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J. C. García Fajardo

El coloso de Marusi, de Henry Miller

Ir  a   Epidauro *

 

Ir a pie a Epidauro es como caminar hacia la creación. No se busca nada más, no se pide nada más. Las palabras, si se pudieran pronunciar, se convertirían en melodía…
Tuve que ir a Epidauro para conocer el verdadero sentido de la paz… La paz del corazón es positiva e invencible, no exige condiciones, no requiere salvaguardias… Lo que el hombre quiere es paz para poder vivir… Lo que rige al mundo es el corazón, no el cerebro. Hemos vuelto la espalda al único reino donde se encierra la libertad.
Sé cual es la salvación: abandonar, renunciar, rendirse, para que nuestro corazón pueda latir al unísono con el gran corazón del mundo….

Ser libre es reconocer la vanidad de toda conquista, incluso la del yo, que es el último acto de egoísmo… La paz está en el centro y cuando se la toca, la voz brota en alabanzas y bendiciones. Y la voz va lejos, muy lejos, hasta los confines del universo. Y la voz, entonces, cura, porque lleva consigo la luz y el calor de la compasión.

Epidauro no es más que un símbolo en el espacio; el lugar verdadero está en el corazón del hombre, si quiere detenerse y buscarlo…

Si se pudieran reunir en Epidauro a todos los médicos, cirujanos, psicoanalistas para debatir, en la paz y el silencio, las necesidades urgentes e inmediatas de la humanidad, la respuesta unánime no se haría esperar: revolución mundial, de arriba abajo, en todos los países, en todos los campos de la conciencia. El enemigo del hombre  no son los microbios: es el hombre mismo, el orgullo, los prejuicios, la estupidez, la arrogancia.

Es necesario que todos, individualmente, nos rebelemos contra una forma de vivir que no es la nuestra…

La vida exige que se le dedique algo más: espíritu, alma, inteligencia, buena voluntad…

Nada más que nuestro deseo de cambiarlo puede producir un mundo mejor y más justo. El hombre mata por miedo, y el miedo es una hidra de cien cabezas… ¿Quién ha puesto a los demonios en nuestro corazón para atormentarnos?
El único medio de encontrar respuesta es ir a Epidauro; por eso os encarezco que dejéis todo y vayáis allí enseguida.

 

Henry Miller, El coloso de Marusi, Seix y Barral.

 

* Epidauro era un centro de curación natural en el Peloponeso. El autor de Trópico de Cáncer escribe: “No hay para mí ningún misterio en la naturaleza de las curas que antiguamente se operaban en este gran centro terapéutico. Aquí el curado encuentra él mismo la curación…El paciente se curaba antes de empezar la cura.

 


Por una vejez digna

Desde 1980 hasta ahora se han construido más edificios que desde la prehistoria hasta 1980. Con este dato, que impresionó al escritor Javier Cercas, evoca las palabras de un amigo “uno se hace viejo el día en que va con alguien por una calle de su ciudad y señala a su alrededor diciendo: “¿Ves eso? Pues todo eso eran campos”. De ahí arranca la reflexión sobre el sentimiento de vejez en una sociedad en la que todo parece ser una apoteosis de lo juvenil. “Cuando yo tenía 18 años era un príncipe sin miedo; ahora que tengo 46 no soy más que un mendigo que apenas está aprendiendo a convertir sus errores en sarcasmos”.
No vale argumentar que va en contra del sentir general y contra las evidencias de que todos envejecemos cada vez más pronto aunque las estadísticas digan que morimos cada vez más tarde. Y muchos consideran un insulto que se les llame viejos. Al contrario que en la civilización china, en donde decirle a una persona mayor que se conserva muy joven, es uno de los peores insultos. En otras muchas culturas el respeto a las personas mayores, los cuidados que les presta toda la comunidad es una de las claves de la transmisión de esos saberes así como de la permanencia de sus señas de identidad. Estas han sido atacadas desde por conquistadores, evangelizadores y colonizadores de los países más ricos y poderosos. Ante la realidad universal de los movimientos de poblaciones, y no sólo del sur al norte, no conviene olvidar esos ricos valores. Algunos gobiernos europeos parece como si quisieran desposeerlos de sus personalidades, desarraigarlos para mejor servirse de ellos al pretender uniformizarlos con los modelos de desarrollo económico y social que tantas fisuras presenta detrás de las candilejas.
Es cierto que hay un encomiable esfuerzo por implementar políticas sociales que valoren, acojan e integren a estas minorías, ya casi mayorías, de personas con más años y con jubilaciones más tempranas. Como siempre que se anteponen criterios de rentabilidad, las personas expulsadas del mercado laboral, por dejar de ser productivas, algo se rompe en la cosmovisión de esas personas que se sienten inútiles porque las aprecian por su aportación a la economía y los expulsan cuando ya no los consideraron recursos humanos y económicos. No se sienten personas que forman parte viva de la sociedad sino ‘extraños’ al sistema imperante, cada vez con más trazos de totalitarismo ideológico.
Si “Dios ha muerto”, las religiones son innecesarias, todo es química, los valores han sido postergados en nombre de la eficacia, de la rentabilidad y de los beneficios, no es extraño que muchos se debatan entre la farsa de actuar, vestirse y hasta hablar como si fueran jóvenes, y ya no lo son sino personas mayores envejecidas para las exigencias del sistema mientras otros enmudecen, se apartan, se ‘enferman’ para poder hablar con médicos y enfermeras o se van haciendo invisibles y buscan sus espacios, horarios y la disminución de sus necesidades porque creen que molestan. Muchos llegan a campeones del auto sabotaje.
No puede admitirse que la sociedad no reaccione ante este nuevo dato del envejecimiento cada vez más prematuro en relación con el mayor número de años de vida, o de sobre vida. Tampoco cabe la exaltación de la vejez, la enfermedad y la muerte, estilo Whitman o Boris Groys, pero sí hay que reconocer, con Philip Roth y tantos otros pensadores realistas, que la vejez es una putada irremediable que puede llevar aparejadas la humillación, la marginación y el dolor de estar vivos. Por no habernos educado ni preparado para asumir del mejor modo esta realidad del envejecimiento y de los deteriores consiguientes, mientras todos los esfuerzos se habían dirigido a prepararnos “para ser personas de provecho”, económico se entiende, para afrontar la adolescencia, la juventud, la responsabilidad social, mientras no se habían cuidado de resaltar los valores que se encuentran en esos años de vida añadidos a los periclitados sistemas económico, político y social.
Pero algunos se han puesto en pie para analizar la situación, estudiar los problemas personalizados, corrigiendo el planteamiento anterior que buscaba la resignación y hasta la recompensa de un hipotético “Más allá”, para acallar las naturales exigencias de vivir para ser felices, para ser nosotros mismos, aquí y ahora, en un crecimiento que busca la plenitud en cada instante y no el ser tratados como objetos o instrumentos de producción, de consumo o de asistencia social. Es más, mucho más, se trata de una revolución inaplazable que tenemos que abordar al tiempo que hacemos frente a esa bomba de destrucción masiva que es la explosión demográfica.




El dragón y los demonios extranjeros

Una obra lúcida y reveladora de la China actual en un mundo dominado por el orden occidental. Este libro es de lectura apasionante y que no se puede abandonar.


"El dragón y los demonios extranjeros
China y el mundo a lo largo de la historia

(Harry G. Gelber. Edic. RBA, 2008,)

El
resurgimiento actual de China como potencia mundial es tema de apasionante interés. El desarrollo explosivo de la economía china y la posibilidad de que la República Popular sea pronto una de las superpotencias mundiales, con hegemonía en Asia oriental e influyente en el resto del mundo, suscrita admiración y envidia universal; pero también alarma.

