En el parque Phoenix de Dublín hay una pradera llamada de los Quince Acres, presidida por una colina donde se levanta una poderosa cruz en recuerdo de la visita que el papa Wotyla realizó a Irlanda el 29 de septiembre de 1979, un tiempo de otoño en que los venados están en plena berrea. En esta pradera se concentraron entonces más de un millón de fieles para asistir a la ceremonia de la misa. Cuando hace unos días me paseé por allí los árboles del parque estaban coronados por una niebla tostada como la espuma de la cerveza Guinness y la pradera de los Quince Acres había sido devuelta a unas manadas de ciervos, sus inquilinos de toda la vida. Alrededor de la colina del altar, al pie de la cruz, ahora los ciervos estaban celebrando la berrea. Los golpes de las cuernas con que se trababan los machos se oían de muy lejos y el harén de hembras asistía a esta ceremonia de la subasta de semen con aparente indiferencia, pero al final del combate no hay forma de que se equivoquen a la hora de otorgar sus favores al ganador. Desde el fondo de Dublín el sonido de otra berrea formada por las sirenas de las ambulancias y de la policía junto con el rumor ronco del tráfico llegaba hasta el pie del altar donde se entreveraba con los poderosos bramidos de los ciervos y en el horizonte del parque se divisaban las siluetas de innumerables grúas de la construcción, que son las modernas cruces del Calvario. La berrea en Dublín se traslada cada noche a cualquier pub de la esquina y allí los berridos sólo son carcajadas irlandesas, de las que salen del fondo de la tripa, envueltas en una bruma de alcohol. En los pubs dublineses la gente bebe de forma católica hasta los pies, se mide las cicatrices, levanta las pintas reclamando el favor de los cantineros, se muerde el sexo con el pudor de los ojos, celebra porfías con el afamado beso de Glasgow, que consiste en darse cabezazos con la frente, como los carneros, hasta dar con el contrario en el suelo. La noche de Dublín tiene un aire de dicha obcecada que llega hasta la cruz de los muslos y despues de vaciar varios toneles de cerveza los fieles pueden orinar espumosamente con furia contra los pretiles del río Liffey, no sin antes echar una limosma para las misiones en el cajetín que hay en todos los mostradores. Hasta el amanecer los venados del parque Phoenix seguían bramando alrededor del altar de la colina con una liturgia misteriosa, mientras en Dublín esta vez la berrea se confundía con el sonido de las campanas, de todas las campanas que llamaban a misa.
Otro interesante artículo de Ana Muñoz sobre la pobreza, para animar el debate:
Ochocientos cincuenta millones de personas en el mundo viven en la pobreza. Mil millones viven con menos de un dólar al día, cada cinco segundos muere un niño por problemas nutricionales, más de 1.200 millones de personas no tienen acceso al agua potable, 120 millones de niños no tienen acceso a la educación, 8.000 menores mueren cada día de malaria… Son las cifras de la pobreza. Cifras que cada día aparecen en los medios de comunicación y a las que la sociedad está empezando a acostumbrarse. Sin embargo, somos la primera generación que tenemos en nuestras manos erradicar la pobreza de nuestro planeta. “El mundo tiene hoy el conocimiento, los recursos y las tecnologías para erradicar la extrema pobreza”, denunia Bernal Davis, administrador del PNUD. Así, la sociedad civil no puede dejar pasar la ocasión para rebelarse contra la injusticia. Es el momento para alzar la voz y exigir a los dirigentes de todo el mundo que cumplan sus compromisos con los más desfavorecidos. El primer paso es cumplir con los plazos de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), firmados por 190 países en la Cumbre del Milenio que se celebró en Nueva York en el año 2000. Los últimos informes de Naciones Unidas ponen de manifiesto que al ritmo actual, se necesitarán más de 130 años para acabar con el hambre en el mundo. La FAO declara que cada año, seis millones de personas dejan de pasar hambre, pero para cumplir el objetivo de reducir a la mitad la pobreza en el mundo para el año 2015, deberían ser 22 millones de personas las que consiguieran los alimentos suficientes para vivir. La única región del mundo donde se ha reducido el hambre es en Latinoamérica, según los informes de los organismos internacionales. En Asía y el Pacífico, vive el 62% de la población más pobre del mundo, a pesar de que es una zona considerada con “buenas posibilidades” debido al crecimiento de países como China o India. África y Oriente Medio son las áreas que más preocupan a los organismos internacionales ya que la cifra de pobreza no disminuye sino que aumenta cada año debido en gran medida a los conflictos armados que se dan en la zona y a que los niveles de mortalidad infantil son los mayores de todo el mundo. La FAO señala que para erradicar la pobreza del planeta es fundamental el trabajo que se haga en las zonas rurales, las más desfavorecidas del planeta. En el campo viven los once millones de niños que mueren antes de los cinco año, más de medio millón de mujeres que mueren durante el embarazo y los 300 millones de personas que mueren de paludismo. Y el problema no está tanto en aumentar la producción de alimento sino en una mejora en la distribución de las materias primas. Los pobre son hoy cada vez más pobres y son los ricos del planeta los que disfrutan del 70% de la riqueza del planeta. Un comercio internacional más justo, también ayudaría a la lucha contra la pobreza. Estados Unidos, UE y Japón se reparten la gran tarta mundial y ponen sus condiciones de compra-venta al resto de países a través de organismos como la Organización Mundial del Comercio (OMC) o el Banco Mundial (BM). Los países ricos manejan a su antojo los precios y los productos que se han de consumir. Aranceles, monocultivos, privatizaciones de sectores básicos… hacen que los países del Sur estén cada vez más empobrecidos. Basta como ejemplo, los 760 euros de subsidio que recibe una vaca de la Unión Europea, frente a los seis que recibe cada niño de África. Del mismo modo, la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) ha ido disminuyendo a lo largo de la década de los 90. A principios de esta década la AOD superaba el 0’33%, hoy no llega al 0,25%. Tan sólo cinco países. Dinamarca, Luxemburgo, Paises Bajos, Noruega y Suecia, dedican el 0,7% de su PIB a ayudar a los países del Sur. La sociedad civil no puede convertirse en cómplice de la pobreza. Los dirigente mundiales se comprometieron a frenar la pobreza y disminuir la brecha entre el Norte y el Sur en el año 2000. Y las promesas tienen fecha de caducidad.
