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J. C. García Fajardo

Ponga una ONG en su empresa.

No abusen del voluntariado

Hace unos días, me pidieron que diera una conferencia sobre Juventud y Voluntariado a un grupo de militantes de un partido político para que animaran a otros jóvenes en el voluntariado ... está de moda y no nos van a dejar atrás los de la oposición... el voluntariado parece atraer a los jóvenes... no hay quién los mueva... pasan de todo... con tanto aperturismo y tanta litrona... luego se olvidan los valores... y ya ve como andan con el tema de los inmigrantes...
Podrán imaginar mis sentimientos mientras comprobaba el desconocimiento de la función social del voluntariado más allá de toda confesionalidad o militancia política.
Es injusto tratar de servirse de su generosidad para otros fines. Destrozarán la fuerza de este fenómeno social. Pretenden organizar, desde arriba y con criterios burocráticos, una actividad que surge de la iniciativa ciudadana.
Hace unos días, convocaron a nuestra ONG para darle un premio por su labor con el voluntariado. A pesar de mi reticencia a los premios en este servicio social, que trae su legitimidad de la pasión por la justicia conculcada en una sociedad globalizada en la que nos quieren convertir a todos en mercaderías o en consumidores, me dijeron que era para ayudar al envío de bibliotecas a las Escuelas Normales de Latinoamérica. Tan pronto como llegué comprendí que se trataba de una operación de marketing para que una compañía lanzase sus productos al mercado. Me armé de paciencia y con serenidad dejé hablar a mi corazón denunciando la funesta moda que algunos promueven: ponga una ONG en su empresa. Basta con que las condiciones laborales de las empresas sean justas y sus procesos de fabricación y comercialización sean humanos y ecológicos.
Mi decepción se vio compensada por las palabras del presidente de la compañía que agradeció que alguien hubiera puesto los puntos sobre las íes.
Un importante miembro de la Administración me confió que se preparaba una nueva legislación para un mayor control del voluntariado y de las ONG "porque es un sector que no podemos dejar de aprovechar".
Nada que ver con la Ley Estatal del Voluntariado, de 1976, que reconoce que ''la acción voluntaria se ha convertido en instrumento básico de actuación de la sociedad civil en el ámbito social... y reclama un papel más activo en el diseño y ejecución de las políticas públicas sociales''.
Algunos parecen incapaces de descifrar los signos de los tiempos.

La esperanza de vida de un negro de 25 años es similar en Nueva York y Bangladesh

nullJOSEPH STIGLITZ Premio Nobel de Economía, declara: El ciudadano medio de Estados Unidos se ha empobrecido
La esperanza de vida de un varón negro de 25 años es similar en Nueva York y Bangladesh

Vale la pena leer la entrevista de Isabel Lafont a Joseph E. Stiglitz que acaso sea una de las voces más autorizadas para criticar los excesos del pensamiento económico neoliberal y los fallos de las instituciones que lo promueven. No en vano conoce como nadie su funcionamiento. Tras haber desarrollado su carrera académica en el Massachusetts Institute of Technology y las universidades de Yale y Stanford, Stiglitz, de 62 años, fue asesor del ex presidente Bill Clinton en 1993. En 1997 fue nombrado economista jefe del Banco Mundial. Sus abiertas críticas lo convirtieron en una incómoda presencia en el organismo multilateral y en 2000 abandonó su puesto para volver al ejercicio docente y la investigación en la Universidad de Columbia. En 2001 le fue concedido el premio Nobel de Economía. Esta semana estuvo en A Coruña para participar en el 7º Congreso Nacional de Economía.

Pregunta. Usted sostiene que el marco institucional del euro es erróneamente rígido. ¿Debería desaparecer el Pacto de Estabilidad y Crecimiento (PEC) y el Banco Central Europeo abandonar su objetivo de inflación? ¿Las reglas económicas sirven para apoyar la construcción política?

Respuesta. Lo cierto es que un marco macroeconómico muy rígido ha generado altos niveles de paro y eso ha minado la confianza en el proyecto político en países como Francia. Pero a largo plazo la agenda económica en sentido amplio seguirá adelante. Soy más optimista que mucha gente que cree que el rechazo a la Constitución fue un desastre. Pero el PEC ya se está quebrantando. Se ha introducido una modificación, pero ello no está impidiendo que los países lo incumplan. Tiene que haber responsabilidad fiscal, pero eso no significa que sea necesaria año tras año, sino durante un periodo amplio.

P. Se podría afirmar que sin ese marco macroeconómico no habría nacido la zona euro.

R. El problema es que hubiera sido razonable pero ató las manos de Europa al centrarse en los problemas de un periodo concreto. En la actualidad, el problema no es de inflación, sino de paro y crecimiento.

P. La tragedia del Katrina ha revelado el Tercer Mundo que existe dentro de Estados Unidos. ¿Qué dice ello de su modelo económico?

R. El mero crecimiento del PIB no es una buena medida del estado de una economía. La cuestión es lo que le pasa al ciudadano medio. Si bien el PIB ha venido creciendo en los últimos años, el ciudadano medio de Estados Unidos se ha empobrecido. La renta familiar ha caído 1.400 dólares en los cuatro primeros años de la Administración de Bush. Además, el porcentaje de población sin seguro médico ha aumentado. EE UU tiene la mayor proporción de presos de ningún país y, si se incluyeran en la tasa de paro, ésta sería más alta, pero no se incluyen porque no tienen la opción de buscar trabajo. Cuando estaba en Washington ya hablaba de que la esperanza de vida de un varón negro de entre 25 y 30 años en Washington y Nueva York era similar a la de un país pobre como Bangladesh. Se sabía que había problemas, pero la opinión pública no se había llegado a concienciar. De repente, la gente lo vio en la televisión. Ya no eran estadísticas de esperanza de vida, sino caras de personas. Igual que sucede en países menos desarrollados, donde los gobiernos están controlados por élites insensibles a las preocupaciones de los pobres, eso está sucediendo en EE UU desgraciadamente. En parte se debe a fallos en nuestro sistema político, que lo corrompen. No es que se compre a los políticos, como sucede en muchos países, pero se hacen donaciones a las campañas y cuando se hace una inversión en un partido político, se espera una recompensa... ¡y la han conseguido!

P. La utilidad del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial está en el punto de mira. ¿Cómo debería plantearse su razón de ser hoy en día?

R. La cuestión no es si tienen razón de ser, porque en un periodo de globalización en el que hay cada vez más integración económica se hace más necesaria la acción colectiva. Hay más necesidad de instituciones internacionales. El problema es el juego político. Durante la Guerra Fría, Europa y EE UU tenían un objetivo bien definido. Las instituciones hablaban de desarrollo, pero detrás de ello había un objetivo político. Ahora, sobre todo desde 2001, está muy claro que la Administración de Bush no cree en la democracia a escala global, en las instituciones. Su política es el unilateralismo y el unilateralismo no es coherente con la democracia. Quieren poder de veto.

P. ¿Qué margen tiene el director gerente del FMI, Rodrigo Rato, para impulsar un cambio?

R. Tiene una dificultad y es que EE UU es el único país que tiene poder de veto sobre cualquier cosa importante en el FMI. Toda gran reforma que suponga una democratización interna probablemente será vetada. Pero hay un margen amplio para la reforma informal, por ejemplo, mediante la creación de un comité que estudie el desempleo. Pero el problema no es sólo EE UU, sino la burocracia interna, que es muy poderosa. Mientras el director gerente cambia, la burocracia permanece y muy probablemente se resistirá a cualquier cambio.

P. ¿Cree que el FMI debería reconocer sus fallos sobre la imposición de las políticas del Consenso de Washington en los últimos años en algunos países para recuperar su credibilidad?

R. Creo que sí, pero debería ir más allá de reconocer el error y analizar por qué se cometió ese error. ¿Fue porque se creyó que una talla única valía para todos? ¿O porque se tenía una talla en particular, el Consenso de Washington, que no valía para nadie? Una de mis críticas ha sido que muchos modelos parten de la premisa de que la información y los mercados son perfectos, que son malas presunciones para cualquier país, pero son mucho peores en países en desarrollo.//

Me parece muy interesante

Nesemu

¡Condenados de la Tierra, ponéos en marcha!

¿Os imagináis? De repente, como sucede con las langostas o con el rugido de la Marabunta, de repente, movidos por mensajes MSM, por la TV, radio, y el tam tam... decenas de millones de subsaharianos (hay más de 850 millones en toda África y unos 600 subsaharianos) se ponen en marcha hacia el Norte. Millones como sucede durante el estro hacia finales de mayo y comienzos de junio en que millones de seres vivos se ponen en marcha desde el Ngorongoro, en Tanzania, a través del Serengueti hasta Kenya. Llegan a las vallas de Ceuta y de Melilla, a las playas de Tánger y a las orillas de Libia y de Argelia. ¿Qué hacemos ? ¿Nos ponemos a disparar?
Al otro lado del mundo... decenas millones de latinoamericanos atraviesan México y se adentran en EEUU... ¿habría suficientes balas, tanques, aviones para detenerlos? ¿No lograrían algunos cientos de miles penetrar en la Tierra Prometida que durante tantos años han financiado con sus materias primas y con su mano de obra barata y que se adentró en sus pobres hogares, como un paraíso al alcance de la mano, a través de los culebrones del cine, tv y radio.
Imaginad, imaginemos a cientos de millones de chinos puestos caminar... a cientos de millones de indios en marcha. No es una broma, se lo sugirió Mao a un interlocutor. Y Ghandi lo llegó a expresar en un dramático diálogo.
La aséptica Australia, antiguo presidio y penal, ¿soportaría la arribada de millones de esos asiáticos que tanto detesta y a los que rechaza por tantos medios inhumanos?
Puestos a morir, ¿por qué no morir caminando?
Como las hormigas cuando ruge la marabunta. Como la langosta. Como los ñús y los antílopes del Ngorongoro.
Atención, en toda África circulan las imágenes de los sucedido en las vallas de Ceuta y de Melilla. El famoso teléfono árabe propaga las noticias con la rapidez del viento. ¿Y si los ancianos de las comunidades interpretasen por los signos externos, y por la llamada de los ausentes -concepto inimaginable para los europeos- que ha llegado el momento de ponerse en marcha?
¿Acaso ocurrieron de otra forma las grandes migraciones... ahora con la posibilidad real de que con-muevan a centenares de millones de esos seres humanos para el dolor y para la muerte, esa gente condenada -les damnés de la Tèrre- después de tantos avisos como nos han enviado y que ya nada tienen que perder?
Viendo esas imágenes inéditas de centenares de subsaharianos arracimados después de un éxodo increíble, y escuchando sus palabras y reflexiones no creo que sea una quimera el ejercicio que propongo en estas líneas.
¡Condenados de la Tierra en todos los países, ponéos en marcha! Terrible como ficción. Justo castigo por nuestra obstinación y ceguera
Nesemu