La mayoría de los historiadores abordan la historia de China según la crónica de sus dinastías, los conflictos por la defensa de sus fronteras y su política interna.
El dragón y los demonios extranjeros cuenta la historia de China desde fuera y desde dentro. Su excelente narración analiza la red de relaciones del proceso, desde las incursiones de los pueblos de la estepa hacia 2000 a.C. hasta el imperio mongol de Gengis Khan, desde el viaje de Marco Polo hasta las guerras del opio, y a partir de la revolución comunista en 1949 hasta la protesta en la plaza de Tiananmen en 1989, para concluir con el resurgimiento de China con su pujante economía, protagonista esencial en el escenario mundial.

“Lectura amena y contundente del estudio del profesor de Cambridge Harry G. Gelber que une a su profundidad erudita un gran talento propio del mejor periodismo de nuestro tiempo. Es un libro preciso, relevante, argumentado de forma clara y de fácil lectura”, señala Robert O’Neill, de la Universidad de Oxford.

“Su prosa es elegante y clara, la información es exhaustiva, y el libro es de una lectura sumamente amena”, escribe Dean Schulz, de la Universidad de Boston.

En estos tiempos de la revolución de las comunicaciones todos nos sentimos interrelacionados y nada de lo que suceda en el mundo puede dejar de afectarnos. Máxime si se trata del inmenso imperio de China con una presencia imparable en las relaciones de la comunidad internacional, en la investigación, las finanzas, la economía, el arte y todas las esferas del saber. Este libro es de lectura apasionante y que no se puede abandonar. Una introducción bien documentada y equilibrada en su exposición. Buena bibliografía, mapas ilustrativos en cada sección, notas con información precisa y amena sobre cada tema. E impagables inserciones, en cada capítulo, de textos sobre aspectos fundamentales de las costumbres y logros chinos a lo largo de su historia: “Sexo, matrimonio y universo”, “Un estilo de vida confuciano”, “La vida privada”, “El caballo en China”, “La seda”, “Concubinas, familias y poder” “Las mujeres de los mongoles”, “Marco Polo”, “Tamerlán”, “Cerámica Ming”, “Los jesuitas en China”, “Los eunucos”, “El té”, “Los boxers”, “Laotsé, Buda, Confucio”, “La masacre de Nanking”… y una larga serie de textos insertos en cada capítulo hasta llegar a “Falung Gong” y los temas más actuales. Tofo ello con ilustraciones espléndidas.

Confieso que lo he leído con interés y pasión pero que comencé por esos textos en recuadro, con independencia del orden de los capítulos. Y luego, recomencé su lectura, lápiz en mano, porque es algo que estaba buscando, entre las docenas de libros sobre el tema que ya había leído.

¿Para qué extraviarse en indocumentadas crónicas periodísticas, películas y documentales sin rigor y conflictos de intereses cuando disponemos de libros formidables y de amena lectura que nos permiten acercarnos a esa civilización milenaria, actual y llena de futuro.

Nadie nos pidió permiso para nacer

Los medios nos arrojan imágenes de niños famélicos, devorados por enfermedades, explotados sexual y laboralmente o como niños soldados, drogados o contagiados por VIH.

Pretenden despertar nuestra compasión al tiempo que enfatizan la seguridad en nuestras sociedades, con tal de que nos sometamos a un modelo de desarrollo injusto por inhumano. Si alguien preguntara por qué nacen millones de niños indeseados que no tienen garantizado el derecho a vivir con dignidad, a cuidados sanitarios, a una alimentación y a una educación adecuadas que le permitan ejercer la libertad y sus derechos fundamentales, le llamarían despiadado. Pero nadie pidió permiso a esos niños para ser echados al mundo irresponsablemente.

Salvo desde ideologías retrógradas, no es posible sostener que a los hijos los envía el Cielo, que vienen con un pan debajo del brazo y que cuantos más, mejor. Esto es una salvajada propia de sociedades agrarias muy primitivas en las que hacían falta muchos brazos para trabajar, ayuda en la vejez de los padres y porque sobrevivían unos pocos. Meter en el asunto de la paternidad/maternidad deseadas a la religión o a otras ideologías totalitarias ha sido funesto y hoy es una bomba de destrucción masiva. Algunos fanáticos condenan el uso del preservativo, recomiendan la castidad y la represión, se oponen a la educación sexual y no reconocen que la sexualidad no se reduce a genitalidad ni tiene como único objeto la procreación. El erotismo, la amistad, el amor pertenecen a la soberanía del ser humano que vive en sociedad.

El caso Lewinsky contra Bill Clinton demostró que, en Estados Unidos, el comportamiento personal puede tergiversar el debate político. Los Republicanos presionan a sus rivales con estas cazas de brujas pero ahora estudian hasta qué punto los datos sobre la vida personal de la candidata a vicepresidenta, Sarah Palin, pueden perjudicarles, ya que ella era una bandera para los electores más conservadores. Además de su vinculación a grupos de presión y a una falta de formación política e internacional impresionante, propia de la alcaldía de una ciudad de 8.000 habitantes, se le recrimina el embarazo de su hija Bristol a los 16 años, cuando la candidata católica siempre renegó de los programas de educación sexual para adolescentes. Tenga el niño en buena hora y asuma su responsabilidad de madre adolescente. Se case o no con su compañero no nos concierne, pero sí las consecuencias de una política hipócrita que niega ayuda a proyectos sociales que contemplan el uso del preservativo en la planificación familiar en países empobrecidos que explotan sin pudor. Con un candidato de más de setenta años no es improbable que Sarah Palin llegue a Presidenta de Estados Unidos. El demócrata Barack Obama ha pedido que este asunto quede fuera de la carrera electoral.

Pero es posible controlar la explosión demográfica. Recordemos que, en 1914, cuando el atentado al archiduque Fernando en Sarajevo, el mundo tenía unos 1.200 millones de habitantes y en Sarajevo, en 1991, Kofi Annan recibió en sus manos simbólicamente al niño que hacía los 6.000 millones.

Para estudiar este problema se reunió la Cumbre de El Cairo en 1994 y se ha comprobado que, donde las mujeres tienen acceso a la educación y a puestos de trabajo iguales a los hombres, la curva demográfica se estabiliza porque no suele haber embarazos irresponsables. Mientras que desciende en los países más ricos donde se incrementa la población jubilada que requiere inmigrantes para cubrir puestos de trabajo y garantizar el cobro de las pensiones con sus cotizaciones.
El Programa, aprobado en El Cairo por 179 países, aspiraba a equilibrar la población mundial y los recursos del planeta, mejorar la condición de la mujer y velar por el acceso universal a los servicios de planificación de la familia. Las presiones de los países islámicos, así como del Vaticano en una alianza insólita, abortó el proyecto del Consenso de El Cairo.

Catorce años después, más de 400 millones de parejas carecen de servicios de planificación familiar. Las complicaciones del embarazo y el parto son causa de defunción y enfermedad de las mujeres; cada año, 600.000 pierden la vida por causas prevenibles. Millones de niños no pueden aspirar a una vida digna. Mil quinientos millones de adolescentes tienen derecho a una maternidad/paternidad sin riesgo y a frenar la propagación del VIH/SIDA.

Con una decisión de los siete países más ricos del mundo, más Rusia, el G-8, en diez años se podría terminar con el hambre en el mundo, garantizar la educación primaria y la asistencia sanitaria, así como luchar con éxito contra la contaminación del medio ambiente y garantizar la salud reproductiva de las mujeres. Lo han demostrado los Informes del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, (PNUD).

¿Por qué no lo hacemos si está en nuestras manos? Por las mismas razones por las que no se terminó con las guerras, con las agresiones al medio ambiente, con la proliferación de armas nucleares, químicas y biológicas, con el tráfico de armas y de estupefacientes, con las esclavitudes de menores alistados en ejércitos y prostituidos en tantos lugares del mundo, holocaustos de todo género, desplazamientos forzados de pueblos enteros, y porque afectará a los poderes dominantes, con la degradación implacable del planeta tierra.

“Termina la vida y comienza la supervivencia”. Lo que resultó profético para los indios de América, exterminados por la codicia de europeos que iban a salvarlos y a civilizarlos, amenaza a la humanidad por la misma ceguera implacable.

Hojas de hierba, de Walt Whitman

Hojas de hierba, de Walt Whitman, es la confesión total de un hombre tolerante, bueno, comprensivo y misericordioso, que poseyó el don poético genial y quiso explicar su posición respecto de Dios, del Universo y de los problemas fundamentales del ser humano.

Whitman, el más grande de los poetas norteamericanos, nació en Long Island, cerca de Brooklyn, por entonces una aldea de Nueva York, en mayo de 1819.

En diversas épocas de su vida ejerció los oficios más diferentes: fue maestro de escuela, carpintero, topógrafo, director de periódicos, empleado público, tipógrafo y enfermero de hospitales durante la guerra. Descendiente de dos razas robustas, de labradores ingleses por línea paterna y de marineros holandeses por su “madre perfecta”. Fue hermoso de cuerpo, fraterno y acogedor. No tuvo una educación programada. Sus grandes maestros fueron la vida activa y variada de la ciudad en su corazón de Manhatan, el contacto directo con la naturaleza desde los Grandes Lagos fronterizos con Canadá hasta Nueva Orleáns, manteniéndose con sus colaboraciones en los periódicos. Y sus desordenadas lecturas: los clásicos griegos, Shakespeare, Hegel, Cervantes, la Biblia, los poetas románticos ingleses y libros de ciencias popularizados. Él mismo ha contado cómo hizo esas lecturas en soledad, entre las rocas de su isla nativa, “en la presencia total de la naturaleza, bajo el sol, ante las vastas perspectivas del paisaje o del mar”.

En medio de una sociedad puritana, Whitman tuvo el valor de ser él mismo y de enfrentarse a todos, sin tapujos ni represiones. Amó con toda las fuerza de su alma y de su cuerpo y cantó la belleza y padeció con el dolor de los heridos en las batallas.

Hojas de hierba es una gran Utopía que se fue haciendo a lo largo de setenta años y que es fruto de su experiencia personal y de sus anhelos. El Canto a mí mismo es una epopeya inmortal. Es el poeta de la naturaleza, de la alegría, de la claridad, del cuerpo humano y del sexo; sin que le importase ofender la pudibundez de los puritanos y de los hipócritas. Él mismo ha explicado su posición ante este delicado asunto: “Dulce, santa, serena Desnudez de la Naturaleza. ¡Ah, si pudiera conocerte realmente la pobre humanidad enferma, lasciva, de las ciudades! ¿No es entonces indecente la desnudez? No, en sí misma no lo es. Indecentes son vuestros pensamientos, vuestros temores, vuestra respetabilidad”.

Walt Whitman es el poeta del optimismo; su obra es rica y variada como el mundo. Su voz es la voz poética más intensa que haya vibrado jamás en el continente americano. A pesar de la miopía de mojigatos y de los reprimidos. Fue inmenso y cantó la libertad, la amplitud espiritual, el respeto al ser humano, la comprensión y el amor. Se manifiesta enemigo del formalismo religioso y de la coerción eclesiástica, apuesta con toda su vida por la concordia, la naturalidad y la convivencia en armonía.

Si tuviera que recomendar un solo libro para un viaje, no dudaría en meter entre vuestra ropa fresca y limpia.

“¡Y vosotros, en los siglos venideros, cuando me escuchéis!

¡Y vosotros, todos, en todas partes, a quienes no nombro en particular, pero a quienes incluyo aquí!...

Cada uno de nosotros, inevitable.

Cada uno de nosotros, ilimitado.

Cada uno de nosotros con su derecho de hombre o de mujer sobre la tierra.

Cada uno de nosotros, admitido a los designios eternos de la tierra.

Cada uno de nosotros, tan divino aquí como otro cualquiera…

Avanzaréis y os pondréis a mi lado cuando sea hora…

Mi espíritu ha vagado, compasivo y resuelto, por el mundo entero.

He buscado iguales y amantes y los he encontrado dispuestos, esperándome en todos los países.

Creo que una divina simpatía me ha hecho igual a ellos…

Para todos vosotros, levanto la mano perpendicular, hago la señal.

La señal que permanecerá visible eternamente después de yo me haya ido.

Visible para todas las guaridas y hogares de los hombres”.

 

(¿Acaso no os sentís interpelados?) Yo, sí. Y canto

“¡Oh, Capitán! ¡Mi Capitán!”…

Mientras la ciudad duerme

 

 

Mientras la ciudad duerme

 

Se despliegan por calles paralelas a las grandes avenidas en grupos de tres personas con un termo de café o chocolate caliente y bocadillos. Se agachan en esquinas y en rincones inverosímiles para charlar un rato. Los voluntarios sociales acuden como la sangre a la herida y saben en dónde encontrarlos, bajo cartones o sobre una vieja manta y tiritando de frío.

Los llaman por sus nombres o por algún apodo familiar, como hacían sus madres o sus mejores amigos. Mientras se calientan las manos, apenas envueltas en descoloridos mitones, intercambian informaciones del día. No utilizan elaboradas frases, sino monosílabos con sofocantes elipsis y con gestos elocuentes como sus silencios camino del olvido. A cada uno se le administra su tiempo, el que desea o precisa. Se comenta algo pillado en el transistor u ojeado en una página de periódico traída por el viento. Puede ser política internacional, dislates del G8 o del escándalo inmobiliario. Los sin techo, van marcados por lo efímero. No retienen demasiado porque no hay mañana, y el ayer va incluido en el fardo de la vida.

El alcohol y el tabaco, las interminables caminatas por las venas abiertas de la ciudad, en amaneceres sin rumbo o en busca de comida, los mantienen en una nebulosa sin ruidos. Desaparecidos los centros de salud mental, muchos crónicos se han perdido. Cómo pájaros caídos de los nidos, heridos en sus alas o con patas encallecidas. Perdido el empleo, víctimas del alcohol o de las drogas, como excrecencias de un cuerpo social implacable con los improductivos. Víctimas de culpas por algo que no han sabido integrar hasta convertirse en ajenos a sí mismos.

Así, tratan de fundirse en las penumbras de una sociedad desarraigada, casi enloquecida, que deserta las calles de la ciudad a punto de dormirse.

“Ahora, a esperar a que la vecina de enfrente levante las persianas y deje entrar al día”, dice Pablo desde su nicho en el portal acristalado de un banco. Cada uno procura tener su ámbito de seguridad a resguardo de patadas, de insultos o de miradas que traspasan. Se pretenden invisibles.

Pero no se duermen hasta que no llegan los otros ángeles de la noche que salen vituallas que han preparado con esmero para calentar el cuerpo y facilitar un rato de expansión.

Esas personas sin hogar disponen de un manejable tríptico en el que figuran direcciones de interés: emergencias; baños públicos a 0’15 E; alimentos para refugiados o para inmigrantes sin recursos; horarios  de lugares donde reparten bocadillos; comedores en los barrios con estación del metro y la discreción debida; centros que gestionan el derecho a percibir una renta mínima (RMI); dispensarios de ropa; alojamientos para hombres o mujeres; centros de noche para drogodependientes con asistencia médica, alimentación y asesoría jurídica; o con lavandería, ducha y enfermería; centros de día con talleres de español para extranjeros; servicios donde reciben información y gestión de las prestaciones sociales a las que tienen derecho por ser personas, así como el servicio de Mediación Social Intercultural (SEMSI) para informar y asesorar a los inmigrantes. Miles de inmigrantes ya se sirven de ellos pero se trata de acercárselos a estas personas desvalidas.

Hace ya bastantes años, una compañera se llevó de mi mesa un café caliente. Después me dijo que era para un hombre aterido en aquella helada noche madrileña. Ahí comenzó todo. Para mi alivio, en el atardecer de la vida, se ha superado la mera beneficencia y proliferan centros para la búsqueda de algún empleo para estas personas expoliadas y desarraigadas por los fallos del sistema socioeconómico, o por sus errores personales.

También están organizados en otras ciudades de España y de otros países europeos. No son parches ni tapabocas, alivio de malas conciencias ni remiendos ante las injusticias de un modelo de desarrollo implacable con los excluidos. Son gritos en el silencio que, mientras dan de comer y de beber, visten y consuelan, alivian y sostienen, se afanan en escribir y en llamar a las puertas de los poderes fácticos para denunciar y aportar propuestas alternativas, organizar redes de solidaridad para transformar la compasión en compromiso y en acción política. Ya no hay tiempo para lamentarnos sin alzarnos en rebeldía conscientes de que lo que se debe en justicia no se concede en ayuda o caridad. El servicio se transforma con el tacto y la delicadeza. Con la denuncia, con la acogida, con el compromiso y con la propagación del incendio en aulas y en medios de comunicación, en nuestros ambientes de trabajo y de ocio. Convencidos de que otro mundo más justo es posible, porque es necesario. No podemos especular con ayudas a países empobrecidos y en locas carreras de consumismo y despilfarro sin ocuparnos, al tiempo, de nuestro entorno más próximo.

Para que el mendigo Pablo no tenga que aguardar a que la vecina abra las contraventanas para dejar paso al nuevo día.

 

José Carlos Gª Fajardo

 

 

Aforismos: Leyes injustas

 

“Se trata de saber en qué medida estamos obligados a obedecer un sistema injusto”

John Ramis

 

"Las leyes injustas

se tienen por no puestas"

(clásico griego)

 

No sólo es lícito

por ser un derecho;

sino que es un deber

alzarse contra las tiranías.

Sobre todo,

cuando padecen los débiles.

J C

Aforismos: Revolución con amor

“Permitidme que os diga, aún a riesgo de parecer ridículo, que el verdadero revolucionario se guía por sentimientos de amor”

Ché Guevara

 

 

La limpieza étnica de Palestina. Ellos sí tenían su territorio, y estaban arraigados

La limpieza étnica de Palestina
Ilán Pappé, Crítica, 2008.

 Los israelíes conocen como “Guerra de la Independencia” la de 1948, para los Palestinos es la “Nakba”, la “catástrofe”, puesto que su resultado fue uno de los procesos de limpieza étnica más amplios y dramáticos de nuestro tiempo: cerca de un millón de palestinos fueron obligados a emigrar a punta de fusil, abandonando sus tierras, sus bienes y sus hogares; hubo matanzas de civiles como la de Deir Yassin y cientos de poblados fueron destruidos deliberadamente.

A principios del siglo XX un periodista judío de nacionalidad británica, Israel Zangwill, popularizó uno de los grandes eslóganes del sionismo conquistador: "Una tierra sin pueblo, para un pueblo sin tierra"; lo que implicaba que en Palestina, dividida en varias provincias, conocida como Siria del Sur, y perteneciente al imperio otomano, estaba allí, sin población significativa, literalmente esperando que "un pueblo sin tierra", lógicamente el judío, que había morado en aquellos parajes dos mil años antes, volviera a reclamar lo que nunca había dejado de ser suyo.

Pese a sus dramáticas dimensiones, los israelíes han conseguido ocultar este crimen contra la humanidad durante muchos años.

Ilan Pappé, profesor de la Universidad de Haifa y el más prestigioso a escala internacional de los historiadores israelíes, obligado a publicar  sus obras en el extranjero y a vivir en su país entre amenazas de muerte, revela en este libro, a la luz de documentos recientemente desclasificados, la verdad de una expulsión en masa que sigue haciendo hoy imposible la paz entre israelíes y palestinos, y que está en el origen de todos los problemas actuales del Oriente Próximo.

Todo esto es ya casi un lugar común fuera de Israel, e incluso en el Estado sionista una parte creciente del público admite que las cosas fueron más o menos así, por lo que Pappé sólo se diferencia de otros revisionistas en que, aparentemente, ha dejado de ser sionista y, por ello, sus juicios son mucho más duros, y sobre todo, morales y políticos. Y así, el autor, aunque completa datos, revisa casos, matiza cuestiones, no cuenta una historia fundamentalmente distinta de la que conocemos de obras -suyas y de algunos de sus colegas- salvo en que formula la terrible acusación de que la guerra para la fundación del Estado fue una "limpieza étnica", términos de indigna recordación por los recientes desafueros balcánicos.

Ilan Pappé, el historiador israelí más valiente, incisivo y comprometido, abre con este libro una nueva línea de investigación sobre el vasto y controvertido tema de los refugiados palestinos. Su obra nos recuerda cómo fue en otros tiempos la vida de los árabes palestinos e invoca la imagen de lo que podría haber sido una Palestina mejor, en paz y ajustada a un auténtico derecho.

Es un libro de imprescindible lectura para no dejarse enredar en la maraña de embustes, mentiras y propaganda sectaria que sólo obedece a un delirio que produce muerte, exclusión, persecución y genocidio de un pueblo que sí tenia tierra y arraigo.

La mano de fuego.

“Mi casa se estaba quemando y sólo podía salvar una cosa. Decidí salvar el fuego. No tengo dónde vivir pero el fuego vive en mí. Y me defiende discretamente de todo lo impuro. Mi futuro ya no es importante. Sólo cuenta la intensidad del instante”.

Con estas palabras de Jean Cocteau comienza el último libro de la tetralogía de Alberto Ruy Sánchez sobre el deseo: “La mano del fuego”, Anagrama, 2008. Un eje: “Nueve veces el asombro”, y cuatro puntos cardinales: “Los nombres del aire”, “En los labios del agua”, “Los jardines secretos de Mogador” señalan las singladuras de esa búsqueda poética del erotismo.

Me inicié en la obra de este autor mexicano con “Lo jardines secretos de Mogador”, mientras yo vivía en otra ciudad mágica de Marruecos, Asilah. Allí preparaba mi libro “El sereno de Asilah” y quedé fascinado por la prosa algo preciosista de este autor obsesionado en descifrar el deseo, conocer a fondo el corazón del fuego.

Como él mismo confiesa, no se trata de novelas, sino de lo que en el mundo árabe se llama una Jamsa, un relato amuleto que se dispara en cinco direcciones simbólicas como los cinco dedeos de la mano de Fátima, la hija del Profeta. Tiene un cierto argumento, el amor de la hermosa Jassiba que cuida sus jardines secretos, mima sus plantas, entona el canto de las fuentes y va al mercado a vigilar la venta de sus flores. Y de su amado Zaydún, un contador de historias en la Plaza del Caracol, corazón cambiante de la ciudad de Mogador, hoy Essauira.  Zaydún siente que lo habitan varios cuerpos e historias y todos piden salir. Trata de escribirlos para contarlos o de darles un cierto orden pero descubre que la vida, en realidad, tiene la lógica de los sueños. “Que contar las cosas de manera realista como en las novelas y relatos es una convención más, una salida que se han dado algunos para no aceptar el delirio que es la vida, el inmenso reto que es tratar de comprender. Es no aceptar que nos unen y nos separan, nos detienen y nos mueven poderosos malentendidos. Que nada es lo que parece, y además va cambiando. Que la última realidad es el deseo, sus ilusiones, sus búsquedas. Que los cuerpos enamorados son dunas y sus historias las cuenta el viento mientras las mueve”.

La hermosa Jassiba encarga al alfarero Tarik una cerámica, una forma inútil, frágil y tal vez bella. No se trata de una urna para sus cenizas y las de Zaydún sino de una obra de belleza inútil hecha de sus cenizas. Aclara a Tarik que no se preocupe por quien morirá antes, pues no se trata de un suicidio compartido: “Harás primero una vasija de prueba, un boceto que nos mostrarás para que lo aprobemos. Luego la volverás a hacer con cenizas de quien muera primero. Y después lo romperás, lo molerás y volverás a hacer otro con las cenizas reunidas de los dos”

Tarik se pone a buscar el boceto tridimensional con la esperanza, o la certeza de que sus manos, repletas de memoria involuntaria, de movimientos ancestrales y siempre nuevos, harán brotar la pieza perfecta para ofrecer a Zaydún y a Jassiba. El fuego, al final, será el artesano mayor de su obra. “Lo posible nos desborda en el oficio y en la vida. Ser un maestro (maalem, en árabe) del oficio no es dominarlo todo sino saber que se navega en flujos de la materia, que se remontan corrientes y se descienden… En nuestra casa o en el mercado, cuando tocamos una pieza de cerámica tocamos las manos de quien la hizo. Tocamos una parte de sus sueños”.

“Esta suma de lo que soy y de lo que no quiero ser es como mi huella que se lleva el viento. Mi palma en la arena, mi oasis frágil, mi voz convertida en un soplo que se mete en los personajes que describo, comenzando por mí, por mis sueños. Una invención como cualquier otra”.

Un libro adecuado para este tiempo de holganza y de vagar bastante. Un libro anti-aventuras amorosas en forma de mano, de amuleto, de búsqueda disparatada del erotismo, nuestra piel más auténtica ahogada por los eunucos castradores que no pueden alcanzar el goce del placer en el éxtasis de la vida. Afirmación de la sensualidad y de la duda. Afirmación, como sugería Cocteau, de que sólo cuenta la intensidad del instante”

Depois, mais nada.

J C Gª Fajardo

 

 

Barriles de sangre: José I. Torreblanca

(Interesante artículo) 

El petróleo es uno de los elementos centrales de nuestra forma de vida. Gracias a él, disfrutamos de unos niveles de bienestar inéditos en la historia de la humanidad. Teniendo en cuenta el rendimiento que obtenemos de cada barril de crudo, y dado el enorme poder adquisitivo de nuestras sociedades, aún a los precios actuales, el litro de gasolina sigue siendo un buen negocio para Occidente.
Pero el petróleo, que para nosotros es una bendición por la que estamos dispuestos a pagar casi cualquier precio, es a menudo para sus productores una maldición. Los economistas tienen identificados desde hace tiempo el sinnúmero de perjuicios que van asociados al descubrimiento de petróleo en un país: apreciación de la moneda, pérdida de competitividad exportadora, alta inflación y despilfarro de recursos públicos en proyectos tan grandes como inútiles. Como consecuencia de este conjunto de factores (conocidos como "enfermedad holandesa"), la mitad de los países productores de petróleo miembros de la OPEP son hoy más pobres que hace 30 años. Ejemplos como Canadá o Noruega, donde el petróleo se ha gestionado de manera eficaz, son la excepción a una desgraciada norma.
Para los países pobres o en vías de desarrollo, el oro negro puede suponer un drama aún mayor. Un reciente artículo de Michael L. Ross en la revista Foreign Affairs arroja un balance estremecedor: el petróleo tiende a reforzar las dictaduras; debilitar las democracias; incentivar la corrupción; alentar el separatismo y fomentar las guerras civiles. Casos como el de Guinea Ecuatorial ofrecen un buen ejemplo de hasta qué punto una tiranía pobre puede convertirse súbitamente en una cleptocracia inmune a la presión internacional.
Significativamente, hoy en día, un tercio de los conflictos bélicos del mundo tienen lugar en países productores de crudo. En ese sentido, el petróleo no se diferencia mucho de lo que significaron los diamantes en los años ochenta, cuando los seis grandes productores de África se vieron asolados por unos conflictos de inusitada crueldad. Por ello, el consumidor europeo, además de quejarse al llenar su depósito de combustible, hará bien en pensar en lo que se esconde detrás de cada preciado litro de gasolina.

¿Qué hacer para lograr que esa fortuna que dejamos en el surtidor al menos redunde en beneficio de la democracia, los derechos humanos y el bienestar de la población de los países productores? Ante todo, debemos exigir transparencia tanto a los Gobiernos productores como a las multinacionales del petróleo. Gracias a la presión de la opinión pública y de ONG como Global Witness, los productores de diamantes firmaron ya hace algunos años los llamados Acuerdos de Kimberley, por los que se comprometían a eliminar del mercado los llamados diamantes de sangre con los que financiaban guerras civiles como las de Sierra Leona o Liberia.
El éxito de esta experiencia ha servido para poner en marcha una iniciativa con un objetivo similar: la EITI (Iniciativa para la Transparencia en las Industrias Extractivas, en sus siglas en inglés), que busca comprometer a Gobiernos y empresas, tanto en países productores como consumidores, para que hagan públicos los ingresos derivados del petróleo y acuerden un código de conducta que sirva para poner fin a la corrupción. Como se puso de manifiesto en la reunión de los promotores de la EITI, celebrada recientemente en Madrid, la transparencia y la rendición de cuentas en lo relativo a la gestión de los recursos naturales ofrecen un campo de acción donde España puede desempeñar un papel importante. Parte de la tarea, que debe llevarse a cabo en Europa, será la de convencer a China y Rusia para que se adhieran a la iniciativa ya que, sin ellas, la EITI no podrá prosperar. Internamente, como se señala en un documento de trabajo de Fundación FRIDE, sería crucial que el Gobierno español profundizara aún más en su compromiso con esta iniciativa (lo que incluiría una reforma de la Ley del Mercado de Valores) e hiciera de ésta un pilar central de su nueva política africana.
Pero la transparencia es sólo un primer paso: economistas como Paul Collier han propuesto a Naciones Unidas que impulse la firma de una Carta de los recursos naturales que establezca la obligación de los Gobiernos de los países productores a repartir de forma equitativa e invertir responsablemente los beneficios de dichos recursos.

 

 

 

 

 

 

Defendamos la alegría, M. Banedetti

 

 

“Defender la alegría como una trinchera/

Defenderla del caos y de las pesadillas/

De la ajada miseria y de los miserables/

De las ausencias breves y de las definitivas/.

Defender la alegría como un atributo/

Defenderla del pasmo y de las anestesias/

De los pocos neutrales y los muchos neutrones/

De los graves diagnósticos y las escopetas/.

 

Defender la alegría como un estandarte/

Defenderla del rayo y la melancolía/

De los males endémicos y los académicos/

Del rufián caballero y del oportunista/.