Abramos un debate sobre este tema del artículo de David Alvarez Rivas:
La sede de la ONU en Ginebra ha recordado durante esta semana el vínculo entre miseria y violación de los derechos humanos y ha pedido a todos los países que trabajen juntos para eliminarla. “Somos la primera generación que podemos erradicar la pobreza”. Esta frase, que se ha convertido en el lema de las organizaciones internacionales de desarrollo en los últimos dos años, no es una afirmación retórica. Somos la primera generación que tiene los recursos financieros y tecnológicos para lograrlo, que ha invertido en las dos últimas aventuras espaciales la cantidad necesaria para que casi 1.100 millones de personas vean reducida su pobreza extrema. La solución a esta situación de indignidad pasa por liderazgo político y una voluntad para abordar de forma urgente los problemas. Necesitamos hechos, no declaraciones retóricas. En septiembre de 2000, en la Cumbre del Milenio, a propuesta del Secretario General de Naciones Unidas, Kofi Annan, 189 Jefes de Estado y Gobiernos se comprometieron a trabajar juntos con firmeza para construir un mundo más seguro, próspero y equitativo antes del 2015. Entonces, los líderes de países ricos y empobrecidos adoptaron ocho metas de Desarrollo del Milenio donde el bienestar de las personas ocupaba el lugar capital de las agendas. Eran los “deberes” que la comunidad internacional se “imponía” para combatir la lacra del hambre, eliminar la desigualdad de género, asegurar el acceso a la educación, a la salud y al agua potable y eliminar la degradación del medio ambiente. Seis años después sabemos que los países desarrollados están lejos de cumplir con los indicadores fijados en la Hoja de Ruta. La propia ONU estima que se necesitan 100.000 millones de dólares anuales hasta 2015 para cumplir los Objetivos del Milenio. Sólo el presupuesto en Defensa de EEUU en 2005 fue de 500.000 millones de dólares (un 41% más que en el año 2001). Mientras, más de 3.000 millones de personas -la mitad de la población mundial-, carecen de una vida digna. Aunque se acordó destinar 50.000 millones de dólares anuales para combatir el hambre, la cantidad recaudada es sólo de 20.000 millones y la mayor parte de este aumento se debe a la cancelación de la deuda en Irak. La ayuda al desarrollo ha disminuido un 25 por ciento en los últimos 15 años. Según el presidente del Banco Mundial, este incumplimiento –“un acto criminal”-, provocará la muerte de más de 45 millones de niños y niñas hasta el 2015. Además, para que se cumplan los Objetivos del Milenio habría que cancelar la deuda externa de los 62 países más pobres del mundo. En la cumbre de Escocia de 2005, el G-8 se comprometió a condonar la deuda de 18 países, 14 de África y 4 de Centroamérica. Ni ese acuerdo se ha materializado todavía. La realidad es que los países subsaharianos han devuelto más de 65.000 millones de dólares en concepto de deuda. Por último, el anuncio de la liberación del mercado de los países empobrecidos se ha quedado en meras intenciones. El fracaso de la Ronda de Doha es su expresión más reciente donde los países ricos se negaron a modificar unas reglas de juego claramente proteccionistas, otorgando millonarios subsidios a sus productos agrícolas. Si África hubiera conservado la misma parte de las exportaciones mundiales que tenía en 1980, el volumen de ventas sería de más de 120.000 millones de dólares, cantidad cinco veces mayor que toda la ayuda dada al continente desde 2002. Por todo esto, la sociedad civil se ha organizado en la semana del 15 al 21 de octubre para traer al primer plano de la actualidad la lucha contra la pobreza bajo el lema “Rebélate contra la pobreza”. El 21 de octubre, a las 18 horas miles de personas se manifestarán en diferentes ciudades españolas reclamando hechos, no palabras. Sólo la ciudadanía con su presión puede conseguir que nuestra riqueza sirva para sanar un planeta dividido, para poner fin al sufrimiento de semejantes y forjar un vínculo de humanidad entre comunidades y culturas. Las generaciones venideras no nos perdonarían no haberlo intentado.
David Álvarez Rivas es profesor asociado de la UCM
La Biblioteca de la Universidad Complutense,la mayor de entre las universitarias españolas, se ha unido a un grupo integrado por seis de las principales bibliotecas mundiales para digitalizar 300.000 de sus libros de dominio público y ponerlos para su lectura o consulta en Internet en colaboración con Google. José Carlos Gª Fajardo La importancia de este proyecto es enorme, no sólo por el cambio respecto a los modos en que las personas acceden a la información, sino por el hecho de que una gran parte el conocimiento más selecto estará a su disposición. Y es que los libros alojados en los estantes de las bibliotecas que colaboran con Google (las universidades de Oxford, California, Harvard, Michigan y Stanford, así como de la Biblioteca Pública de Nueva York) suponen casi la tercera parte de los títulos depositados en las bibliotecas del mundo. Destaca la calidad de los contenidos que podrán ser recuperados en Internet y su acceso será público y gratuito. Una parte importante de los mejores libros custodiados y seleccionado a lo largo de siglos por bibliotecarios y académicos se unirán al conocimiento depositado en la red. Con la adhesión de la UCM al proyecto de biblioteca de Google, éste se abre a la primera institución de un país no anglófono e inicia un giro hacia otras culturas y lenguas. El hecho de que sea una biblioteca del ámbito hispánico es motivo de especial orgullo para los hispanohablantes de ambas orillas del atlántico, quienes para poder consultar una parte muy importante de las mejoras obras de su cultura, ya no tendrán que desplazarse hasta las ciudades que albergan esos documentos y fondos únicos. Cualquier persona podrá acceder al contenido de los libros y de otros documentos seleccionados y preservados por algunas de las principales bibliotecas del mundo. Gracias a este servicio, las bibliotecas acercarán como nunca a las personas lo mejor que tienen: sus libros o, hablando con más propiedad, tus libros. Desde ahora más tuyos que nunca: de dominio público, como es de ley. La Complutense pondrá de manera gratuita a disposición de cientos de millones de usuarios potenciales los textos íntegros de todas las obras de su catálogo que no tienen en vigor derechos de autor, es decir todas aquellas cuyos autores han fallecido hace más de 75 años, y otras muchas cuyos autores han rechazado sus derechos o los han limitado a menos tiempo. La propia universidad es la que examinará las condiciones de cada libro antes de su digitalización. El hecho de que este acuerdo se haya alcanzado con una empresa que garantiza el acceso gratuito a las obras, en lugar de como están haciendo otras bibliotecas con editoriales que están buscando hacerse con los futuros derechos de obras que hoy por hoy son de dominio público. Junto al hecho de hacer realidad ese deseo de democratizar el conocimiento, la Complutense consigue que se realice en seis meses lo que sin esos medios se tardarían unos 100 años en digitalizar ese volumen de libros. Pero además de una copia digital de todas las obras, la BUC también tendrá una plataforma cedida gratuitamente por Google para uso exclusivo de la comunidad Complutense para poder a otro tipo de conocimientos más especializados. «Nosotros para alojar una versión digital de todos esos libros necesitaríamos unos 70 servidores, con el coste que eso supone”. Se calcula que la digitalización estará concluida en menos de un año. La UCM sola tardaría cien años. De esta forma, la UCM se convierte en la primera institución no anglosajona presente en Google Books (http://books.google.es). La gran novedad es que no sólo se puede realizar búsquedas por el nombre del autor o el título del libro, sino que basta con incluir un nombre, una frase, una temática o una referencia para que el buscador ofrezca ver los libros que más se adecuan a la búsqueda. Por ello es necesario indexar cada palabra de cada línea de cada página de cada libro. Este servicio («Book Search») supone crear la mayor biblioteca del mundo: más de 15 millones de libros podrán ser vistos desde cualquier lugar en Internet de forma gratuita. Además, estas obras se podrán recuperar también por las palabras contenidas en el libro y no sólo por su materia, título o autor, como sucede en los catálogos de las bibliotecas. Al difundir en Internet estas obras de dominio público se democratiza el saber y se preserva la memoria de la humanidad depositada en los libros.
"Europa bloqueada" es el título de un sensato editorial de hoy en El País: "La Unión Europea se encuentra en una pausa incómoda tanto en el terreno de la ampliación, más allá de Bulgaria y Rumania, como en el de la Constitución Europea. Una vez más, todo ocurre al margen de los intereses de los ciudadanos. Los límites geográficos de Europa se están fijando por la fuerza de los hechos y de electoralismos varios, sin que medie un necesario debate público sobre esta trascendental cuestión. Es necesario definir quién podrá ingresar una vez que la Unión haya puesto su casa en orden, y qué pasará con los que se queden fuera y con esa otra vecindad, la mediterránea, que tanto interesa a España. Turquía es zarandeada de mala manera. La hostilidad hacia Ankara de la que muchos creen beneficiarse daña a aquel país, a sus reformas y, por tanto, a los intereses de todos, y genera animadversión a la UE al presentarla como un club cristiano. Es evidente que Turquía ha de recorrer un largo camino, pero deben mantenerse la esperanza y el proceso de ingreso. Con iniciativas para castigar penalmente la negación del genocidio armenio, como ha hecho la Asamblea francesa, la UE y Ankara se alejan en el peor momento para ambas partes. Aunque la integración dentro de la UE avanza en campos como la política de seguridad común, hay otros que deben ser prioritarios pero siguen sometidos a la cultura del veto, como ocurre con la inmigración. En otros asuntos, como la energía, los tratados no prevén una política común. Para paliar estas deficiencias se redactó la Constitución Europea. El texto se hundió en los refrendos en Francia y Holanda, pero en 15 de los 25 Estados miembros, que incluyen más de la mitad de la población, fue ratificado. ¿Qué hacer? Los gobiernos no presentan propuestas antes de las elecciones francesas de la próxima primavera por miedo a que sean trituradas. Los primeros ministros se niegan a debatir el problema en foros como el Parlamento Europeo. Pero los Veinticinco están obligados a presentar alternativas para superar el bloqueo. Y sobre todo España, por haber sido el primer país en aprobar en referéndum el Tratado Constitucional europeo. No es el caso, y Zapatero, como otros, prefiere esperar y ver, pese a contar con semejante fuerza moral ante los demás líderes. Incluso la canciller Angela Merkel, que tomará las riendas del club el 1 de enero, no ve una solución a corto plazo. Va tomando cuerpo la idea de rebajar la frustrada Constitución a un "minitratado", en palabras de Nicolas Sarkozy, aspirante por la derecha a la presidencia francesa. La UE necesita una reforma institucional no ya para avanzar, sino para funcionar. Los ciudadanos necesitan, más que nunca, propuestas que superen los intereses nacionales y pongan en pie un proyecto bloqueado.