Reflexión mesurada ante el proyecto de Estatut

Eso es lo que me parece el Editorial de hoy en El País, Ahora, el Congreso.
Ya está bien de las soflamas de Rajoy y de Acebes, suenan a muy viejas y desfasadas. Olvidan los siglos de nacionalismo castellano impuesto al resto de los reinos, nacionalidades y naciones de España. ¿Por qué no van a considerarse Cataluña, el País Vasco o Galicia naciones? ¿Qué significa nación? Una comunidad de ciudadanos unidos por una lengua, una cultura y unas tradiciones. Más o menos. Hasta el siglo XVI, con Maquiavelo, no triunfa el concepto de lo stato, el Estado, que habrían de fortalecer y monopolizar las monarquías absolutas. ¿Acaso no eran naciones los pueblos que conquistó Castilla en América? Conviene releer al P. Francisco Vitoria y a otros eminentes tratadistas de Derecho Natural e Internacional para dejarnos de zarandajas. ¿No lo eran China y los estados que componían India cuando la invadieron, conquistaron y explotaron los ingleses? Así podríamos proseguir hasta esta barbarie que ha sido y es la invasión, conquista, y aniquilación del Estado de Iraq por los EEUU y la Gran Bretaña. ¿O no era un Estado independiente Iraq?
En cuanto a los países que conforman la Unión Europea, ¿acaso no están muchos de ellos compuestos por auténticas nacionalidades? ¿No lo son Gales, Bretaña, Escocia y tantos länder de Alemania? ¿Por qué ese miedo, ese pánico irracional de los ultraconservadores castellano-leoneses-españoles, a reconocer como nacionalidades, como naciones a los diversos países que conforman España? ¿Acaso no aspiramos muchísimos europeos a una Europa de los pueblos, de las naciones, de las regiones...? ¿Qué más da?
Ese concepto de la España Una, Grande y Libre se sostiene tanto como las periclitadas y anacrónicas monarquías, entre ellas la nuestra. Esa institución sí que es discriminatoria, absurda e irreal. ¿Por qué calla el Rey? Porque cuando hable va a ser difícil que ofrezca una alternativa mejor que una República federal para el conjunto de pueblos y tierras de España, en una Europa federal.
¿Quién teme a una federaación de pueblos y de naciones? Ah, es cosa de rojos, de vende patrias, de masones, de herejes y de sacauntos. ¡Qué pena! ¿Acaso no son democracias Alemania, Suiza, EEUU de Norteamérica, EEUU de México, EEUU de Brasil, India, Canadá y tantos otros grandes países. Lo anacrónico es el nacionalcatolicismo que se estila en esta España nuestra que se dispone a lanzarse a la calle con los obispos al frente para salvar su concepto de la familia, de la sociedad y hasta de la sexualidad que tanto les obsesiona.
Este sí que es un espectáculo de aurora boreal: escuchar a los portavoces del PP y a su antiguo presidente produce sarpullido por esperpéntico e irreal. No les falta más que invocar a "¡Santiago y cierra España!". Pero lo harán, ya verán como lo hacen
al comprobar que han perdido el tren de la historia. Como dejó escrito uno de sus iconos más impresentables. "¡Ladran, luego cabalgamos!"
Felizmente hay más cera que la que arde.
Nesemu

Editorial: Ahora, el Congreso
El parlamento catalán ha aprobado por amplia mayoría (120 votos sobre 135) un nuevo Estatuto de autonomía. O sea, una propuesta de ley para ser presentada a las Cortes, pues no se trata de una ley catalana sino de una ley española que regula el lugar de Cataluña en España. Los diputados catalanes han cumplido los dos requisitos que el presidente Rodríguez Zapatero planteó para su aceptación: han fraguado un amplio consenso, del que se ha excluido sólo el PP, y han intentado moverse dentro de los límites de la Constitución, con algunos retruécanos que serán objeto de intensos debates. La propuesta agota desde luego todo el margen existente en la Carta Magna para ampliar competencias y rediseñar un sistema de financiación generalizable, fijar un catálogo complementario de derechos ciudadanos y aumentar el reconocimiento de la identidad catalana. Tiempo habrá para calibrar si la utilización de ese margen ha desbordado o no los límites de la Constitución. Esa preocupación ha presidido el debate, como se ha visto con la presión sobre CiU para que retirase los conceptos abiertamente inconstitucionales que contenía su propuesta financiera.

Independientemente de la valoración que merezca el nuevo Estatuto y algunos contenidos concretos, el proyecto debe ser aceptado a trámite en las Cortes: no representa a una mitad de la sociedad contra otra, como ocurría en el Plan Ibarretxe; no lo apoyan votos contaminados por la violencia; no pretende desafiar el entramado constitucional como ocurría en aquel caso. Y el parlamento catalán ha ejercido las funciones que le corresponden en el marco legal y constitucional aceptado por todos.

Desde la oposición, Rajoy se ha apresurado a propugnar la posición más radical frente a la propuesta: que no sea admitida a trámite por la mesa del Congreso y que, en caso contrario, el Gobierno disuelva las Cortes y convoque elecciones para que los ciudadanos puedan pronunciarse ante lo que a su juicio es una reforma constitucional en toda regla. Se equivocaron cuando quisieron impedir que el Congreso se pronunciara sobre el plan Ibarretxe por el procedimiento de enviarlo al Tribunal Constitucional; se equivocarán ahora si pretenden impedir que la Cámara lo admita a trámite y entre en el debate pormenorizado del texto. Desde Cataluña se entendería como una agresión y la situaría en pie de igualdad con la aventura rupturista del plan Ibarretxe. La autoexclusión sin matices del PP significa en todo caso también una severa limitación para el Estatuto, pues salvo posterior rectificación en el Congreso, supondrá que el nuevo Estatuto acabe dotado de menor consenso que el de 1979, un hecho que en sí mismo debiera ser objeto de reflexión también en Cataluña.

Sería difícil de entender que las Cortes no aceptaran que el nuevo Estatuto entre en la cámara, pero también debe quedar claro que su paso por el parlamento español no puede ser un simple trámite de convalidación. La vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega ha situado con claridad las cosas en su lugar: "Vamos a garantizar que el texto final sea acorde con la Constitución de la A a la Z, con el interés general y con el de todos los ciudadanos". No es caprichoso que la reforma del Estatuto catalán deba superar tres listones: su elaboración en el parlamento autónomo, la aprobación del Congreso y la ratificación en referéndum por los ciudadanos catalanes. Sobre esta triple llave descansa el delicado equilibrio del Estado de las autonomías: no puede ser un documento unilateral, las Cortes tienen toda la legitimidad para enmendar su contenido en el marco de la comisión mixta, y los catalanes tienen derecho a rechazarlo al final si tras el cedazo de las Cortes consideran que queda esencialmente desdibujado respecto a sus expectativas.

Empieza pues la segunda fase, tan política como la primera, que desplaza las tensiones desde la dialéctica entre el tripartito y CiU a las tensiones latentes dentro de la familia formada por el PSOE y el PSC. Los parlamentarios catalanes no pueden pretender que el Estatuto salga de las Cortes tal como entró, por lo que es lógico el acuerdo de los partidos catalanes para evitar una retirada del texto en Madrid que no sea por consenso, lo que excluye una eventual espantada de CiU y Esquerra.

Los partidos catalanes han tenido el sentido común de no convertir la aprobación del Estatuto en un acto triunfalista. Saben los problemas que vienen. Y también que nadie puede apuntarse el éxito como propio. El presidente de la Generalitat ha conseguido ganar la primera fase de la apuesta con que marcó la legislatura y reforzar la cohesión del tripartito, aunque en el horizonte aparezca el doble precio de un desplazamiento hacia las posiciones ideológicas del nacionalismo y el riesgo de altas tensiones que empiezan ya a manifestarse dentro del PSOE. CiU ha intentado, como era legítimo, dinamitar al tripartito atrayendo a Esquerra hacia la radicalización, con el concierto y con los derechos históricos, pero ha entrado en el consenso cuando ha visto que ésta era una vía perdida. Hoy las fuerzas políticas catalanas han dado una imagen de unidad que probablemente habrá reconfortado a una ciudadanía perpleja por un proceso cansino, confuso y, en algunos momentos, difícil de entender. Pero la política no ha terminado: empieza la segunda parte, que es la decisiva. Hasta ahora han tenido la palabra los diputados catalanes, ahora la tienen los representantes de todos los españoles. Así es el Estado autonómico; así es España.