 

Defender la alegría como una certidumbre/

Defenderla a pesar de dios y de la muerte/

De los parcos suicidas y de los homicidas/

Y del dolor de estar absurdamente alegres/.

 

Defender la alegría como algo inevitable/

Defenderla del mar y las lagunas tibias/

De las buenas costumbres y los apellidos/

Del azar y también…

                                   ...también de la alegría”.

M. Benedetti

Congreso Mundial de Mujeres 2008

MANIFIESTO

La igualdad no es una utopía. La igualdad es esa realidad en que todos los seres humanos podamos vivir en un mundo de respeto y de libertad. La igualdad es un espacio sin crispación y sin dolor, sin amargura, sin violencia. La igualdad debe ser la aspiración suprema de todas las personas que se dignen en llamarse personas. Sólo hay un camino y una meta: convivir destruyendo prejuicios.

No hay nadie por encima ni por debajo; hay miradas cruzadas, miradas que saben y sienten a seres humanos con sueños y deseos, con temores y esperanzas. Nuestro Mundos de Mujeres / Women's Worlds 2008 es una apuesta por la dignidad humana. El debate y la reflexión, la palabra como arma para poner fin a las múltiples caras de la violencia y para destapar las trampas que llevan a las injusticias contra las mujeres. Nuestro congreso es una apuesta por la vida.

La igualdad no es una utopía. La igualdad es un derecho. Otro mundo es posible, otro mundo que tenga inscrita la paz y la libertad para todas las mujeres. Somos iguales y somos diferentes. Nuestro congreso es una apuesta por la equidad en la diferencia y la diversidad.

Porque la vida hay que vivirla en toda su plenitud desde la libertad que da la igualdad. El debate está abierto y no hay vuelta atrás. La igualdad es una necesidad.

Lecturas. "Martes con mi viejo profesor", por Mitch Albom

Todos hemos tenido en algún momento un profesor a quien hemos admirado, que nos ha entendido y que hasta nos parecía que algunas veces hablaba para nosotros.

Pasó el tiempo, y muchos profesores se han ido difuminando en el olvido pero la voz, el talante y un no sé qué de aquel, hoy viejo, profesor permanece como amonestándonos por no haber sido capaces de entablar una relación más personal.

Es como si hubiera quedado algo interrumpido, o algo por hacer.

Para el periodista deportivo Mitch Albom, esa persona fue Morrie Schwartz, uno de sus profesores en la universidad que lo prepararon para alcanzar los éxitos profesionales que hoy tenía. Pero en su corazón, después de 15 años, sentía su ausencia, algo así como si no se hubieran atrevido a abordar las cuestiones fundamentales de la vida, dinero, poder, valores, familia, perdón, vejez, enfermedad, muerte, amor.

El periodista ya famoso, un día decide ir a visitar a su viejo profesor y recorre los mil kilómetros que le separan del viejo profesor en su domicilio de jubilado, cerca del campus de su universidad. Cuando llamó por teléfono para anunciar su visita, y después de aguardar unos momentos para que le consultaran, la voz en el teléfono lo animó a venir, y le dijo que el profesor lo esperaba desde hacía tiempo.

Claro, la esposa no se atrevió a decirle al joven que el viejo profesor padecía la terrible enfermedad degenerativa ELA, y que le quedaba poco tiempo de vida.

Mitch va un martes a visitarlo y lo encuentra gravemente enfermo y pasando un doloroso calvario que su esposa hijos y médicos tratan de aliviar cómo pueden pero, al mismo tiempo, el joven periodista se encuentra con que nada ha cambiado en su maravillosa relación; como si no hubiera pasado todo aquel tiempo. Por eso, decide ir a visitarlo cada martes recorriendo esos mil kilómetros que le permitían preparar su corazón para el reencuentro... mientras sea posible.

Juntos, en un mágico clima de conexión espiritual, de afecto y de complicidad intercambian ideas, comparten silencios y se atreven a ser ellos mismos.

De ahí el enorme éxito de este libro desde su publicación a bajo el título original de "Tuesday with Morrie" y en español "Martes con mi viejo profesor". Una lección sobre la vida, la muerte y el amor.

Vale la pena armarse con un buen lápiz y no vacilar en subrayar en este libro de apenas 200 páginas, 8 E, que cantan una hermosa amistad.

JCGF

A Desalambrar

(Damos por hecho que la propiedad de la tierra es algo "natural"·.. aunque esté abandonada, o con aparceros esclavizados o que impida el desarrollo  de la comunidad... No creo que la propiedad de la tierra sea un bien absoluto que no tenga que ceder ante el bien común general. Y todo porque los latifundistas sostienen que "siempre se hizo así". También decían eso de la esclavitud, del apartheid, del racismo, del derecho de presa o de conquista o de pernada...Quizás sea bueno rumiar (en hebreo, reflexionar) lo smensajes de algunas canciones. jc)

A DESALAMBRAR
(Daniel Viglietti)
 Victor Jara (Chile)
 
Yo pregunto a los presentes
si no se han puesto a pensar
que esta tierra es de nosotros
y no del que tenga mas.
 
Yo pregunto si en la tierra
nunca habrá pensado usted
que si las manos son nuestras
es nuestro lo que nos den.
 
¡A desalambrar, a desalambrar!
que la tierra es nuestra,
tuya y de aquel,
de Pedro, Maria, de Juan y José.
 
Si molesto con mi canto
a alguien que no quiera oír
le aseguro que es un gringo
o un dueño de este país.
 
A desalambrar, a desalambrar!
que la tierra es nuestra,
tuya y de aquél,
de Pedro, Maria, de Juan y José.
 
Yo pregunto a los presentes
si no se han puesto a pensar
que esta tierra es de nosotros
y no del que tenga más.
 
Yo pregunto si en la tierra
nunca habra pensado usted
que si las manos son nuestras
es nuestro lo que nos den.

Pero ¿hay crisis económica? Aumenta el número de ricos en España

Sumario: Ante la evidencia de que el 71% del precio de petróleo obedece a la especulación y no a limitación de las existencias o a las exigencias del mercado, aportamos estos datos del Informe sobre la Riqueza en el Mundo y comenzar a sacar conclusiones. ¿Estamos ante una explotación universal en este cambio de Era?

Aumenta el número de ricos en España a pesar de la crisis económica

 El número de españoles ricos ha crecido a pesar de la crisis económica. El Informe Anual sobre la Riqueza en el Mundo, publicado por Merrill Lynch, señala que la cifra de españoles con unos activos financieros netos superiores a un millón de dólares (641.489 euros), experimentó un crecimiento del 4% en 2007, lo que supone un total de 164.000 particulares.
El número de particulares con patrimonios elevados a nivel mundial aumentó un 6% en 2007, hasta alcanzar los 10,1 millones, y sus activos medios superaron por primera vez los 4 millones de dólares. Además, la riqueza en manos de estos particulares registró un aumento del 9,4% en 2007, hasta los 40,7 billones de dólares, debido al crecimiento de la capitalización bursátil en las economías emergentes.
Asimismo, el número de grandes patrimonios europeos creció un 3,7%, hasta los 3,1 millones de personas, mientras que la riqueza en manos de estos particulares creció un 5,3% en 2007, hasta los 10,6 billones de dólares.
Por otro lado, el número de particulares con unos activos financieros netos superiores a 30 millones de dólares (19,2 millones de euros) excluyendo primera vivienda y consumibles, creció un 8,8% en 2007. El informe señala que el mayor crecimiento regional respecto al número de personas con patrimonios elevados tuvo lugar en Oriente Medio, Europa Oriental y Latinoamérica, con incrementos del 15,6%, 14,3% y 12,2%, respectivamente.
El aumento de las exportaciones de materias primas, unido a la creciente aceptación internacional de los centros financieros emergentes como actores globales significativos, contribuyó a la tasa de crecimiento de las economías emergentes.
India se situó a la cabeza del mundo en cuanto al crecimiento del número de grandes patrimonios (+22,7%), seguida de China (+20,3%) y Brasil (+19,1%), gracias a los grandes incrementos de la capitalización de sus mercados bursátiles, que protagonizaron algunas de las salidas a bolsa más destacadas de 2007, mientras que Rusia (+14,4%) se mantuvo entre los diez primeros países con mayor crecimiento en el número de ricos.
Los índices bursátiles de Estados Unidos, Europa y Asia experimentaron un crecimiento moderado, mientras que muchos mercados emergentes prolongaron las rachas de ganancias sólidas. La mayoría de los índices europeos y asiáticos sólo consiguieron crecimientos inferiores al 5%.
Mientras que Las Bolsas de Shangai y Shenzhen crecieron un 303% y 244%, respectivamente, debido a los incrementos de los precios. La Bolsa de Bombay y la Bolsa Nacional de India registraron tasas de crecimiento respectivas del 122% y 115%.