Desde hace varias semanas, los pescadores de la cofradía gallega de Lira (A Coruña) tienen en sus manos el borrador del decreto destinado a establecer una reserva de pesca de unas 1.700 hectáreas en aguas cercanas a su pueblo, junto al cabo Finisterre. La excepcionalidad reside en que los propios pescadores promueven esa reserva, en unas aguas explotadas desde tiempo inmemorial. En Galicia, al igual que en el resto del mundo, la presión pesquera es enorme, imparable. Y los mares ya no dan más de sí. El bacalao de Terranova se agotó hace 20 años y todavía no se ha recuperado. La anchoa del golfo de Vizcaya ha entrado en peligro de extinción. Y otro tanto está pasando con el atún rojo. La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) ha lanzado una alerta contundente. El 25% de las 600 especies marinas más consumidas sufre sobrepesca o sencillamente se ha agotado. Otro 52% soporta una captura al límite de lo sostenible. Mientras algunos pescadores optan por la pesca sostenible, otros arrasan al máximo. Es un secreto a voces, por ejemplo, que no se respeta el límite de 500 caballos de potencia para los motores de los barcos en el Mediterráneo. Los expertos advierten de que algunos pesqueros, convertidos en armas mortíferas, navegan con potencias de hasta 2.000 caballos. Todos lo saben, pero los motores siguen ahí y nadie hace nada. La organización ecologista WWF/Adena, muy activa en el sector, exige reglas más estrictas, más controles y un cambio de política, en la pesca y también en la acuicultura, que ya representa el 43% del consumo mundial de pescado. "Hay que defender más el recurso", dice Raúl García, de WWF, "y no siempre la flota, sobre todo la industrial, que es la que recibe gran parte de los subsidios y tiene menos que perder de la depresión de los caladeros". Porque un buque industrial puede fácilmente buscar caladeros lejanos hasta arrasarlos.
Vale la pena seguir la trayectoria del escritor que trata de convivir entre dos mundos desde ese punto crucial que es Turquía. Nesemu Durante los últimos 30 años, desde que por primera vez me convertí en un escritor, ésta ha sido la pregunta que he escuchado con más frecuencia, formulada tanto por lectores como por periodistas. Sus motivaciones dependen del tiempo y del lugar, como ocurre con las cosas que desean saber. Pero todos usan el mismo desconfiado, desdeñoso tono de voz. A mediados de la década del setenta, cuando por primera vez decidí convertirme en un novelista, la pregunta reflejaba el ignorante punto de vista de que el arte y la literatura eran lujos en un pobre país no occidental atribulado con problemas premodernos. También estaba la sugerencia de que alguien "tan educado y cultivado como usted" debía servir a la nación de un modo más útil, como un doctor combatiendo epidemias o como un ingeniero construyendo puentes. El filósofo francés Jean-Paul Sartre le dio crédito a este punto de vista a comienzos de la década del setenta cuando dijo que él no hubiera estado en el negocio de escribir novelas si hubiese sido un intelectual de Biafra. Años más tarde, quienes preguntaban "¿Usted, para quién escribe?" estaban más interesados en averiguar a qué parte de la sociedad me dirigía. Qué lectores buscaba para que leyeran y apreciaran mi trabajo. Yo sabía que esta pregunta era una trampa, porque si no contestaba "escribo para los miembros de la sociedad más pobres y más oprimidos", sería acusado de proteger los intereses de los terratenientes de Turquía y de su burguesía. Y ello, pese al hecho de que a cualquier escritor de buen corazón que fuera tan ingenuo como para sostener que estaba escribiendo para los campesinos y los trabajadores, rápidamente se le recordaría que sus libros muy difícilmente serían leídos por gente semi analfabeta. Un total de 30 años más tarde, escucho más que nunca esa pregunta. La pregunta tiene ahora más que ver con el hecho de que mis novelas han sido traducidas a más de 40 idiomas. Especialmente durante los últimos 10 años, mis cada vez más numerosos interrogadores parecen preocupados de que pudiera interpretar sus palabras de manera equivocada, así que ellos se inclinan a agregar: "usted escribe en turco; entonces, ¿escribe sólo para los turcos, o piensa ahora también en la audiencia más amplia a la que llega con sus traducciones?". Ya sea que estemos hablando dentro de Turquía o fuera de mi país, la pregunta siempre está acompañada por la misma desconfiada, desdeñosa sonrisa. Eso me obliga a concluir que, si deseo asegurar la autenticidad de mi trabajo, debo responder: "escribo solamente para los turcos". Para entender el significado de esta pregunta, tenemos que recordar que el surgimiento de la novela como una forma de arte coincidió con la emergencia del Estado Nación. Cuando se estaban escribiendo las grandes novelas del siglo XIX, el arte de la novela era en todos los sentidos un arte nacional. Balzac, Dickens, Dostoievski y Tolstoi escribieron para la emergente clase media de sus naciones, que podía abrir sus libros y reconocer cada ciudad, calle, casa, habitación y silla; ellos podían compartir los mismos gustos con los que comulgaban en la vida real y discutir las mismas ideas. En el siglo XIX, las novelas de estos grandes autores aparecieron primero en los suplementos de arte y cultura de los periódicos nacionales, porque sus autores le estaban hablando a la nación. Detrás de sus voces narrativas uno puede detectar a un observador preocupado por el estado de salud de su país. Hacia el final del siglo XIX, leer y escribir novelas era unirse a una discusión nacional que estaba cerrada para el exterior. Pero hoy en día, la escritura de novelas conlleva un significado completamente distinto, como lo hace la lectura de las novelas. En la actualidad, los lectores de obras de literatura esperan un nuevo libro de Gabriel García Márquez, J. M. Coetzee o Paul Auster del mismo modo que sus predecesores esperaban una nueva novela de Dickens. El público lector mundial de esos novelistas es mucho más grande que el público lector que pueden alcanzar en sus países de origen. Los escritores narran buscando un lector ideal, la gente que aman. También pueden escribir para sí mismos, o para nadie. Todo esto es verdad. Pero también es cierto que actualmente los narradores también escriben para aquellos que los leen. Podríamos inferir de esto que los escritores de la actualidad escriben menos para sus propias mayorías nacionales (que no los leen) que para las pequeñas minorías de lectores en el mundo, que sí lo hacen. Así que las preguntas incisivas, y las sospechas sobre las verdaderas intenciones de estos escritores, reflejan la intranquilidad sobre este nuevo orden cultural que ha comenzado a existir desde los últimos 30 años. Las personas que lo encuentran más perturbador son los representantes de las naciones no occidentales y de sus instituciones culturales. Los Estados no occidentales muy conflictivos que se sienten ansiosos sobre su identidad nacional y reluctantes para enfrentar las marcas negras de su historia desconfían de los novelistas creativos que miran a la historia y al nacionalismo desde una perspectiva no nacional. Desde su punto de vista, los novelistas que no escriben para las audiencias nacionales están haciendo a ese país exótico para "consumo extranjero" y están inventando problemas que no tienen ninguna base en la realidad. Hay una sospecha paralela en Occidente, donde muchos lectores creen que las literaturas locales deben permanecer puras y verdaderas, respetando sus raíces nacionales. Su miedo secreto es que un escritor que se dirige a un público lector internacional y se inspira en tradiciones exteriores a las de su propia cultura perderá su autenticidad. Porque todos los escritores tienen un deseo profundo de ser auténticos es por lo que a mí, incluso después de todos estos años, todavía me gusta cuando me preguntan para quién escribo. Pero aunque la autenticidad de un escritor realmente depende de su habilidad para abrir su corazón al mundo en el cual vive, también igualmente depende de su habilidad para entender su propia cambiante posición en ese mundo. No hay algo así como un lector ideal, libre de intolerancias y liberado de prohibiciones sociales o de mitos nacionales, del mismo modo que no hay algo así como un novelista ideal. Pero la búsqueda de un novelista por el lector ideal, ya sea éste nacional o internacional, comienza con el novelista imaginándolo que existe, y luego escribiendo libros con él en su pensamiento.
