Blogia
J. C. García Fajardo

Creencias

Creencias: Dueños del fuego: Herreros y caldereros (II)

Dueños del fuego: Herreros y caldereros (II)

 

El herrero divino tiene relaciones con la música y el canto. No es extraño que, en tantas sociedades, los herreros y caldereros sean también músicos, bailaores y cantaores, magos y echadores de la buenaventura, que practican el nomadismo y que se asientan en las afueras de las ciudades. Nuestros zíngaros y gitanos modernos.

¿Qué mueve a un hombre a salir de su casa y echarse a andar? La conciencia de que toda la Tierra es sagrada y puede acogerlo como un hogar sin límites. Durante la Edad Media había edictos por los que se prohibía a los gitanos acampar dentro de las murallas de las ciudades, más que por prejuicios raciales, por temor a sus prácticas como caldereros, nigromantes y adivinos.

Ellos cultivaban el fuego en las herrerías, lo contemplaban y pasaban las noches en sus campamentos alimentándolo mientras cantaban y bailaban. Todo un componente de desasosiego en gentes dominadas por la magia blanca de prácticas religiosas impotentes ante lo que les decían que era magia negra, porque no la podían controlar sus sacerdotes. Miles de años más tarde, los alquimistas serían perseguidos como brujos y llevados a la hoguera.

En muchos lugares de África, el herrero, amado y temido, solía ocupar el puesto de jefe del poblado con capacidades de sanador y de mago. En cambio, entre los tuaregs, los masai o los somalíes se les relegaba al fin de la escala social; pero siempre libres. Inimaginable un herrero esclavo.

Entre los yorubas, de Nigeria, cuando se iban a fundir objetos de gran tamaño y sobre todo en la técnica de la “cera perdida”, nadie osaría comenzar sin rituales previos para prevenir explosiones y roturas.

Los ogbonis practican ayunos y la abstinencia sexual, así como sacrificios rituales en los días previos a la fundición del latón, tan estimado en sus esculturas. Y si habían tenido alguna polución, voluntaria o nocturna, procedían a purificaciones rituales. Al fin y al cabo, el semen tenía mucho que ver con el mineral que se extraía de la tierra así como con los metales fundidos. En bastantes pueblos americanos, como los quimbayas, se entendía que el oro era como el semen de la tierra. Por eso, una vez utilizados los objetos de oro por los chamanes, se volvían a enterrar para que “madurasen”; con gran desesperación de los conquistadores en sus rapiñas.

El herrero mantiene buenas relaciones con los espíritus que le asesoran en la recogida de plantas medicinales. Pasando tantas horas en la selva, y en espera de que los hornos realicen su cometido, no es extraño que estén familiarizados con plantas y animales, así como con los cazadores tenidos por magos o brujos en muchísimas tradiciones. Por eso mantiene el secreto sobre los venenos y sus antídotos y dirige las ceremonias rituales del poblado, entierros, iniciaciones de paso en las que realiza las circuncisiones de los jóvenes o los tatuajes de los bebés para alejar a los malos espíritus.

Esta implicación en la vida de la comunidad hace de él el genealogista, mediador en los conflictos, intermediario matrimonial y consejero conyugal; o remediador de mujeres estériles, pues solían tener buenos bíceps y estar bien dotados. No se concibe un metalúrgico castrado o equívoco.

Los talleres de los herreros son lugares de trabajo pero también una especie de santuarios que inspiran temor, fascinación y respeto. En no pocas etnias africanas, se hace remontar sus orígenes a un individuo extraordinario, un rey-herrero que proveía de armas y de utensilios para la agricultura.

Desde la infancia a la tumba, los objetos de metal protegen, salvan, defienden y adornan a los seres humanos transformándolos en obras de arte. Pero, por encima y más allá de los límites de la existencia, hunden sus raíces en los mitos que sustentan los imaginarios colectivos.

 

J. C. Gª Fajardo

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

Urge denunciar Acuerdos con el Vaticano, de 1979, por anacrónicos e inconstitucionales

 

Coincido con el editorial de El País, Estado no confesional, pero exijo la denuncia de los acuerdos con la Santa Sede de 1979, por anacrónicos, sectarios, injustos e inconstitucionales.

 

El Gobierno trabaja en algunas reformas legales que por afectar al tema siempre sensible de la religión, comienzan a suscitar reticencias en sectores sociales y políticos influenciados por la Iglesia católica. Son reformas que en la mayoría de los países de la Unión Europa fueron abordadas en su momento incluso por partidos conservadores y que podrían serlo en España por el PP si este partido no se hubiera revelado en su práctica de gobierno escasamente autónomo y en exceso dependiente de las posiciones de la Iglesia, en especial en materia educativa y en temas de moral y costumbres.

 

La reforma de mayor alcance es la que afecta a la Ley de Libertad Religiosa que rige en España desde 1980. El Gobierno se ha inclinado, de manera poco justificada, por modificar esta norma y mantener intactos, en cambio, los acuerdos con la Santa Sede de 1979, que son los que han ofrecido hasta ahora una base jurídica a las posiciones confesionales. Desde la entrada en vigor de la ley, y gracias a esos acuerdos, el modelo de relaciones ha estado escorado de manera ostensible, y a veces jactanciosa, a favor de la Iglesia católica, hasta consolidarla en una situación de privilegio que no se justifica dada la presencia de otros credos...

 

No hace falta entrar en el debate un tanto absurdo e interesado de si el Estado aconfesional es o no también laico para convenir en que el actual Estado español no tiene religión oficial y que, por tanto, debe ser religiosamente neutral. Y aunque pueda aceptarse, como ha dicho el cardenal Rouco Varela, que "el crucifijo pertenece a la historia y a la cultura de España", sin olvidar su imposición en largos periodos por la fuerza e incluso la persecución, ello no autoriza a convertirlo de manera encubierta en símbolo confesional de un Estado que, constitucionalmente, está obligado a respetar todas las simbologías religiosas y a no tener ninguna.

Tampoco pueden utilizarse los acuerdos Iglesia-Estado de 1979 como coartada para pasar por encima de la Constitución y las leyes que la desarrollan, como una vez más han hecho algunos obispos ante la reforma de la Ley de Libertad Religiosa. La Iglesia persiste en blandir esos acuerdos en contra de la Constitución, consciente de que el Gobierno ha limitado su capacidad de respuesta al comprometerse a no denunciarlos".

 

Pero el Gobierno debe escuchar la opinión de los ciudadanos en un tema de la mayor importancia porque afecta a los Presupuesto Generales del Estado conformados en su mayor parte por las aportaciones e impuestos de los ciudadanos, sean ateos, agnósticos, librepensadores o simpatizantes con otra tradición religiosa.

En Francia hace más de un siglo que lo han conseguido, y en otros muchos países también. Viven tan felices sin soportar las intromisiones de una ideología respetable pero que no puede tener "patente de corso" en temas como la Educación para la Ciudadanía, el mantenimiento del clero, la interrupción voluntaria del embarazo, las opciones y relaciones sexuales, la eutanasia, la fecundación, los estudios científicos y un enorme etcétera apoyado en su pretensión de infalibilidad, única verdad, y garante de todas las expresiones éticas, que confunde, torticera y alevosamente, con su moral.

Un país libre, justo, solidario, laico y responsable de sus actos bajo una Ley general de libertad.

J C Gª F

Miroirs de Vie -Espejos de la vida- interpretada por Legend Li Dance Theatre

Yo también estuve allí... y todavía no sé si camino despierto, si continuo dormido o en realidad estoy durmiendo (que, como sabemos, no es lo mismo estar j... que estar j...)
No se lo cuentes a nadie, pero como estoy solo en Madrid (escribiendo, claro, que sí, trabajando y muy duro ¿qué es eso de "no" hacer nada? Yo me ocupo en "hacer nada".) Digo que no lo cuentes por ahí, pero esta noche me iré a vivir de nuevo esa auténtica experiencia de iniciación al TAO en sus ritos de Jio, y me asentaré (no lo corrijo) en las primeras filas... cerca del gong, del gran timbal y de las luces impares: Nueve ¿no te lo había dicho? No podían ser ocho como las que nos recibieron mientras los pétalos de loto meditaban bajo la luz en el centro. Desde  mucho antes de que llegáramos los espectadores, desde hacía más de diez mil años... y una hora... Iré bien abrigado y me llamaré al silencio y respiraré a su ritmo, y me dejaré ser... para que se expanda el verdadero yo, “¡mi yo, que me arrebatan mi yo!” gritaba Unamuno. Para recuperar mi verdadero rostro, el auténtico (autentikós: el que se hace responsable de otro, el que lo ayuda a crecer y expandirse, para ser él mismo… con todas sus consecuencias) Mi rostro originario sepultado entre el lodo de los entramados de la vida.  Pero ya sé, nunca es tarde, que ese lodo, ese fango, esos detritus de la ciudad, de las civilizaciones y de las culturas… son necesarios para que florezca el loto, que no puede desarrollarse en aguas “puras” y cristalinas, ¡no digamos ya en una piscina! Como pretendemos con nuestros hijos y alumnos. Menos mal que algunos profesores se esfuerzan por despertarlos, por caminar junto a ellos para compartir los saberes… y actúan, sí, la docencia es una actuación, una danza, sin duda, ¡un juego! (como el que practicarían los dioses, si existiesen) Y la persona (prosopón) que actúa expresa en la   “interpretación” los anhelos de la “audiencia” ( audire: lo que entra por el oído) sus misterios, sus goces y sus sueños, sus fantasmas, sus fantasías y sus rumores. Por eso se produce la catarsis (purificación, asimilación, metabolé, transformación). Y el espectador que se entrega, ama con el amante, mata con el que mata, grita con el que grita, y cuando no puede más, cuando ya no puede más… se abandona en el regazo del Coro.                                                                                        Ayer noche, en el Conde Duque (estará hasta el 19), asistimos a una experiencia, la vivimos, entregándonos sin reservas.
Sé que “mañana será otro día”, querida Escarlata. ¡Venid bloggers y avanzaréis mil leguas! Pero venid con respeto. Descálzate, antes de subir a tu localidad y acomódate, afloja el cinto, coloca bien tu espalda, siéntate en zazén (sobre una silla es posible) y espira desde lo más hondo, el doble de tiempo que en la inspiración… después, vete abriendo los ojos, el escenario está a oscuras, excepto en el centro, en donde florece el Loto de la Sabiduría formado por quince pétalos, alternados hombres oscuros y fuertes con mujeres delicadísimas y blancas… en posición de loto… en el centro se quema incienso… a un lado una figura increíble que permanece (aparentemente, luego descubrí que las sombras le quitaban un ligero taburete de aluminio) de pie con un espléndido traje. Todo es silencio, quietud, armonía… Así pasan algunos minutos y los no iniciados se sorprenden como ocurrió en los Festivales de Aviñón, en donde fueron aclamados como una revelación de la Grande, Inmensa, Deslumbrante, Profunda y desconocida China… que es mucho más que el arroz tres delicias, pero que también lo incluye. Suspenden el tiempo. Increíble. Después, fuera ya del tiempo, surge de la noche una figura de hombre con túnica del color de la canela oscura que porta en el cuenco de sus manos la ¡novena luz! que deposita junto al gran Gong, saluda con el Jai-Ram (me inclino ante la divinidad que te habita, Namasté, tú yo somos una cosa, pero en chino mandarín), deposita la luz y se postra ante el portador de sonido para luego deslizar con toda suavidad su mano hasta alcanzar el percusor… y entonces, ya no somos nosotros, ni los pétalos humanos del Loto que vibra en quieto y armonioso silencio, allá/aquí en el centro del escenario. Son sonidos que se perciben más con el “hara”  (allá por abdomen, tres dedos más debajo del ombligo, en el  ki kai tandem de los bodhisatvas, en el punto de encuentro de los tres chakras que giran desde el chakra muladara, en donde reposa la serpiente/energía kundalini, que haremos subir por la columna hasta la base en donde reposa el loto, sobre nuestras cabezas…) y así sucesivamente, las figuras se desplazan, jamás andan ni dan pasos pues nunca levantan las plantas de sus pies del suelo… y todo es armonía, color, luz, sonidos ancestrales en una voz que procede del Cosmos… y que no necesitamos  entender, nos basta con acogerla, que nos invade y nos llena y nos empapa y nos transforma y ya no hay límites espaciales entre el escenario y las gradas, porque ni existe el “escenario” ni la “gradería”. Sí, es posible (O imposivel acontecse, me dijo un anciano negro en a Ilha da Inhaca, en Mozambique en una noche mágica) ¡No temáis! ¡Dejaos llevar sin límites! No estamos solos.
Y así, durante hora y media…nadie se movía ni se atrevía a aplaudir, porque el monje del Gong seguía con su ritmo que nos acompañó hasta que ¡no quedó nadie en el anfiteatro! Cuando apareció el tañedor de flauta, vestido con túnica azul índigo, y tocado con sombrero de paja, comprendimos que debíamos volver a “esta” realidad aparente. Luego, salió la directora que juntó sus manos ante nosotros y se inclinó salud-dándonos; después, se volvió hacia los actores que se habían girado un cuarto y en diagonal parecían proceder de la luz que irradiaba la maestra (hay que verlo, no sé explicarlo)… Era el Namasté: vosotros y yo somos una misma cosa con Todo, con TAO.
Alguien entregó un espléndido ramo de flores blancas a  Lee Chang Li… que se dirigió al proscenio, se volvió a inclinar ante nosotros y depositó sobre el suelo las flores que, de pronto, oscurecida la escena, recibió una chorro de luz cenital que reconocía la aceptación de … todo y de todos.  Esta noche más. Si venís nos reconoceremos. Estoy seguro porque  “los amigos se encuentran una sola vez en la vida, et ils se reconnaîssent, sans rien dire. Así, como si nada ocurriese que no nos perteneciese desde hace años. Hasta esta noche.