Acoger y venerar a los mayores

En una sociedad en la que hay 600 millones de personas mayores de 65 años, con unas previsiones de llegar a dos mil millones antes de cincuenta años, es preciso reflexionar sobre sus condiciones de vida. Sobre todo sobre su calidad de vida, porque una cosa es envejecer y otra bien distinta crecer y madurar. Dentro de cualquier anciano hay un joven que se pregunta con pasmo qué ha sucedido, cómo se le ha ido la vida sin la conciencia de haber sido vivida plenamente.
Esa es la experiencia de quienes frecuentan a personas mayores que viven solas, no tanto a las que conviven con sus familias y se saben queridas y necesarias. Esa sensación de soledad impuesta y no asumida, de ir desviviéndose al constatar cada día una nueva avería, una dificultad, una pérdida de elasticidad y de autonomía que van deteriorando su calidad de vida y convierte a quienes podrían ser fuentes de experiencia y de sabiduría en seres que procuran pasar desapercibidos, hasta hacerse casi invisibles para el resto de la sociedad y hasta de la familia. No quieren estorbar y se hacen a un lado, tratan de echar una mano pero desconfían de la torpeza de sus dedos, de la debilidad de sus manos, de verter el agua. Por eso se ocupan de los niños que los quieren y con los que juegan y ambos se saben felices porque no se juzgan ni se exigen ni se miden, sólo se ríen en complicidad establecida desde el corazón y la ternura. Si queréis aniquilar a un viejo separadlo de los niños.
Esto sucede porque hemos permitido la implantación del torpe concepto de que sólo lo joven es hermoso y valioso, porque diz que es productivo. Abdicando de un mundo de valores sin los cuales el vivir carece de sentido, actúan como si todo estuviera presidido por el concepto materialista de la productividad, de la rentabilidad, del beneficio. Porque, aunque la vida no tuviera sentido, o no acertáramos a descubrirlo, tiene que tener sentido el vivir aquí y ahora, solos y en compañía.
Hemos caído en la trampa de que vale más lo que más cuesta. Así, hemos asumido con la mayor naturalidad que nos eduquen para ser “personas de provecho”, “útiles”, “para conseguir un buen trabajo”, “para tener títulos y capacitaciones que permitan entrar en el mercado de trabajo”. ¡Hasta hemos permitido que nos consideren recursos humanos, buenos para ser explotados!
Nadie dice a los jóvenes y a los niños que la educación tiene como objeto primordial ayudarles a ser felices, a ser ellos mismos para poder afrontar las circunstancias cambiantes de la existencia. Actuamos como si tuvieran que aprender a vivir para trabajar, en lugar de trabajar lo necesario para poder vivir con dignidad, felicidad y armonía. Les conculcamos sin cesar que vivimos para tener, en lugar de vivir para ser nosotros mismos en compañía de los demás. Por eso procuramos doblegarlos desde la infancia, mediante la coacción y el temor, para que obedezcan, para que no pregunten, para que callen y se repriman en lugar de ayudarles a florecer su inmenso cauce de energía. Dentro de un orden, por supuesto, porque de lo contrario regiría la ley de la selva, la ley del más fuerte mientras que ahora esta se oculta en la mayor productividad posible. Pero un orden como resultado de la libertad compartida, de la búsqueda no de un deseo, porque el ser humano nace para realizarse en la vida al poder responderse a la pregunta fundamental “¿Quién soy yo?”
Tan pronto como consiguen su primer trabajo remunerado, ya no hay más tarea ni objetivo que trabajar y producir para tener cuanto más, mejor; en lugar de cuanto mejor, más. Así está estructurada la sociedad de consumo: tienes que tener para que te acepten, no para que te respeten y te acojan como persona valiosa y fundamental en la sociedad.
Con toda naturalidad, se ha asumido que, al dejar de producir, hay que aparcar a las personas mayores, para que no molesten, para que dejen su puesto a los más jóvenes, para que se ocupen de sus dolencias y de sus goteras. Por eso proliferan lo que yo llamo “aparcamientos de los improductivos”, sin reparar en que las personas mayores, en todas las culturas que han contribuido al auténtico progreso de la humanidad, han sido respetadas y veneradas bajo la ley no escrita pero sagrada de la comunidad. En China sería una falta de educación tremenda decirle a una persona mayor “¡Qué joven la encuentro!” En toda África y en India, así como en la América precolombina, a los ancianos se les ofrece el mejor asiento y los bocados más tiernos, se les consulta, se les escucha en silencio, se les facilitan las cosa para que sus vidas maduren en paz y con sosiego del que se beneficia toda la comunidad. Porque las personas mayores son el bien más preciado de la gran familia que compone una sociedad bien estructurada.
Hay que pedirles que no intenten ser otras personas distintas, así se convertirán en personas maduras. La madurez es aceptar la responsabilidad de ser uno mismo. Arriesgarlo todo con tal de ser uno mismo.

José Carlos Gª Fajardo

Compromiso social, respeto y dignidad

A veces, cuando un voluntario social va a visitar a un funcionario público éste lo trata como si fuera a pedir trabajo, o lo cita para dentro 'de unos meses' o su secretaria lo despacha con 'vuelva usted otro día'.
Si es cierto que nadie nos obliga a desempeñar servicios de voluntariado, fuera de un imperativo ético que grita a los cielos ante tanta injusticia, no lo es menos que algunas personas tienen los cables cambiados.
Un voluntario social, y más si desempeña labores de responsabilidad en una asociación humanitaria, suele ser una persona ocupada en su trabajo, que tiene una familia y que normalmente cumple sus obligaciones como ciudadano. Estas personas roban unas horas a su descanso para reforzar la sociedad civil denunciando injusticias, aportando propuestas alternativas llenas de imaginación, al tiempo que acude a la cabecera de un enfermo terminal, a una cárcel, al domicilio de un anciano que vive solo, a bañar a discapacitados profundos en un Cottolengo, a un centro de acogida de inmigrantes, a compartir el duro sendero de quien lucha por desengancharse de la droga, o a preparar medicamentos o libros para enviar a otros países. Y esto sin pretender cambiar a nadie sino apreciando el lujo de ser acogido por quien padece los excesos de nuestro modelo de desarrollo o la insensibilidad de los gobernantes o la ceguera de quienes viven para trabajar y que tienen en los beneficios su horizonte de vida.
Un voluntario es una persona comprometida con la causa de la justicia, que ha tomado partido por los más débiles y que no pide limosnas ni favores ni privilegio alguno.
Al contrario, ofrece la oportunidad de ser admitido en el concierto de los más para participar en la recomposición de las estructuras dañadas por nuestra ignorancia.
Es duro ser tratado como un extranjero en tu propio ambiente, en tu lugar de trabajo, por tus compañeros que, en esa circunstancia, olvidan tu prestigio profesional o tu valía humana.
Uno no deja de ser quien es mientras desempeña sus tareas de voluntariado y tiene derecho a exigir el mismo trato que recibiría un cliente o un benefactor o, sencillamente, un ser humano inteligente.
Si uno permite sangrar a la herida es para animar a esos miles de mensajeros de la paz y de la esperanza que, más bien pronto que tarde, abrirán las amplias alamedas.

José Carlos Gª Fajardo

Usted no es normal, yo tampoco

Cuando lo normal es raro , escribe MOISÉS NAÍM , en El País. Por su importancia, recomiendo leerlo lápiz en mano y conservarlo como fuente para aportar datos fidedignos a cualquier diálogo. En este camp de la injusticia social, la realidad es siempre peor de lo que suponemos, n de lo que podemos imaginar. POr eso, es necesario ponderar estas cifras con ejemplos muy concretos, es decir, cuando usted acabe de leer mis líneas, un niño habrá muerto de hambre en algún lugar del mundo. ¿Le parece que exagero? Lea, lea.
Nesemu

//Usted no es normal. Si está leyendo estas páginas, seguramente pertenece a la minoría de la humanidad que tiene un empleo estable, adecuado acceso a la Seguridad Social y que además disfruta de una considerable libertad política. Además, a diferencia de otros 860 millones de personas, usted sabe leer. Y gasta más de dos euros al día. El porcentaje de la población mundial que combina todos estos atributos es menos del 4%.

La Organización Internacional del Trabajo calcula que un tercio de la población activa está desempleada o subempleada, y la mitad de la población mundial no tiene acceso a seguridad social de ninguna clase. Freedom House, una organización que estudia los sistemas políticos de los países, clasifica a 103 de las 192 naciones del mundo como "no libres" o "parcialmente libres", lo cual significa que las libertades civiles y los derechos políticos básicos de sus ciudadanos son nulos o muy reducidos. Más de 3.600 millones de personas, o un 56% de la población mundial, viven en esos países. Según el Banco Mundial, aproximadamente la mitad de la humanidad vive con menos de dos euros al día.

Así, estadísticamente, hoy en día un ser humano "normal" es muy pobre; vive en condiciones físicas, económicas y políticas opresivas, y está regido por un gobierno incapaz y corrupto. Pero la normalidad no sólo se define mediante estadísticas. Normal quiere decir algo que es "habitual, típico o esperado". Por tanto, lo normal no es sólo lo que es estadísticamente más frecuente, sino también lo que otros suponen que lo es. En ese sentido, las expectativas de una pequeña pero influyente minoría distorsionan la realidad de la vasta mayoría. Existe una enorme diferencia entre lo que el ciudadano medio de las democracias occidentales avanzadas -y las élites más ricas en todas partes- suponen que es o debería ser normal, y las realidades diarias que confronta la abrumadora mayoría de la gente. La información sobre las nefastas condiciones habituales en los países pobres es bien conocida y ampliamente debatida. Sorprendentemente, sin embargo, las expectativas sobre lo que significa ser normal en el mundo actual suelen reflejar la anormal realidad de unos pocos países ricos y no la norma global. Suponemos que es normal comer tres o cuatro veces diarias; caminar por la calle sin miedo, y tener acceso al agua, la electricidad, el teléfono y el transporte público. O que durante el día los niños van a la escuela. Lamentablemente, nada de esto es lo más común. Hoy en día, 852 millones de personas, incluidos muchos niños y ancianos, no comen tres veces al día, y cuando lo hacen, esa comida no les proporciona el consumo calórico diario necesario para una persona normal. Aproximadamente, 1.600 millones de personas carecen de acceso a la electricidad, y 2.400 millones recurren a combustibles tradicionales como la madera y el estiércol para la cocina y la calefacción. Un 30% de la población mundial jamás ha hecho una llamada telefónica. La delincuencia callejera y la violencia urbana son normales en gran parte del mundo. El índice medio de homicidios en Latinoamérica es de aproximadamente 25 por cada 100.000 habitantes, y en el África subsahariana, de unos 18 asesinatos por cada 100.000 habitantes. (En la Unión Europea se producen sólo tres homicidios por cada 100.000 habitantes). Se calcula que unos 246 millones de niños, aproximadamente uno de cada seis, trabajan, y de ellos, 73 millones tienen menos de 10 años. Mientras que un nacimiento generalmente es un momento de alegría y celebración en los países de mayores ingresos elevados, en el resto del mundo es una amenaza de muerte, enfermedades y discapacidades. Según la Organización Mundial de la Salud, cada año mueren más de medio millón de mujeres debido a complicaciones derivadas del embarazo en los países en desarrollo, donde el riesgo de mortalidad materna es de una de cada 61. En los países ricos, el riesgo de mortalidad materna es de una entre 2.800.

Esta percepción distorsionada de lo que es normal puede adoptar formas más sutiles. Un buen ejemplo son las suposiciones que hacemos sobre la calidad de las noticias que recibimos. Lo normal es suponer que las noticias están exentas de injerencias gubernamentales. Pero en gran parte del mundo, ése no es el caso. Un sondeo del Banco Mundial sobre la propiedad de los medios de comunicación descubrió que en 97 países, un 72% de las cinco emisoras más importantes y un 60% de las cinco empresas de televisión más vistas son propiedad del Estado. El estudio también encontró pruebas estadísticas fehacientes de que los países con un mayor control estatal de los medios disfrutan de menos derechos políticos, así como de una calidad muy pobre de servicios educativos y sanitarios.