Cuatro 'hiroshimas' Little boy tenía una potencia de 15 kilotones y su explosión el 6 de agosto de 1945 terminó con la vida de 140.000 personas. Nunca una sola bomba había conseguido ni conseguiría nunca más hasta hoy unos efectos tan letales. Fat man, la que cayó tres días más tarde sobre Nagasaki, con una potencia de 21 kilotones, produjo la mitad de víctimas mortales. La explosión anunciada el pasado lunes por las autoridades de Corea del Norte no alcanzó ni siquiera un kilotón de potencia, a pesar de que se esperaba la detonación de una bomba nuclear de cuatro kilotones. Ya se está considerando muy seriamente la posibilidad de que haya sido una explosión fallida, o incluso un fraude destinado a blandir la amenaza nuclear sólo con la detonación de simples explosivos químicos. Del régimen cruel y grotesco del Querido Líder, Kim Jong-il, puede esperarse cualquier cosa. Los muertos por violencia en Irak eequivalen a cuatro Hiroshismas. Las cifras escalofriantes de Hiroshima y Nagasaki cerraron la guerra mundial en el Pacífico. Se intentó justificar aquella matanza de civiles inocentes mediante los beneficios de la paz. El argumento no sirve todavía para la guerra de Irak, con sus cuatro hiroshimas, puesto que no ha terminado, no tiene visos de terminar y no se sabe de nadie que conozca el camino que conduce a su final. Los muertos civiles de esta guerra tienen su origen, en una primera y ya muy sangrienta etapa, en los bombardeos americanos; y luego en los atentados terroristas mediante coches bomba, y en los ataques y enfrentamientos sectarios, incluida la actividad de escuadrones de la muerte formados por policías y militares de las comunidades enfrentadas. Los secuestros, las desapariciones y el funcionamiento de checas y cárceles privadas son el pan de cada día. Constantemente aparecen montones de cadáveres de personas asesinadas después de haber sido torturadas: 110 cuerpos han sido localizados en Bagdad en estas condiciones desde este lunes. En Irak no rige ley alguna ni nadie impone el orden, si no es en las áreas estrechamente vigiladas de las bases americanas y británicas y de las zonas gubernamentales. La guerra civil cabalga alegremente por todo el resto del territorio iraquí, por más que moleste esta expresión a la propaganda del Gobierno americano. Toda esta matanza interminable no ha servido para introducir la democracia en Irak y en la zona. Tampoco para cortocircuitar el terrorismo. Menos todavía para evitar la proliferación de las armas de destrucción masiva que Sadam Husein no tenía. Sus efectos han sido los contrarios: no hay democracia en la región y ya se ha visto que queda de la que hay en Líbano y en Palestina. Irak es una enorme fábrica del terrorismo mundial. Y los estados gamberros se proveen de armas de destrucción masiva para evitar que Bush haga con ellos lo que hizo con Sadam Husein. Toda Asia sabe muy bien el peligro real que entraña la prueba nuclear de Pyongyang. Pero mientras arda Irak, la bombita del Querido Líder es el dedo que mira el tonto cuando le señalan la luna.
Estos días he visto estas obras de teatro, aquí en Madrid, que creo quemerecen la pena:
1.- Leonor de Aquitania, en el Teatro Galileo, dirigida por Mercedes Lezcano e interpretada formidablemente por Marta Puig y por Daniel Muriel en un papel espléndido. Buena dirección, sobrio montaje, estupenda interpretación y reflexiones sobre el poder en general y el monárquico en particular que valen la pena. Precios asequibles, sobre todo los miércoles.
2.- El cartero de Neruda, en el Teatro Fígaro, de Antonio Skármeta, y dirigida por José Sámano. Espléndida. A no perderla. Aunque hayáis leido el libro o visto la deliciosa película.... no os la perdáis. Soprendente Neruda y el joven que interpreta al cartero está formidable. Tina Sáinz, la madre, excelente, la joven hija de Victor Manuel y de Ana Belén aún tiene que hacer más tablas, pero va por buen camino.
3.- Divinas Palabras, de Valle Invclán en le Teatro Valle Inclán de Lavapiés ... me decepcionó. Carreras para arriba y para bajo, gritos, saltos, subir y bajar por escaleras... Inadmisble. Broadway los ha fascinado pero no pega ni con cola. La había visto en otras muchas versiones y por otros actores y directores. Me decepcionó. ¿Es esa la Galicia que Valle quiso representar? No creo que en el el teatro ni en nada, sirva lo del todo vale. Me imaginé al autor sentado en la butaca y lo vi echarse a correr pasillo arriba espantado por semejante bodrio obra dirigida por Gerardo Vera. Allá él. Es obvio que no me gustó y que las dos horas sin descanso me agotaron.
El escritor italiano Umberto Eco, catedrático de Semiótica en Bolonia y uno de los más acreditados analistas del mundo contemporáneo en una entrevista: Pregunta. En su libro ha reunido textos escritos entre 2000 y 2005. ¿Qué ha cambiado en el mundo cinco años después del 11 de septiembre de 2001? Respuesta. Para empezar, hemos comprendido la imposibilidad y la inutilidad de la guerra tradicional teorizada por Clausewitz. A lo largo de los siglos, para que hubiera una guerra tenía que haber dos bandos en conflicto, claramente identificables. Las fuerzas y las intenciones de cada uno eran secretas, con el fin de coger al otro por sorpresa. Desde la guerra del Golfo, la guerra ya no se desarrolla entre dos líneas de frente netamente separadas, y las nuevas tecnologías de comunicación permiten, de Bagdad a Washington, flujos de información que nadie puede detener y que desempeñan el papel que tenían antes los servicios secretos. La guerra produce una inteligencia permanente con el enemigo. Desde el 11 de septiembre, la guerra ya no concierne a dos países opuestos. Se enfrentan, por un lado, la comunidad occidental, y por otro, el terrorismo fundamentalista, que no tiene patria ni territorio. Peor aún, el territorio más seguro para el terrorista es el mismo país al que quiere amenazar y cuya tecnología y armas adopta (se han destruido dos torres estadounidenses con dos aviones estadounidenses); el enemigo vive en la sombra. Aunque el fin de todo acto de terrorismo no es solamente matar ciegamente a algunas personas, sino también lanzar un mensaje destinado a desestabilizar al enemigo, desde el momento en que los medios de comunicación retransmiten estos actos (y no pueden evitar hacerlo), colaboran de hecho con el enemigo. Por otra parte, los aliados del terrorista no se esconden en los Estados rebeldes, sino en el corazón de los santuarios de la economía mundial (la City de Londres o las islas Caimán) donde anidan sus poderes ocultos y económicos. Si todo esto es cierto, ninguna guerra tradicional es posible. Entonces hay que inventar algo nuevo. Todo el mundo lo ha comprendido salvo George Bush, que ha respondido con una guerra tradicional cuyos resultados, trágicos o grotescos según nuestro grado de cinismo, estamos evaluando. P. ¿Para hacer la guerra se necesita cultura? R. En mi libro hay dos o tres artículos en los que me pregunto por qué antes de declarar la guerra a Irak, Bush no consultó a los mejores antropólogos de las universidades estadounidenses, que habrían podido darle valiosos consejos sobre la mentalidad árabe y musulmana. Al principio de la guerra con Japón, los estadounidenses pidieron a Ruth Benedict que escribiera un análisis de la cultura japonesa. Eso dio lugar a una obra maestra de antropología cultural, El crisantemo y la espada. En cierta medida, este libro ayudó a los estadounidenses a evitar meteduras de pata irreparables en sus relaciones con los japoneses, durante y después de la guerra. Cito también el prodigioso libro de Peter Hopkirk sobre el Gran juego en Asia central, el que nos cuenta Kipling en Kim y que fue realmente jugado por Rusia y Gran Bretaña durante todo el siglo XIX para controlar India, Irán y Afganistán. Se trata de un texto brillante. Hoy estamos cometiendo los mismos errores que se cometieron en aquella época. Pero en el siglo XIX se sabía muy poco de esos países, mientras que hoy bastaría con leer el ensayo de Hopkirk.
"Atentados contra la vida humana", "bioadulterios", "incestos genéticos", "suicidio silencioso e inexorable de la civilización occidental". Así ve el portavoz de los obispos españoles, el jesuita Juan Antonio Martínez Camino, cualquier avance de la ciencia y la técnica que utilice óvulos, semen, gametos, células madre, embriones..., incluso para fines terapéuticos: "Todos somos embriones; el embrión merece el respeto debido a la persona", sostiene. A partir de esta teoría sin matices, la Conferencia Episcopal Española (CEE) acostumbra a usar gruesos calificativos contra cualquier legislación que se adentre en tales territorios biogenéticos. La última vez fue el pasado 27 de julio, en una "nota" de la Oficina de Información episcopal titulada La Unión Europea atenta contra la vida humana. Días antes, el Consejo de Ministros de la UE había aprobado un programa de investigación con células madre embrionarias. La tesis episcopal es que los embriones -o preembriones, es decir, hasta los 14 días de la fecundación- no son un mero agregado de células vivas, sino el primer estadio de la existencia de un ser humano. "Donde hay un cuerpo humano vivo, aunque sea incipiente, hay persona humana y, por tanto, dignidad humana inviolable", sentencian los obispos. Tampoco acepta la CEE el llamado diagnóstico genético preimplantacional. El nacimiento, este verano, de una niña en Sevilla a la que un hospital público libró de la enfermedad hereditaria de sus padres por el procedimiento de seleccionar por fecundación in vitro los embriones sanos (desechando los enfermos), le pareció execrable a la Conferencia Episcopal. Dijo, en Nota oficial del 27 de julio pasado: "El hecho feliz del nacimiento de un bebé sano no basta para presentar como progreso unas prácticas que no tienen en cuenta el derecho a la vida de sus hermanos generados in vitro". La jerarquía católica, que no se opuso el pasado siglo a la donación y trasplante de órganos como el corazón, tacha ahora de "siempre inmoral" la donación no sólo de embriones, sino también de gametos, porque, dicen los obispos, "expresan la identidad y unicidad de la persona de la que proceden". Más, en palabras del jesuita Martínez Camino: "Conjugar un gameto de uno de los esposos con otro gameto que no sea de su cónyuge constituye lo que podríamos llamar un auténtico bioadulterio". El portavoz episcopal sostiene incluso que el anonimato en la donación de gametos haría posible que se produzcan fecundaciones de mujeres con el semen de su propio padre, de un abuelo o de un hermano, y que, por tanto, podría producirse lo que llama "un verdadero incesto genético, de consecuencias biológicas y psicológicas impredecibles". (Juan G. Bedoya)
En el último número de The Economist (¡periodismo de verdad!) se incluye un informe especial sobre los efectos ya alarmantes, incuestionables, del cambio climático. Resulta curioso ver en cifras del siglo XXI el desastre que Lorca anunció en el mejor poema del siglo XX: Oficina y denuncia. Hablando de poetas, John Keats, en su Canción de opuestos, anticipó el verano incendiado de Galicia: Dulces prados donde se esconden las llamas. Lo que nos dice The Economist es que, a este ritmo, desaparecerán en breve plazo un 37% de las especies que nos rodean. De todas formas, es en la especie animal por excelencia donde se manifiesta con más crudeza el cambio climático. La chola humana es más sensible de lo que creemos a este deterioro ambiental. Existe una relación directa entre el deshielo de los polos y las teorías envenenadas sobre el 11-M. E inclusive, puestos a señalar, entre la extinción del sutil canto de las ranas y la brutal locuacidad del diputado Martínez Pujalte. Le doy la razón a algunos queridos amigos. Los escritores tendrían que hablar menos de la maldita política y más de cultura. Hay una salida todavía más escrupulosa. Pensar en dar un definitivo salto adelante, a la manera de Karl Kraus y las ranas, y callar para siempre. Pero no, qué diría Lorca. (Manuel Rivas)
Editorial de ABC valiente e inteligente: EMILIO Suárez Trashorras está procesado como autor de la matanza del 11-M, el crimen terrorista más brutal cometido en España. Pesa sobre él la imputación judicial de dirigir la trama de explosivos que fueron a parar a la célula terrorista que preparó y ejecutó los atentados contra los trenes de Cercanías en las estaciones de Atocha, El Pozo y Santa Eugenia. Según los autos judiciales, Suárez Trashorras, en tratamiento psiquiátrico a causa de su esquizofrenia, sabía que dichos explosivos iban a ser empleados en un atentado terrorista y por eso responde de sus consecuencias. Este personaje ha merecido durante tres días consecutivos la portada y un despliegue interior en las páginas de «El Mundo», bajo el marchamo de periodismo de investigación y con la supuesta finalidad de buscar la verdad en la autoría de la matanza. Por supuesto, las revelaciones del procesado se atuvieron estrictamente a la teoría de que el 11-M fue una conspiración urdida en el seno de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, por aquel entonces bajo la autoridad política del Partido Popular. Tal conspiración, a juicio de sus propaladores -quienes, según les da, unas veces se la atribuyen a la Policía y al Centro Nacional de Inteligencia, y otras veces, a ETA-, estaba orientada a desalojar al PP del poder y facilitar la victoria del PSOE. Sin embargo, las conversaciones telefónicas conocidas ayer, a raíz de desvelarse una grabación de Suárez Trashorras con sus familares en la cárcel, ponen en boca del procesado una confesión de parte: «Mientras «El Mundo» pague, les cuento la Guerra Civil». En el mejor de los casos para este medio de comunicación - es decir, que realmente Suárez Trashorras no haya cobrado un céntimo por lo que dijo-, su disposición a contar lo que sea a cambio de dinero desacredita su testimonio. Simplemente, Suárez Trashorras estaba en venta. Hemos asistido a un nuevo episodio de la retroalimentación de intereses entre el diario «El Mundo» y Federico Jiménez, director del programa de la cadena Cope «La mañana», para ganar cuota de mercado a golpe de teorías conspiratorias, alentadas por sectores muy concretos y extremos del PP que están causando un grave daño a los intereses generales del centro derecha. Sin entrar a considerar en profundidad lo que estas supuestas informaciones periodísticas pudieran tener de agresión a la deontología profesional, resulta evidente que se ha puesto en marcha una campaña contra las instituciones del Estado de la que no es ajeno el portavoz del Grupo Parlamentario Popular, convertido en satélite de aquellos medios y amplificador de supuestas exclusivas que consisten, ni más ni menos, en dar portadas y páginas centrales al presunto terrorista sobre el que pesa la más grave acusación jamás formulada en los tribunales de Justicia españoles. A pesar de todo, lo más preocupante no es que determinados medios y periodistas se recreen, con el consentimiento de sus editores, en la difamación de las instituciones y en la calumnia sistemática de quienes no siguen sus anatemas. Lo peor son las tensiones a las que se somete a la derecha de este país, forzándola a confundir la legítima oposición al Gobierno socialista y su justa demanda de saber toda la verdad sobre el 11-M con una actitud que niegue la legitimidad del sistema democrático, que repudie a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y, por tanto, acabe sumiendo al PP en contradicciones insoportables. Una derecha que entregue al 11-M el protagonismo de su oposición al PSOE está abocada al fracaso electoral, pero también al fracaso ideológico, porque las convicciones democráticas no son compatibles con actitudes propias de extremistas antisistema. Es justo precisar que Mariano Rajoy ha situado el 11-M en el plano sensato del ciudadano que pregunta y quiere respuestas, como bien demostró en su discurso ante la Junta Directiva Nacional. Como todo atentado terrorista, el del 11-M está en manos de la Justicia. Habrá un juicio con vista oral y pública, en la que acusadores y defensores podrán poner sobre la mesa todas las incidencias de una instrucción sumarial que, desde estas mismas páginas, ha sido criticada en cuestiones de gran trascendencia para asegurar una sentencia justa y reconfortante para las víctimas. Por eso, la dirección del Partido Popular debe implantar un criterio coherente sobre el 11-M, basado en la superación política de este acontecimiento, en la exigencia de la verdad judicial y en la liberación de servidumbres mediáticas que actúan en contra de su principal interés estratégico: ganar al PSOE en las próximas elecciones generales.
La dirección del PP de A Coruña diseñó a finales del pasado mes de junio, al comienzo de la temporada de incendios forestales, una estrategia para que sus alcaldes retrasasen el proceso de formación de las brigadas locales de lucha contra el fuego. "Una estrategia basada en la dilación, pero no en la negativa", definía textualmente un informe remitido a los responsables locales del partido, del que ayer se hizo responsable la secretaria de organización del PP provincial de A Coruña, María Faraldo, después de que lo revelase la cadena SER. La nota interna, titulada Informe Convenio Brigadas de Incendios, fechada el 22 de junio, analizaba la propuesta de convenio que la Consejería de Medio Rural ofrecía a los ayuntamientos para constituir las cuadrillas locales de lucha contra el fuego. El informe reconocía que no había "grandes diferencias" entre los convenios propuestos por el Ejecutivo de socialistas y nacionalistas y los de la Administración anterior. "No parece que estas diferencias tengan la suficiente entidad para justificar una decisión general de los ayuntamientos del PP de no firmar los convenios", decía el informe, "sobre todo pensando en que si hubiera, como el año pasado, muchos fuegos, la Xunta intentaría responsabilizar al PP ante la opinión pública por esta decisión". Proponía entonces una "estrategia basada en la dilación pero no en la negativa". Las medidas propuestas por el partido a sus alcaldes eran no suscribir los convenios "sin antes conocer el texto íntegro" y sin que se celebrase una reunión entre Medio Rural y la Federación Gallega de Municipios. La parte titulada como Propuesta de Actuación señalaba que "en ningún caso se pueden admitir las prisas y los plazos" de la Consejería, y recomendaba que en cuanto se aprobasen los convenios, los alcaldes se mostrasen "especialmente celosos en el cumplimiento de la legalidad a la hora de seleccionar el personal". Al comienzo de la oleada de incendios de agosto, la Xunta criticó que una treintena de ayuntamientos del PP no hubiesen suscrito convenios para formar brigadas. " María Faraldo aseguró que la estrategia recomendada tenía como finalidad "presionar a la Consejería para evitar que hiciese una chapuza, como finalmente hizo". Faraldo dijo no saber si las otras organizaciones provinciales remitieron el mismo o parecido análisis, "aunque desde luego, la línea en el partido era unánime sobre esta cuestión", afirmó.
Interesante reflexión del admirado escritor inglés John Le Carré:
Contéstenme a esta pregunta, por favor. Si uno mata a 100 civiles inocentes y a un solo terrorista, ¿está ganando o perdiendo la guerra contra el terrorismo? "¡Ah!", responderán, "¡pero es que ese terrorista podría matar a 200 personas, a 1.000, a más!" Pero entonces tengo otra pregunta: si, al matar a 100 personas inocentes, se hace que surjan cinco nuevos terroristas en el futuro, además de una base popular deseosa de ayudarles y consolarles, ¿habremos logrado algún beneficio para las futuras generaciones, o habremos creado el enemigo que nos merecemos? El 12 de julio de este año, el jefe de Estado Mayor israelí nos permitió conocer las sutilezas del pensamiento militar de su país. Las operaciones militares que se planeaban para Líbano, nos dijo, harían "retroceder el reloj 20 años". Pues bien, yo estuve allí hace 20 años, y la situación no era precisamente agradable. Desde ese día, el general ha cumplido su palabra. Escribo estas líneas 28 días después de que Hezbolá capturara a dos soldados israelíes, una práctica militar bastante corriente y a la que no es ajeno el propio Israel. En ese periodo, 932 libaneses han muerto y más de 3.000 han resultado heridos. Hay 913.000 refugiados. Los muertos de Israel ascienden a 94, además de 867 heridos. En la primera semana del conflicto, Hezbolá disparó aproximadamente 90 cohetes diarios contra Israel. Un mes después -a pesar de los 8.700 bombardeos aéreos realizados sin oposición por la fuerza aérea israelí, que han hecho que el aeropuerto internacional de Beirut dejara de funcionar y han destruido centrales energéticas, depósitos de combustible, flotas pesqueras, 147 puentes y 72 carreteras-, Hezbolá aumentó su promedio diario de misiles a 169. Y los dos prisioneros israelíes que fueron teóricamente la causa de toda esta conmoción no han vuelto aún a casa. Es decir, exactamente como nos habían avisado, Israel ha hecho en Líbano lo mismo que hace 20 años: destruir sus infraestructuras y aplicar un castigo colectivo a una democracia delicada, multicultural y resistente que se esforzaba por conciliar sus diferencias partidistas y vivir en provechosa armonía con sus vecinos. Hasta hace unas semanas, Líbano era, según Estados Unidos, un modelo de lo que podían llegar a ser otros países de Oriente Próximo. En la comunidad internacional había la opinión extendida, tal vez demasiado optimista, de que Hezbolá estaba desvinculándose de Siria e Irán e iba camino de convertirse en una fuerza política, y no puramente militar; hoy, sin embargo, se aclama a esa fuerza militar en todo el mundo árabe, la reputación de Israel en cuanto a su hegemonía militar está hecha trizas y su preciada imagen disuasoria ya no disuade a nadie. Y los ciudadanos de Líbano son las víctimas más recientes de una catástrofe mundial que es obra de fanáticos ilusos y cuyo final no está a la vista.
El mayor fabricante mundial de microprocesadores, Intel, ha anunciado este martes que despedirá a 10.500 trabajadores, cerca de un 10% de su plantilla, para reducir costos y mejorar su posición competitiva. La empresa ha señalado que recortará 7.500 empleos de aquí a fin de año y otros 3.000 hasta mediados de 2007, con lo que espera lograr ahorros por 2.000 millones de dólares (unos 1.500 millones de euros)el año que viene y de 3.000 millones (2.300 millones de euros) anuales a partir de 2008. Con esto, la empresa espera contar a mediados del año que viene con 92.000 trabajadores, de los 102.500 que emplea hoy en día.
