pueda plantear, un plan con todo lo que Israel puede ofrecer. Si se demora en hacerlo, dentro de poco nos daremos cabezazos contra la pared diciendo: ¿por qué no fuimos más flexibles, por qué no utilizamos nuestra creatividad para sacar a nuestros enemigos de su propia trampa?
Así como hay guerras irremediables, hay también paces irremediables. Porque no hay más remedio. Ni ellos ni nosotros tenemos otra opción. Y a una paz irremediable hay que salir con la misma tenacidad con que se sale a una guerra irremediable. Y ya no hay más remedio. Y quien crea que no es así y que el tiempo juega a nuestro favor, no capta los peligrosos procesos en que estamos metidos.
Y por otra parte, señor primer ministro, quizá haya que recordarle que si cualquier líder árabe hace el más mínimo gesto de paz, usted debe responder a él, debe inmediatamente comprobar si es un gesto sincero y serio. Porque usted no tiene el derecho moral de no tomar en consideración un gesto de paz. No puede hacerlo por respeto a todos aquellos a los que va a pedir que sacrifiquen su vida en la próxima guerra. Por lo tanto, si el presidente Assad dice que Siria quiere la paz, usted, le crea o no, debe pedirle un encuentro en ese mismo instante. No espere ni un solo día. Pues cuando emprendió esta última guerra, no esperó ni una hora siquiera. Salió con todo el arsenal militar, con todo su potencial de destrucción. Entonces, ¿por qué cuando hay cualquier atisbo de paz usted lo infravalora, no lo considera? ¿Qué tiene que perder? ¿Desconfía del presidente sirio? Ofrézcale una propuesta que descubra sus verdaderas intenciones. Preséntele un plan de paz que dure varios años y que sólo al final, cuando se vea que acepta realmente todas las condiciones, le devuelva el Golán. Apoye a los sirios moderados, que también los hay. Intente modelar la realidad en vez de ser simplemente parte de ella. Para eso fue elegido, para eso precisamente.
La mayoría de los ciudadanos de Israel ya han comprendido qué es lo que hay que hacer para acabar con el conflicto: dividir la tierra para que se establezca un Estado palestino. Entonces, ¿por qué seguir debilitándonos con el enfrentamiento? Desde aquí les pido a todos los que me escuchan, a los jóvenes, que han vuelto de la guerra y que serán de nuevo quienes paguen el precio de la próxima guerra, a los ciudadanos judíos y árabes de Israel, a la derecha y a la izquierda: deteneos por un momento, mirad el borde del abismo, pensad en que estamos a punto de perder aquello que hemos creado aquí, preguntaos si no ha llegado ya la hora de salir de nuestro estancamiento y exigirnos, por fin, poder vivir la vida que nos merecemos.
David Grossman es escritor israelí. Este texto es un amplio extracto de su discurso en Tel Aviv, en el 11º aniversario del asesinato de Isaac Rabin.

Ante el genocidio del pueblo palestino que perpetran los halcones de la extrema derecha que gobierna en Israel