Aberración intelectual que justifica que El Estado no financie minguna ideología

La doctrina de que "la recta razón" tiene como única voz a la jerarquía católica, proclamada el 30 de marzo pasado por los obispos, cuenta con una "felicitación" expresa de la romana Congregación para la Doctrina de la Fe (la antigua Inquisición). La Conferencia Episcopal Española publicó ayer un comunicado para hacerlo saber. Su Instrucción pastoral, que execraba contra la teología libre, será difundida por el Vaticano a otros países porque "puede ofrecerles una valiosa ayuda para determinar las causas de sus problemas doctrinales".
El escrito remitido ayer por la Congregación para la Doctrina de la Fe felicitándose por la actitud doctrinal de los prelados españoles expresa "su particular satisfacción por la profundidad y precisión doctrinal" de la Instrucción. "Se trata de un documento que va más allá de la situación de la teología en España, al reflexionar acerca de las raíces y del consiguiente entramado ideológico que están en la base de la contestación al Magisterio, tal como se verifica en ciertos sectores de la vida eclesial", dice la conocida como Policía de la fe romana, que preside el cardenal estadounidense William Levada desde la elección papal de su anterior titular, Joseph Ratzinger.
De ahí esta sensata decisión tomada ayer en el ámbito del Congreso de los Diputados: "El Grupo Socialista organizó ayer en el Congreso unas jornadas sobre "la laicidad como marco para la libertad", promovidas por el diputado Álvaro Cuesta, en las que todos los ponentes concluyeron que el actual sistema de financiación de la Iglesia católica con fondos públicos es inconstitucional, por lo que reclamaron a la Conferencia Episcopal que cumpla con su compromiso y busque mecanismos para autofinanciarse. En su opinión, el actual sistema "rompe el principio de netralidad del Estado" porque hay una financiación encubierta que beneficia a una sola confesión.
Cuesta, secretario de libertades públicas del PSOE y por tanto miembro de la más alta dirección, ha roto la disciplina de su partido en varias ocasiones para oponerse a la sobrefinanciación de la Iglesia.
Según sus cálculos, en los últimos 15 años la Conferencia Episcopal ha recibido 400 millones de euros extras de los Presupuestos como adelanto de cuenta de lo que debería recibir a través del porcenaje del IRPF que le corresponde. Cada año cae el número de personas que rellenan la casilla de la Iglesia en la declaración de la renta (ahora ronda el 34%), pero el Gobierno nunca reclama a la Conferencia Episcopal que le devuelva ese plus que no le corresponde. Cuesta denunció el "fundamentalismo" de la iglesia española y recordó que ese dinero se utiliza tanto para pagar los sueldos de los curas como para financiaciar la COPE.
A pesar de todo y del ambiente general en la opinióno pública de que cada grupo edeológico o confesión religiosa debe ser financiada por sus adeptos y de que sus doctrinas no han de impartidas en la escuela pública con cargo a los presupuestos Grales. del Estado sino en sus oficinas, sinagogas, mezquitas, capillas, iglesias o templos... el Gobierno democráticamente elegido de España teme enfrentarse al todavía poderoso lobby ideológico que representa la Conferencia Episcopal. Otros muchos países democráticos, educados y desarrollados tienen bien claras las competencias del "rono y las del altar"  ¿A que suena chusco? Pues esto es lo que hay. Repitámoslo como un mantra "¡¡¡la recta razón" tiene como única voz a la jerarquía católica!!!... Nesemu

 

Creencias: En busca de los diez toros

El blanco y el negro es el lenguaje de la civilización, dice Osho. El arcoiris es el lenguaje de lo primitivo. Las personas que se han acostumbrado a pensar dentro de la lógica aristotélica piensan en blanco y negro, bueno y malo, noche y día, macho y hembra, positivo y negativo, yin y yang. Pero existe una gama entre el blanco y el negro que no son los colores. Los colores no existen, son vibraciones que golpean en nuestro cerebro. Pero de pensar en blanco y negro a pensar en colores, va el camino de la esquizofrenia a la pluralidad y a la diversidad que conducen a la plenitud donde se resuelve todo. Los niños, como los pueblos primitivos, piensan en imágenes que visualizan, símbolos que interiorizan, y se expresan por gestos; de ahí que la danza sea la primera expresión religiosa porque es la más arcaica expresión artística. Antes que la oración, gritos y susurros para espantar el miedo, o el trazo con sangre y tierra en la pared de la cueva; intento de reproducir la imagen de lo que nos seduce o espanta.
También es el lenguaje del inconsciente que nos conecta con el rostro originario, con la identidad perdida, con las raíces.
Antes de la palabra está el gesto que se articula encadenándose en figuras que sostienen el cielo, empujan el espacio, mueven los vientos, atraen las lluvias y ordenan las cordilleras desmayadas en los desiertos.
La contradicción es el origen de la vida, y la coincidencia de los opuestos expresa la armonía de la naturaleza, el ritmo de las fuerzas, el equilibrio de los contrarios que no son enemigos ni adversarios ni contrincantes sino, sencillamente, partes de un todo que no se deja manipular por las partes. Aunque nuestro lenguaje sea articulado y nuestro pensamiento tan sutil que arborée en lo abstracto, soñamos en imágenes porque precisamos visualizar para aprehender lo sentido, lo intuido o lo experienciado.  Los experimentos pueden llegar después para comprobar que no fantaseábamos o soñábamos, porque no se puede soñar a voluntad
KAKUAN, EL MAESTRO ZEN
Una de la más grandes aportaciones del Zen a la conciencia religiosa fue la del maestro chino Kakuan al añadir, en el siglo XII, dos imágenes más a los ocho toros primitivos que procedían del taoísmo más que del budismo. Las pinturas taoístas acababan en el ocho, que era el vacío, a no confundir con la “nada”.
Padece la tensión sosegada de la ausencia. La ausencia de evidencia no es evidencia de ausencia, y sería torpe sacar la conclusión de que, como todo lo material es real, todo lo real tenga que ser material. Este es un supuesto gratuito y científicamente indemostrable debido a nuestra dependencia de las percepciones por los cinco sentidos, que son útiles para analizar el mundo material, que es relativo.
Luis Racionero aduce el ejemplo de Paul Ducasse para afirmar que la relatividad de lo que se acepta como real es indudable, por más que los científicos se empeñen en afirmar que la realidad es la misma para todos. Y a tales absolutistas de lo real les recuerda lo que dijo Chuang-tzú al despertar de su siesta: “He soñado que era una mariposa, volando de aquí para allá, sintiéndome como una mariposa. De pronto, me encuentro aquí, tirado en el suelo, Chuang-tzú otra vez. Ahora ya no sé si soy Chuang-tzú que soñó ser una mariposa, o una mariposa soñando que es Chuang-tzú”.
El poeta chino Lee Po comentó, varios siglos después, la perplejidad de Chuang-Tzú: “Chuang-tzú soñó una mariposa, y ¡la mariposa era Chuang-tzú! Una realidad está cambiando de formas: ¡Sucesos sin fin fluyen hacia la eternidad”
Apunta nuestro autor que la muerte es uno de estos cambios de sueño y que su misterio reside en no dejar soñar dos sueños a la vez: Mientras se está en un viaje, no se recuerdan los otros. Esta experiencia la han tenido quienes han realizado alguna forma de viaje psiquedélico, astral, transensorial, inducidos o espontáneos, pero inefables. Mientras duran no se pueden controlar,  si acomete el pánico se sucumbe al vértigo. “En los raros momentos que se anula la personalidad, como quien se quita un vestido, se entra en contacto con la base del ser. Cuando el cuerpo se hace ingrávido y toda la percepción se agudiza y difunde, entonces, todo puede suceder porque se está vacío y en el vacío cabe toda potencia de acto. Es una sensación sobrecogedora que exige un acto de confianza en el universo para no caer en el terror. En el umbral del gran vacío, cuando el yo se ha ido, se siente vértigo; sólo queda la profunda energía interior, y es el momento de apelar a ella. El vacío con confianza es iluminación, el vacío con miedo es locura. Más allá del vacío renace el superhombre. Buda es el superhombre iluminado que ha vuelto de un viaje a un nivel superior. Cuando, ante el vacío, no se emana amor, sobreviene el miedo, el pavor de Pascal ante el silencio eterno de los espacios siderales; y, al sentir el miedo, se vuelve a buscar refugio en el yo. Por el contrario, quien, como San Juan de la Cruz, conoce la música callada y la soledad sonora, se abandona gozoso, se entrega, se deja arrebatar…
“ El no dejarse ir en el flujo cósmico es por falta de confianza, lo cual es normal en una cultura alienada de la naturaleza; se buscan invenciones mentales para no dejarse llevar por la corriente de la existencia: la noción de lo absoluto, lo permanente, el ego. Los occidentales nos sentimos ante la corriente cósmica como el que se baña por primera vez de noche en el mar: tiene que confiar en las tinieblas”.
DE OCHO TAOÍSTAS A DIEZ BUDISTAS
La iluminación que se propone el Zen llega por sí sola. Como la conciencia, pero el ser humano camina en el tiempo como si fuera barro, en la bella metáfora de N. Senzaky y P. Reps “arrastrando los pies y su naturaleza”. De ahí las etapas de conciencia que maduran a las personas hasta alcanzar su plenitud. No dependen tanto del tiempo y la voluntad como de la docilidad, la transparencia y del no hacer, propios del wu wei, del Tao, del budismo y del misticismo auténticos.
En el siglo XII, Kakuan dibujó dos toros más que añadió a los ocho taoístas. Y escribió los comentarios que son algo más que poesía pues son una revelación del proceso espiritual que tiene su  expresión en todos los libro sagrados que recogen la experiencia mística humana.
El toro es el principio eterno de la vida. Los diez representan las etapas en la consecución de la auténtica naturaleza de la persona. Mediante la meditación se alcanza el vacío pero ese no puede ser el final. Kakuan nos anima a regresar al mercado, renovados y borrachos del vino que se comparte con los demás. Regresa para que se pongan en marcha otros viajeros.
 1.- “Apartar las hierbas en busca del toro”. Que nunca se ha perdido, pero que no puedo encontrar por la separación de mi verdadera naturaleza.
 2.- “Descubrir las huellas”. Al comprender la enseñanza he descubierto el camino
 3.- “Percibir al toro”. Oigo el ruiseñor, el sol calienta, el viento es suave. Todo está relacionado, como la sal en el agua. Nada está separado de su ser.
 4.- “Capturar el toro que se resiste”. La realidad es anterior a los reflejos. Hay que romper los espejos, asumir los sentidos.
 5.- “ Domar el toro”.  La verdad libera. La ilusión falsea. El reino está dentro
 6.- “Volver a casa sobre el toro”. No reprimas un deseo, compréndelo. No importa lo que haces, sino lo que eres.
 7.- “El toro trascendido”. Un sendero de luz avanza a través del tiempo interminable.
 8.- “ El toro y el ser trascendidos”. Saberse uno con todo. El buscador es lo buscado. La mediocridad ha desaparecido.
 9.- “Llegada a la fuente”. Quien no tiene apego a la forma, no necesita reformarse. El agua es esmeralda, la montaña es añil. Sé tu mismo.
 10.- “ En el mundo”. Descalzo y con el pecho desnudo, me mezclo con la gente de todo el mundo. Con mis ropas raídas, soy dichoso. No utilizo magia para alargar la vida. Ante mí, los árboles muertos reviven.

Comentario: Dentro de mi portal, mil sabios no me conocen. La belleza de mi jardín es invisible. ¿Para qué buscar las huellas de los patriarcas? Voy al mercado con mi botella y regreso con mi bastón. Visito la taberna y el mercado, y a cuantos miro se iluminan.

José Carlos Gª Fajardo
(Publicado en Diario 16, en la serie Creencias de Mestizaje, acompañado de las necesarias ilustraciones para poder comprenderlo mejor. Esa serie de los 10 toros se pueden encontrar a través de Google)

Es inconstitucional la enseñanza religiosa en las escuelas de EEUU

La teoría del diseño inteligente, nuevo rostro científico del creacionismo norteamericano, salió ayer derrotada en un tribunal de Pensilvania, EE UU. El juez John Jones III sentenció que el Consejo de Educación de Dover no puede abrir las aulas a la enseñanza del diseño inteligente, que sostiene que los seres vivos son demasiado complejos como para haberse generado por los mecanismos evolutivos propuestos por Darwin.
"Los objetivos laicos aducidos por el Consejo de Educación no son más que una excusa para su objetivo real, que era promover la religión en las aulas de la escuela pública", escribe el juez Jones en su sentencia.
A principios de noviembre, el Consejo de Educación de Kansas aprobó por seis votos a cuatro una propuesta para enseñar en los institutos la teoría del diseño inteligente como una explicación científica de la vida. Los consejos de educación no pueden dictar qué se enseña a los alumnos de las escuelas públicas, pero sí definir qué conocimientos deben acreditar para pasar los exámenes estatales.
El presidente George Bush hizo unas sonoras declaraciones en defensa de la enseñanza de "ambos, el diseño inteligente y la evolución, de modo que la gente pueda entender de qué va el debate". El juez Jones, que fue nombrado para el cargo por Bush en 2002, escribe en su sentencia: "Los estudiantes, los padres y los profesores del distrito escolar de Dover merecían algo mejor que ser arrastrados a este torbellino legal, con el consiguiente y completo desperdicio de recursos monetarios y personales".
Los partidarios del diseño inteligente también habían logrado que en los textos de ciencias de las escuelas públicas del distrito se agregara un aviso en el que se indicaba a los estudiantes que "la teoría de la evolución es sólo una teoría, no un hecho científico". La controversia continúa, promovida por grupos religiosos que ven en las teorías darwinianas una amenaza a sus creencias. En su dictamen, Jones afronta la cuestión fundamental de si el diseño inteligente es ciencia, para responderse: "Hemos llegado a la conclusión de que no lo es, y además de que el diseño inteligente no puede desacoplarse de sus antecedentes creacionistas y, por lo tanto, religiosos".
La enseñanza del diseño inteligente es inconstitucional, como toda enseñanza de religión en las escuelas, y no tiene cabida en el programa de biología. 
La Unión Americana para la Separación de Iglesia y Estado señaló que la sentencia es "un notable revés para los esfuerzos de la derecha religiosa de colar en la escuela pública sus dogmas fundamentalistas bajo el disfraz de teorías científicas".
Casey Luskin, un portavoz del Discovery Institute, principal lobby del diseño inteligente, comentó: "El juez cree que el diseño inteligente es una explicación sobrenatural, pero está claro que no lo es. Por lo tanto, toda su decisión está basada en una percepción errónea de la teoría. Legalmente hablando, esto no es de ningún modo el final del asunto". Esta sentencia no afecta para nada a las creencias y a la práctica religiosa de las personas, sino al fundamentalismo que pretende imponer sus  dogmas a la sociedad. Y hay fundamentalismos musulmanes, cristianos y judíos, como ha habido y aún existen planteamientos totalitarios apoyados en ideologías letales, aunque se pretendan con bases populistas o populares. El tema tiene más importancia de lo que parece pues afecta a la base del enorme  poder del grupo que pretende dirgir el mundo desde Washington. No se trata de una discusión bizantina. Nesemu 

 

Creencias: Estiércol de caballo

Todo es sagrado o nada es sagrado. La plena experiencia del carácter trascendente de la vida es como el regreso al hogar. Al origen, para recuperar las señas de identidad olvidadas durante el camino.