Joseph S. Nye fue subsecretario de Defensa y director del Organismo de Seguridad Nacional de Estados Unidos, y en la actualidad es catedrático de la Universidad de Harvard. Me parece interesante este artículo suyo: Los sondeos en Estados Unidos reflejan una exigua aprobación ciudadana de la gestión del presidente George W. Bush en política exterior, pero también un escaso consenso respecto a qué debería ocupar su lugar. Las desenfrenadas ambiciones de los neoconservadores y los nacionalistas autoritarios durante su primera legislatura crearon una política exterior que parecía un coche con acelerador, pero sin frenos. Estaba abocada a salirse de la carretera. Pero, ¿cómo debería utilizar Estados Unidos su poder y qué papel deberían desempeñar los valores? El Partido Demócrata podría resolver este problema adoptando la sugerencia de Robert Wright y otros de perseverar en el "realismo progresista". ¿Qué constituiría una política exterior realista y progresista? Una política exterior realista y progresista empezaría por entender la fuerza y los límites del poder estadounidense. Estados Unidos es la única superpotencia, pero preponderancia no es sinónimo de imperio o de hegemonía. Estados Unidos puede influir en otras partes del mundo, pero no controlarlas. El poder siempre depende del contexto, y el contexto de la política mundial actual es como una partida de ajedrez tridimensional. El tablero superior del poder militar es unipolar, pero en el tablero intermedio de las relaciones económicas el mundo es multipolar, y en el tablero inferior de las relaciones transnacionales -que comprenden cuestiones como el cambio climático, las drogas, la gripe aviar o el terrorismo- el poder está distribuido de forma caótica. El poder militar es una pequeña parte de la solución para responder a las nuevas amenazas que se encuentran en el tablero inferior de las relaciones internacionales. Éstas exigen cooperación entre los gobiernos y las instituciones internacionales. Incluso en el tablero superior (donde Estados Unidos representa casi la mitad del gasto mundial en defensa), el Ejército tiene superioridad en las zonas globales comunes del aire, el mar y el espacio, pero está más limitado en su capacidad para controlar a poblaciones nacionalistas en regiones ocupadas. Una política realista y progresista también haría hincapié en la importancia de desarrollar una gran estrategia integrada que combine poder militar "duro" con un atractivo poder "blando" en un solo poder "inteligente", del tipo que ganó la guerra fría. Estados Unidos debe utilizar el poder duro contra los terroristas, pero no puede esperar imponerse en esta batalla a menos que se gane el corazón y la mente de los moderados. El mal uso del poder duro (como en Abu Ghraib o Haditha) engendra nuevos reclutas para el terrorismo. Actualmente, Estados Unidos carece de esa estrategia integrada para combinar poder duro y blando. Muchos instrumentos oficiales de poder blando -diplomacia, programas de intercambio, ayuda al desarrollo, paliación de los desastres o contactos entre ejércitos- se encuentran repartidos por todo el Gobierno, y no existe ninguna estrategia general. Estados Unidos gasta unas 500 veces más en su Ejército que en difusión e intercambios. ¿Es la proporción adecuada? ¿Y cómo debería relacionarse el Gobierno con los generadores no oficiales de poder blando -desde Hollywood a Harvard, pasando por la Fundación Gates- que emanan de la sociedad civil? Una política realista y progresista debe fomentar la promesa de "vida, libertad y búsqueda de la felicidad" de la tradición estadounidense. Esa gran estrategia tendría cuatro pilares fundamentales: ofrecer seguridad a Estados Unidos y sus aliados; mantener una sólida (y equitativa) economía nacional e internacional; evitar desastres medioambientales, y alentar la democracia y los derechos humanos en el territorio nacional y, donde sea factible, en el extranjero. Eso no implica imponer los valores estadounidenses por la fuerza. La atracción es mejor que la coacción a la hora de fomentar la democracia, y se necesita tiempo y paciencia. Sería inteligente que Estados Unidos impulsara la evolución gradual de la democracia, y de un modo que acepte la realidad de la diversidad cultural. Esa gran estrategia se centraría en cuatro amenazas principales. Probablemente el mayor peligro sea la intersección de terrorismo y material nuclear. El impedirlo requiere políticas para contraatacar el terrorismo y fomentar la no proliferación, una mejor protección de los materiales nucleares, la estabilidad en Oriente Próximo y una mayor atención a los Estados fallidos. El segundo gran desafío es el auge de una hegemonía hostil a medida que Asia recupera su cuota de las tres quintas partes de la economía mundial que se corresponden con sus tres quintas partes de la población mundial. Esto exige una política que integre a China como accionista global responsable, pero que proteja sus intereses frente a una posible hostilidad manteniendo estrechas relaciones con Japón, India y otros países de la región. La tercera gran amenaza es una gran depresión económica, que podría verse desencadenada por una mala gestión económica o una crisis que alterara el acceso global a los flujos petrolíferos del golfo Pérsico, donde se encuentran dos tercios de las reservas mundiales de petróleo. Esto requerirá unas políticas que reduzcan progresivamente la dependencia del petróleo. La cuarta gran amenaza son los desastres ecológicos, como las pandemias y un cambio climático negativo. Esto requerirá unas políticas energéticas prudentes, además de una mayor cooperación a través de instituciones internacionales como la Organización Mundial de la Salud. Una política realista y progresista debería centrarse en la evolución del mundo a largo plazo y ser consciente de la responsabilidad que tiene el país más poderoso y grande del sistema internacional de generar bienes globales o comunes. En el siglo XIX, Reino Unido definió su interés nacional de forma que incluyera el fomento de la libertad en los mares, de una economía internacional abierta y de un equilibrio de poderes estable en Europa. Esos bienes comunes ayudaron a Reino Unido, pero también a otros países. También contribuyeron a la legitimidad y el poder blando de Reino Unido. Estados Unidos, que ahora ocupa el lugar de Reino Unido, debería desempeñar un papel similar fomentando una economía y unas zonas comunes internacionales abiertas (mares, espacio, Internet), mediando en las disputas internacionales antes de que se agraven, y desarrollando normativas e instituciones mundiales. Dado que la globalización propagará las capacidades técnicas, y la tecnología de la información permitirá una mayor participación en las comunicaciones globales, la preponderancia estadounidense será menos dominante en este siglo. El realismo progresista exige a Estados Unidos que se prepare para ese futuro definiendo su interés nacional de un modo que beneficie a todo el mundo.
Naciones Unidas ha denunciado el uso "completamente inmoral" de bombas de racimo por parte de Israel durante los últimos días de la guerra que mantuvo contra Hezbolá en el sur de Líbano. Jan Egeland, subsecretario de Asuntos Humanitarios de la ONU, ha asegurado que se han encontrado unos 100.000 pequeños artefactos sin explotar en más de 350 puntos del sur del país árabe, y que el 90% de las bombas cayeron durante las últimas 72 horas del conflicto, cuando Tel Aviv sabía que una resolución de alto el fuego se ultimaba entre los miembros del Consejo de Seguridad. "Es inexplicable por qué Israel aceleró" el lanzamiento de bombas de racimo "cuando se acercaba el fin de la guerra y sabíamos que habría una resolución", ha dicho Egeland. El responsable de la ONU cree que se tardará entre uno y dos años en desactivar las bombas que no han explotado. La ONU ha obtenido esta información a través de su Centro de Coordinación de Minas en Líbano después de examinar cercar del 85% de las áreas bombardeadas por la aviación israelí, según Egeland. "Las bombas han afectado a muchas casas y muchas granjas. Estarán con nosotros muchos meses, tal vez años", ha añadido el responsable de la ONU. Las controvertidas bombas de racimo están formadas por una carcasa que se abre y libera pequeñas bombas a medida que se aproxima al suelo. Suelen utilizarse para atacar distintos objetivos, como vehículos acorazados, personas o para iniciar fuegos. Pueden cubrir un área grande y no gozan de gran precisión. "Al afectar a la población civil, constituyen una violación del Derecho Humanitario Internacional", ha señalado Jan Egeland durante una rueda de prensa en Nueva York.