Ante el genocidio del pueblo palestino que está haciendo el Gobierno del Estado de Israel es prudente escuchar "Voces desde Israel", como titula su artículo el General español, y fino analista político, Alberto Piris. El frío cálculo y el despiadado HOLOCAUSTO con el que se ensañan criminales e inhumanos dirigentes israelíes merece que la comunidad internacional se alce para detener estas matanzas y esta política de halcones con la que quieren hacerse con el control de Oriente Medio. Para que no nos tilden de antisemitas, en su afán descalificador de todos los que denunciamos los crímenes del actual gobienro de la extrema derecha, es bueno leer y escuchar las voces de ciudadanos israelíes que no participan en ese Hoocausto. Como hubo alemanes que no s ecundaron a Hitler y lo pagarOn con sus vidaS, cob la cárcel o con el destierro. Confiemos en que el incio de la caída de los halcones en Washington faciliten la lucha contra estos prepotentes sionistas,neocons, imperialistas y racistas para no convertirnos en cómplices con nuetsro silencio:
"Tanya Reinhart, acreditada analista del conflicto palestino-israelí, fue profesora de Lingüística en la universidad de Tel Aviv. El descriptivo y demoledor título de su último libro podría traducirse así: “La hoja de ruta a ninguna parte”. El subtítulo aclara su contenido: “Israel/Palestina desde 2003”.
Cuando la brutalidad con la que actúa el gobierno de Israel contra el pueblo palestino alcanza límites insoportables, es alentador encontrar una pluma judía capaz de romper con sus escritos el muro de la desinformación y abrir grietas en el acorazado grupo de presión proisraelí que en los más poderosos medios internacionales de información distorsiona la realidad cotidiana de Palestina.
Considera Reinhart que el sistema político israelí ha entrado desde el año 2003 en “un proceso gradual de desintegración” y no pone reparos en recordar un informe del Banco Mundial que en abril de 2005 calificaba a Israel como uno de los países más corrompidos e ineficaces del mundo occidental. Afirma que es cada vez más evidente el hecho de que las fuerzas armadas son el factor dominante en la política israelí y determinan las decisiones del gobierno, incluso las que poco o nada tienen que ver con la defensa. Opina que se ha desarrollado al máximo la idea de que “la guerra se puede comercializar como una infatigable búsqueda de la paz”. Es así como Israel coincidiría con la paranoia de Bush sobre la guerra universal e interminable contra el terror, que tanto contribuyó a acrecentar su popularidad entre los votantes en EEUU.
Coincide también con los que sospechamos que la militarización de la sociedad judía, notable desde los orígenes del Estado de Israel, alcanza hoy extremos que permitirían dudar de su naturaleza democrática. No le tiembla el pulso a la autora al describir como un “proyecto masivo de limpieza étnica” la política de Sharon al rodear Cisjordania con un muro que aísla a las gentes de los campos que cultivaban y que entorpece su vida diaria, propiciando la emigración.
Hay que recordar que ni siquiera Gaza, cuya ocupación militar concluyó formalmente, es hoy otra cosa que una enorme prisión en la que ya han muerto más de 300 palestinos desde que a finales de junio pasado se inició la última fase de esa guerra, espasmódicamente activa desde 1948, y de la que han estremecido al mundo las imágenes de las mujeres-escudo que pretendían proteger a los luchadores de Hamás que combaten por la independencia de su pueblo.
Un aspecto positivo del libro citado, que alimenta la esperanza en una futura solución de este prolongado conflicto, es que se ha escrito basándose en informaciones libremente publicadas en Israel y al alcance de cualquier ciudadano, lo que no podría decirse sobre otros conflictos, como el de Rusia en Chechenia, fuertemente censurados y ocultados a la opinión pública. Es curioso constatar que la autora percibe dentro de Israel más libertad y apertura informativa sobre esta guerra que lo que aprecia en el mundo occidental, donde las noticias suelen aparecer más atenuadas. En una entrevista declaró: “Hay cosas que parecerían atrocidades en Occidente pero que en Israel son rutina diaria”. Y aunque aprecia obstáculos y dificultades para la libertad de expresión (ella tuvo que abandonar la universidad por presiones políticas a causa de sus opiniones), nos muestra que la sociedad israelí no ha amordazado todavía las voces críticas que pueden hacerle meditar sobre los errores cometidos.
Su reflexión sobre la influencia de los medios en este conflicto es clara: “Los hechos muestran los límites de la propaganda: se puede fabricar silencio o asentimiento, pero no se puede construir una conciencia”. Es a lo que ella aspira con sus escritos y declaraciones. Oigámosla: “Como israelí, creo que este forcejeo [para hacer oír su voz] da también esperanza a los israelíes. La política de Israel no solo amenaza a los palestinos sino también a los israelíes. A la larga, esta guerra por el territorio es suicida. Un pequeño estado judío con siete millones de habitantes (de los que 5,5 son judíos), rodeado por doscientos millones de árabes, se está convirtiendo en el enemigo de todo el mundo musulmán. No hay seguridad de que tal Estado pueda sobrevivir. Salvar a los palestinos significa también salvar a Israel”.
La resolución del conflicto que hace ya varios decenios derrama sangre sobre la tierra palestina no está en la guerra constante de Israel contra los árabes; ni en las armas nucleares con las que cree garantizar su supervivencia. Tampoco está en los buenos oficios de EEUU, cuya opinión pública ignora lo que allí sucede y cuya clase política cultiva desmedidamente el voto proisraelí. Ni en Europa, incapaz de gestar una política exterior común y eternamente acomplejada frente a Israel por la pesadilla del holocausto. La paz solo reinará en esa conflictiva región cuando desde dentro de Israel cobren vigor y relevancia las voces templadas y ecuánimes, como la de Tanya Reinhart, y sean capaces de influir en la política de su país, imponiéndose al discurso militarista y violento que allí domina y que ha logrado que la corta historia del Estado esté jalonada predominantemente por el estruendo de las armas en una interminable sucesión de guerras que a nada conducen.



¿Hasta cuando abusará el Gobierno de Israel? Se trata de un auténtico genocidio

Israel ha llevado a cabo uno de sus mayores ataques en Gaza desde que en junio pasado fue secuestrado uno de sus soldados, todavía en poder de Hamás. La operación, en la que blindados con apoyo aéreo han entrado a saco en Beit Hanún, es una de las primeras consecuencias del fortalecimiento del Gobierno israelí tras la incorporación de un partido de extrema derecha y la ampliación de su base parlamentaria. El gabinete de seguridad de Ehud Olmert ha ratificado en Jerusalén que continuará y aumentará la presión sobre Hamás en Gaza.
Con la incorporación al Ejecutivo del ultraderechista Avigdor Lieberman, el primer ministro israelí ha conseguido de un golpe fortalecer su frágil coalición y ampliar su mayoría parlamentaria a 78 sobre 120 escaños, una cifra insospechada. Para acomodar a socio tan incendiario, opuesto a cualquier cesión de territorios, Olmert ha tenido que abandonar sus planes previos de evacuar asentamientos judíos en Cisjordania. Presumiblemente, no es un gran sacrificio para un jefe de Gobierno muy tocado por la inconclusiva invasión de Líbano.
Olmert está decidido a explotar las debilidades actuales de los palestinos, aunque sea al precio de alejar hasta distancias siderales cualquier posibilidad de compromiso. Se lo pone en bandeja la acrecentada lucha por el poder entre el moderado presidente Abbas y los radicales islamistas de Hamás. Esta alarmante pugna interpalestina adquiere sus dimensiones más trágicas en Gaza, que se convierte por momentos en territorio sin ley. En la misérrima y superpoblada franja, el movimiento terrorista es más fuerte, mientras que en la Cisjordania ocupada es más débil y moderado. Y ahí golpea Israel, con la esperanza de acabar escindiendo políticamente ambos territorios.
Para los palestinos, sus peleas intestinas ceden ya el paso a la mucho más acuciante realidad del hambre. Un informe del Fondo Monetario Internacional divulgado ayer calcula que las finanzas de los territorios ocupados se han desplomado un 60% como consecuencia del embargo occidental contra el Gobierno de Hamás, que asumió el poder en marzo, por su negativa a reconocer a Israel y renunciar a la violencia. En términos prácticos, esto significa centenares de miles de personas al borde de la hambruna, sueldos de funcionarios reducidos en más de la mitad e imposibilidad de cualquier presupuesto que haga viable Palestina.
Es esta situación crítica, la de una economía asfixiada que debe improvisarse cada día, la que explica la embajada de Hamás a Londres esta semana, buscando los buenos oficios internacionales para hacer prosperar una iniciativa sin futuro. Los radicales islamistas pretenden que Israel se conforme con una tregua a 10 años vista. Argumentan que este dilatado periodo de coexistencia enfriaría los ánimos lo suficiente como para hacer rebrotar las esperanzas de un acuerdo en Oriente Próximo.