El Maestro Dogen, en el siglo XIII, regresó de la China en donde había estado durante años visitando a los maestros Chang, culmen del Taoísmo y del Budismo más depurados. Cuando sus compañeros, en Japón, le preguntaron por sus experiencias, se mantuvo en silencio y después respondió “Los ojos son horizontales y la nariz vertical”. Así nació el Zen
Abandonad el abandono, les dijo, sed conscientes de que cada instante es único. Nada vuelve, la gran experiencia está aquí y ahora. Esta es la gran oportunidad porque ahora es siempre, todavía.
Cuando camines, camina; cuando comas, come; cuando te sientes, siéntate; cuando duermas, duerme; cuando goces, goza. No titubees. No hay mañana, sólo es una hipótesis. Y ayer, ya pasó.
Aquí y ahora es la síntesis de toda la sabiduría alcanzada a lo largo de la humanidad. Es el Todo pasa de Heráclito y el Carpe diem de Horacio. El gran secreto del shivaísmo de Cachemira “El gran misterio es que no hay misterio”. Como resultó ser la esperanza de los seguidores del New Age, “El nuevo paradigma es que no existe paradigma”.
Pues si todo es sagrado, las esteras de paja y el estiércol del caballo también lo son. Y el sudor de tu frente, tu sonrisa y tus lágrimas, el aliento y la palabra, tu saliva y tu semen. Despertar es el mazo que hace sonar el gong. Se trata de manifestar la realidad, no de hablar de ella. Las cosas son como son, e pois, mais nada.
¿Por qué te pones la ropa del sacerdote cuando suena la campana?, pregunta el Maestro, sentado en el suelo y fumándose un narguile o comiendo pipas. ¿Adónde vas que no esté El Todo? ¿En qué templo pretendes encerrarlo? ¿Qué es bueno ni malo sino en la mente del hombre? Hay lágrimas, desasosiego, cansancio, risas y goces. Hay penas y alegrías, como suben y bajan las mareas.
Las olas no son más que formas del mar, apariencias en tu retina.
No es más día el de viento que el soleado, el lluvioso que el nevado. Ni la noche es menos noche porque dejes de alumbrar un fuego.
Nosotros, todos y cada uno, despertaremos a la evidencia de que la verdad no puede encontrarse sino en la existencia.
Quien comprende su naturaleza la reconocerá incluso en el fragor del combate.  Al final... comprenderemos la verdad que encierra esta divisa:  lonely are the brave.

 

José Carlos Gª Fajardo


 

Creencias: Los pueblos del maíz

¡Hagamos triste la alegría!, gritaron al unísono para detener las lluvias que acababan con los seres humanos.
"…Solamente había inmovilidad y silencio en la obscuridad, en la noche. Sólo el Formador, Q’uq’ukumatz, los Progenitores, estaban en el agua rodeados de claridad. Estaban ocultos bajo plumas verdes y azules, por eso se les llama Q’uq’ukumatz, de grandes sabios, de grandes pensadores es su naturaleza. De esta manera existía el cielo y también el Corazón del cielo, que éste es el nombre de Dios. Así contaban..." "...Se juntaron y celebraron consejo en la obscuridad y en la noche. De esta manera salieron a luz claramente sus decisiones y descubrieron lo que debía entrar en la carne del hombre.", cuenta el Popoh Vuh, libro sagrado de los mayas. "Así encontraron la comida y así entró el maíz por obra de los progenitores…y de este alimento proviene la fuerza y la grandeza y con él fueron creados los músculos y el vigor del hombre…"
De las grandes concepciones religiosas americanas destaca la del pueblo maya que influirá posteriormente en los toltecas y en el Imperio azteca. Éstos se ampararon en la divinidad de Quezalcóatl que "habría de regresar a su debido tiempo con sus huestes". No hacía falta más para ayudar a quitarse de encima la opresión azteca que también habían incorporado entre sus deidades la de la serpiente emplumada.
El pueblo del maíz construyó templos en la cima de pirámides escalonadas que representaban, como los zigurats sumerios, la montaña cósmica, y desarrollaron las matemáticas, la astronomía, la escritura y un saber profundo. Estaban gobernados por una casta sacerdotal sin que haya noticia de dinastías reales. La religión maya aseguraba la fertilidad que necesitaban los cultivadores del maíz y los sacerdotes; elaboraron un calendario más exacto que el gregoriano que les ayudaba a predecir el tiempo y a anunciar las fechas de la siembra o de la siega.
El universo maya era un cuadrado plano delimitado por un lagarto cuyo cuerpo está cubierto de símbolos planetarios. Su cosmogonía estaba centrada en la lucha entre los poderes superiores y los inferiores. Aquellos eran dadores de vida y aseguraban la fertilidad, por eso había que aplacarlos y contentarles por medio de los sacerdotes, que así se aseguraban el poder. Los poderes inferiores podían arruinar una cosecha, eran portadores de muerte, de sequías, de guerra y de hambre. La casta sacerdotal se encargaba de las previsiones, de almacenar el grano y de parlamentar con los vecinos si no podían someterlos y obligarlos con cargas y tributos. O esclavizarlos y matarlos si convenía para mantenerse en el poder.
La divinidad principal era Itzama, asociada al sol y al cielo que infunden su aliento a la tierra y a la humanidad que vive sobre ella. Otras divinidades importantes eran el dios de la lluvia, Chac -el dios del maíz-, el dios con cara de mono, el dios de la estrella Polar -que guía a los mercaderes- y el siniestro Cizin -dios de la muerte- que custodia las puertas del averno.
El juego de la pelota simbolizaba la lucha ritual en un campo que refleja la forma del Universo. El campo estaba situado en el área sagrada, cercana al templo. Jugaban dos equipos con una pelota de goma y empleaban las caderas y los hombros para intentar colocarla en la meta tallada en madera del equipo contrario. En el Popoh Vuh, bello y triste poema épico, se habla de los gemelos sagrados, Hunahpu y Zabalanque, ocupados en este juego contra los poderes del mundo inferior. Los jugadores representaban la lucha cósmica entre la oscuridad y la luz para mantener la fertilidad y al mismo universo. Los toltecas y los aztecas integraron este rito según su cultura. En ocasiones el juego terminaba con la muerte de uno de los equipos mientras los espectadores los contemplaban desde las gradas.
Quetzalcóatl, la serpiente emplumada, es en algunos contextos el héroe de los cultivos, en otros una deidad del cielo y creador, y entre los aztecas simbolizará el poder del sumo sacerdote. Como héroe de los cultivos se le asociaba a la edad de oro de la ciudad tolteca de Tollan donde inventó el calendario, desarrolló las artes y estableció las normas religiosas y civiles. A causa de un conflicto con su hermano el dios Tezcatlipoca se marchó de Tollan, ocasionando su declive, pero con la promesa de que regresaría. Los toltecas lo identificarán con la estrella de la mañana y organizaron su culto en la impresionante Chichen Itza, donde revive con los pueblos mayas posclásicos que lo denominaban Kukulcan.
Más tarde, los aztecas lo adoptarían e intercambiarían sus características con las de su dios Huitzlopochtli, y le ofrecieron sacrificios humanos. En los monumentos mayas aparecen unos personajes importantes que reflejan ya la existencia de individuos políticamente poderosos, que disponen de medios materiales y humanos para autoglorificarse, y que desde entonces integraron una minoría privilegiada. Su poder se apoyaba en la magia y en la observación de la naturaleza. La magia se fue convirtiendo en religión, y se formaron cuerpos sacerdotales que se sostenían mediante la explotación de la población.
El hombre maya se reía desde su nacimiento hasta su muerte, preso de un mundo que sólo a través de la religión tenía significado, en el que la salud, la prosperidad y la supervivencia estarían a su alcance en la medida de su disposición a servir a los dioses a través de los sacerdotes. De ahí su sumisión a la religión.
Todo estaba sabiamente regido por deidades: el curso de los astros, la repetición de las estaciones, las fases de la lluvia en las plantas, los animales y los hombres, la sucesión de las labores agrícolas, el paso de las generaciones, el advenimiento y la desaparición de los gobernantes. Todo funcionaba gracias a los dioses y se perpetuaría mientras los hombres los sirvieran. El hombre, en si mismo, carecía de importancia. Lo más seguro era someterse a ellos a través de los sacerdotes.
La leyenda maya siempre lleva mensajes de color. El pecado original, por ejemplo, aquí no tuvo lugar. La vestal del Templo quedó embarazada al contacto de una plumita blanca que caía del cielo, pero antes posó la blancura en el seno de la Virgen Madre y quedó embarazada sin contacto del hombre terrenal. El maíz es superior a cualquier cereal como el trigo, el arroz, el sorgo, la cebada y el centeno. Los mayas consideraban que fue un regalo de los dioses a los hombres, y que cultivarlo era un deber sagrado. Tan alto era su valor que lo representaban con el jade, más valioso que el oro. Según el Popoh Vuh, el ser humano fue hecho de maíz tras el fracaso que los dioses tuvieron al probar con otros materiales.
La leyenda del maíz blanco, del maíz rojo, amarillo o negro es tan fina como la pluma del petirrojo o del faisán; para cada color tenemos su leyenda, que nos habla de héroes engalanados de colores. Cada color es un símbolo. El rojo es fecundación, pero también simboliza un punto cardinal; el Nombre se simboliza con el color blanco, el esclavo con el azul; los cuatro puntos cardinales son cuatro colores que equivalen a blanco, amarillo, rojo y negro.
El jaguar era un animal sagrado y temido por los mayas. Su piel manchada simboliza la bóveda celeste llena de estrellas. El jaguar transportaba al Sol en su seno durante sus expediciones nocturnas.
El códice es el libro maya por excelencia. La mayor parte de los códices padecieron la inclemencia de los fanáticos españoles. Se quemaron códices sin piedad, sólo veinte escaparon a la ira, y de estos sólo tres son mayas. Entre los mayas vida y muerte es un binomio en estrecha comunión. Una expresión poética se hacía con cabezas humanas. La máxima complicación estética era con cuerpos humanos.
 

José Carlos Gª Fajardo

Creencias: Por las grandes praderas de Manitú

"Habéis visto el nuevo país que os traigo. La tierra se enrollará como una manta con todas las invenciones maléficas del hombre blanco: las cercas y las vías del tren, las minas y los postes telegráficos; y debajo estará nuestra tierra india con nuestros antepasados devueltos a la vida". Entonces, el hombre sagrado les enseñó una danza nueva y un canto nuevo. Ahora, bailemos esta Danza del Espíritu por todas partes, para enrollar la tierra y hacer que regresen los muertos.
En esta tradición sioux se encierra el drama que concluiría en la masacre de Rodilla Herida, en 1890. En torno a 1879, el chamán Tavibo, de los paiutes de Nevada, profetizó un cataclismo, la resurrección de los antepasados y unas "tierras nuevas con pastos nuevos, búfalos y alces que remplazaran a la tierra vieja y gastada, profanada por el hombre blanco". Hacia 1888, el chamán Wovoka reavivó estas enseñanzas; predicó un estricto código ético y la paz con todos, y enseñaba una danza circular arrastrando los pies, en el sentido de las agujas del reloj, aprendida en una visión y que se propagó entre todos los pueblos indios que, desde antiguo, practicaban la Danza del Sol. Pero el gran pueblo sioux, con los dakota, crow, omaha, ponca, creyeron que había llegado la hora de la venganza contra quienes les habían obligado a abandonar los bosques y el cultivo del maíz antes de ser encerrados en las reservas por la codicia del hombre blanco que esquilmó las manadas de búfalos disparándoles desde los trenes, sin tener hambre. El mayor genocidio de la humanidad, sólo comparable a la trata de esclavos, se realizó en América por europeos cristianos investidos de la misión de evangelizar y civilizar a aquellos "salvajes", ignorando sus tradiciones seculares. La expropiación de sus tierras sobre las que jamás comprendieron el concepto de "propiedad privada", pues "la tierra no pertenece al hombre sino que le hombre pertenece a la tierra", trastornó la sociedad india. Los confinaron en reservas, alcoholizándolos e introduciéndolos en drogas que jamás habían utilizado sino en ceremonias rituales dirigidas por hombres santos.
Hasta los pacíficos indios hopi, que se consideran los habitantes originales de América, lloran la plaga de los blancos. Danzan con máscaras que representan a los kachinas, espíritus de los antepasados, para acelerar la liberación de todos los indios Pueblo.
También los navajos, el pueblo más numeroso, padecieron la masacre dirigida por Kit Carson, después de haberlos encarcelado como animales, reducir sus tierras y sacrificar sus rebaños de ovejas. La cosmología de los navajos es una de las más ricas, así como la de los iroqueses. La religión es para mantener la vida en espera de ir a cazar en las praderas sin fin que Manitú guarda para sus pueblos. Desde el siglo XIX, los navajos son grandes consumidores de peyote para favorecer el renacimiento religioso sin el esfuerzo de las ceremonias tradicionales y la búsqueda de la visión. La familia lingüística algonquina, que incluye arapajoe, pies negros, cheyenne, delawere y ojibwa, participan del concepto religioso clave de manitú, lo misterioso, lo sobrenatural. Creen en un Dios supremo, Kitshi Manitú, que es columna del universo. (Bajo él están el Sol y la Luna, la Madre Tierra y los señores de los animales, La Gran Liebre es el culto a un héroe, creador y benigno; su gemelo el Lobo, representa a las fuerzas más oscuras.)
Los indios Pueblo, (que habitan Arizona y Nuevo México), son pacíficos cultivadores del maíz que, en 1680, fueron aplastados por los españoles en nombre de la civilización y del dios de paz que les llevaban. Tienen un complejo ritual y hermosas tradiciones relacionadas con la agricultura, la fijación exacta de los solsticios y las dramáticas danzas con máscaras de los antepasados para representar la primavera y el invierno.
Danza del sol
Los pueblos indios de las Praderas celebran una ceremonia para señalar la renovación de la naturaleza. Representa la recreación del mundo, el paso de la muerte a la vida; las danzas y los cantos permiten a la tribu restaurar la armonía con la tierra que da sustento y con el Gran Manitú para tener alimentos y buena salud. También era ocasión para iniciar a los jóvenes en los "ritos de paso" de la pubertad a la juventud y poder asumir sus responsabilidades de adultos y de esposos.
Era un rito de acción de gracias y de renovación pero se desarrolló como fuente perfección espiritual para los capaces de sacrificio. Como medio de iniciación se construye una casa como modelo del universo que funciona. En el centro está un gran poste (el eje del mundo, el árbol enraizado en la tierra y que nos comunica con el cielo). Su piso es la tierra; sus cuatro paredes aluden a los cuatro puntos cardinales; su techumbre es la bóveda celeste. La alegoría del "sendero blanco", símbolo del paso por la vida, se plasma en el trazo marcado sobre el piso para indicar el camino de la vida que sigue el hombre hasta la puerta del Oeste donde todo termina, para favorecer el viaje de las almas hacia el mundo de los espíritus.
Los participantes se someten a una purificación estricta en la "casa del sudor", ayunan, se pintan con rico simbolismo y se adornan con plumas que facilitarán el vuelo astral cuando entren en trance. Se proclama la muerte y la resurrección: sed atroz, mirar fijamente al sol, cantos graves y profundos. El sonido del tambor impulsa, la participación de la comunidad respalda.
La danza entre los indios es equivalente a las plegarias y al culto en otras religiones.
La Casa del sudor era el medio de purificación que se llevaba cabo en una estructura cerrada con piedras calientes sobre las que se derramaba agua fría: los cuatro elementos de tierra, aire, fuego y agua actúan para prepararse a las grandes ceremonias de iniciación o de renovación. Así como para penetrar en la "tienda de la agitación" o en la "búsqueda de la visión" o para fumar la pipa de la paz.
La búsqueda de la visión era una Institución muy extendida entre los algonquinos, los pueblo y otros. Se trata de poner a prueba a un joven, después de haberse purificado en la casa del sudor, el fumar sagrado y la oración intensa, la ordalía, el ayuno y la sed; además de un retiro en la montaña para enfrentarse a la soledad y al terror. A cambio, recibiría una visión de su espíritu guardián, a menudo en forma de animal; se le otorgarían poderes especiales y los códigos y tabúes que necesitará para curar, para defender o conducir al pueblo. Los chamanes asistían al neófito hacia su iluminación. Cuando decayó la cultura del guerrero, decayó la búsqueda de la visión por los medios tradicionales y se introdujo el uso del peyote que procede de las tierras al sur de Río Grande, patria del mescal y de los hongos divinos. En todos los pueblos indios floreció la medicina que practicaban los chamanes.
Las pipas y materiales de fumar utilizados en el culto americano se designaban calumet. Fumar como medio de oración y de comunión se deriva de la pipa que aspira el chamán para estimular la visión extática. Los modelos indígenas de comprensión se reflejan en las historias de la pipa arquetípica. La más conocida es la de los sioux oglala que narra el regalo de la pipa por la Mujer Búfalo Blanca. Es bellísima. La pipa representa a la tierra, la vegetación, animales y pájaros. Orar con la pipa significa orar con y por todos. La custodian los indios en Dakota del sur y jamás es mostrada; como tampoco lo es la pipa plana de los arapajoes. Se ofrece el humo a los seres celestes, a la tierra y a los cuatro puntos cardinales para recuperar la armonía de la naturaleza y con ella la salud y el sosiego.
"¡Qué hermoso día para morir!" -exclama el guerrero indio ante un amanecer hermoso-. "¡Y poder cabalgar y cazar en las grandes praderas de Manitú!".
 