En febrero de 2003 Naguib Mahfuz tuvo que ser hospitalizado. Tenía entonces 92 años y, sin haberse recuperado nunca de las puñaladas que le habían dado en 1994 unos terroristas islamistas, el único escritor árabe galardonado con el premio Nobel de Literatura no lograba vencer una fuerte gripe. Aún así, enviaba mensajes al diario cairota Al Ahram. En uno se mostraba “muy preocupado” por la guerra que Bush preparaba contra Irak. “Mi posición”, decía, “es muy clara: me opongo a Sadam y me opongo también a esta guerra. La guerra generará una cantidad enorme de destrucción, no solo en Irak, sino en todo el mundo árabe. Esto es algo que no necesitamos”. En otro de los mensajes transmitidos a Al Ahram, se preguntaba si el presidente del Gobierno español que jaleaba la posición belicista de Bush era el mismo que le había visitado no hacía mucho en su casa de El Cairo y le había dicho que España siempre sería amiga del mundo árabe. La respuesta era afirmativa: se trataba del mismo personaje, José María Aznar. Mahfuz ha sido durante décadas un gigante literario y moral en el mundo árabe. Como escritor, Mahfuz era el gran retratista de la vida cairota del siglo XX, el maestro indiscutible del realismo egipcio y el mejor escritor en una de las lenguas más hermosas y más habladas del planeta. Como personalidad pública, era un baluarte contra los extremismos políticos —y en particular los supuestamente basados en creencias religiosas, sean éstas musulmanas, judías o cristianas— y un firme partidario de la coexistencia en Tierra Santa de dos Estados: el israelí y el palestino. También era un filósofo epicúreo. “Cuando veo mi vida en su conjunto, me pongo contento”, declaró en agosto de 1993 a Le Figaro. “El sentido de la vida”, añadió, “no es independiente de la vida misma. Vivir quiere decir comer, beber, dormir, amar, trabajar, pensar. Tal es el sentido de la vida”. En noviembre de 1994, en el hospital cairota adonde le había llevado el atentado sufrido el mes anterior, Mahfuz citó el viejo proverbio árabe: “Los perros ladran, la caravana sigue su camino”. Desde entonces han pasado muchas más cosas horribles, incluídos los atentados terroristas del 11-S y el 11-M en Estados Unidos y España, la calamitosa invasión norteamericana de Irak y la reactivación de los conflictos en Palestina y Líbano. Y no obstante, Mahfuz —casi ciego, con el oído muy duro, la lengua balbuciente y la mano derecha paralizada desde el atentado— siguió sosteniendo hasta el final que la caravana de un creciente diálogo universal de culturas, que consideraba el aspecto más interesante de la globalización, seguiría caminando. También continuó escribiendo; mejor dicho, dictando pequeñas historias o reflexiones. “Si las ganas de escribir me abandonan un día, deseo que ése sea el de mi muerte”, declaró en 1988. Lo malo es que los perros no sólo ladran, sino que también muerden. Así que Mahfuz pasó su último período viviendo en El Cairo con protección policial. Sobre la cabeza de un escritor comparado con Flaubert, Tolstói o Balzac seguía pesando la fatua que lo condenaba a muerte por presentar de modo supuestamente irreverente a Moisés, Jesucristo y Mahoma en su novela Hijos de nuestro barrio. Ese delirante decreto religioso —similar al que Jomeini dictó contra Salman Rushdie— fue emitido a finales de los años ochenta por el jeque islamista egipcio Omar Abdel Rahman, actualmente en prisión en Estados Unidos por su participación en el primer atentado contra las Torres Gemelas, el de 1993. Fue esa fatua la que intentaron aplicar en octubre de 1994 los integristas que acuchillaron a Mahfuz en el cuello cuando salía de su casa. Así que El Cairo de este comienzo del siglo XXI ya no ofrecía la oportunidad de departir con Mahfuz en el café Alí Baba, donde durante décadas el escritor ojeaba por la mañana la prensa local antes de acercarse a Al-Ahram, a entregar su columna. La figura del escriba enjuto y elegante, de gruesas lentes y pulcra sahariana había desaparecido del paisaje público cairota. El atentado le había convertido en un hombre enfermo y recluido en su casa, aunque siempre lúcido. “Doy gracias a Dios de ser ciego, para no ver la muerte de los niños palestinos”, declaró en octubre de 2000 a Randa Achnawi, en una entrevista para EL PAÍS. “Nunca pensé que Israel pudiera obrar así”, añadió. “Siempre he tenido un alto concepto de ellos, siempre los he juzgado como un pueblo muy civilizado, incapaz de actuar de forma irracional”. Moderado políticamente, también lo era en materia religiosa. Para él, la religión, cualquier religión, era “amor a la gente y a la vida” y “una relación íntima entre la persona y Dios”, y por eso le preocupaban por igual los llamamientos de Bush a la cruzada y los de Osama Bin Laden a la yihad. “Si el mundo hace caso de lo que dice esa gente vamos a la perdición”, decía. Nacido en 1911 en el viejo El Cairo fatimita, hijo de un funcionario y funcionario él mismo durante buena parte de su vida, casado y con dos hijas, Mahfuz, con novelas como El callejón de los milagros, la Trilogía de El Cairo, Hijos de nuestro barrio, Jan Aljili, El ladrón y los perros y Miramar, entre otras, abordó repetidamente el tema de la lucha de los seres humanos por mantener la memoria, la dignidad y el amor frente al destino y las convenciones sociales. Su lenguaje siempre fue sencillo, comprensible y hermoso, y sus descripciones de El Cairo, equiparables a las que realizaran Dickens de Londres y Zola de París. En la lengua del Corán, perfecta para la poesía y la oratoria, no existía una obra novelística tan larga, sólida y fecunda hasta que llegó él. Y precisamente por eso recibió en 1988 el premio Nobel de Literatura. Fue el primer árabe —y hasta ahora el único— en conseguirlo. Mahfuz creía en la utilidad de las palabras. En octubre de 2001 declaró a Babelia: “Cuando se habla de conciencia, hermandad y justicia en el mundo, alguna gente dice que eso solo son palabras que expresan sueños. Pero no solo las pesadillas pueden hacerse realidad, también pueden materializarse los sueños”. Una afirmación que completó con otra igualmente maravillosa: “La justicia consiste en tener respeto por el derecho de la gente a vivir como quiera”. Maasalama, adiós, querido maestro!
Me sumo a las palabras del gran analista internacional, buen conocedor del mundo árabe y Embajador de España en la UNESCO, José Mª Ridao, buen amigo. Nesemu Junto a otros escritores egipcios como Taha Husain y Tawfiq al-Hakim, Naguib Mahfuz forma parte de los fundadores indiscutibles de la prosa moderna, no sólo de su país, sino de la totalidad del mundo árabe. Excelente conocedor de la tradición medieval escrita en su propia lengua, así como atento lector de las novelas europeas y norteamericanas de mayor audacia formal, Mahfuz fue incorporando a su obra de ficción y, a través de ella, a la literatura en árabe, la mayor parte de las técnicas y procedimientos narrativos que hoy son característicos del género, desde la narración coral hasta el monólogo interior. Por esta razón, Mahfuz no puede ser sólo considerado como un escritor egipcio de excepcional talento; según vino a corroborar la concesión del Premio Nobel en 1988, además de las abundantes traducciones de sus obras, se trata de un escritor de aliento y preocupaciones universales que, no obstante, supo comprometerse con lo que Kundera llama el "pequeño contexto": los barrios populares de El Cairo, el Egipto convulso del final del colonialismo y de la progresiva conversión en una potencia. El carácter pionero de la obra de Mahfuz, unido a su extensión y variedad formal, hacen de él, más que un autor, una literatura, y de ahí los múltiples, y contradictorios, paralelismos que en ocasiones se han establecido entre su empresa narrativa y la de otros escritores europeos, como Galdós o Balzac. Los inicios de su carrera literaria, en la década de los cuarenta del pasado siglo, estuvieron marcados por la afirmación nacionalista, entendida como un medio para deslegitimar la ocupación colonial, como un mecanismo para dejar al descubierto la coartada de la "misión civilizadora". Mahfuz concibe un ciclo de novelas con el que recrear el esplendor del Egipto faraónico, de acuerdo con un modelo que, en efecto, podría recordar el propósito de los Episodios Nacionales, esto es, la voluntad de contribuir desde la novela a la configuración de la nación. La idea implícita que parece animar a Mahfuz es la de enfrentar a los colonizadores con su descabellada pretensión de civilizar a los habitantes de un país que, siglos atrás, había encarnado la mayor civilización de la época. Pero Mahfuz abandona el proyecto apenas iniciado y emprende una vía narrativa más próxima de La comedia humana, que es la que le consagrará como escritor. En lugar de recrear el pasado esplendoroso de Egipto, levantará acta de las calles de la capital y de la ingente variedad de personajes que viven o malviven en ellas. Fruto de esta concepción literaria será una de sus obras más conocidas, El callejón de los milagros, de 1947, una novela en la que múltiples voces relatan desde un exiguo rincón urbano la ambición y caída de Hamida, dando cuenta, además, de las historias cotidianas de un barbero, un dentista, el dueño de un café y otros múltiples personajes. La Trilogía de El Cairo, publicada entre 1956 y 1957, y también muy conocida, obedece a similares patrones literarios, aunque, a diferencia de El callejón de los milagros, está concebida como una saga familiar que recrea la historia de Egipto entre 1917 y 1944. La evolución narrativa de Mahfuz, compuesta por decenas de títulos entre los que destacan Principio y fin, Chicos de Gebelawi, El ladrón y los perros, Miramar o Hijos de nuestro barrio, de 1993, por la que fue condenado a muerte por los grupos yihadistas, y aún prohibida en Egipto, le va conduciendo hacia los personajes solitarios y desencantados de sus últimas novelas, al tiempo que le va empujando a situar sus relatos en un plano onírico, en un universo casi difuminado. Fue precisamente la publicación en Beirut de Hijos de nuestro barrio lo que le valió a Mahfuz el atentado de 1994 que estuvo a punto de costarle la vida, y cuyas secuelas le impidieron seguir recorriendo la ciudad a la que consagró su literatura. Su muerte de ahora demostrará a los frustrados asesinos de entonces la inutilidad de su intento: la obra del egipcio Naguib Mahfuz, de este paseante de El Cairo, forma parte de la cultura universal. Y contra eso nada pueden ni podrán nunca los fanáticos.