J. C. García Fajardo



Cuaderno de Bitácora sobre Mundo actual y Sabiduría universal.

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Se muestran los artículos pertenecientes al tema Cuentos.

Reír es saludable

LAS ABUELAS NO LO SABEN TODO ...

El pequeño Esteban estaba pasando unos días con su abuela.

Llevaba un rato jugando fuera con otros niños cuando entró en la casa y

pregunta:

- Abuela, ¿Cómo se llama cuando dos personas duermen en el mismo cuarto y una de ellas está encima de la otra?

La abuela se quedó un poco sorprendida, pero decidió decirle la verdad su nieto de 6 años:

- 'A eso se le llama relaciones sexuales, cariño'.

El pequeño Esteban dijo: -

- 'Aahhh, vale!' y volvió a salir a charlar y a jugar con los otros niños.

Unos minutos después volvió a entrar y dijo todo enfadado:

- Abuela, no se llaman relaciones sexuales, se llaman literas!

...y la mamá de Diego quiere hablar contigo.

________________________________

En un casting para un programa de televisión, se pide a los participantes que den el nombre, los apellidos y una característica que los haga especiales.

Llega el primero y le dice a la recepcionista:

- Pepe Romerales. Corredor, 100 metros llanos en 10 segundos.

El siguiente:

- Manuel Vargas. Bailarín profesional. 104 horas de baile sin parar.

Llega otro y dice:

- José Unamuno. Tengo una poronga de treinta centímetros.

La que estaba anotando lo mira con los ojos desorbitados y le pregunta:

- ¿Una qué?..

- Una... muno, tarada... ¡Como el escritor!

 

30/06/2009 13:45 Autor: nesemu. ;?> No hay comentarios. Comentar.

Pensemos juntos

Nasreddin Hodja pasó un día frente a un huerto y no pudo resistir la tentación de entrar y llenar su morral de higos, manzanas y jugosas naranjas. El dueño lo sorprendió en esa tarea y le preguntó:

-¿Qué haces aquí?
-Pues la tormenta de anoche -respondió Hodja- me trajo por los aires.
-¿Y toda esta fruta?
-Se cayó cuando me quise sujetar de las ramas al llegar por los aires....
-¿Y cómo llegó la fruta del suelo al morral?
-Pues... en eso mismo estaba pensando -contestó Hodja. -¿Por qué no lo pensamos juntos?

(Cuenta Roberto Bissio, en el prólogo a la Guía del mundo, 2009, www.guiadelmundo.org.uy, que pensemos juntos las respuestas a las preguntas difíciles… ante la confluencia de tantas crisis: crisis de los alimentos que disparan sus precios en todo el mundo y empobrece a cientos de millones de personas; crisis del clima, con cambios catastróficos provocados por el uso desmedido de los combustibles fósiles en los últimos dos siglos; crisis de las finanzas globalizadas que ha hecho caer a bancos poderosísimos en Wall Street y que provoca recesión y desempleo en todas partes. Para tener más datos e información y buenas pistas para entender la tormenta que nos trajo aquí… y para que no nos engañen con respuestas ingeniosas los que sólo quieren ocultar que nos están robando la fruta.





 

04/05/2009 17:13 Autor: nesemu. ;?> No hay comentarios. Comentar.

Nadie da lo que no tiene

Nadie da lo que no tiene

 

A un oasis llega un joven, toma agua, se asea y pregunta a un viejecito que se encuentra descansando:

 

- “¿Qué clase de personas hay aquí?”

 

El anciano le responde con una pregunta:

 

- “¿Qué clase de gente había en el lugar de donde tú vienes?”

 

- “Oh, un grupo de egoístas y malvados”, replicó el joven. “Estoy encantado de haberme ido de allí”.

 

A lo cual el anciano comentó:

- “Lo mismo encontrarás aquí”.

 

Ese mismo día, otro joven se acercó a beber agua al oasis y, viendo al anciano, le preguntó:

 

- “¿Qué clase de personas viven en este lugar?”

 

El viejo respondió con la misma pregunta:

 

- “¿Qué clase de personas viven en el lugar de donde tú vienes?”

 

- “Un magnífico grupo de personas, honestas, amigables, hospitalarias, me duele mucho haberlos dejado”.

 

- “Lo mismo encontrarás tú aquí”, respondió el anciano.

 

Un hombre que había escuchado ambas conversaciones le preguntó al anciano:

 

- “¿Cómo es posible dar dos respuestas tan diferentes a la misma pregunta?”

 

A lo cuál el viejo contestó:

 

- “Cada uno lleva en su corazón el medio ambiente donde vive. Aquél que no encontró nada bueno en los lugares donde estuvo no podrá encontrar otra cosa aquí.

Aquél que encontró amigos allá podrá encontrar amigos acá.

08/04/2009 10:27 Autor: nesemu. ;?> No hay comentarios. Comentar.

Presentación de "Bailaré claqué sobre tus sombras", miércoles, 2 de julio

Queridos  amigos 

El próximo miércoles, 2 de julio, a las 19 horas, presentaremos “Bailaré claqué sobre tus sombras”, mi libro de relatos de sabiduría universal, en “La Casa Encendida”,  Auditorio, planta SS, Ronda de Valencia, nº 2.
Intervendrán, el Prof. de la FCI, Jesús Timoteo; el editor de Miraguano, José Javier Fuente del Pilar y Cristóbal Sánchez Blesa. Al final, se servirá un vino.
Esta colección de historias, ambientadas en un remoto monasterio de China, fabulan la relación entre un anciano maestro, su atolondrado ayudante y un ejecutivo de nuestros días que podría habitar en Shanghai, Nueva York, Madrid o Delhi. El hilo conductor de su enseñanza son los cuentos: breves narraciones zen, sufíes o taoístas para entender mejor las “sombras” de la existencia humana. Esas sombras que nos esclavizan y que debemos patear con los pasos de un claqué festivo y consciente, pues de nada sirve la pretensión de ignorarla.

Me encantaría que nos acompañaras para tomar juntos una copa esa tarde, y que lo pasases tan bien leyéndolo como yo escribiéndolo.

Un abrazo, José Carlos García Fajardo

23/06/2008 19:24 Autor: nesemu. ;?> No hay comentarios. Comentar.

"Bailaré claqué sobre tus sombras", Miraguano ed., Madrid 2008

(Esta es el texto que aparece en la contraportada de mi último libro. El viernes 13 de 18 a 21 horas y el sábado 14 de 12 a 14 horas, firmaré en la feria del Libro, caseta 267)

Gran parte del conocimiento humano se ha transmitido tradicionalmente mediante cuentos que reseñan hechos o anécdotas de algún personaje popular, ya sea real o imaginado, puesto en situaciones de especial sentido aleccionador. Los cuentos –que tan a menudo tratan de lo inefable, ese aspecto de la vida que con tanto ardor buscamos– tienen el poder de despertarnos y de transformarnos, pues, en palabras del poeta T.S. Eliot, “los humanos no pueden soportar demasiada realidad”.
Así, en todas las tradiciones culturales se encuentra la metáfora de “pasar al otro lado del río”, con la recomendación de que se deje la balsa en la orilla y no se cargue con ella; o bien la de “realizar la travesía del desierto”, abandonando la caravana de camellos y la impedimenta en el caravan sérail; mientras otras aconsejan “hacerse a la mar”, sin olvidar que todos los mares conducen a los puertos de Ítaca; o se sirven de la imagen de “subir una montaña”, pero no para quedarse en ella, sino para regresar a donde conviven los seres humanos.
En este libro, el profesor y periodista José Carlos García Fajardo, infatigable impulsor de proyectos solidarios, nos ofrece una sugerente colección de historias, rebosantes de sabiduría y experiencia vital, que ambientadas en un remoto monasterio de China, fabulan la relación entre un anciano maestro, su atolondrado ayudante y un príncipe de nuestros días que podría habitar en Shanghai, Nueva York, Madrid o Delhi. El hilo conductor de su enseñanza son los cuentos: breves narraciones zen, sufíes o taoístas para entender mejor las “sombras” de la existencia humana. Esas sombras que nos esclavizan y que debemos patear con los pasos de un claqué festivo y consciente, pues de nada sirve la pretensión de ignorarla.
 

Contraportada de "Bailaré claqué sobre tus sombras", de José Carlos García Fajardo. Miraguano Ediciones, 2008.

09/06/2008 18:32 Autor: nesemu. ;?> No hay comentarios. Comentar.

Cuentos: El Príncipe va en cueros

Creo que lo contó O.Wilde, es acerca de un príncipe al que iban a coronar al día siguiente. No conseguía dormir y contempló la ropa reservada para la ceremonia: hilo, seda, armiños, lino, brocados y el más sutil de los nipis filipinos con los que le hicieron los calzones (por lo que habían de custodiar),damascos, púrpura, piel, oro, plata, piedras preciosas, perlas... y pensó en el esfuerzo que había costado producir aquellos tejidos, desde el campo hasta la plancha, sudor, cansancio, inseguridad, hambre, enfermedad... y las minas para extraer los diamantes, y los pulmones de jóvenes buceadores reventados para conseguir las más finas perlas.. (Silencio aquí, como si hubiera sonado el gong del templo, o las maderas, sentémonos o continuemos el paseo, que Angel baje de su bici aunque sea junto a aquel precipicio y que Pat y Capullo nos cuenten el final de lo del cine y de lo de la cena con seudo celíaca, o salgamos a la terraza y que cada uno dé rienda a su imaginación sobre lo que ha costado producir todo lo que usamos cada día: desde el calzado hasta el sombrero o gorra, desde los materiales para construir la casa hasta los árboles con cuyas hojas se hizo el papel para los libros que tiene o para la higiene personal en Occidente, y esa tartera, sí, y ese té... y esa alfombra o kilin o farrapo... Hasta la vela que alumbraba el aposento del Príncipe estaba compuesta del vuelo de millares de abejas, libando en millares de flores, en campos de algodón mezclados con sudor y duelo para producir las mechas y el transporte y el trabajo de los que las fabrican, empacan, almacenan, envían, venden y envuelven.....El Príncipe sopló a la llama que daba luz, calor, energía y cuyo fin último, la perfección de su existir - porque las velas existen- que se cifra en consumirse para alumbrar a los demás... se recostó en su lecho y en su rostro afloró una fresca y sosegada sonrisa...
A la mañana siguiente, cuando los servidores acudieron para ayudarle a vestirse encontraron la puerta cerrada por dentro, llamaron como suelen los valets de chambre, con el roce de las uñas, y oyeron la voz tranquila y clara del Príncipe heredero de aquel Reino. "¡Ya estoy vestido! Avisadme cuando se inicie el cortejo..." Los edecanes se miraron con pasmo, el chambelán se quedó de un aire, los camareros abrieron sus bocas (que luego habrían de desencajar con gatos hidráulicos)... pero obedecieron.
Y ya os imagináis el resto... Toda la Corte en la catedral, con los poderes políticos, civiles, económicos y militares: los cardenales, arzobispos y obispos, así como los abades Mitrados, con Mitras recubiertas de oro, con pectorales y anillos de rubíes, de amatistas o de brillantes... los representantes de todas las Casas Reales... Doña Leticia arrobada o abobada en un traje rojo sangre de toro, bastante inapropiado, (Haced un alto y recordad la parafernalia que hemos visto en las bodas de "nuestras" Infantas, en los fastos del Vaticano tan extraños al Carpintero, o en la catedral de San Pablo para sencillamente celebrar el X aniversario de "la mejor de todas las madres del mundo" (Dí que sí, Henri, total... qué más da, algún día contaré lo que hizo aquel niño, cuya madre tenía todo el rostro quemado, cuando un compañero le espetó que su madre era la más fea del mundo)
La cabecera del cortejo se puso en marcha y cuando, con los portaestandartes y lábaros reales ya pisaba el atrio de la catedral, abrieron el palio para cobijar al Príncipe, ante el que todos, rodilla en tierra y rostro al suelo, nadie osó mirarlo, amparado y flotando en una nube de aromáticas resinas traídas de Arabia, el cortejo avanzó con una dignidad que emocionaba tanto que las lágrimas sólo permitían contemplarlo como en la foto de José Antonio de un paisaje bajo la niebla iluminada... hasta que unos chavales, encaramados a las farolas de la entrada, y conel culo al aire, comenzaron a voz en grito: ¡El Rey va en bolas! !El Rey va en bolas!"
La verdad es que por un cierto pudor, llevaba los sutiles y transparentes como el aire calzones largos de nipis de Filipinas...

No sigo porque desbarraría algo, cuando coja algo de confianza, ya veréis...un pequeño adelanto: en la nave central, algunas damas se desvanecían, otras se espatarraban, otras imitaban a la Roberts en la representación de Traviata, de Prety Wooman, otras se arrodillaban musitando "milagro, milagro, milagro, ¡qué bolas!" algunos caballeros se agarraron con fuerza a sus escuálidos bastones, algo ofendidos, otros tuvieron que colocarse los sombreros de copa para acoger sus pudendas, los monaguillos se pusieron a sonar las campanillas y allá arriba comenzó el revuelo de campanas, la guardia de honor de los fusileros escoces enarbolaron sus gaitas y aquellos kilts rentonianos no paraban... los oficiales con cascos con plumas presentaron armas, todas las armas, de forma que el cortejo casi no podía avanzar, los oficiales a la "federica" se abanicaban con los tricornios emplumados... los obispos, ay los obispos, con los ojos en blanco y las mitras habaneándose...y el Cardenal Oficiante agarrado a su báculo enhiesto y robusto inoició la antífona Nunc dimittes:  "Ahora, Señor, ya puedes llevarte a tu siervo en paz, porque mis ojos han visto la revelación que esperábamos...etc)

Comienza el debate, barra libre.

01/09/2007 13:50 Autor: nesemu. ;?> No hay comentarios. Comentar.

¿Qué se nos ha perdido con la OTAN en Afganistán? Actuamos como el 7º de Caballería de EEUU contra los indígenas

Decenas de civiles han muerto durante una operación de la OTAN contra los talibanes al sur de Afganistán, en la provincia de Kandahar, han informado hoy medios locales y testigos que elevan a 63 la cifra de fallecidos. La Alianza ha reconocido que en los bombardeos murieron civiles, aunque no ha precisado el número.
De confirmarse estas cifras, se trataría del mayor ataque contra civiles causado por las tropas de la Alianza en un sólo bombardeo desde la invasión de Afganistán por parte de EEUU en 2001.
El Consejo Provincial de Kandahar ha denunciado que las fuerzas de la OTAN bombardearon el pasado martes una zona en la que se refugiaban, en tiendas de campaña, muchas familias que habían perdido sus viviendas en anteriores combates en esa conflictiva provincia. Que no se trataba de talibanes, tal y como sostiene la OTAN. "Esa noche recogimos 61 cadáveres y otras dos personas murieron en el hospital de Kandahar", ha asegurado un miembro del Consejo Provincial quien ha mostrado su "fuerte condena a este acto de la OTAN" y ha asegurado que presentará en Kabul pruebas de lo sucedido.
Ante estas denuncias, la Fuerza para la Asistencia a la Seguridad (ISAF) bajo mandato de la OTAN ha reconocido hoy haber recibido "informaciones verosímiles" sobre la muerte de un número indeterminado de civiles en varias operaciones en el sur y ha dicho que sentía "profundamente" esos fallecimientos. La Alianza había indicado ayer en un comunicado que 48 militantes talibanes murieron en bombardeos en el sur del país, pero Mohammad se ha mostrado "totalmente seguro" de que "ni una sola de esas 48 personas eran talibanes, todos eran civiles, entre ellos mujeres y niños".
El bombardeo de civiles se produjo en plena festividad musulmana del Eid, que celebra el final del ayuno del Ramadán.
La masacre se produjo después de que la semana pasada otros nueve civiles murieran "por error" a resultas de sendos bombardeos de la OTAN
Este año ha sido el más violento en Afganistán desde la caída del régimen de los talibanes en 2001, con más de 2.000 muertos desde enero en distintos enfrentamientos.
26/10/2006 20:22 Autor: nesemu. ;?> Hay 19 comentarios.

Retazos de Ting Chang 019. En el corazón del palacio Imperial

   Zhongnanhai

Sergei imaginaba que algo distinto estaba sucediendo porque hasta el impasible Sun Tzen caminaba más recogido, y también había endosado una túnica blanca. Ting Chang le había contado un día que una de las dificultades que los jesuitas encontraron en el siglo XVI para dar a conocer su mensaje en China era que aquí el negro no es color de luto, ni se arrodillan para adorar, ni lloran en público ni tantas otras costumbres y usos occidentales que les distanciaban de la noble gente de la corte del Emperador que los había admitido para que con toda libertad explicasen sus ideas. El Emperador los admiraba como matemáticos, científicos, astrónomos y dialogantes sutiles, pero sobre todo porque habían comprendido y también admiraban la manera de ser de los chinos. De ahí que algunos regresaran a Roma para pedir al Papa que les permitiera introducir variantes en la liturgia que habían de desarrollar en China. Menuda se armó. En Roma no podían concebir, en el siglo XVI como en tantas otras épocas, que hubiera otras civilizaciones con verdades y riquezas tan respetables como las romanas. No sólo les negaron los permisos a los jesuitas para adaptarse a la manera de ser de los chinos sino que les prohibieron regresar allá. Fue lo que se llamó la Querella de los ritos que significó un retraso enorme en las relaciones entre Occidente y Oriente. Claro que, como disponían de las armas y de la prepotencia de los ejércitos portugueses y españoles, y más tarde de las de los holandeses, británicos y franceses, nadie movió un dedo por intentar comprender las inmensas riquezas de aquellas civilizaciones y culturas. Sólo se preocuparon de apoderarse de las riquezas materiales y de imponer sus manufacturas y modos comerciales. A eso, en el siglo XIX, le llamarían la exportación del modelo de liberalismo inglés que consistía en acabar con las trabas aduaneras para colocarles sus excedentes de producción sin que hubiera reciprocidad para sus productos.
El caso es que Sergei no sabía que había muerto la abuela de Ting Chang y que, con arreglo a los tiros ancestrales, el duelo era cosa de la familia y no era correcto hacer manifestaciones exteriores del mismo.
- Ahora ya sabes, Sergei, qué era lo que contenía el paquete que me había enviado mi madre. La túnica blanca que mi bisabuelo había vestido cuando murió su padre.
- ¿Pero cómo sabía ella que iba a morir? ¿Estaba tan enferma?
- Sergei, ella tenía sus años. Sabía que estaba ya madura porque había alcanzado su plenitud. Siempre me había dicho que “vivir hasta morir es vivir lo suficiente”. No comprendía la zafiedad de los occidentales cuando, dirigiéndose a una persona mayor, se atreven a decir que la “encuentran muy joven”.
- Como se estila en Occidente.
- Son estas cosas, aparentemente pequeñas, las que señalan los abismos entre nuestros pueblos. No es un tema de civilizaciones sino de valores, y Occidente se empeña en sostener y actuar como si sus valores y sus concepciones de la vida fueran superiores y pudieran imponerlos a los demás pueblos.
- Entonces, ¿no es correcto decir que la formulación de los derechos humanos es de alcance y validez universales?
- En la forma en la que los formulan y los utilizan ellos, no. No hay más que ver sus resultados en términos de explotación de otros pueblos, de conquistas y de colonizaciones sangrientas, de injusticia sociales como producto de una explotación y de una prepotencia inadmisibles que provocan ese odio, rencor y reacción contra esa forma de interpretar la historia. Es como el modelo de democracia que pretenden imponer a cañonazos. No es tanto el fundamentalismo, de uno u otro signo, como la desesperación lo que mueve a los pueblos que ya no tiene nada que perder. Han confundido valor con precio y crecimiento económico con desarrollo social.
- De ahí el silencio que califican como enigmático en el resurgir del Imperio del centro, que no terminan  de comprender y al que alimentan sin saberlo, -dijo Sergei.
- Por eso, los actuales dirigentes chinos, desde Deng Xiaoping, han decidido darles de su propia medicina. Utilizan sus materias primas, sus modelos y sistemas, sus redes financieras, sus conquistas cinética y sus desarrollos tecnológicos y todo ello lo apoyan en su insaciable codicia y voracidad. Un día te contaré algo que se empeñan en ignorar en Occidente, en ese “lejano oeste de Eurasia, en donde los hombres hablan a gritos, comen con las manos, se visten con pieles y habitan en cuevas”, como está escrito en nuestros libros más antiguos. Y es que los emperadores del Reino del Centro sólo sacaban sus garras para asegurar sus fronteras, para impedir que los bárbaros los molestases. Salían, ponían orden y regresaban al Centro sin importarles la conquista de más tierras y personas. Ellos sabían que china no ocupaba el centro de la tierra. No eran tan tontos, sino que constituían el Imperio del Centro. De ahí que el sabio chino y los dirigentes que caminan en el sentido del Tao y dentro del orden de Confucio miren con una distancia y con una perspectiva que ellos llaman enigmático, cuando no cínico o hipócrita, sencillamente porque no lo comprenden.
- Pero no todos los dirigentes tendrán esa altura de miras.
- Por supuesto que no, por eso, cada dinastía impone una forma de actuar que asegure el orden y la paz interior. Hasta que llega otra dinastía, sea manchú o mongola. Todas acaban siendo chinas.
- Y ahora quizás estamos en el declinar de la dinastía de los emperadores Mao, Deng Xiaoping y los últimos dirigentes de la Ciudad prohibida…
- Fíjate qué cosa tan curiosa. En pleno centro de Pekin, cerca de la plaza de Tiananmen, se encuentra el corazón oculto del auténtico poder de China. Se llama Zhongnanhai  (Lagos del Centro y del Sur). Es un conjunto ajardinado de residencias y espacios en donde viven y se reúnen los más altos dirigentes del Partido Comunista y del Consejo de Estado. Es el auténtico poder ejecutivo. Antiguamente, era una sección del Palacio Imperial y todo el mundo sabía que existía, quizás por eso Mao la escogió como su residencia y, desde entonces, viven allí los más altos funcionarios.
- Algo así como lo que me constaste del último Emperador que, aún después de ser derrocada la dinastía, se les permitió vivir durante unos años con toda la familia y la corte en la Ciudad Prohibida. Así, el pueblo había visto los cambios que aportó la Revolución de 1911 dirigida por Sun Yat-sen pero miraba hacia ese Centro del Imperio y sabía que nada malo podría suceder.
- De hecho, hasta que los militares con el general Chiang  Kai-sheck a la cabeza del Kuomintang no se alzaron contra el orden de la República recién instaurada no era previsible ni se imaginaba viable una revolución como la que habría de encabezar Mao al frente de la Larga Marcha.
- Esa sí que fue una auténtica revolución, pero nadie la vio venir.
- Así es, mañana hablamos de la  escritura, como pensaba hacerlo hoy pero ya ves…
- Mejor así, Noble Señor, mejor así.

José Carlos Gª Fajardo porla transcripción

 

12/09/2006 20:28 Autor: nesemu. ;?> No hay comentarios. Comentar.

Retazos de Ting Chang 018 : La perfecta velocidad

Cuando regresó Sun Tzen de la reunión que mantuvieron todos los consejeros en la residencia del padre de Ting Chang, éste se emocionó con un paquete que le entregaron. Estuvo sin abrirlo durante todo el día pero no dejaba de mirarlo y de cambiarlo de sitio en las ocasiones que venía para descansar. Fue un día de mucho trabajo pues a Sun Tzen le habían acompañado de regreso otras personalidades. Sergei se debatía entre dos tensiones, bueno, entre tres: por un lado, le hubiera encantado que Ting Chang dispusiera de más tiempo para descansar y así poder compartirlo juntos; por otro lado, el rapaz no había olvidado la historia de China que Ting Chang había comenzado a contarle y que era mucho más interesante que las lecciones de los profesores que le habían asignado; pero, en tercer lugar, por qué no decirlo, estaba deseando saber lo que encerraba aquel paquete llegado desde Pekin. Así que, tan pronto como llegó Ting Chang para cambiarse para la cena, le soltó, así como si nada:-         Noble Señor, debes estar agotado con este ritmo de trabajo.-         Pues es lo que me espera durante los próximos días. Se ve que han trabajado muy duro y ya mi hermano me había preparado durante una llamada que me hizo desde Ottawa.-         ¿No estaba en Nueva York?, - preguntó Sergei.-         Sí pero, en Canadá y en Brasil, se preparan las nuevas grandes delegaciones de la Compañía para América y ya están las obras muy adelantadas. Él, desde Nueva York, las coordinará pero, al parecer, han decidido que nuestra hermana tercera...-         ¿La que estudia en Suiza?-         Ha terminado sus estudios en la universidad. Ahora  ya lleva un tiempo haciendo prácticas en un gran banco internacional con sede en Ginebra...-         ... y que, por casualidad, os pertenece.-         No a nosotros, Sergei, al grupo. Es como si se tratara de un gran edificio que tuviera muchos pisos y dependencias vinculadas a las diversas plantas industriales, fábricas y medios de transporte. Pero en la que felizmente los responsables ya no necesitan desplazarse para estar siempre comunicados. Ya no hay que bajar de la planta cuarta a la segunda para despachar un asunto que puede resolverse por sistemas electrónicos y gracias a las maravillas que no dejan de sorprenderme de las nuevas tecnologías digitales, están mentalizándose para comprender que da lo mismo comunicarse desde la planta cuarta a la segunda que desde Shangai a Johannesburgo, Sao Paulo, Londres o Yakarta. -         Es como aquello que nos contaron un día en las chozas, y que no era precisamente un cuento oriental sino que era del libro Juan Salvador Gaviota, de Richard Bach, cuando la intrépida gaviota le pregunta a la Gran Gaviota ¿Cuál es la perfecta velocidad?...-seguía entusiasmado Sergei--         ...La perfecta velocidad es estar allí, le respondió tranquila. Es eso, Sergei. Mi padre ha comprendido que los logros de la realidad superan las mayores fantasías de la mente, pero que necesitarán siempre de la inteligencia y del corazón de los hombres para coordinarlos. Por eso él decidió dar el paso a las nuevas generaciones pues, por mucho que las comprenda y asuma el cambio, ha comprendido que, por su edad, será de mayor utilidad desde la retaguardia asesorando a los consejeros.-         Pero se cuidó muy bien de colocar a sus hijos en los puestos claves.-         Más bien se preocupó de darles la formación necesaria para las responsabilidades que nos aguardan. Recuerda también que en nuestra cultura por muchos partidos políticos, sindicatos, lobbies o mafias que existan siempre permanecerá la red insustituible de la familia. Es la que realmente tiene los contactos, guanxi, y sus mayores los comparten desde hace generaciones.-         Es como una red.-         Sí pero de obligaciones y de responsabilidades, antes que de derechos y de privilegios, que naturalmente también existen. De lo contrario aquellos no podrían ser desempeñados con la misma naturalidad que respiramos.-         Sí, Noble Señor, pero tú habías intentado sustraerte a ese entramado... para dedicarte a la medicina.-         Mi padre lo permitió y sus consejeros comprendieron la sabiduría que contenía su decisión. Lo que se requería era una formación universitaria completa y con acceso a las tecnologías y a los métodos más avanzados. ¿Qué importaba si dedicaba unos años a estudiar la fisiología y la anatomía del cuerpo humano, sus entresijos y sus dolencias, su armonía y sus problemas con tal de que lo estudiase a fondo? Esa era la clave, que lo que hiciéramos fuera con una entrega total y absoluta, como si nada en el mundo y en la vida fuera a interesarnos más. Al fin y al cabo, que más da estudiar anatomía que la gestión de una empresa. Se trata, como decía aquel maestro referida a la función del médico: aconsejar, escuchando; aliviar el dolor una vez descodificado y no interferir en el camino de la naturaleza para que esta restablezca la salud y el equilibrio.-         Por eso el maestro te acogió en las chozas y te preparó como si hubieras de dirigir un gran monasterio, o lo que fuera. Si eras capaz de gobernarte a ti mismo, daba igual que aplicases después tus talentos a coordinar a los demás. – reconoció Sergei.-         Por supuesto que el Maestro, por serlo, no puso ningún obstáculo y como él me dijo un día antes de ponernos en camino: “Sergei, no impidas su vuelo. Ting Chang no obstaculices su crecimiento”.-         Y en eso estamos. – respondió Sergei-. Aunque si tus hermanos fueron conducidos directamente hacia profesiones más relacionadas con vuestras responsabilidades en la familia ¿cómo es que contigo actuó de otra forma?-         No, Sergei, no fue así. Nuestro padre nos educó desde muy niños, y todo el ambiente familiar por lo demás, en la convicción de que no deberíamos preguntarnos nunca si nos gusta o no nos gusta lo que tenemos que hacer. No tendría sentido, se hace y ya está. Ahora bien, cada joven va mostrando sus habilidades, inclinaciones y capacidades y lo prudente es ir ayudándole a que las desarrolle dentro de un orden. ¿Por qué, si no, nos inculcan tanto la práctica de los deportes, el estudio de las artes y de manualidades si no vamos a dedicarnos al deporte ni a las artes ni a una actividad agrícola o artesana?-         Eso también lo valoran mucho en las universidades anglosajonas, y hay muchos que todavía no lo comprenden.-         Es fundamental. Aprender a trabajar en equipo, a perder y a ganar, a compartir y a ejercitarse y, cuando llega la ocasión, algunos a saber dirigir a los demás con todo lo que eso lleva consigo. Para la gente corriente, la autoridad se confunde con el mando, y este con privilegios. Qué error tan grande. Los sabios de las más importantes tradiciones afirman cada uno en su estilo que pocos nacen para mandar pero muchos para ser mandados.-         Dicho así, suena duro, - dijo Sergei.-         Es que es más cómodo que decidan otros que tener que tomar uno las decisiones que afectan a una comunidad, a una empresa, o a un estado. Por eso son tan pocos los que asumen esa responsabilidad, y por eso existen dinastías, no sólo en los estados, sino en las empresas y en otros muchos ámbitos del saber. Pero no resulta políticamente correcto hablar de ello.-         “El que sabe no habla, el que habla no sabe” – musitó Sergei.-         A propósito, Liebre de las estepas. Como quiera que estos días voy a estar más ocupado y no podemos interrumpir el trabajo con los textos, te he traído mis notas del Tao Te King, de Lao Tsé. Haz como con los Cuatro Libros de Confucio. Léelos, transcríbelos y tenlos preparados para cuando los necesitemos. Son 81, como sabes He procurado utilizar un lenguaje más adaptado al nuestro actual porque el de los textos originales sería muy difícil para ti. Un día de estos trataré de explicarte algo de la complejidad de la lengua china y de ese mundo del que te dan lecciones tus profesores pero que a ti, como mongol, al no haber nacido en este mundo tiene que parecerte más compleja. Es un mudo apasionante, ya lo verás.-         Contado por ti, Noble Ting Chang, estoy seguro de va a ser apasionante, - dijo Sergei mientras recogía el cuaderno que le tendía, y añadió –pero sin olvidarnos de la historia de China.-         ¿Y qué la comprensión del lenguaje sino la segunda mayor aproximación al alma de un pueblo? –  respondió Ting Chang como pensando en voz alta.

-         ¿Y cual es la primera?, Luz del Atardecer.

-   El silencio.

José Carlos Gª Fajardo por la trascripción

12/09/2006 08:40 Autor: nesemu. ;?> No hay comentarios. Comentar.

Retazos de Ting Chang 017: Gatos blancos, gatos negros

Caminaron durante gran parte del día. Ting Chang le contaba a Sergei los grandes rasgos de la inmediata historia de China, seguro de que sus profesores pondrían más énfasis en la de las grandes dinastías, desde el mítico Emperador al que se atribuye la unificación de los reinos chinos.
- Sergei, dicen que los pueblos que desconocen o que olvidan su historia están condenados a repetirla. Pero con la sensación de lo ya visto, que se hace insoportable por no haber sabido aprender de ella para no repetir los mismos errores.
- En el Monasterio apenas se hablaba de otra cosa que de los textos sagrados y de las tradiciones que había que conservar. Aunque, durante mi camino desde Mongolia, algo pude ver pero no entendía mucho porque, en mi país, se vivía parodiando el sistema político maoísta. Éramos de nuevo una colonia pero sin ese nombre y en todas partes nos aplastaba la imagen y las palabras de Mao. Se diría que iba a ser inmortal.
- No lo fue, Sergei. Murió el 9 de septiembre de 1976, después de una penosa agonía. Es curioso pero, unas semanas antes, grandes terremotos asolaron una parte de China causando más de medio millón de víctimas. Sabes que, con arreglo a las creencias populares, esos desastres anuncian cambios de dinastía. Esto no es tan importante, - pues las profecías se construyen después de los acontecimientos -, pero entre las gentes se utilizaba una expresión que parecía olvidada durante las décadas del oprobio.
- ¿Cuál era?
- Muchos hablaban de la pérdida del Mandato del Cielo. Fíjate. Esto sí que era contra revolucionario y todavía no había comenzado la despiadada lucha por la sucesión, a pesar de que siempre habían dicho que todo estaba atado y bien atado.
- Pero Mao ¿no había previsto su propia sucesión?, preguntó Sergei.
- Fue en 1960, durante la Revolución Cultural, cuando preparó a Lin Biao, el líder del Ejército Popular de Liberación como presunto sucesor, apartándolo de las luchas políticas para que no se quemase, aunque ya tenía setenta años. Pero la Campaña del Gran Salto Adelante ocasionó más de treinta millones de muertos de hambre y eso hizo pagar a Mao Zedong un enorme precio político y abandonar la cabeza del Estado aunque conservando su enorme poder carismático, del que otros se sirvieron. La política del líder dio paso a la que había de ser una auténtica revolución económica.
- De la que aún estamos viviendo.
- Sí, pero entonces no se tenía tan claro y personas como Deng Xiaoping, entonces secretario general del Partido, que popularizaría su política con la expresión “Gatos blancos, gatos negros, lo que importa es que cacen ratones”, todavía no había conquistado el poder. Lin Biao, tan radical como siempre, en 1963, desde la cúpula del Ejército Popular de Liberación mandó recopilar un librito con citas de Mao que se editó por millones de ejemplares para adoctrinar al Ejército. Fue el después famoso Libro Rojo de Mao.
- ¿Y la tristemente famosa Revolución Cultural?
- Algunos dicen que fue orquestada por Mao y por sus adláteres para recuperar el poder y mantener la lucha de clases permanente. Mao movilizó a jóvenes y a  adolescentes para que formaran agrupaciones de Guardias Rojos y se alzasen contra todos los que ellos tacharon de contrarrevolucionarios y de burgueses: intelectuales, burócratas, dirigentes locales y antiguos burgueses. Aquí los mejores vástagos de las antiguas familias hubieran corrido un auténtico peligro si los más destacados no hubieran sido enviados a ampliar estudios a países extranjeros.
- Fue la previsión de quienes auscultan el futuro para que se cumplan las profecías que convienen.
- Así es. Fue el tiempo de doblegarse ante la riada y de hacerse el muerto, dejándose ir en apariencia con el curso del río pero preparándose, como los auténticos dragones que lo cabalgan, para hacerse con su fuerza cuando se hubieran enfrentado todos contra todos. Como sucedió creándose un caos con un enorme vacío de poder. Mao sacó el Ejército a la calle y tras dos años de enfrentamientos, purgas, asesinatos y suicidios, destrucción de patrimonio artístico y cultural, el Partido resurgió de sus cenizas y el XII Pleno del Comité Central colocó a Lin Biao como sucesor. Pero los que sabían...
- ... los Sun Tzú...
- Enviaron a los jóvenes revolucionarios y desclasados en masa al campo para gustar su propia medicina: Aprender de los campesinos, como ellos habían hecho con intelectuales y científicos, rectores y académicos que comprendieron que la salvación estaba en recuperar lo mejor de la identidad perdida, la vuelta a las raíces para volar de nuevo, cuando pasase aquella peste de la supuesta Revolución Cultural se había revelado contradictoria, insegura y demencial. El talón de Aquiles se había revelado a pesar de la mano de hierro del Partido regido por ancianos pero algunos de la talla de Deng Xiaoping y de Chu Enlai, artífice de la política exterior china. Como en el choque de trenes no mueren las pulgas, él supo sobrevivir debido a su perfil voluntariamente oscuro. Comenzó con el distanciamiento de la URSS y con la aproximación a EEUU, inimaginable una década antes. Todo esto cristalizó en el viaje de Kissinger a Pekín, en 1971, y con la entrada de China en la ONU, desplazando del Consejo de Seguridad a la China  nacionalista refugiada en Taiwán.
- Así cayó Lin Biao y emergieron Deng Xiaoping y Chu Enlai, - apuntó Sergei para animarlo a que continuase.
- Lin Biao murió de forma misteriosa al caer sobre las estepas heladas de Mongolia el avión que lo llevaba huido a Rusia. Así, Mao, con 78 años se encontraba de nuevo sin sucesor reconocido. Se reabrieron las universidades, se rehabilitaron profesores e intelectuales y, bajo la apariencia de continuidad con el radicalismo anterior, que tanto confundió a Occidente, se introdujeron reformas inteligentes más en consonancia con las nuevas estrategias económicas que en los fanatismos políticos. La lucha de los moderados capitaneados por Chu Enlai y por Deng Xiaoping contra la Banda de los Cuatro, liderada por la esposa de Mao, Jiang Qing, fue atroz desencadenando una insólita campaña contra Confucio.
- ¿Pero no estaba proscrito? ¿No se habían lanzado a la calle con el grito “¡Abajo la barraca de Confucio!”?
- Ellos sabían lo que hacían pues, bajo el pragmatismo y la ortodoxia marxista-leninista, que representaban Chu Enlai y Deng Xiaoping, se estaba ventilando una nueva actitud ante el progreso económico y social, así como la recuperación del papel hegemónico de la China del Imperio del Centro que nadie, dentro y fuera, supo detectar.
- De ahí el triunfo irrefrenable de la economía y del crecimiento desde la década de los setenta.
- Chu Enlai, gravemente enfermo de cáncer, al igual que Mao Zedong, proclamó las Cuatro Modernizaciones para reformar la agricultura, la industria, la defensa y la ciencia y la tecnología. Pero Occidente permanecía ciego y obnubilado por la enorme carga demográfica y la aparente uniformidad de los cuadros vestidos todos con trajes azules. Los nuevos dirigentes pusieron lo eficaz y lo económico por delante de lo político. Conservaron las estructuras pero inyectaron en el sistema unos virus que se apoderaron de todo el andamiaje. El beneficio económico y la más que contrarrevolucionaria frase de Deng Xiaoping: Enriquecerse no sólo es lícito sino revolucionario.
- Y ahí cayeron todos, como moscas en la miel, comenzando por los militares, los políticos y los funcionarios, - dijo Sergei, contento de su metáfora.
- Sí, fue como cuando, para conquistar una fortaleza, el general proclama el derecho de saqueo durante tantos días. Es de una eficacia insuperable, pues ya no compiten contra el enemigo sino contra sus propios compañeros en la codicia y la avaricia por tener más. En enero de 1976 moría Chu Enlai, y Deng Xiaoping fue destituido, pero no destrozado, como habría de verse poco después. Lo responsabilizaron de los sangrientos sucesos de abril en la plaza de Tiananmen. El 9 de septiembre de ese año, 1976 moría Mao, como te dije. Le sucedió Hua Guofeng que, adelantándose a sus oponentes radicales que preparaban un golpe de Estado, ordenó la detención de la viuda de Mao y de los otros cabecillas de la Banda de los Cuatro. Así acabó la tristemente célebre Revolución Cultural dejando a salvo la necesaria memoria carismática del líder máximo, Mao Zedong.
- Y los políticos, estrategas e intelectuales de Occidente sin enterarse de lo que estaba ocurriendo mientras anunciaban un derrumbe y el caos en China.
- O se apresuraban a invertir como locos en los nuevos mercados que, paradójicamente, se les abrían en China. Deng Xiaoping volvió al poder y aplicó los principios de apertura y de reforma mientras desmontaba sutilmente el poder del maoísmo. Deng fue el último Emperador de China, reservando para Mao el de penúltimo Emperador de la dinastía roja, cauterizante, catártica pero revitalizadora que preparó la aurora para el auténtico Imperio del Centro que emerge de nuevo.
- ¿Dónde queda la imagen del caudillo revolucionario de la Larga Marcha y poeta que fascinó a estudiantes y a campesinos, así como a los jóvenes europeos de los sesenta y de lo setenta?
- Bueno, no todo fue candor e ingenuidad en el izquierdismo maoísta del 68. Sobre todo fue ignorancia de la historia y de la manera de ser del pueblo chino. La mayoría de los jóvenes europeos y de las dos Américas que idealizaron a Mao no habían conocido en sus vida más que a cocineros y camareros grises y opacos en los  restaurantes de sus barrios. ¿Qué sabían del enorme potencial científico, cultural y artístico del Imperio del Centro, de la China real y eterna?
- Noble Señor, se te ha encendido la mirada, quizás no haya estado de más la estancia en las chozas  y en este apeadero camino de Shangai, - musitó Sergei mientras recogía el servicio del té -. ¡Me gustaría tanto que me siguieras contando tú la historia de China!

José Carlos Gª Fajardo, por la trascripción
06/09/2006 11:05 Autor: nesemu. ;?> Hay 2 comentarios.

Retazos de Ting Chang 015: Cosas del Imperio del centro

Una noche de especial calor, el Noble Ting Chang y Sergei estaban tumbados boca arriba, junto al embarcadero de la laguna, contemplando las estrellas.
- Cuando uno mira esto se pregunta qué sentido tienen las guerras, las injusticias y el ansia de poder, - dijo casi en un susurro Sergei. 
- Por eso, en China, preferimos hablar del Cielo, más que de los supuestos dioses inventados por los hombres para soportar el absurdo de una vida sin sentido, -respondió en el mismo tono Ting Chang -. Se empeñan en que la vida tiene que tener un sentido trascendente cuando el único y verdadero sentido de vivir es hacerlo de acuerdo con la naturaleza.
- Lo malo es cuando se culpa al Cielo como si se tratase de un Destino implacable y cruel. Eso aligera muchas responsabilidades y mantiene a la gente atemorizada.
- Al parecer, esa es la clave del poder para muchas personas: la sumisión por el miedo a lo desconocido.
- Pero no es eso lo que enseñan los maestros de las más nobles tradiciones, como nos repetía el nuestro sirviéndose de cuentos y de paradojas, - continuó Sergei.
- Yo mismo quise sustraerme a las responsabilidades de mi condición a la que debía cuanto soy. Creí que huyendo todo sería más fácil, - dijo confidencial Ting Chang.
- Pero el Maestro te abrió los ojos y, con la ayuda de Tenno y del Barrendero de esmeraldas, te ayudaron a que vieras por ti mismo que no es lo que hacemos sino cómo lo hacemos lo que conduce a la felicidad que brota de la armonía y del equilibrio de todo lo que existe.
- Por eso da igual barrer un claustro que arreglar alcorques, o practicar la medicina como evasión y tapa conciencias,  - dijo no sin intención Ting Chang.
- ¡Que me lo digan a mí! – repuso rápido Sergei.
- Mira lo que está sucediendo en el mundo actual, con su loca carrera hacia la destrucción y hacia el caos. Los países de Occidente, que se dicen más desarrollados,  están reproduciendo los esquemas de todos los imperios que han existido en la historia de la humanidad. Esto a pesar de las advertencias de los estudiosos y de los sabios.
- Parece que siempre ha sido así, por lo que decía nuestro Maestro, - apuntó Sergei.
- No hay peor ceguera que la del que se arranca los ojos, -dijo con tristeza Ting Chang -. Hasta hace unos años, en Occidente se sostenía que Rusia y China estaban condenadas a la desaparición, confundiendo un régimen político con un país y con su auténtica historia.
- A los gobernantes parece cegarles la codicia, decía el Maestro, que es lo que conduce a la soberbia y a la ira. Es como si no pudieran considerar el mundo y sus pueblos como una anécdota en un universo en expansión, ilimitado e inimaginable ante el que lo más prudente es adaptarse a sus ritmos sin pretender echar los bueyes por delante del carro, - añadió Sergei.
- ¿Te acuerdas de la historia del boyero, del carro y de los bueyes que nos contó el Maestro Tenno? -, preguntó con inocencia Ting Chang, sentándose en el embarcadero y cubriéndose con una tela que había llevado previsor Sergei.
- ¡Háblame de China, Noble señor! Al fin y al cabo, aunque mongol de nación, soy chino de adopción, mientras me descubro ciudadano del mundo, - pidió Sergei, sentándose a su vez.
- Nosotros nos vanagloriamos de tener más de 5.000 años de historia, algo mitificados, sí, pero que son una realidad incontestable y que no es prudente ignorar cuando EEUU, por ejemplo, no supera los 300 años de desarrollo. Y fíjate, Sergei, la China actual no hace más que recuperar la posición de centralidad económica que tenía a comienzos del siglo XIX cuando era  la primera potencia mundial manufacturera. Lo admirable y que se empeñan en ignorar en Occidente, era que ocupaba esa posición desde hacía más de nueve siglos. O sea, cuando ni estaba descubierta América, ni había comenzado la conquista de África, ni habían comenzado las bárbaras Cruzadas contra “los infieles”. Fíjate que, en 1776, Adam Smith, el padre del Liberalismo y autor de La riqueza de las naciones, había escrito que China era un país más rico que todos los de Europa juntos. Si tenemos en cuenta que, antes de 1880, las relaciones comerciales entre los chinos, japoneses, javaneses y siameses, eran superiores a todas las intra europeas podrían darse cuenta los estrategas modernas del error de considerar al Maoísmo como la tumba de la historia de China.
- He escuchado decir a nuestro Maestro que el comunismo en China no es más que un gran sarpullido, como una catarsis que no alcanzará la duración de cualquiera de las grandes dinastías, - apuntó Sergei que sacó de no se sabe donde un termo con el té especiado que tanto les gustaba.
- En la Europa cristiana no van más allá de los 2.500 años de historia, asumiendo todo el pasado del Mediterráneo, de Egipto y aún de Oriente Medio, lo cual es mucho decir. India, decía el Maestro, es más compleja y no se puede simplificar con los criterios occidentales que se empeñan en razonarlo todo, medirlo y pesarlo, con unos esquemas y modelos que ahogan el espíritu y sofocan la fuerza de la intuición, que es fuente de vida. Pero no tiene una historia con un Imperio del Centro y una cierta continuidad, - dijo evocando el pasado Ting Chang, más en filósofo que en médico.
- También he traído galletas de jengibre, - dijo la Liebre como disculpándose de su voracidad aún en aquellos momentos. Pero, como él decía, “es que estoy creciendo”.
- Leía hace unos días un poema de T.S. Eliot que me había enviado mi hermano desde EEUU: “No pueden los humanos soportar demasiada realidad”. Y es que guste o no guste, lo admitan o no, en términos tecnológicos China estaba en una posición dominante antes y después del famoso Renacimiento europeo. Fueron la Revolución Industrial y la expansión colonial del siglo XIX lo que desplazó a Asia del concierto económico mundial, empobreciéndola, ruralizándola y desindustrializándola, (como escribe Ollé), por medio de la imposición de las reglas del comercio libre que obligaba a los países colonizados a abrir sus fronteras a los productos occidentales sin contrapartida alguna.
- A eso llama un japonés reencastado “el fin de la historia”, porque ya algunos han alcanzado un determinado nivel de desarrollo económico, aunque haya sido a costa de la explotación de miles de millones de seres “incivilizados”.
- Así es, - dijo pensativo Ting Chang mientras se alzaba y comenzaba a caminar en dirección a la Pagoda de las glicinias, seguido por la Liebre de las estepas que no quería perder ripio de aquella oportunidad formidable, aunque fuera a costa de saltarse el método paradójico de los cuentos. Valía la pena, de cara al inmediato futuro de los dos, y de tantos otros -. Es suicida que los occidentales ignoren las pautas culturales, históricas y las características específicas de vivir, pensar y organizarse de un pueblo que sin duda han influido en este espectacular desarrollo de las dos últimas décadas. Fíjate que, en este período, más de cuatrocientos millones de chinos han visto transformada su situación. Desde 1978, más de 25 años, ha habido un crecimiento sostenido superior al 9% anual. A ver si hasta el tan denostado, y con razón, régimen maoísta va a resultar que no es sino otro avatar de la antigua China imperial y burocrática.
- Un día contaste en las chozas, que el actual presidente de China dijo algo así como que China sabrá encontrar en sus tradiciones culturales un nuevo basamento filosófico apoyado en la sabiduría del Taoísmo y en las formas de gobierno inspiradas en Confucio, que, al parecer, pueden servir tanto para un roto como para un descosido, según quien las aplique, - dijo Sergei.
- El sistema comunista ha sido un enorme fracaso y no ha cumplido ninguno de sus postulados -, corroboró Ting  Chang -, pero ha podido servir para olvidar las anquilosadas estructuras de la última dinastía y de la casi desaprovechada revolución que la derrocó. Dicen algunos que las viejas supersticiones, costumbres y creencias vuelven a aparecer por todas partes y sería bueno identificarlas para aplicarles los necesarios correctivos para que su lado destructivo no vuelva a repetirse. Pero ahí están el impacto de Internet y de las nuevas tecnologías, la expansión financiera y económica para asegurarse el suministro de energía y de materias primas.
- Mientras los mercaderes occidentales sólo buscan los beneficios inmediatos, como aquella manera de cazar monos que nos contó el Barrendero: Les ponían cacahuetes debajo del árbol y los iban conduciendo hasta una jaula que tenía dentro un buen puñado pero que tenía una entrada tan estrecha que sólo cabía la mano estirada del mono, la metía, la llenaba de cacahuetes y luego era incapaz de soltarlos para sacar la mano y recuperar su libertad, - contó con gracia Sergei.
- Mira por donde hemos alcanzado el amanecer sin que nos faltara una buena historia-, dijo sonriendo el Noble Ting Chang que saludaba con una leve inclinación de cabeza a los dos Sun Tzen, el de Shangai y el de Nueva York, que iban a reunirse con otros homólogos en este día que habían acordado para que el Noble Señor descansase.

José Carlos Gª Fajardo, por la trascripción

 

03/09/2006 11:30 Autor: nesemu. ;?> Hay 1 comentario.

Retazos de Ting Chang 016: Taichí chuán de los cerezos

Cuando se despertaron, sustituyeron la sentada del amanecer por una buena sesión de Taichí chuán en una amplia explanada cubierta de hierba, al otro lado de la laguna. Antes de dormirse, Sergei, mirando al planeta Venus que resplandecía en el firmamento, preguntó al Noble Ting Chang:
“- ¿Crees que un hombre puede cambiar su destino?
-  “Creo que un hombre hace lo que puede hasta que su destino le sea revelado”, respondió un noble samurai antes de entrar en la última batalla de su vida aquí en la tierra, porque él, antes de cerrar sus ojos para siempre, acertó a ver los cerezos en flor que parecieron muertos durante el invierno. Esas flores estaban formadas por todo lo que se había convertido en materia, también por las flores que nos habían deleitado durante la primavera pasada, no eran las mismas ni idénticas pero contenían todo lo anterior transformado. Nada muere para siempre, Sergei, nada. Los mensajeros de ese supuesto “destino” son los acontecimientos diarios, lo que le sucede al hombre, y a los demás hombres que viven en una sociedad concreta. No existe un Destino con mayúsculas pues sería identificable con la idea que nos hemos hecho de un supuesto dios creador que, por el hecho de fijarnos un destino, nos haría irresponsables. Y el hombre tiene que ser responsable, al menos, ante sí mismo”.
Sergei no añadió nada y se dirigió a su recámara, adyacente a la de su señor, dejando que esas palabras se expandieran en su mente durante el sueño, del mismo modo que lo habían hecho en su corazón.
No estaban solos sobre la amplia explanada.  Sergei no sabía quién los había convocado ya que ellos se habían acostado casi al alba, después de la reparadora noche bajo las estrellas. Vestidos con amplias túnicas del color de los cerezos, hombres jóvenes y maduros practicaban chikum, mediante la adecuada respiración, antes de iniciar las series de 84 pasos que conformaron una marea de olas armoniosas movidas por un viento interior. Ting Chang y Sergei se colocaron en un espacio que se abrió en el centro, porque ni delante ni detrás evitarían estar en primera fila en alguna de las evoluciones, y,  ellos se sabían aprendices. Ting Chang también a pesar de las prácticas que había realizado al otro lado del río con los tres maestros. Sergei las había imaginado desde su lugar en la baranda de las chozas y ahora llegaba el momento de dejarse llevar sin poner nada por su parte, sin pretender aprender nada, tan sólo suspendiendo cualquier resistencia.
También se suspendió el tiempo pues, como en el cosmos, éste no existe al no haber ningún punto inmóvil que sirviese de referente. El océano tampoco tiene referentes pues hasta las orillas, los cabos y las islas las conforma él con sus mareas. Cuando las aguas se mueven no lo hacen a impulso de los vientos, que sólo actúan en la superficie, sino formando parte de la danza cósmica en la que participan la Luna, las estrellas y las galaxias. Por eso, en la experiencia de los sidhis más venerables que conformaron los Upanishads, el universo danza.
A Sergei le encantó la túnica roja que Ting Chang le tendió cuando se levantaron. No dijo ni preguntó nada. Su señor vestían una igual y él sabía que tenía que endosarla libre de cualquier otra ropa. Habían caminado en silencio por la vereda de los Olmos y, pasadas las pagodas, se sintieron invadidos por una paz reconocible por la experiencia de las sentadas pero que ahora la sentían como brotando de su interior más profundo, como respuesta a una llamada que provenía de ese mar de túnicas rojas en aparente quietud pero que no eran sino un hervidero de acción y de energía. Cuando terminaron las series, todos a una se inclinaron ante el sol que ya reinaba en el horizonte. Con un paso hacia atrás, la marea humana dejó al frente a un venerable anciano que se volvió con el rostro sereno y lleno de paz. Todos se inclinaron en un saludo que comprendía a todo cuanto existía, arriba y abajo, dentro y fuera, entorno y en el centro de cada uno.  Eran conscientes de que por cada uno de ellos pasaba el eje del universo.
Cuando llegaron a la casa, se desayunaron todavía en silencio y, al levantarse para disfrutar del día de asueto que tenían ante ellos, el Noble Ting Chang dijo a Sergei:
- “¿Sabías lo que en Occidente ponen en boca de Séneca referido al aprendizaje?
- ¿Cómo voy a saberlo, Noble Señor, si tú no me lo cuentas? Soy todo oídos.
- Lo aprendí en latín, y ahí va, Liebre de las estepas, Homines dum docent, discunt, los hombres, mientras enseñan, también aprenden. Desde la infancia, a mis hermanos y a mí nos enseñaron buenos maestros y profesores. Pocas cosas existen en China tan valoradas como la buena educación, pues hasta el culto a los antepasados, el respeto a la familia y a las instituciones que mantienen la armonía, se transmiten mediante la educación y el ejemplo. La innovación fue que nuestras hermanas también participaron en esa formación, y eso le costó comprenderlo a nuestras abuelas, pero nadie cuestionó la decisión de nuestro padre, dada la situación revolucionaria que vivíamos en China. Una vez más, se trataba de aplicar la sabiduría del Taoísmo no oponiéndonos a la riada sino adaptándonos a ella, como hace el agua. ¿Recuerdas lo que nos contó el Maestro Tenno evocando un maravilloso pasaje de Lao Tzú?
- Sí que lo recuerdo, Noble señor, ¿cómo íbamos a olvidarlo, sobre todo allí en las chozas en donde vivíamos en la ribera de un río que nos servía de referente bajo el cielo? -, respondió Sergei. Lo memoricé y lo conservo como un tesoro.
- ¡Cántalo, Sergei, con la tonalidad que nos enseñó el Barrendero!, musitó Ting Chang que por unos momentos había dejado un lado su proyecto de ilustrar a Sergei en la historia del Imperio del Centro, como complemento de lo que le enseñaran los profesores que le asignó.

“La suprema bondad es como el agua.
El agua todo lo favorece y a nada combate.
Se mantiene en los lugares
que más desprecia el hombre
y así, está muy cerca del Tao.
Por esto, la suprema bondad es tal que,
su lugar es adecuado.
Su corazón es profundo.
Su espíritu es generoso.
Su palabra es veraz.
Su gobierno es justo.
Su trabajo es perfecto.
Su acción es oportuna.
Y no combatiendo con nadie,
nada se le reprocha.
- Bien, Sergei, ya tenemos alimento para el camino.
- ¿Adónde vamos, Noble señor?
- ¿De dónde venimos, Liebre?
- Yo de las estepas de Mongolia, - repuso mientras terminaba de preparar una mochila en la que llevaba un termo con té y unas fiambreras.

 

José Carlos Gª Fajardo por la trascripción

03/09/2006 11:25 Autor: nesemu. ;?> No hay comentarios. Comentar.

Retazos de Ting Chang 014: Carnicero aventajado

Bastante antes del amanecer, Sergei se sentaba unos pasos detrás del Noble Ting Chang para acompañarle en la meditación. De alguna manera, Sergei sentía que el Venerable Sun Tzen, ¡el chofer que había ido a buscarlos al monasterio! también estaba sentado en algún lugar cercano. Nunca hablaban hasta después del desayuno, cuando Sun Tzen se asomaba por uno de los lados de la terraza y hacía una leve inclinación de cabeza a la que respondía Ting Chang alzándose y permaneciendo unos segundos de pie en un silencio que todos respetaban. Entonces, guiñaba un ojo a Sergei y se dirigía a su tarea de recibir a personajes responsables de las diferentes áreas del imperio económico y financiero de su padre. A veces, hablaba por teléfono con su hermano que seguía todo el proceso desde Nueva York. Ambos sabían que su padre estaba al corriente de todo, pues él también tenía otro Sun Tzen a su lado. Estos Sun Tzen, así como se refería a ellos el Noble Ting Chang para no volver loco a Sergei, se habían formado al lado del padre durante los duros años del maoísmo más desatinado y enloquecido pero que el padre supo interpretar como la necesaria catarsis de un sistema que iba mucho más allá y era más profundo que la desquiciada Revolución cultural. Esta no había sido ninguna de las dos cosas pero había servido para que se consumiesen en su propia sentina las excrecencias de un período de transición desde el anquilosamiento de la última dinastía a los albores de la nueva, que todavía no tenía cabezas visibles. Pero sí hombres sabios que actuaban entre bastidores desprovistos de la más mínima ambición o codicia.
Hacia medio día, Ting Chang aparecía por algún lugar del jardín o de las pagodas que flanqueaban la laguna y allí estaba Sergei listo con una sonrisa y con alguna invención para que el Noble señor se relajase antes de comer algo.
- ¿Has aprovechado el tiempo, Sergei?
- Progreso en el manejo de la informática, en el aprendizaje de los recursos de vuestra lengua y en el respeto de los ritos y de las normas establecidas.
- ¿Son duros los formadores que te ha puesto Sun Tzen?
- ¡En absoluto, Noble señor! Actúan como si yo ya tuviera dentro lo que ellos me van a enseñar y hacen del estudio un juego. Da la sensación de que no tienen un programa establecido y que aprovechan todo cuanto sucede a lo largo del día.
- Eso es lo que tú te crees. Saben muy bien lo que has de aprender y fueron elegidos porque poseen el arte de compartir los saberes sintonizando con el educando. Caminan a su lado y le van descubriendo la realidad, pero sin alzar el velo más de lo necesario porque las enseñanzas, como los líquidos, se adaptan al contenedor que los ha de recibir.
- Como le sucedió a aquel candidato a discípulo que visitó al Maestro y que no pudo recibir nada porque se derramaba de tanto como llevaba en su buche.
- Hombre, Sergei, dicho así... el cuento no se adapta mucho a ti. Mejor lo que cuentan del maestro sufí Baba Charkhi y de quiénes eran sus auténticos discípulos.
- ¡Cuenta, cuenta, Noble señor, mientras preparo el refresco de jengibre a la manera de nuestras chozas!, - respondió Sergei al que nada le gustaba tanto como una historia bien contada. A él que nunca dispuso de un libro de texto mientras permaneció al lado del Maestro.
- Se cuenta que un día llegó a casa de Baba Charkhi su tío y preguntó a un joven que estaba en el vestíbulo “¿Tú quién eres?” “Soy un seguidor del Maestro”, le respondió. “¡Valiente tontería! ¿Cómo puede mi sobrino tener seguidores si siempre ha sido un zote para los estudios. Si fuera lo que tú dices, yo lo habría sabido”. Después de esto, el tío se quedó varios años viviendo en casa de Baba Charkhi pero sin querer participar en las reuniones que tenía el Maestro. “¡A buenas horas perder el tiempo! Si lo conoceré yo desde que era un chiquillo y no es capaz de enseñar nada a nadie”. Allí vivió hasta su muerte y asentía cuando llegaban comerciantes con los que Baba había mantenido negocios pues, a los ojos de muchos, no era más que una persona corriente. Un día llegó el conocido erudito y teólogo Yunus Abu-Aswad Kamali que contaba a quienes querían escucharlo, entre ellos al anciano tío que asentía con la cabeza mientras degustaba una bien sazonada sopa de ganso: “Durante treinta años traté a Charkhi y jamás habló conmigo de temas espirituales, lo que no es propio de un sabio. Nunca me explicó sus teorías ni trató de hacerme discípulo suyo. Me enteré de su pretendida condición de sufí a través de su carnicero”.
- ¡Toma ya! ¡Menudo palo!, - exclamó alborozado Sergei.
- OH, Liebre de las estepas mongolas, - dijo con fingida seriedad el Noble Ting Chang complacido de que hubiera cogido la enseñanza de forma tan intuitiva-,  aún le queda tarea a tus formadores, en el terreno de las formas, quiero decir. Pero ¡venga ya ese jengibre que se te deshace en las manos!

José Carlos Gª Fajardo, por la trascripción

29/08/2006 13:50 Autor: nesemu. ;?> Hay 1 comentario.

Retazos de Sergei 013: Lo que se olvida no se pierde

Las visitas se sucedían a lo largo de los días. Venían de uno en uno y con todos se guardaba el mismo protocolo para distinguirlos, procurando que no se encontraran.
- Noble Señor, le dijo Sergei mientras caminaban un rato después de la siesta, ¿No te cansa recibir a tantas personas distintas? ¿Te gusta?
- Sergei, son cosas distintas. Está claro que al final de la jornada me siento cansado, pero no puedo estar cansado de recibirlos pues nadie llega sin que en mi nombre lo hayan llamado. Por eso, hacemos estas caminatas por el jardín o nos relajamos en las terrazas o en el agua sin, que nadie nos moleste.
- Eso me ha impresionado desde que hemos llegado, todo funciona como un reloj, da la sensación de que estamos solos.
- Hasta los relojes necesitan que les den cuerda, y esta armonía que ves es producto de la experiencia de muchas generaciones, porque lo que se olvida no se pierde, Sergei.
- Yo me olvido de muchas cosas, Noble Señor, y me da pena no recordar una por una todas las palabras de nuestro Maestro.
- ¿Recuerdas lo que te dijo cuando le planteabas este problema?
- Todos se echaron a reír, pues estaba sirviendo el té a los tres Maestros. Entonces, ¿cómo hacer? Venerable Señor.
- No me llames Venerable, pues no lo soy. Sólo soy un hombre que camina, como tú. Ese tratamiento está reservado para los auténticos Maestros, y también para los ancianos pues, como sabes, Liebre de Mongolia, en China y en las más evolucionadas tradiciones culturales, se venera a los ancianos.
- He comprobado durante estos años que, en China, decirle a un anciano que lo encuentras muy joven es casi una ofensa.
- Es una descortesía. Ellos se dan cuenta de la ignorancia de los extranjeros y no lo toman como ofensa pues, para ofender, hay que tener intención de hacerlo.
- Pero, siguiendo con lo que íbamos hablando, ¿te gusta lo que estamos haciendo, tan distinto de nuestras etapas anteriores?
- Tú mismo te has respondido, Liebre venturosa: “Estamos haciendo” ¿A ti te gusta?
- Yo, Señor Amable, con tal de estar contigo o con el Maestro, ya me siento feliz y contento. No pido nada más.
- Esa es la respuesta, Sergei, amable también, desde niños nos educan a no preguntarnos si nos gusta o no nos gusta lo que tenemos que hacer. No vale la pena. Pero esto tiene que ver con el ámbito de la educación para el buen gobierno de uno mismo y en relación con los demás y con nuestros antepasados. La educación es la capacidad de enfrentarse/ a las situaciones que plantea la vida. Tu respuesta ha dado en la diana: La felicidad consiste en ser uno mismo y conservar el equilibrio y la armonía. Cuando uno se siente feliz no se pregunta si le gusta esto o lo otro que debe hacer, lo hace y ya está.
- Ahora sí que lo entiendo, Noble Ting Chang, pero cómo es eso de que lo que se olvida no se pierde.
- Claro, melón...
- ... así me llamaba el Maestro cuando se sentía contento... - musitó el rapaz con voz casi inaudible pero emocionada.
- Pues eso, atiende: Para olvidar algo antes hay que haberlo aprendido. ¿De acuerdo?
- De acuerdo.
- Puedes no recordarlo en un momento determinado pero está ahí, en tu disco duro, como todos los imputs recibidos. Aún aquellos de los que no tienes conciencia, que son muchísimos más y que tanto influyen en nuestras vidas, aunque no la determinan. Lo que ocurre es que, a lo largo de la vida, nos procuramos diversos soft wares o instrumentos para descodificar y servirnos de los diversos contenidos de nuestra conciencia.
- ¿Todos están en la memoria?
- En la memoria está lo que puedes recordar cuando lo precisas. Pero existe otro nivel que se activa sin esfuerzo de la voluntad y que tiene que ver con la maduración personal, con el crecimiento espiritual en el sentido de ir despojándonos más y más de ataduras y de servidumbres, de prejuicios y de tabúes, de dogmas y de fantasías que recargan la memoria.
- ¿Es el camino de la meditación, de la respiración y del desapego?
- No sólo, sino también, junto con la práctica de las virtudes y el progresivo control de nuestras pasiones e instintos. No digo eliminarlos porque eso es imposible y llevaría a la locura. Un hombre sin instintos estaría muerto, y sin pasiones ya no sería persona sino una masa inerte. Los animales no pueden tener pasiones, como tampoco tienen síntomas en sus enfermedades.
- Eso ya nos lo explicó el Maestro. Sólo tienen síntomas quienes pueden contarlos.
- El problema, escribió Lin-chi, Maestro Zen del siglo IX, es que no creemos bastante en nosotros mismos. “No existe Buda, ni camino ni aprendizaje ni realización”...que no estén ya en nosotros.
- Se trata de caer en la cuenta, decía el Maestro pero, Noble señor, me parece que todavía tenemos el tiempo suficiente para darnos un baño.
- ¡Vaya! Ya has sido capaz de percibir el paso de Sun Tzé, entre los árboles. Sigue así, rapaz, sigue así, y no te alejes.
- ¡Que antes se me pegue la lengua al paladar!, pero ¿a ver quién llega antes a la pagoda de las glicinias?
- ¿Y por qué no procuramos ir a la mayor velocidad posible pero sin adelantarnos uno al otro?
- ... y sin perder el estilo y la armonía. ¡Tocado!

José Carlos Gª Fajardo, por la trascripción

27/08/2006 11:32 Autor: nesemu. ;?> Hay 1 comentario.

Retazos de Ting Chang 012: El Sabio de Harat

Sergei contemplaba en silencio, pero sin perder ripio, la continua llegada de visitas que venían de Shangai y de otras importantes ciudades. Bajaban discretas de sus imponentes coches y eran recibidas al pie de la escalera por  Sun Tzen, el supuesto chofer que los había traído desde el monasterio. Aquí vestían una sobria túnica de seda azul oscuro que llegaba al suelo. Su aspecto era imponente realzado por el pelo blanco y por su mirada penetrante y pacificadora, a la vez. No estaba junto a la puerta de los coches, sino que los esperaba en el rellano, inclinaban la cabeza y, después, extendían sus manos al modo occidental. El protocolo mostraba la realidad con evidencia al ver la imperceptible pero marcada diferencia entre las diferentes inclinaciones.
Una vez llegados arriba, los acogía el Consejero Principal de Ting Chang, un noble y sagaz ingeniero industrial y economista formado en EEUU bajo la tutela del padre de Ting Chang. Así había hecho durante las décadas más duras del imperio maoísta: los agentes de la estirpe Chang fueron reclutando y becando en todo el mundo a las mejores cabezas de jóvenes chinos, con alguna vinculación familiar a quienes durante milenios garantizaron el relevo en las estructuras tradicionales del Imperio del Centro.
Mientras todo el mundo hablaba de las mafias chinas, de las XX y otras redes existentes, nadie prestaba atención al entramado vital y firme que se iba extendiendo por las universidades y los más prestigiosos centros de investigación del mundo occidental y de la misma URSS, pues hacia allí habían desviado a no pocos estudiantes durante las fases más oscuras del naciente comunismo de oriente. Allí permanecía bastante desorientados, fue una labor sagaz la  de alentarlos, sostenerlos y animarlos para cuando llegase el momento de aportar toda su experiencia a la reconstrucción de los nuevos pilares del Imperio. Paciencia nunca les faltó, pero también sostén y ayuda a sus más sabios familiares que trataban de sobrevivir bajo la marea roja. También de Japón y de Corea del Sur, pero con mayor discreción que en EEUU, Canadá, Europa, Australia o lugares estratégicos del Sudeste asiático.
El Noble Ting Chang iba contándole estas cosas, de acuerdo con su limitado entendimiento pues no era chino de origen. Por eso ante algunas preguntas, repetía con sosiego el gesto que hacen los sufíes cuando consideran que una pregunta puede no tener respuesta en el estado de quien la formula. Respuesta existe pero no la capacidad y simplicidad necesarias para poder asumirla, o “llevarla”.
Sergei se daba cuenta de que el Noble Ting Chang aprovechaba los momentos de descanso en el baño o durante el paseo, paladeando el rico té especiado que le preparaba como nadie y que, en cierta manera, eran transformados por la presencia simbólica del sencillo servicio de té que les diera el Maestro. Un día dijo Sergei, a veces me parece que debería servir tres tazas... “A mí, también – respondió Ting Chang -, pero no es necesario porque esa es la función de los llamados talismanes. La gente cree que son piezas, piedras preciosas, objetos que poseen virtudes ocultas. No hay tal. Las cosas son las cosas. Pero hay algunas que hemos compartido con seres queridos en momentos inolvidables y que forman parte de un entorno sensorial que contribuyen a evocar la situación por sus formas, colores, tacto, sabor, peso y volumen. Están ahí sobre una sencilla mesa y parecen llenarlo todo. Por eso, según nuestros estados de ánimo, también preferimos unas flores a otras, ciertas músicas, perfumes, ropas y andar calzados o descalzos. Son ayudas para liberarnos y serenarnos, para reconducirnos al hogar del sosiego en el que se vive la felicidad, sin más nada”.
- Noble Señor, - dijo Sergei sentado con las piernas cruzadas en el suelo y jugando con sus dedos en el humo que subía desde el pebetero -, ¿consiste todo en el estudio y en el conocimiento, en el poder de los medios y en la fuerza, dentro de un plan superior y estrategias que nos gobiernan?
- Al de eso existe, Sergei, pero no puede explicarlo todo. Es cierto que existen poderosas estructuras financieras, ideológicas, de comunicación y de presión que influyen en las vidas de los ciudadanos aunque estos las desconozcan y sin que puedan liberarse de ellas. Eso forma parte del sistema. En todas las civilizaciones y religiones de la historia ha sido así: construir unas concepciones de la vida y del mundo en los que lo más prudente es seguirlos. Y lo más seguro. Y ya están logrando hacer creer a las gentes que el objeto fundamental del Estado es la seguridad. Imagínate que barbaridad si esa seguridad o paz no son fruto de la justicia, pretenderán que cualquier medio podrá justificar el fin de la seguridad.
- Pero tampoco podría la gente sobrevivir al margen del sistema, porque al que no está de acuerdo y sometido, lo marginan o lo excluyen.
- Estamos llegando a imponer un sólo sistema que brote de un pensamiento único que se expresa de una u otra forma pero que pretende lo mismo: dominar a las gentes y convertirlas en súbditos.
- ¿Pero no decía el Maestro que en muchos lugares ya se había alcanzado la ciudadanía y que se vivía en de un Estado de Derecho, y no fuerza?
- Ese es el dilema, la codicia de algunos pretende reducir a los seres humanos a meros recursos, así les llaman ya en Economía, considerables sólo según la utilidad que puedan sacarle.
- Pero eso, si lo llevamos al absurdo, nos convertiría en hormigas de un hormiguero, sin libertad y capacidad de decisión, y de equivocarse pero para poder ser uno mismo y no una pieza más de la grúa.
- Pero esto no pueden entenderlo todos. Esto me recuerda una historia que escuché de labios de nuestro Maestro pero, ya sabes lo que sucede con las historias, que son como las abejas que cuando van de flor en flor se les va pegando el polen. A los cuentos y narraciones les pasa lo mismo, se les van pegando experiencias y muchas palabras de quien las cuenta.
- Por eso son tan ricas y sabrosas, cuenta Noble señor, 
- Es la historia del Sabio de Herat. Sucedió en tiempos del Emperador Mahmud el Conquistador de Ghazna. Había un poderoso cortesano, Iskandar Khan, que tenía un hijo muy inteligente y bien dotado físicamente para quién deseaba obtener el favor del Emperador admitiéndolo entre sus consejeros privados. Con ese fin lo envió a estudiar con los más grandes sabios de la época. Cuando Haidar Ali dominó las artes de las escuelas sufíes, los relatos, las recitaciones, ejercicios y las posturas corporales, fue conducido por su padre a presencia del emperador. Después de exponer los méritos del joven y sus avances en los caminos del espíritu, pidió para el joven un puesto digno en la Corte “por ser Vuestra Majestad el modelo de toda enseñanza”.
- ¡Se pasó varios pueblos!
- El Emperador ni levantó la mirada mientras le dijo “Tráelo dentro de un año”. Algo decepcionado, Iskandar envió a su hijo Ali a estudiar la obra de los grandes sufíes del pasado en Bagdad, Bujara y Samarcanda en donde pasó otros doce meses aplicándose en el estudio. Pero todo fue igual durante la entrevista con el Emperador que le volvió a decir que volviese otro año. Fue entonces cuando Haidar Ali peregrinó a La Meca, viajó a India y a Persia estudiando y practicando con los mejores maestros.
- ¡Qué fortunón se habrá gastado el padre, y el hijo sin rechista!, dijo Sergei.
- Espera, Liebre impaciente, pues cuando llegó esta vez ante el Emperador, éste le dijo “Ahora, escoge un Maestro, si te acepta alguno, y vuelve dentro de un año”. Cuando pasó ese largo año y el padre, Iskandar Khan, se preparaba para llevarlo ante el Emperador, su hijo Haidar Ali, no mostró interés alguno, sino que se sentó a los pies de su maestro en Herat y nada fue capaz de moverlo de allí.
- ¡Esto sí que se pone bueno!, exclamó Sergei.
- Había que escuchar a Iskandar lamentándose por todo el dinero, tiempo y esfuerzos que había malgastado para que su hijo no superase las pruebas del Emperador. Se desmoronó y se volvió a sus otros negocios.
- “Otros negocios”, pues está claro, para Iskandar, su hijo era otra forma de inversión, sigue, Noble Luz del Atardecer, que esto se pone bueno.
- ¿No te preocupa que hoy nos hallamos alargado tanto y que el Venerable Sun Tzen se impaciente?
- OH, no hay cuidado, Mi Señor, él bien sabe que lo urgente cede el paso ante lo importante.
- ¡Estás tú bueno! Pues, llegado el día en que el joven debía presentarse ante el Emperador, que lo aguardaba, dijo Mamad a sus cortesanos: “Vayamos de visita a Harat, pues hay allí una persona a la que quiero ver”. Precedido de las enseñas imperiales, con trompas y atabales, entre el entusiasmo de las gentes que jamás habían visto al Emperador, éste se paró ante la tekkia o escuela sufí, se descalzó, lo mismo que su cortesano de más confianza, Ayaz, y aguardaron sentados en el suelo sobre una sencilla estera hasta que se abrió la puerta y salió el maestro sufí que llevaba de la mano al joven Haidar Ali. “Emperador de todos nosotros, aquí está el joven que no era nada cuando fue un visitante de sabios y de reyes en lejanos países, y que hoy es visitado por reyes. Puedes llevártelo como consejero sufí a tu lado porque ya está preparado, aunque él no lo sabe”.
- ¡Qué bueno! ¡Qué bueno! “aunque él no lo sabe”, ¡Ahora que ya no quería presentarse a más pruebas lo convierten en discernidor de pruebas en el Consejo del Emperador!
- Así se cuenta la historia de Haidar Ali Jan, el Sabio de Harat, del que tantas historias conocemos.

José Carlos Gª Fajardo, por la trascripción 

 

26/08/2006 11:07 Autor: nesemu. ;?> No hay comentarios. Comentar.

Retazos de Ting Chang 011: El bloque de piedra

Cuando Sergei recogió el servicio para el té que el Maestro les había dado, le dijo al Noble médico:
- "Señor, esos idiotas no lo eran tanto ¿verdad?
- Yo no lo creo. Lo que importa es no confundir al auténtico seguidor de la via sufí con los cuentos y estratagemas que ellos inventan para desconcertar a sus oyentes y luego ayudarlos en su despertar.
- Entonces, ¿El Mulá Nasrudín... nunca ha existido?
- Sergei, Liebre siempre alerta, quizás existiera un mulá y otro y otro, cada uno de los cuales tuvo experiencias y anécdotas que los demás fueron incorporando a su repertorio. Hacerse el idiota no es lo mismo que serlo, auqnue la perfecta sabiduría quizás consista en recibir las cosas y actuar con la libertad, ingenuidad y pureza de corazón de esa gente sencilla.
- Sin dar vueltas a las cosas...
- Sin darle vuelta a nada. Cuando comer, comer; cuando beber, beber; cuando descansar, descansar.
- Y cuando divertirse, folgar y emborracharse...
- ¡Para, Sergei, para!... Aunque si lo hicieras con el corazón transparente, no te apegases ni lo programases... ¿qué más da hacer una cosa que otra?
- Entonces, el Bien no existe, ni tampoco el Mal.
- Filósofo estás, Hijo de las estepas, ¿seguro que no estás tramando algo?
- Mi Señor,- dijo postrándose de hinojos con la frente en el suelo y las manos hacia arriba como para recibir al Buda- , mi única preocupación es no despertarme de este sueño que estoy viviendo para no separarme nunca de tu lado.
- Venga, levántate y acerca ese plato con las galletas de jengibre, mientras te cuento otra de las idioteces de los derviches, además esta dicen que le sucedió al Mulá Nasrudín mientras paseaba con su hijo.
- Cuenta, Amigo de los que sufren, cuenta.
- ¡Ay de mi! Ahora me vienen tres historia a la mente.
- Esto también le ocurría a nuestro Maestro.
- Pero él sabía desenredarlas y cada vez nos contaba una.
- Salvo una vez que se dejó ir y me fue ensartando una detrás de otra, mientras el sol se ponía al otro lado del río.
- Eso sería porque pasaba cerca el pájaro de la tristeza.
- Si ha de ser así, no me cuentes más que una, Noble Señor... aunque ya nos preparemos para viajar a Shangai.
- Calla y no desbarres. Escucha. Iba el Mulá paseando con su hijo cuando vieron el huevo que una gallina había puesto cerca del camino. "Padre, preguntó el rapaz, ¿cómo entran los pájaros en el huevo?" "¡Ahora sí que estamos bien!, - respondió el Mulá fingiendo sorpresa-, me he pasado media vida preguntándome cómo salían los pájaros del huevo y ahora vienes tú y me preguntas que cómo salen!"
- ¡Esa sí que es buena!
- La sabiduría sufí pretende que no perdamos el tiempo en lamentarnos por los efectos sino que nos preguntemos por qué nos hemos metido en ese problema. Ellos dicen "Dime de dónde vienes y te diré adónde vas".
- ¿Cual era la otra historia, encadenada?, preguntó la Liebre del Ouad Arrama.
- Un Maestro le dice a sus discípulos "Figuráos que estáis encerrados en un enorme bloque de mármol. ¿Cómo haríais para salir de allí?" Unos, dijeron una cosa, otros, otra a cual más disparatada. Entonces, el humilde jardinero que barría el atrio en donde se encontraban alzó la vista y sonriendo da un paso hacia adelante y dice "Así".
- ¡Claro! porque el bloque de piedra no existía.
- La mayoría de los bloques que nos angustian son mentales, inventados, provienen de nuestra imaginación. Si las ilusiones, en realidad, no existen más que en nuestra mente se da un paso adelante y ya se sale de ellas.
- Como nosotros en el camino de Shangai... Pero, Shangai existe.
- Sí que existe, y existía antes de ponernos nosotros en camino. Lo que nos asustan son las fantasías de un mundo desconocido, bueno, los engranajes de eso que llaman mundo y que yo habia tomado la decisión de abandonar para dedicarme sólo a la práctica de la medicina en un hospital alejado de la gran ciudad para poder atender a los más necesitados.
- Sí, pero nuestro Maestro te hizo comprender que no es encerrándonos en nuestro capullo como se producirá la seda.
- El, ni Tenno ni el Barrendero, me dijeron nada. Tan sólo me ayudaron a pasar al otro lado del río.
- ¿Y que haremos con la balsa, quemarla?
- ¡Nada de eso! La dejaremos en la orilla por si otro puede necesitarla.
- Noble Ting Chang, tú no estás triste, ¿verdad? (Nosotros no estamos tristes, ¿verdad?)

José Carlos Gª Fajardo por la transcripción

21/08/2006 11:02 Autor: nesemu. ;?> Hay 1 comentario.

Retazos de Ting Chang 010: Sabiduría de los idiotas

- Noble Señor, ¿qué lees?
- Un hermoso poema de Ibn El Arabí, uno de los más grandes místicos sufís, junto con Al Gazzali y con Rumi, del que nos solía hablar nuestro Maestro.
- ¿Tiene algo que ver con el Mulá Nasrudin?, preguntó Sergei a quien divertían las ocurrencias de este personaje.
- ¡Claro que sí! Nasrudín es uno de los mejores inventos de los sabios sufis para transmitir su profunda y oculta sabiduría, un poco al margen del dogmatismo de los ulemas.
- Pero, en realidad, ¿qué es el sufismo?, contado así en palabras sencillas para un analfabeto como yo.
- Es una forma mística musulmana nacida quizás como reacción al debilitamiento e instrumentalización de la fé musulmana durante los Omeyas. Una enseñanza sufí muestra que el hecho de adaptarse a una tradición religiosa concreta no es más que el modo de acceder a la profunda religiosidad del ser humano y que trasciende los marcos del rito o del dogma.
- Noble Médico, ¿me lees ese poema de Ibn al Arabí mientras se hace el té?
-  “Mi corazón puede adoptar todas las formas.
Es pasto para las gacelas.
Y monasterio para monjes cristianos
y templo para los ídolos,
y la Kaaba para el peregrino,
y las tablas de la Torá, y el libro del Corán.
Yo sigo la religión del Amor:
Cualquiera que sea el camino que recorran
los camellos, ésa es mi religión y mi fé”.
Sergei, estos autores buscan el Cielo, o a Dios, como ellos le llaman, a través del camino que pasa por su propio corazón en el encuentro con sí mismos que, en su experiencia, les lleva a la  percepción  que conduce al auténtico conocimiento. Porque, para el sufí, las prácticas devotas repetidas sin concierto,pueden ser una desviación tan perjudicial e innecesaria como la adhesión a la erudición vacía. El sufí sabe que la experiencia de la enseñanza sólo se adquiere en contacto con la vida diaria, y bajo el aprendizaje de un Maestro. Por eso, sus enseñanzas, así como las de las grandes tradiciones de la sabiduría, adoptan la forma de cuentos por su eficacia y forma literaria abierta a todas las mentes, con independencia de su educación o saberes académicos. No se trata de incrementar los conocimientos sino de acceder a otra dimensión del conocimiento, a experimentar la existencia de otro nivel de comprensión que surge desde dentro y que nos llena de luz, de paz y de alegría. El sufí es capaz de gozar el mundo real, de vivir inmerso en la actividad cotidiana de forma que, muchas veces, no se distinguen del resto de los ciudadanos. Como les sucedía a los primeros cristianos que no se distinguían de los demás ciudadanos del Imperio. Hablan y comen como nosotros, trabajan y visten como nosotros, tan sólo se distinguen en que se aman unos a otros, según el testimonio de la Didajé.
Escucha bien, Liebre de las estepas de Mongolia, uno de los cuentos más conocidos:
“Bahaudín el-Shah, gran maestro de los derviches, encontró un día a un compañero, derviche errante. Estaba Bahaudín rodeado por sus discípulos expectantes por el debate que se avecinaba .
- “¿De dónde vienes?”, le preguntó al sufí viajero.
- “No tengo ni idea”, dijo el otro riéndose estúpidamente.
- “¿Adónde vas?”, prosiguió el Maestro.
- “No lo sé”, gritó el derviche errante.
- “¿Qué es el Bien?”
- “No lo sé”.
- “¿Qué es el Mal?”
- “No tengo ni idea”.
- “¿Qué es lo correcto?”
- “Pues, todo lo que es bueno para mí”.
- “¿Qué es lo equivocado?”, prosiguió el Maestro.
- “Pues será todo lo que es malo para mí”, respondió con la misma soltura el derviche errante.
Los discípulos y las gentes que se les habían ido acercando prorrumpieron en gritos irritados por la falta de respeto y de sentido de las respuestas del derviche descarado que se marchó alejándose en una dirección que no llevaba a ninguna parte, pero muy lejos.
- “¡Idiotas!, ¡Más que idiotas!”, exclamó el  Maestro Bahaudin. “¿No os habéis dado cuenta de que este santo derviche estaba representando el papel de la humanidad. Mientras vosotros lo despreciabais, él estaba mostrando deliberadamente la falta de atención que todos vosotros mostráis, de manera inconsciente, todos los días de vuestras vidas".

José Carlos Gª Fajardo, por la transcripción.

20/08/2006 21:32 Autor: nesemu. ;?> Hay 1 comentario.

Retazos de Ting Chang 009: El agua del Gran Mar

Una tarde, al regresar de un paseo, le dice Sergei al Noble Ting Chang:
- No sé cómo puedes estar tan tranquilo ante la inmensidad de la tarea que te espera, Noble Señor.
- Sergei, un día yo también pregunté a nuestro Maestro cómo era posible que la inmensidad del Cielo habitase en todos los seres humanos, sobre todo, al considerar las terribles injusticias que llenan la historia. Yo se lo escribí en una carta enviada por un mensajero a lo que él me repuso por el mismo conducto “Dile a tu Señor que, cuando venga a verme me traiga una botella del agua del mar de Shangai.
- ¿Una botella de agua?, se admiró el rapaz.
- Así es. Hice tal como me dijo y, tan pronto como llegué y se la entregué, me miró y me preguntó extrañado: “pero, hombre, ¡si esta no es agua del mar de Shangai!” “Maestro, le respondí azorado, ¡si yo mismo fui a buscarla antes de emprender el viaje! Otra cosa no sabré pero sí que la he cogido yo mismo en la botella”. “¿Ah, sí?, me respondió con algo de ironía el Maestro, ¿y dónde están los peces, las tortugas, las algas y las barcas que surcan el mar, y las mujeres que van a charlar a sus orillas, y los pescadores, y los niños que se bañan y juegan en sus orillas, y los pájaros que bajan a pescar al vuelo, y las nubes y las tormentas... y sobre todo, las puestas de sol? No veo nada de esto en esta botella. Esto no puede ser el agua del Mar de
la China del que hablamos. ¡Vete a arrojarla y devuélvela al caudal de donde la cogiste”
- ¡Qué corte, Noble Ting Chang, qué corte!, dijo medio alborozado Sergei.
- Yo no repliqué nada sino que me incliné ante él, lo saludé con las manos juntas que sostenían la botella y me fui a hacer lo que me había mandado.
- ¡Por eso te marchaste al día siguiente de llegar la primera vez cuando te confundí con un caminante que nos regaló aquellos higos ambarinos!
- ¡Así es, por eso andaban el Abad y los Priores desconcertados pues ellos creían que iba a llegar en un carruaje o en un gran coche! Pero, yo me di cuenta de que el Maestro me estaba sometiendo a una prueba, o que me quería decir que todavía no estaba preparado para estar a su lado.
- El no me dijo nada pero yo sabía que algo estaba pasando sin que yo lo comprendiera, dijo la Libere de las estepas.
- Sutil eres, Liebre, pero el caso es que, cuando regresé después de haber arrojado el agua al mar, el Maestro me recibió con alborozo, una tarde en la que tú habías ido a visitar a no sé qué viuda, ejem,  “¡Al fin, exclamó, ahora tu botella de agua, mezclada con el agua del Mar de la China, contiene peces, niños, pájaros, barcas, tortugas y todo cuanto le faltaba antes!
- ¡Ahora sí que es agua del Gran Mar!”
- ¡Vaya con el Maestro!, así que no fue por lo de la taza de té, vaya, vaya, y yo ¡perdiéndome hasta el oremus!
- Pues eso, Sergei, pues eso, para que andemos ahora preocupados por lo que nos espera en Shangai, o en cualquier otro lugar y situación.


  José Carlos Gª Fajardo, por la trascripción

18/08/2006 07:40 Autor: nesemu. ;?> Hay 1 comentario.

Retazos de Ting Chang 008: Los tesoros del valido

Mientras paseaban por el jardín de la finca cercana a Shangai, "propiedad" de la familia Chang, a pesar de todos los avatares de la revolución maoísta, Sergei preguntó al Noble Ting Chang:
- Señor, sabes que soy un pobre rapaz nacido en las estepas de Mongolia, acogido por la benevolencia del Maestro en las chozas del monasterio, y que siempre he vestido una pobre túnica y calzado sandalias.
- ¿Qué es lo que te preocupa, Liebre que no da puntada sin hilo?
- Pues que,  vestido así,  en tu residencia de Shangai, tus colaboradores me van a mirar como a un pobre diablo.
- Es curioso, Sergei, cuando yo llegué pidiendo amparo en el monasterio para poder estar cerca del Maestro, esa era una de mis preocupaciones. Cómo vestirme, ya que ni era monje para vestir su hábito ni podría desenvolver con comodidad con las ropas occidentalizadas que vestía como médico en la moderna Shangai. El Maestro se rió y me respondió contándome un cuento con de los que tanto gustaba. Se trataba del joven Ayâz que disfrutaba de la confianza del rey. Como tenía libre acceso a sus aposentos y lo acompañaba en sus momentos de ocio y descanso, despertó la envidia y los celos de los dignatarios de la Corte. Unos pretendieron atraérselo colmándolo de regalos, otros alimentando su vanidad hablándole de su carrera futura en la burocracia imperial, mientras que otros buscaron desacreditarlo ante el rey porque veían que, algunas veces al día, el joven Ayâz se encerraba en una cámara en donde pasaba un buen rato. Imaginaron que allí guardaba los regalos que le hacían y lo que por su cuenta robaría al soberano. Informaron al rey que, sin inmmutarse, encabezó la comitiva al frente de los cortesanos para echar abajo la puerta de la cámara y descubrir los tesoros del joven Ayâz, que caminaba algo azorado. Cuando penetraron en la pobre estancia, la encontraron vacía excepto con un par de viejas sandalias y por una túnica limpia pero bastante raída. Conteniendo una emoción muy honda, el rey preguntó a Ayâz qué significaba aquello, a lo que el joven postrado en el suelo respondió: "Señor, cuando me encontraste, yo vestía esa vieja túnica y esas pobres sandalias. Desde entonces, me colmaste con las riquezas de tu favor y con los tesoros de tu confianza. Para tenerlo presente, vengo aquí siempre que puedo y me siento en silencio para no olvidarme de la humildad de mi origen y de lo inmerecido de tus bondades".
- Entendido, Señor, es cierto que el Maestro está entre nosotros.
- No son el vestido ni la apariencia, Sergei, sino la actitud del corazón lo que cuenta.

José Carlos Gª Fajardo, por la transcripción

16/08/2006 05:17 Autor: nesemu. ;?> No hay comentarios. Comentar.

Acerca del Maestro en sus chozas y de Ting Chang y Sergei en la finca cercana a Shangai

A los lectores que me envían emails o MSM: No tengo olvidados a nuestros amigos, es que me pidieron  unos días de descanso para la reflexión ante los nuevos desafíos que les aguardan.

Nesemu, por la transcripción.

14/08/2006 03:11 Autor: nesemu. ;?> No hay comentarios. Comentar.

Retazos de Ting Chang 007: El Cielo no habla. Cuarto Libro de Confucio

Ya cercanos a Shangai, el Noble Ting Chang decidió acercarse a una finca que tenía su familia en los alrededores del delta para mostrar a Sergei el lugar que había habilitado para preparar sus exámenes de doctorado en medicina. A su padre le precocupab este gusto por el retiro y por el silencio que mostraba su hijo, pero prudente y sabio, permitió a la naturaleza que siguiera su curso. El Noble padre era reacio a consultar a los augures ya que tenía por supersticiosa y propia de gente simple esa costumbre ancestral de los pobres enganchados a sustancias más halucinógenas que el opio. Pero sí se confió a los mandatos del Cielo expresados en la naturaleza. Bueno, el Noble Señor Chang, aunque vinculado al régimen maoísta que, por el momento, unos sesenta años más o menos, imperaba en el Imperio del Centro. La ventaja del Noble Señor era que él sí sabía quién era y las tradiciones que había escuchado de boca de su abuela, que a su vez las había escuchado de la suya, era que toda la sabiduría de los antiguos aconsejaba adaptarse a las circunstancias. No oponerse ni enfrentarse a las súbitas crecidas del YangTsé, sino surcarlo y mantener la embarcación a flote, en espera de que amainase su furia. No quejarse ni lamentarse sino ocupar la mente en la contemplación del río y de las orillas, del cielo y de las aves que lo surcaban. Mientras tanto, seguir el consejo de sus antepasados, inclinarse ante el paso de la riada, como los juncos, que ceden a la impetuosa corriente pero, después se yerguen de nuevo. ¿Qué significaron los años de la República de Sut Yan Tsen? ¿Y las correrías y algaradas de las tropas de Chiang Kai Chech para terminar en Taiwán, desgajado del Imperio del Centro? Igual sucedería con esta era de Mao Tsé Tung que ni capaz había sido de fundar una dinastía. China, la Gran China, siempre había sobrevivido a sus Emperadores. Pues, las familias como la del Noble Ting Chang, tenían la convicción de que el Imperio del Centro reposaba sobre sus espaldas. Lloviese o tronase, al depertar de los cerezos en flor o al tiempo de la caída de las hojas en el sabio otoño. Nada nuevo bajo el sol. Cuando llegase el tiempo de los melocotones celestes,ellos, las nobles familias que mantenían las tradiciones y se aplicaban para aprender los nuevos conocimientos, estarían presentes atentas a la llamada del Hijo del Cielo. Nunca esperaban a nadie. El último Emperador se había extinguido sin aparente grandeza y su semilla se perdió en el viento. China parecería dormida a los ojos de los bárbaros ignorantes, pero ellos, los custodios de los ritos que facilitaban la manifestación de los saberes, reconocerían a la nueva mariposa cuando abandonase el capullo de seda en el que el Cielo la había protegido mientras se agrietaban los campos, se hundían las montañas, los sagrados Río Amarillo y Yang Tsé se acomodaban a las nuevas represas, y las gentes habían buscado refugio en el anodino traje azul con el que los ejecutores del designio del Cielo los había uniformado. Todo lo que sucede servirá para el nuevo amanecer del Imperio que nunca duerme, aunque parezca que tiene los ojos cerrados. Es para protegerlos del viento que arrastra los polvos de una era que tocó a su fin mientras los astrólogos de la Ciudad prohibida estaban borrachos.
Sergei no entendía nada de lo que contaba el Noble Ting Chang, pero se dió cuenta de que el conductor del coche no perdía palabra. Una vez más, Sergei se dijo que bajo la apariencia de un simple conductor podría ocultarse otro Barrendero de Esmeraldas. En ese preciso momento, mientras a Sergei se le ocurría semejante dislate, de la parte delantera se volvió el rostro de un anciano venerable que le sonrió complacido. Sergei se preguntó si no se habría quedado dormido, pero el Noble Curador de Enfermos, lo trajo a la realidad al iniciar la lectura. ¿Lectura o evocación mental de los textos que sostenía en sus manos?, porque ahora se daba cuenta de que el Noble Ting Chang ¡no pasaba las páginas del Cuarto LIbro de Confucio!
Por eso, escuchó abandonado a los dictados del Cielo mientras el Noble Ting Chang recitaba/hablaba:
* Si la ganancia o el provecho se anteponen a la justicia, los súbditos nunca estarán satisfechos y el príncipe se hallará en un peligro constante.

* Si los hombres con canas pueden cubrirse con vestidos de seda y comer carne y si los jóvenes de negros cabellos dejan de padecer hambre y frío, la vida del reino será próspera. No ha existido ni un solo príncipe que obrando así haya dejado de alcanzar autoridad sobre su pueblo.

* Si un rey no gobierna con rectitud, es decir, si no colma de beneficios a su pueblo, es porque no quiere y no porque no pueda.

* Si un príncipe se entristece por las desgracias de su pueblo, los súbditos también sentirán pesar por las tristezas de su príncipe. Si el príncipe se alegra con la felicidad de su pueblo, y hace suyas las penalidades de sus súbditos, no tendrá dificultad alguna en su gobierno.

* Si tú amas con locura las riquezas, no debes hacer otra cosa que compartirlas con el pueblo.

* Lo que hacen los gobernantes es luego imitado por el pueblo. No puedes, por consiguiente, acusar ahora al pueblo de su proceder ni condenarle por ello, pues ha imitado lo que había aprendido de su príncipe; ha devuelto lo que se le había dado.

* El noble que pretende fundar una dinastía no aspira a ser elevado a la dignidad Imperial, sino que se limita a preparar el camino para sus descendientes; si la voluntad del cielo le es propicia, será elevado el mismo a la suprema dignidad.

* La sabiduría y la prudencia de nada sirven si no se presenta una ocasión propicia; los buenos arados nada pueden por sí solos, si no se presenta una estación favorable.

* Es preciso obrar con rectitud sin pensar en las consecuencias. No debemos omitir el cumplimiento de nuestros deberes, ni realizarlos antes de tiempo.

* Quien pretenda someter a los hombres por la fuerza de las armas no alcanzará la sumisión de sus corazones; por esto, la violencia nunca es suficiente para dominar a los hombres. Quien conquista a los hombres por la virtud, consigue que todos se sometan a él sin reservas y con corazón alegre.

* Las desgracias, al igual que la fortuna, sólo llegan cuando las hemos propiciado con nuestros actos.

* Cuando el cielo nos envía calamidades, podemos superarlas; cuando las hemos buscado nosotros mismos, sucumbiremos ante ellas.

* Quien no haya sentido nunca compasión hacia los demás no es en verdad un hombre, tampoco puede ser considerado verdadero hombre quien jamás haya experimentado los sentimientos de vergüenza y aversión; el que no posea los sentimientos de abnegación y respeto no puede ser considerado verdadero hombre; quien no distinga lo verdadero de lo falso, lo justo y lo injusto, no es un hombre.

* Nada es más digno de admiración en un hombre noble que el saber aceptar e imitar las virtudes de los demás.

* Lo que hagáis, a vosotros os pertenece; yo sólo debo responder de mis propios actos.

* Para la defensa de un reino no son suficientes ni las fortificaciones que se construyan, ni los obstáculos naturales que representan las montañas y los ríos, ni la abundancia de armas. La mejor defensa de un reino consiste en la decidida voluntad de sus habitantes, la cual se conquista mediante un gobierno humanitario y justo.

* Quien ocupa un cargo público y no puede cumplir con sus obligaciones debe dimitir.

* Si un medicamento no altera el organismo del enfermo, tampoco producirá la curación.

* No puede ser bueno quien sólo piensa en acumular riquezas; no puede ser rico quien sólo piensa en practicar el bien.

* Si los maestros enseñan con claridad los deberes a todos los ciudadanos del reino, estos vivirán entre sí en concordia y armonía.

* La generosidad consiste en repartir las riquezas entre los necesitados; la rectitud consiste en buscar el camino del bien a los descarriados; la bondad es la virtud que debe poseer el emperador para ganarse el afecto de todos sus súbditos.

* En este mundo sólo se pueden seguir dos caminos: el del bien o el del mal; no existe otra posibilidad.

* Los reinos pequeños imitan a los poderosos, pero se avergüenzan de recibir órdenes de ellos y no quieren acatarlas.

* Los reinos perecen a causa de su interna descomposición antes de que los demás reinos los ataquen.

* Buscáis el camino recto a lo lejos y lo tenéis junto a vosotros. Creéis que el bien consiste en la realización de cosas difíciles, cuando no es más que realizar con rectitud las cosas fáciles.

* Cuando se emprenden guerras para conquistar nuevos territorios, los campos quedarán cubiertos por los cuerpos de las víctimas.

* No puede pensarse en ningún mal mayor que en la pérdida del mutuo afecto y cariño entre padres e hijos.

* Hay hombres que tienen fama de grandes creadores porque nunca nadie les ha refutado sus endebles argumentos. Uno de los principales defectos de los hombres consiste en pretender erigirse en modelo de los demás.

* Las normas de conducta son inmutables, todos los hombres sabios han obrado de conformidad con sus principios.

* Cuando el príncipe empieza a imponer castigos a sus funcionarios sin que hayan cometido delito alguno, los ministros prudentes se apresuran a abandonar el reino.

* Si el príncipe es justo, nadie será injusto; si el príncipe es bondadoso, nadie será cruel.

* Es preciso que los hombres conozcan el mal para poder evitarlo y entregarse a la práctica del bien.

* Quien divulga las acciones viciosas de sus semejantes construye su propia ruina.

* El hombre noble conserva durante toda vida la ingenuidad e inocencia propias de la infancia.

* El hombre sabio, en cuanto ha alcanzado una virtud, se aferra fuertemente a ella y ya no la pierde jamás; en cuanto ha perfeccionado al máximo la virtud adquirida, la guarda cuidadosamente en su interior como fuente inagotable de energía.

* Las palabras en sí mismas son inocuas, pero sus consecuencias pueden ser funestas si son despectivas.

* Quien ama a los hombres, es amado por ellos; quien los respeta es, a su vez, respetado. Supongamos que habiéndose portado con nosotros de una forma descortés o grosera; si somos prudentes, lo primero que debemos preguntarnos es si con anterioridad hemos cometido alguna descortesía con dicha persona o si hemos sido injustos con ella; su actitud hacia nosotros debe de tener algún fundamento. Caso de que lleguemos a la conclusión de que no hemos cometido ninguna injusticia contra tal persona, sino que nos hemos mostrado siempre con ella bondadosos y corteses, debemos seguir analizando las posibles causas de actitud descortés o grosera. Si somos prudentes, debemos reflexionar si hemos cometido la menor incorrección en nuestra conducta. En el supuesto de que tampoco hayamos cometido incorrección alguna, entonces la descortesía o grosería del ofendido carece totalmente de fundamento y el hombre prudente, ante tal situación, debe concluir: " este hombre no es más que un extravagante y un necio; en nada se diferencia de una bestia, en cuyo caso, ¿por qué debe preocuparme la actitud o actos de una bestia? ".

* Gozar de prestigio y de consideración es una de las cosas que los hombres ambicionan con más ardor.

* El deber más importante de la piedad filial consiste en honrar a nuestros padres como es debido. La mejor prueba de este amor a los padres consiste en procurarles el sustento necesario.

* No lo pudo hacer por medio de palabras, porque el Cielo no habla. El Cielo manifiesta su voluntad a través de los méritos y buenas acciones de los hombres. Esta es la única manera con que manifiesta su voluntad. El Cielo ve a través de los ojos del pueblo; el Cielo oye a través de los oídos del pueblo.

* El Cielo gobierna los acontecimientos del mundo sin ser visto; esta acción oculta del Cielo es lo que se llama " El destino ".

* Jamás he oído que un hombre que no actuara con rectitud lograse enderezar a los demás. Menos aún podría lograr que los demás fueran sinceros quien observara un comportamiento hipócrita.

* Los ministros se conocen por las personas a quienes acogen en su casa cuando están en la corte, y por las casas en que se alojan cuando están fuera de ella.

* Para que pueda trabarse una verdadera amistad, es preciso prescindir de la superioridad que puedan otorgar la edad, los honores, las riquezas o el poder. El único motivo que nos debe incitar a la amistad es la búsqueda de las virtudes y el mutuo perfeccionamiento.

* El superior debe honrar y respetar la sabiduría de sus súbditos, y el inferior debe mostrarse respetuoso y cortés con sus superiores, en atención a la dignidad que ostentan; respetar la dignidad y honrar a los sabios son dos manifestaciones de un mismo deber.

* Quien para permanecer fiel a sus principios rechaza ser elevado a una condición honrosa permanece feliz aún sin honores. Quien para no apartarse del recto camino rechaza unas rentas permanece gozoso en su pobreza.

* La naturaleza humana no es ni buena ni mala. Según esto, la bondad o malicia de los hombres es algo posterior a la propia naturaleza humana en su origen. Si el hombre posee la capacidad de obrar, es necesario que poseía también una norma para dirigir sus actos.

* Si el supremo bien del hombre consistiera en conservar la vida, no haría otra cosa que dedicarse a descubrir y practicar todo aquello que pudiera prolongarla. Si el más temible mal del hombre fuera la muerte, investigaría y practicaría todo lo que pudiera alejar o evitarle este mal. Hay cosas que amamos más que la vida, así como hay otras más temibles que la muerte; éste es un sentimiento común a todos los hombres.

* El camino recto es como una ancha avenida; no es difícil encontrarlo cuando se busca, pero los hombres no se esfuerzan por descubrirlo.

* Cuando el sabio toma una determinación, es imposible que el pueblo penetre en los verdaderos motivos de la misma. Cuando un príncipe se ve rodeado por hombres perversos, aduladores y servirles, ¿Acaso puede gobernar con acierto y eficacia?

* Cuando el Cielo quiere conferir a alguien una difícil misión, antes pone a prueba la fortaleza de su ánimo y el equilibrio de su mente con las dificultades de una vida dura; fatiga sus músculos y todo su cuerpo con rudos trabajos, que ponen a prueba su resistencia; mortifica su carne y su piel con los rigores del hambre y del frío; les somete a las mayores privaciones de la miseria; determina que no tengan éxito en sus empresas para que se enfrenten con el fracaso. De este modo, el cielo estimula sus virtudes, fortalece su cuerpo y les hace aptos para afrontar las dificultades con que tropezarán en el cumplimiento de su alta misión. La dificultad es lo que más estimula al hombre a vencer sus deficiencias y superarlas. Sólo cuando se han padecido toda clase de privaciones y trabajos, sólo cuando se ha visto el rostro de la miseria, sólo entonces es posible conocer a fondo la naturaleza humana.

* El hombre cumple la voluntad del Cielo cuando se esfuerza en perfeccionarse a sí mismo.

* Si buscáis encontraréis, si sois negligentes lo perderéis todo. El que busca lo que está en su interior lo descubrirá y lo alcanzará; el éxito de esta búsqueda es seguro, una ley invariable garantiza la adquisición de lo que se busca. Si, por el contrario, buscamos lo que está fuera que nosotros, todos los esfuerzos resultarán infructuosos.

* El origen de todas las acciones se encuentra en el interior de nuestro ser. Si reflexionando sobre nuestros propios actos descubrimos que son conformes con nuestra naturaleza racional, experimentaremos la más intensa satisfacción.

* El hombre no puede dejar de arrepentirse de sus faltas. Si una sola vez se arrepiente de no haberse arrepentido de sus faltas, ya no volverá a tener motivos de arrepentimiento.

* El pueblo no valora el mérito de un buen gobernante. El buen gobernante encamina al pueblo hacia el bien con su sola presencia su acción es oculta e imperceptible como la de los espíritus. El influjo de su virtud se hace sentir por todas partes, como el de las sutiles fuerzas del cielo y de la tierra. La influencia de un buen gobernante no tiene límites.

* Los ejemplos de bondad penetran con mayor profundidad en el corazón de los hombres que las buenas palabras; es más fácil obtener el afecto del pueblo obrando con rectitud y aconsejándole rectamente, que mediante una administración eficaz y unas leyes justas. El pueblo desconfía de las leyes y de la administración; el pueblo ama los buenos ejemplos y los acertados consejos. Con unas leyes justas y una administración eficiente, se consigue aumentar las rentas del reino; con buenas enseñanzas y buenos ejemplos, se conquista el corazón de los súbditos.

* Las penas y privaciones agudizan la inteligencia y fortalecen la prudencia.

* Nadie debe comer sin habérselo ganado.

* Los caminos del sabio son elevados e inasequibles. Sus actos pueden ser admirados, pero no imitados.

* El carpintero hábil no se hace torpe para poder ser imitado por cualquiera de sus ayudantes.

* Quien se abstiene de lo que no debiera abstenerse es mejor que se abstenga de todo; el que trata con frialdad a quienes debiera tratar con ternura acabará tratando con frialdad a todo el mundo; quienes avanzan precipitadamente también retrocederán con la misma precipitación.

* Es preferible desconocer los libros históricos, que aceptar incondicionalmente cuanto en ellos se refiere.

* Dar muerte a un pariente próximo de otro hombre es el crimen que más funestas consecuencias provoca.

* Yo no hago el menor caso de las murmuraciones y críticas de los hombres.

* Para que nuestras palabras estén siempre conformes con la equidad, es preciso evitar la excesiva familiaridad con quienes nos rodean; el mutuo respeto es la mejor defensa contra las palabras descorteses y groseras. Si el hombre culto habla cuando debería callar, todos quedan perplejos ante sus palabras; si, por el contrario, el hombre culto calla cuando debería hablar, todos quedan desconcertados ante su silencio.

* Las mejores palabras son aquellas que encierran un profundo significado y, al mismo tiempo, resultan comprensibles para todo el mundo.

* El mayor defecto de los hombres consiste en preocuparse de arrancar la cizaña de los campos ajenos, descuidando el cultivo de sus propios campos.

* El mejor medio para alcanzar las virtudes de la justicia y la equidad consisten en dominar las pasiones. Quien se deja dominar por las pasiones es muy difícil que obre con justicia y equidad.

Guardaron silencio los tres mientras, ante ellos, se abría un enorme portal de nogal y hierro forjado.

08/08/2006 12:47 Autor: nesemu. ;?> No hay comentarios. Comentar.

Retazos de Ting Chang 006 Las Analectas, Tercer Libro Clásico de Confucio

Sergei observaba y se callaba, pero le llevaban los demonios al ver cómo se aprovechaban los comerciantes y hoteleros de tan importante comitiva. El Noble Ting Chang, se hizo el encontradizo con el rapaz mientras se encargaban de liquidar las cuentas y de cargar los equipajes.
 - Liebre de las estepas, no sufras por lo que crees que       es un abuso por parte de los que proveen de las cosas que necesitamos. A ti, que tanto te gustan los hazañas de Mulá Nasrudín, escucha ésta que me viene ahora a la mente.
- Cuenta, Noble señor, aunque me imagino que es tu manera de compartir tu buena fortuna. Un día me dijo nuestro Maestro que, ante la imposibilidad de atender a todos los que lo necesitan, debería bastarnos con favorecer del mejor modo posible a quienes nos encontramos en el camino, o a quienes están más próximos a nosotros.
- Cierto que esa es una sabia actitud para conducirnos en la vida, pero tampoco conviene tomarse las cosas con demasiada importancia. Escucha lo que le sucedió al Mulá: Resulta que un día en que le habían dejado al frente de la Casa del té, por ausencia de su dueño, llegó de improviso el Rey de aquel país que se encontraba de cacería en las cercanías. El soberano pidió una tortilla con crema y siropes. Cuando terminó, preguntó al Mulá que cuánto le debía y el Mulá respondió impávido: “ - A Su Majestad y a sus acompañantes las torillas y el servicio le costarán mil monedas de oro”. Al Rey se le iluminaron los ojos y también sin inmutarse le respondió: “ - Muy caros deben estar los huevos por aquí. ¿Tan escasos son?” Y el Mulá le respondió haciéndole un guiño de complicidad: “ - No, Poderoso Shahinshah, por quien reposa el Imperio, no son los huevos lo que escasean  por aquí, ¡son las visitas de los reyes para ocuparse del bienestar de sus súbditos”.
- ¡Caramba con el Mulá Nasrudín! Sí que hilaba fino. Pero, Noble Señor, para no desviarnos de nuestros asuntos, ¿me podrás pasar tus notas al Libro de las Analectas, o mejor, me las vas leyendo cuando continuemos el viaje?
- Sergei, lo haremos durante el viaje, pero no me has comentado nada de la enseñanza del cuento sufí.
- Noble Señor, ¿por qué se le llaman cuentos a los relatos sufís?
- Primero, porque se cuentan, son para ser escuchados más que para ser leídos. Parten de la enseñanza del sufismo, según el cual, cada persona percibe las cosas según el sistema en el que ha sido educado y en el que vive. Por eso, con los cuentos o historias imaginadas por los derviches, se pretende que lo insólito y a veces disparatado o sorprendente del relato conmueva los esquemas mentales de alguien del auditorio y acierte a ver las cosas desde otra perspectiva. Se trata de cuestionar la rigidez de los condicionamientos en los que nos han formado para convertirnos en artefactos sometidos al poder  establecido. Por eso se repiten los temas, las anécdotas y los disparates, una y otra vez, para que surja esa toma de conciencia que le lleve a reírse de sí mismo, a no tomarse demasiado en serio y a abrirse a la realidad real.
- Al final, como repetía nuestro Maestro, todos tenemos los culos redondos y partidos por la mitad, filosofó la, Liebre de las estepas.
- No está mal para abordar los temas que Confucio nos propone en las muy veneradas Analectas, comentarios filosóficos que han pasado de mano en mano durante más de dos milenios. Si lo que no es tradición es plagio, transmitir la sabiduría recibida es la obra más prudente para quién se sabe en el camino. No siempre hay que pretender ser originales. En lengua hebrea a la meditación se la llama “rumiar”. No está mal.
Ya en el coche, el Noble Médico le fue contando a Sergei y al conductor del coche que no perdía ripio, como más adelante habrían de comprobar:
· Si el hombre sabio observa una conducta displicente, no inspirará respeto; si se limita a estudiar, sus conocimientos no serán profundos. Debéis ser siempre sinceros, fieles y actuar con buena fe. No entabléis amistad con personas de virtud o conocimientos inferiores a los vuestros. (Parece duro y elitista pero es el fruto de la experiencia diaria. No dice que no te relaciones sino que no entables amistad, que no es lo mismo).

* La cortesía que debe presidir nuestras actuaciones cotidianas se fundamenta principalmente en el respeto y comprensión hacia todos. (La falta de cortesía es una forma de injusticia social, aunque parezca duro a ciertos oídos de nuestros días. La cortesía como parte de la justicia, dar a cada uno lo suyo, es clave en el pensamiento de Confucio).

* Se puede calificar de " hombre superior" al que primero pone en práctica sus ideas, y después propone a los demás lo que él ya realiza.

* La verdadera ciencia consiste en conocer que se sabe lo que realmente se sabe, y que se ignora lo que en verdad se ignora. En esto consiste la verdadera sabiduría. (La admirada máxima atribuida a Sócrates, aunque pienso que el noble griego nunca dijo semejante tontería, de que “sólo sé que no sé nada”, aparte de ser contradictoria y casi paradójica, es una pretensión de suprema sabiduría impropia del hijo de la partera y del escultor que se servía de la mayéutica para alcanzar el conocimiento: desbrozaba de lo accesorio, iba arrancando el embalaje para que se mostrase la realidad real. Como al parecer, Miguel Ángel respondió a quienes le alababan por la perfección alcanzada en el Moisés: “yo sólo me limité a liberarlo del mármol innecesario en el que venía encerrado”).

* Aprende a escuchar sin descanso para disipar tus dudas; mide tus palabras, para que nada de lo que digas sea superfluo; sólo de este modo lograrás evitar todo error. Obsérvalo todo, para prevenir los daños que pudiera ocasionarte una insuficiente información. Controla tus acciones, y así no tendrás que arrepentirte con frecuencia de ellas. En cuanto hayas conseguido que tus palabras sean normalmente rectas, y no debas arrepentirte con frecuencia de tus acciones, serás digno del cargo que ocupas.

* Conocer lo que es justo y no practicarlo es una cobardía. (Más aún, es convertirte en cómplice de la injusticia).

* El hombre superior no discute ni se pelea con nadie. Sólo discute cuando es preciso aclarar alguna cosa, pero aún entonces cede el primer lugar a su antagonista vencido y sube con él a la sala; terminada la discusión, bebe con su contrincante en señal de paz. Estas son las únicas discusiones del hombre superior. (Por eso en el deporte, como en el juego y en los lances de la caza, se distingue al caballero por su calidad ante el éxito, más que por su resignada actitud ante la derrota. Nunca se habla de victoria, porque esta engendra la revancha del vencido. Por eso la victoria nunca trae la paz. Ni casi de triunfo, porque este supone un derrotado. Se prefiere el éxito, de exire, sacar lo mejor de uno mismo, que no ofende a nadie ni lo rebaja ni lo humilla. Al contrario, todos se glorían y se reconocen, en cierta manera, en el éxito del ganador en cualquier torneo. De aquí la euforia  que nos invade cuando gana nuestro tu equipo. En el rugby es admirable el pasillo que abren los que ganan para acoger y aplaudir a los antagonistas, que no enemigos. El verdadero ganador es humilde, alegre y sencillo. La humildad no consiste en rebajarse, sino en aceptar la verdad del éxito de un esfuerzo porque sólo él conoce lo que le ha costado llegar a ese momento. De ahí, no pocas veces, las lágrimas, y la necesidad de abrazarse a su entrenador, a sus compañeros y hasta al utillero del equipo. Todas las personas verdaderamente grandes que he conocido en esta vida eran humildes, sencillas y conscientes de su fragilidad personal).

* Los hombres ambicionan las riquezas y los honores, pero si no es posible obtenerlos por medios honestos y rectos, deben renunciar a estos bienes. Los hombres huyen de la pobreza y de las injurias, pero, si no pueden evitarse por caminos honestos y rectos es preciso aceptar estos males.

* Los defectos y faltas de los hombres dan a conocer su verdadera valía. Si examinamos con atención las faltas de un hombre, llegaremos a conocer si su bondad es sincera o fingida.

* Observad a los sabios para comprobar si vosotros poseéis sus virtudes. Observad también a los perversos para meditar en vuestro interior si estáis libres de sus defectos. (No dice que juzguemos ni, mucho menos, que condenemos. Basta con observar y ser consecuentes).

* Los que controlan en todo momento sus actos, raras veces se desvían del camino recto. (Al menos, lo procuran y, cuando no lo consiguen, no se desmoronan ni se entristecen. Lo aceptan como parte del juego. Los auténticamente grandes se reconocen por su sentido del humor que les lleva a no darse demasiada importancia. Sin excepción, al menos hasta donde yo conozco, los sabios son alegres. Practican el consejo de Chuang Tsé, el más noble Maestro del Tao, después de Laotsé, cuando recomienda “no olvides cuando caigas que el suelo te ayudará a levantarte”).

* Una virtud nunca puede subsistir aislada; siempre ha de hallarse protegida por otras virtudes.

· * El hombre prudente es parco en el hablar pero activo en el obrar.

* Cuando empecé a tratar con los hombres, escuchaba sus palabras y confiaba en que sus acciones se ajustarían a las mismas. Ahora, al tratar con los hombres, escucho sus palabras y al mismo tiempo observo sus acciones.

* No he conocido a ningún hombre que obrara siempre de acuerdo con sus principios. (De ahí su grandeza). Yo procuro no hacer a los demás lo que no quisiera que ellos hicieran conmigo.

* El que sabe mantener un porte digno aun cuando se halla entre sus amigos, conseguirá que sus más íntimos amigos sientan un gran respeto hacia él. (También existe una cortesía para con uno mismo, un respeto, una exigencia, comprensión y nobleza).

* Un hombre digno debe ayudar a los necesitados, pero no aumentar los bienes de los ricos. (Cuánto deberían tener en cuenta esta máxima algunos voluntarios sociales, altruistas y benefactores que, pensando que practican la asistencia social, fomentan una dependencia de la que se aprovechan los ricos, y el injusto sistema que los sostiene).

* Es mejor amar la verdad que el frío conocimiento de la misma; es mejor complacerse en la práctica de la verdad, que el simple amor hacia ella.

* Estaría dispuesto a ejercer cualquier oficio si con él pudiera obtener riquezas por medios honrados; si por el contrario, para enriquecerme tuviera que emplear medios deshonestos, preferiría seguir en la pobreza dedicándome a mis actividades preferidas.
No he hallado todavía ningún hombre santo; como máximo sólo he logrado conocer a algún hombre sabio. No comprendo cómo puede haber hombres que actúen sin saber lo que hacen.

* Quienes son pródigos en exceso y se entregan al lujo, fácilmente se vuelven orgullosos.

* Cuando el hombre se halla cerca de la muerte, sus palabras son sinceras y veraces. (Pero no son de gran utilidad porque no las avala una conducta coherente).

* Es posible lograr que el pueblo siga al hombre bueno, pero nunca se le podrá forzar a que le comprenda. (Proverbio árabe, puedes conseguir que el camello llegue hasta el abrevadero pero nunca podrás obligarlo a que beba a la fuerza).

* Cuando uno no ha alcanzado todavía la perfección en el servicio de los hombres, ¿ cómo es posible que sea digno de servir al Cielo?

* ¿Qué es la muerte? Si todavía no sabemos lo que es la vida, ¿cómo puede inquietarnos el conocer la esencia de la muerte?

* Tan malo es pasar de la medida como no alcanzarla. (Es la doctrina del justo medio, nada en demasía. No es cuánto más, mejor; sino cuánto mejor, más).

* En público, compórtate siempre como si estuvieras ante un personaje muy distinguido; cuando debas dar alguna orden al pueblo, muestra el mismo respeto y dignidad como si estuvieras ofreciendo un gran sacrificio.

* El hombre bondadoso es mesurado al hablar. El hombre noble es el que nunca siente pesar ni temor. Sólo el que cuando se examina en su interior no encuentra nada malo puede verse libre de todo pesar y de todo temor.

* Resulta totalmente imposible gobernar un pueblo si éste ha perdido la confianza en sus gobernantes.

* Buscar ante todo la rectitud de nuestras palabras, y ajustar luego nuestra conducta a ellas. Obrar siempre de acuerdo con la justicia, para perfeccionarnos cada día en su realización. Las inquietudes interiores provienen de desear la vida de quienes se ama, mientras que se desea la muerte de aquellos a quienes se odia, ya que ello es como desear al mismo tiempo la vida y la muerte de alguien. El hombre prudente no pone su máxima aspiración en las riquezas.

* Reflexionar con calma antes de adoptar ninguna determinación, no cansarse nunca de obrar el bien, y tratar cada asunto según convenga.

* Lo primero que debe mirar el jefe es que su conducta sea sencilla, recta y justa en todo momento; tener siempre en cuenta los consejos de los demás hombres, ha de controlar en todo momento sus propios actos, y nunca debe mandar despóticamente.

* El medio más eficaz para combatir nuestros vicios y malas inclinaciones consiste en no combatir los vicios y malas inclinaciones de los demás antes de haber eliminado los propios.

* ¿En qué consiste la bondad? En amar a todos los hombres. ¿En qué consiste la ciencia? En conocer a los hombres. El noble no expresa nunca su parecer sobre las cosas que no comprende. Busca la máxima precisión en sus palabras; esto es lo más importante.

* Si quien gobierna no es justo, aunque ordene que se practique la justicia no será obedecido.

* Cuando el pueblo es tan numeroso, ¿qué puede hacerse en su bien? Hacerlo rico y feliz. Y cuando sea rico ¿qué más puede hacerse por él? Educarlo.

* Quien se controla a sí mismo y se rige por la justicia, no tendrá dificultad alguna para gobernar con eficacia. Al que no sabe gobernarse a sí mismo, le resultará imposible ordenar la conducta de los demás hombres.

* ¿Cuál es la esencia de un buen gobierno? No resolver los asuntos con precipitación y no buscar el propio provecho.

* El hombre vulgar es vano y orgulloso, aun cuando su posición no sea elevada. Se halla muy cerca de la perfección el hombre que es constante, paciente, humilde y mesurado en el hablar.

* Deben imponerse castigos cuando convenga. La fidelidad y la lealtad no son contrarias a una justa corrección.

· El que habla en exceso y sin cordura raras veces pone en práctica lo que dice. El hombre noble nunca teme que sus palabras superen a sus obras.

* No debe afligirnos que los hombres no nos reconozcan. Lo lamentable es que no seáis dignos de ser conocidos por los hombres.

* La prudencia aconseja no indignarse cuando los hombres nos engañan, no entristecerse cuando son infieles. El hombre prudente prevé siempre estas eventualidades.

* El que de niño no ha respetado a sus hermanos ni a sus padres, en la edad madura no ha hecho nada provechoso, y al llegar la vejez es un hombre fracasado. (En el texto dice “despreciable”, pero me parece una traducción incorrecta pues nadie puede ser nunca despreciado).

* ¿Qué es lo más importante para alcanzar una conducta correcta? Ser sincero en todo momento y mantener siempre la palabra dada. Procurar que aún el menor gesto refleje la dignidad interior, y no cometer ninguna acción para asombrar a los demás. Si obras así, tu conducta será admirada en todos los lugares, aún entre los pueblos bárbaros. Por el contrario, si no eres sincero, si faltas a tus promesas, si tus gestos no son dignos o tus acciones son deshonrosas, tu conducta será despreciada tanto en una ciudad de 10.000 familias como en un villorrio de 35 vecinos.

* El hombre que no medita y obra con precipitación, no podrá evitar grandes fracasos.

* Sed exigentes con vosotros mismos, pero condescendientes con los demás. De este modo os veréis libres de toda envidia y resentimiento.

* El hombre que no examina cada día en su interior lo que debe hacer, lo que debe imitar, lo que debe aconsejar, y lo que debe reprochar, no hará nada bueno en su vida.

* Cuando permanecen muchas personas reunidas durante todo un día, no todo lo que se comenta es justo y equitativo. Es muy frecuente que se hable de cosas vulgares y que abunden las conversaciones necias.

* El noble no da crédito a las palabras por la sola autoridad de quien las pronuncia; tampoco rechaza la verdad aunque provenga de una persona ignorante.

* La inconstancia y la impaciencia destruyen los más elevados propósitos.

* Cuando la muchedumbre desprecia a alguien, debéis examinar con objetividad su conducta antes de emitir vuestra opinión. También cuando la multitud aclama a alguien, es preciso contemplar con imparcialidad sus obras antes de aprobarlas.

* El hombre puede ensalzar las excelencias de la virtud, pero la virtud (por sí sola) no puede proporcionar prosperidad y fama al hombre. (Hay muchas personas aparentemente virtuosas pero que viven en una torre de marfil sin darse cuenta de que lo que no se comparte, se pierde. Toda virtud ha de hacer referencia a los demás, aunque vivas en el fondo de una celda).

* Sólo puede ser calificado como " vicioso " al que comete un acto deshonroso, se vanagloria de él y no se corrige.

* El noble sólo busca la verdad y no se aferra con ciega obstinación a su criterio.

* Transmitid la cultura a todo el mundo, sin distinción de razas ni de categorías. (Quien dice cultura dice sabiduría, educación, ciencia, conocimiento, técnicas. Por eso, al encontrarnos, nos “salud-damos”).

* Las palabras han de expresar con fidelidad nuestro pensamiento.

* Los ministros de un príncipe virtuoso deben evitar tres faltas: la petulancia, consistente en hablar cuando nadie les ha pedido su opinión; la timidez, que consiste en no atreverse a expresar su opinión cuando se les invita a ello; y la imprudencia, que consiste en hablar sin haber observado antes el estado de ánimo del príncipe. ( El que habla cuando no debe o lo que no debe se arriesga a escuchar lo que no quiere).

* Sólo los hombres de profunda inteligencia y los necios de mente más obtusa permanecen invariables. (No hay que vacilar en dar un cambio a nuestras vidas, por miedo a lo que puedan decir los demás).

* Si se mata una gallina, ¿para qué utilizar un cuchillo que sirve para matar bueyes? (De nuevo, la proporción, la mesura,  el equilibrio y la armonía).

* Si respetáis vuestra propia persona y a todos vuestros semejantes, nadie podrá despreciaros; si sois generosos, os ganaréis el afecto del pueblo; si sois sinceros, nadie desconfiará de vosotros; si todos vuestros actos os aproximan al bien, vuestro mérito será grande; el amor a los demás es la mejor arma para gobernar con eficacia.

* Aún las profesiones más humildes son dignas de respeto.

* Puede calificarse como " amante del estudio ” quien cada día adquiere un conocimiento nuevo, y cada mes retiene lo que ha aprendido. (Un orientalismo, “cada día” “cada mes”, no una proposición matemática).

* No os avergoncéis de preguntar para resolver vuestro dudas, y meditad las respuestas que os hayan sido dadas.

* Basta una sola palabra acertada del noble para que se le considere entendido sobre una cosa, pero también basta que cometa un solo error para que se diga que no sabe nada. Por consiguiente, el noble debe vigilar mucho sus palabras. (Cuando en estos textos se habla de “noble”, se puede aplicar a toda persona con un cargo de “responsabilidad”, y que es consecuente en su conducta)

* El buen gobernante debe ser generoso sin caer en la prodigalidad; debe cobrar los impuestos suficientes para llevar una vida digna, sin caer en la codicia; su porte debe ser digno y grave, sin dejarse llevar por una vana ostentación; debe tener autoridad, sin que su mando sea despótico; debe exigir con cautela la colaboración del pueblo en los trabajos públicos, para no suscitar su resentimiento.

* Realizar cuanto sea para el bien común, ¿no es ésta la mejor forma de generosidad? Desear únicamente las riquezas necesarias para la práctica de las virtudes propias de su dignidad, ¿puede a esto llamarse "codicia?" Si sus propiedades particulares no son demasiado grandes ni demasiado pequeñas, si se ocupa de los asuntos que no son ni muy importantes ni muy insignificantes, si se mantiene a cierta distancia de los hombres sin despreciar a nadie, ¿no es esto la dignidad exenta de orgullo? Si cuida su aspecto exterior, si es equilibrado y ecuánime en todos sus actos, el pueblo entero lo respetará sin experimentar temor, ¿no consiste en esto la autoridad libre de despotismo? Si sólo utiliza el trabajo de los súbditos para realizar lo que es razonablemente necesario, ¿quién podrá experimentar resentimiento?

* Los cuatro vicios relativos al gobierno son los siguientes: no instruir al pueblo y ocultarle la verdad, lo cual recibe el nombre de " tiranía "; exigir una conducta perfecta a todos los ciudadanos sin informarles previamente de sus obligaciones, lo que recibe el nombre de " opresión "; no tener prisa en dar las órdenes y pretender luego que se cumplan en el acto, lo que representa una grave injusticia; buscar siempre el propio provecho, lo que recibe el nombre " egoísmo ". (Son traducciones aproximadas).

 

07/08/2006 12:42 Autor: nesemu. ;?> Hay 2 comentarios.

Retazos de Ting Chang 005: La doctrina del Justo Medio, Segundo Libro Clásico de Confucio

Ting Chang y Sergei, con los acompañantes que había enviado su padre para recogerlos y que se movían en silencio incapaces de contener tanta dicha al recuperar al más querido hijo de su señor, caminaban un atardecer a orillas de un río que encontraron en su camino hacia Shangai.
Sergei, astuto como liebre de las estepas que era,  había pedido permiso al Maestro para traerse con ellos el humilde servicio para preparar el té del que se servían en las chozas. El Maestro sonrió y le dijo:
- Sergei, escucha y no seas atolondrado lo que le sucedió a tu admirado Nasrudín, el Mulá que, con sus aparentes estupideces, pone de manifiesto las que atenazan las mentes humanas.
- Cuenta, Venerable Luz de Oriente, soy todo oídos.
- ¿Qué Oriente ni qué Occidente, Sergei? No hay tales, depende de dónde te encuentres, melón, más que melón. Oriente es el Occidente de sí mismo y éste el Oriente del Occidente. Pues bien, caminaba una tarde el Mulá acompañado del  tendero más zopenco que se pueda imaginar...
- ... pero que le iba a invitar a pasteles en la Casa del té que tanto gustaban al Mulá...
- ...entonces, y no me interrumpas o te quedas sin la tetera y sin los cuencos...
- ... ¿también me pudo llevar los cuencos?... si sólo se necesita uno para el Noble Doctor...
- Una taza de té, es buena para la reflexión; dos, son buenas para un negocio o pueden mantener una amistad, y tres animan un buen ambiente. En todas esas circunstancias has de estar atento a lo que precise Ting Chang, pero sin entrometerte, demasiado. Pues bien, déjame proseguir el cuento.  Entonces, se encontraron con un derviche que quiso poner a prueba la sabiduría del Mulá e hizo un gesto con su mano señalando al Cielo. Nasrudín comprendió que con esto quería decir “Sólo existe una Verdad que todo lo cubre”, pero el hombre común que acompañaba al Mulá pensó: “Este Sufí está loco. ¿Cómo reaccionará el Mulá?” Pero éste, sin inmutarse, buscó en su inseparable hatillo y sacó una cuerda enrollada. El acompañante se regocijó pensando: “Ajajá, el Mulá se dispone a maniatarlo”. Pero el derviche Sufí se inclinó, juntando su manos ante Nasrudín, porque había entendido lo que éste quería decir: “Las gentes vulgares intentan encontrar la verdad sirviéndose de medios tan inapropiados como quien intenta subir al cielo con ayuda de una cuerda”.
- ¡Qué bueno, Maestro! Qué bueno.
- Escucha, Sergei, y permanece atento no vaya a ser que tú pretendas servirte de un servicio de té para alcanzar lo que ya llevas dentro.
Sergei recordaba todo esto mientras preparaba el té especiado  para el Noble Ting Chang, que le dijo, “Acompáñame, liebre de las estepas, no es bueno que el hombre beba solo”.
- Gracias, Noble Señor, ayer noche casi no pude dormir leyendo tus notas. Estoy deseando leer las correspondientes al Segundo Libro Clásico pues pienso que tendrán más que ver con las tareas de gobierno que te aguardan.
- No, Sergei, el buen gobierno se parece a un ama de casa que administra su hacienda y el bienestar de su familia. Todo le sirve, desde un humilde hueso para el caldo a un brocado para adornar a una novia o para enjaezar una montura. Su arte consiste en saber qué es lo que más conviene para cada situación. Un Estado, como una empresa en la que trabajan miles de personas y que afecta a la vida de muchas más, es como un villorrio de setenta habitantes. La clave para gobernar a los demás es comenzar por saber gobernarse a uno mismo. No existe ciencia más sublime ni en el Cielo ni en la Tierra. Pero toma estas notas, que no son ni un resumen ni lo mejor del Chung- Yung, que trata de la doctrina del Justo Medio. Ni siquiera es lo más importante sino aquello que, mientras lo leía después de escuchar a los tres Maestros y de ejercitarme con ellos, al otro lado del río, llamó mi atención. Recuerda que el  Chung-Yung o Doctrina del Justo Medio, trata de las reglas de conducta humana, del ejemplo de los buenos monarcas y de la justicia de los gobiernos. La verdad es que en todos ellos se recogen sentencias que podrían aparecer en cualquiera de los otros ibros. Lo mismo ocurre en todas las recopilaciones de textos en los que han intervenido los discípulos para que no se perdiera el legado, pero influidos por la “memoria reflexionada de la comunidad” que muchas veces retuerce los textos de acuerdo con sus conveniencias. Escucha, pues te los voy a leer ya que todos estos escritos antes han sido contados de viva voz y así han de escucharse, con los oídos del corazón:
* La situación en que nos hallamos cuando todavía no se han desarrollado en nuestro ánimo la alegría, el placer, la cólera o la tristeza, se denomina "centro". (Esta es doctrina común que ha presidido la reflexión del pensamiento del Imperio del Centro.  No era un centro geográfico, como pensaron los occidentales para acusarlos de megalómanos al pretender, en su opinión, ocupar el centro de la tierra. Se quedaron cortos, ellos se referían al centro como al del universo. Y tenían razón, de acuerdo con la lógica del Tao, pues por cualquier punto pasa el eje del universo, pero esto son palabras mayores que nos alejarían de nuestro cometido). En cuanto empiezan a desarrollarse tales pasiones sin sobrepasar cierto límite, nos hallamos en un estado denominado "armónico" o "equilibrado". (Nada es posible sin la participación de las pasiones y de los instintos, tan demonizados por una decadente versión ascética del cristianismo. Todo depende del justo medio, de la proporción y de la armonía.) El camino recto del universo es el centro, la armonía es su ley universal y constante.
* Cuando el centro y la armonía han alcanzado su máximo grado de perfección, la paz y el orden reinan en el cielo y en la tierra, y todos los seres alcanzan su total desarrollo. (Síntesis y clave de todo el pensamiento de Confucio).
* El hombre noble, cualesquiera que sean las circunstancias en que se encuentre, se adapta a ellas con tal de mantenerse siempre en el centro. En cuanto conseguía una nueva virtud, se apegaba a ella, la perfeccionaba en su interior y ya no la abandonaba en toda la vida.
* Mucho más excelente es la virtud del que permanece fiel a la práctica del bien, aunque el país se encuentre carente de leyes y sufra una deficiente administración.
* El camino recto, o norma de conducta moral, debemos buscarla en nuestro interior. No es verdadera norma de conducta la que se descubre fuera del hombre, es decir, la que no deriva directamente de la propia naturaleza humana. (Ni, por lo tanto, la pretendidamente revelada por supuestos dioses, producto de nuestra mente).
* Quien desea para los demás lo mismo que desearía para sí, y no hace a sus semejantes lo que no quisiera que le hicieran a él, éste posee la rectitud de corazón y cumple la norma de conducta moral que la propia naturaleza racional impone al hombre.
* La perseverancia en el camino recto y la práctica constante de las buenas obras, cuando han alcanzado su grado máximo de perfección, producen óptimos resultados; del mismo modo, el fiel cumplimiento del deber dará lugar a beneficios sin límite, siendo su causa unas fuerzas de naturaleza sutil e imperceptible.
* Existen cinco deberes fundamentales, comunes a todos, y tres facultades para practicarlos. Estos deberes se refieren a las cinco relaciones siguientes:
las relaciones que debe existir entre el príncipe y los súbditos,
entre el padre y sus hijos,
entre el marido y la esposa,
entre los hermanos mayores y los menores, y
entre los amigos.
El recto comportamiento en estas cinco relaciones constituye el principal deber común a todos los hombres. (La piedad familiar, clave del pensamiento chino. Hoy sonará a algunos como extravagante, y no lo es tanto. O lo es menos que algunas parodias de la relación familiar).
* Para el buen gobierno de los reinos es necesaria la observancia de nueve reglas universales: el dominio y perfeccionamiento de uno mismo, el respeto a los sabios, el amor a los familiares, la consideración hacia los ministros por ser los principales funcionarios del reino, la perfecta armonía con todos los funcionarios subalternos y con los magistrados, unas cordiales relaciones con todos los súbditos, la aceptación de los consejos y orientaciones de sabios y artistas de los que siempre debe rodearse el gobernante, la cortesía con los transeúntes y extranjeros, y el trato honroso y benigno para con los vasallos. (¿Acaso no es todo esto aplicable al gobierno de una universidad, de un Imperio, o de una empresa?)
* Si antes de ponernos a hablar determinamos y escogemos previamente las palabras, nuestra conversación no será vacilante ni ambigua. Si en todos nuestros negocios y empresas determinamos y planeamos previamente las etapas de su desarrolo, conseguiremos con facilidad el éxito. Si determinamos con la suficiente antelación nuestra norma de conducta en esta vida, en ningún momento se verá nuestro espíritu asaltado por la inquietud. Si conocemos previamente nuestros deberes, nos resultará fácil su cumplimiento. (Muchas veces, el problema para los jóvenes actuales es que no saben a qué atenerse, viven en una anomia que les desconcierta. A pesar de la sinceridad de su empeño).
* El que no es fiel y sincero con sus amigos, jamás gozará de la confianza de sus superiores.
* Cuando el hombre prudente es elevado a la dignidad de un gobierno, no se enorgullece ni envanece por ello; si su posición es humilde, no se rebela contra los ricos y poderosos. Cuando el reino es administrado con justicia y equidad, bastará su palabra para que le sea conferida la dignidad que merece; cuando el Reino sea mal gobernado, y se produzcan disturbios y sediciones, bastará su silencio para salvar su persona.
* Todos los seres participan en la vida universal, y no se perjudican unos a otros. Todas las leyes de los cuerpos celestes y las que regulan las estaciones se cumplen simultáneamente sin interferirse entre sí. Las fuerzas de la naturaleza se manifiestan tanto haciendo deslizar un débil arroyo como desplegando descomunales energías capaces de transformar a todos los seres, y en esto consiste precisamente la grandeza del cielo y de la tierra.
* El sabio pretende que sus acciones virtuosas pasen desapercibidas a los hombres, pero día por día se revelan con mayor resplandor con su conducta; por el contrario, el hombre inferior realiza con ostentación las acciones virtuosas, pero se desvanecen rápidamente. La conducta del sabio es como el agua: carece de sabor, pero a todos complace; carece de color, pero es bella y cautivadora; carece de forma, pero se adapta con sencillez y orden a las más variadas figuras.(Pensamiento taoísta básico).
* Contrólate a ti mismo hasta en tu casa; no hagas, ni aún en el lugar más secreto, nada de lo que puedas avergonzarte. (Norma certera y saludable).
* Sin ofrecer bienes materiales el sabio se gana el amor de todos; sin mostrarse cruel ni encabezado, es temido por el pueblo más que las hachas y las lanzas.
* La pompa y la ostentación sirven de muy poco para la conversión de los pueblos.
 Hasta aquí algunas briznas del pensamiento de Confucio. Mañana, más.

José Carlos Gª Fajardo, por la transcripción

06/08/2006 13:13 Autor: nesemu. ;?> Hay 2 comentarios.

Retazos de Ting Chang 004 Para el buen gobierno: Sobre la Gran Enseñanza

Durante una de las paradas para descansar que hicieron en el largo camino hacia Shangai, pues el Noble Ting Chang, había renunciado a tomar un avión para hacer más llevadera la adaptación a las nuevas circunstancias, Sergei se atrevió con una de las suyas.
- Noble Ting Chang, para mí esta experiencia a tu lado es un don caído del Cielo.
- No, Sergei, del cielo no cae más que lluvia, nieve o pedrisco. A ti te llamaba el Maestro “robador de momentos”,  en recuerdo de un inolvidable discípulo que le había acompañado durante un trecho de su camino, porque los ladrones se apoderan de lo que no es suyo y los robadores toman lo que les pertenece desde largo tiempo aún sin saberlo.
- Yo me refería al Cielo, y tú me buscas las vueltas como hacía el Maestro.
- Gracias a ese “buscarte las vueltas”, que no era si no la enseñanza paradójica para desconcertarte, en una primera etapa, y para que despertases cuando llegue tu tiempo hoy vas camino de Shangai y no echas de menos tus estepas de Mongolia. Sé que a lo que te refieres pero convendría que te olvidaras del Cielo porque ese no es camino seguro con sus pretendidos “dones”. El Cielo no da nada que ya no nos hubiera dado al nacer.
- ¿Estamos predestinados, entonces?
- No sigas por ese camino, Sergei, y pídeme por derechas lo que deseabas.
- Noble Ting Chang, si el Maestro me asignó a tu servicio para facilitar vuestra comunicación por medio de Internet, de lo que todavía no sé nada, excepto lo que tú nos has contado y que pronto aprenderé en Shangai, ¿por qué no me vas contando lo que fuiste anotando en tu cuaderno cuando regresabas del otro lado del río?
- No es mala la idea, pero no sé si entenderás bien mi escritura. Comencemos por las notas que fui tomando de los Cuatro Libros Clásicos de Confucio, y así sabremos de qué hablamos cuando nos refiramos a ellos. Después vendrán otros libros, pasajes y cuentos con los que nos espabilaba el Maestro y que, quizás un día, tú puedas compartir por Internet cuando montemos ese Blog que tanto te intriga.
- A eso me refería, Noble señor.
Pero cuida de ponderar en tu corazón cuanto escribas y jamás lo utilices para deslumbrar a nadie, como hacen los sofistas y los charlatanes que tanto abundan y que tanto confunden a personas de buena voluntad. Esto es lo que anoté de la lectura reflexiva del Primer Libro Clásico La Gran enseñanza (Ta hio). No hagas comentarios por tu cuenta, sé un honesto amanuense. Aquí van mis notas que algún día podrán servirnos para lo que hayamos de hacer y que todavía desconocemos, pero bien te vendrá asimilarlas para rumiarlas, como dicen los hebreos, hasta que formen parte de tu naturaleza:
* Es preciso conocer el fin hacia el que debemos dirigir nuestras acciones. (La teleología que preside el razonar de muchos pensadores sensatos, como Aristóteles.)
* En cuanto conozcamos la esencia de todas las cosas, habremos alcanzado el estado de perfección que nos habíamos propuesto. (O sea, ser uno mismo, que es la auténtica perfección o acabado).
* Desde el hombre más noble al más humilde, todos tienen el deber de mejorar y corregir su propio ser. (Es decir, su conducta adaptándola a los principios que rijan su vida).
* ¿No sería más eficaz lograr que fueran innecesarios los juicios? (El Rabí Jesús afirma “¡No juzguéis, y  seréis juzgados!”)                                                                              * ¿No resultaría más provechoso dirigir nuestros esfuerzos a la eliminación de las inclinaciones perversas de los hombres? (Aquí se plantea un punto crucial ¿qué se entiende por perverso, malo, pecado, reino del mal etc? Quizás debamos calificar como perversión a todo cuanto se opone a la naturaleza, a la vida propia y a la de los demás... y aquí entra la influencia determinante de las culturas, que no pocas veces han inventado la “perversión” como todo lo que se oponía a los intereses de los que detentaban el poder).
* Para conseguir que nuestras intenciones sean rectas y sinceras debemos actuar de acuerdo con nuestras inclinaciones naturales. (Esta norma debería estar escrita en oro y presidir nuestras reflexiones)
* Cuando el alma se halla agitada por la cólera, carece de esta fortaleza; cuando el alma se halla cohibida por el temor, carece de esta fortaleza; cuando el alma se halla embriagada por el placer, no puede mantenerse fuerte; cuando el alma se halla abrumada por el dolor, tampoco puede alcanzar esta fortaleza. Cuando nuestro espíritu se halla turbado por cualquier motivo, miramos y no vemos, escuchamos y no oímos, comemos y no saboreamos.
* Raras veces los hombres reconocen los defectos de aquellos a quienes aman, y no acostumbran tampoco a valorar las virtudes de aquellos a quienes odian.
* Lo que desapruebes de tus superiores, no lo practiques con tus subordinados, ni lo que desapruebes de tus subordinados lo hagas con tus superiores.
* No dar importancia a lo principal, es decir, al cultivo de la inteligencia y del carácter, y buscar sólo lo accesorio, es decir, las riquezas, sólo puede dar lugar a la perversión de los sentimientos del pueblo, el cual también valorara únicamente las riquezas y se entregará sin freno al robo y al saqueo.
* Si el príncipe utiliza las rentas públicas para aumentar su riqueza personal, el pueblo imitará este ejemplo y dará rienda suelta a sus más perversas inclinaciones; si, por el contrario, el príncipe utiliza las rentas públicas para el bien del pueblo, éste se le mostrará sumiso y se mantendrá en orden. (No dice Confucio que el pueblo será feliz, sino que se mantendrá sumiso. Es un aspecto de su pensamiento).
* Si el príncipe o los magistrados promulgan leyes o decretos injustos, el pueblo no los cumplirá y se opondrá a su ejecución por medios violentos y también injustos. (Distingue bien Confucio porque no es lo mismo violento que injusto. La violencia puede ser justa cuando es necesaria: la legítima defensa, la lucha a favor de los más débiles.) Quienes adquieran riquezas por medios violentos e injustos del mismo modo las perderán por medios violentos e injustos.
* Sólo hay un medio de acrecentar las rentas públicas de un reino: que sean muchos los que produzcan y pocos los que disipen, que se trabaje mucho y que se gaste con moderación. Si todo el pueblo obra así, las ganancias serán siempre suficientes.
 
José Carlos Gª Fajardo

05/08/2006 20:35 Autor: nesemu. ;?> No hay comentarios. Comentar.

Retazos de Ting Chang 003: Modo de vida

Su programa abarcaba las veinticuatro horas del día. A intervalos regulares descansaban profundamente, tan sólo unos minutos pero suficientes, se bañaban y reparaban fuerzas con una dieta adecuada. Era la que seguían en el templo de Saolín los monjes guerreros cuando entraban en el gran período de las pruebas de otoño. Parecida a la de los lamas en el Potala de Lasa, aunque estos añadían la manteca rancia conservada en pellejos de yak y la tsampa a causa del intenso frío de los Himalayas. Similar a la de otros grupos de monjes Zen en las seshin de otoño que preparaban el Despertar del Buda que tuvo lugar en un 8 de diciembre. Los chamanes del Ártico hacía siglos que habían transmitido los fundamentos de estas dietas, que así pasaron como códigos secretos entre las diferentes comunidades de las gentes del Camino.
Se regían por el curso de los astros y se desenvolvían, durante el día, en las dependencias del Maestro para estudiar el I Ching (Libro de las mutaciones), el Libro de los ritos, el Libro de las Odas y los Anales de Primaveras y Otoños. A mano tenían las Analectas (Lun yu), el Justo medio (Zhong yong) y la Gran enseñanza (Ta hio).
En el Tibet, a los monjes responsables de hacer sonar las caracolas, los gongs y las maderas les llaman “los hacedores del tiempo”, porque son conscientes de que éste no existe, lo vamos haciendo. Como tampoco existe el espacio en sí sino que éste se define por sus contenidos. De los sanyasin (santos renunciantes en India) se dice que van vestidos de viento. Y de los lamas, chamanes, derviches, marabúes, curadores y abuelos indígenas en América, se dice que practican los vuelos astrales. En todas las tradiciones esotéricas es constante la experiencia del éxtasis chamánico y de la sutileza que suspende las propiedades naturales de los cuerpos sólidos. A diferencia de lo exotérico, a lo que tiene acceso el común de los mortales, lo esotérico se dice de lo que es impenetrable o de difícil acceso para la mente. Era la enseñanza que los Maestros de la Antigüedad sólo comunicaban a corto número de sus discípulos. No pertenece a la quimera, al ensueño o a la fantasía sino que se trata de la realidad más profunda, real y auténtica de los los seres humanos. Lo que ocurre es que la han olvidado y por eso existen, en todas las épocas, Maestros y comunidades capaces de ayudar a recuperar el sentido originario, el rostro perdido, la identidad primigenia.  Se trata de un quehacer que puede ser aprendido por algunas personas singularmente dotadas, y despertado en el contexto adecuado.
Como quiera que sea, el Tao te King presidía todo el aprendizaje, mientras que el maravillosos libro de Chuang Tzú, que el Maestro le había entregado como único compañero de viaje mientras acudió a la llamada de su padre en Shangai, seguía siendo la almohada sobre la que apoyaba su cabeza en los momentos de descanso. Todo era acción y todo era, a la vez, descanso. Movimiento en el ritmo. Vivían plenamente en ese lugar de encuentro entre el tiempo y la eternidad que es el ritmo que informa nuestras vidas y el aliento de todo cuanto existe. Es la frecuencia del Cosmos que, una vez captada, nos traslada a otra dimensión sin perder más que la gravedad, que se suspende en esas circunstancias. (Aunque esto no lo sabía Newton). De ahí, que sea imposible narrar cronológicamente lo sucedido durante ese período de entrenamiento del Noble Ting Chang que se inició una vez que ambos hubieron ido al encuentro del Maestro Barrendero de esmeraldas.
Pero, después del baño y antes de entregarse al profundo descanso de unos instantes inmensos en la otra dimensión, el Noble Ting Chang seguía el consejo del Maestro y tomaba unas notas que le servirían, en el futuro, para refrescar su memoria una vez inmerso en las tareas que le aguardaban. Ese era para ellos el único sentido de los Libros sagrados, de los cantos y de los cuentos. Así como de las representaciones del teatro No, del Kabuki o de los Caminos de té (chado), de la espada (kendo), del arco (kyudo), de la mano vacía (taekwondo), es decir, del Bushido, y de la fuente originaria de todos ellos, del taichí chuan. Como para los indígenas de América son los ritos ancestrales de la pipa de la paz, el baile en círculo, la cabaña que “echa humo” - por el vapor del agua sobre las piedras ardientes - o de las ceremonias iniciáticas tan similares en los cuatro puntos cardinales. Donde se experimenta la soledad, el miedo, el hambre y la sed, los demonios de los sueños y los terrores de la naturaleza dentro de un círculo trazado en el suelo.
Por la noche, tan pronto como asomaba la luna, se bañaban, reparaban sus fuerzas, y se vestían de viento con sus kimonos blancos. Entonces, cruzaban el río por la vereda de los patos y se dirigían al claro en el bosque de robles que habían hecho los monjes, pensando en un helipuerto pero actuando según lo mandado por el Cielo. Allí les esperaba el Barredor de esmeraldas, con su kimono blanco y su mirada llena de luz y de misterio pero que infundía paz y terminaba de trasladarlos a la otra dimensión.
Se saludaban en el centro del claro del bosque, iluminados tan sólo por la luna y comenzaban por las 84 formas del Taichí chuán para abrirse a las fuerzas del Cosmos. El Maestro iba explicando el significado de cada una (cola de gorrión, peinar las crines del caballo, aguja en el fondo del mar, cigüeña que despliega sus alas, pico de ánade etc.) que Ting Chang, al anochecer, recogía brevemente en su cuaderno de viaje. Pues de eso se trataba de un viaje al interior de uno mismo.

José Carlos Gª Fajardo

03/08/2006 19:31 Autor: nesemu. ;?> Hay 3 comentarios.

Retazos de Ting Chang 002: Morada del Cielo

Acomodado en la parte posterior del coche, Ting Chang recordaba su segunda llegada al monasterio y cómo se decidió que habitase en las chozas, junto al Maestro: Estaban los tres sentados en torno a la mesa de roble que les servía para las comidas en común. Habían dado cuenta de una buena cena preparada por Sergei y regada con un rico vino que había traído el Noble Ting Chang. Descansaban sentados en el suelo sobre sus cojines cuadrados y bebían el té especiado a la manera india que tanto le gustaba al Maestro cuando hizo su entrada el Abad, acompañado por los tres priores. Se postraron ante el Maestro para saludarlo pero con el rabillo del ojo los priores no perdían de vista a Ting Chang. Éste enderezó un poco más su espalda, tiró desde la coronilla de su cabeza de las siete vértebras cervicales y bajó sus rodillas para firmarlas con suave firmeza sobre la alfombra. No se levantó porque el Maestro permanecía sentado y con una mirada le había transmitido el mensaje de que los jerarcas del monasterio no venían en visita monacal. De hecho, cuando se levantaron, se volvieron hacia Ting Chang y se inclinaron con respeto:
- Maestro, - dijo el Abad con el protocolo reservado en el  ceremonial del Libro de los ritos tan venerado por Confucio -, sabemos que el Noble Ting Chang no se encuentra entre nosotros para compartir la vida del monasterio ni tampoco para buscar su lugar en el Camino, puesto que ya ha tomado una decisión y desea permanecer un tiempo a tu lado.
- Así es, Abad, - dijo el Maestro en un tono quizás demasiado bajo que obligó a los tres priores a  concentrar la atención en sus palabras y no en la imponente figura de Ting Chang que se agrandaba por momentos -.
- Por eso, desearíamos insistir en que podría habitar  en una tranquila zona del monasterio y acudir aquí para recibir tus enseñanzas. Esta comunidad jamás podrá agradecer bastante el honor que nos hace su presencia y la desbordada generosidad de su Ilustre padre.
Ting Chang inclinó su cabeza hacia el Maestro pidiéndole venia y en un tono cortés, con profundo respeto pero lleno de dignidad, se dirigió al Abad cuando éste y sus acompañantes hubieron tomado asiento sobre los cojines que les había colocado Sergei.
- Venerable Abad y estimados priores, ya conocéis cómo llegué aquí en busca del sosiego y de la paz junto al Maestro fundador de este monasterio. Buscaba la luz y esta surgió de las cenizas. Mi Venerado e Ilustre Padre me ha hecho conocer los designios del Cielo sobre mi hermano mayor y sobre mí. No puedo excusar esa voz buscándola en otro lado que en su sendero natural. Mi hermano mayor seguirá viviendo en EEUU con su esposa norteamericana y cumplirá allí la misión que le ha sido encomendada. Yo debo reconducir todo lo aprendido hasta ahora para prepararme a asumir las funciones que me esperan. Por eso, he regresado junto al Maestro para que me instruya en el arte del gobierno de acuerdo con las milenarias tradiciones de nuestros antepasados. Está pasando la noche que durante casi un siglo se cernió sobre nuestro pueblo pero éste se prepara a resurgir con toda la sabiduría que le exige asumir las responsabilidades que le aguardan, de nuevo, como Imperio del Centro. Cada uno ocupará el puesto que le pertenece desde largo tiempo, aunque todavía no lo sepa. A algunas personas les está reservada la ingente tarea de dirigir y de gobernar, de organizar y de prever. Para eso es necesario comenzar por el gobierno de uno mismo. Por eso he venido aquí. Viviremos como lo hemos hecho durante estos meses pero el Maestro ha dispuesto un programa que para nada afectará a la vida regular del monasterio. Cuando llegue el momento, partiré sabiendo en dónde encontraré siempre un lugar de retiro, de reposo y de refugio ante las tormentas que nos esperan.
- Así es, Noble Señor, y queremos testimoniaros el reconocimiento por el honor que nos hacéis y agradecer la generosidad de Vuestro Padre.
- Sí, Abad, la conozco bien. Pero le he pedido que, para compensar un poco el privilegio del que disfruta su hijo y heredero, multiplique por diez mil lo que hubiera pensado entregar a esta comunidad y que lo coloque en una cuenta especial, al más alto interés, que ya me cuidaré yo de darle un destino coherente.
El Maestro asintió con un gesto y dirigiéndose al Abad y a sus acompañantes les dijo sonriendo:
- Ya conocéis las costumbres que tenemos en estas chozas. Toda enseñanza puede contenerse en un cuento, si se sabe contar y se escucha con un corazón limpio. “Érase una vez un sacerdote que pasó frente a una casa  muy humilde en la que una madre daba de comer a sus hijitos entre canciones y bromas. Les daba la comida y también depositaba unas migas ante la imagen del Buda entre el alborozo de los cinco niños. El sacerdote se encrespó y le dijo: “¡Mujer, no seas blasfema! ¿Cómo tratas la imagen del Theratava con semejante falta de respeto? ¡No mereces tenerla aquí!” Y agarrándola con ira, se la guardó entre los pliegues de su túnica y la colocó sobre un altar en el templo que regentaba. Los niños quedaron profundamente tristes y su madre muy avergonzada. Pero esa misma noche, el Cielo se apareció en sueños al sacerdote y le increpó diciendo “!Insensato! ¡Más que insensato! ¿Por qué te metes en dónde no te llaman? Todas las tardes, antes de retirarme, me gustaba sentarme en aquella humilde casa para disfrutar enormemente con la alegría de aquellos niños y la excelsa santidad de aquella mujer a la que has humillado. Allí me sentía a gusto y no en este templo lóbrego y triste. Mañana por la mañana, encarga al monje más joven que devuelva esta imagen a aquella morada de paz.”
Todos se pusieron de pie, se inclinaron ante el Anciano y se retiraron en silencio. Así comenzó la preparación de Ting Chang en el noble arte de gobernar.

José Carlos Gª Fajardo

03/08/2006 19:29 Autor: nesemu. ;?> Hay 3 comentarios.

Retazos de Ting Chang 001: La partida hacia Shangai

Pasado el tiempo oportuno para que el Noble Ting Chang se iniciase en el camino del recto gobierno, partió para Shangai sin volver la mirada atrás. Tampoco permanecieron en la puerta del monasterio ni el Maestro, ni el Venerable Tenno ni, por supuesto, Sergei... puesto que éste ya estaba sentado junto al conductor del coche que había de llevar al doctor amigo a la nueva etapa de su destino. Sí lo hicieron el Abad y los Priores que no cesaban de agradecer las prodigalidades del patriarca Chang que se había retirado a Pekin para no influir con su presencia en la administración del imperio financiero de Oriente, que había confiado a su hijo Ting, ya que el primogénito, Shao, dirigía el de Occidente radicado en Nueva York.
A quien sí agradeció Ting Chang la sonrisa y su mirada cómplice fue al Barrendero de esmeraldas que parecía sostenido por la escoba de brezo con la que peinaba el césped para liberarlo de las hojas caídas durante la noche. Al igual que Sistino, el inolvidable jardinero de Taroudant y que Ahmed, que practicaba ese camino en Asilah, el Venerable Barrendero nunca volvía atrás para recoger las hojas que se posaban sobre el sendero ya barrido. Puesto que no apreciaba más las esmeraldas que los demás guijarros del camino, aprovechó cuando el coche pasó por su lado y alargó su mano con la esmeralda que le había confiado el viejo prior. Ambos sonrieron y se inclinaron con un leve gesto de cabeza que expresaba el Namosté de la antigua India.
Sergei permanecía con los ojos como platos atento a cuanto pasaba pues era consciente de la responsabilidad que el Maestro había echado sobre sus hombros, a petición del Noble médico.
Nuestro Maestro y Tenno se sentaron junto al río para disfrutar de las carpas doradas que lo remontaban para cumplir su cometido. Esta noche ninguno de los cuatro había dormido para velar las armas junto al nuevo guerrero. Sergei tampoco, porque no cabía en sí de gozo ante el mundo que se abría ante los ojos de la pobre Liebre de las estepas que había llegado hacía unos años desde Mongolia y se había quedado con el Maestro. Ahora se sentía investido de una misión tan importante que ni se había acordado de ir a despedirse de la viuda de Nanking. “El mundo está lleno de viudas y de sus hijas, sobre todo en Shangai”, se decía el muy necio... cuando, antes del amanecer, el Maestro ya estaba en la puerta de su choza animándolo a acompañarles en la serena meditación de la mañana.
Así fue como comenzó el camino del Noble Ting Chang para asumir sus responsabilidades de gobierno, a pesar de que lo alejaban de semejante manera de su sueño de atender a los más necesitados enfermos en el hospital que había construido su padre. Ya no se lamentaba, no valía la pena. Los caminos del Cielo existen para adaptarnos a ellos y tratar de ser consecuentes.
Para Sergei se iniciaba una etapa que ni en sus más fantásticos sueños hubiera podido nunca imaginar. Se acordó de sus padres y de sus hermanos, allá en la gurka mongola y dejó que una lágrima resbalase por su mejilla mientras preparaba el último té especiado que el Noble Ting Chang y él tomarían junto al Maestro.
Éste, antes de saborear el té servido por el Maestro Tenno, le contó a Sergei una historia para el camino.
José Carlos Gª Fajardo
03/08/2006 18:46 Autor: nesemu. ;?> Hay 1 comentario.

Retazos de la Luna Azul 070: Una piedra en el camino

Mientras el Noble doctor se había acercado con el Maestro Tenno a reparar algo en el otro lado del río, en donde practicaban durante la noche, llegó el Barrendero de Esmeraldas para traerle unas setas al Maestro. Sergei lo atendió con esmero y lo acomodó mientras preparaba el té ya que el Maestro estaba terminando de transcribir las enseñanzas de Confucio que cada día explicaba a Ting Chang.
- ¡No te molestes, joven Sergei! No quisiera molestar al Maestro pero sé que le gustan mucho este tipo de setas.
-  Te ruega que lo esperes, Luz Escondida, pues no quisiera dejar sin concluir el capítulo de hoy. Pero ya viene a tomar el té contgo, Venerable Señor.
- No me llames así, yo no soy más que el barrendero de los monjes. Si me descubrieran, adiós tranquilidad y sosiego.
- Si no es mucha la descortesía me gustaría preguntarte por qué te llama nuestro Maestro "Barrendero de Esmeraldas".
- Son bromas suyas que no tienen mayor importancia, - respondió sonriendo -.
En ese momento, llegó el Maestro que saludó con gran respeto y contento a su huésped y ambos se sentaron para saborear el rico té especiado.
- Sergei, no se trata de una broma. Yo te voy a contar la historia. Hace ya muchos años, nuestro huésped era instructor de artes marciales en el Ejército Rojo de Mao hasta que, un amanecer, vio el universo en una gota de lluvia que se posó en el filo de su espada. Se retiró al templo de Saolín y buscó completar su despertar compartiendo con los monjes el dominio de sus técnicas. Pero, un día, salió a barrer en la entrada del templo y con la escoba apartó una piedra verde de inmensa belleza. El prior del monasterio le increpó diciendo “¿No te das cuenta de que se trata de una piedra preciosa de valor inmenso?” El barrendero alzó los hombros, no respondió nada y siguió barriendo. Pero el prior le metió la piedra en el bolsillo para que no olvidase que la contemplación no está reñida con el conocimiento del valor de las cosas.
- Maestro, perdona mi ignorancia, - apuntó Sergei apoyando las palmas de sus manos en el suelo en señal de respeto ante los dos Maestros que bebían su té -, pero en el plano en el que se movía el Barrendero, ¿qué signifcaba valor y que importaba si lo confundían con precio?
- Así es, pero los priores y aún los Abades, a veces, son algo extravagantes. El caso es que, cuando nuestro amigo caminaba hacia un retiro en la montaña, llegó un aldeano corriendo hasta él y le dijo muy excitado “¡La joya! Dame la joya que llevas” “¿Pero qué joya me estás pidiendo, buen hombre?” “Es que durante la noche he tenido un sueño y un espíritu bueno me dijo: Vete al camino y encontrarás a un monje caminando que te entregará una piedra preciosa” “¡Ah! Le respondió el barrendero del monasterio. ¿Te refieres a esta piedra verde? Pues tómala si te apetece” Y sin más, continuó su camino.
- ¿Entonces?, - abrió los ojos la Liebre de las estepas.
- Entonces, el aldeano se la llevó a su casa y se pasó la noche sin poder dormir, contemplando aquella esmeralda y planeando todo lo que podría hacer con el dinero que le darían por ella.
- La codicia.
- No, la ignorancia, Sergei. El caso es que pasó así una semana sin poder dormir y decidió liberarse de esa losa corriendo a caballo detrás del monje para devolvérsela.
- Mal negocio hizo.
- No te adelantes, Sergei. No te adelantes. Cuando alcanzó a nuestro amigo le devolvió la esmeralda y se postró a sus pies diciendo: “¡Dame la sabiduría que te permite desprenderte con tanta sencillez de semejante riqueza!”
- ¡Guau! ¿Y qué fue del aldeano?
- Eso, otro día, Sergei, otro día te lo contará el Barrendero si tiene ganas. Ahora vamos a saborear el té y déjanos un rato en paz.

José Carlos Gª Fajardo

Nota.- Aquí termina la serie publicables de los Retazos de la Luna azul. Hay otros más que se refieren a la enseñanza que reibió el Noble Ting Chang, al otro lado del río... pera esta sólo le intdresaba a él.

 

02/08/2006 10:49 Autor: nesemu. ;?> Hay 2 comentarios.

Retazos de la Luna Azul 069: Saber escuchar

- Maestro, - le preguntó Sergei mientras paseaban hasta el estanque de las carpas -, ¿por qué el Cielo no habrá dispuesto que todos los seres hablásemos la misma lengua?
- ¿A qué viene eso ahora, liebre demoledora?
- Pues a que gran parte de los problemas del mundo surgen del hecho de que no nos entendemos. Muchas veces queremos decir lo mismo, pero con otras palabras. Si se uniformasen, todo sería mejor.
- ¿Estás seguro, Sergei? ¿No conoces lo que ocurrió cuando un mono sacó un pez del agua y lo colocó sobre un árbol?
- Me imagino que se asfixiaría con tanto aire.
- Así es, "asfixiarse por exceso de aire", vas bien. Pero cuando preguntaron al mono que por qué lo hacía, éste respondió “¡Pues para salvarlo de morir ahogado!”
- ¡Mira qué listo!
- Eso es lo que sucedería si a todos nos "uniformasen",como tú sugieres, olvidando que la misma luz que permite ver al águila desde las alturas ciega al búho y le obliga a ocultarse hasta la noche.
- ¿Entonces, Maestro?
- Que cada uno trate de ser consciente de lo que dice cuando dice lo que dice. Y que, de lo que no se sabe hablar, lo mejor es callar.
-¡Ludwig von Wittgenstein!
- ¡El TAO!, liebre entrometida, el tao.
 
José Carlos Gª Fajardo

Nota.- Con el número 70 concluirá la serie de cuentos orientales Retazos de La Luna Azul. Me pregunto si convendría aprovechar mi estancia aquí, en Asilah, para comenzar una tercera serie. ¿Alguien tiene alguna sugerencia?... ¿Hay alguien ahí? Yo puedo comenzarla, pero me pregunto si valdrá la pena colgarla como post en este Blog. Como sabéis los 101 Retazos de Sergei y los 70 Retazos de la Luna azul se encuentran en mi web www.garciafajardo.org. Los escrbía cada mañana porque un tal Sergei me pedía que lo hiciese, él los leía y los comentaba. Uno, en definitiva, siempre escribe para alguien, lo demás es autismo.

01/08/2006 10:47 Autor: nesemu. ;?> Hay 4 comentarios.

Retazos de la Luna Azul 068: Una sonora carcajada

(Bloggers: He estado unos días deconectado, ojalá hubiera sido con la mente y no sólo por culpa de mi impericia con el blustooth. Desde esta casa junto al mar, continuaremos. He leido todos los post. Los respeto. Como administrador de este blog, dueño en nuestro argot, nunca he borrado ninguno a no ser que ofendiera a otra persona. Sólo ocurrió una vez y lo seguiré haciendo con quine no respete las reglas de este juego. Saludos. Nesemu)

La vida transcurría plácida pero intensamente para todos. Durante el día, el Barrendero de Esmeraldas hacía su labor en el monasterio, cuidaba la limpieza del claustro y atendía a las necesidades del jardín que en esa época del año no eran muchas, más allá de recoger las hojas caídas de los árboles y amontonarlas para preparar el mantillo. Vivía envuelto en una sinfonía de colores amarillos y tostados, de apagados verdes y de oros viejos. Por donde él pasaba permanecía un suave rumor de regreso al origen.
El Maestro Tenno dedicaba gran parte de su tiempo a pintar sobre sedas, como si tuviera la responsabilidad de inmortalizar las fases de un tiempo que no existía más que en la mente de los hombres.
El Noble Ting Chan pasaba muchas horas con el Maestro ejercitándose en el arte de conocerse a sí mismo para poder dirigir a los hombres. Todo en las cabañas estaba impregnado por el orden sutil y profundo de la sabiduría de Confucio. Pero durante las noches, la vida más intensa y armoniosa se desplegaba al otro lado del río.
Sergei andaba muy ocupado pero algo triste porque intuía que no participaba de algo grandioso que se le escapaba, a pesar de las continuas atenciones que todos le prodigaban.
- Maestro – le dijo un día mientras le preparaba el té como a él le gustaba -, ¿qué será de nosotros mañana?
- El mañana no existe, Sergei. Es sólo una hipótesis. Igual que el ayer sólo es memoria. Lo que cuenta es el instante presente.
- Sí, Maestro, pero vosotros cuatro parece que vivís mil vidas a la vez. Todo está lleno de energía y es como si hasta las plantas participaran de vuestra danza.
- Tú lo has dicho. Esa es la imagen de la que se sirven los sabios hindúes para describir la relación del Creador con su Creación: Él es el bailarín y la Creación es su danza. No se confunden pero no se puede concebir el uno sin la otra.
- ¿Qué hacer?
- Se trata de pensar menos, de reflexionar menos y de hablar menos para poder contemplar el pájaro, una piedra, la hoja marchita. Mirar, escuchar, oler, tocar y saborear la experiencia sin darle más vueltas.
- Siento como si me ocultarais algo.
- Un discípulo se quejaba a su Maestro de lo mismo que tú. “Me ocultas el último secreto del Zen”, le decía. Un día, el Maestro se lo llevó con él de paseo por el monte. El discípulo iba feliz. De repente, oyeron cantar a un pájaro. “¿Has oído el canto de ese pájaro?”, le preguntó el Maestro. “Sí”, respondió el discípulo. “Ya ves que no te he estado ocultando nada”.
- Pero yo he oído cantar a miles de pájaros, Maestro, y nunca me ha pasado nada.
- Porque siempre esperas algo. Cuando mires un árbol o el fluir del agua o una hoja seca sobre el suelo, y veas un milagro, entonces habrás visto un árbol, el agua y un milagro de la naturaleza.
- Sí, como tú dices, Maestro, “e pois, mais nada”.
Y el Maestro se rió con una sonora carcajada que se extendió por el valle, ascendió a los montes y se hizo cielo.

José Carlos Gª Fajardo

29/07/2006 13:33 Autor: nesemu. ;?> No hay comentarios. Comentar.

Retazos de la Luna azul 067: Un santo mendigo

Mientras Ting Chang ayudaba a Sergei a calentar el agua que llevaban en un termo para preparar el té al otro lado del río, se acercó el Maestro acompañado de Tenno que salía del baño y Sergei les dijo:
- Venerables y Nobles señores, ¿por qué no aprovechamos, mientras se deshacen el cardamomo, la canela, el clavo, algo de pimienta y un toque de jengibre, para que el Maestro nos cuente lo que le aconteció al Maestro indio Narada?
- "Aconteció", qué sentencioso estás, Sergei, pero mientras añades una pizca de miel, porque esta noche se anuncia fría, te lo contaré. ¡Aquí viene el Barredor de Esmeraldas! Ya estamos todos.
- ¡Animo, Maestro!
- Resulta que el sabio indio Narada se dirigía al templo de Vishnú en la montaña y se le hizo de noche en el camino. Lo acogieron con gran respeto un matrimonio muy humilde, pero sin hijos. Al despedirse por la mañana y recibir las bendiciones del sabio Narada, le dijeron con ilusión "Señor, no tenemos hijos, pídele al gran Vishnú que nos conceda alguno para consuelo de nuestra vejez". "Así lo haré", les respondió Narada. En efecto, fue lo primero que le pidió a Vishnú para premiar a aquel matrimonio tan amable con él. Vishnú le respondió con ese aire taciturno que solía tener por plenilunio "!No está en los designios del Cielo que esa pareja tenga descendencia! Está en su karma, es su destino". Y, sin más, se envolvió en su túnica y se subió al pedestal.
- Maestro, no te cae muy bien Vishnú, claro que si fuera Shiva...
- Déjame terminar, melón. Pasados unos años, Narada acertó a pasar de nuevo por aquel camino y vio a unos hermosos niños jugando en un jardín que habían construido delante de la casa. El matrimonio salió a saludarlo y Narada les preguntó "¿De quién son esos niños?" "Son nuestros, Señor. Hace cinco años, después de que pasaras tú, llegó un santo mendigo y lo acogimos lo mejor que pudimos. Antes de partir nos bendijo y sin atrevernos a pedirle nada, al cabo de su tiempo, el Señor nos bendijo con estos hijos".
- Vaya con el mendigo, exclamó Sergei.
- Sergei, no seas bruto, se trataba de un santo de los que en India vagan por los caminos. El caso es que cuando Narada estuvo en la presencia de Vishnú le espetó casi antes de postrarse ante él "¿No me habías dicho que el destino de aquel matrimonio era no tener hijos, de acuerdo con su karma? ¡Ahora resulta que tienen dos!" "Mira, Narada, toma asiento y sosiégate. Esto debe haber sido cosa de un santo que pasó por allí. A diferencia de los sabios, los santos pueden cambiar el destino de las gentes.

José Carlos Gª Fajardo

26/07/2006 11:29 Autor: nesemu. ;?> No hay comentarios. Comentar.

Retazos de la Luna Azul 066: El Camino del arco

(Es más fácil denostar, cuando  no se comprende que colgar un post interesante.  Nadie está obligado, abstenerse  indocumentados)

La vida proseguía su ritmo en las chozas durante el día. El Maestro había suspendido las charlas a la comunidad de monjes en el monasterio y se entregaba de lleno a preparar al Noble Ting Chang en el Arte de la Estrategia. Nadie les interrumpía durante las charlas y sólo el Maestro Tenno les acompañaba, pues también él las necesitaba para el buen gobierno de su monasterio. Esta fue la causa por la que nuestro Maestro le hizo llegar el aviso de lo que iba a llevar a cabo en las chozas con el Noble Ting Chang.
El Barrendero de Esmeraldas se ocupaba de todo lo relativo a las armas y al buen estado en el claro del bosque del que habían hecho un auténtico dojo bajo la luna. El Maestro Tenno se encargaba del kyudo y del kendo, o caminos del arco y de la espada, artes en las que había sobresalido pues pudo recibir las enseñanzas del mismísimo Herrigel.
- Maestro, - le dijo un día Sergei, así, como de pasada –¿Quién fue Herrigel?
- Eugen Herrigel fue un Maestro alemán que, junto con su esposa, habían ido a Japón para perfeccionarse. Él, en el camino del arco, y ella, en el de la ibetana, o arreglo floral. Ambos habían alcanzado la iluminación y regresaron a su vida universitaria en la universidad de Erlangen,  de la que Herrigel llegaría a ser Rector.
- ¿Había ido para perfeccionar el tiro con arco?
- No. Había ido para dar clases en la universidad Imperial pero lo que le movía era el íntimo deseo de profundizar en el budismo Zen. El descubrimiento del Arte de la arquería fue una auténtica casualidad que le ayudó en su camino hacia la iluminación pues, en ese arte, no precisaba conocer la lengua japonesa sino poseer el estado de ánimo que los maestros exigían a cualquier discípulo aventajado.
- ¿Por qué no se quedaron en Japón?
- Porque comprendieron que su testimonio en Occidente sería crucial para el mutuo enriquecimiento de Oriente y Occidente. Hasta entonces, el Zen había sido enseñado en Europa y en América por el Maestro Suzuki, pero éste era japonés mientras que Herrigel fue uno de los primeros occidentales en ser reconocido como Maestro Zen. Alcanzado el despertar Zen, fue muy famoso su libro "El Zen en el arte del tiro con arco". La traducción al chino la había realizado el Maestro Tenno del original alemán.
- ¡Y parecía tan humilde y discreto!
- Lo es, pero tú sólo te quedas en las apariencias, como algunos bloggers errrnates y erráticos, no discretos. Además, tiene un profundo sentido del humor. Ya lo irás conociendo si eres discreto y no metes las narices en donde no te llamen. Lo que sucede al otro lado del río no te concierne.
- ¡Oído y copiado, Maestro!
- Cuenta Herrigel que, ya siendo estudiante, había sentido atracción por el misticismo pero que no encontró apoyo en el ambiente universitario alemán de la época. Cuando, poco después de haber comenzado su actividad como profesor de la Universidad de Heidelberg, recibió la invitación para enseñar historia de la filosofía en la Universidad Imperial de Tohoku Sendaï, en el Japón, aceptó con entusiasmo y durante seis años se empleó en el estudio del Zen por medio de la práctica del tiro con arco y de la meditación profunda.
- ¿Por eso os aplicáis tan profundamente al tiro con arco y al arte de la espada?
- Sobre todo, al Taichí que es la madre de todas las artes. El Taichí nos da la forma en el vacío, nos revela el poder del espacio en movimiento, nos hace sentirnos otros con todo cuanto existe.
- ¿Hasta con el enemigo?
- No existen enemigos, sino adversarios que hay que reconducir a su verdadera naturaleza. Así, si en el Taichí descubrimos que somos instrumentos de una fuerza inmensa, podremos aplicarla a la espada, al arco, al bastón o al despliegue de la mano desnuda en el judo o en el taekwondo.
- ¿Por qué no les gusta que les llamen artes marciales?
- Porque no lo son aunque los caballeros samuráis las hayan aplicado al arte de la guerra. Mientras que en Occidente han hecho muchos destrozos al convertirlas en disciplinas deportivas con el nefasto objetivo de vencer y derrotar al contrario.
- Entonces, ¿no se trata de vencer?
- Nunca, Sergei. El Bushido es el arte de detener la flecha en el aire, para no tener que responder al contrario. Para detener su ira, su cólera y su agresión. Al final, todo se resuelve en una danza.
- Hoy nos hemos quedado sin cuento, Maestro.
- ¿Tú crees? Recuérdame mañana que te cuente lo que le sucedió al Maestro indio Narada, porque no debemos hacer esperar a nuestros huéspedes.

 José Carlos Gª Fajardo

23/07/2006 13:44 Autor: nesemu. ;?> Hay 1 comentario.

Retazos de la Luna Azul 065: Por delante de los caballos

El Maestro entró a tiempo de oír las últimas palabras de Sergei al Maestro Tenno y el discípulo se puso colorado por la ligereza de sus expresiones.
- No te preocupes, Sergei. Mientras llegan los demás para tomar la polenta, escucha lo que el admirado Maestro árabe Jalal Ud Din Rumí contaba cuando alguno de sus ayudantes se mostraba demasiado exigente con los recién llegados.
- Cuenta, Maestro, porque tengo proyectado ir a Persia para visitar los lugares en donde vivieron esos santos hombres que predicaron un Islam abierto y humano.
- Y con mucho humor y ternura. Pero, escucha. Dicen que un día estaba el profeta Mahoma predicando en la mezquita de Medina a jóvenes nuevos en la fe y de los que se ocupaba en la oración de la mañana. Resulta que, cuando llegó al pasaje de Libro Sagrado de los Judíos, - porque en el Islam todavía no estaba escrito el Corán -, en el que el Faraón, lleno de soberbia exclama: " !Escucha, yo soy tu verdadero y único Dios¡", un joven que se encontraba sentado al fondo de la mezquita de palmeras exclamó lleno de ira: "¿Será fantasma el muy hijo de puta ese?"
- ¡Qué bueno! Ese los tenía bien puestos, Maestro.
- ¡Sergei!
- Maestro, las cosas por su nombre. Mira, Luz de todos los otoños, con ese joven árabe me entendería yo bien.
- ¡No lo dudo! ¡Y con el lucero del alba! Pero escucha lo que sigue, que todavía es mejor. Resulta que el Profeta no dijo nada y continuó con su prédica. Al terminar las oraciones, los ayudantes del Profeta abroncaron al joven árabe por haber usado un lenguaje tan procaz. Mahoma, ¡cuyo Nombre Alá bendiga!, se acercó al muchacho que estaba colorado como un pimiento y le dijo: "El arcángel Gabriel acaba de traerme los saludos de Alá y me pide, de parte del Altísimo, que te haga saber que tu sincera expresión Le ha conmovido más que las piadosas plegarias de otros muchos. Que continúes así y transformaremos el mundo, pues tú has echado el corazón por delante de los caballos".
- Sería a "los pies de los caballos", - metió la pata, una vez más, Sergei.
- No te pases de listo, Sergei. Cuándo mis hijos comenzaron a montar a caballo tenían un profesor que les decía "Al llegar al obstáculo, ¡echad los huevos por encima y seguís vosotros detrás!"
- ¡Caramba con el educador! Y cuando tenían que saltar tus hijas, Maestro, ¿qué les decía?
- Mira que eres brujo, Sergei. Pues les decía lo que el Profeta Mahoma "Echad vuestro corazón por delante de vuestros caballos." ¿Lo has cogido ahora o necesitas más detalles, liebre calenturienta?
- Maestro, nunca me habías dicho que hayas tenido hijos. ¡Esta sí que es buena!
- ¡Tú sí que estás bueno! Mira cómo te has librado de preparar la polenta. ¡Vas a fregar cacharros durante tres lunas!

José Carlos Gª Fajardo

21/07/2006 08:39 Autor: nesemu. ;?> Hay 1 comentario.

Retazos de la Luna Azul 064: Dientes de león

Una tarde en la que el Maestro Tenno había terminado su baño antes que los demás, se acercó a Sergei y le entregó un buen manojo de hojas de dientes de león para su conejo. Sergei se maravilló y le dijo agradecido:
- Y pensar, Maestro Tenno, que en el monasterio piensan que estoy algo loco por tener a un conejo como mascota. Me dicen que esto “son apegos”.
- Déjalos que hablen, - le respondió con una amplia sonrisa-. Cuando yo era joven padecía una fuerte neurosis y mis familiares, profesores y hasta educadores en mi monasterio no hacían más que decirme “¡Cambia! ¡Tienes que cambiar! ¡Eso no son más que manías y falta de voluntad!” Sufrí mucho hasta que un día encontré a nuestro Maestro que, cuando le expuse mi sufrimiento por ser neurótico, me dijo con esa sonrisa que todos conocemos “¡No cambies! Sigue siendo tal como eres. En realidad, importa poco el color de tus ojos o el tamaño de tus pies. Te queremos así como eres y no podemos dejar de quererte”. Aquellas palabras fueron como una música celestial en mi corazón. ¡Me quería así como era!
- ¿Y después, Maestro Tenno?
- Después de producirse el despertar, comprobé que ¡seguía siendo neurótico, pero ya no sufría! Así actúa el Cielo con sus hijos. No somos amados por lo que valemos o por lo que hacemos o por lo que tenemos, sino por lo que somos.
- Pues tengo yo un cierto problema con una viuda de Nanking que vive en el pueblo y que me recuerda a una historia de una tigresa que nos contó el Maestro.
- No sigas por ese camino, Sergei, que la voluntad influye en el juicio.
- Estábamos hablando de mascotas que se alimentan con dientes de león que, para quienes cultivan jardines, constituyen una plaga y para mí y para mi mascota, son una fuente inagotable.
- De eso, podemos hablar otro día.
- ¿Y de la viuda?
- Sergei, no hagas un problema de lo que no son más que fluidos.
- ¡Jobár, Maestro! Puestos así...

 José Carlos Gª Fajardo

 

19/07/2006 23:07 Autor: nesemu. ;?> Hay 3 comentarios.

Retazos de la Luna Azul 063: Cátedra del gato

Aquellos momentos, al final del día, en que el Maestro se sentaba en la baranda mientras Ting Chang, Tenno y el Barrendero de Esmeraldas tomaban un baño, antes de la cena, eran deliciosos para Sergei. Le gustaba ayudar al Maestro colocándole un barreño con agua caliente y sal para después darle un poco de masaje en los brazos y en la espalda. El Maestro seguía atravesando a nado el río cada tarde y se envolvía en la túnica negra que Sergei le tendía después de ayudarlo a secarse. Los demás ya sólo utilizaban las blancas para las prácticas que tenían lugar al otro lado del río durante la larga noche.
- Maestro, ¿por qué es tan necesario seguir los Ritos y conservar las costumbres de los antepasados? Al parecer, estás trabajando mucho en ese Tratado de Confucio para preparar al Noble Ting Chang.
- ¿Y tú cómo lo sabes?
- Bueno, he visto al Noble médico que coloca ese Tratado bajo su cabeza, como almohada.
- ¡Menos mal que los otros tres libros sagrados los lleva en el corazón! Pero, escucha, liebre curiosa, lo que sucedió en un ashram de India con un gurú que le tenía manía a los gatos porque distraían a los discípulos durante el culto.
- Si hubieran tenido otra mascota como nosotros no les habría sucedido eso.
- Pues bien, el gurú ordenó que ataran al gato durante los oficios religiosos de la tarde. Así se hizo y cuando el gurú ya había muerto, seguían atando al gato precisamente para la oración de la tarde. Y cuando el gato murió, compraron otro gato para poder atarlo en el templo del ashram durante las plegarias vespertinas.
- ¡No me lo puedo creer!
- ¿Ah, no? Pues has de saber, liebre de las estepas, que muchos siglos más tarde, los discípulos del gurú escribieron sesudos tratados sobre la importancia trascendental del gato para llevar a cabo un culto como es debido. Vuelve a por otra, Sergei. Así sucede en la mayoría de las religiones establecidas, por no decir en todas.

 

José Carlos Gª Fajardo

 

17/07/2006 12:14 Autor: nesemu. ;?> No hay comentarios. Comentar.

Retazos de la Luna Azul 062: Celebraciones

Estaban preparando la cena para los cuatro y el Maestro le dijo a Sergei que esa noche les acompañaría el Maestro Barredor de Esmeraldas. El discípulo, lleno de entusiasmo por poder ver al Barredor de cerca, le dijo: - ¿Me voy zumbando a pedir unos platos nuevos al Ecónomo del Monasterio!" - ¿Por qué?, - le respondió con suavidad el Maestro. - Es que hoy es día de fiesta. Desde que ese santo barrendero llegó al Monasterio es como si todo se hubiera transformado. - Recuerda, Sergei, que era analfabeto y que no querían admitirlo porque no podría estudiar las Escrituras. Por su insistencia, le dieron una escoba para barrer los claustros. - ¡Pero es que se trataba de un auténtico Maestro y ahora ya todos los sabemos! - ¿Cambia algo esto? - Bueno, Luz de Otoño, tú mismo me dices que hay que saber celebrar los acontecimientos como si fueran únicos en nuestras vidas. - Exacto, liebre de las estepas. Pero lo que tú consideras acontecimientos me recuerda que, en octubre de 1917, cuando estaba en su apogeo la Revolución Rusa y el mundo entero iba a sufrir una enorme convulsión, el Santo Sínodo de la Iglesia Ortodoxa Rusa estuvo varios días reunido para discutir si el sobrepelliz que se utilizaba en las funciones litúrgicas debería de seguir siendo blanco o convendría que fuera de otro color. Unos decían que negro para los funerales, otros que rojo para conmemorar a un mártir, otros que azul para las festividades de la Virgen y aún algunos sostenían que convendría cambiar el color blanco tradicional por el morado para las festividades de la Semana Santa. - ¿No tenían otra cosa mejor que hacer en esos momentos que cambiaron la historia? - Al parecer, no. Anda y coloca nuestros cuencos de barro para la polenta.
 

José Carlos Gª Fajardo
 

16/07/2006 09:10 Autor: nesemu. ;?> No hay comentarios. Comentar.

Retazos de la Luna Azul 061: Libro blanco

- Maestro, - le dijo un día Sergei mientras preparaban la polenta que solían cenar-, ¿por qué en todos los monasterios hay grandes y cuidadas bibliotecas y en estas chozas en donde vivimos no hay más que tres o cuatro libros?
- Porque la sabiduría hay que imprimirla en el corazón de los discípulos y no en las páginas de un libro. El Maestro Zen Mun-nan, llegada la hora, ya sabía quién había de ser sucesor. Por eso, llamó a su discípulo Shoju y le mostró un libro bellamente encuadernado diciéndole: "Aquí tienes el libro que ha pasado de Maestro en Maestro durante siete generaciones. Cada uno hemos ido añadiendo algunas observaciones que te pueden ser de utilidad. Además de recibir el cuenco, el manto y el bastón, conserva este libro como señal de que has recibido la auténtica transmisión". A lo que Shoju respondió, "Maestro tú me transmitiste el Zen "de corazón a corazón" I shin den shin, de acuerdo con la tradición, ¿para qué necesitaría yo un libro por mucha sabiduría que encierre?" "Ya lo sé", le respondió Mu-nan, pero este libro ha servido a siete generaciones y tú, cuando llegue el momento, has de transmitirlo a tu sucesor. Por lo tanto, cójelo y consérvalo". Los dos estaban charlando junto al fuego, entonces, Shoju agarró el libro y lo arrojó a las llamas que lo devoraron por completo. El anciano Mu-nan le dijo "¿Qué tontería estás haciendo Shoju?" "¿Qué tontería estás diciendo, Mu-nan?" Y ambos se echaron a reír cuando comprobaron que las llamas mostraban unas hojas en blanco ardiendo.
 

José Carlos Gª Fajardo

 

13/07/2006 13:54 Autor: nesemu. ;?> Hay 1 comentario.

Retazos de la Luna Azul 060: Mapas para el Camino

El Maestro Tenno había alcanzado la plenitud en el tiro con arco, el noble kyudo, mientras que el Barredor de Esmeraldas había alcanzado la iluminación como Maestro indiscutible de Taichí, en plena Revolución cultural china. Había servido en el Ejército y sobresalió en todas las artes del Bushido, o Camino de detener la flecha en el aire, que encierra todos los caminos que en Occidente llaman impropiamente artes marciales.
- ¿Por qué sucedió así, Maestro?
- Por el afán reduccionista de las gentes. Cuando el Budismo llegó aquí a China se encontró con la sabiduría del Tao muy extendida mientras que el pensamiento de Confucio servía para formar a las personas para convivir en sociedad, y a los funcionarios para desempeñar sus cometidos mientras que los dirigentes deberían educar su espíritu y sus formas en el noble arte de dirigir, o Arte de la Estrategia.
- ¡Qué bueno!
- Pero Confucio no fue escuchado y hasta fue calumniado y, durante trece años, tuvo que vagar por diferentes cortes de reyes para intentar que sus príncipes aceptaran educarse en la sabiduría que reflejaban los Libros Sagrados de la antigüedad y que el mismo Confucio había recopilado con sus discípulos. No logró nada y tuvieron que pasar siglos hasta que la Corte de Pekín aceptara sus enseñanzas pero ¡convirtiéndolas en religión de Estado!
- ¡Siempre igual! ¡Qué manía!
- Así es, por eso el Maestro Barrendero de Esmeraldas abandonó su puesto de instructor en el Ejército y se retiró al monasterio de los monjes Saolín, en donde había tenido lugar, hace dos mil años, la feliz integración del Taoísmo y del Budismo dando lugar al Chang.
- Que tanto había de asombrar a los monjes japoneses que vinieron a practicar con los maestros chinos, desde el patriarca Bodidarma, dando lugar a las dos más célebres escuelas del Zen – comentó Ting Chang.
- Maestro, ¿por qué no se unifican todos los conocimientos y experiencias para que así podamos seguir el verdadero camino? – preguntó Sergei.
- El verdadero camino es el de cada uno. No existen dos iguales. Escucha lo que le sucedió a un explorador que se fue a recorrer la Amazonía. Cuando regresó a su pueblo y contó lo que había visto, le pidieron que se lo pusiera por escrito. Él arguyó que eso era imposible pues así no tendrían la experiencia personal. De nada valieron sus objeciones de que era imposible conocer la sensación de contemplar las flores al amanecer y de las puestas de sol y el canto de los pájaros de hermosos colores. Las gentes insistieron tanto que el explorador les dibujó un mapa muy completo para que no se extraviasen en el camino.
- ¿Le hicieron caso?
- Nada de eso. Hicieron una copia para cada vecino. Se aprendieron de memoria los meandros y las veredas, los saltos de agua y dónde estaban las más hermosas colinas. Pero nadie se puso en camino. Al contrario, enmarcaron el mapa original y lo colocaron en una urna de plata en el más espléndido salón del a
Ayuntamiento. Lo contemplaban con veneración.
- ¿Y el explorador?
- Toda su vida lamentó haberles dibujado ese mapa. Las gentes se contentaron, como tantos hombres religiosos, leyendo sus Escrituras.
- ¿Qué hubiera hecho el Buda?
- Ni escribió nada ni hizo mapa alguno. Se cuidó mucho de no hablar jamás de Dios en sus charlas.
 

José Carlos Gª Fajardo

 

 

11/07/2006 20:35 Autor: nesemu. ;?> No hay comentarios. Comentar.

Retazos de la Luna Azul 059: Un buen vino

Como durante la hora de la cena, el Maestro y Ting Chang desaparecían, prepararon una comida con las viandas que el Abad se había apresurado a enviarles advertido de la llegada de tan Noble Maestro. El Noble Ting Chang pidió permiso al Maestro para abrir una de las botellas de vino que había traído y que lucía una ilustrada etiqueta.
- Sergei, -  dijo el Maestro -, ¿qué te parece si, en lugar de descorcharla, nos contentásemos con leer esa etiqueta en la que nos cuenta las excelencias de este vino?
- ¡Ni locos! Mejor saboreemos ese rico vino. ¿Quién puede contentarse con leer el Menú de un restaurante para sentirse satisfecho, como me dijiste un día?
- Pues eso, liebre mongola, pues eso. No se trata de subir a la montaña ni de descender de ella, de entrar en el mar o de regresar a la orilla sino de saber actuar con arreglo a la naturaleza de las cosas.
- Es lo que yo digo, Maestro.
- Ya, pero darías un brazo por ser sonámbulo.
Los demás se rieron mientras Sergei insistía.
- Aunque sólo fuera para mirar, Nobles Señores. Ya me parecía a mí que el Maestro Tenno no había llegado aquí por casualidad ni para aprender a colocar los chanclos y el paraguas.
- No se trata de que él lo aprenda sino de que tú despiertes, dijeron entre risas que confundían al rapaz.
- Eso quisiera yo, Maestro, pero me parece que el té que me ofreces en la noche está algo bautizado; de lo contrario, no me explico como se me caen los párpados a pesar de mis esfuerzos.
- Escucha, liebre de las estepas, lo que sucedió al Buda al final de sus días del Buda. Tiene que ver con las etiquetas.
- Cuenta, Luz de la noche.
- Ya estaba el Buda dispuesto para su viaje final y quería transmitir el manto, el cuenco y el bastón a quien hubiera de sucederle al frente de la shanga, o comunidad. Entonces, les mostró una flor a sus discípulos y permaneció en silencio. Después de un rato, comprendiendo los más avispados que se trataba de una prueba, formularon, uno después de otro, las más diversas interpretaciones filosóficas, otros crearon poemas, alguno ideó una parábola. Pero el Bienaventurado Theratava, el Buda Sakyamuni, Sidharta en su plenitud, se dio cuenta de que no hacían más que fabricar etiquetas y se perdían la esencia. Hasta que su querido Mahakashyap miró la flor y sonrió, sin decir nada. Sólo él la había visto.
- La moraleja, Maestro, es que es preferible embriagarse, - soltó Sergei mientras vertía el oloroso vino.
- ¡Tampoco es eso, Sergei, tampoco es eso! Pero es mejor que quedarse descifrando etiquetas.
 

José Carlos Gª Fajardo

 

 

10/07/2006 12:54 Autor: nesemu. ;?> Hay 2 comentarios.

Retazos de la Luna Azul 058: Los chanclos y el paraguas

 

Los porteros del monasterio tenían orden de no dejar pasar a nadie para no importunar al Maestro. Pero un día, llegó un antiguo discípulo que había convivido diez años con el Maestro y que había recibido el reconocimiento de éste y estaba al frente de un monasterio en la montaña. Llovía mucho y los monjes porteros no se atrevieron a impedir el paso a aquel santo venerable de cuya sabiduría todos se hacían lenguas.
Así, pues, cuando llegó ante la baranda en la que descansaba el Maestro, descalzó sus pies y depositó los chanclos junto con el paraguas, en el rellano. Se inclinó profundamente ante su Maestro que lo acogió levantándose para abrazarlo y les pidió a Ting Chang y a Sergei que les preparasen un té especiado pues sabía que a su visitante también le gustaba así.
Permanecieron en silencio y, al cabo, el joven Maestro le pidió al anciano que le aconsejase pues se daba cuenta de que no avanzaba como debiera. El Maestro, sin dejar su amable sonrisa, le preguntó:
- Maestro Tenno, has dejado tus chanclos y tu paraguas a la entrada, ¿verdad?
- Así es, Maestro.
- ¿Puedes decirme si has dejado los chanclos a la derecha o a la izquierda del paraguas?
Tenno no supo qué responder y se inclinó en silencio. En ese momento, hicieron su entrada Sergei y el Noble Ting Chang, que depositaron las bandejas en una mesita, se arrodillaron y postraron sus frentes sobre el suelo mientras extendían sus manos con las palmas hacía arriba. Eran conscientes de que asistían al "paso del Buda" por aquella estancia y la única actitud posible eran el silencio y el asombro.
- Preparadle al joven Maestro Tenno una choza, como le sucedió al Venerado y antiguo Maestro cuyo nombre este monje quiso llevar en su reconocimiento. Pasará otros diez años conmigo hasta alcanzar la Consciencia Constante. El mucho trabajo al servicio de su comunidad le ha hecho escoger esa estratagema para descansar y reciclarse.
- ¡Cuándo se entere el Abad!, - exclamó Sergei que era incapaz de controlarse.
- Este Abad había sido condiscípulo de Tenno y está muy a gusto en su puesto haciéndolo todo a la perfección.
- ¡Hasta que, a su vez, caiga del caballo!, - musitó Ting Chang.
- No hay peligro, Noble Ting Chang, no hay peligro. A causa de la generosidad de vuestro ilustre padre, el Abad ya no viaja a caballo.
 

José Carlos Gª Fajardo

 

08/07/2006 15:01 Autor: nesemu. ;?> No hay comentarios. Comentar.

Retazos de la Luna Azul 057: Como los bambúes

Una tarde en la que el Maestro estaba descansando sus pies en una tinaja con agua salada y Sergei se preparaba para darle un masaje con bálsamo, la liebre siberiana le dijo:
- La verdad, Maestro, y sin querer meterme en este trajín que os traéis por las noches, al otro lado del río, es que mejor sería que lo compartierais con toda la comunidad para que ellos avanzasen en ese camino. Porque, ¡mira cómo traes los pies y cómo tienes las manos! Además, estáis adelgazando los dos de manera preocupante.
- Ay Sergei, Sergei. Según los Libros Santos de Occidente, todas las desgracias les sobrevinieron a los hombres cuando pretendieron conocer los secretos del Cielo sin estar debidamente preparados.
- ¿Y quiénes eran los responsables de que no estuvieran preparados y, lo que es peor, de que supieran que existían otras dimensiones que podrían hacerlos más felices? ¡Pues, los dioses!
- No te fíes de las apariencias, joven Sergei. Aparte de que se trata de géneros literarios para que podamos comprenderlo, los hombres tenían, en su origen, todo lo necesario para ser felices si vivían de acuerdo con su naturaleza.
- Entonces, ¿por qué no podían comer de aquel árbol de la sabiduría que los haría como dioses?
- Ese fue el engaño. Lo tenían todo, pero su inmenso error fue no reconocerlo. Creyeron que "podrían ser como dioses"... ¡cuando ya lo eran, Sergei, ya lo eran!
- ¿Y ahora?
- No podemos dejar de serlo, Sergei. Se trata de caer en la cuenta desprendiéndonos de tantas costras que oscurecen nuestra mente. Mira los bambúes que hemos plantado hace unos años. ¿Los ves?
- Sí, Maestro.
- No hay dos iguales, unos son más altos que otros, unos más flacos, otros más verdes, unos llevan agua y otros están secos, unos se inclinan al paso del viento y otros resisten porque se consideran más viejos. ¡Y todos son bambúes, Sergei!
 

José Carlos Gª Fajardo

 

07/07/2006 10:19 Autor: nesemu. ;?> No hay comentarios. Comentar.

Retazos de la Luna azul 056. A vuelta con las Escrituras

Andaba Sergei más solícito que nunca con las supuestas necesidades del Maestro y del Noble Ting Chang cuando éste se acercó y le dijo sonriente:
- Sergei, todo esto no durará más que el tiempo de un sueño. Después, todo regresará a una nueva normalidad.
- Si regresa no será tan nueva, Noble Amigo.
- Depende de la perspectiva desde la que lo consideres. El niño ya lleva en su cuerpo las hormonas que habrán de despertarse en la adolescencia, y los nuevos registros para su voz, el vello nuevo que un día habrá de desaparecer. Todo es nuevo porque lo hacemos nuevo.
- Sí, Noble señor, pero parece como si estuvierais cambiando las normas tradicionales.
- ¿Las que figuran en las Sagradas Escrituras?
- Más o menos: vivís de noche, casi no coméis ni dormís, no asistís a los Sagrados Oficios en el Templo ni atendéis a los pobres ni a los enfermos. Vivís a caballo de los demás.
- Esto suena duro pero la realidad no es así. Según este planteamiento, los largos períodos que los sabios y los santos, los Budas y los profetas han pasado en los desiertos y en la soledad de sus pruebas significarían un tiempo perdido.
- ¡Es que hay tanto qué hacer!
- ¿Sabes cuántos años de la vida de un médico se requieren para ser eficaz en su profesión?
- Muchos.
- No, Sergei, toda una vida. Y en cuanto a la supuesta intocabilidad de las Escrituras recuerda lo que le sucedió al Buda.
- Cuenta, Noble Señor.
- Un hombre erudito se acercó al Buda y le dijo "Las cosas que enseñas no se encuentran en las Sagradas Escrituras" "Pues, ponlas tú en las Escrituras", le respondió con una sonrisa el Theratava. "Es que, si me lo permites, Bienaventurado, muchas de las cosas que practicas están en contradicción con las Sagradas Escrituras". "Bueno, querido amigo, entonces corrige tú las Escrituras".
- ¡Caramba!, dijo Sergei.
- Un gran Avatar de la divinidad, el Rabí Jesús dijo un día "La escrituras, como el sábado, son para el hombre y no el hombre para las Escrituras".
 

José Carlos Gª Fajardo

 

05/07/2006 14:42 Autor: nesemu. ;?> Hay 3 comentarios.

Retazos de la Luna Azul 055: El barquero maldito

Mientras Sergei ayudaba al Noble Ting Chang a limpiar su arco, le contó su rabia por las calumnias que la viuda andaba propalando por el pueblo. Sergei estaba furioso porque él se había limitado a dejarla en Nanking debido a sus obligaciones en las chozas". La rabia iba creciendo y Sergei no lograba controlar su ira imaginando qué pensaría la gente. El Noble Ting Chang le dijo con una sonrisa:
- ¿Conoces la historia de aquel barquero que un día de lluvia remaba contra corriente y vio bajar hacia él otra barca que cada vez se aceleraba más por la fuerza de las olas?
- No la conozco, Noble Ting Chang, y no acierto adónde me quieres llevar.
- El barquero veía que cada vez se le acercaba más y más la otra barca y comenzó a gritar a pleno pulmón increpando al otro marinero, a quién no veía por causa de la lluvia. Pero éste no parecía hacer caso a sus gritos ni gobernar su embarcación que amenazaba con estrellarse contra su barca. "¿Habráse visto animal semejante? ¿No sabes gobernar tu embarcación? ¡Animal, más que animal! ¡Ojalá se te seque y nunca te la encuentres! ¡Así te ahogues y no vuelvas a ver a tu familia! ¡Hijo de Satanás! ¡Maldito seas, una y mil veces!" Pero ni el otro le respondía ni corregía el rumbo de su embarcación. Entonces, nuestro barquero, incapaz de controlar su ira, dio un golpe de timón y fue hacia la orilla dispuesto a saltar sobre el barquero odiado cuando estuviera a su altura.
- ¿Y qué ocurrió? -, le preguntó Sergei que era incapaz de resistirse ante una historia bien contada.
- Pues que cuando la otra barca llegó a su altura vio que no iba nadie al timón sino que navegaba sola llevada por las olas.
- ¿Entonces?
- Pues que nuestro barquero se sosegó de inmediato ya que no tenía contra quién desahogar su ira.
- Ahora comprendo.
- Sergei, ¿qué más da lo que piensen o dejen de pensar o imaginemos que piensan los demás, si nuestra conducta es honesta? El universo se desenvuelve como debiera.
 

José Carlos Gª Fajardo

 

 

03/07/2006 15:14 Autor: nesemu. ;?> Hay 4 comentarios.

Retazos de la Luna Azul 054: Ya no somos los mismos

Con la nueva vida que había comenzado en las chozas del Maestro, Sergei obtuvo permiso para dejar acomodada a la viuda en Nanking y se hizo humo para no interferir en la formación del Noble Ting Chang. Se ocupó de que todo funcionase con normalidad, aunque no pudiera participar en lo que ocurría al otro lado del río.
Una tarde, mientras el Maestro daba de comer a las carpas, se acercó y le dijo.
- Venerable Sensei, mi vida es bastante rutinaria y no sé si avanzo en el Camino. Todos los días parecen iguales, vestirse y comer, dormir y trabajar.
- Somos muy afortunados, Sergei, porque podemos vestirnos y comer, dormimos y trabajamos.
- No te comprendo muy bien, Maestro.
- Anda, Liebre desconcertada, vamos a comer y después descansaremos. No hay nada que comprender. Los que han comido y descansado ayer no son los mismos que van a hacerlo hoy.
- Maestro, me siento algo atolondrado. ¿Cómo no vamos a ser los mismos de ayer, y los mismos de mañana?
- Escucha lo que le sucedió al Buda cuando su primo Devadatta, lleno de envidia por no poder figurar entre sus discípulos más cercanos, lo insultó y lo increpó hasta que movido por la cólera le arrojó un enorme peñasco desde una ladera cuando el Buda se dirigía al baño. El Bienaventurado lo esquivó y continuó su camino sin inmutarse.
- ¡Menudo primo! Así es mejor no tener parientes, como me sucede a mí.
- Al día siguiente, el Buda vio a su primo que se intentaba esconder en una vuelta del camino y se dirigió hacia él para abrazarlo con afecto. "¿Pero cómo eres capaz de no guardarme rencor después de lo que te hice ayer?", - le dijo lleno de pena el agresor. El Bienaventurado Theratava, el Buda de la Compasión, le respondió con una amplia sonrisa mientras lo apretaba entre sus brazos: "Porque ni tú eres quien arrojó el peñasco ni yo soy el que pasaba por allí cuando aquella roca se resbaló por la ladera."
- Guau!
- Todo cambia, Sergei. Como las aguas de este río. ¿Te imaginas que el Buda se hubiera incomodado porque un árbol fuera arrancado por el viento y le golpease? ¿Contra quién iba a dirigir su ira?
 

José Carlos Gª Fajardo

30/06/2006 11:38 Autor: nesemu. ;?> Hay 2 comentarios.

Retazos de la Luna azul 052: La morada del Cielo

Estaban los tres sentados en torno a la mesa de roble que les servía para las comidas. Habían dado cuenta de una buena cena preparada por Sergei y regada con un rico vino que había traído el Noble Ting Chang. Descansaban sentados en el suelo sobre sus cojines cuadrados y bebían el té especiado a la manera india que tanto le gustaba al Maestro, cuando hizo su entrada el Abad, acompañado por los tres priores. Se postraron ante el Maestro para saludarlo pero con el rabillo del ojo los priores no perdían de vista a Ting Chang. Éste enderezó un poco más su espalda, tiró desde la coronilla de su cabeza de las siete vértebras cervicales y bajó sus rodillas para firmarlas con suave firmeza sobre la alfombra. No se levantó porque el Maestro permanecía sentado y con una mirada le había transmitido el mensaje de que los jerarcas del monasterio no venían en visita monacal. De hecho, cuando se levantaron, se volvieron hacia Ting Chang y inclinaron la cabeza con respeto.
- Maestro, - dijo el Abad con el protocolo reservado en el ceremonial del Libro de los ritos tan venerado por Confucio -, sabemos que el Noble Ting Chang no se encuentra entre nosotros para compartir la vida del monasterio ni tampoco para buscar su lugar en el Camino, puesto que ya ha tomado una decisión y desea permanecer un tiempo a tu lado.
- Así es, Abad, - dijo el Maestro en un tono quizás demasiado bajo que obligó a los tres priores a concentrar la atención en sus palabras y no en la imponente figura de Ting Chang que se agrandaba por momentos -.
- Por eso, desearíamos insistir en que podría habitar en una tranquila zona del monasterio y acudir aquí para recibir tus enseñanzas. Esta comunidad jamás podrá agradecer bastante el honor que nos hace su presencia, y la desbordada generosidad de su Ilustre padre.
Ting Chang inclinó su cabeza hacia el Maestro pidiéndole venia y en un tono cortés, con profundo respeto pero lleno de dignidad, se dirigió al Abad cuando éste y sus acompañantes hubieron tomado asiento sobre los cojines que les había colocado Sergei.
- Venerable Abad y estimados priores, ya conocéis cómo llegué aquí en busca del sosiego y de la paz junto al Maestro fundador de este monasterio. Buscaba la luz y esta surgió de las cenizas. Mi Venerado e Ilustre Padre me ha hecho conocer los designios del Cielo sobre mi hermano mayor y sobre mí. No puedo excusar esa voz buscándola en otro lado que en su sendero natural. Mi hermano mayor seguirá viviendo en EEUU con su esposa norteamericana y cumplirá allí la misión que le ha sido encomendada. Yo debo reconducir todo lo aprendido hasta ahora para prepararme a asumir las funciones que me esperan. Por eso, he regresado junto al Maestro para que me instruya en el arte del gobierno de acuerdo con las milenarias tradiciones de nuestros antepasados. Ya parece estar  pasando la noche que durante casi un siglo se cernió sobre nuestro pueblo, pero éste se prepara a resurgir con toda la sabiduría que le exige asumir las responsabilidades que le aguardan, de nuevo, como Imperio del Centro. Cada uno ocupará el puesto que le pertenece desde largo tiempo, aunque todavía no lo sepa. A algunas personas les está reservada la ingente tarea de dirigir y de gobernar, de organizar y de prever. Para eso es necesario comenzar por el gobierno de uno mismo. Por eso, he venido aquí. Viviremos como lo hemos hecho durante estos meses ya que el Maestro ha dispuesto un programa que para nada afectará a la vida regular del monasterio. Cuando llegue el momento, partiré sabiendo en dónde encontraré siempre un lugar de retiro, de reposo y de refugio ante las tormentas que nos esperan.
- Así es, Noble Señor, y queremos testimoniaros el reconocimiento por el honor que nos hacéis y agradecer la generosidad de Vuestro Padre.
- Sí, Abad, la conozco bien. Pero le he pedido que, para compensar un poco el privilegio del que disfruta su hijo y heredero, multiplique por diez mil lo que hubiera pensado entregar a esta comunidad y que lo coloque en una cuenta especial, al más alto interés, que ya me cuidaré yo de darle un destino correcto.
El Maestro asintió con un gesto y, dirigiéndose al Abad y a sus acompañantes, les dijo sonriendo:
- Ya conocéis las costumbres que tenemos en estas chozas. Toda enseñanza puede contenerse en un cuento, si se sabe contar y se escucha con un corazón limpio. “Érase una vez un sacerdote que pasó frente a una casa muy humilde en la que una madre daba de comer a sus hijitos entre canciones y bromas. Les daba la comida y también depositaba unas migas ante la imagen del Buda entre el alborozo de los cinco niños. El sacerdote se encrespó y le dijo: “¡Mujer, no seas blasfema! ¿Cómo tratas la imagen del Theratava con semejante falta de respeto? ¡No mereces tenerla aquí!” Y agarrándola con ira, se la guardó entre los pliegues de su túnica y la colocó sobre un altar en el templo que regentaba. Los niños quedaron profundamente tristes y su madre muy avergonzada. Pero esa misma noche, el Cielo se apareció en sueños al sacerdote y le increpó diciendo “!Insensato! ¡Más que insensato! ¿Por qué te metes en dónde no te llaman? Todas las tardes, antes de retirarme, me gustaba sentarme en aquella humilde casa para disfrutar enormemente con la alegría de aquellos niños y la excelsa santidad de aquella mujer a la que has humillado. Allí me sentía a gusto y no en este templo lóbrego y triste. Mañana por la mañana, encarga al monje más joven que devuelva esta imagen a aquella morada de paz.”
Todos se pusieron de pie, se inclinaron ante el Anciano y se retiraron en silencio. Así comenzó la preparación de Ting Chang en el noble arte de gobernar.
 

José Carlos Gª Fajardo

27/06/2006 01:55 Autor: nesemu. ;?> No hay comentarios. Comentar.

Retazos de la Luna Azul 051: Yoga de la escoba

Sergei, que de todo se enteraba, supo que un anciano había llegado al monasterio ofreciendo sus servicios. Intentaron disuadirlo por la dificultad de adaptarse a una vida de comunidad a una edad tan avanzada. Además, él había fundado una familia y, aunque su esposa acababa de morir, lo natural es que envejeciese al lado de ellos. Lo cuidarían y él podría transmitirle su experiencia. El anciano insistía en que lo admitiesen aunque sólo fuera para barrer los claustros y los jardines. Los priores se oponían porque temían que aquello se convirtiese en un asilo para personas mayores. Por otra parte, dada la incultura del anciano, sería difícil formarlo para que se pudiera integrar en una vida tan organizada como la de un monasterio.
- “Además, -le dijo el Abad-, si usted ha esperado hasta tan tarde para encontrar el sentido a su vida e iniciar un camino espiritual, no veo por qué no puede conseguirlo en medio del mundo en el que ha conservado durante tantos años ese anhelo de silencio y de soledad”.
- “Miren ustedes, yo tampoco sé por qué estoy aquí, pero llevo años y años superando todas las dificultades que se me presentaron con la esperanza de poder terminar mis días en la paz y en el silencio del Buda”, -les respondió con humildad el anciano.”
- “¿Acaso no sabe que el Buda no recomendó a todo el mundo la vida monacal, y que admiraba y animaba a los padres de familia en su camino de santidad? Si usted lleva tantos años esperando es porque no descubrió que en su quehacer diario está la perfecta sabiduría.
- “Nunca rechacé mis obligaciones ni me quejé en las adversidades. Todo lo veía conforme al plan del Cielo y, aunque no sé leer ni escribir, sí me enseñaron mis padres a contemplar el universo en una gota de rocío. Pero una vez cumplidas mis obligaciones familiares y habiendo cuidado de mi esposa hasta que cumplió sus días, algo me dice que puedo cumplir los míos en la contemplación y en el sosiego.”
- “Aquí la vida es dura y es difícil integrarse en una comunidad que tiene sus normas y sus tradiciones. A usted no le podemos dar libros para que aprenda todo lo que aquí se nos enseña desde jóvenes. Ni podrá leer las Escrituras.”
- “Pero siempre me podrían dar una escoba. En cuanto a los libros, me bastará con ver el comportamiento de la comunidad y, respecto a las Escrituras, o ustedes las viven y resplandece en todo cuanto hacen o habrán perdido el tiempo.”
Los monjes le dieron una escoba y le permitieron alojarse en una humilde cabaña al lado de las caballerizas. Podría comer en la cocina y asistir a los oficios desde la puerta para mantenerla siempre cerrada.
- ¿Es fuerte, de pelo algo cano y tiene los ojos del color gris del acero? – preguntó admirado el Maestro.
- ¿Cómo lo sabes, Luz del Otoño? – preguntó admirado Sergei mientras que Ting Chang contenía una sonrisa cómplice.
- ¡Ya ha llegado, Ting Chang!
- Maestro, pero ¿quién es?
- ¡Es el Maestro del yoga de la escoba!, y de otros saberes. Mañana iré a saludarlo, repuso el Maestro muy complacido.


José Carlos Gª Fajardo

23/06/2006 20:07 Autor: nesemu. ;?> No hay comentarios. Comentar.

Retazos de la Luna Azul 050 Ciegos en China

- ¡Maestro, parece que hay noticias del noble Ting Chang!
- ¿Ah sí? ¿Cómo lo sabes?
- Porque en la cocina dicen que llegará en helicóptero y han mandado a los monjes más fuertes a talar el bosque de los castaños y a preparar un helipuerto.
- ¡Todo es posible cuando la mente enloquece!
- Maestro, ¿tú crees que estamos locos?
- No todos, Sergei, algunos sabemos lo que queremos.
- ¡Eso es de los Nobles Señores de Ketama!
- No, si ahora va a resultar que todos somos nobles aunque algunos, en vez de incienso, utilicen otros sahumerios contra los cuales, ¡vive el Cielo!, que no tengo nada.
- Todos parecen haberse vuelto ciegos. ¿No conoces la historia del aquel que iba muy apresurado por la noche y, al doblar una esquina, tropezó con otro hombre que llevaba un farol?
- Continúa, Maestro, mientras doy la vuelta a estas tortillas de cebolla, a la lionesa, bien doradas, como a ti te gustan.
- Pues resulta que el hombre que venía tan apresurado apostrofó al del farol gritándole “¿No ve por dónde va, mentecato? ¿Para qué lleva ese farol encendido si no eres capaz de ver tres en un burro?”
- ¡Sí que iba fino el colega!
- “Tres no veré, pero uno destaca sobre todos los demás, - respondió el hombre del farol. ¿Acaso no ves que yo soy ciego y llevo el farol para alertar a los que vienen por la calle para que ellos puedan verme a mí, en lugar de atropellarme y de apostrofarme?”
- Está bien eso de “apostrofarme”.
- ¡Sergei, me matas! Pero prepara otra tortilla más con la cebolla bien dorada porque el noble Ting Chang está terminando de tomar un buen baño caliente para desprenderse del polvo del camino.
- ¡Noooo! ¡Así que era el campesino que vino a regalarle el cesto de cebollas, de ajos tiernos y de níscalos!
 

José Carlos Gª Fajardo

21/06/2006 13:50 Autor: nesemu. ;?> Hay 1 comentario.

Sabiduría árabe

Un viejo árabe vivía en Idaho, Estados Unidos, desde hace 40 años.
Quería plantar papas en su jardín, pero arar la tierra ya era un
trabajo muy pesado para él. Su único hijo Ahmed, estaba estudiando en Francia.
Entonces el hombre viejo decide mandarle un mail explicándole el problema:
Querido Ahmed: Me siento mal porque no voy a poder plantar mi jardín con
papas este año. Estoy muy viejo para arar las parcelas. Si tú estuvieras
aquí sé que darías vuelta a la tierra por mí. Que Alá esté contigo. Te
quiere, Papá.
Pocos días después recibe un mail de su hijo: "Querido papá: Por todo lo
que más quieras, no revuelvas la tierra de ese jodido jardín. Ahí es
donde tengo escondido....aquello.
Te quiere, Ahmed"
A eso de las cuatro de la madrugada, aparecen la Policía local, agentes
del FBI, de la CIA y representantes del Pentágono que revuelcan y dan
vuelta a toda la tierra del jardín buscando materiales para construir
bombas, ántrax o lo que sea. Pero, no encuentran nada y se van.
Ese mismo día el hombre recibe otro mail de su hijo:
"Querido papá : Seguramente ya podrás plantar las papas. Es lo mejor que
pude hacer desde aquí. Te quiere, tu hijo Ahmed".
20/06/2006 12:41 Autor: nesemu. ;?> Hay 6 comentarios.

Retazos de la Luna Azul: 049 Mu

- Maestro, - le dijo Sergei cariacontecido -. Me da la sensación de que el Abad no me mira con buenos ojos.
- ¿De dónde has sacado eso, liebre achantada?
- Es que la otra tarde, al regresar de hacer mis buenas acciones en el pueblo...
- ¡Ejem! Pásame un poco de sirope para aclarar mi garganta. Debe de ser el fresco de la tarde.
- Pues, el abad dijo al pasar, como quien no quiere la cosa, como hablando con el Ecónomo. “La verdad es que hay personas que sólo piensan en cambiar de jumento. ¡Ecónomo!, Este burro no hace más que gastar en comida. Habrá que deshacerse de él. ¡Para lo que sirve...!” Me quedé algo escamado, Noble Señor.
- Oye, ¿por qué pronuncias abad con minúscula? ¿Ya han llegado tan lejos las cosas? ¿Todavía te preocupa el qué dirán? Mira, vete al cementerio del pueblo, andando, sí, que no se te van a gastar las piernas, y te pones a insultar a todos los muertos que según algunos, allí reposan.
Regresó Sergei, después de cumplir con lo mandado por el Maestro y éste le preguntó:
- ¿Cómo han reaccionado los muertos?
- Ni mú, no dijeron ni mú, Maestro.
- Ahora vuelve allí a la carrera y haz toda clase de zalemas y de lisonjas. Después, vuelve aquí con su respuesta.
- ¡Pero, Maestro, Luz de dónde el sol la toma! ¿Para qué ir si ya conozco lo que no me van a decir?
- Pues eso es lo que significa en el lenguaje Zen la expresión MU, Nada. Esa debe ser la actitud de un hombre sensato ante los halagos y ante los insultos. Ni inmutarse. Y ya hablaremos de esta loca carrera a por el escabel del príncipe.
 

José Carlos Gª Fajardo

20/06/2006 10:49 Autor: nesemu. ;?> No hay comentarios. Comentar.

Retazos de la Luna Azul 048: Chalaneo

- Me parece, Noble Anciano, que el Abad y el Ecónomo andan muy ocupados ampliando las despensas. Y dicen, en la cocina, claro, que andan planeando instalar un motor electrógeno para colocar frigoríficos.
- Sergei, si deambularas menos por la cocina mantendrías más paz en tu espíritu, que es la razón por la que estás aquí.
- Sí, Maestro, para prepararme para la vida, pero ¿en dónde podré encontrar una vida mejor que esta, si exceptuamos la exuberancia con la que he sido dotado por mi naturaleza?” ¡Ay, si Dios me ayudase... !
- Sergei, ¡tienes un morro que te lo pisas! Tira bien de ahí, no pueden quedar arrugas.
- ¡Si ya tiro lo que pasa es que esta rafia está algo rebelde!
- ¿Sabes lo que le ocurrió a un devoto avaricioso?
- Eso es incompatible.
- Escucha. Un alto ejecutivo, de esos que ahora tanto admiras, no me interrumpas y continua tirando de la rafia. Pues bien, ese hombre de negocios se encontró en apuros porque no iba a poder atender un vencimiento importante. Entonces, se acordó de su fe de niño y se fue al templo. Se postró ante la estatua del Altísimo y le prometió que, si le solucionaba su enorme barullo económico, vendería una casa y entregaría su importe a los pobres. Así fue. Llegado el momento, se le solucionaron sus problemas y puso un cartel ante la casa que iba a vender: “Se vende casa con perro incluido”. Unas personas fueron a preguntar y el honrado ejecutivo les dijo: “La casa vale cinco monedas de plata, el perro cien mil. No se venden por separado”
- ¡No me diga lo que viene a continuación!
- Vendió la casa con el perro por la suma establecida y se dirigió al templo para entregar las cinco monedas de plata con destino a los pobres.
- ¡Hasta se chalanea con la Divinidad!
- ¡No me digas, Sergei, no me digas!
 

José Carlos Gª Fajardo

13/06/2006 16:20 Autor: nesemu. ;?> Hay 1 comentario.

Retazos 047: Lluvia de otoño

Estaba Sergei recuperándose de los estragos que le había causado, “la vida en la ciudad”, como él decía eufemísticamente, cuando el Maestro le preguntó.
- Sergei, ¿no crees que ha llegado la hora de que busques alguna orientación para tu vida?
- Eso estaba pensando mientras guardaba el traje de ejecutivo. Pero ¿adónde ir, Maestro? Para monje no sirvo, ya usted sabe. Tampoco me imagino sentado en un puesto de trabajo rutinario y sometido a un horario. ¡No sirvo para estar encerrado! Tampoco creo que estoy preparado para asumir una vida de familia.
- Pues no creas que están más preparados el noventa por ciento de los que se casan. Si pusieran tantas cauciones para casarse como las ponen para divorciarse algo comenzaría a enderezarse. No he visto mayor temeridad que la de lanzarse a echar hijos al mundo sin la preparación adecuada.
- ¿Y cómo hacían antes?
- Estaba la escuela del hogar tradicional. Se limitaban a repetir lo aprendido. Ahora es preciso inventar un nuevo concepto que se adapte a la realidad que existe, y eso antes de inventar un nuevo sistema.
- No me veo, Maestro, no me veo uncido a un arado.
- ¿Y aprender un oficio o prepararte para un empleo, en la ciudad?
- Maestro, no me extraña lo que dices, sino el acento. ¿Crees que voy a postularme para acompañar a Ting Chang en su nueva vida?
- Tú te lo dices todo. Escucha, Sergei lo que aconteció a una lechuza que decidió marcharse a otras tierras. Su amiga la tórtola le preguntó que por qué lo hacía y la lechuza le respondió “porque a la gente no le gusta mi canto”. “Bueno, le dijo la tórtola, quizás tendrías que trabajar en cambiar tu canto y si lo logras, podrás emigrar. De lo contrario, tampoco le gustará tu graznido a las gentes de otro lugar”. “¡Pero mi canto es el propio de las lechuzas!” “Entonces, será mejor que te tranquilices y recuperes el sosiego y la sabiduría que te caracterizan. ¿Qué importa que a algunos no les guste tu canto?”
Sergei se postró ante el Maestro y pasó con respeto sus dedos sobre sus sandalias. Entonces, comenzó a llover como solía.
 

José Carlos Gª Fajardo

 

12/06/2006 11:11 Autor: nesemu. ;?> Hay 2 comentarios.

Retazos de la Luna Azul 046: Orejas de liebre

Terminaba la tarde del séptimo día del retiro del Maestro cuando éste se preparaba para ir a la cocina del monasterio a buscar un poco de comida. En esto, hizo su aparición Sergei, vestido como un ejecutivo de la ciudad.
- ¿Adónde vas, liebre que agoniza? – le preguntó sin inmutarse-. ¿O de dónde vienes?
- Ay, Maestro, esta viuda me trae loco. ¿No se le ocurrió decirme que había que estar preparados por si nos trasladábamos todos a Shangai?
- ¿Pero no tenía un ataque de lumbago?
- Ya, Maestro, ya. Del lumbago y de lo que no es lumbago voy a tener que reponerme yo después de una semana con esta fiera. Creo que agotó las reservas de ginseng de todo el pueblo si no, no me lo explico.
- Sergei, ¿no sabes lo que le ocurrió a una liebre que estaba muy orgullosa de sus finas y largas orejas?
- Estoy yo como para pensar en liebres, ¡adoro a las tortugas! Pero cuente, cuente.
- Pues resulta que, cuando llegó el invierno, las puntas de las orejas se le congelaban durante las noches más frías.
- ¿Entonces, qué hizo?
- Decidió mantenerse alerta con los ojos bien abiertos para ver llegar el frío y ponerse a cubierto.
- Ay, Maestro, ¡si no son las orejas lo que siento dolorido!
- Ahora, encima, ¡no te quejes! ¿Ves lo que sucede cuando se es tan atractivo? Las tigresas te perseguirán y no para hacerte zalemas.
 

José Carlos Gª Fajardo

 

 

09/06/2006 13:22 Autor: nesemu. ;?> Hay 2 comentarios.

Retazos de la Luna Azul: Melocotones

A pesar de encontrarse haciendo retiro, el Maestro recibió la visita de un monje que se postró a sus pies pidiéndole perdón por invadir su silencio. El Maestro lo acogió porque lo percibió atormentado y le preparó una taza de té especiado a la manera india, con toda la calma. Sólo después de haberlo tranquilizado, se sentó en su cojín y le invitó a desahogar su corazón.
- Maestro, ¿de dónde proceden las raíces de tu sistema filosófico? Aunque asentado en el Tao, sigues las normas de Confucio y practicas el Budismo mientras que todos nos damos cuenta del respeto con el que tratas a los sufís y lo desconcertados que nos dejas con las extravagancias de algunos Mulás. ¿Se trata de un sincretismo o es que todo te da igual porque has descubierto la nada y el absurdo que nos gobiernan?
El Maestro le acercó un hermoso melocotón de aterciopelado color ambarino y con un aroma penetrante, y se lo dio para que se lo comiese, mientras que el Maestro hacía otro tanto. Al principio, el monje intentó comerlo con mesura pero era tanto y tan rico el jugo del melocotón que imitó al Maestro que se relamía con lo que desbordaba por la comisura de sus labios. El monje se acomodó y juntos dieron cuenta de una buena cesta de melocotones que competían con las luces que entraban por la baranda en ese atardecer del otoño.
Cuando terminaron, el Maestro se puso en pié y preguntó al monje:
- ¿Te interesa ahora saber de dónde proceden esos melocotones?
El monje se postró sonriente y respondió:
- No Maestro, ya es bastante.
- Ah, pero no confundas nunca la nada con lo absurdo. Trata de vivir la plenitud del vacío. ¡Hala! Que ya suena el gong de tu monasterio llamándoos a la meditación del crepúsculo.
- ¡Pues estoy yo bueno para sentarme a meditar!
- Pues, pasea.
 

José Carlos Gª Fajardo

08/06/2006 17:24 Autor: nesemu. ;?> Hay 2 comentarios.

Retazos de la Luna Azul 044: Viento solano

Una vez establecida sólidamente la base para recibir la tinta negra, el Maestro se retiró unos días en silencio. Paseaba por la orilla del río, revisaba los desagües de los remansos para que pudieran recibir las próximas subidas de las aguas, acondicionó con algas y rocas pequeñas los refugios para las carpas doradas y fue amontonando hojas secas para hacer un buen compost con ceniza del fogón y desechos de la cocina. Sergei, durante esos días, le pidió permiso para acompañar a la ciudad a la viuda de Nanking a visitar a sus parientes. La verdad es que el Maestro se estaba preparando para acoger al doctor Ting Chang cuando regresase para su especial seshin, o retiro intensivo, con el que habría de comenzar su nueva andadura.
El Abad había venido a visitar al Maestro, cosa extraña en él, y le encareció que no obstaculizase los caminos del Cielo influyendo en la decisión que, al parecer, ya había tomado el noble Ting Chang.
- O su noble y poderoso padre por él, - le dijo con calma el Maestro.
- No hay que olvidar las decenas de miles de personas que viven del trabajo que les ofrece ese imperio industrial, - argumentó el Abad.
- Por supuesto, por eso Vuestra Paternidad y yo nos hemos retirado a un monasterio y hemos descuidado el contribuir a la propagación de la especie. Vivimos en un oasis que, a veces, corre el peligro de ignorar demasiado la vida de las gentes en el campo y en las ciudades.
- Maestro, nosotros somos una reserva espiritual y contribuimos al orden establecido por le Cielo.
- Dime, Honorable Abad, cuando yo resigné mi puesto en el monasterio e hice que te eligieran para gobernar este monasterio, ¿estabas seguro de que obedecíamos a los dictados del Cielo o te creías preparado para ese puesto?
- No sé adónde quieres llegar, Venerable Luz de todos nosotros.
- Te veo algo crecido. Escucha esta historia: Había una ostra que reposaba en el fondo del mar con sus valvas abiertas en esperaba que entrase alguna arena que la estimulase. Pero resulta que una hermosa perla debió desprenderse de otra ostra y descendía radiante entre las aguas. La ostra la atrapó pero no se la quedó dentro sino que la colocó sobre la arena, a su lado. Se dijo, “si los pescadores de perlas la ven, la cogerán y a mí me dejarán tranquila”. Vana ilusión, los pescadores de perlas estaban acostumbrados a distinguir las ostras en el fondo del agua pero no las perlas reluciendo su nácar sobre la arena. Así que, se llevaron la ostra y la perla sigue reposando tranquilamente sobre el fondo del océano. ¿Lo coges, Abad? ¿Cuidas la perla o te afanas en exceso por el bienestar de las ostras?
- No podemos rechazar la bendición del Cielo expresada en la generosidad del Noble señor Chang.
- Estás tú bueno, Abad, estás tú bueno. Veremos adónde nos lleva todo esto. Me da la sensación de que los monjes andan medio disipados. Por eso he dejado de darle las charlas durante unos días, no son capaces de recibir nada. Sus vibraciones no me gustan. Me llamaré al silencio hasta que pase este viento solano.
 

José Carlos Gª Fajardo

 

 

07/06/2006 12:15 Autor: nesemu. ;?> No hay comentarios. Comentar.

Lección de vida

Las grandes obras de las instituciones
las sueñan los santos locos,
las realizan los luchadores natos,
las aprovechan los felices cuerdos
y las critican los inútiles crónicos.
Merecería haber escrito estas palabras el Maestro de Sergei. Es certera. Nesemu
06/06/2006 16:22 Autor: nesemu. ;?> Hay 1 comentario.

Retazos de la Luna Azul 043: Apetecibles

Seguían preparando la amplia estera de rafia para que recibiera bien la base de tinta china que delinearía los contornos del paisaje que el Maestro quería regalarle al doctor Ting Chang. De la etapa que se avecinaba en su nueva vida en Shangai, el Maestro no sabía más que lo que Ting Chang le había enviado en un mensaje con unas escuetas palabras: “Regresaré si me aceptas para prepararme adecuadamente para esta guerra”.
- Si aún hubiera dicho “batalla”, estaría más tranquilo - le comentó a Sergei en voz alta-. Pero este tipo de personas excepcionales cuando aceptan un desafío lo hacen con todas sus consecuencias. Pero, escucha, Sergei, ¿qué haces tú yendo y viniendo al pueblo en el burro de los monjes? ¿A tantos recados te envía el Ecónomo?
- ¡Luz que apenas se divisa! Nada se te escapa. Y eso que estos días andas de muy buen humor.
- ¿Cuándo no lo estoy, liebre atronadora?
- Bueno, digo que desde hace unos días pareces más alegre.
- No te desvíes, Sergei. Nos conocemos.
- Bueno, Refugio de los humildes, es que la ilustre viuda de Nanking ha tenido un ataque de lumbago.
- Y te ha llamado para que la trates, terapéuticamente, quiero decir.
- Maestro, a veces me pregunto por qué el Cielo me habrá hecho así, tan atractivo.
- Cuida, Sergei, que no te vaya a ocurrir lo que a aquel hombre que corría desesperado perseguido por una enorme tigresa. El hombre ya no pudo más, se paró, se volvió y le gritó a la inmensa fiera que ya babeaba de placer. “¿No podrías dejarme en paz?” La tigresa respondió babeando todavía más: “¿Por qué no dejas tú de tener unas cachas tan apetecibles?”
- ¡Maestro!
- ¡Ahahá!
 

José Carlos Gª Fajardo

06/06/2006 11:56 Autor: nesemu. ;?> Hay 6 comentarios.

Retazos de la Luna Azul 042: No te fíes de las apariencias

- Maestro, le dijo Sergei con una amplia sonrisa – hoy estás como unas castañuelas. Da gusto verte. Desde que me he levantado te he visto por el jardín y parecía que saludabas a las flores.
- No, liebre curiosa, les cantaba canciones que en mi niñez escuchaba a mi madre durante esta época. Mi madre se llamaba Luz de Otoño.
- ¡Ahí va!¿Has tenido buenas noticias?
- Sí, Sergei. Los ojos son horizontales y la nariz vertical.
- Eso es lo que respondió a los monjes el patriarca Dogen cuando regresó a Japón después de su peregrinar por China.
- Pues eso, Sergei, pues eso. Estamos viviendo. Luce el sol. El té estaba bueno.
- Y el zumo de naranjas con ese toque de jengibre.
- Y esas galletas de canela que nos envió la viuda de Nanking. ¿No la tendrás desatendida y busca recomendaciones?
- No se preocupe Maestro, yo soy un cumplidor cabal.
- ¡Sergei, qué lenguaje! Escucha lo que le sucedió a un joven apuesto, alto, sonriente y muy inteligente que se encontró con un sabio en la ciudad de Shiraz. Éste le preguntó quién era. “Soy el Diablo, Venerable Señor.” “¡No es posible! – respondió el hombre santo -. ¡El diablo es feo y malvado, hortera y huele a azufre!” “Ay, amigo mío, ¡has estado escuchando a mis difamadores!”
 

José Carlos Gª Fajardo

 

05/06/2006 20:41 Autor: nesemu. ;?> Hay 4 comentarios.

Retazos de la Luna Azul 041: Lloran mis ojos

- Maestro, - le dijo Sergei mientras preparaban las tintas que habrían de servir para trazar el diseño básico en la alfombra de rafia -, casi no has comido y, antes, bien que te gustaban las compotas.
- Me siguen gustando, Sergei, lo que ocurre es que a veces se me cierra el estómago.
- Eso a mí me sucede cuando estoy triste.
- La tristeza es un estado de ánimo que no pocas veces procede de secreciones interiores. Su origen puede ser biológico o químico. Pero otras veces es el estado de ánimo el que activa esas glándulas.
- Maestro, antes no solías dar tantas vueltas. Nos contabas un cuento y nos llenabas de luz. Pero, claro, he dicho nos contabas y ahora sólo estoy yo.
- Sergei, antes de llegar Ting Chang, tú ya estabas aquí para atenderme. El Abad te había dado este puesto ya que ni querías ser monje ni tenías las ideas muy claras acerca de lo que pretendías hacer en esta vida.
- Sí, Luz del Otoño, yo también creí que estaba de paso pero, ya ves, la liebre se asentó por un tiempo. Desde que salí de Mongolia, adonde mis padres habían emigrado desde Siberia, como sabes, yo buscaba alcanzar la fama, correr aventuras y conocer mundo.
- No le des más vueltas, Sergei. Cuando llegó el joven doctor aportó un chorro de paz y de serenidad, tenía y tiene una grandeza interior que se reflejaba en todo su semblante. Era saludable y alegre. Daba paz. No necesitaba hablar para expresar su estado de ánimo. Y nos hizo mucha compañía. Pero aquí estaba de paso y yo sabía que necesitaba asentarse para afrontar lo que el Cielo le deparase.
- Ya, Esclarecido Maestro, pero todos creímos que regresaría a su tierra para practicar la medicina. Pero este bombazo de ser llamado por su padre, el todopoderoso señor de la banca y los negocios en Shangai...
- Sergei, si seguimos así, esta tinta no va a fluir como conviene. Anda, te voy a contar una historia verídica pero que algunos piensan que se trata de un cuento.
- ¿Acaso importa, Maestro?
- Un admirado sabio hindú siempre había predicado a sus discípulos que todo era ilusorio, que todo era maya, que no había que apegarse a nada y que era preciso vivir en armonía y sosegadamente. Pero un día lo vieron llorando y no daban crédito a sus ojos. “Babaji, - le dijeron con profundo respeto –, si todo es ilusión y nada permanece ¿por qué lloras de ese modo?” “Lloran mis ojos y yo los sostengo porque es tan amarga la ilusión de haber perdido al único hijo que tenía en este mundo ilusorio---”.
- Le había muerto su hijo y, ¡claro! Pues lloraba porque lo sentía. No era de piedra.
- Algunos piensan que la perfección reside en la ataraxia, en la insensibilidad y en el desapego total. Eso es un error, una persona sin sentimientos no es un ser humano, por lo tanto, cuando hay que llorar, se llora; cuando hay que reír, se ríe. Pero sin apegarse ni al desapego. Anda, no pares de dar vueltas a esas cenizas. ¡Pero hazlo con garbo, melón!
 

José Carlos Gª Fajardo

04/06/2006 21:40 Autor: nesemu. ;?> Hay 3 comentarios.

Retazos de la Luna azul 040: Con los pájaros volados

Estaba Sergei ayudando al Maestro en la preparación de una alfombra de rafia que pensaba pintar adecuadamente para regalársela a un amigo y dijo, como sin querer, al Maestro.
- Ese amigo, debe significar mucho para ti, ¿verdad Venerable Luz del atardecer?
- Así es, liebre espabilada. El Cielo no siempre se expresa como esperábamos, pero ¿Acaso habla el Cielo? Hablan las estaciones, y la noche y el día, el rocío y la aurora. Habla todo cuanto existe. ¿Por qué habríamos de poner nosotros palabras en esta sinfonía de silencios?
- Maestro, yo sólo te hablaba de la alfombra que preparas con tanto mimo para poder pintarla con tinta china. Me temo que he interrumpido algún diálogo.
- Eres terrible, Sergei, terrible.
- Dime, Maestro, ¿es mejor ser pobre o ser rico?
- Hombre, preguntado así, mejor es ser rico. Pero si me preguntas si debemos esforzarnos en un sentido o en el otro, puesto que ni tú ni yo somos ricos ni pobres de solemnidad, te daría otra respuesta.
- ¿Cuál, Venerable Anciano?
- La riqueza y la pobreza son dos grandes problemas, pero el más terrible es la pobreza. No existe mayor problema en el mundo pues de él derivan el hambre, la ignorancia, la explosión demográfica, la enfermedad y las guerras.
- Ya me has respondido, Noble Señor.
- La pobreza no puede ser una virtud, como torpemente interpretaron algunos desviados de la doctrina del Rabí. Amar a los pobres sí, pero para ponernos a su lado contra la pobreza. Ahora bien, la riqueza también representa un problema.
- ¿Cuál, Honorable Señor?
- Porque el rico emplea toda su energía en conservarla y aún, locamente, en acrecentarla. ¡Cómo si se pudiera llevar algo consigo a la hora de la muerte, que ya está ahí!
- ¿Tan cerca, Señor?
- Todos traemos fecha de caducidad desde que nacemos. Ocurre que no la vemos y así no nos desesperamos para que pueda seguir dando vueltas este tío vivo.
- Maestro, hoy no andas muy optimista. ¿Vuelan tus pájaros lejos de tu corazón? ¿No era así como decían en Corrientes “ando con los pájaros volados?”
- Mira, Sergei, astuto, ante la pobreza y la riqueza, el hombre justo que sigue el Camino, procura evitarlas. Y ahora, deja ya de inquirir y estira bien la trama mientras yo me ocupo de la urdimbre.
 

José Carlos Gª Fajardo

03/06/2006 09:43 Autor: nesemu. ;?> Hay 2 comentarios.

Retazos 039: Instructor de dignatarios

Seguían Maestro y ayudante empleando lo más de su día en arreglar el jardín, después de haber pasado tantos días en la montaña. El médico amigo se encontraba camino de Shangai y ninguno de los dos hacía elucubraciones sobre el futuro. Pero la procesión les iba por dentro.
- Maestro – le dijo con mucha suavidad Sergei -. A lo mejor, en los cuentos sucede como en los chistes. Cuentas uno de sordos y salen en ringlera. Si los cuentas de sastres, salen otros tantos.
- Sergei, a ti te gustó el del banquete de Tamerlán y quieres que te cuente otro. Pero lo que no te imaginas es que este otro le sucedió al Mulá el mismo día que acudió el ermitaño y tuvo aquellas palabras, tan sabias, con el chambelán.
- ¡No es posible! - exclamó la liebre siberiana - ¿Dos seres estrafalarios como el ermitaño y un Mulá en un banquete real?
- Como sabes, al Emperador Tamerlán se le achaca su incomprensible amistad con el Mulá Nasrudín, y hasta que le había confiado puestos de gobierno para mortificar a sus ministros. Pues bien, en la noche de ese banquete, las cosas no sucedieron de manera tan arbitraria como podría pensarse. El Emperador le había pedido al Mulá que invitase a la cena a un sabio anacoreta que había alcanzado la iluminación para que les hablase del Camino, del Tao, de la plenitud y de la Nada. Por eso el ermitaño se produjo como lo hizo.
- ¿Y Nasrudín?
- Este andaba tan preocupado por que no había encontrado al santo anacoreta a la entrada de la ciudad, que se vino a palacio con las viejas ropas de capar burros que llevaba. Los invitados lo miraban con asombro y el chambelán lo detuvo cuando se dirigía al puesto de costumbre en el séquito del emperador. ¡Qué pintas llevaría que el chambelán no lo reconoció y lo mandó sentar en un extremo de la mesa! El Mulá no dijo nada. Se levantó y se marchó a su casa, con gran alivio del chambelán.
- Qué extraña conducta en el Mulá... – dijo Sergei que no perdía ripio.
- Ya, ya. Al cabo de una hora, regresó envuelto en una amplia túnica de seda y de oro, con un fajín de damasco púrpura y el turbante cubierto de espléndidas joyas que había “tomado prestadas” en un templo hindú de las cercanías. El Chambelán se inclinó ante el noble personaje y lo condujo hasta el Emperador que lo había reconocido nada más verlo, a pesar de la muselina que desde el amplio turbante le caía por el rostro. Le ofreció el mejor asiento para que se sentase tan noble señor.
- ¿Se acomodó Nasrudín, y le dijo algo al chambelán?
- ¡Quiá! Algo mucho más divertido: se empezó a desnudar y fue colocando la rica ropa sobre el asiento que le habían dado hasta quedar con los pezones cortando vidrios.
- ¡Oh Alá!
- Eso dijo el Emperador que se partía de la risa. ¡Oh Alá! Entonces, ante el estupor de todos los invitados, el Mulá se volvió al emperador y le dijo:
- “Sublime Emir de los Creyentes, Puerta de los Mares y Luz de dónde el Sol la Toma! Aquí os dejo al invitado, pues está comprobado que en Tu Corte no se honra al consejero del Rey sino al vestido que trae puesto. Si es así cómo se gobierna un Reino...
- ¡Qué bárbaro, el Mulá! ¿Y que le dijo el Emperador?, porque ¡menuda crítica!
- ¿Por qué crees que el Emperador lo tenía como consejero en su corte, a pesar de la fama de analfabeto que tenía Nasrudín?
- ¡Porque, a su manera, corregía a los ministros!
 

José Carlos Gª Fajardo

 

02/06/2006 01:20 Autor: nesemu. ;?> Hay 3 comentarios.

Retazos de la Luna azul 038: La nada ocupa su puesto

Andaba el Maestro ocupado en preparar bien la llegada del Otoño. Se entretenía en el estanque, limpiaba alcorques, podaba ramas secas, en espera de la gran poda de invierno. Pero Sergei se daba cuenta de que andaba algo preocupado por la partida del Noble Ting Chang, llamado por su padre a su residencia en Shangai. Al parecer, un auténtico palacio.
- Maestro, - le dijo Sergei -, aunque quizás no andes de humor para contar historias con esto de la marcha de Ting Chang a su casa, pero a mí me gustaría que me contaras un cuento.
- Vamos allá, - liebre tierna -. En la corte de Tamerlán se celebró un banquete de gran esplendor y los más importantes personajes se aprestaban a participar. Eran enormes las colas, los guardas y las escoltas. Pero, entre ellos, acertó a pasar un humilde ermitaño en el que nadie reparó, quizás por la sencillez de su túnica.
Al ver la puerta abierta, el anacoreta se adentró y fue caminando hasta el comedor en donde vio casi todos los puestos ocupados menos los de la cabecera. Y hacia allí se dirigió, sentándose sin más. El maestro de ceremonias se acercó indignado y le espetó:
- ¿Quién eres tú? ¿Acaso tú eres más importante que el Primer Ministro?
- Mi rango es superior que el suyo, -respondió-.
- ¡No me lo puedo creer! ¿Te consideras más importante que el Gran Visir?
- ¿Cómo te lo diría? Mi rango es todavía muy superior.
- ¡Me va a dar algo! ¡Este hombre no sabe nada de nada! Es un ignorante que se cree superior al mismo Emperador.
- Así es, en efecto. En el escalafón que tú utilizas y que te ocasiona tantos quebrantos, mi rango es muy superior al del mismo Emperador, Conductor de los creyentes.
- ¡Las sales! ¡Las sales porque me voy a desmayar! Por encima del Emir de los Creyentes sólo está el mismísimo Alá. Por encima del Cual no existe nada. ¡Has entendido? ¡Nada!
- Ahora lo has descubierto. ¡Mira que eres corto, chambelán! Ahora ya puedes estar tranquilo y dejar de molestarme. Nada, esa es mi identidad.
 

José Carlos Gª Fajardo

31/05/2006 04:03 Autor: nesemu. ;?> Hay 2 comentarios.

Retazos de la Luna azul 037: Sorpresa en los baños

Cuando llegaron al monasterio, el Abad les propuso que tomaran un baño caliente y que cenaran tranquilamente lo que les había preparado el cocinero.
- “A veces, lo mejor es descansar”, - les dijo con una sonrisa a los tres, pues sabía que conocían la famosa máxima Zen.
- Así lo haremos, Abad, - respondió el Maestro -, la última etapa ha sido dura para mi espalda. En lugar de la meditación de la tarde, nos daremos un buen baño de vapor y de hierbas aromáticas.
Sergei acompañó al monje de los establos con las mulas y el pollino mientras Ting Chang se acercaba a dejar las alforjas en sus cabañas. El Maestro hizo entrega al monje farmacéutico de las preciosas hierbas que les habían dado para su botica mientras les hacía algunas recomendaciones que le habían hecho en el monasterio de la montaña.
Una vez relajados en el baño de maderas olorosas, y después de que monjes expertos les hubieran hecho unos estiramientos, se sentaron para relajarse en la estancia de aguas tibias aromatizadas con aceites que ardían en pequeños pebeteros.
- Nos tratan como a reyes – comentó el Maestro – pero no sé por qué me parece que el Abad tiene algo que decirnos y se está reservando para mañana.
- Conociendo al Abad, Maestro, - comentó sin miramientos Sergei, - es que algo le va a pedir, y por eso lo regala de esta manera.
- ¿Y por qué nos regala también a nosotros? – comentó con los ojos entornados Ting Chang -. En Japón, es costumbre que los discípulos aventajados compartan el baño con el Maestro...
- Que no es el caso, digo por lo de “aventajados” - apostilló la liebre de las estepas.
- Déjame seguir, Sergei, - prosiguió el noble doctor algo ensimismado -. No sé por qué, la actitud del Abad, me recordó a la mantenida conmigo el día de mi llegada.
- ¿Qué piensas, noble Ting Chang? – preguntó con amabilidad el Maestro que ya había sido advertido por el Abad en un aparte.
- Venerable Señor, fueron muchos años viviendo a la sombra de mi padre como para no detectar el rumor de su influencia.
- ¡Ejem! Si me permitís, Nobles señores – dijo casi en un susurro Sergei -, cuando fui a los establos acompañando al mozo con las caballerías, en el suelo de la entrada vi huellas de ruedas de un gran coche.
- Entonces, - intervino el Maestro -, le preguntaste a los monjes quién había llegado, ¿no es cierto Sergei?
- Bueno, Luz del Otoño, lo cierto es que han llegado dos grandes coches escoltando a uno más grande.
- ¿Y no se parecerían, por casualidad, a los que trajeron tantos víveres para el monasterio días antes de mi llegada? – preguntó, ya desarmado, Ting Chang, el hijo de uno de los hombres más poderosos de Shangai -.
- Noble señor, - dijo Sergei postrándose ante el médico con lágrimas en los ojos -. Al parecer, vienen a buscarte.
El Maestro palmeteó con sus manos y con una gran sonrisa les dijo, levantándose con toda dignidad:
- ¡Estamos en las manos del Cielo y nada sucederá superior a nuestras fuerzas! Cuando comer, comer. Ahora, vamos a cenar con toda la serenidad del mundo. Hoy es siempre, todavía.
- Venerado Maestro, - dijo Ting Chang - vine para ponerme en tus manos. Te haría ofensa y sería injusto con el Cielo si no demostrase que algo he aprendido a tu lado. Pasemos a cenar y, si lo permites, mándale a Sergei que traiga una garrafa del buen vino de los monjes de la montaña.
- ¡Ya le había dado dos al monje encargado del comedor para que las pusiera a refrescar! – dijo entre risas Sergei echándose cubos de agua fresca por encima -.
- ¡Condenado rapaz que oye crecer la hierba!
 

José Carlos Gª Fajardo

 

30/05/2006 15:40 Autor: nesemu. ;?> Hay 3 comentarios.

Retazos de la Luna Azul 036: Un Buda borracho

Las gentes sencillas del camino se inclinaban al paso de la comitiva formada por las tres mulas y por un pequeño asno cargado con fardos. Contenían hierbas seleccionadas por los monjes de la montaña para que los monjes del otro monasterio pudieran hacer medicamentos para los enfermos del lugar. Existía la tradición en los monasterios de todas las confesiones religiosas del mundo de mantener bien provista una botica con monjes expertos en remedios terapéuticos. Quizás no sea otro el origen de la medicina que la práctica de los curadores, de los chamanes y de las gentes en contacto con la naturaleza y con el mundo de los espíritus. Cuando todo se quiso reducir a un reduccionismo mecánico, se rompió la unidad del ser humano y de su inserción holística en la naturaleza. El Maestro admiraba mucho la labor de los alquimistas y de los expertos en el manejo de las hierbas medicinales en relación con los humores cambiantes de las personas. A veces, se acercaba a la vieja farmacia del monasterio para charlar con el sabio alquimista que la regentaba. Sergei venía en la cola arrastrando del ramal al asno que les había regalado y el Abad y del que él ya pensaba incautarse “para hacer recados” en el pueblo. Durante uno de los descansos de la comitiva, Sergei preguntó al Maestro:
- ¿Cómo era la historia del Buda borracho? ¿Bebía tanto el Buda?
- No, Sergei, con el nombre de Buda se designan a las personas que han alcanzado la iluminación, pues ese es el significado del la palabra “buda”. Así, ha habido muchos “Budas” entre las personas que han seguido el Camino. Uno de esos Maestros se llamaba Suiwo y fue un personaje casi mítico al que se le achacan más historias que las vividas por él.
- Maestro, – intervino Ting Chang -, a mí siempre me ha parecido un personaje inmensamente libre y divertido, aunque preocupante para no pocos abades ortodoxos.
- ¿Por qué?, - preguntó Sergei que intuía una historia apasionante.
- ¡Pues imagínate lo que sería un monasterio en el que todos imitasen al Maestro Suiwo! Y eso que él fue el Maestro sucesor del gran Hakuin al frente de su monasterio por el que pasaron y se formaron otros famosos Maestros, como Torei, Daikyu y Reigen.
- ¡Cuente, Maestro, cuente!, - dijo Sergei acercándoles unas tazas de té caliente alegradas con un poco del vino de arroz que les habían regalado en el monasterio.
- Suiwo conoció a Hakuin cuando ya tenía treinta años y el Maestro percibió en él un espíritu excepcional y le animó a desarrollar sus potencialidades. Suiwo siguió sus enseñanzas durante más de veinte años pero era un tipo excéntrico y extravagante. Vivía a diez leguas del monasterio que recorría a diario para escuchar las enseñanzas del Maestro. Muy aficionado al vino de arroz, comía cuanto le ponían delante. Se echaba a dormir donde le apretaba el sueño y tenía una fortaleza nada común. Era hermoso y fue amado pero Suiwo era incapaz de atarse a nada ni a nadie. Hasta que enfermó el Maestro Hakuin, y Suiwo se fue al monasterio para cuidarlo hasta su muerte. Entonces, todos se pasmaron de que el Maestro le hubiera entregado a él el manto, el cuento y el bastón símbolos de la transmisión.
- ¿Y se quedó a vivir en el monasterio?
- Bueno, como había otro monje llamado Torei que también había alcanzado la iluminación, Suiwo le enviaba a todos cuantos llegaban para estudiar Zen. El problema es que nadie como Suiwo era capaz de comentar a los clásicos y, cuando él hablaba, tenía audiencias de hasta trescientas personas. El caso es que los demás Maestros le suplicaron insistentemente para que se ocupase de la formación de los monjes en el monasterio. Suiwo ya tenía cincuenta y ocho años cuando pronunció el increíble discurso de las Cinco casas del Zen que, desde entonces, se ha convertido en un clásico. Al final de sus días llego a congregar a más de setecientas personas para escucharle. Él les decía: “En contra de lo que dijo un clásico, de que es mejor estar demasiado relajado que demasiado apasionado, yo creo que es preferible estar demasiado apasionado que demasiado relajado. ¿De qué vale vivir de la fraseología recitando textos sagrados? Hay que vivir a tope”.
- Claro, con una personalidad tan extraordinaria como la suya – comentó reflexivo Ting Chang-, hiciera lo que hiciese habitaba en la perfección.
- El caso es que, cuando estaba en su lecho de muerte, no admitiendo más medicamentos que vino caliente bien especiado, los monjes le pidieron un poema de despedida, de acuerdo con la tradición. Suiwo tomó un pincel y escribió muerto de risa:
o “He estado burlándome
o de Budas y Maestros Zen
o durante sesenta y tres años.
o En cuanto a mi epitafio,
o ¿Qué? ¿Qué?
o ¡Kaa!”
Y después de una sonora carcajada, cerró los ojos y expiró.
 

José Carlos Gª Fajardo

 

 

29/05/2006 12:19 Autor: nesemu. ;?> Hay 10 comentarios.

Retazos de la Luna azul 034: Desapego

Permanecieron durante unos días en aquel monasterio tan bien asentado en la ladera de la montaña. Ricas aguas, buenos vientos y la orientación correcta que permitía protegerse de las inclemencias del invierno y aprovechar el sol en primavera y en otoño.
Más de un centenar de monjes trabajaban las tierras y desarrollaban una vida de comunidad que les hacía autosuficientes. Tejían, hilaban, curtían y encuadernaban, al tiempo que preparaban fórmulas tradicionales con las hierbas de los alrededores. Sus medicamentos eran muy apreciados en la Corte de Pekín.
El Abad pidió al Maestro que se detuviese unos días para comentarles las paramitas, o camino de perfección: dar, disciplina, paciencia, energía, meditación y percepción interna.
El Maestro se ocupó en comentarles las tres clases de dar, según el budismo tradicional: dar ayuda material, dar seguridad y dar educación. Pero, en la noche, antes del gran silencio, se explayaba en la suprema forma de dar, en el no-apego.
- Maestro, - le dijo un día Ting Chang, que disfrutaba con ese improvisado retiro -, me da una gran paz que no insistas tanto en la muerte de los deseos como en el no apego a los mismos.
- Es que sin deseos no puede haber vida, - respondió el Maestro -. Una vez más, se ha desorbitado el pensamiento del Buda por seguidores incapaces de asumir la contradicción que nos sostiene vivos.
- El no-apego supone aceptar nuestra realidad sin asombrarnos por nuestros fallos.
- ¿Qué fallos, Ting Chang, amigo? Así denominan a lo que no concuerda con las normas establecidas para mantener estructuras de poder que les protege del miedo a dejar de ser, del miedo a la muerte. Pero también debemos cuidarnos de no apegarnos ni al desapego. Recordadme que os cuente un día la historia de Suiwo, un Buda borracho.
- Entonces, - intervino Sergei -, ¿por qué me siento culpable cuando me escapo para visitar a la viuda de Nanking y a beberme su rotundo vino?
- Por eso, Sergei, porque te escapas.
 

José Carlos Gª Fajardo


 

28/05/2006 13:03 Autor: nesemu. ;?> Hay 14 comentarios.

Retazos de la Luna Azul 033: Vino caliente y especiado

Cuando llegaron al monasterio, ya bien entrada la noche, un monje salió a su encuentro y, después de saludarlos y de ayudarles a bajar sus alforjas, los condujo al interior para que se refrescaran y pudieran tomar tranquilos la cena que les había preparado.
A continuación, condujo las caballerías a las cuadras y les echó abundante pienso, después de haberlas llevado al abrevadero para que se regodeasen lamiendo una gran piedra de sal.
Cuando hubo terminado con las mulas, se cambió de túnica y acompañó a los huéspedes a sus aposentos, llevándoles unas jarritas de vino caliente especiado con canela.
Sergei estaba maravillado del silencio que reinaba, pero también se preguntaba cómo no habría salido el abad a recibir al Maestro, sabiendo que llegaría esa noche.
El Maestro que permanecía en silencio mientras saboreaba el rico vino le dijo a Sergei:
- ¿Por qué no disfrutas sin más de los bienes que nos han preparado los monjes?
- Bueno, Apacible señor, es que no siempre llega un Maestro a un monasterio.
- Escucha, Sergei. El venerable místico sufí Jalal Ud Din Rumí escribió en sus Rubayats, en los que ensalza la sabiduría, el amor y el buen vino “Una mano que está siempre abierta o siempre cerrada es una mano paralizada. Un pájaro que no puede abrir y cerrar sus alas, no podrá volar”.
- Maestro, no te comprendo.
- Vamos a descansar, liebre de las estepas.
A la mañana siguiente, cuando Ting Chang y Sergei se despertaron, se dirigieron a la sala de meditación en donde el Maestro estaba sentado en medio de un centenar de monjes. Al dirigirse ante el altar en dónde ardían las candelas y se quemaba el incienso, se inclinaron, ante la imagen de Buda y después ante la comunidad, para hacerlo finalmente ante el Abad que les presidía revestido de sus ornamentos litúrgicos. Ting Chang casi no puedo reprimir una sonrisa mientras se postraba ante el humilde monje que les había recibido en la noche y que se había hecho cargo de las mulas. De Sergei, no sabemos nada.
 

José Carlos Gª Fajardo

25/05/2006 18:16 Autor: nesemu. ;?> Hay 7 comentarios.

Retazos de la Luna Azul 032: La paloma de Tamerlán

Ya habían aparejado las mulas y se disponían a montar para llegar a tiempo de hacer noche en un monasterio del valle cuando Sergei, se inclina ante le Maestro y le dice.
- Sé que soy torpe, Venerable Anciano, pero no entiendo cómo el santo ermitaño a quién tanto admirabas pudo dejar tan confundidos a sus discípulos. Les hizo una auténtica faena diciéndoles que, si tanto lo amaban, por qué no se animaba alguno a acompañarle ¡al otro mundo!
- Escucha, Sergei, liebre asustada. Al Mulá Nasrudín le encomendó el emperador Tamerlán un ministerio en su Gobierno, ya que tanta sabiduría mostraba que desconcertaba a los demás visires. Entonces, mientras Nasrudín paseaba muy ufano por los espléndidos salones del diwán, vio por primera vez en su vida un halcón real. Nasrudín se asombró hechizado por la mirada de aquella especie de paloma. Así que, agarró unas buenas tijeras y le cortó al halcón las alas, las garras y el pico.
- ¡No es posible que hiciera eso!
- El Mulá dio la razón muy satisfecho “Ajajá, así ya estás como es debido. Que malos cuidadores has tenido hasta ahora. ¡Menos mal que el Emperador me ha nombrado visir en su diwán!”
- Maestro, tú mismo nos has dicho que la mayor parte de las historias atribuidas al Mulá Nasrudín, o a Afanti o Joha, se las inventaban los maestros sufís para conmover a sus discípulos pero que no habían sucedido en verdad.
- ¿En verdad? No es otra cosa lo que hacen muchos dirigentes de religiones, ideologías y humanas invenciones con quienes se acercan a ellos. Son incapaces de escuchar y de aprender de otras personas que proceden de experiencias distintas. Los sacas de su mundo y se asfixian.
- ¡Ahora lo entiendo, Maestro! El ermitaño quiso gastarles una broma.
- Sergei, - intervino con dulzura el fornido médico Ting Chang -, no hay que buscar explicación a todas las cosas, sino vivirlas y ya está.
- Pues buena cosa me dice el médico. Me cuidaré de no caer en tus manos pues me contemplarás enfermo y ya está.
- Sergei, - exclamó riéndose el noble amigo -, ¿has visto mejor manera de acompañar a alguien que asumiendo su camino? Eso quiso decirles el ermitaño. Lo mismo que Buda expresó a sus discípulos poco antes de morir: “¡No cejéis en la meditación!” Si los discípulos amaban tanto a su maestro la única manera de acompañarle era siguiendo su camino.
- Ahora sí que lo veo.
- Ya. Y en cuanto a que no me querrás a tu lado cuando estés enfermo, cuídate de que no te toque un matasanos que no sepa respetar las exigencias de la propia naturaleza, para acompañarla en su proceso.
 

José Carlos Gª Fajardo

24/05/2006 14:22 Autor: nesemu. ;?> Hay 12 comentarios.

Retazos de la Luna azul 031: Emborracharse leyendo

Regresaban de la montaña después de haber incinerado al anciano eremita y aventado sus cenizas a los cuatro puntos cardinales. Mientras estaban sentados bajo un espléndido castaño saboreando unas manzanas que les había regalado un niño para el camino, Sergei se dirigió al Maestro:
- Venerable señor, ¿cómo puedes ir tan tranquilo después de lo que ha sucedido?
- ¿Y qué ha sucedido, Sergei, como para que pueda sentirme intranquilo? Un día, le preguntaron al maestro sufí Uwais, “¿De dónde sacas la energía que te anima?” “Quizás de que, cuando me despierto por las mañanas, no me siento seguro de vivir hasta la noche” “ Pero, Maestro, ¿acaso eso no lo saben todos los hombres?” “Por supuesto que lo saben, pero no todos lo viven.”
- Maestro, siempre me respondes con historias pero no me explicas su significado.
- Pásame esa manzana, Sergei.
- ¿Esta, Maestro? Pero si la voy a comer y tú tienes un cesto delante de ti.
- Es para masticarla un poco y después dártela para que te la comas.
- No entiendo.
- Ay, Sergei, ¿has visto a alguien que se emborrachara comprendiendo el significado de la palabra vino?
 

José Carlos Gª Fajardo

23/05/2006 13:10 Autor: nesemu. ;?> Hay 27 comentarios.

Retazos de la Luna azul 030: Invitación consecuente

Hacía unos días que estaban acampados en las cabañas cercanas a la ermita del anciano sabio. Durante años, algunos monjes de diferentas monasterios habían subido  para hacer retiros de gran silencio en compañía del venerable ermitaño. Pero, poco a poco, se fueron marchando. Al extenderse la noticia de que el Iluminado estaba llegando al final de su camino, volvieron a acompañarlo discípulos de los más diversos lugares. El anciano ya casi no hablaba pero a todos impresionaba la serenidad de su semblante. Nuestro Maestro lo acompañaba en silencio y entre ambos se había establecido una comunicación que no precisaba de palabras.
Ting Chang, lo había reconocido con gran delicadeza para confirmar que aquella luz se acercaba a su fin. El ermitaño sonrió en cuanto vio al noble médico y dirigió una mirada de complicidad al Maestro, dejándose hacer. Éste acomodó su vida a la del anciano transformado su estancia en un periodo de descanso que Sergei trataba de mantener evitando las molestias de los monjes que acudían.
En torno a la humilde cabaña del anciano se organizó una vida natural de meditación y de tranquilos quehaceres que el Maestro había establecido, y que no fue difícil porque todos estaban habituados a una vida semejante. Al caer de la tarde, se sentaban en círculo a la puerta de la ermita donde reposaba el hombre santo. Una tarde, salió el Maestro y les anunció que iban a trasladar al anciano al porche ya que quería despedirse de ellos.
Ting Chang transportó en sus poderosos brazos la yacija donde reposaba el Venerable que abrió los ojos y les sonrió llenando el ambiente de una paz inmensa. Todos se postraron al unísono y algunos lloraban.
Ante esto, el Santo les dijo:
- Agradezco vuestra compañía y sé que estáis tristes por la necesaria separación. Pero deberíais alegraros pues sólo abandonaré este viejo fardo en el que ha vivido envuelto mi ser. Pero os veo tan tristes que no sé si habré acertado en las enseñanzas que os transmití ni en el ejemplo que recibisteis.
- Hombre Santo, duele el separarse aunque regresas a la morada que a todos nos aguarda. Será más duro caminar sin tu presencia, - dijo uno de los monjes que ocupaba el cargo de abad en un gran monasterio.
- Eso tiene fácil solución. Puesto que todo es efímero y aquí no estamos más que de paso, he pedido al Maestro que permita aflorar sus poderes por un día y hacer que me acompañen en este último viaje los que de vosotros, tan fieles siempre, lo deseéis.
Se produjo un inmenso silencio. Ting Chang refrescó la boca del anciano mientras Sergei se deslizaba hacia el final de la asamblea, movido por una súbita necesidad. Al Maestro se le iluminó la mirada con esa picardía de los grandes momentos pero no hizo gesto alguno. El sol se ponía, el silencio era absoluto, los pájaros habían cesado en sus trinos. Ni las mulas triscaban la hierba.
El viejo anciano abrió los ojos de nuevo, extendió una comprensiva mirada y se sumió en una profunda meditación mientras esbozaba la sonrisa definitiva.
 

José Carlos Gª Fajardo

21/05/2006 13:20 Autor: nesemu. ;?> Hay 1 comentario.

Retazos de la Luna azul 029: A lomos de mula

El otoño había llegado a la región y el Maestro iba feliz sobre su mula contemplando los arces dorados, los estanques de lotos azules, las veredas en las que apuntaban los acebos que florecerían en rojo durante el invierno. El ritmo de su cabalgadura le hacía mover la cabeza y a sus acompañantes les parecía que iba saludando a las plantas y a las ardillas y a los cuervos y a todo lo que les salía al encuentro. Porque ésta era una de las claves de su enseñanza:
- La paz se manifiesta cuando no tienes que ir a por las cosas sino que estas salen al encuentro. A eso llaman en Occidente contemplación, dejarse impregnar, invadir, hasta saberse uno con todo lo que existe. No hay que “ir allí” ni “permanecer aquí”, sino simplemente respirar y hacer lo que tienes que hacer, esto es, lo que quieras.
- ¡Maestro! Dicho así parece muy fácil pero si no tenemos que ir a la montaña ni ésta va a bajar hasta nosotros, ¿cómo podríamos visitar a tu Maestro? -, preguntó Sergei que se agarraba con las dos manos al arzón de su cabalgadura -.
- La clave está en no “tener que”, sino en hacer lo que sea y donde sea porque sí. El que pretende hacer el bien, ya recibió su recompensa.
- Entonces, ¿no es lícito querer hacer el bien?
- Mejor es hacerlo. Eso es lo que respondió el primer patriarca al Emperador de China cuando éste le exponía las buenas obras que hacía. “¿No es esto virtuoso? ¿Acaso no tienen mérito mis acciones, Venerado Maestro? - le preguntó el Emperador” “¡No!, Hijo del Cielo, - respondió Bodidarma -, porque buscas el mérito en tus acciones”.
- ¿Pero no decías, Maestro, que la felicidad consiste en hacer lo que uno quiere?
- No dije tal cosa, sino en poder hacer lo que uno quiere. Y el único camino que conozco es querer lo que uno hace.
- ¡Cuánto hubiera dado Xavier por cabalgar por las montañas de estas tierras que sólo avizoró desde Japón! , - dijo alegre Ting Chan.
- ¿A qué viene ahora evocar a quien pretendía cambiar nuestro modo de vida? –preguntó Sergei.
- Eso es lo que pretendía desde su cosmovisión pero estoy seguro de que, en cuanto llegara aquí y descubriera el Camino del Tao, el Budismo y el Chan en el que ya por entonces había evolucionado, sin duda que lo hubiera abrazado.
- ¿Cómo estás tan seguro, Noble Ting Chang?
- Porque un hombre que afirmó que “la virtud más eminente es hacer sencillamente lo que tenemos que hacer”, ya vivía en el Tao,- respondió con una amplia sonrisa el médico mientras el Maestro los miraba con profunda complacencia.
 

José Carlos Gª Fajardo

19/05/2006 14:23 Autor: nesemu. ;?> Hay 9 comentarios.

Retazos 028: Todo es más simple (o La rata cartesiana)

Estaban aparejando los arreos de las cabalgaduras porque ese fin de semana el Maestro los iba a llevar a visitar a un viejo amigo monje que se encontraba enfermo en un eremo de la montaña.
- Largo es el camino, Maestro, - dijo Sergei mientras ajustaba las cinchas de su mula.
- Largo, en verdad, Sergei.
- Hubieran podido hacerse las cosas más sencillas.
- Hubiera podido ser, pero ¿cómo de sencillas?
- No sé, no tener que trabajar ni que madrugar ni que luchar para procurarse las cosas.
- Ni para enfrentarse a las propias contradicciones, ¿no es eso?
- Bueno, algo así.
- Escucha, Sergei, estaba una rata a la orilla de un río empeñada en que el elefante, que se daba plácidamente su baño, saliese del agua. Pero el elefante estaba disfrutando y se negaba a salir. “¡Te digo que salgas! ¿Me has escuchado?” “¿Cómo no oírte con esos gritos? ¿Para qué quieres que salga si te puedo escuchar desde el agua?” “Te lo diré cuando hayas salido. Es muy importante, ¿me entiendes?” En fin, que la rata no cejaba en su empeño y el elefante, inmenso y tranquilo, salió del agua y se plantó delante de la rata que lo miró decepcionada. “¡Quería saber si te habías puesto mi traje de baño!”
- ¡No me lo puedo creer! – exclamó Sergei entre risas. Esa rata estaba loca.
- ¿Esa rata, Sergei? ¿No es así como razonan muchas personas que se tienen por cuerdas?
- Caramba, Maestro, ahí sí que me has dado. ¡Voy servido!


José Carlos Gª Fajardo

 

 

18/05/2006 11:52 Autor: nesemu. ;?> Hay 15 comentarios.

Retazos 027: Obediencia ciega

- En las grandes ciudades parecen tratar a la gente como si fueran discapacitados profundos, - dijo el Maestro mientras ayudaba a limpiar unas carpas que le habían enviado desde la cocina. Un día, cuando el Mulá se puso a trabajar en aquellos grandes almacenes para poder pagar sus deudas del juego, se presentó al trabajo y su jefe le echó una buena bronca “¿Pero qué pasa ahora? ¿Qué he hecho mal?” - preguntó Nasrudín. “¿Y todavía tiene el rostro de preguntármelo?” – respondió furioso el dueño del almacén. “No veo la razón de su enfado, - respondió tranquilo el Mulá -, y, si me lo permite, le diré que eso de alterarse no es nada bueno para la salud. Sobre todo a sus años”. “¿Cómo que a mis años ni qué niño muerto? ¿Cómo ha desaparecido de su puesto de trabajo ¡durante tres semanas sin permiso!?” “¿Cómo que sin permiso? “ – repuso lleno de razón Nasrudín – Yo vine a su despacho para pedirle tres semanas de vacaciones para ir a comprar un burro a mi pueblo, que ahora es buena época. Usted no estaba y, entonces vi colgado en su puerta un gran cartel que decía “¡No pregunte! ¡Hágalo usted mismo!! Y claro, ¿qué iba a hacer? Pues obedecí, y ya está. ¿No ve como todo está claro?” Y sin inmutarse, cogió su caja de herramientas y siguió adelante.

José Carlos Gª Fajardo

 

17/05/2006 00:54 Autor: nesemu. ;?> Hay 14 comentarios.

Retazos de la Luna Azul 026: Hay que fijarse

La primera vez que el Mulá Nasrudín vio un minarete en una mezquita fue cuando su padre lo llevó desde su pueblo a Basora. El niño, al ver al almuédano llamando a la oración desde los cuatro puntos cardinales del alminar, se acercó a la base y le gritó al almuédano “¿Por qué se subió a un árbol tan liso que ahora no sabe cómo bajar? ¡Hay que fijarse,! dice mi padre, y tiene mucha razón”

José Carlos Gª Fajardo

12/05/2006 01:14 Autor: nesemu. ;?> Hay 1 comentario.

Retazos de la Luna Azul 025: Para ser exactos

(Por favor, no tratéis de comprenderlo. Los cuentos son asi, llenos de sabiduría... la de lsolocos, la de los niños, la de los limpios de corazón. Nesemu)

Ya se acercaban los tiempos serenos del otoño y el Maestro hablaba de subir a la montaña para visitar al anciano sabio que tanto le había ayudado en su formación y crecimiento. Quería hacerlo antes de que bajasen las nieves, y Sergei intuyó algo porque lo encontró una mañana reparando un viejo reloj de viento.
- Maestro, ¿vamos a viajar a algún sitio?, - preguntó ante la mirada atenta de Ting Chang que revisaba la pata de un ave herida.
- ¿Vamos?, – preguntó sin volver la cara el Maestro.
- ¿No creerás que vamos a dejarte viajar solo? Nosotros te acompañaremos para atenderte y no molestaremos nada durante tu encuentro con tu Maestro.
- Sergei, eres un poco más resabiado que el asno del Mulá. Cada cosa tiene su tiempo y tú no deberías andar escuchando mis conversaciones con el Abad.
- ¡Maestro, si yo sólo andaba por allí atento a tus necesidades! Por supuesto que no hay que preocuparse. Como tú dices, el tiempo no existe, lo hacemos y para medirlo existen los relojes.
- Ay, Sergei, Sergei, ¡tan cerca y tan lejos! -, respondió con afecto el Maestro -. A propósito de relojes. El del Mulá nunca daba la hora exacta y su amigo Wali le dijo un día “Mulá, ¿para qué te sirve tu reloj si nunca funciona bien? Deberías hacer cualquier cosa con él, mejor que tenerlo así". El Mulá lo escuchó en silencio. Después, cogió un martillo y golpeó con fuerza el reloj patatero que le había regalado su abuelo. “¡Ya está! Ahora ya está parado y no fallará”. “Pero, ¿cómo eres capaz de decir que ahora dará mejor la hora? Mulá, ¡no hay quien te entienda!”. “Escucha, Wali, antes nunca daba bien la hora. Ahora la dará exacta, al menos, dos veces al día. ¿Estás contento?”
 

José Carlos Gª Fajardo

 

10/05/2006 00:44 Autor: nesemu. ;?> Hay 13 comentarios.

Retazos 024: Demasiada fiebre

Ya alumbraban los membrillos sin que todavía hubieran terminado la vendimia y en el monasterio había una gran actividad para asegurarse el invierno, como las hormigas. También el tiempo de la recogida de los monjes vagabundos hacia sus lugares de descanso. En muchos monasterios eran admitidos porque, al igual que las cigarras, alegraban los descansos en los días más cortos que se avecinaban. Cierto que a muchos Abades no les gustaban un pelo porque, entre algunos auténticos místicos Chan, taoístas o budistas, se ocultaban no pocos frescos que preferían vivir sin trabajar. Al Maestro le hacían mucha gracia porque eran auténticos portadores de novedades y de experiencias. Ya había alcanzado una edad en la que el orden y las reglas necesarias para la convivencia en una comunidad las tomaba con mucha libertad. Como los monjes giróvagos (así los denominaban en Occidente hasta el siglo V) conocían al Maestro de cuando había fundado el monasterio, procuraban visitarlo y contarle las más divertidas historias, mientras disfrutaban de su hospitalidad. Reales o inventadas, ¿qué más daba? Una de éstas fue la que les contó una tarde al regresar de arreglar el estanque de las carpas doradas.
- Esto te va a gustar, Ting Chang. En algunos países del Cuenco de Oro, el Mulá Joha practicaba como médico y tenía una gran fama.
- No me pondría yo en sus manos, Luz de dónde el Sol la toma, - lanzó una sergiada la liebre hambrienta de la estepa.
- ¿Y en las mías, sí? – le preguntó con algo de guasa Ting Chang.
- ¡Hombre, lo tuyo es distinto, Noble Señor! Aunque no me curara tu ciencia siempre podría decir que me habían atendido las manos de un príncipe.
- ¡Huy!, Maestro, andemos alerta porque Sergei está tramando algo, – dijo riéndose Ting Chang -.
- ¿Por qué, Nobles Señores? ¡Es que tengo mucha hambre! Estos trabajos... me matan.
- Ya llegamos, Sergei, pero piensa que del mucho cenar están las sepulturas llenas, - dijo el Maestro -.
- Pues del no cenar, ¿cómo estarán?
- Resulta que un amigo llamó al Mulá en mitad de la noche – prosiguió el Maestro para no reírse -. El Mulá le preguntó al mensajero que cuánta fiebre tenía el enfermo. Le respondió que debía estar a unos cincuenta grados centígrados. A lo que el Mulá resopló: “Entonces, no me necesita a mí sino a los bomberos”. Y se volvió a meter en la cama.

 

José Carlos Gª Fajardo

09/05/2006 10:27 Autor: nesemu. ;?> Hay 3 comentarios.

Retazos 023: Cuestión de culturas

Estaban removiendo la masa de higos cocidos en un gran perol de cobre que les había prestado el cocinero del monasterio para hacer la mermelada. Ting Chang, con mano de experto, iba vertiendo el jengibre y unas plantas algo ácidas que el Maestro había ido a buscar al río antes de amanecer.
- ¿Y por qué tienen que ser recogidas antes de que salga el sol? – preguntó Sergei -.
- Por la naturaleza propia de algunas plantas que experimentan una conmoción cuando reciben la luz. De ahí que algunas personas piensen que los sanadores y los conocedores de la botánica tienen algo de brujos porque salen a buscar ciertas plantas en las noches de luna llena o en cuarto menguante, o cuando no hay luna. Y otras es preciso recogerlas después de una gran lluvia, por primavera, mientras que otras especies requieren la estación seca. Ya ves. La ignorancia es muy atrevida y denominan brujos a quienes poseen una sabiduría experimentada y se guían por los ciclos de la naturaleza.
- Maestro, me habías pedido que te recordase lo que le había sucedido al Mulá Nasrudín en Bombay.
- Fue al Mulá Joha, al menos así lo registran las crónicas. Resulta que el Mulá había ido de viaje a India, desde Afganistán camino de Anatolia.
- Sí que viajaban estos Mulás, Noble señor.
- Se trata de viajes especiales, Sergei. Son metáforas de la vida que jamás se detiene. Salvo en el caso de aquel estudiante que había terminado sus estudios “completamente” ¿recuerdas?
- Sí, por eso creo que deberíamos de emprender algún viaje.
- Sergei, escucha. Fue durante la dominación inglesa en India. El Mulá tenía que trabajar para ganarse la vida y empujaba un carro de largas varas para llevar estiércol de un lugar al otro de la ciudad. Como las calles estaban tan llenas de gente, al Mulá no se ocurrió otra cosa que ir pregonando “¡Cuidado con sus culos! ¡Ábranse! ¡Aparten sus culos!” Y cosas por el estilo, lo cual sentaba muy mal a los ingleses. Así que lo consultó con su amigo Wali que le dijo muy serio. “Mulá, ¿no te das cuenta de que los ingleses son muy refinados y que tu lenguaje ofende su pudor victoriano?” El Mulá le escuchó en silencio y cambió de técnica. Pero le falló y, al cabo de unos días se volvió a encontrar con Wali y le espetó “Wali, ¡eres un asno!” “¿Por qué?”, le respondió éste. “Porque, siguiendo tu consejo, cambié por una expresión más culta y no funcionó en absoluto. Casi me aporrearon”. “¿Qué les decías para que se apartaran?” “Pues algo muy culto ‘¡Shakespeare!’ ‘¡Aquí va Shakespeare! Parece que les molestó bastante. ¿Quién puede entender a los ingleses?”

07/05/2006 13:14 Autor: nesemu. ;?> Hay 7 comentarios.

Retazos de la Luna azul 022: Higos carmesíes

Con los últimos calores de septiembre el Maestro los animaba a recoger higos carmesíes, muy propios de aquella región de China. No se trataba de brevas, que allí también brotan más tarde, si no de higos redondos que destilaban almíbares disputados por las abejas.
Así, cada tarde, al regresar de la charla del Maestro a los monjes del monasterio, los tres se arremangaban sus túnicas, ataban sus mangas con una cinta y se echaban a la espalda cestos de mimbre que habían tejido durante el verano. Salían del recinto del monasterio apoyados en largos cayados y, cubiertos con sombreros cónicos de fina rafia, seguían los senderos menos frecuentados para no coger los frutos fáciles que estaban al alcance de los aldeanos.
Una tarde, cuando regresaban cargados y cansados, a Sergei no se le ocurrió otra cosa que gritar “¡Paso! ¡Abran paso!” a una comitiva de paisanos que se dirigían a enterrar a un familiar. El Maestro depositó su cesto en el suelo. Soltó sus mangas y los bajos de su túnica, saludó al cortejo y los acompañó con salmodias y cantos hasta el lugar del sepelio. Con toda la calma del mundo, saludó a los familiares y después regresó para recoger su cesto y dirigirse en silencio al monasterio.
- Alma noble, - musitó Sergei -, lo siento. Pensé que deberíamos estar en el monasterio para la hora de la meditación.
- ¿Y qué hemos estado haciendo, alma de Dios, qué hemos estado haciendo durante todo el paseo? ¿No crees que acompañar en su duelo a una familia es tan importante como sentarse en silencio en la ribera del río?
- A mí me parece que es más.
- Tampoco, Sergei, tampoco es eso. En la dimensión auténtica el más y el menos no existen. Nos organizamos con algunas reglas para facilitar la convivencia. Eso es todo. Las reglas, los horarios y los supuestos deberes ceden ante la hermosura de vivir con espontaneidad y sencillez.
- ¿Para qué existen, entonces, las reglas, Maestro?
- Por causa de aquellos que creen que no son necesarias. Recuérdame mañana que te cuente una historia que le sucedió al Mulá cuando estuvo en Bombay.
 

José Carlos Gª Fajardo

 

04/05/2006 17:25 Autor: nesemu. ;?> Hay 15 comentarios.

Retazos de la Luna azul 021: Otoño en el estanque

Cuando regresaban del monasterio por el hermoso sendero ornado de rododendros fucsias, después de la charla del Maestro a los monjes, uno de éstos, con aspecto algo atormentado, se echó a los pies del Maestro y le preguntó sin atreverse a alzar su rostro “¡Maestro!, ¿cuándo llegará el fin del mundo?” El Maestro lo alzó con enorme ternura, lo arropó entre sus brazos y le hizo volverse hacia los sauces que se extendían hasta el río.
- ¡Mira!” -, le dijo mansamente -. Mira a tu alrededor y contempla la infinita sucesión de vida que alberga este jardín, paradigma de nuestra existencia. Llegará el otoño y parecerá que los arces pierden su belleza, que las vides se retuercen después de habernos entregado sus frutos, que hasta los bambúes pierden hojas que se pudrirán transformadas en mantillo vivificador. Mira, hermano, mira el fin del mundo en cada día y a cada instante. Nada muere, todo se transforma. Lo que parece muerte no es más que un aspecto, un estadio, una dimensión de la vida. Mira tu piel, siente tus pulsos, no hay en ti una sola célula que haya estado en el vientre de tu madre. Todo se mueve, todo danza, todo vibra. No hay muerte como fin absoluto sino transformación perenne.
El joven monje rompió a llorar y el Maestro se lo entregó a Ting Chang, al médico amigo y taumaturgo. Cuando, al atardecer, caminaban los tres por el sendero hacia el estanque de las carpas, el Maestro preguntó al noble Ting Chang.
- ¿Qué le has recetado, sanador de enfermos?
- Que practique taichí chuang con el buen maestro Teng Siao, que habita en este monasterio. Que coma mejor y que procure dormir bien por las noches con una infusión de tila y mejorana.
- ¡Que se divierta! En el auténtico sentido de la expresión. Que gire y se transforme. Que se deje convertir... No es fácil encontrar remedio a los problemas de la mente precisamente en un monasterio – comentó el Maestro mientras arreglaba un recoveco del estanque para facilitar el invierno a las carpas doradas.
- ¡Menuda terapia! – exclamó Sergei -. Algo así también me convendría a mí. No le haría ascos.
- Ay, Sergei, - le dijo el Maestro -. Si tú me hubieras preguntado que cuándo será el fin del mundo, te respondería con las palabras que el Mulá le dijo a otro atormentado.
- ¿Qué le dijo, Maestro?
- Pues que a cual fin del mundo, se refería.
- ¿Cómo? ¿Es que hay varios? – cayó en la trampa el inconstante Sergei que tanta paciencia ejercitaba en el Maestro, pero que también tanto le divertía-.
- “Mira, - le respondió el Mulá a su interlocutor-. Si muere mi mujer, se producirá el menor fin del mundo; pero si muero yo, ¡ese será el mayor fin del mundo!” Le dio un bastonazo al preguntador y se marchó al trote de su burro dando rienda suelta a sus estrepitosas carcajadas.
En ese momento, el comedido y noble Ting Chang no pudo contener las suyas y sostener la roca que tenía entre los brazos y allá se fue, al fondo del estanque, agarrado a ella. El Maestro lo contempló riendo y exclamó solemne: - ¡Ahora sí que ha dado comienzo el Otoño!

José Carlos Gª Fajardo

 

27/04/2006 12:57 Autor: nesemu. ;?> Hay 32 comentarios.

Retazos de la Luna azul 020: Arces rojos de septiembre

 Maestro, ¿cuándo se termina de estudiar? – preguntó Sergei mientras caminaban por el sendero de los arces rojos en aquel espléndido atardecer que anuncia el otoño -.
- Escucha, Sergei, ansioso por terminar cuando ni siquiera has comenzado: Un día, llegó una mujer a casa del Mulá Joha y le dijo muy complacida,“Venerable Mulá, mi hijo ha escrito desde la casa de la Sabiduría para decirme que ha terminado sus estudios completamente, ¿no es maravilloso?” “Pobre mujer, no te aflijas y muda tu duelo en plegarias para que Alá te envíe más hijos, porque este... se ha desperdiciado”.
- No entiendo, - respondió el siberiano mongolizado que seleccionaba hojas de arce amarillas mientras que Ting Chang recogía las de color caldero y el Maestro seleccionaba las cárdenas para hacer entre los tres una composición en la baranda después de la meditación-.
- Ting Chang, explícale a Sergei que el día en que un hombre cabal dé por concluidos sus estudios podrá apilar los troncos para su pira, ya que sus parientes preferirán envolverlo en un sudario blanco y enterrarlo mirando hacia el oeste.
 

José Carlos Gª Fajardo

 

 

25/04/2006 17:12 Autor: nesemu. ;?> Hay 17 comentarios.

Retazos de la Luna azul 019: El limosnero de Tamerlán

- Nadie podía creer que el Mulá fuera generoso, dijo el Maestro,  así que, cuando salía de la mezquita los viernes, y antes de regresar al palacio en dónde era huésped del emperador Tamerlán, le observaron tendiéndole una trampa.
- ¡Las pillaría todas! – dijo Sergei.
- No creas – respondió el Maestro -. El Mulá actuaba siempre con espontaneidad sin calcular las consecuencias de sus actos.
- Eso no parece muy religioso, - dijo Sergei.
- ¿Quién ha dicho que Nasrudín, Joha, Afanti, Diógenes o Sancho fueran religiosos? Una cosa es la religiosidad innata que puede tener toda persona que descubre en la inmanencia de todo cuanto existe la trascendencia que permite respirar plenamente, y otra muy distinta es practicar una religión concreta. Todo aquel que vive el eterno decubrimiento y el eterno crecimiento que brota de la admiración es religioso, lo crea o no lo crea. El que fuera Mulá no significaba más que pertenecía a una rama del Islam en la que se desenvolvía con gran libertad.
- Así, pues, al salir de la Gran Mezquita vio a un mendigo que le pedía limosna. “¡Ajajá! – le dijo el Mulá –. Seguro que tú eres uno de esos golfantes que piden por no trabajar, como muchos pícaros transeúntes” “Así es, Mulá misericordioso” “Y seguro que bebes vino, te vas a los baños a que te den masajes y te acuestas con mujeres” “¡Cómo lo has adivinado, Mulá, clemente!” “Claro, y seguro que ni compartes las limosnas con tu familia y hasta le pegas palos a tu mujer” “Así es, santo varón, así es” – respondió el mendigo -. “Bueno, - dijo el Mulá -, ¡toma para tus necesidades!”. Y le dio un soberano de oro de la bolsa de limosnas que le confiara el emperador Tamerlán.
- ¡Menuda extravagancia! – exclamó Sergei que ya se relamía pensando en las posibilidades de esta filosofía.
- Pues bien, - continuó el Maestro mientras proseguían el paseo por el sendero de Abril -, más adelante se topó con otro mendigo que le imploró diciendo “¡Ay, Mulá, clemente y misericordioso, que socorres a los humildes! ¡Apiádate de mí que observo la ley divina: no bebo, no fumo, no juego en las tabernas ni gasto el dinero en lujurias asquerosas! ¡Tampoco golpeo a mi mujer y voy cada viernes a la mezquita!”. El Mulá lo escuchó circunspecto. Lo miró. Reflexionó ante la expectación de la concurrencia y le dio una moneda de un cobre. “Pero, ¿cómo puede ser esto?” – exclamó el mendigo alzando los puños -. “Al golfo que peca y no observa la ley, le das una moneda de oro y a mí que soy piadoso me das un cobre ¿es esto justo?” “Tú ya estás satisfecho y a él le aguarda un largo camino” – respondió el Mulá, que aparejó su asno y se dirigió al palacio de Tamerlán.
- ¡Guau! – no pudo reprimirse Sergei, mientras Ting Chang y el joven monje se asombraban en silencio.

  José Carlos Gª Fajardo


 

24/04/2006 08:41 Autor: nesemu. ;?> Hay 14 comentarios.

retazos de la Luna azul 018: Altruísmo y disfraces

- “Durante una de las estancias de Nasrudín Joha en Bagdad, asistió a un baile de disfraces y regresó a casa hecho una verdadera lástima. Llevaba su indumentaria hecha jirones así que, cuando su mujer fue a pedir ayuda a los vecinos, éstos le dijeron “Se diría, Mulá, que te han dado una buena paliza”. “¡Se diría, se diría!” – respondió alterado Nasrudín Joha-. “¡Claro que me la han dado!” “Pero, Mulá, en Bagdad la gente no anda por ahí arreando palos a quienes se disfrazan por carnaval. Tú eres un maestro sufí”. “Ya, ¿pero quién le explica a los kurdos que vas disfrazado cuando ellos van buscando árabes para darles una paliza?”
- ¡Este Mulá... ! – dijo el joven monje.
- Eso dijeron sus amigos mientras lo atendían. Pero no escarmentaba. Cuando bajó a Basora, encontró a un monje cristiano, muy humilde y observante, que se escandalizaba de que el Mulá bebiese vino, como si estuviera en la Persia gobernada por los mongoles. Así que le dijo a Nasrudín Joha “Mulá, tú vives a costa de los demás y no te remuerde la conciencia. Aprende de mí, soy tan desinteresado que jamás pienso en mí mismo, sólo en los demás”. A lo que el Mulá respondió sin inmutarse “Yo soy tan altruista que me miro a mí mismo como si fuera otro; así que no me cuesta mucho servirlos como si fueran yo mismo. No sé si me entiendes, eremita cadavérico”
- ¡Un lince el Mulá! Y, además, ¡bebía vino! – dijo el muy cínico de Sergei que, por acompañar a la viuda de Nanking y a su familia, se dejaba conservar en alcohol.
 

José Carlos Gª Fajardo

20/04/2006 11:00 Autor: nesemu. ;?> Hay 10 comentarios.

Retazos de la Luna azul 073: Buena memoria

El Mulá Nasrudín se había inflado a pasteles en la Casa de Té. Sus amigos le pidieron una de sus historias para compensar su infinita falta de recursos: "El fiscal de un pequeño pueblo llama a su primer testigo en el juicio: la mujer más anciana del pueblo. Después que la mujer sube al estrado, el fiscal se acerca y le pregunta:
"Señora Chung, ¿usted me conoce?"
"Claro que lo conozco, Sr. Chang. Desde que era usted un chiquillo. Y, francamente, me ha decepcionado. Usted miente; engaña a su esposa; manipula a la gente y habla a sus espaldas. Usted se cree la gran cosa cuando todo el mundo sabe que no tiene el cerebro para dejar de ser un pelagatos en toda su vida. ¡Claro que lo conozco!"
El fiscal se queda sin habla por la impresión y, como no se le ocurría otra cosa, apunta a través del salón e inquiere:
"Señora Chang, ¿usted conoce al abogado defensor?"
"Claro que sí. Conozco al Sr. Lu desde que era un bebé: yo solía servir de niñera para sus padres. Y él también ha sido una verdadera decepción para mí. Es un holgazán, un mañoso y tiene problemas con la bebida. No puede relacionarse con nadie y su bufete es uno de los peores de todo el estado. ¡Vaya que si lo conozco!"
En ese momento, el juez pide silencio en la sala y llama a los dos abogados a su escritorio. Con voz muy baja, les advirte:
"¡Si cualquiera de ustedes se atreve a preguntar a la testigo si me conoce: lo mando a la cárcel de inmediato!"
 
( por la transcripción) José Carlos Gª Fajardo
 
19/04/2006 23:38 Autor: nesemu. ;?> Hay 8 comentarios.

Retazos de la Luna azul 071: El significado de la vida

Andaba Sergei dándole vueltas al significado de la vida. El Maestro siempre le respondía " aunque la vida no tenga sentido, tiene que tener sentido vivir", pero Sergei no parecía muy convencido. Así que, para quitárselo de encima, le contó "una supuesta revelación" que había tenido el Mulá Nasrudín, quizás para quitarse también a algún aprendiz de Sergei de encima):
"El primer día Dios creó al perro.  Dios dijo:
"Siéntate a la puerta de tu casa todos los días y ladra a cualquiera que venga o camine por aquí. Te daré un período de vida de 20 años".
El perro dijo:
"Señor, es demasiado, sólo por ladrar. Dame 10 años y te devolveré los otros 10".
Y Dios estuvo de acuerdo.
Al segundo día Dios creó al mono.  Dios dijo:
"Divierte a la gente, haz monerías, y hazlos reír. Te daré un período de vida de 20 años."
El mono dijo:
"Dios mío, qué aburrido. ¿Monerías por 20 años? Creo que no. El perro te devolvió 10 años, entonces esto es lo que yo también te devolveré, ¿OK?"
Y Dios estuvo de acuerdo.
Al tercer día Dios creó a la vaca. Dios dijo:
"Debes ir al campo con el cultivador y padecer bajo el sol, tendrás terneros y darás leche para abastecerlos a ellos y al dueño de la finca. Te daré un período de vida de 60 años".
La vaca dijo, "Señor, este tipo de vida es muy duro para vivir 60 años. Déjame tener 20 y te devolveré los 40 restantes."
Y Dios estuvo de acuerdo de nuevo.
Al cuarto día Dios creó al hombre. Dios dijo:
"Come, duerme, juega, cásate y disfruta la vida. Te daré 20 años.
El hombre dijo, "¿Qué, cómo Señor? ¿Solamente 20 años? Te propongo  esto: tomaré mis 20 años más los 40 que la vaca te devolvió, los 10 que te devolvió el mono y también los 10 que el perro te devolvió... Suman 80, ¿verdad?"
"Sí, dijo Dios. Tenemos un trato."
Y esta es la razón por la cual los primeros 20 años de nuestras vidas comemos, dormimos, jugamos y nos divertimos; los siguientes 40 años trabajamos como bestias, bajo el sol, para mantener a nuestra familia; los  próximos 10 años, hacemos monerías para entretener a los nietos; y en los últimos 10 años, nos sentamos a la entrada de la casa y le ladramos a todos!!
¡Ahora el significado de la vida te ha sido revelado!, le dijo y se fue a la casa de té a compartir pasteles con sus amigos."

José Caros Gª Fajardo

 

 

19/04/2006 11:11 Autor: nesemu. ;?> Hay 16 comentarios.

Retazos de la Luna azul 017: Por si acaso

- El Mulá Joha, cuando vivía en Bagdad, pasó por muchas experiencias.
- ¿Todas buenas? – preguntó el joven monje que venía a recibir instrucción en el tiempo de descanso del monasterio.
- Para él, sí, pues de todas sabía sacar partido. Una vez se casó con una viuda rica y, a los pocos días, ésta dio a luz un rollizo bebé, tirando a oscuro. Hay que recordar que el Mulá era, entonces, árabe de finos rasgos. Cogió su manto y se fue corriendo al mercado. “¿Qué buscas con tanta prisa, Mulá?” – le preguntó su amigo Wali -. “Pues todo lo necesario para matricularlo en la universidad de La casa de la Sabiduría, junto al Tigris”, - le respondió impertérrito. “¿No vas un poco deprisa? – se atrevió a preguntarle Wali -. “¡Hombre!, si a la primera semana hizo un viaje de nueve meses, imagínate lo que será capaz de hacer ahora que ha nacido”. “¡Mulá, yo no veo que resida ahí el problema fundamental!”, – exclamó su amigo -. “¿Dónde, si no? A la madre ya le di libelo de repudio, pero este rapaz medio negro, medio kurdo, me la puede liar en cualquier momento”.

José Carlos Gª Fajardo (Nota: Ya hemos regresado del Viaje a Marruecos y nos reincorporamos al blog.)

18/04/2006 12:30 Autor: nesemu. ;?> Hay 9 comentarios.

Retazos de la Luna azul 016: Profunda sabiduría

Andaban los jóvenes monjes muy alegres por poder visitar las cabañas en donde vivía el Maestro, de las que tanto se hablaba en el monasterio. Ya habían logrado restablecer el curso natural de las aguas porque el astuto Sergei le había pedido al monje prior que enviase “una buena docena de jóvenes fuertes ya que los obstáculos a remover son muy serios”.
Mientras Ting Chang y Sergei les preparaban refrescos de arándanos con malvasía, uno de los monjes pidió al Maestro que les contase algunos cuentos del Mulá ya que, durante sus charlas en el monasterio, sobre todo les comentaba los sutras del Buda. (Sergei había propalado que el Maestro enseñaba a sus ayudantes una sabiduría más profunda). El Maestro se rió y les contó algunos de muy buena gana:
- Todos conocen los cuentos del Mulá y su burro pero pocos saben que el Maestro sufí practicaba varios oficios de ocasión para poder pagar sus deudas de juego y calmar su voraz apetito de pasteles. Un día, estaba Nasrudín apoyado contra la pared de una calle del mercado y llevaba una barba de varios días, muy desarreglada. Pasó un listo y le dijo “Mulá, tú, cuando te levantas, ¿nunca coges una navaja de afeitar?” “Unas veinte o treinta veces al día”, le respondió satisfecho. “¡No es posible!. Te estás quedando conmigo”. “A ver, dijo el Mulá señalando la tienda que estaba a sus espaldas, ¡soy el barbero!”
Los monjes celebraban la ocurrencia mientras Ting Chang y Sergei se paraban a la entrada de la baranda de madera para escuchar ellos también.
- Otro día, un parroquiano de la casa de Té de Kandahar quiso provocar al Mulá que jugaba al mayong chino. “Mulá, -le dijo-, ¿puede un hombre engendrar un hijo pasados los cien años?” “¿Por qué no?” –respondió Nasrudín -. Si tiene una joven esposa y se sabe agenciar un joven de unos veinte o treinta años discreto y complaciente”.
Algunos de los monjes se ruborizaban al escuchar al Maestro con tanta soltura y libertad. Entonces, éste les dijo mientras hacía seña a los que aguardaban con los refrescos:
- El Mulá era amigo de la buena vida, de la buena mesa y de las mujeres jóvenes y hermosas. Las suyas ya sobrepasaban la cincuentena. Un día, mientras residía en le corte del gran Tamerlán, asistió entusiasmado a un pase de modelos. Se alborozaba y aplaudía hasta que, al final, cuando el emperador mogol le preguntó qué le había parecido le respondió escandalizado “Majestad, ¡esto es una estafa! Primero desfilan hermosos cuerpos y luego ¡tratan de vender tan sólo la ropa! ¡Me voy a los baños!”
 

José Carlos Gª Fajardo... et Bon voyâge à tous!

No regresaremos a este Blog hasta el día 18


 

06/04/2006 14:08 Autor: nesemu. ;?> Hay 10 comentarios.

Retazos de la Luna Azul 015: Señas de identidad... ¿en un papel?

Todavía se reían Ting Chang y el Maestro con la versatilidad de Sergei cuando aquél comentó:
- Esto de la identidad tiene sus vertientes.
- Sí, - le respondió, mientras aguardaban a los jóvenes monjes-. Me recuerda una salida espectacular del Mulá. Nasrudín se acercó a un cambista para hacer efectivo un pagaré que le habían dado en Samarcanda. El banquero lo miró sorprendido de que alguien con tan desaliñado aspecto viniera a cobrar una suma tan importante y como se trataba de un pagaré nominativo le preguntó al Mulá “Por favor, ¿podría usted identificarse?” A lo que Nasrudín reaccionó yendo a buscar un espejo en las alforjas que colgaban de la albarda de su asno. Regresó con él ante el cambista y se estuvo contemplando un largo rato, ante el estupor del otro, hasta que muy ufano le respondió exultante “¡Menudo susto me habías dado, hermano, ¡claro que soy yo!¡El mismo yo que salió hace un año para seguir la Ruta de la seda!”
 

José Carlos Gª Fajardo

05/04/2006 10:54 Autor: nesemu. ;?> Hay 23 comentarios.

Retazos de la Luna azul 013: Perder el burro

“-¡Mulá, tu burro ha desaparecido!, - le gritó su amigo Wali a Nasrudín-. ¡Cuánto lo siento!” “-¡Quita p’allá!” -, le respondió éste muy contento. “- Pero ¿no te apena perder tu único burro, Mulá?” “- ¡Qué burro eres tú, Wali, qué burro! ¿No te das cuenta de la suerte que he tenido al encontrarme en la Casa de té y no estar encima del burro?” “- No, - respondió Wali -, no lo veo”. “-  ¡No lo veo, no lo veo! Siempre igual, Wali. ¿No comprendes la suerte que he tenido? Si estuviera montado en él ¡yo también habría desaparecido! ¡Vamos a celebrarlo, Wali!, Pero a la taberna de los francos cristianos. Ya está bien de té. Hoy es una gran ocasión. Hoy es el día, Wali. ¡Hoy es el día!” -, les contó el Maestro mientras Sergei y Ting Chang enseñaban al joven monje ladrón cómo se trenzaba un cesto. Hoy llovía y no podían ir de paseo. Así, podían seguir “las clases” que el Maestro había accedido a darle algunos días al monje impaciente.
- ¡Cielos! - exclamó el médico – ¡qué finura de argumento! Para muchos, perder su infraestructura es perder su vida. O su razón de vida, que es todavía peor. Se perdió el burro, pues se perdió. No hay más vueltas que darle. ¡Qué alivio!
- Alma Noble, este monje tiene dedos de pianista pero no sabe qué hacer con ellos en un cesto, - dijo riendo Sergei.
- Pero, al menos, ya va aprendiendo a reírse -, comentó con simpatía el príncipe médico -. En la corte de mi padre no vendrían mal unos cursos de manualidades para los gobernantes.
- ¡Pero tendríais que denominarlas crash course, para que fueran eficaces! – dijo riendo el Maestro.
- ¡Sí, y firmadas por Morgan & Morgan and Co!, deslizó el monje.
 

José Carlos Gª Fajardo

 

 

04/04/2006 17:45 Autor: nesemu. ;?> Hay 10 comentarios.

Retazos de la Luna azul 012: A mandíbula batiente

- Maestro, ¿el Mulá llegó a trabajar en aquel caravan sérail en el que pretendía el puesto del propietario?
- ¡Pues claro que se presentó al día siguiente! Tenía que pagar unas deudas de juego y otras de los dulces que comía al fiado en le Casa de té.
- Era goloso el Mulá.
- Como un niño. Una vez, estaba tan hambriento al regresar de un viaje que se puso a comer a dos manos. El camarero le preguntó “¿Cómo puede usted comer a dos manos siendo un Mulá?” Y Nasrudín le respondió, sin inmutarse y sin dejar de masticar a mandíbula batiente, “¡Porque no tengo tres!”
- Pero eso no es muy edificante, que digamos –arguyó Sergei.
- Es que Nasrudín nunca busca edificar sino provocar, remover nuestra conciencia, hacer tambalearse nuestros hábitos.
- ¿Para que despierten?
- No, es para que caigan en la cuenta de que, igual que comer a dos carrillos es lo que hacen muchas personas con el trabajo, con el deporte, con los cosméticos, con las compras, con el estudio, con la limpieza, y un largo etcétera. Y es gente que pasa por prudente y que hasta es admirada en nuestra sociedad.
- Hasta en la escuela, - intervino Ting Chang-, nos hacen creer que cuánto más, es mejor. Más libros, más conocimiento, más memoria, más esfuerzo, más competitividad. Más de todo. Hasta hacer neurosis de carácter, de repetición y de orden, para intentar protegerse.
- Sobre todo, más poder y más dinero, más ego y más soledad -, concluyó con tristeza el Maestro.
- Sí, así es, - concedió Sergei – pero no nos dijiste, Alma Noble, qué tal le fue en el trabajo.
- Bueno, pues, el Mulá llegó con su cestillo de herramientas, entró en el almacén y lo depositó en una estantería. Después, se dirigió a la puerta dispuesto a salir a la calle. “Pero, ¿adónde vas, Mulá?”, le preguntó el propietario. “A cortarme el pelo”, respondió Nasrudín. “¡No es posible ir a la barbería en el tiempo de trabajo!”, intentó razonar el dueño al borde del colapso. “Pero el pelo me ha crecido en este tiempo de trabajo”, le dijo con total convicción el Mulá. “¡No es posible que todo el pelo te haya crecido desde que entraste en esta casa, venerable Mulá! Me estás volviendo loco”. “Bueno - concedió Nasrudín -, entonces, le diré al barbero que no me lo corte del todo, sólo rebajar un poco”.
- ¡Es increíble este Mulá!, - dijeron al unísono los dos discípulos -.
- Pero es sabio, sin duda alguna. Mirad a vuestro alrededor y lo comprobaréis. En cada salida de pata de banco del Mulá hay una enseñanza. Pero vamos a recoger moras o no tendremos compota durante el invierno. ¿No te habrá crecido el pelo, Sergei?-, le preguntó animoso y cómplice-.
 

José Carlos Gª Fajardo

 

04/04/2006 10:44 Autor: nesemu. ;?> Hay 7 comentarios.

Rtazos de la Luna azul 011 El abanico de plumas

- El Mulá sentía una verdadera pasión por los burros - les contó una tarde durante el paseo-. De ahí que su efigie sobre un pequeño asno y tocado con un enorme turbante sea tan familiar en tantos pueblos de Asia central. También de todo el mundo árabe musulmán en dónde se desarrolló el misticismo sufí.
- Pero tú nos dijiste, Alma Noble, que ese asno era el
reverso de su mensaje.
- ¡Claro! – les respondió riendo-. No hay nada más antagónico que un asno para los que se empeñan en conseguir la sabiduría a cualquier precio, en lugar de salir a su encuentro.
- Cuéntanos alguno de sus cuentos, - le pidieron al unísono.
- Esto, al parecer, sucedió en Persia, en dónde el Nasrudín de su tradición ejercía como magistrado. Aunque la tradición nos lo quiere presentar como analfabeto, y que era su sentido común iluminado por su despertar en el sufismo lo que le procuraba sus ingeniosas resoluciones. Pues bien, un día se presentó ante él un pretendido místico que rehuía el trato con la gente corriente y le dijo:
- “Maestro, ¿es cierto que usted posee poderes sobrenaturales?”
- “Antes de responderle, me gustaría saber algo acerca de sus altísimas experiencias”-, le dijo el Mulá.
- “Bueno pues resulta que, cuando me siento en la soledad de la gran mezquita, siento como una fuerza que me eleva hasta el octavo Cielo y que...
- “¿El octavo?” – le preguntó solícito Nasrudín- “Vaya, vaya, pero prosiga, por favor”
- “Siento que me envuelve como una nube y que un abanico de plumas de avestruz me acaricia el rostro...”
- “¿Y las plumas de ese abanico despiden así como un aroma cálido y envolvente, respetable maestro?” le preguntó Nasrudín.
- “¡Eso, eso es!”, - contestó alborozado el muy
incauto impostor.
- “Pues no hay duda alguna”, - le soltó el Mulá -, “lo que usted llama plumas de avestruz no son más que los pelos del rabo de mi burro cuando suelta un cuesco en el rostro de los caras que se pretenden maestros iluminados” “¡Que pase el siguiente! Este ya está visto para sentencia.”
- ¿Y que sentencia le cayó?, - preguntaron al unísono Sergei y Ting Chang-.
- Eso pertenece al secreto del sumario, pero ya os podéis imaginar. Limpió los establos de toda la comunidad que aplaudió entusiasmada.
 

José Carlos Gª Fajardo

02/04/2006 23:29 Autor: nesemu. ;?> Hay 5 comentarios.

Retazos de la Luna azul 010: El ciprés en el jardín

Una tarde, el Maestro echó de menos una campanilla de plata que colgaba en el dintel de la baranda. Hacía años que se la había regalado el padre de Ting Chang, cuando frecuentaba la corte. No dijo nada a nadie pero el sonido de esa campanilla, agitada por el viento, le llenaba de alegría. Recordaba que, tan sólo hacía unos días, cuando uno de los monjes del monasterio le preguntó a qué se debía su permanente ecuanimidad y esa alegría que nada parecía turbar le contestó riendo “¡Es por el sonido de una campanilla que cuelga del dintel de mi baranda! Cuando el viento la agita, se borran todas las nubes y el corazón recupera su armonía”.
Era un joven inteligente y capaz pero con una inquietud interior permanente. El Maestro sabía que tan sólo unas buenas dosis de humor y la capacidad de reírse de sí mismo podrían aliviar su estado de ansiedad permanente. Así que el joven monje decidió entrar en el recinto del Maestro y robársela mientras daba su paseo junto al río. Creía que si la instalaba en su celda podría disfrutar de esa felicidad que añoraba.
- ¿En qué piensas, Alma noble?, - le preguntó Ting Chang - Parece como si una nube te celase la mirada. Perdóname si pregunto lo que no debo.
Y el Maestro respondió “Pronto tendremos visita”. Nadie dijo nada pero, al cabo de unos días, se presentó el joven monje con la campanilla escondida entre su manto. Se echó a los pies del Maestro y confesó su falta y su frustración pues, por más que se pasó horas sentado ante la campanilla, el sonido de ésta no hacía más que incrementar su tristeza.
- Maestro, - le dijo entre lágrimas - ¿Por qué esta campanilla es para ti una fuente de alegría y para mí ha sido el colmo de mi desolación?
- ¡El ciprés en el patio!, - respondió el maestro alzándole del suelo con solicitud y comprensión ante la mirada expectante de los demás discípulos.
Todos comprendieron el sentido de esta expresión tan conocida por los practicantes del Zen.
- El ciprés en el patio, la tetera al fuego, el trenzado de los juncos o la campanilla de plata ¿qué más da, hijo, qué más da? Se trata de vivir con plenitud cada circunstancia del día, sin esperar ni recompensa ni reconocimiento alguno. No es lo que hacemos sino cómo lo hacemos. Ni aquí ni allí. Ni por premio ni por castigo. Se trata de aceptarnos como somos y de no castigarnos con fantasmas de la mente. Por eso, el ejemplo del Mulá Nasrudín nos puede ayudar más que los grandes textos del Buda.
- ¡Ayúdame Maestro a reírme de mí mismo!
- Un día, - les contó el Venerable para distraerlos y aliviar la tensión del momento animándolos a emprender juntos el paseo por la ribera del río -, el Mulá se había presentado para optar a una plaza en unos grandes almacenes del zoco. El dueño exigía que los candidatos fueran muy ambiciosos, así que le preguntó al Mulá qué puesto ambicionaba y éste respondió sin vacilar “¡El suyo, de dueño absoluto de todo!” “Pero Mulá, ¡estás loco!” Y Nasrudín le preguntó sin sorna alguna “¿Es esa una condición? Pues creo que tengo bastantes papeletas para hacerme con el puesto”.
Todos estallaron en carcajadas mientras Sergei corría a la cocina a preparar jugo de jengibre aliviado con mango y pétalos de rosa.
 

José Carlos Gª Fajardo

 

31/03/2006 23:36 Autor: nesemu. ;?> Hay 1 comentario.

Retazos de la Luna azul 009: Cuidar al idiota

Mientras caminaban por el sendero que acompañaba al río, los dos asistentes recogían moras y arándanos en las zarzas que pronto tendrían que recortar.
- ¡Así sucede con nosotros!, - comentó el Maestro-, después de dar fruto conviene que nos poden con buena mano para descansar y recuperarnos. Algunos se quejan porque quisieran competir en frutos.
- ¿Por qué nos empeñamos en competir? ¿Por qué nos inculcan eso desde que nacemos, si nadie es más ni menos que nadie? – comentó el príncipe médico de largos dedos y manos hechas para otros menesteres.
- Bueno, - intervino Sergei -, todos somos iguales pero unos más iguales que otros, ¿verdad Maestro?
- ¿Tú qué crees, Sergei, amigo, que es mejor ser listo o pasar por idiota?
- Hombre, Maestro, Alma noble en dónde las haya, yo creo que es mejor que te respeten por sabio y por inteligente.
- Pues escucha esto que le sucedió al Mulá. Solía éste colocarse, junto a su asno, en la plaza del pueblo esperando que la gente repitiese el juego de cada día. Le ponían dos monedas en el suelo mientras le animaban a elegir una. El Mulá, se paraba como si reflexionase ante el alborozo expectante del público y, con un destello en los ojos, elegía siempre la moneda pequeña.
- ¡Pues sí que era listo el Mulá!, – comentó con suficiencia la liebre siberiana -, sí que era listo.
- Cuando entendía que ya tenía lo suficiente, - prosiguió el Maestro mientras saboreaba los arándanos que tanto le gustaban -, se arreglaba su formidable turbante de Mulá y, aparejado su asno, se dirigía a jugar con sus amigos en la Casa de té.
- ¡Tenía sus vicios!, eh Maestro, y no se los criticas y a mí me pones a caldo cuando practico la misericordia de visitar a los enfermos.
- A las viudas, Sergei, sobre todo a las viudas que te agasajan. Pero déjame proseguir la historia. Un día, le dijo al Mulá un compasivo rabino, “Pero, hombre, Mulá, ¿por qué no escoges las monedas grandes? “¿Para qué?, - respondió sonriente el Mulá -”. “Pues así tendrías muchas, no tendrías que trabajar, pasarías más tiempo en la Casa de té y harías lo que te diera la gana”. “¿Sí?, - le preguntó con algo de sorna Nasrudín -. Si hiciera eso, nadie me tendría por bobo y ya no me echarían monedas para reírse cada tarde en la plaza, después de comprobar que era más idiota que ellos. Así, ilustre rabino, puedo seguir haciendo lo que me da la gana. ¡Cuidando mi bobería para que me dure más, como toda enfermedad bien cuidada!”
Ting Chang se reía con ganas, mientras comentaba, “¡Sí que era listo este Mulá! Las enfermedades no se tienen, ¡se cogen cuando conviene!”
- ¿Cómo es eso?, - preguntó Sergei asombrado -.
- Otro día, Sergei, otro día, - respondió el Maestro mientras se agachaba para lavar las manos en el río y se sumía en un profundo silencio.
Los dos discípulos se dieron cuenta, posaron sus cestos en tierra y se sentaron con respeto, dos pasos detrás del Maestro, comprendiendo que esa tarde no iban a necesitar los cojines del pequeño dojo ni tocarían el gong ni el tambor de madera.
Tampoco quemarían otro incienso que el del río que los llevaba.

  José Carlos Gª Fajardo

 

30/03/2006 12:57 Autor: nesemu. ;?> Hay 11 comentarios.

Retazos de la Luna azul 008: Cuánto vale un hombre

Un día, les contó el Maestro durante el paseo de aquellos atardeceres de septiembre:
- Estaba Mula Nasrudín en la Corte del emperador Tamerlán y éste le dijo para probarlo: “Mulá, pídeme lo que quieras”. El Mulá respondió rápidamente: “¡Un millón de soberanos de oro!” “¡Hombre, - respondió Tamerlán -, ¿no podría ser algo menos?. “Pues, ¡cinco monedas de cobre!” – le dijo con el mismo entusiasmo Nasrudín. “Pero Mulá, amigo, ¿no hay cierta desproporción entre esas cantidades?” “Sí, Majestad, tú vales un millón de soberanos de oro, yo valgo cinco monedas”
- ¡Cómo afinaba el Mulá! – dijo admirado Ting Chang -, con razón el Emperador lo tenía cómo interlocutor preciado en una Corte en la que cada uno le decía lo que el Emperador quería oír mientras que Nasrudín ponía de manifiesto las ataduras en las que vivía preso Tamerlán.
- Eso es, - dijo el Maestro comiéndose un melocotón casi púrpura-.
- ¡Tengo que pensarlo! - Murmuró Sergei, mientras se iba a avivar el fuego para la cena -.
 

José Carlos Gª Fajardo

29/03/2006 21:27 Autor: nesemu. ;?> Hay 9 comentarios.

Retazos de la Luna azul 007: Marketing oriental

El Mula Nasrudín llevó al mercado una vaca para venderla y conseguir dinero para la dote de su hija Leila, que ya iba algo retrasada a sus cuarenta años. Pasó gran parte de la mañana y el Mula seguía esperando sin conseguir venderla.
Llegó uno de sus compinches de juego en la Casa de té y le dijo:
Mula, no sabes vender, déjame hacer a mí. Esto requiere su técnica.
- El Mula le pasó el ramal y se dijo para sí “Siempre es bueno aprender artes nuevas”.
- ¡Vaca joven preñada de cuatro meses! Y la vendió en un momento para irse a la partida de cartas con el Mula.
- ¡Este sí que es bueno, Maestro! - comentó alborozado Sergei-. ¡Qué burro!
- Sí, en Occidente tienen personajes con salidas parecidas. Bertoldo en Italia, Abundio en España y hasta Sancho Panza.
- ¿Quién era Abundio?
- Aquél que vendió los zapatos para comprar betún – respondió el Maestro riéndose – Y la moto para comprar gasolina. Algún día, dice el Maestro sufí Idries Shah, alguien levantará una estatua sobre la tumba de nuestro propio asno para que podamos proseguir más libres nuestro camino.
 

José Carlos Gª Fajardo

28/03/2006 20:39 Autor: nesemu. ;?> Hay 13 comentarios.

Reetazos de la Luna azul 006: Nasrudín interviene

- Maestro, - le dijo un día Ting Chang mientras paseaban por la ribera del río -, en muchas ocasiones te refieres a las ocurrencias del Mula Nasrudín para despertar la naturaleza original de tus oyentes. Pero ¿quién era en realidad este Mula? ¿Ha existido?
- Yo creo que es imposible que haya existido un Maestro que fuera a la vez cortesano con Tamerlán, médico, juez, mendigo, sabio e idiota.
- Entonces, ¿es un personaje creado por los maestros sufís para desconcertar a los discípulos con sus paradojas?
- Así parece ser pues, con sus contradicciones, simplezas y aparentes estupideces, trata de romper los hábitos tan racionales y esquemáticos de la mente.
- Pero se encuentra en muy diferentes culturas, - continuó el médico afable-, y no parece haber continuidad entre ellas.
- Sí, entre los otomanos, en Turquía, lo presentan como un personaje de la Corte, que trata con familiaridad al gran emperador Tamerlán. En el folclore árabe se le conoce como Joha y aquí en China es fácil descubrirlo bajo el héroe local Afanti, con sus salidas.
- Y en algunos estados de Asia Central,- intervino Sergei -, su efigie ecuestre preside muchas plazas ¿Por qué en todas partes le dan tanta importancia a su asno?
- ¿Es que hay algo más opuesto a la imagen de un sabio y de un maestro que un asno? Porque sin duda, Nasrudín era un maestro. Es decir, se utilizaba su personaje para ayudar a la humanidad a zafarse del condicionamiento, de actuar como autómatas, como máquinas.
- Es la rémora occidental del maquinismo, del mecanicismo, apuntó el noble Ting Chang.
- ¿Qué es eso?, -preguntó Sergei.
- Pues que los hombres no son más que meras máquinas y que reaccionan como tales ante los estímulos, -respondió sonriente el Maestro-.
- ¿Qué otra alternativa queda? – insistió la liebre de las estepas dirigiéndose al médico Ting-.
- Hombre, la visión holística, contemplar al ser humano como un todo interrelacionado con sus semejantes y con la naturaleza en todas sus manifestaciones. De ahí que más que enfermedades existen enfermos y como a tales tenemos que tratarlos.
- Ya veo. Pero por qué sus incongruencias, sus sutilezas y hasta sus burradas tan distantes de los koan del Zen.
- No de todas las escuelas Zen, sino de la Rinzai, apuntó el Maestro. En la escuela Soto no se utilizan koans sino vivir la realidad en el día a día y en cada momento. ¡Todo es Zen!, dijo el Maestro.
- ¡Cómo nosotros en el Tao!
- Bueno, algo del Tao chino milenario con influencias del budismo y su adaptación a la mentalidad japonesa con el shintoismo y otras tradiciones.
- En el fondo, apuntó Ting Chang, algo así aparece en los dichos de Nasrudín: “Si supiera cuánto son dos y dos, respondería ¡cuatro!”
- ¿Acaso no lo son?
- Bueno, podrían ser 44, o cero. O la confirmación de que plantearse la pregunta es absurdo porque confiesas que ya lo sabes. ¡Cómo la vida misma!, - concluyó el Maestro-.
- ¡Otra, por favor! - pidió Sergei.
- “Si sobrevivo a esta vida sin morirme, me sorprenderé” o esta, para terminar Sergei, ya irán saliendo en nuestros paseos: Nasrudín siempre andaba corto de dinero y montó un tenderete en el mercado con un letrero que decía “Se contestan dos preguntas sobre cualquier tema por 10 monedas”. Un hombre tenía dos preguntas muy urgentes que hacerle y entregó sus monedas de plata mientras decía – “Diez monedas por dos respuestas es algo caro ¿no cree?” – “Sí, -respondió Nasrudín-, ¿la otra pregunta, por favor?”
- ¡Qué morro! 

José Carlos Gª Fajardo

 

 

27/03/2006 16:39 Autor: nesemu. ;?> Hay 8 comentarios.

Retazos de la Luna azul 005: El monje ciego

En el cercano monasterio sonó el tambor de madera, mokugyo, y un gong, keisu, de sonido transparente para acompañar la salmodia de los sutras que sigue a la meditación de la tarde. El Maestro se dirigió en silencio a la baranda sobre el río para deshacer su mente, así como había deshecho la postura del zazén. En esos momentos nadie hablaba. Los tres compartían la serenidad del crepúsculo en ese hermoso septiembre recién iniciado. Sergei había ido a echar un vistazo a la cena que había preparado junto con Ting Chang antes de la meditación. Ambos trajeron un refresco de jengibre que ofrecieron al Maestro con profundo respeto. Ya sabían que no era el hombre anciano quién estaba ante ellos sino el Cosmos bajo apariencia de atardecer sereno sobre el río que nos lleva.
El Maestro paladeó el jugo que tanto le gustaba y les contó una historia que había vivido de joven en su monasterio.
- Caminaban dos monjes de regreso hacia su monasterio cuando les sorprendió la noche. Se habían demorado bendiciendo al hijo recién nacido de una pareja de campesinos que también les pidieron que bendijeran su casa y su rebaño. Los monjes lo hicieron de buen grado y compartieron un chupito de sake con la joven pareja. El marido, de joven, había practicado en un monasterio y continuaba la meditación junto con su mujer, en la mañana y en la noche.
- ¿Chupito, Maestro? – preguntó con malicia Sergei. ¿No serían unos vasos de sake y por eso los monjes se retrasaron?
- Serían, Sergei, serían. Como los vasos que te bebiste la otra tarde cuando fuiste a llevar un remedio a la viuda de Nanking.
- Me lo había dado el monje enfermero, Maestro.
- Otro día hablaremos de los males de la viuda, liebre bastarda, y de los remedios que le procuras porque, bueno está atender a los enfermos, pero regresar casi al alba saltando el muro del monasterio, ya me dirás, Sergei.
- Era para no despertar a los monjes, Alma noble.
- Ya, pero no tienes por qué saltar encima de los rododendros. Eso es que traes más de un chupito. Bien. El caso es que uno de los monjes era ciego y lo guiaba su compañero, más joven y aguerrido. “No temas, hermano, agárrate a mi brazo y yo te guiaré con los ojos bien abiertos para protegerte contra los demonios del bosque”, le dijo muy resuelto. Cuando se adentraron en el bosque, una serie de ruidos y una extraña presencia paralizó los pies del joven monje que no acertó a decir palabra. “¿Qué sucede, hermano, - preguntó el monje ciego -, has enmudecido? Siento tu mano paralizada en mi brazo.” El joven, lleno de fuerza y con una vista excelente, no podía articular palabra por el terror que le invadía ante las sombras envolventes y la furia que imaginaba en los árboles frondosos. Entonces, el monje ciego, agarró por el brazo con gentileza a su amigo y le dijo “No temas, yo te guiaré. Apóyate en mí y procura cerrar tus ojos.”
- ¡Un ciego guía otro ciego!, - espetó Sergei -.
- No, - dijo sonriendo Ting Chang – un despierto conduce a un clarividente cegado por el miedo.
- El caso, -prosiguió el Maestro -, es que una especie de monstruo se alzaba en medio del sendero y el joven monje bien lo veía pues no se fiaba del ciego. Crispado por el terror se aferraba con las dos manos al brazo del monje ciego pero éste caminaba con paso firme y sin miedo alguno. El monstruo se alzó para devorarlos pero el monje ciego, como no lo veía, avanzó por el camino del medio y condujo al joven pálido y con la boca seca hasta la entrada del monasterio.
- ¡Menudo corte le debió dar al joven al verse conducido por el brazo ante los demás monjes!, - exclamó Sergei.
- Nada de eso. Cuando hubieron cruzado el bosque, el monje ciego soltó el brazo del joven y se apoyó en el suyo con toda tranquilidad y afecto.
 

José Carlos Gª Fajardo

26/03/2006 20:08 Autor: nesemu. ;?> Hay 3 comentarios.

Retazos de la Luna Azul 004: Destazador de bueyes

Una tarde de ese caluroso verano, regresaba el Maestro de dar su charla diaria a los monjes. A veces, les comentaba un pasaje de las Escrituras indias o chinas; otros días, se sentaba en silencio o les contaba un cuento y, a veces, hacía una seña al monje encargado de los gong y de las maderas y éste improvisaba una impresionante meditación con sonidos y silencios llenos de agua, de rumores y de viento.
Pero este día, el Maestro, que intuía la curiosidad de los monjes acerca del nuevo asistente del Maestro, les comentó de dónde provenía el nombre de Ting, el destazador de bueyes.
- Lo cuenta Chuang Tzú en su Libro – comenzó el Maestro -. No hay nada nuevo. El cocinero del señor Wen Hui estaba despiezando un buey. Cada movimiento de su mano, cada alzamiento de su hombro, cada paso de sus pies, cada sonido de la carne al partirse y cada silbido del cuchillo al descender sobre ella eran perfectos. El señor Wen Hui le preguntó: “¿Cómo has conseguido esa destreza?” “Lo que más ama tu servidor, - respondió el cocinero -, es el Tao. Cuando empecé a despedazar bueyes, sólo veía un buey entero. Ahora utilizo la mente y no los ojos. Silencio mis sentidos y sigo a mi espíritu. Veo las líneas naturales de la carne, y mi cuchillo corta por donde hay junturas, utilizando lo que ya hay allí marcado. De este modo evito los grandes tendones y los huesos. No los toco. Un buen cocinero cambia su cuchillo cada año, porque sabe rebanar. Un cocinero corriente, lo cambia cada mes. Este cuchillo lo ha venido utilizando tu servidor desde hace diecinueve años, y ya ha destazado miles de bueyes. La hoja del cuchillo apenas tiene grosor. Si utilizo lo que no tiene grosor para cortar a través de esas fisuras, al cuchillo le será fácil ir rebanando. Cuando el cuchillo llega a una parte más delicada, lo siento y obro con más cuidado. Lo hago más suavemente, llevando el cuchillo por aquellas partes más blandas de modo que la carne se desprenda como se desprende una laja de tierra cuando crece el torrente. El cuchillo no quiere oponente. Practica el bushido, como el noble guerrero que detiene la flecha en el aire”. El señor Wen Hui, dijo “¡Me has enseñado a vivir plenamente la vida!”.               Yo no digo nada más, concluyó el Maestro. Saludó a la comunidad con una amplia inclinación, se postró ante el altar silente y se retiró acompañado por sus dos asistentes.

José Carlos Gª Fajardo

 

24/03/2006 12:56 Autor: nesemu. ;?> Hay 5 comentarios.

Retazos de la Luna azul 002: Cuando el cielo suda

Estaban padeciendo un tiempo de calor bochornoso, pero nadie comentaba nada. No tenía sentido quejarse sino adaptarse. Un día, bastante antes del amanecer, Sergei se despertó para beber y vio al Maestro regando las partes del jardín más castigadas por el sol. Se acercó en silencio porque sabía que esa era una de sus formas de meditación, hacer algo con total concentración.
El Maestro enseñaba que no hay nada superior a nada, una vez que se ha alcanzado un cierto nivel de comprensión: sentarse, caminar, bañarse en el río, tejer alfombras, urdir tramas con juncos o preparar una taza de té, daba igual. Por eso, Sergei preparó una jarra de naranjada y, cuando se lo iba a llevar al Maestro, vio al noble Ting Chang sentado junto al río con una expresión de serenidad que evocaba las de Ananda y Buda en su encuentro con el barquero.
- Señor, quizás te apetezca un poco de naranjada, pero no me atrevo a ofrecérsela a Ting Chang, - dijo humilde y solícito Sergei.
- Puedes dejársela al lado pero no olvides de inclinarte ante la divinidad que lo habita. En estos momentos, la paz de su espíritu sostiene el cosmos.
- ¿Cómo es eso posible, Maestro, si ayer nos dijiste que todo sucede para bien, hasta lo que nos parece malo? ¿Es que hay unas acciones o unos momentos mejores que otros?
- En nuestra percepción claro que sí, pero no en la realidad – respondió el Maestro. Escucha, Sergei, lo entendamos o no, todo se desenvuelve como debiera. Los funerales se hacen para que los familiares y amigos puedan desahogarse. Son para los vivos, los muertos no los necesitan. Ayer te quedaste pensativo ante la contemplación de la muerte como una simple etapa en un proceso que sobrepasa nuestra comprensión, tan limitada.
- ¡Sí que me costaba asumirla como dices, como otra etapa en una maduración que libera!
- Es que nada ni nadie muere, Sergei. Son formas de vida que desaparecen y son sustituidas por otras. Como la metamorfosis del gusano, la mariposa y los huevos. Como el mantillo en que se convierten las hojas de los árboles, las flores y las hierbas. Como los humores y los huesos de todo ser viviente.
- ¡Parece que no les apena morir, aunque los elefantes escogen sus lugares silenciosos para esa fase de sus vidas!
Ting Chang se había acercado y escuchaba en silencio. Sergei le tendió un vaso de naranjada, y el príncipe que permanecía bajo la humilde túnica de monje, se lo agradeció con esa grandeza que hay en saber recibir más que en dar. Y le dijo con una sonrisa enraizada en la corriente del río.
- ¡Por eso los animales no hacen funerales, ni las águilas, ni las flores, ni los jardines en mutación continua!
- En algunas culturas, más sabias que la nuestra, - apuntó el Maestro -, la muerte de un ser querido se celebra con cantos y danzas, con banquete y con libaciones. Y la gente se viste de colores.


José Carlos Gª Fajardo lo dedica a los compañeros que el sabado comenzaran su viaje hacia el sur en busca de las señas de identidad

23/03/2006 13:51 Autor: nesemu. ;?> Hay 16 comentarios.

Retazos de La Luna azul 001. Embajadores de los ausentes

El Maestro se sentía hoy particularmente triste, aunque él lo negase. Los monjes del Monasterio se habían marchado a las montañas para un largo retiro, y para soportar mejor los calores del verano.
- Alma noble, ¿verdad que los echas de menos? -, le preguntó Sergei mientras daban de beber a las plantas.
- ¿A quiénes, liebre ladradora?
- Pues no sé, Maestro, es como sí echaras de menos hablarles cada mañana y contarles historias.
- La verdad es que sí -, le respondió mientras metía en la cintura los bajos de su túnica para poder meterse en el estanque de los lotos y tratar de aliviarlos.
- Maestro, - intervino Ting Chang que andaba desbrozando una mata de bambúes -, ¿y si nos contases a nosotros esos cuentos? Yo podría entretenerme en recopilarlos para que no se pierdan.
- Gracias, Ting Chang, pero no hay mejor papel para recopilar que el corazón del hombre.
- Sin duda, Noble Señor, pero cuando Lao Tsé quiso huir de la tierra en la que no se practicaba la justicia, según la leyenda, el encargado de custodiar la aduana en la frontera, le pidió que le hablase del Tao mientras esperaban la mejoría del tiempo para que el Maestro pudiera escapar, a pesar de no disponer de salvoconducto. Gracias a eso tenemos el Tao te King.
- ¡Las leyendas, las leyendas! – repuso el Maestro antes de sentarse con los pies dentro del agua. ¿Y a quién se los voy a contar? Vosotros estáis demasiado cerca de mí, y los cuentos necesitan de una cierta distancia, para ser creíbles.
- ¿Creíbles, los cuentos, Maestro?, - intervino Sergei.
- Bueno, para que el mensaje se deslice entre la parafernalia de la narración y se asiente en el corazón de algún oyente.
- Perdona mi atrevimiento, Alma Noble, - dijo animado Ting Chang – pero podrías contarnos historias y cuentos mientras nos enseñas a tejer alfombras y a urdir tramas de cestos. Así estaremos más atentos mientras nuestras manos están ocupadas.
- Bueno, -respondió aliviado el Maestro -, desde hoy, os nombro Embajadores de todos los ausentes que pueblan nuestros corazones. Acepto vuestras credenciales.
Así fue como se inició la segunda fase de las narraciones que fui recopilando durante mi estancia junto al Maestro. Yo, Ting Chang, había ido en busca de la paz y de la transparencia para ejercer con armonía el noble arte de la medicina. Si encontráis errores o contradicciones, será culpa mía por no haber sabido recoger la sabiduría que transitaba a través de las palabras del Maestro.
Hoy, en la luna azul, del primer día de la Primavera de un año propiciatorio.


José Carlos Gª Fajardo

 


 

21/03/2006 17:04 Autor: nesemu. ;?> Hay 13 comentarios.