José Carlos Gª Fajardo

 

Creencias: Herreros y caldereros

La palabra sumeria an.bar, el más antiguo vocablo para designar el hierro, se escribe con los signos "cielo" y "fuego" que se traducen como "metal celeste" o "metal estrella". Los egipcios no conocieron otro hierro que el de origen meteórico. Igual sucedía entre los hititas que utilizaban "el fuego negro del cielo". Como era escaso y tan caro como el oro, se utilizaba como elemento ritual. Hasta que no se descubrió la fusión de los metales no comenzó una nueva etapa en la historia de la humanidad.
Los primitivos aprendieron a trabajar el hierro meteórico como simples piedras. Cuando Cortés preguntó a los jefes aztecas de dónde sacaban sus cuchillos, ellos señalaron el cielo. De hecho, las excavaciones no han encontrado rastro de hierro terrestre en los yacimientos precolombinos.
La metalurgia del hierro va a tener efectos religiosos pues, aparte de la sacralidad celeste, propia de los meteoritos, se impone la sacralidad telúrica, propia de las minas, donde "se crían" los minerales. Las cavernas y las minas son asimiladas a la matriz de la Tierra, Madre nutricia. Extraer los minerales es como una operación practicada antes de tiempo. Si se les dejara madurar, se desarrollarían como los organismos vegetales o animales, pero al ritmo geológico de las tinieblas telúricas.
Esta idea va a ser fundamental para entender la alquimia y su aparente búsqueda de la transformación del hierro en oro cuando, en realidad, buscaban la piedra filosofal; esto es, la sabiduría del despertar a la realidad real sin confundirlo con el elixir de larga vida. Es cierto que los verdaderos alquimistas, como los maestros de la Cábala, no quisieron deshacer los equívocos para poder trabajar con más tranquilidad.
En todo el mundo practican los metalúrgicos unos ritos que exigen el estado de pureza, el ayuno, la meditación, la plegaria y ciertas prácticas de culto, pues se introducen en un ámbito sagrado que se supone inviolable. Las mitologías de las minas y de las montañas, de las cuevas, las hadas, los genios, elfos, fantasmas y espíritus son otras tantas epifanías de la presencia sagrada a la que se enfrenta quien se aventura en sus entrañas.
Cargados de esta sacralidad, los minerales son llevados al horno para acelerar el "crecimiento". El horno viene a ser como una segunda matriz en la que el mineral concluye su gestación. De ahí, las innumerables precauciones, tabúes y ritos que acompañan a la fusión. En Africa, la tarea de fundir los metales se asimila al acto sexual, con toda su parafernalia de penetraciones, ardientes transformaciones al rojo blanco y fusiones que darán lugar a nuevas formas de existencia; teniendo en cuenta la concepción animista que dota de vida a todas las cosas, en concreto a los metales.
El metalúrgico, como el herrero y, antes que ellos, el alfarero, son "dueños del fuego" del que se sirven para hacer que la materia cambie de estado. Por eso, en las sociedades primitivas, el fundidor y el herrero son equiparados a los chamanes, los curanderos y los magos. De ahí que el carácter sagrado-demoníaco del ambivalente metal se transmita a los metalúrgicos y herreros que son muy estimados pero, a la vez, temidos. Hasta el punto de que se les mantiene viviendo alejados de la ciudad, y son objeto de menosprecio por el temor que inspiran. Pero, como son necesarios para mantener el progreso social y la defensa de la comunidad mediante los utensilios y las armas que fabrican, también son respetados.
En muchas mitologías aparece la figura del herrero divino encargado de forjar las armas de los dioses. En la Ilíada, Tetis va al fondo del mar para que Vulcano forje una armadura nueva para su hijo Aquiles. Igual sucede entre los cananeos que forjan para Baal los bastones de oro para abatir al señor de los mares. O en el mito egipcio, Path forja las armas que permiten a Horus vencer a Seth. O en la India, el herrero divino Tvastri prepara las armas a Indra y, en Grecia, Hefesto forja el rayo con que Zeus triunfará de Tifón.
Curiosamente, el herrero divino tiene relaciones con la música y el canto. No es extraño que, en tantas sociedades, los herreros y caldereros sean también músicos, bailaores y cantaores, magos y echadores de la buenaventura, que practican el nomadismo y que se asientan en las afueras de las ciudades. Nuestros zíngaros y gitanos modernos.
¿Qué mueve a un hombre a salir de su casa y echarse a andar? La conciencia de que toda la Tierra es sagrada y puede acogerlo como un hogar sin límites. Durante la Edad Media había edictos por los que se prohibía a los gitanos acampar dentro de las murallas de las ciudades, más que por prejuicios raciales, por temor a sus prácticas como caldereros, nigromantes y adivinos.
Ellos cultivaban el fuego en las herrerías, lo contemplaban y pasaban las noches en sus campamentos alimentándolo mientras cantaban y bailaban. Todo un componente de desasosiego en gentes dominadas por la magia blanca de prácticas religiosas impotentes ante lo que les decían que era magia negra, porque no la podían controlar sus sacerdotes. Miles de años más tarde, los alquimistas serán perseguidos como brujos y llevados a la hoguera.
En muchos lugares de Africa, el herrero, amado y temido, solía ocupar el puesto de jefe del poblado con capacidades de sanador y de mago. En cambio, entre los tuaregs, los masai o los somalíes se les relegaba al fin de la escala social; pero siempre libres. Inimaginable un herrero esclavo.
Entre los yorubas, de Nigeria, cuando se iban a fundir objetos de gran tamaño y sobre todo en la técnica de la "cera perdida", nadie osaría comenzar sin rituales previos para prevenir explosiones y roturas.
Los ogbonis practican ayunos y la abstinencia sexual, así como sacrificios rituales en los días previos a la fundición del latón, tan estimado en sus esculturas. Y si habían tenido alguna polución, voluntaria o nocturna, procedían a purificaciones rituales. Al fin y al cabo, el semen tenía mucho que ver con el mineral que se extraía de la tierra así como con los metales fundidos. En bastantes pueblos americanos, como los quimbayas, se entendía que el oro era como el semen de la tierra. Por eso, una vez utilizados los objetos de oro por los chamanes, se volvían a enterrar para que "madurasen"; con gran desesperación de los conquistadores en sus rapiñas.
El herrero mantiene buenas relaciones con los espíritus que le asesoran en la recogida de plantas medicinales. Pasando tantas horas en la selva, y en espera de que los hornos realicen su cometido, no es extraño que estén familiarizados con plantas y animales, así como con los cazadores tenidos por magos o brujos en muchísimas tradiciones. Por eso mantiene el secreto sobre los venenos y sus antídotos y dirige las ceremonias rituales del poblado, entierros, iniciaciones de paso en las que realiza las circuncisiones de los jóvenes o los tatuajes de los bebés para alejar a los malos espíritus.
Esta implicación en la vida de la comunidad hace de él el genealogista, mediador en los conflictos, intermediario matrimonial y consejero conyugal; o remediador de mujeres estériles pues solían tener buenos bíceps y estar bien dotados. No se concibe un metalúrgico castrado o equívoco.
Los talleres de los herreros son lugares de trabajo pero también una especie de santuarios que inspiran temor, fascinación y respeto. En no pocas etnias africanas, se hace remontar sus orígenes a un individuo extraordinario, un rey-herrero que proveía de armas y de utensilios para la agricultura.
Desde la infancia a la tumba, los objetos de metal protegen, salvan, defienden y adornan a los seres humanos transformándolos en obras de arte. Pero, por encima y más allá de los límites de la existencia, hunden sus raíces en los mitos que sustentan los imaginarios colectivos.
 

José Carlos Gª Fajardo

 

Creencias: Cazadores primitivos y enterramientos

Lo sagrado, lo numénico o misterioso, es un elemento de la estructura de la conciencia, no un estadio de la historia de esa conciencia. Parece que, en los niveles más arcaicos de la cultura, el vivir del ser humano es ya de por sí un acto religioso, pues alimentarse, ejercer la sexualidad y trabajar son actos que poseen un valor sacramental. Mircea Eliade apoya su argumento en la dificultad de imaginar cómo podría funcionar el espíritu humano sin la convicción de que existe algo irreductiblemente real en el mundo; y es imposible imaginar cómo podría haberse manifestado la conciencia sin conferir una significación a los impulsos y a las experiencias del hombre. La conciencia de un mundo real y significativo está íntimamente ligada al descubrimiento de lo sagrado. En la historia de las creencias, toda manifestación de lo sagrado es importante; todo rito, todo mito, toda creencia refleja la experiencia de lo sagrado y por eso implica las nociones de ser, de significación y de verdad. Se trata de la realidad real de que hablan todos los místicos, maestros, chamanes, hechiceros (no los brujos) y hombres sabios en todas las tradiciones religiosas de la humanidad para distinguirlas de todo lo demás desprovisto de esas cualidades, del fluir caótico de las cosas, de sus apariciones y desapariciones vacías de sentido. Sin que pueda hablarse de un estricto orden cronológico, se pueden seguir las manifestaciones de esas experiencias en los soportes de las diferentes culturas. Mircea subraya la unidad fundamental de los fenómenos religiosos junto a la inagotable novedad de sus expresiones.
La incultura religiosa es un fallo enorme en la formación del hombre moderno, que se desgaja de unas estructuras religiosas determinadas, porque ya han perdido para él su sentido, y se encuentra desarraigado y perdido en una soledad existencial cuando podría recuperar en todo momento el sentido profundo de un vivir en armonía con todos y con todo.
Las estructuras, como los andamiajes, no son más que eso; llega un momento en el que el hombre ha de enfrentarse desnudo ante su destino y atreverse a saber, a crear y a jugar pues, en no pocas tradiciones, la vida es un juego que se descubre demasiado tarde.
Así hay una unidad perceptible y enriquecedora que va desde los himnos védicos, los Brahmanas y las Upanishads, después de haber pasado por las creencias del Paleolítico, el Megalítico, Mesopotamia y Egipto. Se puede percibir alentando en Sankara, en el tantrismo de Milarepa, en Zaratustra, Buda y el taoísmo, en los misterios helenísticos, en el cristianismo, el Islam o en el gnosticismo, la alquimia, la cábala o la mitología del Grial; o allende el océano en Quetzalcoatl, Viracocha o en los apasionantes ritos del vudú afroamericano. Lo que importa es no perder de vista la unidad profunda de la historia del espíritu humano. "La conciencia de esta unidad de la historia espiritual de la humanidad -dice Mircea- es un descubrimiento reciente, no del todo asimilado aún", sobre todo por las castas sacerdotales de eunucos que se pretenden custodiando un arcano en el que encierran a sus dioses. La liberadora experiencia de que en el Arca de la Alianza que llevan por el desierto no había nada, como en la cima del Horeb, o del Olimpo, del Khailasa o del Tabor. O en otras arcas idolátricas bien cercanas a nuestra cultura. La realidad real no está allí ni aquí, arriba ni abajo, dentro o fuera, es todo en todas las cosas. De ahí que el gran descubrimiento del sabio y de la persona sencilla ya se narra en el shivaísmo de Cachemira: "El gran secreto es que no hay secreto". Y que la muerte de Dios fue un formidable acontecimiento que nos preparó para atravesar el camuflaje de lo sagrado identificado con lo profano. Probablemente, la más profunda experiencia de lo divino nos la proporcionen los "ateístas", más que ateos, que se atrevieron a limpiar las cuadras del argonauta Augias de todo el estiércol acumulado; como hiciera Hércules desviando los ríos Alfeo y Peneo. Y no es un juego de palabras. Juan de la Cruz, al igual que los maestros Zen, sufíes o los auténticos chamanes, convienen en el famoso "neti, neti" "ni es esto ni es lo otro". Como en el Tao, "el que habla no sabe, el que sabe no habla", pero se pueden transmitir exeriencias que alumbren el sendero que no se puede recorrer más que a solas. Aunque, por supuesto, pueden ayudar las muletas de cualquiera de las auténticas tradiciones, que no de las supersticiones o de las enfermizas fantasías de las sectas. Pero sin olvidar que todas y siempre no dejan de ser más que eso, muletas; de las que puede y debe desprenderse un espíritu liberado.
Simbolismo de los enterramientos
Quisiera detenerme en la "domesticación del fuego", producirlo, transportarlo, conservarlo, pues señala la separación definitiva de los paleantrópidos con respecto a sus predecesores zoológicos. El "documento" más antiguo data de Chu-ku-tien (unos 600.000 años antes de Cristo) pero ha debido producirse mucho antes y en muchos lugares diversos. El hombre prehistórico mata para sobrevivir y establece una relación especial con la sus víctimas; dar muerte a una fiera cazada o a un animal domesticado equivale a un sacrificio en el que las víctimas son intercambiables. Esta experiencia fundamental se ha conservado a través de los siglos disfrazada en las culturas más diversas. La creencia en una vida más allá de la muerte parece estar demostrada por el uso del ocre rojo, sustitutivo ritual de la sangre, y por ello símbolo de la vida en los cuidados enterramientos del Paleolítico. Y en la costumbre universalmente difundida de espolvorear con ocre rojo los cadáveres.
El emplazamiento de los enterramientos y la colocación de los restos ofrece indudable testimonio de la esperanza de un renacimiento. Siempre orientados hacia el Este, indican la intención de solidarizar la suerte del alma con el curso del sol. Hay infinidad de mitos entre las religiones más alejadas entre sí. Existen rituales funerarios, objetos simbólicos, dibujos y colores así como la equiparación de las ofrendas "alimento para la muerte", con el acto sexual. Para los indios kogis de Colombia, la tumba se identifica con el útero de la madre tierra y, por consiguiente, constituyen una simiente que fecunda a la Madre.
Los cazadores primitivos creen que el hombre puede transformarse en animal, por eso cultivan misteriosas relaciones entre una persona y su animal totémico (nagualismo). Los enterramientos de animales son muy curiosos, la colocación de los cráneos y de los huesos largos en lugares elevados tiene un valor ritual; así como ofrecer a los seres supremos un bocado del animal al que se ha dado muerte. Todavía se conserva entre los cazadores modernos el ritual de embadurnar al joven cazador que ha dado muerte a su primera presa con la sangre y las entrañas del animal, al igual que se hace en muchos pueblos primitivos. Si el animal se ha destacado por su fiereza, por su lealtad y su valentía, se le cortan los genitales para ser devorados ritualmente y hacerse con la fuerza del bravo animal. En nuestros días, no pocos toreros, cuando han matado a un toro noble, con casta y que embistió bien, mandan a su mozo de espadas al desolladero para que le traiga las criadillas que cenará esa noche. Esa relación con el toro bravo llega a extremos de un profundo erotismo como han narrado muchos toreros que se han atrevido a hablar de sus experiencias íntimas después de haber leído la descripción que Juan Belmonte hizo de sus noches de lunas, cuando toreaba desnudo y furtivo en las dehesas. Hacer lunas y sentir una profunda identificación con el animal es un tema para iniciados. La importancia de una idea religiosa arcaica se confirma por su capacidad de sobrevivir en épocas posteriores.
 