Sugiero la lectura del artículo del Prof. Paul Kennedy que publica El País

http://www.elpais.es/articuloCompleto/opinion/intervenir/Darfur/retirarse/Irak/elpepiopi/20061101elpepiopi_6/Tes/

(Por si no podéis abrirlo, lo copio aunque haga de este blog un disparate de tamaño:Tuvo algo de conmovedor y anticuado el discurso que el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, pronunció el pasado agosto ante la Legión Americana en Salt Lake City y en el que prácticamente acusó a los partidarios de "salir corriendo" de Irak de pertenecer a la tradición, tristemente famosa, de las políticas de apaciguamiento de Neville Chamberlain en los años treinta.

¿Por qué "anticuado"? Porque, como han descubierto los estudiosos del periodo de entreguerras, la distinción tajante que hace Rumsfeld entre los cobardes apaciguadores y los valientes anti-apaciguadores (invocó el nombre de Winston Churchill) no sirve de mucho. Las cosas son mucho más complicadas.

Durante aquella triste década, las democracias occidentales se enfrentaban a un triple desafío, la Alemania nazi, la Italia fascista y el Japón nacionalista. Pero el hecho de que Occidente acabara en guerra contra los tres no significa que hubiera una división clara entre partidarios y detractores del apaciguamiento. Muchos políticos británicos, asustados por la amenaza que suponía Japón para sus posesiones en Asia, querían mostrarse fuertes y firmes en esa región, pero, sin embargo, estaban dispuestos a dejar que Hitler avanzara hacia el Este, hacia Polonia y Rusia. Otros querían resistir a Alemania pero eran partidarios de pactar con Mussolini. En otras palabras, uno podía estar en contra del apaciguamiento en un caso y a favor en otro. Hasta Churchill pensó que los esfuerzos de Chamberlain para comprar a Mussolini merecían la pena.

No obstante, quizá esas torpes referencias a las crisis de los años treinta nos sean útiles ahora que luchamos por comprender el mundo de hoy, tan caótico como el de entonces, y tratamos de poder juzgar razonablemente en qué casos debe y no debe intervenir la comunidad internacional para detener las agresiones y las violaciones de los derechos humanos.

Hace poco recibí un correo electrónico de un diplomático estadounidense destinado en la capital sudanesa, Jartum; o sea, alguien próximo a las atrocidades de Darfur y a la desagradable tarea de tratar con el régimen criminal del país. Había leído sobre las masivas manifestaciones celebradas en Washington, Londres y otros lugares para pedir la intervención en Sudán, y se preguntaba lo siguiente: ¿hasta qué punto podemos o debemos ser selectivos en estas cuestiones? Al fin y al cabo, sabemos que muchos de los que quieren enviar una fuerza internacional a Darfur tienen una postura muy crítica respecto a la intervención de Estados Unidos en Irak y aspiran a una retirada militar de ese país lo antes posible. Creen que hay que ser cautos en un terreno y enérgicos en otro: apaciguar en el Éufrates y usar la fuerza en el Nilo.

Mi opinión es que la comunidad mundial debería intervenir en Darfur, por mucho que un Gobierno sudanés totalmente corrupto apele de manera nada convincente al principio de no intervención de la Carta de Naciones Unidas. Y también es cierto que he dicho muchas veces que la intervención estadounidense en Irak es una locura de primera categoría y que los norteamericanos debemos encontrar la manera de salir de allí o reducir enormemente nuestra presencia, aunque sea más fácil decirlo que hacerlo. Yo también tengo mis contradicciones.

Casi todos los comentaristas que conozco son partidarios de que haya una intervención internacional en algunos lugares y, al mismo tiempo, aconsejan seriamente que no se haga en otros. Alguien que propugne la intervención en Darfur (es decir, un anti-apaciguador) puede ser partidario de la retirada de Irak y Afganistán (un apaciguador). Alguien deseoso de que enviemos muchas más tropas a Irak puede sentirse incómodo ante la intervención en el Alto Nilo. Lo que para una persona es una cruzada justa, para otra es una intervención absurda.

¿Dónde podemos buscar algo que nos ilumine, unos principios que nos digan cuándo intervenir y cuándo permanecer apartados? Por desgracia, no existe ningún documento así. La Carta de Naciones Unidas, un documento muy astuto, propone que la decisión de intervenir la tome el Consejo de Seguridad caso por caso. Da grandes poderes al Consejo pero deja a sus 15 miembros -sobre todo, a los cinco permanentes con derecho a veto- la facultad de decidir cómo utilizarlos.

Como consecuencia, existen hoy numerosas operaciones militares en terceros países (misiones de paz de la ONU, operaciones de la OTAN, intervenciones unilaterales de Estados Unidos) cuyos diversos propósitos hacen que sean difíciles de entender incluso para los expertos en estos temas.

Pero la Casa Blanca está demasiado obsesionada por su cruzada contra el terrorismo, y su incapacidad de progresar en un Irak que se desintegra le impide reflexionar con claridad sobre esta cuestión general de cuándo es apropiado el intervencionismo.Los europeos críticos, como el presidente francés Jacques Chirac, tienen pocas o ninguna idea positiva. Y el primer ministro británico, Tony Blair, tal vez el que mejor trata de abordar y resolver estos grandes interrogantes, no consigue gran cosa dada su debilidad interna. En cuanto a Rusia y China, se limitan a mirar desde las bandas, aunque tienen cuidado de proteger el principio de no intervención cuando les conviene.

Quizá, pues, vamos a recorrer a trompicones el primer decenio del siglo XXI, sin disfrutar de un nuevo orden mundial ni afrontar una catástrofe mundial de proporciones épicas, sólo interviniendo de vez en cuando en Irak y Afganistán pero apartando la vista de Darfur y Ruanda. Tal vez ha sido siempre así. El gran poeta inglés W. H. Auden llamó a los años treinta "un decenio bajo y deshonesto". ¿Pero ha habido alguna época en la que la opinión política no fuera contradictoria y deshonesta?

No obstante, podríamos reflexionar más sobre estos asuntos y presionar a nuestros políticos para que presten a este problema tan fundamental -¿dónde y por qué debe intervenir la comunidad internacional?- mucha más atención de la que le han prestado hasta ahora. No debemos esperar una respuesta rápida ni sencilla, porque no existe. Pero, si se pide a los gobiernos y los pueblos de nuestro planeta que piensen en la posibilidad de intervenir en el futuro -y se nos va a pedir que lo pensemos una y otra vez-, tal vez quienes defienden la necesidad de actuar en una región y se oponen en otra deban explicar con más claridad los motivos de su postura.

Paul Kennedy es director de Estudios sobre Seguridad Internacional en la Universidad de Yale.

¿Más allá de Iraq? Sugerente artículo del Prof. de Georgetown, Norman Nirbaum

Sugiero a mis alumnos de 1º y de 3º/4º de este curso que lo lean con atención:

 Estados Unidos es una democracia muy imperfecta. La mitad de su ciudadanía no puede o no quiere votar en las elecciones presidenciales y menos de la mitad va a votar en las inminentes elecciones al Congreso. Los procesos de formación de opinión se han visto sustituidos, en gran medida, por la manipulación. La ciudadanía soberana de la filosofía liberal está más presente en los textos académicos que en la práctica política, sobre todo por lo que respecta a la política exterior y militar. En ese terreno lo que vemos es una usurpación presidencial del poder, una belicosidad popular y un chovinismo que anulan el debate, la creación deliberada de una atmósfera de miedo y una conciencia nacional tranquila y segura de estar cumpliendo la voluntad de Dios. Los intelectuales suministran figuras dispuestas a justificar y funcionarios dispuestos a administrar un imperio aparentemente democrático pero que, en realidad, se basa en el plebiscito. Los dirigentes empresariales y financieros del país son quienes tieen el dinero y, por consiguiente, el poder supremo.
La catástrofe de Irak recuerda a la de Vietnam por la peculiar fusión de ignorancia y fariseísmo del grupo partidario de la guerra. Como en Vietnam, las dudas y los enfrentamientos en los círculos dirigentes se han extendido a la población. Lyndon Johnson sabía que había estado muy mal asesorado en Vietnam, pero los custodios del poder de Estados Unidos, los sabios (un comité ejecutivo extraoficial), le insistieron en que siguiera adelante. Sus consejos sobre cómo terminar la guerra en 1968 desembocaron en la salida del secretario de Defensa McNamara, una oferta de negociaciones a los vietnamitas y la retirada del presidente de la vida pública. El presidente Bush puede alegar que cuenta con más legitimidad popular que Johnson (que ganó las elecciones en 1964 con la declaración de que los republicanos iban a ir a la guerra). Ahora que la guerra ha minado esa legitimidad, ¿ha pedido Bush ayuda a esas élites a las que su familia ha servido durante tres generaciones?
La Casa Blanca mostró una visible falta de entusiasmo cuando el Congreso pidió a un grupo de ciudadanos que constituyeran un "Grupo de Estudios sobre Irak". Sus presidentes son el antiguo secretario de Estado Baker y el ex congresista demócrata Lee Hamilton. Baker, claramente el hombre fuerte del grupo, es buen amigo de la familia Bush. El grupo incluye asimismo a su homólogo en el entorno de los Clinton, el abogado Vernon Jordan, y al ex jefe de gabinete del presidente Clinton, Leon Panetta. Al principio, Baker y Hamilton dijeron que no iban a hablar hasta después de las elecciones, pero ahora Baker ha dicho que es partidario de que haya conversaciones directas con Irán y Siria y que es preciso revisar con espíritu crítico la situación iraquí. También ha declarado que hay que examinar todo el problema de Oriente Próximo en su conjunto: es evidente que no se refiere a los derechos de la mujer en Arabia Saudí, sino a los palestinos. Con un llamativo giro en su retórica habitual, la secretaria de Estado, Condoleezza Rice, acaba de asegurar que está deseando ver un Estado palestino. Hace sólo unas semanas, ofrecía su apoyo total a Israel, con los hechos y con unas palabras evocadoras de las referencias de los cristianos fundamentalistas al Apocalipsis. Desde luego, es posible que el cambio sea meramente retórico.
La reaparición de Baker ha puesto nerviosos a los defensores de Israel en Estados Unidos. Se desconcertaron, hace unas semanas, cuando el Consejo de Relaciones Exteriores ignoró sus objeciones y se reunió con el presidente iraní. El Consejo es un poderoso instrumento del imperio. Su presidente, Richard Haass, fue asesor sobre Oriente Próximo del primer presidente Bush y trabajó para el secretario de Estado Powell. Una nueva biografía de este último presenta a un hombre que lamenta su conformidad con políticas que sabía que iban a fracasar. Desde luego, Haass no actuó por su cuenta al invitar al líder iraní, y quienes le animaron a hacerlo preveían seguramente las protestas del lobby israelí; el hecho de que no las tuvieran en cuenta dice mucho sobre cuáles son sus prioridades.
Algunos grupos judíos están formando un grupo de presión que se oponga al que dirigen los aliados estadounidenses de la derecha israelí. Hace un tiempo lograron detener una iniciativa del Congreso que pretendía que Estados Unidos colaborara con Israel en la destrucción del Estado palestino (en lugar de limitarse a consentir los esfuerzos israelíes). Los grupos judíos próximos a los maximalistas israelíes están movilizando a los judíos estadounidenses en contra de quienes critican a Israel. El historiador Tony Judt ha sido denunciado por comentar que, con una gran minoría árabe y una población árabe sometida, el nacionalismo étnico de Israel es insostenible. Tiene razón -y muchos israelíes lo reconocen- al poner en tela de juicio el futuro de un Estado que sólo encuentra justificación en un enfrentamiento permanente con sus enemigos.
