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J. C. García Fajardo

Volver a casa

"El mundo clásico. La epopeya de Grecia y Roma", Robin Lane Fox. Edit Crítica

 

“Solo, pues, en el rico viñedo encontró a su padre que acollaba una vid: vestía una sucia túnica de mal ver, con zurcidos; en torno a las piernas llevaba malas grebas de buey por miedo a rasguños y heridas y en las manos golubas, reparo de espinos; cubríase de un pellejo cabruno. El dolor le arreciaba en el alma. Una vez que lo vio el pacientísimo Ulises, de vejez consumido y tomado de pena, ocultose bajo espeso peral y dejó que fluyese su llanto…” (Homero, Odisea, 24)

 Así comienza esta formidable obra de Robin Lane, con la narración del regreso de Ulises a la casa de su padre. ¿Y qué son nuestras vidas sino el camino de regreso a la casa del padre? El profesor Lane Fox, es fellow del New College de Oxford y catedrático de Historia Antigua en esa universidad, y es, además, un gran narrador. De esta afortunada combinación ha surgido un libro de historia del mundo clásico distinto, que tiene el rigor del buen  trabajo académico y la amenidad de un relato que los críticos han dicho que es “increíblemente entretenido” y “más épico que la mejor película de romanos”.

Si algo caracteriza a este fascinante recorrido del mundo de la antigüedad clásica, desde Homero a Adriano, es la presencia constante del toque humano: su capacidad de evocar a Sócrates, Alejandro, Cicerón o César y de hablarnos, a la vez, de la vida cotidiana de los ciudadanos, de los últimos días de Pompeya o de los juegos del circo, en unas páginas que nos devuelven el encanto de la mejor narrativa histórica.  Contempla 900 años de historia desde la perspectiva que el emperador Adriano, el gran viajero global de aquel tiempo, no pudo haber tenido. Robin Lane parte de que “lo clásico” es “lo de primera clase”, huyendo de los que idealizan el pasado y que no suelen entenderlo: al querer restaurarlo lo mata su cariño.

Pienso que ya está bien de someternos a los intereses de las editoriales que lanzan al mercado “best sellers”, porque ellos los han promovido, y rescatar estos libros deliciosos que nos acercan a nuestras raíces. Porque, ¿qué somos nosotros sino grecorromanos, judeocristianos y árabe-musulmanes?

 J C Gª F

 

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

No te rindas, no te rindas, tenemos que celebrar la vida

 

Benedetti, siempre el inconmensurable Mario Benedetti.

Que lo disfrutes. Imprímelo y mételo en tu bolsillo, en algún lugar, en algún momento encontrarás vagar bastante parA saborearlo y subrayarlo

jc

 

No te Rindas

 

No te rindas, aún estás a tiempo

De alcanzar y comenzar de nuevo,

Aceptar tus sombras,

Enterrar tus miedos,

Liberar el lastre,

Retomar el vuelo.

 

No te rindas que la vida es eso,

Continuar el viaje,

Perseguir tus sueños,

Destrabar el tiempo,

Correr los escombros,

Y destapar el cielo.

 

No te rindas, por favor no cedas,

Aunque el frío queme,

Aunque el miedo muerda,

Aunque el sol se esconda,

Y se calle el viento,

Aún hay fuego en tu alma

Aún hay vida en tus sueños.

 

Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo

Porque lo has querido y porque te quiero

Porque existe el vino y el amor, es cierto.

Porque no hay heridas que no cure el tiempo.

 

Abrir las puertas,

Quitar los cerrojos,

Abandonar las murallas que te protegieron,

Vivir la vida y aceptar el reto,

Recuperar la risa,

Ensayar un canto,

Bajar la guardia y extender las manos

Desplegar las alas

E intentar de nuevo,

Celebrar la vida y retomar los cielos.

 

No te rindas, por favor no cedas,

Aunque el frío queme,

Aunque el miedo muerda,

Aunque el sol se ponga y se calle el viento,

Aún hay fuego en tu alma,

Aún hay vida en tus sueños

Porque cada día es un comienzo nuevo,

Porque esta es la hora y el mejor momento.

Porque no estás solo, porque yo te quiero.


Mario Benedetti

 

 

Tiempo de vagar bastante, 19: ¿Quién me ha empujado?

 
Aunque no podamos construir el mejor de los mundos, no podemos renunciar a luchar por un mundo mejor. ¿Y cómo se logra esto?
Caminaba yo por la playa, después de la puesta de sol, para que el perro pudiese correr con libertad. Fue hace un par de veranos y me acompañaba un sobrino-nieto, de unos 4 o 5 años. Le apasionaban las historias y era capaz de permanecer quieto el tiempo que fuera mientras le contaba lo que se me iba ocurriendo. Al final, temí que tuviera un empacho con el plan de irnos a rescatar los tesoros de Rande porque él asumía que era primer oficial y tenía ante si tareas para ocuparse con la flota hasta que yo regresase de Madrid.

Pues bien, esa tarde, no sé por qué, respondí a su pregunta:

- “Tío y ¿para qué vivimos?”

- “Gaspar, el por qué, no lo sabemos pues nadie nos ha pedido permiso para nacer. ¿A ti te pidieron permiso o echas de menos la vida que tenías antes de nacer?”

- “No, tío, nadie me pidió permiso para nada, y siempre soy yo el que tiene que andar pidiendo permiso para todo. Esto no me parece muy justo y tú ayer me dijiste que lo más importante en la vida era la justicia.”

- “¿Recuerdas lo que es una vida justa?”

- “Sí, me respondió muy decidido: no hacer daño a nadie, dar a cada uno lo suyo y vivir con armonía”

Yo recordaba haberle contado, a mi modo y de acuerdo con su edad, los principios de Ulpiano, pero el tercero lo había cambiado él por su cuenta. Y yo estaba de acuerdo. Ulpiano dice: "no hacer daño a otro, dar a cada uno lo suyo y vivir honestamente”. En mis clases he procurado traducir el honeste latino por ser coherente.
"Piensen que pecado es una defectuosa traducción del griego amarteia, atentar contra el orden, contra la justicia, no existe el pecado ni dioses para condenarnos, ese es el invento del miedo para mejor someternos, sino situaciones de injusticia; radicalmente, todo sería lícito aunque no todo convenga, y una persona cabal busca naturalmente el orden, el equilibrio, la satisfacción, el bien como quiera que lo contemple, aunque objetivamente pueda no ser bueno, de acuerdo con las normas que regulan la convivencia social; es no engañarse a uno mismo, es vivir de acuerdo con la naturaleza, ser consecuente, esto es, ser feliz.
A veces, preguntaba en mi clase de Hª. del pensamiento político y social, en Periodismo, de la UCM: “¿Qué es para usted la felicidad? ¿Qué es lo que más le gustaría conseguir, si apareciese Aladino y frotase la lámpara? Coja cada uno un papel, no pongan su nombre, y, en diez minutos, escriban lo que se les ocurra, lo que de verdad sientan. Sólo lo leeré yo”.


Cuando un ayudante los recogía, se producía un silencio expectante, de esos que se producen, a veces, en clases o en conferencias, cuando pasa un ángel. Depositaba los folios sobre mi mesa, yo los recogía con una cierta formalidad, pues “los ritos son necesarios” como dijo el zorro, los ajustaba con unos toques y los volvía a depositar sobre la mesa, a mi derecha. Después, levantaba la mirada, y todavía en silencio, iba leyendo sus caras, al menos eso es lo que ellos sentían. Yo actuaba con un cierto pre feed back y el silencio y el momento kairós se mascaban. Algunas veces, durante alguna conferencia, me he sentido como desdoblado orador y audiencia a la vez. Sí, es posible este experienciar, que no sucede cuando se busca pero que se reconoce cuando se produce. Uno siente dentro de sí como una responsabilidad inmensa, como une prise sur les âmes, saberse otro, superar la distancia y las formas y los volúmenes y el mismo concepto de espacio, pues este se define por sus limitaciones. En ese instante, se percibe la unidad esencial de todo y de todos. Como si no hubiera diferencia entre el agua y la arena que se encuentran en la orilla. Al igual que no la hay, más que percepción ilusoria, entre las olas y el mar.