J.C.G.F.

 

Ante el desastre del urbanismo desbocado

Interesante artículo del arquitecto Eduardo Mangada: Otro urbanismo es posible

 La forma en que se está materializando el desarrollo urbano en Madrid y en otras ciudades españolas, y como consecuencia, los modos de ocupación del territorio, tanto en extensión y tamaño como en su localización, puede calificarse de perversa, inculta y agresiva, tanto en los aspectos físicos, medioambientales, como los sociales y económicos.
Si la vivienda es el "ladrillo" con el que construimos la ciudad, la forma en que lo ensamblemos es de máxima importancia y condicionará el resultado final. La ciudad resultante puede parecerse a un simple montón de ladrillos, todo lo grande que se quiera, o configurar un edificio proporcionado y eficaz. Sin un proyecto guía, los múltiples ladrillos se convierten en un vertedero, en un basurero. Así está ocurriendo, por ejemplo, en Madrid, donde la ausencia de un proyecto metropolitano y de unos planes medianamente cultos, hace que la enorme cantidad de viviendas que se están construyendo esté dando lugar a vertederos urbanos, lo que Rem Koolhaas ha denominado, acertadamente, "espacios basura".
La ausencia de unos modelos económicos y territoriales en los que prime el bien común ha hecho que la gran cantidad de recursos técnicos, económicos y humanos vinculados a la construcción residencial no haya dado como resultado unos nuevos ejemplos de ciudad, una nueva estructura metropolitana. Lo que han producido es una invasión indiscriminada de nuestro territorio, destruyendo recursos naturales y paisaje y sin dar respuesta eficaz a las necesidades de vivienda de capas muy amplias de la población, especialmente los jóvenes. Ha sido y es un proceso guiado únicamente por el beneficio inmediato de las empresas inmobiliarias, en ausencia y claudicación de unos poderes públicos residuales y abúlicos, cuando no conniventes. Una actitud de los poderes públicos que es tolerada por una sociedad resignada ante tanta potencia económica, tanta mercadotecnia engañosa, y a la que aún le queda la esperanza de que, con tanta vivienda en construcción, alguna vez le toque una, aunque sea en un nuevo barrio triste e infradotado, es decir, feo...
Pocas veces, la humanidad ha tenido tal poder económico y financiero concentrado en tan pocas manos; hay mucho dinero concentrado en un sistema empresarial inmobiliario, que dispone de una alta tecnología a su servicio y ha adquirido una alta eficacia en su funcionamiento empresarial. Estas circunstancias permiten la aparición de grandes operadores, capaces de promover y ejecutar desarrollos urbanos de tamaño impensable hace sólo 25 años. Empresas privadas poderosas económicamente, rodeadas de un aura de prestigio ¿social? y capaces de imponer sus prioridades a los poderes públicos que, como ya hemos señalado, acaban por incorporar como propias la lógica y los modos de actuación del sector privado, guiado únicamente por las leyes del mercado. Poderes públicos desnutridos culturalmente y desarmados en cuanto a los instrumentos de intervención el desarrollo territorial.
La falta de una elaboración profesional y política de una cultura del territorio, ha permitido la contaminación ideológica, la penetración del "pensamiento único neocon" en la mente de profesionales y políticos... Demostrados insuficientes los instrumentos urbanísticos del pasado, no se ha sido capaz de inventar otros nuevos que, conservando las conquistas esenciales, se muestren más eficaces en la dirección y control de los procesos territoriales. Desarmados y vencidos, nuestros ayuntamientos y gobiernos se retiran en desbandada. O lo que es peor, simplemente se alían con los promotores privados, alimentando el caldo de cultivo de la corrupción, aunque no quiero decir que toda alianza de este tipo implique obligatoriamente comportamientos corruptos...
¿Cabe oponerse y corregir estos procesos? ... No sólo es posible, sino necesario. Los daños ya infligidos a nuestras ciudades y los desastres territoriales que se anuncian como herencia inevitable de los procesos en curso, exigen una respuesta rápida basada en la racionalidad económica y medioambiental.
Para poder articular esos mecanismos de corrección y cambio de rumbo hay que hacer cuanto antes un profundo análisis de la situación actual, con datos objetivos que permitan entender cuáles son las fuerzas y mecanismos que impulsan y sustentan en la actualidad la forma de hacer ciudad y territorio. Entender, conocer, explicar el qué y cómo de lo que está ocurriendo. Descubrir los problemas reales y las oportunidades factibles es difícil, pero necesario. Pero sólo del análisis, por refinado que sea, no surge un proyecto eficaz socialmente. Para ello es necesaria una voluntad  basada en un nuevo modelo cultural y político, que se reflejara en la política territorial, una vez recuperada la cultura del plan. Y no me refiero a la elaboración de planes burocráticos y tecnocráticos, dominantemente normativos, sino a proyectos de ciudad sugerentes, capaces de ilusionar y movilizar a los ciudadanos.
De nuevo habrá que afirmar la "geografía voluntaria" frente al "urbanismo espontáneo". Los profesionales deberán retomar su compromiso con la cultura del plan, tendrán que aprender a "hacer planes. ¡Claro que hay que hacer planes! Planes, proyectos, metaproyectos, esquemas, visiones, estrategias de cualquier naturaleza o escala. Sobre todo, hoy, de alcance territorial, de ingeniería y geografía urbanísticas, de economía y biología urbanísticas. Redactados por quien sepa hacerlos. Urbanísticos por su contenido y por su alcance, no por su perímetro. No un rearme nostálgico y fundamentalista, sino un rearme moral de los urbanistas, amenazados como estamos por dos carcomas éticas igualmente letales: el pesimismo y el cinismo". Son citas de M. Solá-Morales. Planes, proyectos cuyos contenidos y finalidad última no será la de establecer cuánto se puede construir, sino cuanta cantidad de construcción es capaz de soportar nuestro territorio. En algún momento habrá que decir: aunque usted quiera, España no puede, o a la inversa. ..El esfuerzo habrá que centrarlo en recomponer, en civilizar lo ya hecho, reorientar lo anunciado y evitar daños futuros con un cambio drástico de modelo con el que hacer ciudad en la ciudad, regenerar y reconstruir territorios ya ocupados pero obsoletos, como algo más importante que fomentar nuevos crecimientos extensivos y dispersos que vengan a colmatar nuestro territorio regional. Habrá que acometer actuaciones capaces de reavivar la esperanza y la confianza en que otro urbanismo es posible.
Eduardo Mangada es arquitecto.