José Carlos Gª Fajardo

 

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

Creencias Magia y hechiceros

Tabú es una voz polinesia que significa sagrado y que fue incorporado al inglés por el capitán Cook, quién lo recogió en las islas Tonga. Constituye un tipo de magia negativa, en la que se cree que si se realizan determinadas acciones o se tocan ciertos objetos sucederán desgracias al infractor del tabú. Siempre es de origen religioso la razón de declarar tabú una acción o un objeto. Objetos relacionados con la divinidad como estatuas, amuletos, templos, utensilios sagrados del culto o las personas que guardan relación con ellos, como el rey o los sacerdotes. También son tabú aquellas acciones que pueden provocar la pérdida del mana, o fuerza mágica que protege a la comunidad, así el asesinato del rey o de un sacerdote y también la fuerza mágica personal, como caer prisionero del enemigo. Lo mismo sucedía entre los bárbaros, para desesperación de los romanos que confiaban en los pactos suscritos con los reyes que hacían prisioneros. Cuando los galos supieron que Vercingetórix iba encadenado por César a Roma "comprendieron" que lo había abandonado la divinidad y no se sintieron obligados por sus compromisos. O cuando a Wamba le cortaron el pelo mientras dormía; al despertar había dejado de ser rey pues el pelo corto sólo lo llevaban los siervos para distinguirlos de los hombres libres. En la Edad Media esta práctica de la tonsura pasó a los clérigos, para distinguirlos en sus andanzas aunque ellos decían que era por ser siervos de Dios.
FETICHE
El fetiche es un objeto material al que se atribuyen poderes sobrenaturales o mágicos. A veces se confunden las propiedades del fetiche con las del amuleto dando lugar, en todas las culturas, a supersticiones nacidas de la ignorancia y del miedo. El verdadero fetiche es propio sólo de aquellos pueblos de religión animista que rinden culto a un objeto material por motivos mágicos.
El nombre de fetichismo fue aplicado por los portugueses a las prácticas religiosas de los negros de Africa Occidental que ellos no entendían y que condenaron por demoníaca y propia de salvajes. De ahí a decidir conquistarlos y reducirlos a esclavitud "puesto que no tenían alma" sólo había un paso que no vacilaron en dar, movidos por un caritativo "espíritu cristiano" que les ayudó a incrementar sus riquezas una vez tranquilizada sus conciencia. Igual hicieron los demás pueblos cristianos de Europa, protestantes o católicos, durante el auge de la esclavitud sin que fueran condenados por la jerarquía hasta pasados bastantes años. Casi hasta que no los necesitaron.
El erudito francés Charles de Brosses lo difundió en Europa, en 1760, cuando publicó su obra Culto de los dioses fetiches. Disparate colosal pues nunca un fetiche fue dios, aunque representase algún atributo divino. Con este término se denominó entonces la religión de aquellos pueblos que consideraban a todos los seres naturales dotados de fuerzas anímicas que intentaban propiciarse por medio del culto. Hoy día este tipo de religión se denomina animismo y sólo un ignorante la consideraría salvaje o demoníaca. Por el contrario, con el término fetichismo se designan objetos y prácticas que han caído en el campo de la superstición. En las religiones más evolucionadas estos fetiches o amuletos se enmascaran como reliquias, medallas bendecidas, escapularios, estampas con la efigie de un muerto, velas bendecidas por un sacerdote, cruces con determinadas formas, rosarios de cuentas, aguas de tal o cual lugar en donde pretenden que se apareció un ser sobrenatural, casi siempre a algún adolescente y de muy bajo nivel cultural susceptible de padecer con facilidad el fenómeno psicológico del eidetismo.
Con frecuencia se utilizan como sinónimos los términos hechicería, brujería y magia. Y no lo son pues sus diferencias corresponden a características étnicas, antropológicas y religiosas que los conquistadores y los misioneros ignoraron o prefirieron meter en el mismo saco para condenarlos. Creían que, conjurados los nombres, se eliminaba la cosa en un alarde de la más pura hechicería.
En todos los pueblos y en todas las culturas precristianas se encuentra la práctica de la hechicería y al hechicero quien tiene por oficio velar por los intereses de la comunidad y sus componentes, defendiéndolos de las desgracias y fuerzas adversas, tanto naturales como sobrenaturales. Se apoyan en los espíritus buenos y en las fuerzas positivas para combatir la acción de sus antagonistas, a los que se designan espíritus malos. En último término, se apoyan en la misma divinidad a través del primer antepasado que da consistencia al clan y a las comunidades, que algunos llaman con ligereza tribus. El antepasado tuvo sabiduría y fuerza para constituir un pueblo o etnia que se rige por una concepción de la vida, expresada en costumbres que tienen que ver con el respeto a la naturaleza que los sustenta, a la conducta hacia la comunidad y hacia uno mismo para disfrutar de una vida saludable y feliz que se ha de transmitir a los descendientes. Esas costumbres, contrastadas y saludables, se convirtieron en tradiciones transmitidas oralmente y, más tarde, se formalizaron en normas que rigen la vida de la comunidad y le confieren sus señas de identidad. De ahí que, desde los orígenes, la práctica de la magia estuviera asociada a la medicina y de ella se originaron las ciencias. Por la observación empírica y por el empleo del poder psicológico, junto con las substancias naturales que, como "remedios", restablecían la salud o la conservaban. De ahí que supervisaran los alimentos saludables, la gestación, el alumbramiento, la protección de los niños hasta la pubertad, los ritos de iniciación para prepararlos a la dureza de la vida mediante la superación del miedo, la asunción de la soledad y una vida sexual satisfactoria, eficaz y que garantizase la transmisión de la vida; igual sucedía con los individuos heridos o enfermos, con el cuidado de los ancianos y el respeto a los ciclos de la naturaleza para obtener los mejores frutos sin agotarla; el cuidado de las fuentes y del curso de los ríos o de los oasis, de los pozos y de las minas, rodeándolos de prácticas mágicas para memorizar mejor mediante ritos los saberes transmitidos o adquiridos.
A esa sabiduría, los europeos la designaron como prácticas salvajes y propias de gentes incivilizadas y paganas, ¿de qué civilización, de qué cultura, de qué dioses?
MAGIA
Al descubrirse la escritura, que muchos pueblos siguen sin necesitar para transmitir sus saberes, el hechicero se transforma hasta convertirse propiamente en mago o en médico/sanador (guérisseur) en los antípodas del brujo que actúa sin escrúpulos éticos, se vale de la compulsión por el miedo, vive al margen de la ley y es enemigo de la auténtica religión. Uno de los cometidos principales de los hechiceros, magos o sanadores, es combatir las malas influencias e ignorancia de los brujos y arrancar a los incautos de sus garras porque la verdad hace libres y la sabiduría produce la felicidad y el sosiego. La enseñanza mágica se transmite en verdaderas escuelas y sacerdote y mago se identifican cada vez más hasta convertirse la magia en un aspecto saludable de la religión.
La magia es una técnica considerada como un arte o una ciencia que pretende obtener efectos que, aparentemente, superan a los naturales mediante la recitación de una fórmula, la realización ritual de determinados actos o la ingesta de ciertos productos. Se concitan así los poderes de la influencia sicológica, de la excitación de las fuerzas ocultas de la naturaleza y de los contrastados poderes del ayuno o de las propiedades de determinados alimentos.
Originariamente, la magia, aunque trate de operar sobre poderes ocultos, procede de la observación primitiva de que causas similares producen efectos idénticos y que la acción sobre la parte repercute sobre el todo. Puesto que para los primitivos, y aún en nuestros días en Africa nadie dice su nombre a un extranjero, es lo mismo el nombre que la cosa se considera que la palabra es capaz de producir efectos mágicos saludables. La magia tuvo una gran importancia en la antigüedad y muchas instituciones proceden de ella: la dignidad real tuvo un origen mágico y los primeros médicos fueron magos.
En Mesopotamia, caldeos y asirios poseyeron secretos de magia y adivinación sorprendentes; en Egipto, se conoció una magia lícita y otra ilícita y su impresionante conocimiento de la medicina, de la astronomía y de las demás ciencias es inseparable de la magia. Los hebreos la citan con frecuencia en la Biblia, y Moisés no hace sino magia cuando levanta en alto la serpiente de bronce; así como la circuncisión se realiza mediante ritos que dinamizan el mito de la pertenencia al pueblo elegido para afirmar una práctica higiénica. La India con sus mantras, sus ritos y el mismo yoga tiene una etiología mágica. Grecia y Roma son ricas en prácticas mágicas y en formidables ritos de iniciación en interesantísimos misterios que abordaremos en su día. El Judaísmo medieval tiene una vena mágica indudable en la cábala, la alquimia y el uso de amuletos que dieron lugar a una corriente mística. El Islam es rico en sahumerios, talismanes y amuletos, hechizos y horóscopos por la creencia en los yinn o espíritus que había que propiciar.
Como siempre, había una magia lícita o blanca y una ilícita o negra cuya calificación correspondía a los poderes constituidos para asegurar la autoridad y el mantenimiento del orden.
En cuanto al Cristianismo, es el caleidoscopio más rico y cercano que poseemos con sus persecuciones y sus ritos que proscribían unas y fomentaban o toleraban otras de plena actualidad, pero con nombres diversos. Su estudio es fascinante y abre la mente hacia perspectivas de libertad, de alegría y de mundos nuevos secuestrados durante siglos por los cancerberos del gozo de considerar la vida como un don. Que ese y no otro es el origen de la magia.
 

José Carlos Gª Fajardo

 

El animismo en las religiones primitivas

Los africanos son esencialmente religiosos y cada uno de los tres mil pueblos africanos tiene su propio sistema de creencias. La religión es el elemento más importante en la vida tradicional y conforma su manera de pensar, de sentir y de actuar. No existe una distinción radical entre lo profano y lo sagrado, pues todo está inter relacionado, lo espiritual y lo material. Allí donde se encuentre el africano, allí está su religión pues ésta es inseparable del medio: la lleva a los campos cuando va a trabajar, la lleva a la escuela o a la universidad. Los nombres de las personas, los sonidos del tambor o los eclipses evocan significados religiosos. No comprenderlo así es contribuir al desarraigo personal y a la frustración social con la pérdida de sus señas de identidad que son la esencia de su universo. Las religiones tradicionales no son para el individuo sino para la comunidad de la cual se sabe parte. Una de las fuentes de la tensión que padecen tantos africanos procede de la separación de su ambiente tradicional que los desgarra entre la vida de sus antepasados, que tiene raíces históricas y tradiciones firmes, y la vida de nuestra era tecnológica. En opinión de uno de los mejores estudiosos de las religiones tradicionales, el kenyata John Mbiti, "Ni el islamismo ni el cristianismo parecen eliminar los sentimientos de desarraigo y frustración. No basta con abrazar una fe que es activa un día, domingo o viernes, mientras que el resto de la semana se encuentra virtualmente vacío. Las religiones tradicionales ocupan a toda la persona y toda su vida, la conversión a las nuevas religiones debe comprender su propio lenguaje, sus modelos de pensamiento y sus relaciones sociales".

No hay sagradas escrituras, pues cada persona lleva la religión en su mente, en su corazón, en la tradición oral, en los rituales y en personajes como los jefes, los sacerdotes o los ancianos. Las religiones tradicionales no tienen misioneros que las propaguen ni pueden pasar de un pueblo a otro. Las religiones pertenecen a los pueblos y a las personas como el alma al cuerpo, como las tierras o el aire que los vieron nacer. Arrancar a los africanos de sus tierras, por la fuerza o por presión cultural, es arrancarlos de sus raíces.