La campaña electoral, en sus últimas semanas, parece necesitar como cronista a Woody Allen. El nivel de vida del ciudadano medio está empeorando, Irak está en pleno caos, la gente piensa que el presidente no dice la verdad y que el Congreso está plagado de corrupción. Los demócratas han centrado su interés en la presunta conducta sexual inapropiada de un os-curo republicano de Florida, ridiculizado ahora con un fervor indecente por sus antiguos amigos en el partido, que temen perder el respaldo de los republicanos de la Biblia; la incomodidad de estos últimos respecto a las relaciones heterosexuales sólo se ve superada por el odio que sienten hacia la homosexualidad.
Los demócratas no pueden hablar de los temas importantes porque no tienen proyectos de conjunto. Aseguran que pueden dirigir con más eficacia la "guerra contra el terror", pero no son capaces de poner en duda sus fundamentos.
Repiten las críticas de Bush sobre las armas nucleares de Corea del Norte y los planes iraníes de construir otras, pero no tienen nada que decir sobre las armas estadounidenses y se callan sobre las de Israel. Muchos de sus expertos en política exterior hablan, no para proponer ideas y debatirlas en público, sino para preparar sus candidaturas a diversos puestos en el próximo Gobierno de su partido. Muchos tienen miedo de decir lo que de verdad opinan sobre Oriente Próximo y casi todos repiten hasta la saciedad los tópicos sobre la "responsabilidad" de Estados Unidos en el mundo. Por supuesto, a gran parte del mundo le gustaría experimentar mucha menos "responsabilidad" estadounidense, ya sea en la variedad milenarista de los republicanos o en las versiones aparentemente más laicas de los demócratas.
Algunos de ellos han respaldado la infinita (y absurda) guerra permanente por la libertad de Bush: como en el caso de los republicanos, los que más insisten en luchar son los que tienen menos probabilidades de servir en el ejército.
Si ganaran los demócratas, en gran parte como consecuencia de la guerra de Irak, la presidencia del Comité de Relaciones Internacionales de la Cámara irá a parar a uno de los defensores más incondicionales de dicha guerra, Tom Llantos, que es además el único superviviente del Holocausto en el Congreso y también defensor incondicional de Israel.
Ahora bien, los legisladores más importantes del próximo año, gane el partido que gane, serán Baker y su grupo, que no ocupan ningún cargo pero que trabajan en favor de los intereses de las clases dirigentes. Los representantes de Clinton en este grupo quieren mantener abiertas las puertas de Pennsylvania Avenue para la proyectada llegada de la senadora Clinton a la Casa Blanca en 2009. Baker desea restaurar el poder del imperio estadounidense, tras los devaneos de Bush con las fantasías de omnipotencia imperial. El grupo acordará una retirada limitada de Irak y tal vez la imposición de ciertas concesiones de Israel a los palestinos. Quizá convenzan a Bush para que entable unas negociaciones limitadas con Irán y Siria. No van a poner en duda la ideología ni la estructura del poder imperial. No crearán un nuevo consenso bipartidista sobre el papel de Estados Unidos en el mundo, pero sí pondrán en práctica un armisticio interno basado en el consenso anterior para evitar el peligro de que la oposición al imperio se convierta en un elemento del proceso político general. Ése es un punto en el que las dinastías de los Bush y los Clinton están de acuerdo. Y el Congreso, con algunas disidencias, les seguirá.
Hace varios años, el Consejo Nacional de Inteligencia de la CIA elaboró un documento muy interesante, Mapping The Global Future (El mapa del futuro mundial), que abordaba el mundo que Estados Unidos tendrá que afrontar en 2020. Mostraba conflictos e inestabilidad en todas partes fuera de nuestras fronteras. Lo que no decía (seguramente no podía decir) era que contar por adelantado con que la política y la sociedad estadounidenses serán estables es una tontería. La Casa Blanca de Bush ha mezclado la oración, las armas devastadoras y las falsedades sistemáticas. El grupo de Baker propone lidiar con un mundo resistente trozo a trozo. Pero ese mundo está cambiando más deprisa que la capacidad de controlarlo de los realistas. Incluso un personaje tan serio y experimentado como Baker no es, a la hora de la verdad, más que un negociador de Texas. ¿Y si el resto del mundo no quiere pactar? Estoy pensando poner una pegatina en mi coche: "Estoy en contra de la próxima guerra".

Norman Birnbaum es profesor emérito en la Facultad de Derecho de Georgetown., Washington. Autor, entre otros libros, de Después del progreso.