Recuperar la actitud de la entrega inicial

"Conozco tus obras, tus trabajos, tu paciencia y que no puedes soportar a quienes comenten injusticias... pero contra ti tengo que has perdido el impulso de tu primer fervor"

Una obra no se puede juzgar tan sólo por sus frutos. Existen beneficios obtenidos del sufrimiento de otros, o de no reconocerles sus derechos. De ahí la imprescriptible deuda que los europeos mantienen con los pueblos colonizados durante siglos. No sólo por lo que les expoliamos y por el trabajo forzado que les impusimos, también por la persecución de su concepción de la vida, sus instituciones y costumbres, creencias y formas de decir y de comunicarse, de danzar y de vestirse, de comer y de gozar, y de hacer duelo, en un desarraigo equivalente a una desolladura del alma. Y de los cuerpos también, pues los marcábamos a fuego y los cargábamos con cadenas mientras les negábamos la condición de seres humanos con derecho a la vida, a la libertad y a la búsqueda de la felicidad. Hubo teólogos católicos que justificaron la trata de esclavos así: “como no tienen alma”… son como bestias.
También les debemos la agresión a sus sistemas de producción imponiendo monocultivos que favorecieron las plagas y la desertización, y trabajos forzados para los hombres y mujeres más sanos y fuertes trasladados a otros lugares del Atlántico y del Índico. La Revolución Industrial, que enriqueció a las metrópolis convertidas en los países más ricos e industrializados del mundo, jamás hubiera logrado ese salto cualitativo sin la mano de obra indígena y esclava y sin las materias primas que expoliaban.
Les debemos también el “lucro cesante”, tan querido a los apóstoles del pensamiento único, de lo que pudieron haber conseguido desenvolviéndose por sus propios medios en lugar de estar sometidos a un modelo de desarrollo excluyente y alienador.
El cinismo de los conquistadores les lleva a sostener que los iban a cristianizar, para salvarles de un pecado original que desconocían; que los iban a civilizar, arrancando sus entrañas y sus mentes para convertirlos en instrumentos de su codicia; y finalmente que los iban a preparar para el comercio, esto es, para convertirlos en mano de obra gratuita y en objeto de mercado. Las tres Ces de la Conferencia de Berlín de 1981.
Esta es la actitud que debe presidir la entrega y la rebelión de la sociedad civil ante una injusticia que se perpetúa por los grandes intereses financieros. Nuestra compasión inicial se ha transformado en compromiso social, pero ya no es fácil encontrar la pasión por la justicia que transforme la llama en un incendio. Si necesaria es la organización de los voluntarios, el peligro acecha al transformarse en burócratas que han encontrado en las ONG un nicho de empleo y no ese fuego de la respuesta a la llamada para asumir la causa de los más débiles. Estos son los auténticos accionistas y señores de nuestras empresas para conseguir ese otro mundo que es posible, porque es necesario.


Es posible vencer la miseria y el hambre

Es posible un desarrollo endógeno, equilibrado, sostenible y global en   un  mundo todavía dominado por la pobreza extrema y por desigualdades inhumanas.
En el informe "De la pobreza al poder, cómo pueden cambiar el mundo ciudadanos activos y estados eficaces", presentado por la ONG Oxfam Internacional, se parte de un estudio de lo aprendido en más de cien países en los últimos diez años para una reflexión sobre el futuro del desarrollo.
Duncan Green, coordinador de investigaciones de la ONG, describe un mundo en el que hay recursos para todos, pero muy mal repartidos, hasta el punto de que los ingresos de las 500 personas más ricas del planeta son superiores a lo que perciben los 416 millones de personas más pobres. Esta injusticia marca las vidas de unos mil millones de personas que viven en la pobreza más absoluta y, en no pocos casos, llega a ser causa de su muerte.
Esta desigualdad inhumana determina que un niño no llegue a cumplir los cinco años de vida dependiendo no sólo del país en el que nace, sino del entorno en el que nace. Porque aún dentro de los países, las desigualdades son enormes y espantosas. La brecha se agranda cada día y condena a más personas a la pobreza, a la enfermedad y a una vida sin la mínima dignidad humana a la que tienen derecho.
Junto a los factores que afloran en los medios de comunicación están el aumento del precio del petróleo y de los alimentos hay que añadir el cambio climático, que provoca una inestabilidad que afecta a los más vulnerables. Pero los medios de comunicación también denuncian que más del 70% del aumento del precio de los carburantes es debido a la más desvergonzada e impune especulación financiera. Este dato no parece conmover a los gobiernos.
El crecimiento económico parece insuficiente para acabar con la pobreza por las enormes desigualdades que todavía persisten. El Informe vuelve a proponer la solución aportada por los movimientos  de la sociedad civil que sostienen que otro mundo es posible, porque es necesario. Se trata de una redistribución profunda de poder, bienes y oportunidades con la garantía del acceso de toda la población a la educación, a la sanidad, al agua potable, a una maternidad responsable y a una buena alimentación.
El Informe de Oxfam Internacional subraya la importancia de dos condiciones para salir de la miseria: una ciudadanía activa y unos Estados eficaces. Tesis que refuta la idea de que el desarrollo de los países más pobres sólo depende de lo que hagan los países ricos. Es la aberrante teoría de que los países en vías de desarrollo están en un estadio hacia el desarrollo, cuando, en realidad, el subdesarrollo es un subproducto de un modelo de desarrollo injusto e inhumano.
A todo esto, en “¿Hay futuro en el Capitalismo?”, el sociólogo dominico Frei Betto afirma que la modernidad está en crisis ya que vivimos, no una época de cambios sino un cambio de época. Según datos de la FAO, dice, somos 6.500 millones de personas en el planeta, de las cuales la mitad vive por debajo de la línea de pobreza, y 854 millones sobreviven con hambre crónica. Nada indica que se vayan a cumplir, hasta el 2015, las Metas del Milenio de la ONU, entre las cuales está la erradicación de la miseria.
Hay quien afirma que el problema del hambre es causado por el exceso de bocas y él es partidario de la planificación familiar porque respeta la libertad de la pareja.
Ante la tesis de la carencia de alimentos argumenta que el mundo produce lo suficiente para alimentar 11 mil millones de bocas. Lo que hay es falta de justicia, excesiva concentración de la riqueza en pocas manos y, ahora, etanol para abastecer vehículos en vez de alimentos para alimentar personas.
Pero Frei Betto no puede ignorar que la explosión demográfica es un arma de destrucción masiva, como el hambre. La historia demuestra que, en todos los países en los que las mujeres tienen acceso a la educación y a puestos de trabajo iguales a los de los hombres, no existe peligro de explosión demográfica. Al contrario, en los países enriquecidos, industrializados y educados del Norte sociológico, el problema del incremento de sus envejecidas poblaciones ha desatado todas sus alarmas, aunque no se atrevan a reconocer que sólo con una inmigración adecuada podrán hacer frente a esa amenaza. No se atreven a reconocerlo porque viven obsesionados con un individualismo patológico.
De ahí que Frei Betto se pregunte si hay futuro para la humanidad dentro del paradigma capitalista. La respuesta está en la misma pregunta. Porque el nuevo paradigma consistía en caer en la cuenta de que no hay paradigma, pero sí exigencia de una justicia social fundamental para todos los seres.

José Carlos Gª Fajardo

 

Amistad verdadera

  • La verdadera amistad es como la fosforescencia,
    Resplandece mejor cuando todo se ha oscurecido”

Tagore