Las suposiciones del mundo rico sobre lo que constituye la norma global pueden resultar en costosos errores. Se han derrochado miles de millones de euros porque se da por hecho que los gobiernos de los países más pobres son en diseño y normas más o menos similares a los de las naciones ricas, sólo que un poco menos eficaces. A pesar de los constantes recordatorios de que la mayoría de los gobiernos del mundo son incapaces de realizar tareas relativamente sencillas, como entregar el correo o recoger la basura, la mayoría de las fórmulas que se proponen sobre cómo deberían solventar sus problemas dichos países suponen la existencia de capacidades inexistentes en la gran mayoría del sector público del mundo.

Esto en parte sucede porque queremos que la gente tenga una vida mejor, y es natural que usemos nuestra definición de normalidad como guía para ayudar a los demás. Lo que impulsa el desfase entre lo que suponemos que es normal y la realidad a la que se enfrentan miles de millones de personas no es sólo la tendencia provinciana a imponer nuestra experiencia a los demás, sino también una manifestación sincera de nuestros valores. Esto no quiere decir que estos juicios de valor acerca de cómo deben ser las cosas deben abandonarse; de hecho, son estos valores los que señalan la dirección en la que se encuentra el progreso. Pero una cosa es tenerlos como metas y otra muy distinta -y peligrosa- es suponer que nuestros ideales son parte de la realidad. Es fácil equivocarse diseñando una política educativa "normal" para un país donde es común que los niños lleguen a la escuela sin haber comido o donde las niñas arriesgan su seguridad física cada vez que salen de su casa. La política de impuestos o de normas laborales en países donde el trabajo informal y las transacciones ilícitas son lo normal tampoco responde bien a los conceptos tradicionales.

Muchas decisiones de política pública han sido erradas porque han confundido ideales con realidades. En tiempos como éstos, en los cuales los valores se han vuelto tan habituales en la retórica política, es importante estar muy alerta a la posibilidad de que nuestras opiniones, planes y decisiones se cimienten en falsas suposiciones sobre lo que es normal. Cuando eso ocurre, los valores conducen a malas decisiones, y no a una mayor claridad moral.

Moisés Naím es director de la revista Foreign Policy.

El espíritu del Voluntario Social

Como todavía hay personas que confunden las responsabilidades y derechos de los voluntarios sociales con falsos clichés utilizados sin el menor criterio, es bueno plantear las raíces y razón de ser de esta hermosa conquista de los tiempos modernos. El voluntario social da sin esperar nada cambio, lo hace por el placer de compartir; protesta con una propuesta alternativa, no con el ánimo tan extendido del mediocre que se opone o está en contra, muchas veces sin saber de qué. No se trata de una moda sino de una respuesta coherente ante la interpelación de una sociedad dominada por desigualdades injustas e inhumanas. Volveremos sobre estos temas, ya que tantos hablan por boca de ganso sin molestarse en aprender y buscar las causas de un movimiento tan esperanzador como comprometido:
José Carlos Gª Fajardo

El ejercicio del desarrollo integral de la persona y de la sociedad no compete ni al Estado ni a los partidos políticos ni a las diversas confesiones religiosas. El ser humano con su familia y sus amigos, en su entorno, con su cultura y sus opciones libres es el protagonista de su desarrollo. Siempre cabrá la cooperación pero nunca la imposición que no respete la libertad, la justicia y el derecho fundamental a buscar la felicidad, pues el ser humano ha nacido para ser feliz. La felicidad proyecta las potencialidades en un desarrollo equilibrado que acerque a la plenitud del ser como persona. Si no precisamos el alcance de las palabras, triunfarán la fuerza, el imperio de los sentidos, la explotación de los más débiles y la soberbia, fuente de insatisfacción y de aislamiento empobrecedor.
Solidario proviene de solidus, moneda romana de oro, consolidada y no variable. La palabra solidaridad se refiere a la responsabilidad asumida in solidum con otra persona o grupo. Las personas se unen porque tienen conciencia de estar abiertos a los demás porque son seres de encuentro y no meros individuos aislados.
La solidaridad depende de la sensibilidad para los valores que piden ser realizados por personas que sienten la llamada de algo por lo que apuestan. De ahí que la solidaridad implique generosidad, desprendimiento, participación y fortaleza. Cuando nos unimos a otros solidariamente vemos surgir una energía y una alegría que generan modos valiosos de unidad, ámbitos de libertad, de comprensión, de cooperación y de justicia.
Se habla de la necesidad de realizarse y de ser auténticos. Recordemos que authentikós es quien tiene autoridad, y ésta deriva de augere, promocionar. Tiene autoridad sobre alguien el que lo promociona o promueve: auténtico es el que tiene las riendas de su ser, posee iniciativa y no nos falla porque es coherente y nos enriquece con su modo de ser estable y sincero. Dice López Quintás, en El Libro de los valores, que para poseer ese tipo de soberanía el hombre tiene que aceptarse a sí mismo; acoger su vida como un don y asumir unas condiciones de vida que no ha elegido: cualidades, sexo, familia, nación. Hay que aceptar esta vida con sus implicaciones: necesidad de configurarla nosotros para orientarla hacia un ideal. Si respondemos a esta llamada de los valores nos hacemos responsables para vivir abiertos generosamente a los demás en su afán de vivir con plenitud.

José Carlos Gª Fajardo

SIDA II: Prejuicios: El mundo ya ha tomado conciencia del problema

Es falso que el mundo ya ha tomado conciencia de la gravedad de esta enfermedad. Las ONG han pedido sin cesar fondos para luchar contra el virus. Sólo hace unos años que los fondos han comenzado a llegar: En 2003, los fondos destinados a combatir la enfermedad en los países pobres alcanzaron los 4’7 mil millones de dólares. La ONU creó en 2002 el Fondo mundial de lucha contra el sida que este año distribuirá cerca de dos mil millones de dólares, el Banco mundial emplea mil millones de dólares contra la epidemia en África y el gobierno de EEUU anuncia un proyecto de quince mil millones durante los próximos cinco años para programas de prevención, ayuda a huérfanos del sida y para ayudar al tratamiento retroviral en los catorce países más afectados.
En 1996, semejante suma hubiera detenido la extensión de la epidemia. En 2005, no es suficiente a pesar de gastar quince veces más que en 1996. ONUSIDA, programa de la ONU contra el VIH-Sida, estima en doce mil millones de dólares las necesidades de los países en desarrollo sólo para este año. Luego, es falso que el mundo haya tomado conciencia de la gravedad de la situación.

José Carlos Gª Fajardo

(Sigue: SIDA III. Prejuicios: Sólo es cuestión de dinero)

SIDA I. Prejuicios morales e ideas falsas

La ignorancia puede matar

El Fondo Mundial de la ONU contra el Sida, la tuberculosis y el paludismo ha anunciado que cerca de cuatro mil millones de dólares han sido prometidos para el bienio 2006-2007 durante la Conferencia de los países donantes celebrada en Londres. Esas promesas realizadas por 29 países representan más de la mitad de lo siete mil millones presupuestados para ese período. Ante esta buena noticia es preciso recordar a los políticos que deberían dejarse de moralismos si quieren vencer al sida.
Cerca de 40 millones de personas en el mundo viven con el VIH, cinco millones son infectados y más de tres millones mueren cada año. Se trata de una auténtica epidemia que puede ser abordada con tratamientos médicos para hacer de ella una dolencia crónica y con medidas preventivas para evitar su propagación. Pero el Sida no respeta ningún principio moral: ataca a los recién nacidos, a los huérfanos de enfermos de la epidemia, a los enfermeros por un pinchazo accidental y a los pacientes de otras enfermedades durante una transfusión de sangre contaminada. También ataca a la esposa fiel del marido infiel.
Mientras no se consiga la vacuna, el preservativo sigue siendo la medida más eficaz para evitar el contagio en las relaciones sexuales. Preconizar la abstinencia sexual como única medida eficaz es una auténtica inmoralidad, y una fantasía. Los países empobrecidos que han detenido la progresión de la epidemia (Brasil, Tailandia, Uganda y Camboya) obtuvieron esos resultados al cambiar el comportamiento de las personas: no pidieron a las personas que se atuviesen sólo a preceptos morales sino que adoptasen medidas eficaces, en su propio interés y en el de la comunidad.
Pero ya han pasado veinte años con miles de millones invertidos contra esta epidemia sin lograr vencerla. Pero, en espera de la vacuna que permitirá un control más seguro, es preciso promover políticas de prevención coherentes, pragmáticas y realistas. Por eso, hay que comenzar por eliminar prejuicios y falsas ideas adquiridas que circulan peligrosamente.

José Carlos Gª Fajardo
(Sigue SIDA II Prejuicios: El mundo ya ha tomado la debida conciencia )

SIDA III. Prejuicios: Sólo es cuestión de más dinero

Tampoco se puede reducir el problema a la falta de dinero sino a la ausencia de personal médico y sanitario en los países pobres para que administren los fármacos retrovirales. En el hospital central de Addis-Abeba, tan sólo cuentan con dos médicos y dos enfermeros para tratar a 2000 enfermos mientras que, en EEUU, los mismos enfermos disponen de 15 sanitarios. En Malawi, 4000 pacientes cuentan con una sola enfermera. El problema es que los países ricos no sólo no quieren dar ayudas para que los médicos africanos se instalen en las regiones rurales o para resolver la penuria de enfermeros sino que, sobre todo en los países anglófonos, realizan un auténtico saqueo de médicos y de enfermeros. En Ghana, tres cuartas partes de su personal médico-sanitario emigran a Gran Bretaña, Canadá, Australia y EEUU. Sólo 360, de los 1.200 médicos formados en Zimbabwe en los años noventa, trabajan allí. Es una auténtica inconsciencia y una hipocresía sin nombre ver que el South African Medical Journal multiplica los anuncios con ilustraciones en color animando a los profesionales africanos a practicar la medicina en el Canadá rural, porque dispondrán de más facilidades. Sólo una formación acelerada del personal sanitario y una ayuda para mejorar las condiciones de trabajo de los médicos en los ambientes rurales africanos supondrá un auténtico freno a la expansión de la epidemia. Pero hay otros prejuicios e ideas establecidos que es preciso desmontar. En ello nos va la vida y no sólo en los medios económicos. La ignorancia puede ser mortal.

José Carlos Gª Fajardo

(Sigue. SIDA IV. Prejuicios: Los enfermos del Tercer mundo no saben cuidarse)

SIDA IV. Prejuicios: Los enfermos del Tercer mundo no saben cuidarse

En un interesante reportaje Tina Rosenberg aborda este prejuicio nacido de la prepotencia occidental: los pobres no saben cuidarse. Fue Andrew Natsios, director de la Agencia norteamericana para el desarrollo internacional (USAID) quien en 2001 había declarado al Boston Globe que los africanos son incapaces de seguir un tratamiento médico porque carecen de ‘la noción occidental del tiempo’. El tiempo. En África me dijo con ironía un anciano durante mi año sabático en 20 países de África subsahariana: ‘¡Qué manía tienen los blancos con que los africanos perdemos el tiempo! ¡Pero si el tiempo no existe! ¡Lo vamos haciendo según lo necesitamos!’ Aparte de esta broma, Médicos sin Fronteras ha demostrado que lo pacientes africanos toman adecuadamente sus medicamentos si se les sabe explicar, mejor que los norteamericanos, dicen, de los cuales las estadísticas denuncian que un 70% no los toman a las horas indicadas.
En una clínica de Malawi administrada por MSF, cuenta Tina Rosenberg, sólo 4 pacientes de 800 fueron negligentes. En otro hospital de MSF en las afueras de Ciudad del Cabo, en Sudáfrica, cerca del 90 de los pacientes toman con regularidad sus medicamentos. Otros estudios demuestran que en Camerún el índice de fidelidad alcanza el 99% y en Uganda el 97%. Las estadísticas o sirven para todos o las retiramos. En Haití, en los centros médicos atendidos por Partners In Health cerca del 100% de los pacientes toman sus medicamentos a las horas prescritas.
En África y en otros países del mal llamado Tercer Mundo, es inconcebible que un paciente sea abandonado en un hospital por su familia. Estos vivirán como puedan en los jardines del centro o en las terrazas o en donde sea pero jamás dejan solo al enfermo. Es inimaginable en sus culturas. En Europa lo vemos con las familias gitanas cuando acuden a los centros de la SS y no pocos blanquitos los miran con un cierto desdén. Los médicos y el personal sanitario se apoyan en estos familiares para no pocas tareas a las cuales ellos non alcanzan. Estos familiares también ayudan a que los pacientes sigan las prescripciones. Es mi experiencia contrastada en más de una década trabajando con enfermos en hospitales de África y de Latinoamérica. Es necios destrozar estos mitos tan peligrosos como falsos y aprender en nuestras sociedades estresadas lo que significa la gran familia, y los valores impresionantes que conserva.
(En muchos lugares del mundo por grande famille se entiende no sólo a padres e hijos, sino a hermanos, primos, abuelos y parientes en general. Es interesante saber que en no pocas lenguas africanas no existe un término para la palabra tío, se le considera grand frère o grande mère.)
En el tema del Sida, todavía incide más la circunstancia de que muchos pacientes han conocido otros casos en sus propias familias, vecinos y amigos. Los jóvenes europeos o americanos seropositivos no siempre han asistido al proceso de enfermedad y muerte en su propio ambiente, y carecen de esa experiencia.
Por último, en general, los medicamentos retrovirales en África cada vez más se administran como genéricos y aquí es posible hacer comprimidos con varias substancias y moléculas en un coktail que permite tomar las dosis en dos comprimidos: uno al amanecer y otro a la puesta de sol. No es tan difícil de recordar.

José Carlos Gª Fajardo

(Sigue. SIDA V. Prejuicios: Una vacuna fomentaría los comportamientos de riesgo.

SIDA II. Prejuicios: Los enfermos del Tercer mundo no saben cuidarse

Continuamos denunciando algunos prejuicios que, sobre todo en Occidente, tanto daño hacen en la lucha contra la epidemia del SIDA. Porque la ignornacia a veces se viste de profeta y destruye no sólo las vidas de los enfermos y de sus familiares sino que hace de un servicio profesional y social un esfuerzo sobrehumano para tantos voluntarios sociales comprometidos en esa lucha que no puede tener cuartel.
José Carlos Gª Fajardo

Dicen que los enfermos del tercer mundo no saben cuidarse

En un interesante reportaje Tina Rosenberg aborda este prejuicio nacido de la prepotencia occidental: los pobres no saben cuidarse. Fue Andrew Natsios, director de la Agencia norteamericana para el desarrollo internacional (USAID) quien en 2001 había declarado al Boston Globe que los africanos son incapaces de seguir un tratamiento médico porque carecen de ‘la noción occidental del tiempo’. El tiempo. En África me dijo con ironía un anciano durante mi año sabático en 20 países de África subsahariana: ‘¡Qué manía tienen los blancos con que los africanos perdemos el tiempo! ¡Pero si el tiempo no existe! ¡Lo vamos haciendo según lo necesitamos!’ Aparte de esta broma, Médicos sin Fronteras ha demostrado que lo pacientes africanos toman adecuadamente sus medicamentos si se les sabe explicar, mejor que los norteamericanos, dicen, de los cuales las estadísticas denuncian que un 70% no los toman a las horas indicadas.
En una clínica de Malawi administrada por MSF, cuenta Tina Rosenberg, sólo 4 pacientes de 800 fueron negligentes. En otro hospital de MSF en las afueras de Ciudad del Cabo, en Sudáfrica, cerca del 90 de los pacientes toman con regularidad sus medicamentos. Otros estudios demuestran que en Camerún el índice de fidelidad alcanza el 99% y en Uganda el 97%. Las estadísticas o sirven para todos o las retiramos. En Haití, en los centros médicos atendidos por Partners In Health cerca del 100% de los pacientes toman sus medicamentos a las horas prescritas.
En África y en otros países del mal llamado Tercer Mundo, es inconcebible que un paciente sea abandonado en un hospital por su familia. Estos vivirán como puedan en los jardines del centro o en las terrazas o en donde sea pero jamás dejan solo al enfermo. Es inimaginable en sus culturas. En Europa lo vemos con las familias gitanas cuando acuden a los centros de la SS y no pocos blanquitos los miran con un cierto desdén. Los médicos y el personal sanitario se apoyan en estos familiares para no pocas tareas a las cuales ellos non alcanzan. Estos familiares también ayudan a que los pacientes sigan las prescripciones. Es mi experiencia contrastada en más de una década trabajando con enfermos en hospitales de África y de Latinoamérica. Es necios destrozar estos mitos tan peligrosos como falsos y aprender en nuestras sociedades estresadas lo que significa la gran familia, y los valores impresionantes que conserva.
(En muchos lugares del mundo por grande famille se entiende no sólo a padres e hijos, sino a hermanos, primos, abuelos y parientes en general. Es interesante saber que en no pocas lenguas africanas no existe un término para la palabra tío, se le considera grand frère o grande mère.)
En el tema del Sida, todavía incide más la circunstancia de que muchos pacientes han conocido otros casos en sus propias familias, vecinos y amigos. Los jóvenes europeos o americanos seropositivos no siempre han asistido al proceso de enfermedad y muerte en su propio ambiente, y carecen de esa experiencia.
Por último, en general, los medicamentos retrovirales en África cada vez más se administran como genéricos y aquí es posible hacer comprimidos con varias substancias y moléculas en un coktail que permite tomar las dosis en dos comprimidos: uno al amanecer y otro a la puesta de sol. No es tan difícil de recordar.

José Carlos Gª Fajardo

No todo servicio es voluntariado social

Ante el comienzo de curso, muchos estudiantes acuden a las sedes de ONG de servicios sociales para ofrecer su colaboración. Nunca agradeceremos los suficiente al Rector Gustavo Villapalos su impulso para que en los sobres de matrícula de la UCM, los estudiantes recibieran dos impresoos. en uno se decía: ¿Te interesan los demás? ¿Quieres echar una mano? y en otro ¿Padeces alguna discapacitación física? ¿Necesitas ayuda? Entonces se cubre ese impreso con los datos de domicilio, campus, facultad y horario. Se cruzan las respuestas y así lleva en masrcha un servicio que más que cuadruplicó la presencia en las aulas de estudiantes discapacitados pero inteligentes que antes tenían que acogerese a la enseñanza a distancia. Los siguientes rectores lo apoyaron e incrementaron hasta el punto de que hoy la UCM cuenta con una Oficina de Ayuda al Estudiante Discapacitado realmente prometedora pero que siempre tendrá que contar co la impagable ayuda de los voluntarios sociales. Hay cosas, maneras y modos, que no s eimprovisan y que nunca podrá aportar una oficina por eficaz aque sea su personal. Es una cuestión del cómo, del corazón organizado por la razón que se pone al servicio y estímulo del marginado. De ahí la inteligente colaboración entre ambas instituciones la Universidad y las ONG.
Por eso, en estos tiempos der generosidad y de compromiso que aportan un rotundo mentís al egoísmo de los jóvenes, a su presunto pasotismo y a su desinterés por las actividades sociales, es bueno aclarar conceptos. Porque mi experiencia y la de muchos responsables de organizaciones sociales es que : a un joven, si le pides poco no te da nada; pero si le pides mucho lo da todo.

Características del voluntario

Las tomamos de la Carta Europea para los Voluntarios y de la Declaración Universal sobre Voluntariado aprobadas en el Congreso Mundial de París, de 1990:
La gratuidad, pues es la donación de sí mismo y la conciencia de ser para los demás lo que sostiene su concepción de la vida.
La continuidad, ya que no se pueden crear necesidades en aquellas personas que no estemos dispuestos a seguir ayudando.
La preferencia vocacional del voluntario, ya que uno hace mejor aquello que le gusta y para lo que está más preparado.
La responsabilidad personal sostenida por su equipo que desarrolla el proyecto de la Organización con la que trabaja.
El conocimiento, respeto y valoración de las diferentes personas o pueblos que pueda encontrarse en la realización de su tarea.
De ahí, que nada esté más lejos de un auténtico voluntariado social que:
El intrusismo, ya que el voluntario no invade el terreno profesional sino que colabora con los técnicos en tareas que no podrían llevarse a cabo puesto que se trata de un modo de actuar que no se encuentra en el mercado laboral.
El militantismo, por digna y respetable que sea la ideología o creencia que lo informa ya sea política, religiosa o cultural; aunque cada uno tenga sus opciones personales no tiene derecho a imponerlas en su actividad como voluntario social.
El diletantismo de los que se acercan por veleidad o por capricho y se sirven de los demás como si fueran objetos de su curiosidad o para experimentación: es preciso un compromiso serio y formal para cumplir funciones y tareas concretas dentro de proyectos previamente programados en común.
El asistencialismo, porque el voluntario quiere desarrollar en las personas y en los grupos capacidades personales que les lleven a la autonomía y no a la dependencia. Aunque reconozcamos en muchas acciones voluntarias un componente asistencial que palia necesidades urgentes y prepara una actuación más prolongada que propicie la autonomía del sujeto.
Ni la compasión ni la limosna, por valiosas y excelsas que éstas sean en sí mismas, ya que superan la relación de alteridad para insertarse en la más profunda reciprocidad.
El voluntarismo, ya que el voluntariado sabe asumir sus límites y no confunde la realidad con las buenas intenciones; hay que dejar bien claro que en la organización del trabajo voluntario hay que diseñar programas realistas y factibles pues de otra forma se fomentan la desilusión y la desesperanza.