Entonces, sonreía y le decía: “¿No se creerán que me las voy a leer?” Silencio, en algunos rostros algo de desilusión, porque quisieran que durase el momento. Les hacía un resumen, en tono mitad festivo mitad cómplice, de lo que venían a decir en aquellas hojas. En definitiva, poder hacer cada uno lo que quiera. Lo que me dé la gana, y la gana misma. Comer, beber, follar, adelgazar, dinero, gloria, poder, títulos, musculatura o triunfo en los deportes. Sin olvidarnos de la liberación de las cargas que llevamos a cuestas y que no son más que pesados sacos de sal que se disuelven al pasar a la otra orilla, (como canta Dreesler), al avanzar en el camino del conocimiento, de la responsabilidad y de la libertad.
Los maestros Zen dicen: una vez que llegues a la otra orilla, no te empeñes en cargar la balsa sobre tus espaldas. Ayer ya pasó, mañana es una hipótesis, sólo cuentan aquí y ahora. Ayer es memoria, pero no culpa que no pueda disolverse con el perdón, la comprensión y la experiencia de que por nuestras venas circula la sangre de toda
la humanidad.
Hegel intuyó que somos lo que no somos, todavía. Es como la utopía, que es lo que no existe en la tierra, todavía. Es una verdad prematura (Lamartine, V. Hugo). La utopía no es una quimera ni una fantasía, es la proyección en el futuro del mito de la Edad de oro que, como nunca ha existido, ni Paraíso terrenal ni pecado original ni otras zarandajas, hace que sea cierto algo que sostengo desde hace mucho tiempo: Lo que una persona cabal sea capaz de anhelar apasionadamente y con todas sus fuerzas, logra conseguirlo. He dicho, cabal. Pues si no se puede amar lo que no se conoce, no podríamos anhelar sino lo que ya llevamos dentro. Es de Agustín: “Antes me despertaste para que te buscara". "Pues no me buscarías sino me hubieses encontrado”.
"No nos conocíamos y ya nos queríamos", (Aquinas) porque nos buscábamos sin saberlo. Nadie nace ni es creado la víspera del encuentro, por eso los franceses dicen une rencontre, se rencontrer. Siempre lo he repetido el primer día de clase, al darles la bienvenida a la universidad y establecer las reglas de juego. Y tengo la maldad de añadir “He oído decir que algunos colegas míos de enseñanza media y de bachillerato padecen estrés y depresiones. Aquí, si alguien va a tener estrés será usted, no todos, claro, sino el que se empeñe en dar coces contra el aguijón. Y como solía decir mi padre: “el que no esté cómodo, que se ponga”, pero respetando las reglas de juego. De lo contrario la puerta para entrar en la universidad es estrecha, pues tiene exigencias y condiciones, pero para salir… no tiene dinteles, ni hay puerta, ni hay pared, ni hay edificio porque la universidad no es una cosa sino un encuentro para buscar juntos la sabiduría, no para transmitir conocimientos. Eso es obsoleto.

Terminados ya sus estudios, algunos me han confesado que ese primer día de clase en la universidad fue inolvidable y casi se preguntaban ¿Quién me ha empujado? O ¿Qué hace un/a chico/a como yo en un sitio como este?”

Las grandes conquistas de la humanidad se hicieron realidad porque alguien las soñó primero. Por eso no son realizables las fantasías, las quimeras ni las maldiciones ni conjuras fruto de la suerte o de destino alguno.
Es cierto que, al principio, no suele ser más que como un ligero trazo, anhelo o idea que pasa como una hoja en el viento, o como la lluvia en la nube, antes de hacerse agua. El que sea agua no es más que producto de una tensión y, si pones el énfasis en la palabra “gota” no lo verás, pero si lo pones en “agua” caerás en la cuenta de que somos océano en el que vivimos nos movemos y somos, como le dijo el anciano y sabio pez que nadaba con ansiedad buscando “el océano”; y el viejo sonreía diciendo “esto es el océano”, mientras el joven nadador sostenía que “aquello sólo era agua”.
Uno de los más poderosos mantras, de origen hindú pero utilizados en el budismo y en el Zen, así como en las mejores tradiciones sufí, chamánicas, animistas y tántricas, es Ham so, yo soy eso, eso soy yo. ¿Recuerdan lo que Mowgli le dijo a la cobra, en el Libro de la selva? "Madre de todas las cobras, tu y yo somos de la misma sangre, hablamos la misma lengua, pertecemos al mismo pueblo"...

“Pues eso que cada uno de ustedes ha pergeñado se resume en: 'Poder hacer lo que quiera’. Sí, hasta el suicida, el mártir, el nihilista, el héroe y el terrorista, a su modo, hacen lo que quieren o lo que otros consiguen que quieran. Ese es el resultado de las ideologías y de los fanatismos de toda laya.
Al final, ser uno mismo es ser feliz, con todas sus consecuencias. Mi experiencia y la de tantos otros, es que para hacer lo que uno quiera el camino es querer lo que uno hace. No como obediencia, imposición o carga, sino que, con mi voluntad libre y responsable, quiero hacer lo que tengo que hacer… o hago nada, wu-wei, y entonces hago lo que quiero. Eso es lo que De Gaulle planteaba como el radical problema: Le jeu divin du héros ou la morne tâche de l’esclave” (Triste tarea del esclavo o el juego divino del héroe).


“Sean ustedes mismos, quiéranse como son para poder ser como quieren. Si nadie puede dar lo que no tiene, nemo dat quod non habet, nunca podrán querer a los demás, comprender y acoger a los demás si no se quieren, comprenden, aceptan y acogen a ustedes mismos.”
Un día me contó un profesor de la universidad de Comillas, jesuita ilustre con la cátedra de psiquiatría: “Nos han dicho amarás al prójimo como a ti mismo… pues van dados, porque nadie nos enseñó a querernos a nosotros mismos”.

Así, como somos, como estamos, nos conocemos, nos reconocemos y nos aceptamos para que se pueda producir el progreso, el crecimiento y las metamorfosis que sean necesarias.

Hace poco oí decir a una señora en Noruega, con toda naturalidad, ante un españolito que se quejaba del mal tiempo: “Aquí nunca hace mal tiempo depende de la ropa que te pongas”

¡Chapeau! Cada vez que oigo en la radio o en TV: “Va a hacer mal tiempo porque va a llover o va a hacer frío o va a nevar”, me siento mal. Es como si, al salir a la calle, tu primera reacción, que puede condicionar tu día, fuera: “Jo…, llueve”.
En Italia cuando yo era estudiante en Roma, había un dicho muy propio de los italianos “Piove? Porco governo!” “¿Llueve? ¡Cochino gobierno!”
Bueno, el caso es que, cuando mi sobrino nieto llegó a casa, le preguntó su padre:
-
“¿Gaspi, ¿qué has aprendido hoy con el tío?”
Y el rapaz le respondió resuelto:
“No sé si lo entenderías, pero es que tenemos que ser felices y para eso hay que ser justos”
- ¿Y qué entiendes tú por ser justos?”

- “No hacer daño a nadie, dar a cada uno lo que le pertenece y vivir en armonía”.
Cuando me lo contaron durante la cena, sólo dije: “Armonía, eso es más que ser honesto. Lao Tsé supera a Ulpiano”
- “¿Cómo dices, tío?”
- “Son cosas mías, ponme vino por favor que non me gusta ter moito tempo o camiño da gorxa sin xente”.

J C Gª F.


Ciberseminario. El grito de los excluidos

Cada día somos muchos más los que compartimos la suerte de los demás en la convicción de que todos participamos en un proyecto común, el de conquistar nuestra libertad cada día.

 

Ser persona es la capacidad de darse a los demás y saberse parte de la creación entera. El tránsito de ser humano a persona radica en la creación de espacios de encuentro y ambientes de solidaridad, fruto de una convivencia consciente de que la comunión es la más alta expresión de la naturaleza humana porque se apoya en una voluntad de asumir la realidad más auténtica.

Nada más lejos de la uniformidad y del individualismo que confunde los medios con los fines, instrumentalizándolo todo en aras del interés o de la utilidad como únicos criterios válidos para triunfar por encima de los demás. La felicidad personal tiene que ver con la perfección de la humanidad entera, con la maduración de cuanto existe y con aquella actitud ante la vida que nos anima a “vivir con modestia y pensar con grandeza”.

Los poderes de turno pretenden imponernos doctrinas que amenazan con ahogar la libertad de elegir, de ser y de compartir. No nos permiten ni siquiera el derecho a equivocarnos.

Pero por fortuna, cada día somos muchos más los compartimos la suerte de los demás en la convicción de que los hombres somos hermanos y que participamos de un proyecto común. Es preciso juntar esfuerzos para luchar por la humana condición que exige la dignidad como garantía de una libertad auténtica. No libertad para morirse de hambre. Así seremos capaces de sintonizar con esos millones de personas que padecen hambre, miseria, dolor, marginación y soledad.

Es un error considerar que el voluntariado social que ejercitamos en nuestras comunidades no está íntimamente ligado a la suerte de los más pobres del mundo. Se pierde de vista la auténtica naturaleza del voluntariado social y corremos peligro de reducirlo a una beneficencia que perpetua y se convierte en cómplice de las estructuras de injusticia que padece nuestra sociedad. Esas estructuras son la causa del subdesarrollo, que no es una etapa en el camino hacia el desarrollo sino un subproducto del mismo, basado en una sociedad consumista, opulenta y despilfarradora a costa de la explotación de los pueblos empobrecidos del Sur.

Urge extender este movimiento de solidaridad a todos los hombres, comenzando por los más cercanos, por los que están a la vuelta de la esquina, por los que viven a nuestro lado sin que nos hayamos dado cuenta de su indigencia, de su tristeza y de su aislamiento mientras permanecemos ciegos a las manos que se extienden hacia nosotros y nos llaman. Más que enviados, debemos considerarnos llamados a un quehacer solidario. Al fin y al cabo, la libertad no nos la puede dar nadie sino que se conquista cada día.

 

(Ciberseminario. Serie completa en www.garciafajardo.org)

 

 

 

Las pequeñas cosas: Criar gusanos de seda

Ya he contado que he vuelto a criar gusanos de seda. Después de más de medio siglo por mi cuenta, y luego ayudando a mis hijos pequeños.

Ahora me los ha facilitado uno de mis nietos de seis años, y otro de 9 me envió un mail “Yo también los crío, por si necesitas algo”.

Me levanto pensando en ellos, y los llevo a la mesa del desayuno para mirarlos. Después, los limpio en la cocina, coloco abundantes hojas frescas de morera de base, y otras bien troceadas para que las coman mejor.

Los he cambiado de la tradicional caja de cartón a una transparente que me permite ver cómo evolucionan. Por las tardes, al regresar de la universidad y dejar al perro en la terraza, me los llevo al salón mientras tomo una copa y veo el telediario.

No, no hay protestas… uno ya ha alcanzado un cierto grado de autonomía.

Uno de mis hijos, que ahora guía a los suyos, me animó a entrar en Google… cuánta información. Ahora sigo los ciclos de mis nuevos amigos, tantos días, cinco mutaciones, las paradas que hacen inmóviles con la cabeza hacia arriba, la voracidad en la última semana, el colocarles una especie de bosquecillo con ramas para que cuelguen sus capullos antes de encerrarse en ellos… la espera, las 24 horas de coyunda de machos y hembras… la pena es que ellos, después, se mueren… aunque no sé,visto visto. La puesta frenética de la mariposa hembra… el bajarlos al cuarto trastero para que estén al abrigo hasta que llegue la primavera, anunciada por los brotes de las moreras en el jardín. No antes, porque no tendrían comida.

Y los cuidados con las hojas: las has cogido del árbol sin dañar las ramas, las lavas, las colocas en un paño blanco húmedo que después colocas en la nevera, a la altura de las verduras.

Por la mañana y por la noche, selecciono bastantes, las pongo sobre papel de cocina para secarlas y luego caliento algo cada una entre las manos… y las tengo allí cerca, sin pensar los 65 días de su existencia visible… ni siquiera pienso en la metamorfosis.

Está bien así. Le echo un recuerdo cordial a Baricco y regreso a mis otras cosas... sin pensar en la Ruta de la seda, ni en Marco Polo, ni en las pinturas chinas.

J C Gª F

Personas infantilizadas, lo cuenta Frey Betto

Estamos construyendo superhombres y supermujeres, totalmente equipados pero emocionalmente infantilizados. Por eso las empresas consideran ahora que más importante que el QI es la IE, la Inteligencia Emocional. No sirve de mucho ser un superejecutivo si no se consigue relacionarse con las personas. Entonces ¡qué importante sería incluir clases de meditación en los currículos escolares!

Una progresista ciudad del interior de Sao Paulo tenía en 1960 seis librerías y un gimnasio; hoy tiene sesenta gimnasios y tres librerías. No tengo nada contra el cuidado del cuerpo, pero me preocupo por la desproporción en relación con el cuidado del espíritu. Está bien que todos muramos esbeltos: "¿Cómo estaba el difunto?", "Hecho una maravilla, no tenía ni una arruga"…

Antes se hablaba de la realidad: análisis de la realidad, insertarse en la realidad, conocer la realidad. Hoy la palabra es virtualidad. Todo es virtual. Se puede tener sexo virtual por Internet: no se contagia el sida, no hay involucramiento emocional, todo se controla con el ratón. Encerrado en su cuarto en Brasilia un hombre puede tener una amiga íntima en Tokio, sin mayor preocupación por conocer a su vecino de apartamento o de calle. Todo es virtual. Entramos en la virtualidad de todos los valores, no hay compromiso con lo real. Es muy grave ese proceso de abstracción de lenguaje, de sentimientos: somos místicos virtuales, religiosos virtuales, ciudadanos virtuales. En cuanto a esto, la realidad va por otro lado, pues somos también éticamente virtuales…

… Cultura es el refinamiento del espíritu. La televisión en Brasil es un problema. La palabra hoy es "entretenimiento"; así, el domingo es el día nacional de la imbecilización colectiva. Imbécil el presentador, imbécil el que va y se sienta en el sofá, imbécil quien pierde la tarde ante la pantalla. Como la publicidad no consigue vender felicidad, tenemos la ilusión de que la felicidad es el resultado de la suma de placeres: "Si toma este refresco, calza estos tenis, usa esta camisa, compra este auto, ¡usted llega a ella!" … Quien consiente desarrolla de tal manera el deseo, que acaba necesitando de un analista. O de fármacos. Quien se resiste, aumenta la neurosis.

… Creo que sólo hay una salida: cambiar el deseo hacia dentro, gustarse a sí mismo, comenzar a ver lo bueno que es ser libre de todo ese condicionamiento globalizante, neoliberal, consumista. Así se podría vivir mejor. Además, para una buena salud mental son indispensables tres requisitos: amistades, autoestima, ausencia de estrés.

…Suelo decirles a los empleados que me invitan a entrar en las tiendas: "Sólo estoy dando un paseo socrático". Y ante sus ojos espantados explico: "A Sócrates, filósofo griego, también le gustaba despejar la cabeza recorriendo el centro comercial de Atenas. Cuando los vendedores como ustedes lo asediaban les respondía: "Sólo estoy mirando cuántas cosas no necesito para ser feliz".

 Del mundo virtual al espiritual, por Frei Betto.

Seguros equívocos

Afrontar los riesgos de una vida larga, es algo que preocupa a las compañías de seguros. La web de Unespa, la patronal que agrupa a las empresas de este ramo en España, incorpora un simulador para calcular cuanto tiempo de vida le queda a una persona, presunto asegurado. Uno mismo puede hacer un sencillo test sobre sus hábitos alimentarios, sexuales, salud, costumbres para calcular cuántos años puede vivir todavía. Uno de los sectores que más se aproximan a la realidad en sus cálculos es de los seguros de vida, más aún que los bancos, que tampoco son mancos.Más bien deberían llamarse seguros de muerte porque lo que se arriesga es la vida y las compañías anotan como negativo el tiempo que vive el asegurado por encima de lo calculado para su póliza. Cierto que en la letra pequeña ya se cuidan de amarrar todo lo que pueden.Como la esperanza de vida se ha alargado mucho en los países desarrollados, han tenido que crear nuevos productos que sirvan como complemento a las escuálidas pensiones que jamás progresan al ritmo del coste de la vida. De ahí que el peligro sea vivir más que los ahorros propios.Mientras que los planes de pensiones ofertados por los bancos experimentan un justo rechazo porque mantenían inmovilizado tu dinero y, al cabo de diez o de 15 años te encontrabas con que tus ahorros no habían crecido como te habían prometido sino que en ese 25% de “renta variable” parecían cargar todas las pérdidas de sus carteras, además de “gastos de mantenimiento”. Ha sido un abuso del que los medios de comunicación no se han ocupado como hubieran debido.Por eso han surgido en el mercado productos que ofrecen una renta vitalicia con tal de que les transfieras, a tu fallecimiento, la vivienda o los bienes inmuebles que afectas a esa póliza de seguros. Tradicionalmente, los bancos te prestaban dinero para comprar un inmueble; ahora, en las hipotecas inversas, consigues una renta mensual vitalicia entregando como garantía el piso que ya tenías en propiedad.Si falleces antes de lo previsto, el banco o la entidad aseguradora hace un cálculo de lo entregado, de los gastos y del lucro cesante y, si queda algo, irá a tus herederos si los tienes, y así lo has especificado en el contrato.En España, se calcula que unos tres millones de personas mayores de 65 años, propietarios de su piso o de algún otro inmueble o cartera de valores, muestran interés por contratar una póliza que les garantice una renta vitalicia, aunque sepan que van a perder en esos cálculos de valor y en las estimaciones de los riesgos pero lo prefieren a mantener una propiedad hasta el final de sus días y pasar necesidades en esos años tan importantes. Y son muchos los que confían más en una institución que gestiona decenas de miles de patrimonios a vender ellos su propiedad y gestionar lo que obtengan por ella.Hemos llegado a la paradoja de que resulte perjudicial para algunos que mantengamos hábitos saludables, como acudir a revisiones médicas periódicas, actividades físicas al aire libre, seguir una dieta adecuada, asumir las nuevas circunstancias físicas y síquicas de esa mal llamada “edad dorada” y que aprendamos a no escuchar los reclamos de la publicidad que nos enfoca ahora como nichos de consumidores que quizás formemos parte de un fondo de pensiones que decide con el poder de nuestros elecciones políticas y estrategias que nunca hubiéramos imaginado. Hasta nos denominan senniors objetivos de sus campaña Mientras no se ayuden de algún modo violento para que coincidamos con sus previsiones estadísticas todo va bien. Pero no hay que bajar la guardia. Va a resultar que no sólo se trataba de añadir vida a los años, después de añadir años a la vida… sino que vamos tener que saber morirnos a tiempo para que les cuadren las cuentas.La vejez no puede ser sólo una “faena”, como sostiene Philip Roth, con el que estoy bastante de acuerdo, pero pienso que, bien llevada, es preferible a morirse, o a aburrirse y sentirse marginado hasta hacernos invisibles. Mira por dónde, los mercaderes nos van dando pistas.

Ocultar la vejez, de J. Planelló

Envejecer en un mundo asediado por la obligación de ser productivo en todo momento puede causar graves problemas de autoestima. Hay voluntarios que al menos una vez a la semana llaman a su “abuelo adoptivo” por teléfono, le ayudan a hacer la compra, o le acompañan al médico. Con esto logran combatir su soledad, una enfermedad a la que, por no ser física, se le da menos importante. Ocultar la vejez                                                                                                                                                                                                                                   Un anuncio de un conocido refresco mostraba a una persona que se mantenía por siempre joven mientras todo a su alrededor envejecía. Otro de la misma marca reflejaba la vida como una evolución que transcurre desde la muerte al momento de nacer.  Ambos tienen en común el relato de la incesante búsqueda del elixir de la eterna juventud de que adolece la sociedad actual. Como explica Vicente Verdú en Yo y tú, objetos de lujo, “necesitamos sentirnos bien, vernos jóvenes y agraciados para ser  apreciados por los otros y extraer ventajas de una mayor cotización”. Basta comparar el elevado gasto en cosméticos, superior a 160.000 millones de dólares anuales, para darse cuenta de que el reconocimiento se mide por el número de años que le robamos a la vida. Y todo porque se asocia el envejecimiento sólo con un progresivo deterioro del cuerpo en vez de con un proceso de maduración personal. La prueba es que se deja de lado a todo aquel que no ha podido subirse al tren de la juventud, como muestra que, en España, cada año mueran en soledad un centenar de personas mayores.Ante este panorama, existe el riesgo de no valorar la experiencia que dan los años y de privar a los jóvenes de ese beneficio. Se han dado pasos importantes para atender las necesidades de una sociedad cada vez más envejecida. En España, la Ley de Dependencia permitirá que algunos mayores dependientes vivan con dignidad.  Y más allá de la asistencia profesional que puedan requerir, hay voluntarios que al menos una vez a la semana llaman a su “abuelo” por teléfono, le ayudan a hacer la compra, o le acompañan al médico. Con esto logran combatir su soledad, una enfermedad a la que, por no ser física, se le da menos importante. En otros casos, los intereses de jóvenes y mayores se ponen de acuerdo y conviven juntos de forma que se facilita el alojamiento de uno y se da compañía al otro. Pero la juventud, entendida como un ideal de perfección, juega con ventaja en los medios y es capaz de generar sumas astronómicas de dinero. El Real Madrid se ha gastado casi 120 millones de euros en fichar a sus jóvenes estrellas para esta temporada. Cifra que contrasta con los 23 millones de euros reservados en los presupuestos para hacer cumplir la Ley de Dependencia en la Comunidad de Madrid. Sorprende la facilidad con que la prensa deportiva maneja las cifras, hasta el punto de que resulta incomprensible que un equipo no haya contratado a un cierto jugador por “sólo” unos pocos millones. Mientras, no se presta tanta atención a la lentitud con la que se está implantando una ley que ayudará a miles de personas dependendientes o a que, todavía hoy, haya quien muera de soledad.                                                                                                                                                       Vivimos en una sociedad donde impera el mercado de la belleza, como si el consumismo diese la felicidad, y hace creer que todo lo que no está a la altura del espectáculo merece ser relegado. Resulta impensable que las generaciones que han contribuido al desarrollo económico de las últimas décadas acepten renunciar de buen grado al reconocimiento social. Envejecer en un mundo asediado por la obligación de ser productivo en todo momento puede causar graves problemas de autoestima. Se habla de que la esperanza de vida en el norte sociológico puede alcanzar los 100 años para los recién nacidos, pero no es la batalla por alargar la vida que libra la ciencia la que nos permitirá saber quiénes somos. Frente al reto que suponían las enfermedades, hoy emerge la necesidad de superar una sociedad que se maquilla para encubrir un hecho inevitable como es el paso del tiempo.

Tiempo de convergencias

Convergencia para asumir los problemas como desafíos, convergencia de los saberes, convergencia de las resistencias, convergencia de las alternativas, convergencia de los espíritus, convergencia de los corazones, hacia un mundo de justicia y solidaridad, de imaginación y progreso, de optimismo y de florecimiento espiritual. Es posible construir un mundo mejor si aunamos esfuerzos para aportar alternativas viables al modelo de desarrollo caduco y obsoleto que impera. Que ocasiona la explotación de los más débiles por la prepotencia de unos cuantos que, ciegos de codicia y ebrios de soberbia, no comprenden que la única bandera con futuro es la solidaridad que se enfrente a la mundialización unilateral. Necesitamos alternativas que se basen en el bienestar y en la felicidad para los pueblos y procuren el respeto de las diferencias nacionales, culturales y religiosas.
El equilibrio entre la iniciativa personal y los objetivos colectivos alumbrará nuevas realidades.
Trabajaremos con otros índices que los mercantiles para la expansión de sectores que toman en cuenta el bienestar y la felicidad de las personas y de los pueblos que las utilizan. Ante nosotros se alza un pensamiento creador y universal que integre y sosiegue, que conserve y expanda, que nos haga sentirnos responsables solidarios más que culpables por haber nacido y caminar mudos como borregos.
La democracia no es tan sólo una meta en la organización de las sociedades. Es fundamental para el funcionamiento de los movimientos sociales, de los partidos políticos, las empresas, las instituciones, las naciones y los órganos internacionales.
Todas las culturas forman parte del patrimonio de la Humanidad y es preciso actuar en consecuencia con el orgullo de sabernos artífices, no esclavos.
Reforzar y democratizar las instituciones internacionales, regionales y mundiales se ha convertido en un objetivo del que depende el progreso del derecho internacional y de la regulación de las relaciones económicas, sociales y políticas, tanto en el plano mundial, como en los ámbitos del capital financiero, de la fiscalidad, de las migraciones, y del desarme. Es menester crear una red de personas comprometidas, de organizaciones sociales, de centros de reflexión para animar políticas de sensibilización. Es posible construir una democracia universal, respetuosa de la identidad y de la dignidad de todos los seres humanos. Es tiempo de revertir el curso de la Historia porque, hace dos mil años, en un rincón del Imperio, se anunció la buena nueva a los marginados y a los pobres del mundo sin que, al parecer, hayamos aprendido mucho.

Nesemu (el fuego no se apaga)

Organizar la resistencia, y rebelarnos

Durante la Edad Media, la humanidad vivió enajenada por el pensamiento mágico-religioso que, en algunas interpretaciones, negaba la libertad y la responsabilidad de las personas sometidas a la dictadura de las castas y de los privilegios feudales. El Renacimiento y la Ilustración vinieron al rescate de los seres humanos en nombre la Razón; pero sus sueños produjeron monstruos cristalizados en concepciones de la vida inhumanas por totalitarias. El pensamiento único expresa la lógica calvinista que confunde progreso con desarrollo.
Mientras que el progreso tiene como protagonista al ser humano, el desarrollo es mecánico y su objetivo son los beneficios. “Cuanto más, mejor”. El progreso es siempre a escala de la persona que camina, da pasos, pro-gressus. “Cuanto mejor, más”. Sin la conciencia de libertad y la dimensión social no hay progreso alguno.
Ni el crecimiento económico, ni el desarrollo material, ni la riqueza, ni la industrialización o innovaciones tecnológicas tienen sentido al margen de la comunidad.
No se comprende cómo la rentabilidad puede protagonizar actividad alguna si no es en beneficio de la sociedad; no sólo de algunos privilegiados.
El fundamentalismo calvinista que dio origen al capitalismo, hizo del ser humano un objeto productor cuya actividad era la obtención de beneficios. Se llegó a la monstruosidad de asumir que “vivimos para trabajar”. Como nuestra salvación eterna dependía de la Providencia, era preciso que ésta nos encontrase trabajando, ahorrando, produciendo sin dejar espacios para el sosiego, la recreación o el arte, al que pusieron precio. En las “Ordonnances sur le régime du peuple de Génève”, Calvino afirma que las señales de la predestinación son la industriosidad, el trabajo y ascetismo mundano; que serán el medio para alcanzar la salvación. Reírse era delito. El padre de Rousseau fue condenado por enseñar danza. Condenaron el ocio e idolatraron el “nec-otium”.
El lucro económico, condenado por Tomás de Aquino y por Aristóteles, se convirtió en clave del sentido de una vida ordenada a alcanzar su perfección. Se sanciona religiosamente la necesidad del capital y de la banca, la bondad del préstamo y del crédito, así como el beneficio que excediera toda necesidad estricta. Rige la máxima “orar es trabajar”. ¿Qué ética mueve a tantos Institutos seculares católicos? A la vista está, y repele.
Creyéndonos libres, vivimos encadenados por el pensamiento mítico de la productividad, del triunfo y de la victoria sobre los demás. La competitividad ha desplazado a la competencia.
El individualismo más atroz nos ha desarraigado de nuestras señas de identidad como personas. Nos hacen olvidar que vivimos para ser felices; único sentido de la existencia. Ser nosotros mismos en relación con los demás parece obsceno porque las pautas del mercado establecen que pensar, atreverse, discernir, salirse de la rueda de presos consumidores, es pecado. El fin justifica los medios y la guerra es el lógico instrumento de esta idolatría.
Es preciso cambiar de chip. Organizar la resistencia y rebelarnos. Denunciar la injusticia social y echar del poder a quienes lo detentan. No es viable un modelo basado en las armas, la explotación de recursos y la deshumanización. Una sociedad global, en la que nos sabemos vecinos responsables, sólo puede fundamentarse en la solidaridad.

La cocina de la abuela, y las extravagancias de cierta cocina fusión con glamour pero sin substancia

A veces teme uno no estar al día en todo o no abrirse a todas las innovaciones. La clave está en “todo”, porque es imposible. Pero también existe como un reparo a reconocer que a uno le gustan ciertas cosas tradicionales, antiguas, reconocidas. Un día leí que el inolvidable P. Arrupe decía “No defendemos lo antiguo por viejo sino porque conocemos su estructura, su manejo y sus efectos positivos.” Si una persona madura, que ya ha tenido sus experiencias y se abre con la necesaria prudencia a las nuevas, no es capaz de vivir con naturalidad sus preferencias en todos los campos de la vida; si cree que tiene que justificarse o dar explicaciones, es que algo no se ha desenvuelto como convenía. Pero siempre estamos a tiempo de cambiar y reconciliarnos con nosotros mismos. Es uno de los privilegios irrefutables de la Jubilatería. A la larga no se puede consagrar la vida a la defensa de las libertades de los pueblos sin defender con la misma energía y convicción la propia libertad, la libertad interior. Y la disidencia - ¡que hermosa palabra en A. Camus, Unamuno, Whitman, Marcos, y en tantos otros héroes de la resistencia y de la rebelión!- es una de las características de la libertad., como escribió Blanco White.
Se me ocurrió esta reflexión leyendo la entrevista que J.J.Aznárez les hizo a Lucio y a su hijo Javier a propósito de la cocina tradicional y esa respetable alquimia de la cocina fusión, el nitrógeno líquido, el tuétano con caviar o el sushi salsa pot-au-feu. La cocina de la abuela, mejorada con las facilidades que nos ofrezcan las nuevas tecnologías, ¡no vamos a echar de menos el trébede!, debe permanecer: los huevos fritos o rotos con patatas, los callos, la fabada, el cocido, la paella, el chuletón de añojo, el arroz con leche o la inmortal e inmarcesible tortilla de patatas con abundancia de huevos, cebolla y el toque para su punto. Y Javier, el hijo, cuenta que un día llegó a su casa el célebre Ferrán Adriá. “Yo no lo conocía en persona, y me impresionó. Igual exagero, pero podría compararlo con un pintor genial, excéntrico, o con Gaudí. Entonces entendí su cocina. Y eso no se puede imitar… lo que te están dando es arte. Es totalmente diferente”.
Bravo, Javier. Has dado en el punto y recuerda que si los precios y las reservas en los restaurantes de Adriá y otros genios estuvieran a un nivel normal (hay quien espera un año por una mesa y paga mil euros por persona, ah, pero ha “comido” en Adriá) no creo que tuviera tanto éxito. A veces, el glamour consiste en la extravagancia, genial o de talonario, pero excluyente.
Para los jubilatas en la Jubilatería valen las palabras de Sófocles al final de Antígona:
“La prudencia es la base de la felicidad. Y, en lo debido a los dioses, no hay que cometer ningún desliz. Las palabras hinchadas por el orgullo y la soberbia comportan los mayores golpes para quienes las utilizan; ellas con la vejez, enseñan a tener prudencia”
Mira por dónde me ha venido una expresión que a veces he soltado en clase “Los dioses no existen, pero es mejor no meterse con ellos, porque tienen muy mal carácter” (bueno yo decía “mala leche”, pero eso era en la universidad y en mi clase.

 

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No son "causa", sino instrumento para la "huida"

En general, salvo casos de trata de blancas, nadie es obligado a consumir drogas sino que es la falta de valores y de un sentido para el vivir lo que lleva a la autodestrucción. O una excesiva exigencia familiar, académica o social que va más allá de las posibilidades de la persona. Porque podamos disponer de heroína, de coca, de hierba o de hachís no por eso las consumiremos.
En la familia, en los centros de formación y en el propio ambiente están las causas que es preciso considerar. ¿Por qué algunos jóvenes se convierten en drogodependientes? ¿Todo el que alguna vez consumió alguna droga se ha convertido en drogadicto? Es un sofisma argumentar que, puesto que la mayoría de los drogadictos alguna vez fumó cannabis, el hachís o la marihuana son la causa de la drogadicción. O que todo el que ha fumado hierba algún día se convertirá en drogadicto. También la mayoría de los drogadictos tomó café, leche condensada o fue a la catequesis de su parroquia, y no fueron estas las causas de su desgracia.
Abundan los ejemplos que confirman lo contrario: dadle a un joven un sentido para su vida, despertad su autoestima, aceptadlo en su realidad, acogedlo y haced que se sienta necesario, ayudadle a transformar los criterios que lo han deformado y veréis cómo descubre la alegría de vivir.
La confusión en el análisis de las causas y los efectos de las drogas nos debe impedir caer en simplificaciones como que "a las personas de orden no les pasa nada", o "si acabamos con los narcotraficantes, se termina el problema de la droga".
Algunos padres que padecen ese azote en su familia y algunos políticos arremeten contra las libertades conseguidas haciéndolas responsables de los males. ¿Cómo son capaces de ignorar su parte de responsabilidad en algunos aspectos del problema?
Si no fuera la droga sería el consumismo u otras formas de alienación mediante dependencias para paliar las verdaderas causas de ese rechazo de la sociedad, de la familia y de sí mismos que significa la pérdida de la autoestima, de la dignidad y de las señas de identidad.
Una de las principales causas de la huida de la realidad por medio de las drogas es la inseguridad, el miedo y la no aceptación de sí mismo, comenzando por el propio cuerpo.
El ser humano que no se acepta ni se ama, no puede desarrollar una autoestima que le haga responsable y libre para vivir con coherencia.

Recuperemos nuestras raíces árabe musulmanas

Estaban Saladino y los Reyes y príncipes cruzados compartiendo unos deliciosos sorbetes durante una de las muchas treguas. (Esos sorbetes los mandaba hacer Saladino con hielo traído desde las montañas del Líbano con un sistema de relevos muy interesante, los mezclaban con frutas y, detenían el asedio, para hacérselos llegar al rey de los francos que estaba enfermo... y se los tomaba sin miedo alguno y muy agradecido a su adversario. Cosas, modos y estilos) Como no había nacido el fútbol, ni las carreras de coches, ni los alonsos y demás... trataban de la calidad de las armas, de su eficacia y del temple de los aceros. Salió el Alférez de los cristianos, un tipo descomunal, con un mandoble en sus manos y se paró en el centro cometiendo la indelicadeza de mirar a los ojos de los notables que acompañaban al Gran Saladino. (En muchos lugares del mundo y en muchas culturas jamás se debe mirar a los ojos de una persona mayor o constituida en autoridad, ni cruzar las piernas ante ellos, ni mostrar las suelas -mejor estar descalzos-, ni mostrar la palma de la mano izquierda, ni bostezar...  y no son muestras de sumisión sino de educación y del debido respeto, que son hermanos de la justicia, junto con la cortesía. Por no prestar atención a estas "cosas" los conquistadores europeos y yankis cometieron toda suerte de torpezas en América, África y Asia. Podríamos escribir un libro, ya hay algunos) Los nobles jinetes que acompañaban a Saladino sonreían sutilmente. Pusieron una barra de hierro sobre dos poyetes ante el Alférez. Éste siguió todo el ritual esperado, inspiró con estruendo y, lanzando un grito descomunal, descargó toda su fuerza animal sobre la barra de hierro que se rompió ante el jolgorio de los rumís, francos o cruzados que entrechocaban su copas metal.
Saladino y sus nobles, asintieron con un gesto de reconocimiento de la fuerza, mientras el Gran Kurdo hacía una leve seña con una ceja a uno de sus caballeros, delgado, fuerte, fibroso y elegante... sutil como una palmera en el desierto mental de aquellos que atronaban con sus voces, sus gritos y su vino espeso y no rebajado.
El noble árabemusulmán saludó inclinándose antes de pisar el centro del círculo en el que había actuado el cristiano, volvió a saludar de manera elegante y con una plácida sonrisa mientras se llevaba la diestra al corazón al cruzar el umbral marcado por una enorme alfombra. (Un día hablaremos del significado de los saludos en las diversas culturas y civilizaciones). A una indicación de
Saladino retiró una finísima muselina que, casi invisible, llevaba al cuello(un chal de Mosul, "y de muselina chales...") Los rudos bebedores de cerveza agria rugieron y soltaron algunas lindezas... acerca de lo que podrían hacer si les dejaban al mancebo "barnizado con los aires del desierto", como recuerda Gª de Gortázar. El oficial de los ejércitos del Islam... lanzó el fino chal al aire mientras con un gesto rápido desenfundó su alfange...¡y partió la muselina en dos pedazos que tardaron en llegar al suelo!
Sin comentarios.
Llevo años sosteniendo en mis clases que los españoles (y portugueses, italianos del sur y griegos etc) no podríamos subsistir si nos arrancasen nuestro tercio greco-romano o nuestro tercio judeocristiano... pero nos han arrebatado el otro tercio árabe musulmán... y hemos crecido desarraigados. Con la expulsión de musulmanes, judíos y moriscos, nos han llevado parte de la "palabra" (ya sabéis lo que significaba para Homero y el propio Witgenstein lo borda cuando afirma que "los mímites de mi lenguaje son los límites de mi propio mundo"), del gusto, de la ciencia, de la estética, de la gastronomía, del arte, de la poesía, de la filosofía y del arte de vivir que llevaron a su cima en Córdoba y en Sevilla, en Granada y en todo Al Andalus... ¡Casi ochocientos años de convivencia fueron desollados por los Católicos Reyes y por la cerrazón inquisitorial de los jerarcas católicos excluyentes! Que la convivencia a veces fue brutal, dura y conflictiva... ¿y cómo fue durante esos siglos la convivencia entre los reyes cristianos? Estos días he releído hermosas páginas sobre ese mundo de los mozárabes, tan perseguido y olvidado por los intransigentes, y al que tengo un enorme afecto y respeto. Fdo Gª de Cortázar trata de ellos en "Los perdedores de la Hª de España" que saboreo con fruición. ¿Cómo hubiérais podido comprender estos párrafos si me hubieran mutilado la lengua árabe que he utilizado en más de un 18%? Por supuesto, sin saberlo, como le sucedió a aquél garurlo que se admiró cuando le dijeron que "hablaba en prosa" sin saberlo.Es preciso recuperar nuestras raíces y así descubriremos nuestras señas de identidad perdidas. Da pena comprobar el olvido intencionado en nuestras universidades ¡durante cinco siglos! de las instituciones, cultura y riquezas de nuestro pasado árabemusulmán. Por eso, ahora no somos capaces de comprender el auténtico Islam y las culturas que de él surgieron. Han ensalzado la muy cuestionable "reconquista", o el "descubrimiento" de América, "la cristianización y civilización" de los africanos, o el "esfuerzo y la carga del hombre blanco" cantados por Kipling, para extender laluz y la civilización a India, China, Japón y todo el Oriente... ¡qué barbaridad! ¡cuánta ignorancia! ¡qué ceguera! De ahí la importancia de acercarnos a otros pueblos, culturas, tradiciones y creencias a pie descalzo y con el corazón a la escucha (como pidiera el joven Salomón: "leb shomá Jahwé Adonai El Sadai2 cfr Reyes) para escuchar, aprender, respetar, compartir, enriquecernos en un fecundo mestizaje y saber mirar junto ese futuro que tenemos que construir para que no nos arrase en una tromba desesperada. Yo he apostado  por ese diálogo sin prepotencias ni prejuicios, por ese reconocimiento de que todo sformamos parte de una sola raza expresada en miles de pueblos, de danzas, de formas y de creencias... ¿qué más da si a esto le llama Ratzinger y sus secuaces peligroso y mortal relativismo cuando en realidad no hacen más que comportarse como el resto de fundamentalistas, integristas y desalmados de toda laya? Existe un libro traducido al castellano sobre cómo vieron las cruzadas desde el otro lado los musulmanes. !qué delicia! Hay lugar para la esperanza, mientras tanto, hagamos alegre la espera para no tener que lamentar al contemplar las personas que pudimos haber sido. Para no "irnos a la tumba con el dolor de una canción inacabada" como cantó el poeta turco, citado por Guevara. 

Concierto de Youssou N' Dour... como plata líquida

Y ahora, ¿cómo lo cuento? Todavía vibra mi cuerpo con esa voz excepcional que Peter Gabriel calificó como plata líquida. Esta noche, durante el concierto, mi vida revivió el año sabático que hice por 20 países de Africa subsahariana cuando iba a cumplir los 60. Le dije al Rector que me iba en busca de su sabiduría, de sus canciones, de sus historias, tradiciones y leyendas; que me iba de viaje al corazón de los pueblos de África, como se había de subtitular el libro que lo cuenta. Casi todo lo que había estudiado o leído procedía de europeos viajeros, conquistadores, misioneros o colonizadores. Era la visión etnocentrista que había consagrado la Conferencia de Berlin. Mi viaje iniciático comenzó en Senegal y la visita a la isla de Goré me causó un impacto tremendo. Seguí a Guinea Conakry, Malí, Níger, Costa de Marfil, Burkina Faso,Togo, Ghana, Camerún, Chad, Congo, Angola, Zambia, Zimbabwe, Mozambique, Zanzíbar,Tanzania y Kenia, con escapadas a Sudáfrica y a esas islas inolvidables de Zanzibar, Lamu y a Ilha da Inhaca. Como Woodward escribió acerca de la Revolución Francesa, fue una dicha estar allí pero ser joven fue el mismo cielo. Hay formas de "juventud" que brotan de repente y que nada tienen que ver con el tiempo. Por todo esto, después de este concierto, me he sentado aquí porque no podría irme a la cama. Saqué a Raitán, pero no podía explicarle cómo me siento... Entonces, conocí a Ali Farka Touré y a otros genios de la música Me viene a la mente el Hotel Buffett de la Gare, de Bamako, donde los sábados por la noche puedes escuchar la mejor música de Malí, y el embrujo de la Rail Band y, como me ocurrió en aquella ocasión, al mismísimo Salif Keita. Dejémoslo como está escrito y sigamos "camino de Tombuctú" adónde, en realidad nunca se llega. Yo me quedé en Djená la Hermosa, y no me arrepiento.
Tomo palabras prestada de la deliciosa crónica de Carlos Galilea porque, cuando alguien escribe o hace algo hermoso, ya no le pertenece:"El Youssou N'Dour músico. El Youssou cantante extraordinario. El You que enloquece a sus compatriotas y al que admiran artistas del mundo entero. Por unas horas, pareció olvidarse del empresario convertido en magnate de los medios de comunicación; del hombre público al que ciertos rumores sitúan como candidato a la alcaldía de Dakar y que hace bien poco estaba hablando con el presidente de Estados Unidos, George W. Bush y otros mandatarios del G-8.
Youssou N'Dour quiso recordar que África no es sólo pobreza, sida y guerra, que también es felicidad. (Y nos animó a levantar los brazos para cantar Celebration)
El suyo fue uno de esos conciertos irreprochables a los que ya tiene acostumbrada a la afición. Únicamente se sentó para una canción que trata de un cocodrilo y un pájaro: "El cocodrilo quiere comerse al pájaro, y que cada uno interprete la historia"...
Con sus fieles de la Super Étoile de Dakar, gigantes como Assane Thiam (tama o tambor parlante), Jimi Mbaye (guitarra) o Habib Faye (bajo), Youssou N'Dour recorrió algunas de sus canciones más populares de los últimos años (Set, Birima, Lima weesu...). Y cantó Seven seconds, con su bella y elegante corista..." Sólo deciros que había tantos senegaleses peul,bambara,wolof y de otros muchos pueblos de África que seguían de tal forma el ritmo con sus cuerpos, que el Centro Conde Duque, por "otra" noche, hizo que la presencia de África me devolviera a las raíces. Porque si, en definitiva, el Sur somos todos, también nosotros somos africanos. Como escribió Basil Davison: "La experiencia de África, y de los pueblos africanos, es única e irremplazable"