En todas las religiones tradicionales se encuentra la creencia en una forma de vida después de la muerte, pero lo que cuenta es vivir, aquí y ahora, con coherencia. Ni existe la esperanza en un paraíso ni miedo a un infierno pues, como no existe el concepto de culpa judeo cristiano o el de karma para purgar en una encarnación presente culpas pasadas, no se comprende el concepto de redención que tanto les ha costado introducir a los misioneros. Como decía el fundador de los Padres Blancos, 'hay que convencerlos de su culpa para que acepten el mensaje de redención'.
El animismo se remonta a los orígenes de la humanidad. Para el hombre primitivo, los fenómenos que no puede comprender son movidos por fuerzas ocultas que él se representa a su imagen. Así, hay espíritus buenos y malos, manes protectores, etc. Este animismo ancestral conduce a la hechicería o acción de hombres buenos o a la brujería de los perversos, a la magia para dominar esas fuerzas misteriosas (magia blanca y magia negra), a los tabúes que protegen las señas de identidad de la comunidad, al tótem que las representa, y que pueden derivar en supersticiones vulgares nacidas de la ignorancia y del miedo y que, no pocas veces, son promovidas por los poderes fácticos para dominar al pueblo. Ninguna religión tradicional o revelada se libra de ellos pero los camufla para aliviar la tensión ante lo desconocido y la angustia ante la muerte. Por eso, los hechiceros, los sacerdotes, los reyes y los magos se aprovechan de la natural tendencia a no tomar decisiones que comprometan y confiarse a los dioses que habitan las lagunas de la ignorancia de los pueblos, como señalaron Epicuro y Lucrecio. 'Fábulas consoladoras ante el miedo cósmico y existencial'.
El animismo no define un tipo de religión sino que coexiste con formas teístas avanzadas. El concepto fue utilizado por el antropólogo inglés E.B. Taylor, en 1866, como 'creencia en seres espirituales' que 'animaban' el universo, personas, animales o cosas. De ahí se progresó hacia el politeísmo y el monoteísmo de las religiones que se consideran a sí mismas reveladas: judaísmo, cristianismo e islamismo. Otras teorías parten de la concepción originaria monoteísta que derivó hacia el politeísmo y, de ahí, a formas elaboradas de animismo. Quizá la atracción que experimentamos por las concepciones orientales ateístas, más que ateas, reflejen el cansancio de un abuso de antropomorfismos, rituales, dogmatismos, clericalismos, moralismos y supersticiones acientíficas en que han degenerado no pocas religiones pretendidamente reveladas. ¿Por quién? Por su dios, que se complace en exterminar a los que no se someten a sus dictados: pretensiones monopolizadora y totalizadoras judaicas, cristianas y fundamentalistas islámicas.
De ahí la gran importancia de conocer los componentes de los fenómenos religiosos originarios de la humanidad para mejor valorar nuestras convicciones y respetar y acoger a los demás con las suyas, que son inseparables en su expresión de un contexto social, económico y cultural de cada época.
Aunque la 'experiencia de lo sagrado' trasciende las culturas, no puede expresarse más que con lenguajes simbólicos. Símbolos son los mitos y los ritos que, cuando degeneran, se pervierten en ídolos y supersticiones por haber perdido su contacto con el misterio.
Caso peculiar es el del judeocristianismo que pretende un encuentro con el Dios único y salvador en un contexto histórico.
Consideraremos los deísmos, politeístas, panteístas o monoteístas, con el fundamento último trascendente al mundo. Mientras que, en los animismos y en concepciones que trascienden a los dioses, ese cosmos se relaciona con la plenitud del vacío y la armonía de la naturaleza a través de la inmanencia que resuelve toda contradicción en un aquí y ahora sosegado y fecundo.
Hay unos momentos, lugares, gestos o personas, que sirven de manifestación de lo religioso. Y hay desviaciones inhumanos que conducen al ridículo, a esteticismos, ritualismos y sacralizaciones indebidas de otros valores humanos.
Consideraremos, sin prejuicios, la magia, el culto a los antepasados, el totemismo, fetichismo, hechicería y los ritos de iniciación a la pubertad, a la vida sexual, al matrimonio, a la responsabilidad de adulto, a la muerte y al más allá, los sacrificios y libaciones, los grupos étnicos y el parentesco, la función de los curanderos, hacedores de lluvia, magos y hechiceros así como los fundamentos de un anhelo religioso de relación con la divinidad, el universo y la naturaleza de la que nos sabemos parte responsable que no quiere ser confundida ni absorbida por el todo.
Al menos, nadie nos quitará habernos atrevido a saber mediante una búsqueda desapasionada, razonable y enriquecida por la intuición y la experiencia del misterio.
 

José Carlos Gª Fajardo

 

Creencias El enigma de los megalitos

Existe un antiguo mito en Indonesia, recogido por Frazer, que puede ayudarnos a comprender el enigma de los monumentos megalíticos construidos por los primeros agricultores de Europa. En el principio, cuando el cielo estaba muy cerca de la tierra, los dioses otorgaron sus dones a la pareja primordial haciendo que estos descendieran colgados de una cuerda. Un día, les enviaron una piedra pero los antepasados la rechazaron. Después, hicieron descender una banana que acogieron con júbilo. Entonces, se oyó la voz del Cielo “Por haber preferido la banana, vuestra vida será como la vida de este fruto, perecedera. Si hubierais elegido la piedra, vuestra vida sería inmutable e inmortal”.
El descubrimiento de la agricultura había hecho cambiar radicalmente la concepción de la vida humana, que se revela frágil y efímera como la de las plantas. El hombre comparte el ciclo de la vegetación: nacimiento, vida, muerte y renacimiento. Se fecunda a la madre tierra penetrándola profundamente para depositar en su seno la semilla.
Las creencias neolíticas florecieron entre el 8.000 y el 3.000 a. C., a partir de la revolución originada por la domesticación de animales y plantas, la invención de la cerámica y el progresivo sedentarismo. Incluían un centro de referencia en la sacralidad de la naturaleza, el ciclo de las estaciones y la diosa Madre Tierra. En las nueve civilizaciones neolíticas reconocidas, destaca el culto a los antepasados, los ritos de fertilidad, enterramientos rituales, divinidades del hogar, monumentos megalíticos y el arte rupestre.
Existen tres tipos de estructuras megalíticas: 1) el menhir (del bajo bretón men = piedra, e hir = largo) un gran bloque alargado de piedra colocado verticalmente en el suelo (el de Locmariaquer medía 20 metros de altura); 2) el cromlech (de crom = círculo, y lech = lugar) varios menhires dispuestos en círculo (impresiona el de Stonehenge, cerca de Salisbury) o en alineaciones paralelas, como el de Carnac, en Bretaña, compuesto de 2.935 menhires; 3) el dolmen (dol = mesa, y men = piedra), una gran losa sostenida por bloques verticales que estaban cubiertos por un túmulo dando el aspecto de cámara mortuoria que contenían hasta cien cadáveres. Sólo en Europa se han contado unas 50.000 estructuras megalíticas.
Ansia de inmortalidad
Mircea interpreta los grandiosos monumentos megalíticos como una respuesta al mito indonesio: si nuestra vida es como la de los cereales, a través de la muerte se alcanza la fortaleza y la perennidad. Se regresa a la tierra para compartir el destino de las semillas, que se pudren y renacen; pero los muertos son místicamente asociados a los bloques de piedra y se hacen indestructibles como las rocas.
El culto megalítico a los muertos parece implicar la fe en la supervivencia del espíritu así como la confianza en el poder de los antepasados que nos pueden proteger durante nuestro camino. El concepto de los antepasados luchando al lado de los vivos es fundamental para comprender las concepciones existenciales de la mayor parte de las culturas. En las grandes religiones se ha camuflado, de una u otra forma, pero se mantiene con la supuesta mediación de los santos y de los espíritus buenos que luchan con los demonios; en una inútil pretensión de superar el enigma del bien y del mal. En los cultos animistas es universal el trato familiar con los antepasados; también en las grandes tradiciones de Oriente. Entre judíos, cristianos y mahometanos es fácil seguir esa relación para ayudar a los espíritus a superar las penas de las diversas concepciones de purgatorios.
El culto megalítico de los muertos implicaba ceremonias (procesiones, danzas,) ofrendas (alimentos, bebidas, fuego), sacrificios ofrecidos en las inmediaciones y banquetes rituales en las tumbas. Algunos menhires se erigieron separados de las sepulturas lo que permite suponer que fueran “sustitutivos del cuerpo” a los que se incorporaban las almas. Como dice H. Kirchner “un sustitutivo en piedra venía a ser un cuerpo para la eternidad”.
Símbolo fálico
El significado sexual de los menhires está universalmente atestiguado así como el falo está representado en la estela de piedra. La creencia en los poderes fertilizantes de los menhires todavía permanece viva en las tradiciones y en el folklore de muchos pueblos de Europa. En algunas regiones de Francia, las mujeres jóvenes, para tener hijos robustos, practican el “deslizamiento” a lo largo de una roca o la “fricción” sobre monolitos, o frotando el vientre contra determinadas rocas. No pocas leyendas y tradiciones de fuentes salutíferas para la fertilidad juegan con creencias paganas muy arcaicas. En algunas regiones, sobre todo cerca de las ruinas, fuentes y rocas poderosas, algunos vivos han aprovechado para ayudar a la madre naturaleza y al poder de los espíritus, prestando su colaboración desinteresada en el proceso fecundante. En otros casos, conocemos la eficacia fertilizante de pasar algunas noches en lugares con efluvios alucinógenos o sencillamente relajantes. Sin contar el poderoso efecto de ciertas especies de soma administradas por clérigos saludables. Y ya en nuestra cultura clerical, entusiasta del celibato, conocemos la larga tradición d’os sobriños do cura. La mitología de diversas creencias nos muestra un arsenal de benévolos dioses encarnados en pastores de eficacia engendradora. El simbolismo fálico del menhir es semejante a la cultura del lingham en India y en otros lugares del sudeste asiático. El lingham que se pasea en procesión y preside la iconografía de sus templos. Pero el sentido primigenio era la transmutación de los antepasados en piedras que se plasmaban en la erección de un menhir “sustitutivo” del cuerpo. En la estructura de estelas y monolitos se integraba un elemento esencial del muerto que podía ser su esqueleto, sus cenizas o su pene. Todavía en algunos lugares se entierra el pene del enemigo después de haberse comido ritualmente sus testículos. (Innecesario recordar a los toreros que envían a su mozo de estoques al desolladero para procurarse las criadillas del astado bravo y noble para cenárselas en revuelto de huevos). Así, el muerto “animaba” la piedra que hacía del menhir o de los sepulcros megalíticos “depósitos inagotables de vitalidad y de potencia”. En lenguaje del mito indonesio, los muertos integrados en la estructura de las piedras se convertían en señores de la fecundidad y de la prosperidad al apropiarse, a la vez, de la piedra y de la banana/pene. Los hombres se han interrogado acerca del significado de los alineamientos de Carnac o de los gigantescos trilitos de Stonehenge. Impresiona la pericia técnica para manipular bloques de 300 toneladas y alzar sobre ellos losas de otras 100 toneladas. Parece ser que esa cultura megalítica, que desde hace más de 10.000 años se extiende desde el Mediterráneo hasta Suecia, arranca de un centro situado en Los Millares, Almería. La roca, la losa, el bloque de granito hablan de la duración infinita, de la permanencia, de un modo de existir independiente del devenir temporal. En el Paleolítico, los cazadores nómadas bastante tenían con sobrevivir. En el Neolítico, los sedentarios ya se preocupan por la supervivencia más allá de la muerte. Al igual que las pirámides y túmulos precoloniales en América, así como en Medio Oriente, estas estructuras pueden estar relacionadas con las divinidades solares y astronómicas, es decir, con las observaciones astronómicas, sobre todo en los solsticios (20 de junio y 21 de diciembre) y equinocios (20 de marzo y 22 de septiembre), para regular la agricultura. La influencia de la luna en la naturaleza y en los seres vivos, animales y seres humanos, fue descubierta en los albores de la hominización, y está relacionada con los ciclos que pudieran señalar algunas construcciones megalíticas.
 