José Carlos Gª Fajardo

El deber de votar es una exigencia del régimen de libertades

''ELECCIONES: Ganan los partidos de centroderecha de Polonia en unos comicios con una abstención récord
Según las estimaciones de la TVP, de los 30 millones de polacos que tienen más de 18 años y por tanto derecho a voto, únicamente se tomó la molestia de ir a votar entre el 38 y el 40 por ciento.
Se trata, de confirmarse, del índice de abstención más bajo de la corta historia democrática de Polonia.
Todos los políticos polacos, desde el virtual primer ministro, el líder de PiS, Kaczynski, hasta el presidente de la República, Aleksander Kwasniewski, mostraron su tristeza y decepción.
La Iglesia católica polaca, pastora del 90 por ciento de los polacos, deberá replantearse hasta qué punto influye en sus ciudadanos, pues los llamamientos a la movilización del electorado, constante durante la campaña, no surtieron los más mínimos efectos.Desde algunos púlpitos se ordenó el voto, y como ejemplo el arzobispo de Cracovia Stanislaw Dziwisz, quien llegó a decir que 'no votar es pecado'.
No me meto en lo de 'pecado' o no porque sólo entiendo de amarteia, pero por eso mismo me parece de una injusticia tremenda. ¿No suspiraban por la libertad y por el acceso a los derechos democráticos? ¿Tanto admiraban las libertades y los regímenes constitucionales de Occidente que creían que surgían del aire sin la colaboración de los ciudadanos? ¿O era sólo nuestro ni vel de vida al que aspiraban?
Tantas décadas bajo la opresión comunista y ahora que pueden votar no va ni un 40%. La abstención, en mi opinión, no debería de ser reconocida como un derecho sino como un deber que tienen todos los ciudadanos para poder disfrutar de las inmensas ventajas de nuestros ordenamientos jurídicos de libertades. Luego, que voten a favor o en contra, en blanco o nulo. Pero que voten.
Si de verdad Occidente desea un régimen de auténticas libertades para los antiguos países el Pacto de Varsovia, y para otros regímenes autocráticos en otras zonas, deberían condicionar sus ayudas económicas a la instauración de un régimen constitucional firme y con exigencias. Y la obligación del voto me parece primordial junto a una auténtica formación política y ciudadana.
Nesemu

El mercader de Venecia y sus derechos

Soberbia interpretación de Al Pacino, en el papel del judío Shylock, que se ha tenido siempre como el auténtico protagonista de esta obra. Pero Shakespeare la tituló como 'El mercader de Venecia', interpretado de forma atormentada por Jeremy Irons. Mientras la gente se entretenía en esta auténtica obra antisemita, aunque nunca protestó el Consejo Mundial Judío porque ahí tenían un ejemplo exagerado de lo que había sufrido el pueblo hebreo en la diáspora y aprovechaban para subrayar la índole victimista que cubría algunos excesos y errores, El Cisne de Avon pasaba otro mensaje como en parte de sus sonetos al misterioso W.H., al incitar a su amigo a que se case y tenga hijos para que se reproduzcan y se perpetúe en ellos su belleza. Pero el autor quiso que el auténtico protagonista fuera Antonio, el mercader enamorado del joven Bassanio que se dejaba querer y obsequiar, hasta para conquistar la mano de la rica, inteligente y hermosa Porcia, pero sobre todo muy rica. Quizás en el siglo XVI y siguientes no se podía enfatizar tanto como lo hace en nuestros días Jeremy Irons el amor tan apasionado, loco y descontrolado del mercader Antonio.
Ya la obra arranca con el 'no sé por qué estoy tan triste', de Antonio. Bassanio reconoce su disparatada prodigalidad para volver a sangrar la bolsa de Antonio ' a ti es a quien más debo, en dinero y en amor' y Antonio:'ten la seguridad de que mi bolsa, mi persona y mis medios, estarán abiertos para tus intenciones'. Arriesga su dinero, su prestigio y su propia vida al firmar el disparatado documento que el judío Shylock pone a su firma para vengarse: 'Odio a Antonio por ser cristiano, pero más aún por prestar dinero gratis y hacer bajar en Venecia el tanto de la usura'.
Es una obra maravillosa como todo Shakespeare, y en este caso con una interpretación impresionante digna del mejor Laurence Olivier y de sus más grandes intérpretes. No se puede dejar de ver si uno quiere asomarse a uno de los 'genios' de la humanidad y a lo que el auténtico teatro como catarsis, entre otras maravillas, ha supuesto en nuestra civilización, y en otras, pero no de semejante forma.
Lo que un director como Michael Radford puede hacer con un texto al que se ajusta con una fidelidad exquisita es asombroso al desentrañar el mensaje que, para cada época, tienen las obras de arte. Cuesta leer los textos en boca del judío, y el desprecio de Antonio que 'escupo en tu gabán y en tu rostro, perro inmundo', pero sin añadir ni una palabra al original, Antonio/Jeremy pone de relieve lo que estuvo en la mente de Shakespeare, El cisne de Avon.
Antonio llega a afrontar la muerte con tal de que 'quiera Dios que llegue Bassanio para verme pagar su deuda, y entonces no me importa nada'... más que dejarse arrancar una libra de su carne 'en la parte más cercana al corazón'. Bassanio llega a ofrecer. 'pagar diez veces más por rescatar la fianza de la deuda, 'bajo fianza de mis manos, mi cabeza, mi corazón'. Pero Antonio, el mercader en desgracia, 'estoy dispuesto a pagar con mi vida, dame tu mano Bassanio, di cómo te he querido, habla bien de mi después de muerto y cuando se acabe esta historia, di que juzguen si Bassanio no ha tenido quién le ha amado'. Y Bassanio, delante de su esposa Porcia:
'Estoy casado con una esposa a la que amo tanto como a mi propia vida, pero la vida misma, mi esposa y el mundo entero no los aprecio por encima de tu vida, amado Antonio. Lo sacrificaría todo con tal de liberarte'.
Ante un texto semejante, unas interpretaciones espléndidas, una luz y puesta en escena adecuadas, me pregunto por qué algunos siguiendo la estela almodovariana consideran imprescindible caer en la ramplonería y en un vocabulario soez, para mostrar un mundo que merece todo el respeto que los demás también nos merecemos desde nuestras opciones, sensibilidad e inteligencia. Pero sin tratar de imponérnoslo como si fuera la cosa más natural del mundo esa peculiar (y para no pocos innecesaria) interpretación de una opción que, si es tan natural, no debería necesitar de presentaciones a veces tan grotescas. Sólo con imaginar que Madrid va a tener ‘la gloria’ de ser la capital del orgullo gay en 2007 es como para echarse a temblar. Pero lo políticamente correcto ahora es ‘todo vale’, y no es así. No vale todo, y mucho menos la desproporción y el alarde que rompen la armonía. Si todo es tan natural, viva cada uno con normalidad y sin alharacas. Ayer aparecía en el telediario la exigencia de una pareja de lesbianas que querían que una fuera inscrita en el Registro como 'padre' de la hija de la otra. Hombre, esono parece serio, que se modifiquen las leyes para garantizar los derechos del niño pero no reventemos el lenguaje, aunquelo tienen fácil, les dijeron que la otra puede adoptar al niño en cuestión, pero no quieren, una quiere ser 'padre'. Aquí hay algo que no casa. Se comprende la injusticia secular que han padecido pero no se comprende el golpe de péndulo que parece sostener la tesis de que o se desmelenan todos o no son auténticos. Ojalá llegue el día en que no haya que celebrar el ‘Día de las feministas’ o el ‘Día del orgullo gay’ o de ningún orgullo porque se puede vivir en paz y con respeto a los demás.
Otro día trataremos de ese desmadre que han montado en nuestro país, tirios y troyanos, a propósito de una ley a la que sólo le pierde el nombre: matrimonio. Cámbienlo, si de verdad desean un progreso en paz.¿Será tan difícil reconocer la justicia de la extensión de todos los derechos civiles y sociales a quienes opten libremente por otra forma de convivencia? ¿Pero le quitaría algo esencial el que se denominase ‘ley de parejas de hecho’ en lugar de ‘matrimonio’ que, sin duda, tiene unas connotaciones históricas y sociales evidentes? El lenguaje no se puede cambiar por decreto. Se están pasando por ambas partes y se hacen daño mutuamente. Y a muchos nos cansan porque parecen ser instancias más profundas o torpes las que mueve a ambas facciones.
Y, ya de paso y al tiempo, ¿por qué el Estado no confesional que nos hemos dado constitucionalmente no suprime el reconocimiento de los efectos civiles al matrimonio religioso, sea de la religión que sea? ¿No es de aurora boreal la manifestación que anuncian las familias tradicionales católicas, con políticos elegidos al Parlamento, junto con obispos y abades, para protestar por una ley que no les afecta en absoluto pues sólo regula los efectos del matrimonio civil, no del religioso? Temían una avalancha y sólo se han casado 50 parejas. Igual que sucedió con la Ley del divorcio que en su día también pareció a algunos que iba a acabar con la institución de la familia. ¡'Cómo si s eobligara a nadie a divorciarse! Pero se remediaron no pocas injusticias. Al igual que con la regulación de los supuestos de interrupción del embarazo no desado. ¡La que se armó! Se diría que todo el mundo tenía que abortar! Y se lanzaron a la palestra quienes nunca iban a tener la posibilidad ni de divorciarse, ni de abortar, ni de adoptar... porque habían hecho una opción respetada por la sociedad: su celibato. Anda que si se promulgase una ley obligando a casarse a todos los ciudadanos... es esperpéntico.
¿A qué temen los clérigos? ¿A que, una vez que muchos heteros han abandonado los seminarios y el celibato, lo hagan ahora los homos injustamente perseguidos por el documento que se anuncia que va a firmar Benedicto XVI? ¿Acaso no habían sido la parte más sustanciosa de su semillero desde que se impuso el celibato en Occidente por razones económicas de salvaguardar los dineros de parroquias, diócesis y monasterios, por supuesto que en beneficio de los pobres? ¿No ha habido durante siglos una cortina de hierro de silencio ante los abusos perpetrados por unos clérigos reprimidos a quienes daban a cuidar a niños separados de sus padres y de sus familias? Encargaban a los zorros que guardasen el gallinero. ¿Ha habido que esperar a los escándalos en tantos países, sobre todo en EEUU con más de cien mil millones en indemnizaciones, muchas veces interesadas y en no pocos casos injustas? ¿Con qué autoridad se pueden pronunciar en contra de la adopción de personas solteras, viudas, separadas o que viven en pareja? ¿Pero todo el tema de la convivencia de una pareja tiene que verse envuelta en plumas, esperpentos, locazas y marimachos? ¿Acaso no es testigo la historia de tantos hombres y mujeres que han vivido de manera admirable con una dignidad, generosidad e inteligencia, con enormes contribuciones a la cultura, la ciencia, la universidad, el sindicalismo y los valores cívicos personas que habían optado o que vivían una realidad distinta en el mundo de los afectos? ¿No están negando la vida, la historia y la evidencia? Pero, si encima, ¡no va con ellos pues se trata de reconocer los efectos de una unión civil! Esa reacción tan desmesurada quizás denuncie algo más profundo y que hemos soportado inermes durante siglos. ¡Cásense los clérigos, los obispos y los papas que lo deseen, como en los primeros siglos de la Iglesia (cfr. Epist a Tito y a Timoteo e Historia de la Iglesia y de los Papas, de J.M Laboa; o el formidable y documnetado libro de la teóloga católica Utta Ranke Heinemann 'Eunucos por el Reino de los cielos', en Trotta) y, aún en nuestros días, entre los ortodoxos, anglicanos y en otras confesiones religiosas cristianas! A millones de personas nos trae sin cuidado.
El problema que les aterra es que una pareja de jóvenes seminaristas o de novicias, decidan compartir sus vidas como pareja y seguir desempeñando funciones clericales en su confesión religiosa, como ya está surgiendo entre no pocas iglesias protestantes que han reconocido el derecho fundamental a que nadie sea discriminado. Entre los anglicanos y episcopalianos ya hay algún obispo que fue a su consagración acompañado de su pareja, en presencia del mismísimo arzobispo de Canterbury. ¿Es mucho extrapolar la sospecha que hemos aportado? No lo sé, pero me temo que lo más importante sea una cuestión de formas ‘manners before morals’. Lo que molesta es la ostentación, en cualquier orden de la vida.
Créannos, a una gran mayoría nos tiene sin cuidado. Más nos preocupan otras cosas y otras injusticias sociales en otros campos que han invadido organizaciones de dudosa autenticidad evangélica.
No es que haya llegado el Anticristo, ni los paganos, ni los demonios, ni los sindiós, ni que nos invada una peste/plaga/epidemia de laicismo. Lo que una gran mayoría anhelamos es una sociedad justa y solidaria, equitativa y en paz. ¡Ojalá llegara el Cristos que siempre se anhela, el Mensajero, el Madi, el Mesías, el Avalokistevara, el Bodhisatva...! ¿Y si ya hubiera llegado y se encontrara aquí, en ti, en mi, en el otro, en todos? ¿Y si estuviéramos esperando en vano a Godo? (Fíjense en el nombre) ¿No era eso lo que el Rabí de Nazareth entendía por el Reino de los cielos 'que está en medio de vosotros, en vosotros? Junto a unos incontestables, admirables y nunca suficientemente ponderados ejemplos de generosidad, de heroísmo, de entrega al servicio de los demás, sobre todo de los más pobres en el ámbito auténtico de la caridad como agapé y eujaristés, han habido no pocos errores que pueden y deben reordenarse. La historia, como la inocencia perdida, no se puede crear de nuevo ¡pero siempre se puede alumbrar una nueva inocencia!
Creo que están pidiendo a gritos que se revisen los Acuerdos con el Vaticano y que cada cual se ponga en su sitio y asuma sus responsabilidades. Dentro de un ambiente de la paz que brota de la justicia. Al vino nuevo, odres nuevos. Ayudémosles, porque su vigencia repercute en todos los ciudadanos, creyentes y no creyentes, ya que afecta a los presupuestos generales del común de los ciudadanos. No creo que sea tan difícil, pero hay que atreverse ya que el ordenamiento vigente obedece a una realidad distinta y superada. Recuerdo haber escuchado a Juan XXIII a propósito de las tres reformas que puso en marcha - Concilio, reforma del Código y Sínodo romano,: ‘¡Qué miedo tienen algunos, es como si no creyeran en el espíritu Santo’. Después calló, y continuamos en silencio.

José Carlos Gª Fajardo

Créditos académicos a cambio de servicios sociales

Los responsables de las ONG más conocidas acudimos con gusto a compartir nuestras experiencias porque no hay mejor cooperación que la que se da entre cooperantes, ni mayor ayuda que la que se presta para que los demás se ayuden a sí mismos. Pero nos alarma la creciente proliferación de ONG que dependen de centros de poder, político, económico o eclesiástico.
Esta moda se extiende por muchas comunidades autonómicas que corren el peligro de hacer de la cooperación y del voluntariado un negociado más de su estructura administrativa. Pronto empezarán los ayuntamientos, desvirtuando así la acción social que les corresponde realizar con asistentes sociales profesionales y debidamente remunerados. Ya lo hicieron los partidos y sindicatos con ONG conocidas. Como resultado están recogiendo el desencanto de personas generosas de las que quisieron hacer secuaces, prosélitos o militantes.
Acabo de dar una conferencia en la capital de una autonomía. La invitación era de una ONG cuyo nombre no hacía presagiar que su presidente y Junta directiva fueran funcionarios, así como el personal contratado. Después, comprobé que casi ninguno tenía experiencia en servicios de voluntariado social. "Era necesaria una ONG para canalizar la ayuda de la comunidad autonómica en planes de cooperación al desarrollo", me explicaron. “¿No les parecían de confianza los proyectos de tantas ONG de reconocido prestigio?", pregunté. "Bueno, es que así se capitaliza una acción de gobierno y se decide a dónde van los recursos". Sin más comentarios.
Casi no tenían voluntarios y los que figuraban como tales eran los afines a su grupo político.
Algunas universidades han creado sus propias ONG y Oficinas de Acción Solidaria con un funcionario, profesor o administrativo al frente, que no sólo perciben un sueldo sino que les sirve de méritos para su carrera.
Otro aspecto que sorprende es la práctica de algunos centros universitarios, sobre todo privados, de conceder créditos académicos por las labores de voluntariado, o titulaciones por asistir a unos master en cooperación y acción social. Acabo de participar en uno en el que pagaban 500 dólares por ¡cuatro horas de conferencia seguidas! (por razones administrativas) y al que asistieron 8 personas. Al final de ese master les dan una titulación.
Llevo visitadas bastantes entidades semejantes y tengo que decir, como voluntario social y presidente de una ONG, aparte de como profesor de universidad, que no es eso, no es eso.
Las instituciones tienen que acoger y ayudar a las organizaciones humanitarias que surjan en el tejido social y que les parezcan serias. Los sucedáneos son peligrosos y se volverán contra esa generosidad solidaria.

José Carlos Gª Fajardo"

Alianza de Civilizaciones o nostalgia del cielo protector

Con su estilo punzante, documentado pero con mucho de Pepito Grillo que todo parece saberlo, Fernando Savater participa en un debate "Alinaza de Civilizaciones" que va a hacerse cada día más inexcusable y para el que es preciso estar preparado. Vuelve sobre el manido tema civilización vrsus culturas Está bien abordarlo pero sin descalificaciones ni apriorismos, mucho menos sin esa manía que tienen alguos de nuestros autores, Savater, Marina, Castilla del Pino, César Vidal, Vargas Llosa y su ínclito hijo, Aznar y sus acólitos,el finado Capmany, articulistas y tertulianos de COP y de otras emisoras y tantos otros que se han olvidado de utilizar el 'condicional' y otras saludables fórmulas. Se mueven en formas categóricas, gustan 'sentar cátedra' con todas sus opiniones... y si son 'opiniones'... merecen el respeto que se les reconozca a otras distintas formulaciones.
Pero es bueno entrar en el debate comenzando por lo que los clásicos llamaban status questiones: ¿de qué estamos hablando? ¿Qué decimos cuando decimos lo que decimos? Vamos a intentar aclararnos en los conceptos, para no arrojárnoslos a la cara, para no imponer nuestras opiniones ni pretender tener la razón cuando se tratar de buscar juntos la verdad. ¿Qué es la verdad?, pregunté un día a R. Panikkar. 'Lo que todos buscamos' me respondió. Y me pareció bien

Alianza... ¿de qué?

Desde que el presidente Rodríguez Zapatero lanzó el lema de una 'alianza de civilizaciones' como antídoto contra el 'choque de civilizaciones' -la cristiana occidental frente a la islámica- de que habló en su conocido libro Samuel Huntington, hemos escuchado loas y descalificaciones igualmente hiperbólicas de esta propuesta seguramente amable pero poco concreta. Como parece que el próximo otoño (y bajo el auspicio nada menos que del secretario general de la ONU) van a realizarse seminarios sobre la cuestión, no vendría mal previamente intentar desbrozar el campo de debate para hacerlo más fructífero. Claro está que 'sin acritud', como recomendaría sin duda el ex presidente Felipe González.

Para comenzar, una precisión terminológica por pedante que resulte. Uno puede emplear las palabras en sentido figurado y hablar de 'fatiga del metal' a sabiendas de lo poco propicios que son los metales a cansarse o en un sentido lato hasta la ofensa, como cuando se explica la 'filosofía' que siguen determinados grandes almacenes respecto a sus clientes. De modo que el profesor Huntington y en su traza el presidente Zapatero tienen derecho a llamar 'civilización' a lo que les apetezca. Ahora bien, según el uso más habitual en los estudios socioculturales, lo que en cada época se denomina civilización es el conjunto de soluciones técnicas universalmente reconocidas como más eficaces ante los problemas y necesidades humanas. De modo que civilización, como madre, no hay más que una.

Según esta acepción del término, es evidente que Bush y Osama Bin Laden comparten la misma civilización: utilizan idénticos proyectiles y explosivos para destruir a sus adversarios, prefieren la televisión a la telepatía para hacer llegar sus amenazas al populacho asombrado y cuando padecen una enfermedad grave recurren a similares medios terapéuticos. Me atrevo a suponer que ambos consideran en general las líneas aéreas como un sistema de transporte más rápido y fiable que la carreta tirada por bueyes. Unos y otros, con entusiasmo o renuencia, vivimos o aspiramos a vivir en la civilización industrial avanzada, la cual actúa para todos como el destino para los estoicos: 'volentem ducunt, nolemten trahunt'. Es decir, que guía a quienes la aceptan y arrastra a los que se le oponen .