Vivir en infinitivo

Los esclavos fugitivos de Cartagena de Indias que se acogían a la comunidad de Palenque, en la selva, sobrevivieron durante siglos porque tenían unas ideas muy sencillas: la tierra es un cuerpo hecho de montes, selvas, aires y gentes. Que respira por los árboles y llora por los ríos. Y que es preciso vivir con pleno goce esta existencia. Que en el Paraíso recibirán recompensa los que han disfrutado de la vida y que en el infierno arden los que han desobedecido las sagradas voces que mandan vivir gozando con alegría y pasión.
Esta vida es un “quilombo”, no en el sentido de burdel que le hemos dado los blancos, sino en su sentido originario de la lengua bantú: campo de iniciación. Los quilombos eran espacios de libertad que fundaron en la selva los esclavos fugitivos. Tenemos que fundar quilombos a nuestro alrededor, encender un fuego para ti, quienquiera que seas, nacer de nuevo cada día y a cada instante. Un quilombo es una red que sostiene espacios de libertad. Y nosotros, cada uno, es un nudo imprescindible en esa red.
En cada ser humano tenemos que ser capaces de ver lo absoluto, la creación entera. Dios, de cualquier forma que lo concibas. Es posible vivir en armonía, en la paz nacida de la equidad y de la justicia. Del mismo modo que nos hicieron abjurar de los dioses “paganos” tenemos que liberarnos de los dioses groseros que espían y condenan y castigan y ahogan la vida.
Quizás todo sea más sencillo, como se dice en el Zen: “cuando como, como; cuando bebo, bebo; cuando me siento, me siento; cuando gozo, gozo; cuando lloro, lloro”. De ahí que no quepa pretender hacer el bien, pues eso ya encierra la búsqueda de un mérito. Vivir en infinitivo podría ser una ayuda para el camino. Porque éste sí que hay que andarlo, adaptándonos a las señales de la circulación que imponen las diferentes culturas... pero sabiéndonos libres de toda ley, excepto de la que vibra en el corazón.
Guardémonos de intentar cambiar a nadie ni de predicar doctrina alguna. Bástenos con transformar la sociedad por todos los medios. En cuanto se pueda, meteremos fuego al viejo quilombo y nos iremos, selva adentro, o mar afuera, a edificar nuevos Palenques, una vez puestos a salvo con la humanidad entera del otro lado del río. Pues los puentes no separan, unen y abrazan las dos riberas del río.
Las personas que buscan la justicia no pretenden hacer el bien. Se equivocarán o acertarán. Da igual, si no se aferran a sus prejuicios, a sus ideas ni tan siquiera a su desapego. Quien se ha puesto en camino en busca de la justicia que produce la paz no está seguro de tener siempre razón ni de saber más que los demás. Se ha puesto en camino con los brazos abiertos y con el corazón a la escucha.
Por eso es fundamental formarse, analizar las causas de la injusticia, desalienarse del bombardeo de los medios de comunicación y de una sociedad consumista que nos induce a actos compulsivos de tener, poder, triunfar... que derivan en ira, en codicia y en apego a los propios deseos.
No concibo una vida en busca de acciones virtuosas para invertir en un futuro donde me recompensen hasta el ciento por uno. Eso es una trampa que aprovecha a quienes detentan el poder, a los ricos, a los poderosos. Mientras ellos gozan de los bienes de la  tierra y de las dulzuras de la amistad y de una vida familiar y comunitaria plena... los pobres deben consolarse pensando en que atesoran méritos para una vida de ultratumba, por eso les animan a que sigan caminando  en este “valle de lágrimas”.
El mundo se ha hecho una aldea global, las comunicaciones nos unen en redes por las que circula la energía vital en forma de mensajes.
Las sociedades cambian al impacto de las civilizaciones y producen culturas. Las ideas degeneran en ideologías. Las intuiciones religiosas se las apropian los secuaces para dominar mediante el miedo. Es posible convivir en paz unos pueblos con otros, unas personas con otras, unas culturas con otras: el mestizaje cultural.

José Carlos García Fajardo
Profesor Emérito de la Universidad Complutense de Madrid

Prestaciones a grandes dependientes: esto me interesa infinitamente más que las andanzas de las alimañas. Para esos criminales, toda la firmeza del imperio de la Ley en el Estado de Derecho. Sin vacilaciones ni mandangas. Fracasó el necesario intento de diálogo, ahora: sin contemplaciones

Los 200.000 grandes dependientes que se calcula que viven en España y sus familias ya saben a qué atenerse. El Gobierno fijó ayer las ayudas a que tendrán derecho: si la atención la presta una persona especializada, recibirán 780 euros en el caso de que se tenga un grado de dependencia de nivel 2 (el más grave) o 585 euros si es de nivel 1. Esta medida beneficiará sobre todo a inmigrantes, ya que estudios recientes apuntan a que son ellos los que se encargan, en un 90% de los casos, a atender a personas dependientes. Falta por saber si se les considerará "personal especializado".
Cuando sea un familiar quien cuide a la persona -lo que es muy frecuente-, recibirá 487 euros mensuales (más 74 que se dedicarán a pagar su Seguridad Social) para los dependientes de nivel 2, o 390 euros -Seguridad Social aparte- para los de nivel 1.
Con el real decreto que se aprobó ayer se cierra la discusión que han mantenido hasta la fecha el Gobierno central y las comunidades autónomas. El importe de las ayudas deberá ser sufragado a partes iguales por ambas administraciones.
El Consejo para la Dependencia (el organismo de coordinación entre los gobiernos central y autonómico) ya da por descontado que con este dinero no se podrán cubrir en algunos casos todas las necesidades de los beneficiarios, y ya incluye la posibilidad de que parte de la asistencia sea sufragada por las personas dependientes o sus familias en función de sus ingresos.
Las cantidades decididas ayer deberán cubrir los siguientes servicios -siempre en función de las necesidades de la persona-: teleasistencia, ayuda a domicilio (entre 70 y 90 horas mensuales en función de la gravedad), plaza en un centro de día o de noche, plaza en una residencia, y servicios de prevención y promoción de la autonomía personal. Para acceder al sistema de dependencia, los ciudadanos deberán solicitar a los servicios sociales de su comunidad autónoma una evaluación. La acreditación expedida en una comunidad tendrá validez en todo el Estado. Las personas interesadas pueden informarse en el teléfono gratuito 900 40 60 80.

 

Educar para la justicia

En la educación de los niños reposa la esperanza de una humanidad quebrada. Pesa sobre nosotros, la amenaza de un caos a escala planetaria. Sus mensajeros son la contaminación ambiental, el terrorismo, la proliferación de mercados criminales de armas, de drogas y de personas tratadas como mercancías.
Que en el mundo ya no gobiernan los dirigentes políticos es un hecho admitido con una naturalidad que espanta.
Deciden los grandes intereses y ejecutan los gobernantes. Ya no priman los valores ni se reconocen referentes éticos universales. Imperan la fuerza, los resultados, la rentabilidad concreta en el menor tiempo posible.
Al no haber respetado a los pueblos, organizados en naciones y en Estados, los nuevos poderes hegemónicos reproducen las conductas de los autócratas que asolaron territorios inmensos en nombre de ideologías perversas presentadas como panaceas frente al oscurantismo de religiones, de morales y de tradiciones arcaicas.
Ante este panorama que invade sin cesar nuestros hogares, a través de los medios de comunicación, la tentación está en la huida o en encerrarse en telas de araña que nos aíslan, desnaturalizan y vacían.
Frente a estas realidades, se impone la denuncia fundamentada y la aportación de propuestas alternativas. Porque otro mundo es posible y necesario, todos somos responsables.
A esta interpelación, cada cual debe responder en su propio ámbito. Lo concreto, aquí y ahora, sin perdernos en lamentaciones estériles pero sin abandonar una lucha en la que nos van la vida y la supervivencia del planeta.
Las organizaciones de la sociedad civil han comprendido que no pueden ser utilizadas como apaga fuegos ni como instrumentos al servicio de políticas letales. Nuestro papel está en el tejido social, en esas células que es preciso regenerar para que revitalicen todo el organismo Como aquel médico que, durante la I Guerra Mundial, acertó a cortar tiras de piel de las nalgas de los pacientes abrasados por las bombas de fósforo para sembrarlas en trocitos sobre las zonas quemadas. Cada una se reproducía siguiendo su propia dinámica.
Podemos actuar eficazmente sobre los niños de las sociedades explotadas. No se trata de que pierdan sus señas de identidad sino de que sean los ejes del Renacimiento social para sus comunidades.
Si no podemos influir en los mercados controlados por el poder, sí podemos extender nudos de encuentro en redes de solidaridad en respuesta a la injusticia social que hemos aceptado como si fuera algo natural.
No hay un plan general ni una política universal, sino actuaciones concretas en lugares determinados.
Existen proyectos en activo de escuelas rurales para niños en su primera infancia que pueden actuar como elementos revolucionarios de las sociedades en las que se desarrollan.
Los niños acuden a esas escuelas rurales que ponen en contacto a gentes de diversas comunidades. La educación impartida es la que ofrece los valores conquistados por el progreso humano desde sus tradiciones que son fuente de saberes enraizados.
Aprender a leer y a escribir, recibir los cuidados sanitarios necesarios, practicar la higiene más elemental, relacionarse y compartir para no ser esclavos de abandonos seculares.
Esos centros actúan como integradores dinámicos de la sociedad ya desde la primera infancia. Los padres y el resto de la familia son interpelados por esas realidades cuyos logros pueden contrastar. Los centros actúan en reuniones de padres, promueven actividades, acercan mejoras agrícolas y sanitarias, de comunicación y de relaciones.
Los maestros y educadores, el personal sanitario y los programas de educación permanente son llevados a cabo por personas del país, en sus lenguas y tradiciones. No hay personal de la contraparte de la sociedad civil que promueve y sostiene esos proyectos más que para servir y controlar el desarrollo de los programas.
Estos proyectos están en marcha y no requieren inmensos recursos económicos. Ni se trata de utopías irrealizables. A no ser que comprendamos de una vez que hemos sido víctimas de un engaño colectivo que confundió el valor con el precio y que olvidó la grandeza del ser humano en beneficio de un desarrollo inhumano que lleva en su seno las raíces de su destrucción, hoy hecha posible en una humanidad interrelacionada.
Es posible la esperanza si abrimos los ojos y nos dejamos interpelar por las exigencias de una naturaleza hoy realmente amenazada.

José Carlos Gª Fajardo

Cambiarse de tren mientras estamos a tiempo

Estaba el gran poeta inglés John Milton pasando unos días con Galileo Galilei, en Florencia. El autor de El paraíso perdido estaba ya casi ciego y se valía de sus espléndidos recuerdos.
Entonces, uno de los discípulos del anfitrión le preguntó: “Maestro, ¿Cuántos años tiene?”
Al anciano se le iluminó el rostro cuando le respondió: “Pues, a mucho tirar, unos siete o diez…porque, no creerá usted, joven, que tengo los que ya he vivido”.
Esta es la actitud fundamental de cada ser humano, “somos lo que no somos”, según Hegel. Vivir el presente, el aquí y el ahora, es el consejo radical de los sabios en las más importantes tradiciones de la humanidad.
La iluminación nunca viene de fuera sino que se alumbra como un despertar al caer en la cuenta de la auténtica realidad. Mañana no es una realidad sino una hipótesis sobre la que sería insensato apostar nuestra existencia.
Ayer ya pasó, y lo hemos asimilado haciéndolo nuestro, o vagaremos como plantas desarraigadas a merced de cualquier viento.
Cada etapa de la vida tiene sus propias riquezas y es preciso ser coherentes siguiendo las sugerencias de la naturaleza. Mantener el equilibrio, buscar la armonía y aspirar a la serenidad que nos permita ser nosotros mismos.
Esa es la clave de la identidad, que es lo que nos hace ser lo que somos y hace, a su vez, que los otros nos reconozcan como somos. Es un proceso, jamás una conquista. Es una experiencia que nos muestra los elementos distintos y hasta contradictorios con los que está formada nuestra personalidad. Si nosotros nos ocupamos en gestionar nuestras contradicciones, mantendremos alejada la esquizofrenia desintegradora que nos amenaza.
Las cosas son como son, como están siendo, y lo demás es tontería.
De ahí la importancia de saborear el propio conocimiento que nos lleva al respeto del otro. No como objeto de nuestro amor, o de nuestra responsabilidad, sino como sujeto que sale al encuentro y nos interpela, para hacer juntos el camino.
Caer en la cuenta de que a todos compete el disfrutar de los bienes comunes nos abre hacia horizontes de plenitud, bondad y belleza. Porque son auténticos, y auténticos es el que tiene autoridad sobre alguien y lo promociona.
Qué pérdida de tiempo es añorar el pasado en una nostalgia estéril mientras que el sentimiento de ausencia nos anima a para seguir en el camino, compartiendo y disfrutando cada momento de nuestra existencia. Sin atormentarnos por un futuro que no existe, sino que lo vamos haciendo. Como el tiempo, y hasta como el espacio que se define por sus contenidos. Esa es la elegancia verdadera, que el vaso no sea más que la flor.
E pois, mais nada que, si hubiera algo, nos acogeremos al razonamiento de Sócrates “bien me ha valido haber seguido el camino de la virtud”. Y, si no hay nada, con mayor razón me compensa vivir con coherencia y plenitud.
Cuenta Osho que lo bueno de ser anciano es que ya eres demasiado viejo para dar mal ejemplo y puedes empezar a dar buenos consejos. Lo cierto es que dentro de cualquier anciano hay un joven preguntándose qué ha sucedido. Hablamos de jóvenes desconcertados y no de ancianos amargados porque sienten que sus vidas no son lo que podrían haber sido. Se sienten estafados. Nadie les enseñó a amar la vida, a amarse a sí mismos, a asumir el único sentido de la existencia: ser felices.
Y ser feliz es ser uno mismo, poder hacer las cosas porque nos da la gana, no porque lo manden o para alcanzar méritos para una vida de ultratumba.
Esto es un chantaje, posponer la felicidad para mantenernos dominados y sumisos. Han hecho de la obediencia una virtud. Un pueblo, para el que manda es un rebaño que pasta sin hacer ruido.
Es urgente la rebelión de las personas mayores que padecen su soledad como antesala de la muerte. Nunca es tarde para madurar sin confundir el envejecimiento, que es cosa del cuerpo, con la madurez que es crecer hacia adentro y saborear la vida.
Descubrirnos gotas en un océano de silencio es transformar la existencia en una celebración. Es descubrir el universo en una gota de rocío.
No hay mayor provocación que ser uno mismo. Atreverse a ser, a discrepar, a gozar y a realizarse en armonía con el universo. El sabio acepta la realidad imponiéndole su sello: para hacer lo que queramos tenemos que querer lo que hacemos. Porque nada puede morir, tan sólo cambiar de forma. La existencia nada sabe de la vejez, sabe de fructificar. Ya tenemos lo que buscamos. Hay que despertar.
Madurar significa que hemos llegado a casa. La madurez es conciencia, el envejecimiento sólo desgaste. Todavía queda tiempo para cambiarse de tren.

José Carlos Gª Fajardo

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Nuestros hijos se avergonzarán de nosotros porque, habiendo podido tanto, nos atrevimos a tan poco. A. Camus

Ten en cuenta que el gran amor y los grandes logros requieren grandes riesgos. Cuando pierdes, no pierdes la lección. Recuerda que no conseguir lo que quieres, a veces significa un buen golpe de suerte. Aprende las reglas, así sabrás cómo romperlas apropiadamente. (Dalai Lama)

Tendremos que arrepentirnos en esta generación no tanto de las acciones de la gente perversa sino de los pasmosos silencios de la gente buena. (Martin Luther King)

Triste época la nuestra. Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio. (Albert Einstein)

Hemos aprendido a volar como los pájaros, a nadar como los pece ; pero no hemos aprendido el sencillo arte de convivir como hermanos. (Martin Luther King)

En el conflicto entre el poderoso y el desposeído, no intervenir no significa ser neutral sino ponerse del lado del poderoso. (Paulo Freire)

¿Cuánto pesa un copo de nieve?... preguntaba un colibrí a una paloma
La paloma respondió: nada, y el colibrí le contó:
Me posé en una rama de pino, cerca de su tronco. Empezaba a nevar. Como no tenía nada que hacer empecé a contar los copos mientras caían sobre las ramas de mi tronco. El número exacto fue de 3.741.952. Cuando cayó el siguiente copo (sin peso, como dices) la rama se rompió.
Dicho esto, el colibrí levantó el vuelo.
Quizá tan solo sea necesaria la colaboración de una persona más para que la solidaridad se abra camino en el mundo

Kurt Kauter

Irremedistas

Mayor Zaragoza sostiene que parte de los males del mundo se deben a los "irremedistas", a los que siempre dicen "no hay remedio, no tiene solución, nadie lo hará, no vale la pena etc etc etc

Por favor:  No seais destructivos. Si no quieres apagar la luz 5 minutos, no lo hagas pero déjanos a los demás que mantengamos nuestra ilusión y nuestro sueño. Si hablo de Israel... no tiene solución. Si trato de Africa o de China o de EEUU o del clima o de lo que sea... siempre hay uno que dice... "no hay remedio", no vale la pena. BASTA YA. Si cada uno de nosotros supiera lo que pesa un copo de nieve el mundo comenzará a cambiar EN TU CORAZON. (Es la una de la madrugada acabo de pasar en Urgencias cinco horas con un ser muy querido, el más querido, antes de acostarme echo un vistazo al correo y ahí están los irremedistas. Lo siento. Las grandes cosas se hicieron realidad porque alguien las soñó primero. Pueden los que creen que pueden. Si es posible, está hecho; y si es imposible... nos llevará un poco más de tiempo. En fin.... Buenas noches. Nesemu

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