José Carlos Gª Fajardo

Zen, una actitud existencial

En China se inventaron el papel, la brújula, la pólvora, el té, la seda, la porcelana; es la cuna de seres únicos como Lao-Tsé y Chuang-Tzú, poetas Tang, como Li Po y Tu-Fu; paisajistas de la pintura Sung, como Wang-Wei y Wu Tao-Tzú; o esa explosión armoniosa contenida en la porcelana Ming.
Es la patria del arte del Bushi-do ’para detener la flecha en el aire’, de donde proceden ’caminos’ (Do) de la mano, Judo; de la espada, Kendo; del arco, Kyudo; de todo el cuerpo, Aikido. Todo arranca del Jiu-jitsu o arte de aprovechar la fuerza del contrario, para restablecer la armonía cuyo equilibrio se ha visto amenazado y que después inspiraría el Taekwondo.  Nada pues que ver con supuestas artes marciales.
Así como la ceremonia del té, Chado, y la sinfonía de la danza Tai-Chi-Chuang, no se pueden expresar con palabras. ’¿Cómo te voy a explicar el sabor de una taza de té?’; té de colores sepia, ámbar, rojo o negro, con sabor a humedad, a humo, a bayas o a magnolias. El té que degustaban ’El anfitrión, el huésped y el crisantemo... sin decir palabra’ ¿Qué habrían de decir si el colmo de la amistad es estar juntos en silencio?
’Desde hace poco conozco una profunda quietud. Mi espíritu no se inquieta por nada del mundo. La brisa que viene del bosque de pinos hace volar mi bufanda. La luna de la montaña brilla sobre el arpa. ¿Me preguntáis la razón del éxito o fracaso? La canción del pescador se hunde en el río’, escribía Wang-Wei.
En Occidente, se construyen palacios y templos macizos y cerrados, para afirmar la fijeza y enraizarse como la piedra; en Oriente, los templos y los palacios tienen la ligereza del cerezo y del bambú y son abiertos para gozar de la naturaleza hasta el punto de que no se podría determinar donde terminan los pabellones y comienzan los jardines, y así expresar la entrega al fluir de las mutaciones. Nada permanece, todo fluye y todo pasa, como refleja el I Ching.
El gran poeta del siglo XVII, Basho, padre de los haikú de 17 sílabas, subraya el gusto chino por plantar flores sobre el agua para afirmar su gusto por lo impermanente. El haikú es como un relámpago que ilumina la realidad, como si penetrara hasta el fondo de las cosas; ese relámpago entre dos oscuridades que queda aprehendido como signo de un paso. Como aquellos ’pasos’ de la pastora Marcela que recuerda el Quijote: ’Contemplar... el cielo, pasos con que camina el alma a su morada primera’. No pensar, dejar de lado palabras y conceptos. ’Los ánades no pretenden dejar su reflejo, ni el agua piensa recibir su imagen’.
Emblemático de la sabiduría oriental es el loto que necesita hundir sus raíces en el cieno, extender sus hojas sobre el agua para subir y descender al ritmo de las mareas y abrir sus flores al sol sin permitir una mota de polvo sobre sus pétalos. Así, el discípulo camina en la senda de la sabiduría con los pies firmemente apoyados en el suelo pero sin que el polvo le impida ver la luna reflejada sobre el agua del estanque. Los monos, como los ignorantes, se quedan mirando el dedo que les señala la luna, o pretenden coger la imagen reflejada sobre la superficie del lago y se cuelgan de una rama, se caen y se ahogan, claro.
Una de las más ricas aportaciones de Oriente a la sabiduría universal es el Zendo, el Camino del Zen. Educa para estar plenamente en lo que se hace: ’Pasar el río sin mojarse los pies significa hacer las cosas sin ser prisionero de ellas’, aconseja Liang Chieh. Es una manera de ver el mundo y de vivir estando aquí y ahora, trascendiendo la propia personalidad y las ataduras del ego,como se apaga una luz para mirar a través de los cristales.
’Mañana’ no es una realidad, sino una hipótesis; ’ayer’ tampoco existe, si acaso memoria que puede activar el recuerdo (pasar otra vez por el corazón); tan sólo son reales ’aquí’ y ’ahora’. No hay mañana, y hoy puede ser siempre, todavía.
El discípulo, cuando tiene hambre, come; cuando tiene sed, bebe; cuando tiene sueño, duerme; cuando está cansado, se sienta. El Maestro Zen, cuando come, come; cuando bebe, bebe; cuando duerme, duerme; cuando descansa, descansa. Como Miguel de Unamuno apuntó, las cosas fueron primero, su para qué, después.
Al despertar y adquirir la mentalidad Zen, se exclama ’¡Qué maravilla, qué misterioso! Llevo leña, subo agua’. Y, en otro lugar, ’Sentado tranquilamente, la primavera viene, la hierba crece’.
Po-Chu-I, un poeta tang, explica el comportamiento adecuado a través de la sabiduría natural de los pinos: ’En otoño susurran un canto sedante, en verano esparcen fresca sombra, en primavera, la suave lluvia crepuscular llena sus agujas de perlas pequeñas y brillantes, al acabar el año, pesada nieve adorna sus ramas con jade inmaculado. Porque saben derivar de cada estación un encanto particular. No tienen par entre los árboles’.
El Zen se originó en China, hacia el siglo VI, al encuentro del budismo Mahayana, originario de India, con el Taoísmo. Se tradujeron las obras budistas al chino, su implantación duró unos tres siglos y dio lugar al Ch’ang que corresponde al concepto sánscrito de Dhyana, contemplación. Los signos chinos para nombrarlo significan ’a solas con el Cielo’. Siglos más tarde, al llegar a Japón con el patriarca Dogen, los mismos signos o kanyis se pronunciarán ’Zen’. El Maestro Dogen, después de años de peregrinar por monasterios de China, practicando el Zen, resumió lo que había aprendido ’Los ojos son horizontales, la nariz es recta’.
El fundador del Zen en China es el legendario Bodhidarma, representado con ojos saltones, de tanto mantenerlos abiertos para no dormirse durante la meditación.
El Zen no es ni una religión ni una filosofía, es una actitud existencial de concentración en lo que está pasando, y de asombro ante las cosas corrientes de la vida. Por medio de la meditación, con la postura correcta y la respiración adecuada, se alcanza la experiencia del despertar, o satori. Sin pensar en nada, dejando circular los pensamientos ’como las nubes que acarician la montaña’. Sin acogerlos ni rechazarlos, dejarlos ir. El satori es la percepción inmediata de la realidad, que ilumina la naturaleza de las cosas y supera todo dualismo. Es la realización de la visión advaita, no dualista aportada por India.
Todas las cosas son unidad ’empty oneness’, unidad vacía.
La meditación ni cierra ni atrofia los sentidos sino que los agudiza y los hace más sutiles y delicados. Pero, una vez más, el que sabe no habla, el que habla no sabe. ’Espacio abierto, nada de sagrado’, respondió Bodhidarma al emperador a quien censuró por buscar el mérito de las acciones.
Las cosas son como son... e mais nada.
 
José Carlos Gª Fajardo

 

Budismo: Despertar y Sabiduría

El budismo enseña que el camino a la Verdad es un viaje hacia el interior de uno mismo; todos poseemos la naturaleza de Buda en lo más profundo y el sentido de la vida consiste en despertar a la auténtica realidad. La iluminación no viene de afuera,como pretenden las religiones supuestamente reveladas.
Señala A. Shearer que el género humano es único en cuanto a su capacidad de infelicidad. Es como si nos hubieran herido con una flecha envenenada pero, antes de aceptar ayuda, nos debatimos razonando sobre quién la ha disparado, en qué dirección vino y de qué material está hecha. La actitud budista es arrancarse inmediatamente la flecha. Aceptamos las limitaciones y adversidades como algo consubstancial a la vida mientras nos enajenamos buscando satisfacciones en el trabajo, las relaciones sociales o con los sentidos. Es como un preso que pintase de purpurina los barrotes de su celda, pero sigue privado de libertad.
De acuerdo con el budismo, vivimos dominados por el sufrimiento y urge encontrar una solución, porque si no reconocemos este hecho y encontramos la causa, no seremos capaces de reconocer nuestro derecho a ser felices en armonía con los demás seres.
Buda jamás admitió tener ningún don especial, ni inspiración divina o ser enviado de Dios para fundar religión alguna, nos legó una doctrina basada en conocimientos científicos cuyas fuentes ignoramos. De hecho, advertía a sus oyentes de que no aceptasen sus palabras ciegamente sino que las contrastase con la ineludible experiencia personal. Conocida es su expresión Venid y vedlo por vosotros mismos que los maestros Zen transformarán en "¿Cómo te voy a contar el sabor de una taza de té?". Se trata de una revolución de la consciencia al trascender el sentido individual del yo. Este cambio radical en la percepción es la única curación del sufrimiento que padecemos y que causamos a los demás. El despertar significa plenitud, felicidad y gozo.
Su mensaje se recoge en el Dhammapada Las enseñanzas que conducen a la paz y no a las pasiones, al despego y no al egoísmo, a la frugalidad y no a la avidez, a la satisfacción y no a la insatisfacción, a la soledad y no a la multitud, a la alegría de hacer el bien y no el mal, son las que nos permiten afirmar con certeza.
Sidharta Gautama nació hacia el 560 a. C. en una región fronteriza entre India y Nepal. Su padre era rey del clan de los sakyas, de donde le vendría el sobrenombre de Sakyamuni. Aunque personaje histórico, su infancia se ha mitificado y nos ha llegado envuelta en leyendas, como las de los demás fundadores de religiones. Vivió en una época en la que, en el espacio de un siglo, serían contemporáneos Lao- Tsé y Confucio, en China; Heráclito, Pitágoras y Sócrates, en Grecia; Zoroastro, en Persia; el profeta jaín Mahavira, en India y los grandes profetas de Israel, separados entre sí por millares de kilómetros y surgidos en culturas diferentes.
Su padre rodeó al príncipe de todos los lujos sin permitirle salir del palacio. Se casó a los dieciséis años y tuvo un hijo al que llamó Rahula. Pero un día, Sidharta salió y vio pasar a un anciano encorvado, después a un enfermo y, finalmente, vio un cadáver envuelto en un sudario. A sus preguntas, respondió su fiel Channa Es la vida, mi señor. Profundamente impresionado, regresaba al palacio cuando descubrió a un sadhu, santón errante, con la serena expresión de su rostro y tomó la determinación de abandonar la vida que llevaba y acompañar a los santones en su búsqueda de la Verdad que permanece.
Abandonó el palacio con Channa, cortó sus cabellos y cambió sus vestidos por los de un mendigo a quien regaló el caballo y, durante siete años, practicó la meditación en la aspereza del ascetismo.
Pero no encontró la felicidad y abandonó a los ascetas después de haber oído a un pescador que recomendaba a su hijo, refiriéndose a las cuerdas del laúd Ni tan tenso que se rompa ni tan flojo que no suene.
Se retiró a los jardines de Bodh Gaya, y se sentó bajo una higuera (o un ficus) a meditar hasta que alcanzase la iluminación. Así permaneció durante cuarenta y nueve días hasta que el 8 de diciembre, cuando Venus brillaba en el firmamento, alcanzó la iluminación, o budheidad, y exclamó Todos los seres son Budha. Comprendió que todos están iluminados pero que no son conscientes de ello por vivir atados a los apegos. Lector, bloger, tú y yo también... auqnue todavía no hayamos caído en la cuenta.
Budha, o el plenamente consciente, tenía 35 años cuando tuvo lugar su nirvana y hasta su muerte, a los ochenta años, viajó por el noreste de la India enseñando el camino, dharma, estableciendo comunidades de monjes, shanga, y viviendo la compasión por todos los seres.
Antes de morir, reunió a sus monjes y les rogó que no se afligieran porque la decadencia es inherente a todas las cosas compuestas y les urgió para que fueran diligentes para alcanzar su despertar. ¡No cejéis!, les dijo antes de cerrar su ojos. 
Buda enseñaba el dharma a todo aquel que encontraba sin importarle su estado o condición social, hombre o mujer, rechazaba el sistema de las castas.
Cuando le preguntaban por los dioses o por la vida después de la muerte les remitía a sus propias experiencias, advirtiéndoles de que no aceptasen doctrinas porque las propusiera una autoridad o las avalase la costumbre.
El bienaventurado Gautama enseña el dharma utilizando un sistema que escapa al razonamiento y que se basa en la práctica, decían sus acompañantes.
Buda no escribió nada. Sus enseñanzas se recogieron en los Aforismos del Dhammapada. Surgieron varias escuelas: el Theravada, o Doctrina de los Ancianos que se extendió a Ceilán, Birmania y Tailandia y el Mahayana o Gran vehículo que se extendió por Tíbet, China y Japón.
La enseñanza de Buda fue enunciada en el Parque de los ciervos de Sarnath, cerca de Benarés, en el discurso sobre Las cuatro nobles verdades: del sufrimiento, de la causa del sufrimiento, del fin del sufrimiento y de la óctuple senda.
La vida es sufrimiento porque nada permanece y nos aterra morir. Aunque Buda jamás negó la felicidad que pueden ofrecer el amor, el trabajo, la familia y la amistad, su realismo descubre que toda experiencia es insatisfactoria porque no perdura.
Para Buda la causa de nuestra penuria radica en la ignorancia o percepción equivocada de la realidad y llama a trascender este sentido de existencia aislada y descubrir la libertad y felicidad del nirvana. Una mente clarificada por la meditación ve las cosas como son en realidad.
En el Sermón de las flores, cuando le preguntaron por la naturaleza del nirvana, cogió una flor y permaneció en silencio. Sólo su discípulo Ananda sonrió, y Buda le entregó el manto, el cuenco y el bastón, símbolos del Maestro en que se había convertido Ananda. Había descubierto que no había nada que descubrir: la flor es la flor.
Cuando le preguntaron por la causa de la alegría de sus discípulos, respondió No se arrepienten de su pasado, ni se obsesionan con el futuro. Viven en el presente y por eso están radiantes de felicidad.

José Carlos Gª Fajardo

 

El Camino del Tao

Descalzarse y encender varillas de incienso, juntar las manos y postrarse en silencio, desde el vacío, porque llegamos arrastrando nubes de gloria, dice Wordsworth, mientras Hopkins señala que la más cara frescura vive en lo hondo de las cosas.
Pretender escribir sobre el Tao es desconocer el Tao y, sin embargo, no hay realidad fuera del Tao, por eso,  quien sabe, no habla y quien habla, no sabe. Sin límites ni substancia, sin adjetivos ni definición, sin arriba ni abajo, sin adentro ni afuera, sin bueno ni malo, justo o injusto, yang o jin, la mayor felicidad consiste en no hacer nada para obtener la felicidad porque el gozo perfecto es carecer de él. Si uno está en armonía con el Tao –el Tao cósmico, el que no puede nombrarse -, la respuesta llegará cuando llegue el momento de actuar pues uno actuará con arreglo al modo espontáneo del wu wei que, según Merton, es el modo de acción propio del Tao y es la fuente de todo bien, hacer sin hacer y plegarse a la naturaleza de las cosas sabiéndose uno con ellas.
Acercarse a los textos sagrados del I Ching, o libro de las mutaciones; al Tao Te King, de Lao Tsé; a El Camino, de Chuang- Tzú; o a las obras de Li- Chi o de Lie-Tzu, es abismarse en la esencia del pensamiento taoísta que, como el sabor del té, no puede explicarse pero puede alcanzarse. Y saber cuando detenerse.
Algo pueden ayudar los poetas tang, Li Po, Tu Fu, Po Chu-Li o adecuar la respiración ante los paisajistas chinos en su anhelo de captar los ritmos vitales porque la estética china es animista y busca medios de unión con la naturaleza.
El Taoísmo adquiere una enorme relevancia en nuestro tiempo porque puede resolver la crisis ecológica creada por la visión de antagonismo a la naturaleza del pensamiento judeo-cristiano que pretendió dominarla, y ayudarnos a recuperar el contacto con los ritmos de la naturaleza y con el fluir de las energías en el cuerpo. Lo que el Zen denominará recuperar el rostro originario, la identidad perdida.
El Taoísmo es el sistema filosófico y religioso fundamental en China. Su fundación se suele atribuir al maestro Lao-Tsé que vivió hacia el siglo V antes de Cristo y fue contemporáneo de Confucio y de Chuang-Tsé. En realidad, el Tao Te King es una recopilación de aforismos de épocas diversas atribuidos a un bibliotecario de la corte imperial de los Cheu que, hastiado de la decadencia de las costumbres, se alejó hacia Occidente montado sobre un carabao azul. Cuenta la tradición que al guardián de la frontera, seguidor suyo, le dejó como recuerdo el famoso tratado, en 5.000 caracteres, Tao Te King o Tratado sobre el Tao y el Te, o sobre el Supremo Ser inefable y sobre la virtud que hace al hombre prudente para andar el Camino.
Algunos de sus seguidores aventuraron que el Maestro, o más bien su doctrina, se dirigió hacia la India y que su doctrina habría influido en el Budismo. Como posteriormente éste llegará desde la India y, en contacto con el Taoísmo, dará lugar al Chang que, más adelante, en contacto con el Sintoísmo, dará lugar al Zen en el Japón.
Pocas lecturas habrá superiores al Tao Te King y a El Camino de Chuang Tzú. Podría eliminarse gran parte de la literatura universal sin que la echáramos de menos si podemos gustar con la punta de la lengua la sabiduría del Tao, nada digamos si acertamos a tragarla.
El Taoísmo, como otras profundas sabidurías, admite que lo real es, en el fondo, Uno: hay un principio de orden y de unidad que es misterioso e inefable, trascendente e inmanente, al que por no saber su auténtico nombre, sólo lo llamamos Tao, o el Camino. Hay algo que lo contiene todo. Es antes que el cielo y la tierra, es inmóvil, incorpóreo, en sí, inalterable, lo penetra todo, por siempre moviéndose. De modo que puede actuar como Madre de todas las cosas. Si ha de ser nombrado, que su nombre sea Grande. La grandeza significa seguir adelante, seguir adelante significa llegar lejos, y llegar lejos significa regresar. El Taoísmo es la realidad suprema que reabsorbe todas las contradicciones, es principio de liberación para quien lo capta. El hombre del Tao escapa al mundo ilusorio y alcanza la plenitud. Después de la época de los emperadores Han, se constituyó el Taoísmo religioso. Por desgracia, posteriormente se mezclaron prácticas mágicas y supersticiones populares que lo desvirtuaron.
Pero su esencia está ahí, aquí, en el silencio, en el vacío, en el ritmo y en el caminante que se sabe Camino, Verdad y Vida. Como dirá el shivaísmo de Cachemira, el secreto es que no hay secreto por eso, saberse Krishna, Buda, Tao, Cristo es saberse necesario como el hueco vacío del eje en donde confluyen los radios de la rueda, o el vacío que da su ser a la olla de arcilla, o el de las puertas y ventanas que se lo dan a la casa.
El Taoísmo excluye el concepto de Ley, tan querido para Confucio y no digamos para el Judaísmo, y prefiere el de Orden, como ritmo que armoniza una infinidad de ritmos menores. Su concepto clave es el de Estructura. Es un pensamiento asociativo o coordinativo que reemplaza a la idea de causalidad, como señalan Granet y Wilheim, recogidos por Needham en su monumental obra Ciencia y Civilización en China. Las cosas están relacionadas, más que causadas, el pensamiento chino desarrolló el aspecto orgánico, visualizando el universo como una jerarquía de partes y todos, infundidos por una armonía de voluntades.
El sabio ve todas las cosas a la luz de la intuición. Está en el centro del círculo y ahí se mantiene mientras el sí y el no se persiguen en torno a la circunferencia. Los hombres verdaderos no tenían miedo cuando se encontraban solos en sus puntos de vista... respiraban profundamente desde los talones.
 