Pero no hay que convertir las palabras en fetiches. Digamos, para seguir adelante, que no estamos hablando de choque o alianza entre civilizaciones, sino de choque o alianza entre 'culturas'. Porque son en efecto éstas las orientaciones e interpretaciones simbólicas que determinan en cada comunidad lo que pretende conseguirse con el instrumental civilizado de que disponemos actualmente. Por supuesto, entre la civilización y las culturas que la aplican hay numerosas interrelaciones o desencuentros, cuya complejidad rebasa las posibilidades de esta breve nota y los conocimientos de quien culpablemente la escribe. Baste decir que no todas las culturas son iguales, es decir, que no todas encaminan con la misma eficacia los medios de la civilización para armonizar los anhelos humanos de libertad personal, homogeneidad colectiva, desarrollo económico, participación igual en la toma de decisiones políticas, progreso científico y educativo, justicia social, etcétera.

Cada una de las culturas no representa una identidad eterna, platónica, sino un conjunto de esfuerzos concretos y tentativas a veces equivocadas de ciertos seres humanos para obtener una vida mejor. Como ha escrito Thomas Sowell, autor de una importante trilogía sobre la relación de las culturas con la raza, las migraciones y la conquistas: «Las culturas no existen simplemente como 'diferencias' estáticas que haya que celebrar, sino que compiten entre sí como formas mejores y peores de conseguir hacer las cosas, mejores y peores no desde el punto de vista de algún observador, sino desde el de las propias personas en sus afanes entre las descarnadas realidades de la vida». Decir que todas las culturas son igualmente respetables equivale a afirmar que da lo mismo cruzar un río por un puente que en balsa o andando por el fondo con una piedra pesada en los brazos

Los humanos no estamos obligados a venerar ciegamente nuestra identidad cultural (hasta hace no mucho, nuestra cultura europea incluía rasgos distintivos como la esclavitud, la persecución religiosa, las monarquías de derecho divino, el racismo colonial y cosas por el estilo) ni tampoco la de los demás. En todas se hallan rasgos interesantes que podemos aprovechar y elementos rechazables que cuanto antes se superen, mejor. No son conjuntos cerrados, que hay que elegir o repudiar en bloque, sino menús variopintos, en los que junto a recetas sabrosas abunda también lo indigesto y hasta lo venenoso. Si en la Humanidad se ha dado cierto progreso, se debe a que los hombres no hemos respetado nuestras culturas y de vez en cuando nos hemos atrevido a apartar las vacas sagradas de nuestro camino. Precisamente este rasgo de rebeldía razonada contra la tradición es lo más característico del espíritu europeo y sería una auténtica traición que renunciásemos a él por miramientos multiculturales mal comprendidos o por llevarnos bien con quienes más amenazan nuestras instituciones democráticas. Esto es válido sobre todo dentro de nuestros países, pero también fuera de ellos, en el terreno internacional. Desde luego, no es cosa de ir por el mundo imponiendo nuestras preferencias a cañonazos, pero no resulta absurdo tratar de fomentar en otras partes del mundo lo que consideramos valores que mejoran la convivencia social. Contraejemplos: ¿Es decente fingir respeto por razones comerciales ante la autocracia china como perteneciente a su 'identidad cultural', cuando el comunismo es un invento tan occidental como la democracia, aunque mucho más reciente y nefasto? O, también, ¿es admisible declarar luto nacional en España por la muerte de un sátrapa repulsivo como el rey saudí Fahd, representante del régimen político y social más detestable que conocemos hoy, sólo porque fuese patrono de timbas y burdeles en alguna de nuestras localidades costeras peor afamadas?

Sin duda es prudente que los países soberanos firmen entre sí tratados de paz y cooperación, o por lo menos de no agresión. Y que aspiren a verse unidos por leyes internacionales para favorecer en todas las latitudes el desarrollo, el comercio sin imposiciones abusivas, la justicia internacional, el respeto al medio ambiente, la protección de la infancia, la lucha contra el hambre, la educación laica y científica para todos, la erradicación de la guerra y la pena de muerte, etcétera. También por supuesto para combatir el terrorismo y para desmotivar la xenofobia. Pero, aparte de estas instituciones supranacionales, ¿qué otra alianza puede haber entre las culturas? ¿Vamos a asumir que lo que es tiranía o abuso de unos, sean de Riad o Washington, tengamos que aceptarlo los demás como el precio necesario para evitarnos conflictos? El debate entre las formas de vida en común y su interrelación crítica debe continuar abierto, porque nos va el futuro en ello. Son las personas con ideas y razones las que deben aliarse en todas partes, sean cuales fueren sus discutibles culturas de origen, para mejorar los usos de la civilización que comparten. En cuanto al juicio histórico sobre ella y su devenir, dejémoslo a los Arnold Toynbee del mañana, que no faltarán.
F. Savater

¿Por qué ser voluntario social?

(Continuo con el tema que desencadenó un post en este blog. Creo que vale la pena intercambiar informaciones, experiencias y análisis transparentes. Lo demás, el
dicen, el parece ser o el yocreísmo no parecen muy serios.
Nesemu)

¿Por qué ser voluntario social?

El auge del voluntariado social es uno de los síntomas de una transformación ante unos modelos de vida injustos. Los datos de la ciencia, la experiencia de la peripecia de los pueblos, el creciente diálogo intercultural están presentes gracias al desarrollo de las comunicaciones que nos permiten ser testigos del ocaso de unos modelos de desarrollo que, junto al mito del progreso ilimitado, han llegado a un punto de saturación sin retorno porque ha alcanzado el techo de su contradicción.
Ignorarlo es no saber escrutar los signos de los tiempos, y silenciarlo es convertirse en cómplices. Algo no va bien cuando la vida se transforma en espera, muchas veces sin esperanza. Lo malo es cuando no se actúa por temor a equivocarse o por creerse incapaz de hacer algo por los demás. Durante mucho tiempo nos han presentado como personas extraordinarias a aquellas que supieron ayudar a otros. Son seres como nosotros que supieron descubrir la radical indigencia de toda criatura y comprendieron que, en el reconocimiento de la propia debilidad, están las raíces de la auténtica fortaleza. Un día comprendemos que nos agobiábamos por problemas que dejaban de serlo ante las desgracias que se descubren cuando nos asomamos a los umbrales de la marginación. Uno se pasma de haber pasado tantos años junto al dolor y junto a la soledad de los que estaban ahí, a la vuelta de la esquina.
La gota que se sabe océano tiene una actitud radicalmente distinta a las de las gentes manipuladas por el consumismo, la inseguridad y el miedo. No hay que calentarse la cabeza buscando ocasiones extraordinarias para hacer cosas grandes que quizá nunca lleguen.
No existen límites de edad, de sexo o de condición social para practicar la solidaridad. Lo que importa es echarse a andar y sentir la pasión por la justicia.
Residencias de ancianos, hospitales, hogares para niños, hogares de discapacitados, clínicas psiquiátricas, comedores para transeúntes y personas sin hogar... es inmensa la lista de posibilidades. Sólo hay que animarse y se da uno cuenta que es más fácil de lo que suponíamos. Nunca es tarde para comenzar porque hoy es siempre, todavía. Siempre se pueden sacar dos horas a la semana para ayudar a los demás. Así podremos ser fieles a esa cita con lo mejor de nosotros mismos: el que nos necesita y se agarra a la mano que le tendemos, abierta y frágil, pero generosa.

José Carlos Gª Fajardo

A vueltas con el voluntariado social

(En un texto en este blog de hace unos días se suscitó un interesante debate debido a un post de Virginia que, evidentemente, no comparto. No la conozco pero pudo expresar su opinión libremente, así como otros visitantes con sus post. Esta es la gracia de los blogs. Para que no quede la menor duda de cómo piensa el dueño de este blog voy a ir poniendo algunos textos mios, aunque habiendo escrito Manual del voluntario, ed 7ª, no creí que hubiera dudas. Quizás Marlasca no me entendió bien o mi texto era confuso. Pero es bueno recordar)
Necesitamos muchos voluntarios sociales
Las asociaciones humanitarias no pueden ser “sucedáneos” para paliar las injusticias que es preciso subsanar en sus estructuras. Los voluntarios tienen que reconocer cuanto de bueno, de justo y de eficaz se ha hecho hasta ahora en los campos de la beneficencia, de la solidaridad, de la justicia y de la caridad por movimientos que han sembrado la historia de ejemplos impresionantes de entrega de sí mismos y de la creación de obras que testimonian la ejemplaridad de su conducta.
El trabajo de los voluntarios sociales no puede ser una “moda” para suplir la falta de convocatoria desde otras instancias políticas, sociales, o religiosas, ni para encubrir los errores, las injusticias y la explotación de los pobres por parte de los ricos, de los pueblos empobrecidos del Sur por los intereses económicos del Norte.
El voluntariado es un fenómeno sociológico que nace de una exigencia contra toda forma de discriminación y marginación por causa de raza, sexo, creencias, cultura, situación económica, edad o ideas políticas participando en algún proyecto de solidaridad dentro de alguna organización humanitaria de experiencia contrastada.
Es posible comprometerse ante el testimonio de personas corrientes que saben arañar unas horas de su tiempo para servir a los demás, sobre todo a los más necesitados, aquí "a la vuelta de la esquina", en nuestro entorno.
Las asociaciones humanitarias que han asumido su responsabilidad al servicio de los más débiles, no pueden erigirse en protagonistas de la acción social sino como cooperadores en esta tarea que nos compete a todos. Ni cabe un Estado providencia con pretensiones de regularlo todo ni es imaginable una sociedad utópica que camine al margen de las instituciones públicas con grupos de presión que trastornen el orden social querido por los ciudadanos.
(Existen asociaciones que desarrollan proyectos sostenidos por voluntarios sociales que quieren trabajar con los más necesitados: desde ancianos hasta niños, desde enfermos terminales hasta reclusos, desde inmigrantes hasta presos, desde drogadictos hasta enfermos de sida, desde los que padecen algún tipo de discapacidad hasta los que la sociedad margina en cualquiera de sus formas.)
Los mueve una solidaridad auténtica que trabaja en busca de la justicia y de la concordia, con plena gratuidad, sin buscar nada a cambio ni imponer ningún modelo de desarrollo o concepción de vida alguna que pueda desarraigarlos de sus tradiciones y de sus señas de identidad. Es la persona humana, en su comunidad y en su ambiente, lo que los mueve a servirles en su desarrollo personal y auténtico, integral y equilibrado.
José Carlos Gª Fajardo