Retazos de Sergei 101: La muerte y el jardín

Paseaban los tres por el jardín, que el Maestro iba mostrándole a Ting Chang, cuando Sergei preguntó:
- Maestro, ¿por qué hay gente feliz y personas infelices, ricos y pobres, vencedores y vencidos? ¿Acaso el Cielo es injusto?
- ¡Mirad las plantas de este jardín! Hay árboles grandes y chicos, frutos sabrosos y mantillo, piedras y musgo. Hay rododendros y camelias, sencillas hierbas y orquídeas, lotos en aguas casi estancadas y soberbios bambúes. La energía que circula por las cañas de la ribera es la misma que la que fluye por las parras y que se transforma en rico vino, una vez cumplido su ciclo. ¡Las adelfas no quieren ser abetos! Quieren ser adelfas. E igual sucede con cada una de las especies animales o minerales.
 Fun Chang, – prosiguió el Maestro -, preguntaba “¿Por qué el pollo no tiene la fuerza del búfalo? ¿Por qué el tigre no tiene la gentileza del perro? ¿Por qué el águila vuela con fuerza en el aire mientras los gorriones parecen tan débiles?” ¿No os parece injusto que las hierbas no sean arces, ni las arenas diamantes o las mariposas efímeras no sean longevos elefantes?
- Perdona, Maestro, por mi atrevimiento, - arguyó Sergei -, ¡pero nosotros somos seres humanos! ¡Ni minerales, ni plantas ni animales irracionales!
- ¿Y cómo sabes tú que ellos no sienten ni padecen? Viven con arreglo a su naturaleza, aparentemente sin preguntarse de dónde vienen ni adónde irán. En definitiva, ¿tiene esto alguna importancia?
- ¡Pero la muerte impone, Maestro! Es como si todo se acabase, - se le escapó a la liebre de las estepas rusas.
- ¿Y para qué quieres que dure? ¿Dónde estabas antes de nacer, Sergei? ¿Lo echas de menos? ¿Era tu condición más feliz, entonces? Nadie muere eternamente, sólo nos transformamos. La vida está en todas partes. Nuestra tarea es caer en la cuenta, vivir conscientes y observar la vida que fluye, mansa o a borbotones, porque todo cuanto necesitamos está en nosotros.
- Maestro, - se atrevió a decir Ting Chang -, ¿Qué quiso decir el Buda al afirmar que “la verdad es todo lo que es útil?"
- Todo lo que es conforme a la naturaleza es auténtico, por lo tanto, es hermoso, bueno y armonioso. La falta de equilibrio es enfermedad. La injusticia, lo que daña a otro, atenta contra la armonía del universo. Aunque nosotros no podamos concebirlo, al final, todo es para bien. ¡Contemplad el jardín!
 

(Al amanuense, José Carlos Gª Fajardo,... le parece que aquí terminaba la serie "Retazos de Sergei", aunque es consciente de que se ha saltado algunos que fueron escritos en circunstancias concretas que sólo podrían entender aquellos para quienes eran transcritos... porque uno siempre escribe para alguien auqnue no lo conozca. Sí, es posible, no vengáis ahora con sergiadas. Pero, ahora recuerda que comenzó otra serie titulada "Retazos de la Luna azul",  y que dejó inacabada. ¡Ojalá ahora, al tiempo que los revisa, se anime a continuarla para vosotros... quienesquiera que seáis y dónde quiera que os encontréis... aunque sea "así que pasen de cien años", como bellamente escribe Walt  Withman)

Con mi afecto para tantos Sergeis que por el mundo van sin sospechar que alguien camina a su lado, Nesemu

20/03/2006 20:20 Autor: nesemu. ;?> Hay 10 comentarios.

Retazos 100: Ting Chang

El Maestro estaba sentado en la terraza que daba al río, sobre una pequeña alfombra que había terminado de tejer esa mañana. Como hacía recodo, podía contemplar la puesta de sol, y a quién llegara desde el Monasterio por el senderillo de piedras. Sergei abría camino y venía exultante precediendo a un hombre alto y fuerte, de pelo negro y larga trenza, que caminaba sonriente y admirado, pero contenido. Vestía la negra túnica que le habían prestado los monjes al ver que estaban inservibles los vestidos del camino. Calzaba sandalias de esparto con tiras negras y mantenía sus manos cruzadas ante sí, bajo las mangas perdidas. Al llegar ante el Maestro, se postró con la frente sobre el suelo y las palmas de sus manos abiertas hacia arriba. No se alzó hasta que aquél le tocó en su hombro y le ofreció asiento con una acogedora sonrisa.
- ¡No ha debido ser fácil convencer a los cancerberos!
- No, Noble Señor. Ya me lo temía porque, hace más de un mes, sin que él se diera cuenta, vi como me adelantaba uno de los jinetes de mi padre que venía al galope para alertar al Abad.
- Como ya imagináis, - respondió cómplice el Maestro -, éste no me dijo ni una palabra pero yo veía cómo mejoraba la comida que nos envían de la comunidad. Bien, ya ha pasado el año convenido y estáis en dónde habéis querido.
- Alma Noble, he empleado este tiempo en seguir tus instrucciones y me he limitado a saborear el Libro de Chuang Tzú. Y, por supuesto, a servir y a atender a los pobres en el hospital que fundaran mis abuelos.
- ¡Que no es poco!
- Por eso, solicito de tu Paternidad que me aceptes para servirte en cuanto pueda.
- ¡Me imagino lo que le habrá costado al Abad acceder a vuestra insistencia y no a la de vuestro padre!
- Si me aceptas en tu servicio, Maestro, dame un nombre y apeemos el tratamiento. No seré más que uno de tus asistentes.
- ¡Tan sólo tengo un asistente! Este Sergei que ya conociste en tu viaje anterior. Te aseguro que es suficiente. Pero si aceptas ayudarle, los tres nos ocuparemos de este jardín. “¡Sergei!”, - llamó, sabiendo que se encontraba a dos pasos detrás de los bambúes con la antena desplegada.
- ¡Señor! ¡Aquí estoy porque me has llamado!
- ¡Menos mal que no lo dijiste en hebreo! ¿A que te has olvidado de la palabra que Samuel dijo en la noche?
- No, Maestro. Dijo Hinnení, pero él iba a convertirse en profeta. Y además, no quería deslumbrar al huésped.
- Bien, - dijo dirigiéndose hacia el recién llegado -, todavía no te puedo poner un nombre. Dinos tú cómo quieres que te llamemos.
- Ting, el destazador, si te parece bien, Maestro.
- ¡Hermoso propósito! ¡De acuerdo! – Y volviéndose hacia Sergei -: Ayúdale a construir una cabaña al lado de la tuya. Que no tenga humedades y que esté al abrigo de los vientos. Compartiremos juntos las comidas y las dos meditaciones principales, antes del alba y antes de ponerse el sol. Y, ahora, Sergei, prepáranos el té mientras yo converso con Ting Chang.
Sergei se inclinó alborozado. 
 

José Carlos Gª Fajardo

 


 

17/03/2006 15:00 Autor: nesemu. ;?> Hay 10 comentarios.

Retazos de Sergei 098: Rico en tiempo

Estaba el Maestro paseando junto al río y se asombraba de la destreza de un pescador al lanzar su red redonda al aire. ¡Iba llena de armonía en su movimiento! Sonreía el Maestro cuando el pescador, cubierto por un simple taparrabos, sintió una cálida frescura en su espalda y volvió el rostro en dirección a la orilla. Los dos se miraron y se sonrieron complacidos.
En esto, llegó Sergei, apurado como siempre, y dijo al Maestro:
- ¡Qué contrariedad, Alma noble! Resulta que el Abad tiene la importante visita de un magistrado de Pekín que insiste en saludarte antes de regresar a la Corte. Y el Abad te ruega que lo atiendas, aunque sea unos minutos.
- ¿Pero no estábamos esperando al mendigo? – preguntó el Maestro.
- Eso me atreví a decirle yo al Abad, - respondió compungido el rapaz -.
El Maestro se echó a reír y le preguntó con algo de sorna_
- ¿Y qué te respondió el Abad, Sergei?
- Me dio un bastonazo, y me espetó: “¡El mendigo puede esperar porque tiene todo el tiempo del mundo! Su Señoría es esperado con urgencia en la Corte”.
- ¡Sergei! No tienes por qué imitar la voz del Abad. Eres incorregible. Pero, anda, vete en busca de Su Señoría y hazlo pasar a mi cabaña. Dudo de que fuera capaz de disfrutar de esta puesta de sol. El pescador se inquietaría.
- ¿Qué pescador, Venerable señor?
- ¡Cualquier buscador, Sergei, cualquier buscador! La verdad es que el Abad no hace más que enviarme mensajes de que el mendigo vagabundo es en realidad una persona excelente y de que mejor podría alojarse en el Monasterio.
- ¿Por qué, mi Señor?
- ¿No ves lo rico que es en tiempo? ¡Tiene todo el tiempo del mundo!
- ¡Pero si el tiempo no existe, Maestro! Tú dices que lo vamos haciendo.
- Por eso, zorro de la estepa, por eso.
Sergei se fue volando para acompañar al gran Magistrado que tuvo dificultades al recoger su ampuloso kimono para caminar por el estrecho sendero de guijarros que conducía al Maestro. Cuando llegó ante la cabaña, miró al asistente que le indicaba la entrada con la mano. El alto mandarín tuvo que inclinarse para poder entrar y, al ver al Maestro sentado tejiendo un cesto, no pudo contenerse y mirando las desnudas paredes, exclamó:
- Maestro, ¿dónde están tus muebles?
- ¿Dónde están los tuyos, noble Magistrado?
- ¿Los míos? Pero si yo sólo estoy de paso. No llevo mi morada a cuestas. El viaje requiere ir ligero de equipaje.
- Lo mismo me sucede a mí, - respondió con una amplia sonrisa el Maestro que vio alejarse con tristeza al noble mandarín de la Corte Imperial.
 
José Carlos Gª Fajardo, amanuense del Maestro,: "A veces me pregunto si le vale la pena seguir enviando estos "Retazos" que pocos parecen leer... "Puede llevar a un camello  al abrevadero, pero nunca podrás obligarlo a beber" -me respondió. "Pero, le dije, y a ti, Venerable señor, ¿qué más te da, por qué continuas hablando si nadie te escucha porque no logras cambiar a nadie". Me respondió con una amplia y acogedora sonrisa. "Continuo hablando para que ellos no me cambien a mi". Bueno, proseguiré transcribiendo, aunque yo tampoco entiendo mucho.

15/03/2006 14:32 Autor: nesemu. ;?> Hay 29 comentarios.

Retazos de Sergei 097: Cenar lentejas

- Maestro, – le dijo un día Sergei, mientras esperaban a que el mendigo que venía a visitarlo se asease y tomase una túnica que le habían prestado los monjes de la hospedería -, ¡qué suerte tenemos con las dádivas de los devotos! Así, la comunidad puede dedicarse a la oración.
- Mira, rana de las charcas, - le respondió el Maestro sin dejar de tejer una alfombra de hermosos colores -, si cada uno comiera sólo de lo que producen sus manos y lo compartiera con los que no pueden trabajar, otro gallo cantaría.
- Ya sé, Maestro, que esa era la norma cuando tú fundaste este monasterio, pero los tiempos han cambiado y ahora son muchos los jóvenes que vienen a formarse.
- Yo no fundé ningún monasterio, Sergei. Jamás me hubiera atrevido. Acepté que algunas personas me acompañasen en la meditación de la tarde y en el servicio a los más pobres, como nos enseñó el Buda. Así había sido la práctica de los Maestros del Tao. Y esa fue la práctica de los que acompañaban al Rabí de Nazareth, en vida.
- ¿Fueron sus seguidores los que complicaron las cosas? -, aventuró Sergei.
- No, las cosas se complican solas, si se lo permitimos.
- ¿Por eso, le pediste al nuevo Abad, cuando “se complicaron las cosas”, que te dejara vivir en esta cabaña junto al río?
- Por eso, y porque ya no tenía edad para seguir el ejemplo de los verdaderos Maestros e irme a vagabundear por los caminos o a poner un puesto en el mercado. Mi vida es un muestrario de defectos, Sergei.
- ¿Pero no es bueno permitir que los demás hagan el bien y “dejarnos querer”, como tú dices?
- Hay algo todavía más grande que hacer el bien, potro de las estepas.
- ¡No es posible!
- ¡Hacer que lo hagan los demás y nosotros pasar desapercibidos! Escucha esta historia de los bárbaros del lejano oeste: “Estaba Diógenes, el filósofo, comiéndose unas sencillas lentejas con ajito, cuando lo visitó el filósofo Aristipo – que vivía en la corte adulando al rey -, y le dijo: “Si aprendieras a hacerte agradable al Rey no tendrías que cenar estas insípidas lentejas”. “¡Y si tú hubieras aprendido a prepararte tus lentejas no tendrías que poner tu boca donde termina la espalda del rey!”, - le respondió con la boca llena el filósofo contestatario. ¡Vuelve a por otra, Sergei!
 

José Carlos Gª Fajardo

14/03/2006 23:28 Autor: nesemu. ;?> Hay 8 comentarios.

Retazos de Sergei 096: El ruido

- Sergei, escucha esta historia antes de hacer pasar al peregrino, - le dijo el Maestro.
- ¡Ah! ¿Ya no es un mendigo? – preguntó el lengua larga.
- Hace muchos años, había un maestro Chan de enorme prestigio pero al que temían por su severidad y por sus métodos, algo bruscos. Por eso no tenía muchos discípulos. Pero, un día, llegó a su puerta un noble joven, de espléndida apariencia y porte muy distinguido. Se inclinó ante el Maestro y le pidió que lo admitiese a su servicio. El Maestro, al oír esto, se puso a reír a carcajadas. El aspirante se controló y bajó la vista, esperando que el Maestro lo invitase a sentarse. Pero, en lugar de esto, le espetó: “¡Siéntate! ¡Pero como es debido, espalda recta, sin rigideces, pero bien erguido! Respira bien, no como una gallina clueca”. El joven le obedeció y permaneció en silencio mientras el Maestro saboreaba un té humeante sin ofrecérselo. “¿Deseas algo, joven atrevido?”, le espetó casi sin mirarlo. “¿Podría tomar una taza de té, Venerable Señor?” El Maestro lanzó el contenido de su tetera hirviendo sobre el joven aspirante que lo recibió sin inmutarse, controlando el dolor de las quemaduras. Pero, con mesurada voz, le preguntó: “¿Es así como tratas a un visitante?” “¡Nadie te ha llamado! Y, además, ¿no era té lo que me habías pedido?”
El Maestro se sumió en profunda meditación y, al cabo de un rato, el aspirante también se sumió en una meditación deliciosa, en armonía con la del Maestro. De repente, sintió sobre su rostro una sonora bofetada. Tuvo que controlarse para no echarse sobre el Maestro y devolverle el golpe con alguna de las técnicas de taekwondo que dominaba. “¿Qué ha producido ese ruido? ¿La mano o tu mejilla?”, le preguntó el Maestro. Como tardó unos segundos en buscar una respuesta, el Maestro le atizó otro tortazo. “¡Ahora responde! ¿De dónde ha surgido ese ruido? ¿De la mano o de tu mejilla?”
El Maestro se había dado cuenta de que se trataba de un auténtico buscador pero al que su afán de perfección y su orgullo lo tenían empantanado en su maduración espiritual. El joven, rápidamente, respondió sin pensarlo: “¡De la mente!” Se refería al ruido de rabia y de humillación que había sentido al recibir las bofetadas. El otro ruido, ¿qué más daba si venía de la mano o de la mejilla?
El Maestro se alzó y acudió a abrazarlo y a ayudarle a levantarse. “¡Estás en el camino, hijo! ¡Quédate conmigo el tiempo que desees! No he hecho contigo más que lo que mi Maestro hizo conmigo porque yo también era orgulloso y no paraba hasta conseguir la excelencia en todo lo que emprendía. ¡Qué locura! Pero tú has pedido entrar a mi servicio. Todos estamos al servicio unos de otros. Gracias por haber venido. Te esperaba, porque el Maestro necesita al discípulo como éste necesita al Maestro. ¡Hoy es el día!”
- ¡Menos mal que tú no utilizas esos métodos, Venerable Maestro! – susurró Sergei.
- Siempre estamos a tiempo.
- ¡Me voy a buscar al peregrino!

  José Carlos Gª Fajardo

14/03/2006 01:11 Autor: nesemu. ;?> Hay 11 comentarios.

Retazos 095: Redondos y partidos por la mitad

- Maestro, parece que hay un mendigo peregrino en la puerta que desea saludarte.
- ¿Sólo parece, Sergei?,- respondió el Maestro sin alzar la vista del canasto que estaba trenzando.
- Bueno, a mí, por el porte, no me parece que haya pasado mucha hambre en su vida. Además...
- ¿Además?
- ¡Están sus manos y sus pies! Alma Noble, no se tienen esas manos cuando se han pateado los caminos, ni esos pies cuando no se conoce más agua que la de los charcos y los arroyos.
- Buena observación, liebre temblorosa. ¿Qué te hace temer?
- ¿A mí, Maestro? ¡Sergei no teme nada ni a nadie!
- Salvo cuanto te acomete el pánico, que habría que ir a buscarte a Mongolia, sino fuera porque siempre vuelves. Como las moscas.
- Bueno, no sé por qué pero me parece que estás muy satisfecho estos días, y silbando. ¿No lo estarás esperando, Sensei?
- Yo espero siempre, Sergei querido, pero estáte tranquilo porque nadie te quitará tu puesto. Ya me he acostumbrado a tus sergiadas y, a la vejez, no es bueno hacer mudanza.
- ¿Lo hago pasar, Maestro? No parece tener prisa, ni siquiera por verte.
- Eres un caso, Sergei, pero escucha esta historia que escuché de niño, durante mi noviciado. Llegó un importante funcionario para acogerse a la hospitalidad del monasterio y pasar unos días de descanso. Fue admitido y encomendado a un monje de carácter apacible que trataba a los huéspedes y a los peregrinos como al mismo Buda. El ilustre funcionario, que vivía en un perpetuo stress, había venido en busca de la paz y del silencio. Pero no paró de hablar con el monje a quien retenía aún durante los tiempos de la oración comunitaria. Al tercer día, sirviéndose la enésima copa de vino, regaló un poema al monje budista Chan, que lo escuchó impertérrito: “En el monasterio, perdido entre las montañas, encontré a un bonzo sonriente. Lejos del mundanal ruido encontré un momento de descanso” De repente, el monje soltó una carcajada que iba en aumento como si se le partiese el final de la espalda. “¿Por qué te ríes?, - preguntó el alto funcionario”. “Porque tu momento de descanso me ha supuesto a mí tres días de cansancio, noble funcionario”.
- “¡Jobár! – exclamó Sergei, sobre todo por lo del ‘final de la espalda’, pues él conocía la expresión de otra manera.
- Anda, Sergei, ‘culo redondo y partido por la mitad’, haz entrar a ese mendigo peregrino.
- ¡Maestro! ¡Qué expresiones estoy aprendiendo!
- ¿Tú, aprendiendo? Eso es lo que son todos los hombres, desde el más alto funcionario de palacio al más humilde vagabundo.
- Y los maestros y los abades, los aspirantes y los discípulos... los asistentes...
- Sí, Sergei, estás en el Camino.
 
José Carlos Gª Fajardo

11/03/2006 20:51 Autor: nesemu. ;?> No hay comentarios. Comentar.

Retazos 094: Guerrero de los sueños

Llegó un día al monasterio un rico comerciante a hacer una importante donación al Abad. Éste se lo agradeció prometiéndole que la comunidad lo tendría presente en sus plegarias porque compartía sus riquezas con los pobres. “Sí, padre Abad, por eso lo hago porque sé que ayudáis a todos los pobres del condado. Pero, ¡yo querría pediros el favor de que me recibiera el Maestro que habita en la cabaña que está junto al río!” El Abad hizo las gestiones y envió al comerciante a presencia del Maestro, acompañado por su asistente Sergei.
Mientras éste preparaba el té, tenía la antena puesta y oyó este diálogo:
- Maestro, estoy desesperado. Alguien me ha echado el mal de ojo. Todo me sale mal. Mi mujer está enferma, los negocios no van como antes y yo me siento abatido.
- Ya pasará, amigo, ya pasará. Es ley de vida que los sucesos venturosos y las pruebas se alternen para madurarnos.
- ¡Pero es que yo no puedo más, Maestro! Tú puedes hacer un milagro. ¡Ayúdame!, - le suplicó dominado por su obsesión.
- Bueno, - le dijo con calma infinita el Maestro que conocía bien a esta clase de devotos -. Por fortuna, conservo el amuleto que me entregó un día mi Maestro. Te lo voy a entregar, pero no se lo digas a nadie. Ponle una cinta y cuélgalo del cuello. Cada día reza una plegaria por los más desdichados de este mundo.
- ¡Así lo haré, Maestro!
- Pero recuérdalo bien: Cada vez que te acometa el desánimo, agárralo con fuerza y respira hondo, muy hondo, mientras te vas a dar un corto paseo. ¿De acuerdo?
- Así, lo haré Maestro. Te lo prometo.
- Y no te olvides de ser muy generoso con los más pobres, y muy paciente con quienes te rodean.
El buen hombre se marchó sin esperar siquiera a tomar el té que traía Sergei en una bandeja.
- Maestro, - le dijo el asistente muerto de curiosidad -. ¡Nunca me habías hablado de ese poderoso amuleto!
- Ay, Sergei, hay muchas cosas de las que no te he hablado. Esperemos a ver sus efectos prodigiosos.
Pasaron unos meses y el comerciante regresó al monasterio con una gran carga de alimentos para los monjes. Y, de nuevo, pidió al Abad licencia para visitar al Maestro de la cabaña. Cuando estuvo en su presencia, se arrojó al suelo intentando besar sus sandalias mientras exclamaba:
- ¡Oh, Venerable Señor, nunca te podré pagar el milagro que hiciste conmigo! Aquí te devuelvo tu maravillosa reliquia. Te aseguro que no he dicho nada a nadie. ¡Qué gran poder el de este amuleto!
Y caminando de espaldas, mientras hacía reverencias, se retiró acompañado del asistente. Éste, tan pronto como regresó, ligero como una liebre, suplicó al Maestro:
- Alma Noble, ¡muéstrame ese amuleto maravilloso!
El Maestro soltó una carcajada y le dijo:
- ¡Vete y tira esta piedra al río! ¡Fue la que cogiste el otro día para calzar la mesa que pusimos en el jardín!
- No es posible, Maestro, no es posible.
- Mírala, melón, mírala. No he hecho otra cosa que utilizar su imaginación destructiva para dar paso a la imaginación constructiva.
- ¿Tan simple como eso? -, exclamó Sergei.
- El otro día soñaste que te atacaba un león, ¿recuerdas?
- Sí, te lo conté en el desayuno.
- ¿Y cómo lo venciste?
- ¡Pues con una lanza que le arrojé con denuedo!
- O sea que con una lanza soñada has matado a un león ilusorio. ¿Lo ves, guerrero de los sueños?
- ¡Lo que me faltaba!


José Carlos Gª Fajardo

10/03/2006 15:40 Autor: nesemu. ;?> Hay 10 comentarios.

Retazos de Sergei 093: Proverbio hindú

Estaban Sergei y el Maestro metidos hasta la cintura en el río reparando algunos destrozos que habían hecho los castores. Sergei ya tiritaba pero no se atrevía a dejar solo al Maestro que le preguntaba con cierta sorna:
- ¿Ya te encuentras mejor, Sergei?
- ¿Yo, Maestro? ¡Nunca me he encontrado mejor ni más fogoso!
- Por eso, liebre andariega, por eso lo digo.
- Maestro, ¡no es para tanto! Aquí en el monasterio se arruga hasta la memoria. Pero, metidos durante horas en el agua, ¡ni me la encuentro! Lo malo es cuando me envías a algún mandado al pueblo.
- ¿Qué yo te envío, adónde?
- Bueno, el monje ecónomo anda siempre muy atareado y yo me ofrezco para aliviarlo un poco en sus tareas.
- Ya entiendo, - respondió con sonrisa cómplice el Maestro.
- Tú me has enseñado que “lo único urgente es compartir”, y yo le ofrezco a los monjes mi tiempo.
- ¡Qué morro tienes!
- A propósito, Sensei...
- ¿Por qué utilizas últimamente el trato de cortesía propio del Zen? ¿No estarás preparando una escapada?
- Maestro, el otro día yo te quería preguntar por qué, ante cualquier dificultad que se presenta, respondes: “¡Está bien! ¡Está bien!”
- Porque muchas veces no podemos controlar las circunstancias externas, pero siempre podemos entrenarnos en cultivar una actitud equilibrada y serena para afrontarlas. Si aceptamos lo que no podemos controlar, y somos diligentes para buscar los medios adecuados, ganaremos en paciencia, en ecuanimidad y, sobre todo, en paz interior.
- Sí, Maestro pero, a veces, suceden cosas que le dan a uno cien patadas porque son irracionales.
- Sólo lo parecen, Sergei, sólo lo parecen. Escucha este proverbio hindú tan lleno de sabiduría: “Si tiene remedio, remédialo; si no lo tiene, acéptalo y aprende”.


  José Carlos Gª Fajardo

09/03/2006 16:54 Autor: nesemu. ;?> Hay 23 comentarios.

Retazos de Sergei 092 : No retener

- Maestro, - le dijo un día algo preocupado Sergei, mientras caminaban por la ribera del río -. Perdona mi atrevimiento pero...
- No te preocupes, liebre mongólica, en el mejor sentido, claro. ¡Suelta lo que sea, porque, al fin y al cabo, no podrás contener la sergiada.
- No, si ya sabía yo que, al final, queriendo hacer el bien y consolarte, me la gano siempre, - dijo como para sus adentros el aprendiz de discípulo.
- ¿Consolarme, Sergei? – le preguntó sereno el Maestro.
- Verás, yo sé que tus mejores discípulos viven en el monasterio. Los vas formando desde jóvenes, sigues su evolución, padeces y disfrutas con sus progresos y conduces a cada uno de acuerdo con la naturaleza de su karma.
- Es cierto. Esa es la misión que me ha encomendado el Abad de este gran centro. Y le estoy muy agradecido porque, a mis años, me ha permitido habitar en este rincón de la huerta, junto al río. ¡Y hasta me ha proporcionado un asistente!, - respondió con una sonrisa pero temiendo que el rapaz siguiera por ese camino -.
- Pero, al final, ¡todos se van marchando! Hasta los más queridos por ti. Y algunos, y a pesar de que tú todavía no los has visto maduros, pero por el afán de cambiar.
- Escucha esto que, al parecer, le sucedió al Mulá Nasrudín, del que muchos se ríen por sus aparentes disparates, ¡cuando se trata de un auténtico maestro sufí!. No es buena señal para un maestro espiritual el que sus discípulos permanezcan siempre sentados a sus pies.
- Escucho, Luz que Ilumina, ¡pero ya te has vuelto a escapar por la tangente! -, exclamó Sergei -.
- ¡Para eso están, Sergei, para eso están! Si siempre fueran secantes no podríamos crecer cada uno según nuestro anhelo. Pero escucha, gran melón, escucha:
"Cuando Nasrudín llegó a China, reunió un buen número de discípulos a los que preparó para alcanzar la iluminación por el sabio camino. Tan pronto como la alcanzaron, los discípulos se dispersaron. Y el Mulá bendijo a Alá porque había escuchado sus ruegos..

José Carlos Gª Fajardo

07/03/2006 20:35 Autor: nesemu. ;?> Hay 13 comentarios.

Retazos de Sergei 091: El ladrón de vértigos... se hace maestro

(Nota: Por favor, no os precipitéis en querer sacar moralejas. Las cosas son como son. Suspended el juicio, dejaos atrapar por el contenido de este hermoso "cuento". Siempre os creéis obligados a hacer un comentario. Ayer os dijo Sergei en este blog: " ¿Habéis lavado ya los platos del desayuno? Es genial ver como lo hacéis todo tan complicado... ¡¡cuando sólo se trata de lavar los platos!!" Hacedle caso, él, cuando llegó, también era como vosotros y ahora, cada vez que leo uno de sus post... me conmuevo satisfcho. Nesemu
Una tarde, el Maestro le dejó caer esta hermosa historia a Sergei:                                                         "- Con la madurez, había alcanzado una cierta estabilidad y sosiego. Practicaba la meditación y el desprendimiento. Vivía al día, después de haber educado a sus hijos y de haber desempeñado su profesión de médico con éxito hasta que perdió a su esposa. Tenía una casita en el campo con las cosas más indispensables. Cuidaba su jardín y vivía de una pequeña pensión que compartía con los más pobres.
Una tarde, al regresar de atender a una anciana enferma, vio a un ladrón que estaba cargando en una carreta los pocos muebles que poseía. Sin dudarlo, le echó una mano y así terminaron antes. El ladrón le preguntó agradecido:
- ¿Tú también eres ladrón? ¡Qué bien te mueves!
- No, - respondió el anciano -, era el propietario.
El ladrón se echó hacia atrás espantado, pero el anciano lo tranquilizó con la más amplia sonrisa:
- No te preocupes por nada, hombre. Nací desnudo y me llevarán a la cremación envuelto en un simple sudario. Vete en paz, y recibe mi agradecimiento.
- ¿Encima, te burlas de mí?, - preguntó el ladrón.
- No, - respondió amable el anciano mientras ponía una mano sobre su hombro -. Cuando llegué, te estuve observando en silencio. Me admiró tu concentración. No existía nada más importante para ti que lo que estabas haciendo. ¡Si me quisieras aceptar como discípulo, compartiríamos lo poco que tenemos! " (Silencio, ahora silencio, concentráos en el silencio como el ladrón se concentraba en lo que hacía. !Ambos se admiraron!, porque se reconocieron.)

  José Carlos Gª Fajardo

07/03/2006 01:31 Autor: nesemu. ;?> Hay 12 comentarios.

Retazos de Sergei 090: Los contratos de Nasrudín

Hoy tocaba recogida de juncos en la orilla del río para que el Maestro tuviera reservas durante el otoño y, así, poder seguir dedicado a su pasatiempo favorito después de las largas meditaciones.
- ¿Por qué es tan importante ocupar las manos en algo cuando se regresa de la meditación?, - preguntó Sergei.
- Por eso, Sergei, porque todavía regresamos, como tú dices. Cuando nos dé igual hacer cestos que cuidar alcorques, vivir en una ermita perdida en el monte o vender vino en el mercado, entonces, ya no distinguiremos los quehaceres de las bondades del estudio, de la contemplación o del profundo silencio.
- Eso es poder hacer lo que uno quiere.
- No, liebre precipitada. Eso es querer lo que uno hace. ¿Qué más da lo que hagamos, Sergei? Se trata del cómo, de la concentración, del amor, de la libertad y el desprendimiento que pongamos en cuanto hagamos. ¿Barrer, orar, comer o hacer el amor, dormir o velar? ¿No es todo lo mismo bajo apariencias diferentes?
- ¡Hombre, Maestro, dicho así suena fuerte y uno tiene sus preferencias, digo!
- ¡Qué bruto eres, Sergei! ¿Podrías estar todo el día y toda la noche comiendo o follando o durmiendo o bebiendo? ¿Un día tras otro, un mes tras otro? ¿No te das cuenta de que gran parte del placer reside en su brevedad? Recuerda a Sísifo, a Tántalo, a Niobe y a todos los héroes que pretendieron ir más allá de su naturaleza desafiando al Cielo.
- Por eso dices que no nos fiemos de las apariencias, sino de la energía que las anima.
- Escucha esto, lobo estepario. Eran las diez de la mañana y el Maestro Sufí Nasrudín dormía a pierna suelta. Su mujer fue a despertarlo porque se le enfriaba el desayuno y, además, tenía que ir a dar clase. El Mulá pegó un grito a su mujer y le dijo. “¿No comprendes, mujer insensata, que me encontraba a punto de cerrar un contrato por valor de cien mil piezas de oro? ¡Ay, Alá, qué cruz me has dado con esta familia que me has puesto encima!” Y Alá se asomó y lo zarandeó mientras pretendía ir en busca del contrato soñado: “Escucha, Mulá, - le dijo Alá-, ¡Eres más zote que un gañán! Tú si que eres el insensato y no la mujer que te aguanta, hasta que un día se canse”. “Sí, - respondió despertándose del todo Nasrudín -. ¡Tú dale ideas, Señor, que buena es ella!” “¡Escucha, Mulá incorregible! ¿Acaso no pretendías realizar una estafa con ese contrato en tu sueño? ¿No era la otra parte un tirano redomado?” “¡Todavía no lo había firmado! – se defendió Nasrudín” “Si al despertar, - prosiguió Alá - renunciaras a ese injusto contrato hubieras sido una persona justa, un santo. Si hubieras utilizado tu inteligencia para ayudar a liberar al pueblo oprimido por el tirano, hubieras sido un héroe. Pero si, en medio del sueño, te hubieras dado cuenta de que estabas soñando, hubieras sido un hombre despierto, un ser liberado. ¿De qué te valdría haber sido un santo o un héroe, si estabas dormido? -, concluyó el Altísimo”
- ¿Y qué hizo el Mulá después de haber escuchado a Alá?, - preguntó el inquieto zorro de las estepas rusas, como temiéndose que hubiera gato encerrado en el cuento del Maestro.
- Pues lo mismo que vas a hacer tú: Irse a lavar los platos del desayuno de toda la familia porque su mujer dijo que “en esta casa hay un tiempo para comer y hay un tiempo para holgar. ¡Estaríamos buenos!”
 
José Carlos Gª Fajardo

05/03/2006 13:09 Autor: nesemu. ;?> Hay 6 comentarios.

Retazos 089: Los justos

- Maestro, - le preguntó un día Sergei -, tú que devoras los libros occidentales en busca de la sabiduría universal, ¿por qué no nos cuentas algunas historias de los bárbaros extranjeros que habitan el lejano oeste de nuestro continente asiático?
- ¡Cállate, Sergei, que no vayan a oírte! – respondió el Maestro llevando su índice a los labios -. Ellos creen que habitan un continente, que no es tal por mucho que lo mires en los mapas, y al que denominan Europa. Se creen el ombligo del universo y, en esa convicción etnocentrista, dominaron el mundo desde el siglo XVI. Lo que era puro eurocentrismo ellos le llamaban la sagrada “carga del hombre blanco”. Por eso se han empleado en imponer, mediante la conquista, su civilización, su comercio y su cristianización. Las tres ces de la sangrienta colonización europea.
- Vosotros los chinos tampoco fuisteis mancos cuando os creíais el centro del mundo. Vuestros emperadores se llamaban “Hijos del Cielo”, como el del Japón se cree “Hijo del Sol” mientras los Reyes cristianos lo eran “por la gracia de Dios”. Día llegará en que una nueva potencia se crea el fundamento del Bien y del Mal y se dedique a “democratizar y a civilizar” a otros pueblos de culturas milenarias.
- ¡Que el “arbusto” no te impida contemplar el bosque, liebre terrorista! Te voy a contar lo que uno de los hijos más ilustres de ese continente americano, que tenemos aquí, al Este de Asia, entiende por “los justos”. Ya sabes que ese concepto es sinónimo de sabio, de santo o de realizado.
- ¿Se trata de Camus o de Saint Éxupéry o de Whitman?
- ¡Condenado rapaz! Así no vas a avanzar. Se trata de Borges, que escribe así: “Un hombre que cultiva un jardín, como quería Voltaire. El que agradece que en la tierra haya música. El que descubre con placer una etimología. Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez. El ceramista que premedita un color y una forma. Un tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada. Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto. El que acaricia a un animal dormido. El que comprende o quiere comprender un mal que le han hecho. El que agradece que en la Tierra haya Stevenson. El que prefiere que los otros tengan razón. Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo”.
 

José Carlos Gª Fajardo

 


 

03/03/2006 23:53 Autor: nesemu. ;?> Hay 11 comentarios.

Retazos de Sergei 088: Basta con una nota

- Maestro, leí en las Analectas de Confucio que, “No enseñar a un hombre que está dispuesto a aprender es desaprovechar a un hombre...
- “... y que enseñar a quién no está dispuesto a aprender es malgastar las palabras” – continuó el Maestro.
- No es eso lo que tú practicas, Venerable Señor. Tú enseñas a todos, lanzas el grano a voleo y, caiga donde caiga, ya se encargará la semilla de abrirse camino..
- ... o de brotar y secarse, o de ahogarse entre zarzas, o de ser pisado por los búfalos si cayó en el camino.
- Como en la parábola del Rabí de Nazareth.
- Eso es, pero esa parábola ya está en tradiciones de dos mil años antes de ese Rabí, lo que ocurrió es que Occidente rompió los contactos.
- Aunque se cumpla tan poco.
- ¡Filósofo estás, Sergei!
- Es que todavía no he comido, Maestro.
- Pues mientras te ayudo a poner la mesa, escucha esta historia de lo que le sucedió al Maestro Zen Kakua cuando regresó de China, adonde había ido a practicar el Budismo Chan.
- ¿Pero el primer patriarca japonés que llevó el Zen a Japón no fue Dogen? El que dijo aquello tan gracioso de “los ojos son horizontales y la nariz vertical” para resumir toda la sabiduría que había aprendido?
- ¡Para, Sergei, mono de la jungla! Así, ¿cómo vas a aprender nunca si no te dejas invadir por la sabiduría? Ella te persigue, pero ¡tú corres más! ¿No ves que, razonando y discutiendo y aduciendo argumentos de autoridad y textos venerables, te convertirás quizás en un erudito, pero no alcanzarás la serenidad del despertar?
- Te escucho, Maestro, te escucho, pero es que yo quería...
- ¡Sergei! Me querías decir que “es difícil enseñar algo a alguien, pero que siempre se puede aprender” ¿Nunca cambiarás? ¿La cabra siempre tirará al monte?
- Perdona, Brazos que Acogen, cuéntame ese cuento. 
- Pues resulta que, cuando el Maestro Kakua regresó al Japón, sólo se dedicaba a la práctica de la meditación y a arreglar su huerto, del que hizo un jardín. No abrió escuela, pero el Emperador oyó hablar de su sabiduría y de que sí que practicaba con algunos discípulos que venían a limpiar los alcorques. El Emperador lo convocó para que fuera a su palacio en Kyoto para que predicara a toda la Corte. Kakua acudió y permaneció en silencio ante el Emperador impaciente. Entonces, sacó una flauta y ante la expectativa general, tan sólo emitió una nota. Después, hizo una profunda reverencia ante el Emperador y desapareció.
- ¿....?
- No, Sergei, nunca más se supo qué fue de Kakua cuando abandonó el palacio del Emperador.

  José Carlos Gª Fajardo

03/03/2006 00:52 Autor: nesemu. ;?> Hay 5 comentarios.

Retazos de Sergei 087: La puerta

- Maestro, - le preguntó Sergei una tarde, mientras reparaban un recodo del río en donde desovaban las carpas -, aunque llevo algún tiempo contigo, no avanzo mucho en el camino de la iluminación. ¿Qué debo hacer?
- Si buscas la iluminación tardarás en encontrarla, porque la buscas para tu propio bien. Como el buen Maestro, el despertar llega cuando el discípulo está preparado. Iluminación, ¿para qué?
- Yo quiero decir la paz, el sosiego, la serenidad, -argumentaba Sergei.
- A lo que tú llamas paz, llamo yo justicia; trabajo que libera a lo que tú llamas sosiego; y a lo que tú llamas serenidad, yo lo llamo rectitud de juicio, paciencia, humor e infinita generosidad. Hasta el olvido de sí mismo en el servicio a los demás.
- Pero, Maestro y padre mío, ¿dónde está la puerta de ese Camino?
- ¿Oyes el rumor del torrente que salta ente las rocas?
- Sí, claro, Maestro.
- Pues bien, ahí está la puerta del camino que nos conduce al despertar. Así, caerás en la cuenta de que todo está en nosotros mismos. Y en lo que nos rodea, nos sucede o nos inquieta.
- ¿En la pregunta se encuentra la respuesta?
- Si está bien formulada, así es.
- ¿Y cómo saberlo?
- Anda, Sergei, creo que es hora de tomarnos una taza de té bien especiado, a la manera india que tanto te gusta, - le dijo el Maestro sonriendo, y esperanzado porque veía al polluelo debatirse dentro de una cáscara cada vez más fina.
 

José Carlos Gª Fajardo

02/03/2006 12:58 Autor: nesemu. ;?> Hay 12 comentarios.

Retazos de Sergei 086: Vivir en pareja

Andaba Sergei dándole vueltas en la cabeza al tema de vivir en pareja. Había oído decir que así se estilaba en algunas sociedades evolucionadas. Pero él comprendía que la grandeza de la civilización China reposaba en una estructura familiar organizada.
- Sergei, - le dijo un día el Maestro, mientras paseaban junto al río -, a ti lo que te ocupa es cómo desahogar esa fuerza que sientes contenida, y no tanto el deseo de fundar una familia.
- Maestro, ¿cómo voy a ocultarte las contradicciones que siento? Por una parte, esto del celibato que imponen algunas sectas está claro que es una estructura de poder, aparte de encaminar respetables tendencias que no en todas partes son admitidas.
- Lo malo, - dijo pensativo el Maestro -, es que, por no admitirlas dentro de un orden, a veces, se convierten en abusos de los que son víctimas los más débiles.
- Tú dices que cada persona es dueña y responsable de su cuerpo.
- Es exacto. Pero ser dueño no significa hacer cualquier cosa. Como en el matrimonio, uno se puede casar con quienquiera, pero no con cualquiera. Si fuera para aliviarse, aquí o allá, hay que guiarse sobre todo por los sentidos; respetando el no hacer daño a otro. Pero, para el matrimonio es menester utilizar la cabeza tanto como los sentimientos. Uno se casa para crear un hogar, fundar una familia, construir una comunidad de afectos. Es decir, para facilitar la mutua autorrealización, que libera. y no la ego realización, que encadena.
- ¡Lo ponen tan difícil que a ver quién se casa!
- Por eso, el Rabí Jesús dijo aquella expresión hiperbólica que luego sus secuaces tomaron como norma e instituyeron el celibato obligatorio. (¿No has leído el delicioso libro de Uta Ranke Heineman Eunucos por el Reino de los Cielos?)
- Algo nos has contado, pero yo sigo con lo de formar pareja. Es que, veo a algunas que te echan para atrás.
- Escucha este cuento, liebre corredora: Había una pareja de intelectuales que se habían casado hacía unos meses, ambos trabajaban y eran muy autosuficientes. Para ellos era como prolongar la relación de camaradería y de intercambio de fluidos que llevaban practicando. Pero, al poco de vivir juntos, no paraban de discutir y de distanciarse. Vivían como encadenados agresivos. Por eso decidieron visitar a un consejero con una fama acorde con sus elevados honorarios.
- ¡Menudo consejero! -, exclamó Sergei a quien no se le escapaba ninguna.
- ¡Escucha!, liebre testosterónica, - prosiguió el Maestro -, el terapeuta les dijo que “la pareja perfecta es aquella en la que dos se convierten en uno”. Cuando oyeron aquellas palabras, exclamaron aterrados y al unísono: “¡Convertirse en uno! Pero, ¿en cual de los dos?”
 

José Carlos Gª Fajardo

 

 

01/03/2006 12:54 Autor: nesemu. ;?> Hay 4 comentarios.

Retazos de Sergei 085: Mugidos de caracolas

- El otro día te reías, Sergei, cuando te contaba la historia de Mulá Nasrudín Hojda que iba al galope sobre su asno y respondía a gritos “¡Busco a mi asno!”
- Maestro, es que ¡le pasaban unas cosas al asno del Mulá!, dicho sea con todo respeto.
- Pues escucha lo que le sucedió a un Maestro Zen. Un día, lo vieron buscando su propio cuerpo, y sus estúpidos discípulos se rieron mucho.
- Es que tiene gracia, - se lanzó Sergei -, aunque, siendo un Maestro, algo les quería estar transmitiendo.
- ¡Es que en el mundo hay gente dedicada a buscar seriamente a Dios! ¿Te das cuenta, liebre de las estepas?
- Maestro, ¿no es a Dios a quien todos buscamos, aún sin saberlo?, - aventuró tímidamente el astuto Sergei.
- Hace muchos años, un monje, vestido con ropa de monje y hablando con el lenguaje de los monjes, se acercó a un Maestro y le dijo: “Me he pasado la vida buscando a Dios. Dejé a mi familia, mi trabajo, mis ilusiones, mis amigos y me fui al desierto, a la montaña, al silencio de los monasterio y hasta me he confundido entre los pobres”. Y el Maestro le preguntó con toda dulzura, “¿Lo has encontrado?” “¡No, Maestro!, ¿y tú? ¡Por eso vengo a ti desilusionado!”
- ¿Qué le dijo el Maestro?, - preguntó impaciente Sergei.
- El Maestro guardó silencio mientras el sol del ocaso inundaba la estancia. Los pájaros cantaban anunciando la noche y las barcas de los pescadores regresaban al puerto precedidas por sus caracolas. Sus mujeres bajaban con sus niños, anudándose el pañuelo bajo la barbilla, mientras sentían que les recorría el cuerpo una oleada de luz dorada que sabría a mar y a brea, a sudor y a piel, al consagrar la jornada. Y aquel renunciante estaba encerrado en sí mismo emperrado en que no había encontrado a Dios.
- ¿Y qué le dijo el Maestro?
- ¿Qué le había de decir? Lo miró con ternura marchar decepcionado a buscar en otra parte. No hay nada que buscar, joven liebre, basta con serenarse, abrir los ojos y mirar.
 

José Carlos Gª Fajardo


 

01/03/2006 00:23 Autor: nesemu. ;?> Hay 4 comentarios.

Retazos de Sergei 084 : El maestro se divierte

Por las mañanas, Sergei aprovechaba el paseo que daba con el Maestro para plantearle toda clase de preguntas. Al Maestro le encantaba porque, dentro de la picardía que el asistente había desarrollado para salir adelante en su ajetreada vida, tenía luz en la frente.
- Maestro, ¿por qué los monjes jóvenes del monasterio piensan que eres huraño, seco y distante?, - le preguntó un día, así, como quien no quiere la cosa.
- Empezamos bien el día, Sergei. ¡Tú no te cortas ni un pelo! -, exclamó el Maestro mordiéndose un carrillo para no reírse.
- Pero es que los monjes más jóvenes luego me preguntan si también eres así cuando regresas aquí.
- ¿Y tú que les dices, Sergei, luciérnaga de las estepas?
- Bueno, yo...
- Te voy a contar una historia que sucedió en India. Un hombre santo vivía en las afueras de una aldea, cuidando su huerto, arreglando esteras y haciendo sandalias. Venían peregrinos desde muchos lugares para consultarle, pero a las gentes del pueblo el sanyasin les parecía algo extravagante. Ya sabes.
- Sí, me hago cargo, - respondió casi en un susurro Sergei.
- Un día, los responsables de la comunidad vinieron a pedirle que les predicase a ellos para ver qué decía. El venerable anciano se dio cuenta de que querían divertirse a su costa y les siguió el juego. Así, el día señalado, estaba la gente de la aldea sentada y expectante pero sus corazones estaban cerrados.
Entonces, el sanyasin les preguntó:
“¿Sabéis de qué vengo a hablaros?”. “¡Nooo!”-, respondieron divertidos. “Ah, en este caso, no voy a deciros nada porque no lo entenderíais”. Y después de inclinarse ante ellos, se marchó a su cabaña. Los del pueblo estaban furiosos y decidieron que volviera a predicarles al día siguiente pues ya tenían la respuesta. Llegó el hombre santo y les preguntó: “¿Sabéis de qué voy a hablaros?”. “¡Síiiii!” respondieron a coro. “Si es así, no tengo nada que enseñaros porque ya lo sabéis”. Y saludando con ambas manos, se fue. Los aldeanos estaban enfurecidos por los desplantes de aquel hombre raro, y volvieron a la carga. El sanyasin les preguntó de nuevo: “¿Sabéis de qué voy a hablaros?”
Los muy cínicos respondieron con cierta sorna: “Unos lo saben y otros no”. “¡Ajajá! Exclamó el Maestro, pues ahora yo me marcho a mis quehaceres y los que lo saben que se lo expliquen a los que no lo saben”.
 

José Carlos Gª Fajardo


(Este texto pertenece a la serie 'Retazos de Sergei', una colección de cuentos orientales adaptados a nuestro tiempo que pronto saldrán editados)

 

27/02/2006 13:50 Autor: nesemu. ;?> Hay 6 comentarios.

Retazos de Sergei 083: El asno de Nasrudín


En una ocasión en que Nasrudín estaba en la India vio a un hombre sentado en el suelo que vendía unos brillantes frutos de color rojo. El Mulá era muy goloso y, creyendo que era una clase distinta de dulces, compró un buen paquete y se fue a un parque cercano para comerlos tranquilamente. Nada más meter uno en la boca, ésta le ardió como si fuera fuego, ¡porque no eran dulces sino auténticos chiles de picar rabioso! Nasrudín seguía comiéndolos mientras se le saltaban las lágrimas, le goteaba la nariz y estornudaba sin parar.
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