José Carlos Gª Fajardo (para Daniel, con afecto)

Hinduísmo: una actitud ante la vida

El viajero que llegue a India con mentalidad occidental encontrará una "religión llena de dioses", de los cuales los más conocidos son Brahma, Visnú y Siva, la Trinidad hindú. Pero esto nada tiene que ver con la realidad. En India, más que panteísmo existe un panenteísmo. La divinidad lo es todo en todas las cosas. Lo que los extraños llaman dioses no son más que aspectos del único Dios que está en nosotros, y "en el que vivimos, nos movemos y somos", como escribiría San Pablo mil años después.
"El hinduismo no es una religión -dice el filósofo Raimon Panikkar- ni una doctrina, ni siquiera una esencia: es aquello que queda cuando se excluye todo lo demás. En términos occidentales, el hinduismo es una ex-sistencia", una actitud que nos abre a las puertas del conocimiento mediante el silencio y la quietud. Aunque haya deformaciones populares con templos, ritos e imágenes, es una manera de considerar las cosas y la propia vida. Ni hay un dogma establecido ni un clero organizado.
De los 750 millones de hindúes que hay en el mundo, unos 700 viven en India. Es la tercera "creencia" del mundo, después del cristianismo con 1500 millones y el islamismo con 1.000 millones. En India también viven 150 millones de musulmanes, 15 millones de sijs y dos millones de seguidores del jainismo, aparte de minorías cristianas y budistas.
Sus libros sagrados más conocidos son los Vedas. El Rig- Veda fue escrito hace más de tres mil años. Muy popular es la Bhagavad- Gita, una de las epopeyas más hermosas de la literatura universal. Es El canto del Señor que recoge las enseñanzas del "dios" Krishna, un avatar de la divinidad, una de tantas manifestaciones del Absoluto inefable. Nada de dioses personales que serían ídolos. Por eso, pueden reconocer a Buda y a Cristo como avatares de la divinidad.
Los cuatro conceptos fundamentales del hinduismo son: karma, maya, nirvana y yoga. Karma es la ley de la causa y del efecto encadenados entre sí porque todo está inter relacionado. Es la justicia inmanente del mundo.
Maya es ilusión de las interpretaciones de la realidad porque desde pequeños nos hemos desconectado de lo real.
Nirvana es la liberación de la ignorancia. El anhelado despertar a la realidad real, que se alcanza por medio de técnicas adecuadas.
Yoga, un método psicofísico encaminado a un retorno sobre sí mismo, trabajando sobre la mente con la respiración. Su difusor por medio de los Aforismos, a comienzos de nuestra era, fue el indio Patanjali que lo definió como "la tranquilidad de los movimientos del mundo exterior". Para esa auto realización hay que unificar el espíritu y abolir la dispersión.
Ramakrishna, maestro que enseñó en Occidente, afirma que "a través del yoga, un hindú se vuelve mejor hindú, un cristiano mejor cristiano, un musulmán mejor musulmán y un judío mejor judío". Su discípulo Vivekanada, añade que "se puede practicar el yoga lo mismo si se es teísta que ateo, agnóstico o seguidor del Vedanta, cristiano o musulmán". Hay diversas clases de yoga pero todas consisten en adoptar ciertas posturas; respirar y aquietar la mente. Hay caminos morales: no violencia activa; veracidad; respetar al otro; ser puro o auténtico y ser desprendido. Dhyana es la meditación y Samhadi es la plenitud que todos podemos alcanzar, aquí y no en un hipotético futuro.
Dice el gran sabio de las religiones, Mircea Eliade, que en la Bhagavad-Gita está la clave de la bóveda del hinduismo, la síntesis del espíritu hindú y de todos sus caminos. El gran problema era si, para encontrar el sentido de la existencia, sería preciso abandonar la sociedad como los yoguis o dedicarse a la devoción. Krishna revela que todos pueden encontrar el sentido de la existencia superando esta nada de ilusiones y de pruebas con tal de que no se persiga un objetivo personal, de que no se actúe por odio, ira o codicia. Si se renuncia al fruto de sus actos. Así se supera el ciclo del karma, de causa y efecto.
En La prueba del laberinto Mircea Eliade escribe: "Lo sagrado no es una etapa en la historia de la conciencia, sino un elemento de la estructura de esa misma conciencia. En los grados más arcaicos de la cultura, vivir como ser humano es ya en sí mismo un acto religioso, puesto que la alimentación, la vida sexual y el trabajo poseen un valor sacramental. La experiencia de lo sagrado es inherente al modo de ser del hombre en el mundo"
Al final de sus días, como director del Departamento de Historia de las Religiones en la Universidad de Chicago, afirmaba: "Estoy seguro de que las formas futuras de la experiencia religiosa serán completamente distintas de las que ya conocemos en el cristianismo, en el judaísmo, en el Islam, que ya están fosilizadas, desvirtuadas, vacías de sentido. Habrá otras expresiones. La gran sorpresa es siempre la libertad del espíritu, su creatividad"
Porque lo sagrado es la revelación de la realidad, el encuentro con lo que nos salva al dar sentido a nuestra existencia. Es "la contemplación del cielo inmenso lo que revela al hombre la trascendencia, lo sagrado".
Se lee en el Katha Upanishad "Esta serena quietud de los sentidos se llama Yoga. Hay que estar muy atento, porque Yoga viene y se va" como humo que flota ocioso hacia el cielo, o los copos de nieve cayendo cada uno en su sitio.
Occidente busca la verdad por medio de la razón. En Oriente saben que, más allá de la razón, hay otro nivel de conciencia que es posible despertar. Occidente pone el Paraíso después de la vida, Oriente lo pone aquí y ahora. Mientras que en uno se va desde la vida hacia la muerte, el otro proclama el paso de la muerte hacia la vida.
En este valle de lágrimas puede brotar el Jardín del Edén.
Viajó un discípulo para visitar a su maestro, llamó a su puerta y éste preguntó "¿Quién eres?" "Soy yo" "Vete, no te conozco". Volvió varios días e hizo la misma pregunta, respondiendo ambos lo mismo que la primera vez. Se preguntaba el discípulo si habría olvidado la doctrina del maestro hasta que cayó en la cuenta de su error. Regresó junto a su maestro que de nuevo le preguntó "¿Quién eres?" El discípulo respondió "Soy tú" "Pasa entonces", respondió el maestro.
La vida no contesta nunca con palabras, sino con la misma cosa que preguntamos.
 
José Carlos Gª Fajardo
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

La sabiduría vino de Oriente

(Como les había prometido, vamos a aprovechar estos días para darnos un paseo por las raices que desconociamos. Sin mayor pretensión que asombrarnos)

Sin confundir fe con religión o con creencia, es bueno aproximarse al misterio del que surgimos y al que nos encaminamos, cualquiera que sea la forma como lo denominemos.
La fe es una apertura a la trascendencia para dar un salto a algo que ni los sentidos justifican ni la razón lo prueba. Dice el filósofo Raimon Panikkar que la fe está asentada en el corazón, como la capacidad de lo infinito. De ahí la absurda división entre creyentes y no creyentes. Como la de fieles e infieles. Se trata de una distinción de poder por la que se descalifica al contrario y se llega a las guerras de religión. La creencia es la formulación de unas ideas hechas por una colectividad en forma de doctrina. Puede perderse cuando esa formulación ya no es coherente para nosotros. La experiencia de lo absoluto suele venir a través de una creencia, aunque no deba ser identificado con ella.
De ahí la importancia de conocer las diferentes creencias que han correspondido a las distintas culturas que las han formulado para caer en la cuenta de que toda experiencia religiosa es inédita y que corresponde al individuo formularla. A través del silencio, de la admiración o del camino. Para comprender a las procedentes de diversas culturas y para reconocernos a nosotros mismos.
La historia de la humanidad demuestra que existen pueblos sin alfabeto, sin rueda o sin el fuego, pero no sin tradiciones religiosas: desde los enterramientos de los pueblos cazadores del Paleolítico hasta las formulaciones más elementales de las tribus urbanas con sus ritos, códigos e iniciación a los misterios.
Ciertas ideas del pensamiento oriental pueden cambiar la visión del mundo a un occidental de mentalidad abierta y modificar su actitud ante la vida. Oriente está a la búsqueda de lo Absoluto, pero no intelectualmente, sino por la experiencia del todo y en especial por medio de la meditación. Como recuerda el teólogo Miret Magdalena, lo espiritual no es un ejercicio sin compromiso, es algo que nos estimula a vivir la experiencia honda del ser humano; porque las ideas no tienen entidad sino en relación con la vida. En Occidente se separa lo intelectual y lo práctico, y la religión se entiende de dos modos: como un reto intelectual que queda en el mundo de las ideas o como una fe que nada tiene que ver con la vida corriente.
El fenómeno religioso, continua Miret, ha sido expuesto en sus raíces de diversas maneras que pueden reducirse a tres:
Religión viene de religare, unir lo que estaba disperso; es el sentimiento absoluto de estar penetrado por algo más grande que nos trasciende. Es un sentimiento liberador que, en el budismo, llega a decir que la religión honda y abierta no religa a nada dominador sino "desliga" de tanta atadura que nos atenaza para hacernos libres.
También puede decirse, con Cicerón, que la palabra religión procede de relegere, releer o reconsiderar, profundizar en el sentido de la vida.
O se puede afirmar que viene de reeligere que significa cambiar de vida por otra mejor y más desprendida.
Este lenguaje de lo religioso no es un lenguaje filosófico. Sino la definición del ser humano como "hombre simbólico". Lo que significa la religión es casi imposible de expresar de otro modo que no sean el mito y el rito, que es un mito en acción. No se trata ni de panteísmo ni de ateísmo, sino de un panenteísmo: dios en todas las cosas.
Todos los signos indican que vivimos el momento para una fertilización mutua: Occidente renunciando al afán misionero y a las agresiones colonialistas, Oriente aceptando la tecnología que puede mejorar sus condiciones materiales y un individualismo activo que redima del fatalismo teocrático.
En Oriente, la filosofía no pretende la verdad sino un estado de ánimo, un cambio en el programa del cerebro, no seguir las programaciones del programa racional como en la filosofía occidental. No es información lo que pretende sino transformación.
Oriente ve la realidad como un ser único, océano de energía en continua transformación. Aunque conciben la realidad como flujo y cambio perpetuos, no son un caos desordenado, sino evolución con sentido donde todo sucede por mutaciones encauzadas dentro de leyes naturales de movimiento. "Cada copo de nieve cae en su sitio".
Como el amor, que no es un depósito, sino un flujo; no un estanque sino una corriente. El amor sólo existe en movimiento y se genera saliendo, no al acumularlo dentro de uno mismo.
 
José Carlos Gª Fajardo


 

Se han metido en el jardín del sexo

Como es un tema que afecta a la sociedad entera, una vez que se han podido desvelar los casos de abusos sexuales a niños por parte de sacerdotes, -otra cosa son las relaciones entre adultos que ejercen su libertad como les da la gana-, que era un tabú cerrado a cal y a canto por la Jerarquía católica sale a la luz el primer documento del Papa Ratzinger que va a levantar ampollas. (Cfr El País, pag 26). Nadie puede dudar de que esa obsesión sexual de esas personas reprimidas y muchas atormentadas han influido durante siglos en la formación de las conciencias de millones de seres inermes.Sobre este tema opina con sabiduría y prudencia el conocido teólogo y escritor Juan G Bedoya con su nota "El primer documento"

’La castidad es una virtud de la mente, opinaba san Agustín en el año 400. "Señor, dadme la castidad, pero no ahora", escribió en sus impresionantes Confesiones. Sumergido "en fétida depravación hasta hartarme en placeres infernales" -así dijo-, gozó contándolo y sintiéndose "el más vil esclavo de bajas pasiones".
Fue más tarde uno de los grandes obispos de la cristiandad y sus obsesiones con el sexo han marcado la historia de esta religión, pese a que el fundador y los apóstoles fueron gente despreocupada por tal cuestión.
Nunca antes la Iglesia romana se había metido en el jardín del sexo con tanta resolución. Lo hace Benedicto XVI, teólogo progresista en el Concilio Vaticano II, hace 40 años, reconvertido más tarde en gran inquisidor como cardenal para la Doctrina de la Fe. Quienes pensaron que su elección papal podría, quizás, facilitar un giro hacia sus orígenes tienen aquí un desmentido. En este su primer documento papal, Ratzinger sigue siendo Ratzinger.
Queda por ver qué criterios arbitrará la jerarquía para discernir un homosexual de un heterosexual.

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres