Blogia

J. C. García Fajardo

Cambiarse de tren mientras estamos a tiempo

Estaba el gran poeta inglés John Milton pasando unos días con Galileo Galilei, en Florencia. El autor de El paraíso perdido estaba ya casi ciego y se valía de sus espléndidos recuerdos.
Entonces, uno de los discípulos del anfitrión le preguntó: “Maestro, ¿Cuántos años tiene?”
Al anciano se le iluminó el rostro cuando le respondió: “Pues, a mucho tirar, unos siete o diez…porque, no creerá usted, joven, que tengo los que ya he vivido”.
Esta es la actitud fundamental de cada ser humano, “somos lo que no somos”, según Hegel. Vivir el presente, el aquí y el ahora, es el consejo radical de los sabios en las más importantes tradiciones de la humanidad.
La iluminación nunca viene de fuera sino que se alumbra como un despertar al caer en la cuenta de la auténtica realidad. Mañana no es una realidad sino una hipótesis sobre la que sería insensato apostar nuestra existencia.
Ayer ya pasó, y lo hemos asimilado haciéndolo nuestro, o vagaremos como plantas desarraigadas a merced de cualquier viento.
Cada etapa de la vida tiene sus propias riquezas y es preciso ser coherentes siguiendo las sugerencias de la naturaleza. Mantener el equilibrio, buscar la armonía y aspirar a la serenidad que nos permita ser nosotros mismos.
Esa es la clave de la identidad, que es lo que nos hace ser lo que somos y hace, a su vez, que los otros nos reconozcan como somos. Es un proceso, jamás una conquista. Es una experiencia que nos muestra los elementos distintos y hasta contradictorios con los que está formada nuestra personalidad. Si nosotros nos ocupamos en gestionar nuestras contradicciones, mantendremos alejada la esquizofrenia desintegradora que nos amenaza.
Las cosas son como son, como están siendo, y lo demás es tontería.
De ahí la importancia de saborear el propio conocimiento que nos lleva al respeto del otro. No como objeto de nuestro amor, o de nuestra responsabilidad, sino como sujeto que sale al encuentro y nos interpela, para hacer juntos el camino.
Caer en la cuenta de que a todos compete el disfrutar de los bienes comunes nos abre hacia horizontes de plenitud, bondad y belleza. Porque son auténticos, y auténticos es el que tiene autoridad sobre alguien y lo promociona.
Qué pérdida de tiempo es añorar el pasado en una nostalgia estéril mientras que el sentimiento de ausencia nos anima a para seguir en el camino, compartiendo y disfrutando cada momento de nuestra existencia. Sin atormentarnos por un futuro que no existe, sino que lo vamos haciendo. Como el tiempo, y hasta como el espacio que se define por sus contenidos. Esa es la elegancia verdadera, que el vaso no sea más que la flor.
E pois, mais nada que, si hubiera algo, nos acogeremos al razonamiento de Sócrates “bien me ha valido haber seguido el camino de la virtud”. Y, si no hay nada, con mayor razón me compensa vivir con coherencia y plenitud.
Cuenta Osho que lo bueno de ser anciano es que ya eres demasiado viejo para dar mal ejemplo y puedes empezar a dar buenos consejos. Lo cierto es que dentro de cualquier anciano hay un joven preguntándose qué ha sucedido. Hablamos de jóvenes desconcertados y no de ancianos amargados porque sienten que sus vidas no son lo que podrían haber sido. Se sienten estafados. Nadie les enseñó a amar la vida, a amarse a sí mismos, a asumir el único sentido de la existencia: ser felices.
Y ser feliz es ser uno mismo, poder hacer las cosas porque nos da la gana, no porque lo manden o para alcanzar méritos para una vida de ultratumba.
Esto es un chantaje, posponer la felicidad para mantenernos dominados y sumisos. Han hecho de la obediencia una virtud. Un pueblo, para el que manda es un rebaño que pasta sin hacer ruido.
Es urgente la rebelión de las personas mayores que padecen su soledad como antesala de la muerte. Nunca es tarde para madurar sin confundir el envejecimiento, que es cosa del cuerpo, con la madurez que es crecer hacia adentro y saborear la vida.
Descubrirnos gotas en un océano de silencio es transformar la existencia en una celebración. Es descubrir el universo en una gota de rocío.
No hay mayor provocación que ser uno mismo. Atreverse a ser, a discrepar, a gozar y a realizarse en armonía con el universo. El sabio acepta la realidad imponiéndole su sello: para hacer lo que queramos tenemos que querer lo que hacemos. Porque nada puede morir, tan sólo cambiar de forma. La existencia nada sabe de la vejez, sabe de fructificar. Ya tenemos lo que buscamos. Hay que despertar.
Madurar significa que hemos llegado a casa. La madurez es conciencia, el envejecimiento sólo desgaste. Todavía queda tiempo para cambiarse de tren.

José Carlos Gª Fajardo

Los Obispos españoles pierden el "Oremus", Excesos en un Documento oficial

Ruido eclesial

En un momento en el que el ruido político se hace estentóreo, la Iglesia católica parece que no quiere quedarse al margen. La Conferencia Episcopal ha difundido un documento muy duro titulado Por una cultura de la vida, en el que acusa al Gobierno socialista de fomentar la promiscuidad sexual y de crear leyes que no protegen la vida, y a algunos medios de comunicación de promover el aborto y la eutanasia. Los obispos tienen todo el derecho a expresarse públicamente, incluso si lo hacen en términos tan apocalípticos, pero no deberían olvidar que esas normas que censuran están vigentes desde hace más de dos décadas, no por el capricho arbitrario de una minoría despótica, sino después de ser debatidas y aprobadas democráticamente por el Parlamento.
El pronunciamiento encaja con la reciente exhortación del papa Benedicto XVI a la lucha ideológica por parte de los príncipes de la Iglesia (Sacramentum Caritatis) y con el pronunciamiento del propio pontífice con motivo del 50 aniversario de la UE, a la que ha acusado de "apostatar de sí misma" por las resistencias a incluir una referencia a las raíces cristianas europeas en el preámbulo del Tratado Constitucional.
El beligerante documento de los obispos españoles demuestra que la Iglesia se propone dar una proyección temporal, política, a su insistencia en exigir el reconocimiento del papel fundacional del cristianismo en la identidad europea. Su exigencia al Gobierno y al Parlamento de que den marcha atrás en la aplicación de derechos sociales legales plenamente consolidados y aceptados por la mayoría de la sociedad española pasa por encima del carácter aconfesional del Estado constitucional español. Del mismo modo que la Conferencia Episcopal ha reclamado el derecho a participar en la vida política, ha de aceptar que no puede invocar una intrínseca superioridad moral para erigirse en juez sobre cuestiones que responden a la exclusiva ética del individuo y que están reguladas por el conjunto de la sociedad.

 

La vergüenza del holocausto negro, del que no se habla por hipocresía y porque faltan lobbies adecuados

La vergüenza del holocausto negro que sangró durante siglos a África, sostuvo la Revolución Industrial en Inglaterra y fue  llevada a cabo por cristianos cuyas iglesias no condenaron ni impideron semejante crimen que afectó a cerca de cien millones de africanos. (El holocausto nehro por el Índico fue obra de musulmanes árabes y persas, pero esa es otra historia). Creo que ha llegado la hora de reconocer los crímenes cometidos impunemente, de la reparación, de la restitución y de la compensación por el lucro cesante durante estos siglos para esos pueblos saqueados, esclavizados y humillados. Nesemu
 
El Reino Unido conmemora este año el bicentenario de la abolición del comercio de esclavos en el Imperio británico con eventos culturales, sociales y religiosos en museos e instituciones del país. El foco de atención recae en el 25 de marzo de 1807, cuando el Parlamento de Westminster aprobó la propuesta del diputado William Wilberforce en contra del "comercio transatlántico" de africanos. No fue el primero ni el último eslabón roto en la larga cadena para poner fin a la esclavitud de negros.
"Es importante rememorar el comercio de esclavos, pero su abolición en el Imperio británico, en marzo de 1807, no es motivo para enorgullecernos. No es una causa universal de celebración, sino un momento para recordar y sopesar el legado de siglos de esclavitud", advierte Ekow Eshun, director del Instituto de las Artes Contemporáneas (ICA), con sede en Londres. "Muchos factores interconectados contribuyeron al fin del comercio de africanos, no sólo los eventos del Parlamento británico", coincide Wayne Dooling, catedrático de Historia del Sur de África en la Universidad de Londres.
"Hay que recordar los esfuerzos de los esclavos para asegurar su emancipación. En particular, las revueltas en el Caribe, que estaban inspiradas en la Revolución francesa y el movimiento anti-esclavitud y, aunque inicialmente fracasaron todas, excepto en Haití, fueron lo suficientemente violentas y destructivas para sentar temor en la metrópoli sobre futuros disturbios de esclavos. Pero el público británico probablemente cree que todo se debió a personalidades como Wilberforce y sus colegas parlamentarios", explica el profesor en su despacho de la Escuela de Estudios Orientales y Africanos.
"¡Cómo si tuviéramos algo que agradecer a los abolicionistas blancos...! Me incomoda ondear la bandera a favor de Wilberforce. Supone una capitulación de la responsabilidad colectiva de los británicos por todos los años anteriores y posteriores de comercio y esclavitud de negros. Todavía ven la historia del Imperio británico con orgullo, sin sentirse responsables de uno de sus capítulos más importantes, el comercio de esclavos", continúa Eshun, londinense cuyos padres proceden de Ghana.
El bicentenario viene avalado por el Gobierno de Tony Blair, que contribuye con 16 millones de libras (unos 23 millones de euros) al extenso programas de eventos. "Cuesta creer", ha reconocido el primer ministro, "que lo que hoy sería un crimen contra la humanidad fue legal en su día". En su intervención, Blair dejó escapar la oportunidad de disculparse, a título personal o en nombre de la nación, y se limitó a expresar un "profundo pesar" por el comercio de seres humanos.
"Debería disculparse, pero no hay una corriente de opinión a favor de una disculpa excepto entre la minoría negra. Sería algo simbólico pero un importante reconocimiento de culpabilidad nacional. Los negros británicos todavía cargamos con el legado de la esclavitud. Los perjuicios están conectados con la clasificación del esclavo africano como un ser inferior social, cultural y psicológicamente. Y esto no es un hecho histórico, sino actual", defiende el director del Instituto de las Artes Contemporáneas (ICA).
La segunda autoridad detrás del arzobispo de Canterbury en la jerarquía de la Iglesia de Inglaterra, el arzobispo de York, John Sentamu, declaró ayer que Blair debería solicitar disculpas formales.  ¿Y la Iglesia Anglicana no? "Esta comunidad estuvo implicada en un terrible comercio. Los africanos se vieron implicados en un terrible comercio, la Iglesia estuvo implicada en un terrible comercio... es importante que todos nosotros reconozcamos lo que fue colectivamente hecho".
La polémica ha afectado al propio ex presidente de Suráfrica Nelson Mandela, quien fue invitado por el ayuntamiento de Bristol a un acto de conmemoración previsto para ayer. Sin embargo, el ex dirigente declinó participar en las ceremonias después de comprobar que la sociedad estaba dividida y había algunas organizaciones que acusaban al Ayuntamiento de la localidad de marginar a la población negra.
"Mucha hipocresía"
La mayoría de las instituciones que se beneficiaron en su día de la mano de obra de esclavos intenta reconciliarse con su pasado montando a lo largo del año exposiciones, debates, marchas, conciertos, seminarios y actos religiosos. "Deben buscar la forma de abordar la materia, desmenuzarla y hacer partícipe al público. Cinco minutos de silencio no es suficiente", defiende el profesor Ekow Eshun, director del Instituto de las Artes Contemporáneas (ICA), con sede en Londres.
Es la primera vez que el Reino Unido se vuelca de lleno en rescatar la memoria del "holocausto negro". "Murió un número desconocido de personas en cada eslabón del comercio de esclavos y los que sobrevivieron la travesía del Atlántico vivieron en esclavitud. Fue el holocausto africano", reconoce el catedrático.
Un paso se ha dado en este sentido con la apertura, el próximo agosto, del Museo Internacional de la Esclavitud en las antiguas oficinas del muelle de Liverpool. También se ha dado un paso, entre otros eventos, con la exposición Rompiendo las cadenas, que reunirá en el Museo del Imperio Británico y de la Commonwealth, de Bristol, la importante colección que la ciudad conserva sobre su oscuro pasado. Desde 1700 a 1807, los astilleros de Bristol equiparon unos 2.000 barcos en los que medio millón de africanos embarcaron hacia América."Los británicos dejaron de exportar africanos, pero el trabajo de los esclavos lubricó su revolución industrial. Hay mucha hipocresía entre los políticos británicos", resalta el profesor Wayne Dooling.

Merkel, la única mujer entre los Veintisiete, estrena su liderazgo en una Europa en crisis

La canciller alemana se perfila como la nueva impulsora del proyecto europeo tras años de ausencia de nuevas figuras
Interesante semblanza de Angela Merkel, por A.Missé.
"He crecido al este de esta ciudad, en la República Democrática Alemana. Cuando se adoptó el Tratado de Roma, tenía tres años. Tenía siete cuando se construyó el muro, que dividió también a mi familia. Yo no pensé jamás que tendría la ocasión de ir libremente al Oeste antes de mi jubilación. Mis caminos terminaban a pocos metros de aquí. Sin embargo, el muro ha caído. Entonces comprendí que nada permanece siempre igual. Ésta es la gran esperanza para todos los que no se quieren acomodar a las injusticias de nuestro mundo". Con estas palabras dirigidas a los líderes europeos, Angela Merkel (Hamburgo, 1954) resumía ayer tanto su experiencia vital como su compromiso para seguir en la brecha.
La canciller alemana ha introducido un estilo sencillo y un lenguaje más comprensible para los ciudadanos que están afirmando su liderazgo en la escena europea. Está más interesada por los contenidos que por el envoltorio, alejada de la retórica y la ampulosidad de las formas comunitarias, lo que facilita el entendimiento y la utilidad del proyecto europeo.
Con la despedida del presidente francés, Jacques Chirac, que ayer asistió a su última cumbre, y el próximo relevo en junio del primer ministro británico, Tony Blair, Merkel se perfila cada vez más como la nueva líder del proyecto europeo. Un liderazgo todavía difuso por la propia crisis institucional que padece Europa. Pero es precisamente su tesón empleado en sacar a la Unión de la crisis lo que la está empujando a jugar un papel más preeminente.
Hija de un pastor luterano y de profundas convicciones cristianas, Merkel ha sido la primera mujer que ocupaba la cancillería de su país. Desde 2005, dirige la gran coalición formada por su partido, la Unión Demócrata Cristiana (CDU), su partido hermano la Unión Social Cristiana de Baviera (CSU) y los socialdemócratas del SPD. Su poder en la arena internacional será mucho más visible el próximo junio, cuando presida en Heiligendamm la reunión del G 8, el club que agrupa a los países más industrializados del mundo.
Las posibilidades de consolidar su liderazgo y dar un nuevo impulso a Europa dependen en buena medida del resultado de las elecciones francesas del próximo 22 de abril, es decir, de las posibilidades de que Berlín encuentre el interlocutor adecuado en París.
La historia de la UE se ha construido siempre por la presencia de grandes personalidades políticas que han sido capaces de establecer una dialéctica constructiva para asegurar la paz. Apenas un año después de finalizar la II Guerra Mundial, el líder británico Winston Churchill llamó a la reconstrucción de la familia europea, para lo que consideró urgente que Francia y Alemania se reconciliasen. Las primeras tareas las desarrollaron el entonces ministro de Exteriores francés Robert Schuman y el líder alemán Konrad Adenauer. El resultado tangible fue el Tratado de Roma, del que ayer se cumplieron 50 años. Al proyecto se unieron también Italia, Holanda, Luxemburgo y Bélgica, que contó con la contribución de Paul Henri Spaak, otra de las personalidades que propiciaron la construcción europea. El Tratado de Roma significó el triunfo de las tesis funcionalistas de Jean Monnet. Ante la imposibilidad de la unión política, se optó por construir la casa europea poco a poco, a través de pequeños acuerdos económicos.
Después vinieron los años grises, donde los nacionalismos volvieron a dominar. Primero con el veto del general Charles de Gaulle en 1963 y 1967 al ingreso que venía solicitando el Reino Unido desde 1961. Después por las exigencias de Margaret Thatcher, al exigir una compensación, el llamado cheque británico, por lo que consideraba una excesiva contribución del Reino Unido.
La UE no volvió a volar alto hasta la llegada de Jacques Delors, que estuvo al frente de la Comisión Europea durante una década (1985-1995). Pero también en esta época de avance fue determinante el liderazgo de fuertes personalidades, especialmente el canciller alemán Helmut Kohl, el presidente francés François Mitterrand y el presidente del Gobierno español Felipe González.
El impulso de esta década permitió crear el euro, ampliar el espacio Schengen y consolidar el mercado interior. Pero en 2003, la falta de espíritu común volvió a imponerse y Europa volvió a dividirse ante la guerra de Irak. El Reino Unido de Blair, la Italia de Silvio de Berlusconi, la España de José María Aznar y el Portugal de José Manuel Durão Barroso apoyaron la guerra de EE UU contra Irak, cuyos resultados desastrosos son bien conocidos y provocaron una profunda división de Europa. La crisis se agudizó dos años después por el rechazo de Francia y Holanda al Tratado Constitucional en 2005. Desde entonces, la UE ha funcionado por inercia pero sin proyecto.
Merkel ha asumido el reto de reemprender la construcción de la casa. La Declaración de Berlín aprobada ayer es sólo un pequeño paso. También parece seguir el método funcionalista. Pero la fijación de un horizonte en 2009 para cerrar la crisis institucional es una clara ambición que ya de por sí supone una dosis de liderazgo.

 

Los Veintisiete se comprometen a sacar a la UE de la parálisis política antes de dos años

Alemania quiere una nueva Constitución para las elecciones europeas de junio de 2009   
La Declaración de Berlín no habla de reforma de la Constitución ni del Tratado, sino de dotar a la Unión Europea de "unas bases comunes renovadas", pero, a pesar de ello, todo el mundo sabe de lo que se está hablando. El presidente del Parlamento Europeo, Hans-Gert Pöttering, utilizó un lenguaje más claro: "Nosotros queremos que la sustancia del Tratado Constitucional, incluyendo nuestros valores comunes, esté en vigor antes de las elecciones europeas de junio de 2009". "Queremos más democracia a todos los niveles políticos", añadió Pöttering. El presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durão Barroso manifestó por su parte que "el momento actual es el mejor para salir del atasco constitucional".
Romano Prodi advirtió de la necesidad "de alcanzar un acuerdo antes de las elecciones europeas de 2009, de lo contrario Europa sufriría una importante pérdida de credibilidad". España e Italia se perfilaron ayer como el eje que más respalda la iniciativa puesta en marcha por Angela Merkel.
Durante el almuerzo, los presidentes de Polonia, Lech Kaczynski (que calificó de "poco realista" el proyecto), y de la República Checa, Václav Klaus, expresaron sus dudas y reticencias con la estrategia alemana, pero fueron acallados por las intervenciones de otros líderes. Poco a poco, Merkel va ganando peso y consenso, y va calando la idea de que los países que más arrastran los pies corren el riesgo de quedarse descolgados del proyecto.
En la posterior conferencia de prensa, Merkel se mostró poco optimista a la posibilidad de que el nuevo Tratado incluya alguna referencia a las supuestas raíces cristianas de Europa. En su intervención, y hablando a título personal, hizo una referencia a la cultura judeocristiana como fundamento de los valores europeos. Merkel aludió, sin mencionarlas, a las manifestaciones del papa Benedicto XVI, quien lamentó el sábado la pérdida de valores espirituales. La canciller reconoció el proceso de secularización que ha experimentado Europa, pero afirmó el derecho a hablar de estos asuntos, y se mostró convencida de que no era una cuestión cerrada y que se seguiría hablando de ello.
La estrategia anunciada ayer por la presidenta de la Unión es celebrar una Conferencia Intergubernamental durante la presidencia portuguesa del segundo semestre de este año o durante la presidencia eslovena en el primer semestre de 2008. De este modo, Alemania asume en cierta medida una discreta tutoría durante las dos próximas presidencias, lo que al mismo tiempo implica un mayor compromiso con todo el proyecto. La presidencia francesa es la que sigue, a partir de la segunda mitad de 2008.
En su intervención ante los dirigentes europeos, Merkel manifestó que "lo que había comenzado hacía 50 años debía continuar. Nada de todo esto se hace por sí sólo". Y recordó que "crear un clima de confianza precisa varios años y que una sola noche es suficiente para perderlo".
La ceremonia terminó con la interpretación del Himno de la Alegría de Beethoven. En la calle unas 500 personas se manifestaron contra la Europa del libre mercado salvaje, cuando los organizadores esperaban una concentración de unas 5.000 y la policía había tomado medidas por si la asistencia llegaba a las 10.000 personas.
La canciller ha puesto el acelerador y la presión a los Estados más reticentes ante las graves repercusiones que tendría un nuevo fracaso. Merkel advirtió de las consecuencias de un nuevo fracaso ante un nuevo Tratado Constitucional. En su opinión, "en caso de fracaso la situación sería verdaderamente muy grave", manifestó. Reiteró que se trataba del desafío más importante para Europa.

La UE cumple 50 años: Texto de la Declaración de Berlín

Durante siglos Europa ha sido una idea, una esperanza de paz y entendimiento. Esta esperanza se ha hecho realidad. La unificación europea nos ha procurado paz y bienestar, ha cimentado nuestra comunidad y superado nuestras contradicciones.
Cada miembro ha contribuido a unificar Europa y a fortalecer la democracia y el Estado de derecho. Gracias al ansia de libertad de las gentes de Europa Central y Oriental, hoy se ha superado definitivamente la división artificial de Europa.
Con la unificación europea hemos demostrado haber aprendido la lección de las confrontaciones sangrientas y de una historia llena de sufrimiento. Hoy vivimos juntos, de una manera que nunca fue posible en el pasado.
Los ciudadanos y ciudadanas de la UE, para fortuna nuestra, estamos unidos.
I. En la Unión Europea estamos haciendo realidad nuestros ideales comunes; para nosotros el ser humano es el centro de todas las cosas. Su dignidad es sagrada. Sus derechos son inalienables. Mujeres y hombres tienen los mismos derechos. Nos esforzamos para alcanzar la paz y la libertad, la democracia y el Estado de derecho, el respeto mutuo y la responsabilidad recíproca, el bienestar y la seguridad, la tolerancia y la participación, la justicia y la solidaridad. En la UE vivimos y actuamos juntos de manera singular, y esto se manifiesta en la convivencia democrática entre los Estados miembros y las instituciones europeas. La UE se funda en la igualdad de derechos y la convivencia solidaria. Así hacemos posible un equilibrio justo entre los intereses de distintos Estados miembros. En la UE preservamos la identidad de los Estados miembros y la diversidad de sus tradiciones. Valoramos como una riqueza nuestras fronteras abiertas y la viva diversidad de nuestras lenguas, culturas y regiones. Hay muchas metas que no podemos alcanzar solos, pero sí juntos. Las tareas se reparten entre la UE, los Estados miembros, sus regiones y sus municipios.
II. Nos enfrentamos a grandes desafíos que no se detienen en las fronteras nacionales. La UE es nuestra respuesta a ellos. Sólo unidos podemos preservar en el futuro nuestro ideal europeo de sociedad, en beneficio de todos los ciudadanos y las ciudadanas de la UE. Este modelo europeo aúna el éxito económico y la responsabilidad social. El mercado común y el euro nos hacen fuertes. Con ellos podemos amoldar a nuestros valores la creciente interdependencia mundial y la cada vez más intensa competencia que reina en los mercados internacionales. La riqueza de Europa se basa en el conocimiento y las capacidades de sus gentes; ésta es la clave del crecimiento, el empleo y la cohesión social. Vamos a luchar juntos contra el terrorismo, la delincuencia organizada y la inmigración ilegal. Y lo haremos defendiendo las libertades y los derechos ciudadanos incluso en el combate contra sus enemigos. Nunca más debe dejarse una puerta abierta al racismo y a la xenofobia. Defendemos que los conflictos del mundo se resuelvan de forma pacífica y que los seres humanos no sean víctimas de la guerra, el terrorismo y la violencia. La UE quiere promover en el mundo la libertad y el desarrollo. Queremos hacer retroceder la pobreza, el hambre y las enfermedades. Para ello vamos a seguir ejerciendo nuestro liderazgo. Queremos llevar juntos la iniciativa en política energética y protección del clima, aportando nuestra contribución para contrarrestar la amenaza mundial del cambio climático.
III. La UE se nutrirá también en el futuro de su apertura y de la voluntad de sus Estados miembros de consolidar, juntos y acompasadamente, el desarrollo interno de la UE. Ésta seguirá promoviendo también la democracia, la estabilidad y el bienestar allende sus fronteras. Con la unificación europea se ha hecho realidad un sueño de generaciones anteriores. Nuestra historia nos reclama que preservemos esta ventura para las generaciones venideras. Para ello debemos seguir adaptando la estructura política de Europa a la evolución de los tiempos. Henos aquí, por tanto, cincuenta años después de la firma de los Tratados de Roma, unidos en el empeño de dotar a la UE de fundamentos comunes renovados de aquí a las elecciones al Parlamento Europeo de 2009.
Porque sabemos que Europa es nuestro futuro común.

Varsovia y Praga han estado en todas las broncas desde su ingreso en la U E, en 2004

Muy interesante artículo de Lluís Bassets:
Eurocinismo
 Cuando los seis países fundadores firmaron el Tratado de Roma, Londres ya estaba allí. Varsovia y Praga, en cambio, se hallaban a oscuras, bajo la dictadura soviética. El Reino Unido nunca ha estado ausente de Europa, aunque no participara en ninguno de los tratados fundacionales. Participó en la inspiración, no quiso estar en la fundación y se apuntó a la repesca para no quedarse descolgado y con la esperanza de enderezar el rumbo a su gusto.
A Polonia y Chequia, en cambio, les ha ocurrido como a España: su ausencia de Europa tiene profundidad histórica y corresponde a tendencias muy enraizadas en ambas naciones. Pero a diferencia de España, que ha sabido enterrar, o como mínimo inhibir, sus viejos reflejos antieuropeos y nacionalistas, estos dos países centroeuropeos no pueden todavía sacarse de la cabeza los años de ocupaciones sucesivas, desde 1938 (tras el Pacto de Múnich) en el caso de los checos y desde 1940 (tras el pacto germano-soviético) en el de los polacos. Para ellos, la alianza con Estados Unidos es mucho más importante que cualquier proyecto europeísta.
Desde su ingreso en la UE en 2004, Varsovia y Praga han estado en todas las broncas que han minado el proyecto europeo. Fueron destacados miembros de la Nueva Europa de Donald Rumsfeld, el secretario de Estado norteamericano que arrastró a unos a la guerra de Irak y lanzó a los otros al infierno de la irrelevancia histórica. Se encuentran, sobre todo los polacos, entre quienes más sospechas levantan respecto a su colaboración con los secuestros, transportes e interrogatorios en cárceles secretas a cargo de la CIA en su guerra global contra el terror. Ahora están negociando con Washington la instalación de un escudo antimisiles, puenteando a todos los socios europeos, tanto en la OTAN como en la UE. Y descontando, claro está, su posición hostil a la Constitución y su preferencia por mantener las decisiones por unanimidad, que es como decir bloquear para siempre y para todo el futuro de Europa. Veremos hoy si la habilidad negociadora de la canciller alemana, Angela Merkel, basta para doblar sus inflexibles ideas eurófobas y prestan su apoyo a la Declaración de Berlín, que celebra los 50 años del Tratado de Roma.
Londres ha sabido sacar buen partido de las sucesivas ampliaciones de la UE. El núcleo duro continental exigía profundizar en la unión antes de cualquier ampliación, pero los británicos querían lo contrario: ampliar para evitar que se profundizara. Y al final lo han conseguido, sobre todo con la entrada en tropel de los 10 últimos, incluyendo naturalmente a estos dos socios díscolos, sin que previamente las instituciones hayan sido reformadas adecuadamente.
Para ser más concretos, la arquitectura institucional de esta UE de 27 miembros apenas difiere de la que diseñaron los padres fundadores para el Tratado de Roma hace 50 años. Londres no quiso estar en Roma porque le bastaba una zona de libre cambio y rechazaba la idea de una unión política. Entró en la Comunidad Económica Europea con el objetivo de adaptarla a sus propósitos o como mínimo mantenerlos vivos. La ampliación, y sobre todo el ingreso de países como Polonia y Chequia, ha servido a sus propósitos de dilución del europeísmo federalista. Es la misma concepción que guía su apoyo a la candidatura de Turquía.
Todos los Gobiernos británicos, laboristas o conservadores, han tenido siempre una idea de Europa distinta a la de los franceses y alemanes, pero seria y útil. El problema con Polonia y Chequia es saber qué proyecto de Europa tienen sus Gobiernos en la cabeza, más allá de sacar el máximo provecho de sus fondos estructurales y de las ventajas del mercado único, y cuál es la contribución que quieren hacer, también en ideas, a la tarea común europea. Europa significa abandonar toda ensoñación de una vía particular o especial de cada uno de los países hacia su plena realización nacional a favor de un destino común de solidaridad, cooperación y soberanía compartida.
Alemania, el país históricamente más tentado por el camino especial (el llamado Sonderweg), al que sucumbió trágicamente con Hitler -por ello también el más escarmentado-, ha encontrado su unificación en libertad dentro del proyecto europeo. Entre los nuevos socios, en cambio, hay muchos ensimismados todavía en un Sonderweg nacionalista y eurocínico, que ve a Europa sólo como una despensa de la que echar mano y un refugio donde resguardarse de sus fantasmas históricos, incluido el oso ruso todavía vivo.

 

Alegato para políticos

Artículo de Soledad Gallego-Díaz: Europa cumple 50 años
Alegato para políticos
Es imposible reflexionar sobre el futuro de España sin saber cómo va a evolucionar la Unión Europea en los próximos años. Igual que no se puede comprender nuestro pasado más reciente sin asociarlo al camino recorrido por la construcción europea en los últimos 20 años (¿qué nos habría pasado sin los fondos estructurales y de cohesión, sin el Acta Única o sin el euro?), no se puede plantear cómo nos irá dentro de otros 20 años sin saber qué senda toma la nueva UE.
Con la red europea podemos discutir sin temor de nacionalismos, de izquierda o de derecha, del papel del Estado o de nuestra incorporación al proceso de globalización. Sin ella, sin ese encuadre, esos debates, en España quizás más que en otros países de la Unión, estarían teñidos de una peligrosa inestabilidad y desequilibrio. España es un país mucho más consistente de lo que era gracias a su incorporación a la UE y lo será todavía más si el proceso de construcción europea, ahora casi congelado, consigue arrancar de nuevo, sin olvidar que se trata de un proyecto político y no técnico.
Es precisamente por eso por lo que resulta tan sorprendente comprobar la progresiva falta de interés que exhiben los ciudadanos de este país y, sobre todo, la falta de impulso y de implicación que demuestran sus políticos. Es desconcertante: ¡Es Europa, estúpidos!, podría gritarles cualquier político de hace 20 años, de derecha o de izquierda, con toda razón. Es Europa, el éxito de la UE a 27, la existencia de una Unión que siga construyendo, lo que realmente nos importa a los españoles, lo que garantizará nuestro futuro y nuestros intereses, por encima de cualquier otra opción.
Si Europa va mal, si la Unión Europea no es capaz de desenvolverse con su propia personalidad y con su propio proyecto ante los nuevos retos, si Europa, simplemente, se queda como está, los españoles saldremos perdiendo, quizás incluso un poco más que los otros europeos porque somos un país de tamaño intermedio que no puede imponer criterios pero tampoco someterse tranquilamente a los de otros.
En los años sesenta, la entente franco-alemana fue la demostración palpable del éxito de la Comunidad Europea. Varios siglos de luchas y, sobre todo, dos guerras terribles fueron superadas a una increíble velocidad, gracias al empeño de un grupo de políticos que tenían, por encima de todo, una voluntad férrea de asegurar el futuro pacífico de sus hijos y nietos. En los años ochenta, fueron España (e Irlanda) quienes tomaron el relevo para convertirse en la demostración palpable de que esos mismos mecanismos europeos eran lo suficientemente solidarios y eficaces como para llevar en volandas a dos países con graves problemas de desarrollo a la parrilla de salida de los fórmula uno. Europa estaba tan orgullosa de su éxito y los nuevos miembros tan satisfechos de su empuje que fue posible dar nuevos pasos: Maastricht y la creación de una moneda única. Ahora, en la primera década de los 2000, han tomado el relevo países como Polonia, Chequia o Eslovaquia. Parten de circunstancias muy diferentes porque son, como afirma Lluís Bassets, auténticos eurocínicos. Pero de su éxito depende de nuevo todo el tinglado. Si prosperan, si Polonia, Chequia o Bulgaria llegan como llegaron España o Irlanda a la parrilla de salida, la Unión será casi indestructible.
Las fórmulas del éxito habrán sido todo lo extrañas que se quiera, pero ese raro proceso, en permanente tensión, habrá sido el camino más extraordinario de la historia de la humanidad para garantizar el bienestar y el desarrollo pacífico y solidario de 495 millones de habitantes, 495 millones de individuos divididos en multitud de lenguas, razas, creencias, culturas y costumbres. Incluidos varios millones de inmigrantes. Ese proceso de pequeños pasos y empujones habrá definido un way of life propio, una manera de vivir "a la europea" basada en el "heroísmo de la razón" y en la fuerza transformadora del derecho, como querían sus fundadores.
Si la Europa de los 27 continua unida será porque se terminan imponiendo férreos criterios políticos por encima de las opiniones de los expertos. Igual que proponía Jean Monnet en los años cuarenta. "Dejemos de lado a los técnicos, que complican más las cosas y se resisten a los cambios". Acudamos a los políticos. Ahora quizás habría que pedirles, como reclama el eurodiputado Íñigo Méndez de Vigo, que promuevan un Alegato por Europa, "la única respuesta posible frente a lo que va a ocurrir en el siglo XXI".

 

Una Europa mundo

Interesante artículo de Álvaro Vasconcelos sobre la Unión Europea:

La Comunidad Europea hizo impensables las guerras fratricidas europeas, y gracias a su progresiva expansión extendió el espacio democrático casi hasta la propia dimensión del continente: el gran objetivo de la Unión, hoy, debe ser el de la Europa mundo. Para cumplirlo, tiene que vencer una nueva xenofobia: la del nacionalismo identitario.
Muchos europeos se preguntan cuál es hoy -cuál debe ser- el nuevo gran designio de la construcción europea. Para sus fundadores, con la memoria viva de las terribles guerras fratricidas, la paz perpetua entre los Estados europeos era la razón de ser primordial de la Comunidad. El nacionalismo, el gran enemigo de las sociedades abiertas, quedó deslegitimado por las decenas de millones de muertos en las dos guerras mundiales, en tanto que europeas, en el horror de la barbarie del nacionalismo extremista y del holocausto. Los que vinieron después, casi intuitivamente y a veces sin gran entusiasmo, hicieron de la democratización del continente, por los caminos de la inclusión y del ensanchamiento, un proyecto sin paralelo en la historia.
Ambas vías demostraron tener éxito en sus objetivos, más allá de cualquier quimera visionaria. La guerra entre los enemigos de ayer se volvió impensable. Hoy, la Unión está a punto de coincidir con el continente europeo y se celebran elecciones libres desde Portugal hasta las fronteras de Rusia. Más de 600 millones de europeos viven en democracia.
Cuando la Unión cumple cincuenta años y los mercados experimentan un proceso de mundia-lización, es bueno recordar que el doux commerce nunca fue una finalidad, ni mucho menos una ideología, sino un mero instrumento. Para la Unión Europea, más que para cualquier Estado, lo interior coincide con lo exterior. Su poder de atracción se deriva principalmente de haber construido para los europeos un espacio supranacional de unidad en la diversidad. Es ese modelo europeo de asociación de Estados, una construcción asentada en los valores fundamentales y en la solidaridad, lo que el mundo admira.
La nueva etapa de la construcción europea pasa precisamente por la necesidad de profundizar en la diversidad, haciendo de todos los que aquí viven ciudadanos de pleno derecho, independientemente de sus creencias religiosas, culturas o tradiciones. Sólo siendo mundo podrá la Unión seguir siendo Europa. La Constitución fue un paso importante para mantener desterradas las definiciones culturales y religiosas de la identidad europea, que algunos, en vista del impasse actual, intentan imponer de nuevo. Acoger a Turquía cuando allí se consolide la democracia es un test decisivo que significará una auténtica prueba, ante los ojos de los países de mayoría musulmana, de que la Unión no es un club de civilizaciones sino que es de facto mundo. Para concretar tal designio, con todo, hay que vencer el nacionalismo identitario que corrompe las democracias europeas.
Hoy, el nacionalismo identitario y la intolerancia asumen formas insidiosas. Atributos ayer de la extrema derecha tradicional, están corrompiendo hoy a algunos partidos democráticos.
Europa ha vivido, en los últimos años, una fase de acentuada transformación: las grandes ciudades se han vuelto mucho más cosmopolitas, y el Islam es una gran religión europea, que tiene en la Unión muchos millones de practicantes. Esa fuerte diversidad supone una enorme riqueza, que contribuye a que se produzca una identificación con la Unión en muchos lugares del mundo. Frente a este cambio inexorable, ha surgido la oposición de algunos sectores de la sociedad europea, principalmente en momentos de crisis social, políticamente explotados por corrientes populistas. Los inmigrantes se ven señalados como una amenaza para la identidad nacional y el rechazo hacia el otro se trivializa.
El culturalismo, al identificar la democracia con una determinada religión y una cultura, en la que procura situar razonadamente su origen, y al negar su compatibilidad con otras, principalmente el Islam, se erige como paradigma para explicar divergencias y conflictos; y precisamente quienes niegan su fundamento a la tesis tan en boga del "choque de civilizaciones", ven en ello la explicación plausible de la fractura social que se manifiesta en tantas ciudades europeas.
En la era de la globalización, al combate contra la "nueva" xenofobia no puede dejar de dársele la más alta prioridad. En primer lugar, hay que dejar definitivamente de ver en la inmigración un problema -¡y mucho menos un riesgo para la seguridad!-, y hacer de los inmigrantes ciudadanos, y de sus descendientes, actores plenos de la construcción de la acción internacional de la Unión. Hay que aplicar el concepto de hospitalidad tal y como lo definió Jacques Derrida, que considera que cada persona forma parte de la misma casa humana y debe ser respetada como tal, y reconoce después al Otro, no como diferente, sino como intrínsecamente igual.
A sus cincuenta años, contemplando su propio futuro, la Unión no tiene apenas que reafirmar los valores fundamentales que la cimientan, sino darles sobre todo una traducción práctica con la aprobación de una carta europea contra la xenofobia y el racismo, capaz de sancionar a los prevaricadores. Además, la Unión tiene que promover en su actuación internacional exactamente los mismos valores que defiende y aplica en su ordenamiento interno. Es la propuesta de una actuación internacional regida por los valores y no por una política de gran potencia lo que hace de la Unión un "bien público internacional", en feliz expresión de Celso Lafer. Pero para eso la Unión tiene que intervenir decisivamente en los grandes problemas mundiales -desde la guerra y la opresión hasta la pobreza o el cambio climático-. Tiene que ser una activa promotora de un civismo planetario, de esa propuesta de "sociedad mundo" de la que habla Edgar Morin.
Esta orientación debe materializarse antes que nada en su relación con sus vecinos, los del Mediterráneo y los del Este, a quienes la Unión debe extender la lógica de inclusión, poniendo el énfasis, como hizo en fases anteriores, en los objetivos de la democracia y de la cohesión social, empleando el libre mercado como un instrumento y nunca como un fin. Debe significar, también, una intervención decisiva para acabar con el genocidio de Darfur, para derrotar allí la manifestación más extrema del nacionalismo identitario que, después de las tragedias de Bosnia y de Ruanda, la comunidad internacional afirmó que "nunca más" volvería a tolerar.
En definitiva, mirando hacia el futuro, y en estos tiempos de conmemoración, la Unión debe hacer de la Europa mundo su nuevo gran proyecto, que tiene en el combate contra la intolerancia y contra el racismo, en la adhesión de Turquía y en la inclusión de los países vecinos sus próximas grandes etapas.

 

Nosotros, los europeos

Así comenzaba el documento preparado por la presidencia del Consejo de la UE, pero algunos países como Chequia, Polonia y hasta Holanda se opusieron porque "sonaban demasiado constitucional y federal". ¡Qué pena de nacionalismos obsoletos y de estados de opereta! Me gusta este Editorial de El País. Nesemu
"Ni Jean Monnet, ni ninguno de los padres fundadores de Europa podían llegar a soñar con lo que hoy tenemos. Al firmar hace 50 años el Tratado de Roma, los seis países comprometidos en la creación de aquel mercado común pensaban sólo, y ya era entonces mucho, en crear un espacio comercial y económico. A la vista de lo alcanzado, hemos llegado mucho más lejos de lo que marcaban entonces sus ambiciones.
El proceso ha sido muy difícil, sembrado de conflictos y de compromisos entre posiciones encontradas. La Unión Europea se ha hecho de crisis en crisis, hasta la misma parálisis actual, surgida del descarrilamiento de la Constitución en los referendos francés y holandés. Pero hoy podemos decir con orgullo "Nosotros, los europeos", con sentido de pertenencia e identificación y preservando a la vez nuestra rica diversidad. Es un recorrido que ha supuesto que el Viejo Continente, por primera vez en su larga historia, se unificara en paz, compartiendo soberanía, y no por la imposición de las armas.
Son de lamentar las diferencias sobre el camino a seguir a partir de ahora, hasta el punto de que la declaración que hoy saldrá de la cumbre en Berlín no será suscrita por los 27 socios, sino por las presidencias de las tres instituciones (Consejo, Comisión y Parlamento) ante la oposición de checos y polacos. Saldrá además descafeinada y sin las palabras solemnes propuestas por la presidencia alemana de turno, "Nosotros, los pueblos europeos", porque sonaban demasiado constitucional y federal. Lamentablemente, a la declaración de Berlín le faltará el mismo calor y entusiasmo que nos falta ahora mismo a los europeos. Se recogerán trayectorias y valores comunes, pero se obviará la palabra "Constitución", pues incomoda a británicos, polacos y holandeses, y porque se está imponiendo la idea de que el Tratado Constitucional no podrá ser rescatado como tal, por lo que hay que salvar de él todo lo que se pueda.
Todos sin excepción se han beneficiado de esta aventura común que ha creado la mayor área de prosperidad y democracia del mundo, sin que ninguno de sus socios perdiera por ello su identidad en la integración, sino, por el contrario, añadiendo una nueva y más rica dimensión. Éste ha sido desde luego el caso de España, que además ha sabido impulsar y utilizar la política de solidaridad interna. La UE es una construcción incompleta, pero práctica y eficaz, en el derecho y en las "solidaridades de hecho". Atrás quedan las veleidades coloniales o belicistas. Europa es hoy un modelo de sociedad, de valores y de integración. No un polo de fuerza que dé miedo a nadie, sino de paz, prosperidad y estabilidad, presente en operaciones de paz en los Balcanes, en Palestina y en Congo, o bajo otras banderas en Afganistán y Líbano, algo imposible hace tan sólo 10 años.
Uno de los mayores éxitos de la UE ha sido el proceso de ampliación, acompañado siempre de más integración. Menos esta vez, tras el ingreso de 12 nuevos miembros, 10 de los cuales habían quedado atrapados durante más de 40 años al otro lado del telón de acero. Algunos de ellos han llegado cargados de euroescepticismo y deseos de preservar una caduca soberanía recién recuperada. Cambiarán y necesitarán ayuda para hacerlo. O de otro modo quedarán descolgados de los que querrán avanzar más en un Europa de varias velocidades.
Haciendo de la necesidad virtud, puede que incluso esta pausa obligada en la integración sirva para recuperar las raíces. Los más jóvenes que han nacido ya europeos pueden considerar la UE como algo natural, y ya dado. No ha sido así. Es una maravillosa invención política, que vale la pena seguir construyendo.

Del sentimiento de orfandad a la insolencia

"Somos una sociedad muy insolente", declaraba el profesor Salvador Giner, al recibir el Premio Nacional de Sociología y Ciencia Política 2006. Abrumado por el cambio que España experimentó durante el casi cuarto de siglo que pasó estudiando en Alemania y en Estados Unidos, y enseñando en Gran Bretaña durante más de 23 años, se vio animado a escribir un manual de civismo con la profesora Victoria Camps. Pero se siente confuso y casi desorientado ante el panorama de nuestra sociedad cada vez más rica y menos estructurada y sensata: La transformación de España de un país semi rural a urbanizado en tan poco tiempo. Lo que en el norte de Europa se tardó 120 años, aquí se hizo en 30, dice. Todo el mundo habla de la transición política, pero la cultural ha sido la más extraordinaria. España era un país que quemaba iglesias y los católicos mataban masones. Pues 40 años después, las iglesias están vacías. Se ha sustituido quemar las iglesias por la indiferencia a ellas. Un salto brutal. En cambio, el salto étnico-cultural ha sido pequeño: el catalanismo, el andalucismo... se han reafirmado. Las identidades colectivas hispánicas se han intensificado. Quizá sea fruto de un proceso compensatorio de pérdida de esa personalidad.
Como muchos otros estudiosos no se alarma tanto del auge de los nacionalismos, a veces provincianos o inventados, como de la afirmación de un nacionalismo español cada vez más excluyente e insolidario, como sostiene la derecha más recalcitrante. Se alzan contra los mini nacionalismos vasco o catalán desde la palestra de un nacionalismo castellano leonés, al que denominan español y que, ante la realidad europea y la revolución de las comunicaciones que nos acercan y descubren como inter independientes y cada vez más relacionados, resulta palurdo y anticuado.
Salvador Giner reconoce que a él siempre le ha interesado el “altruismo cívico”, de qué manera los ciudadanos se organizan para los otros. “Lo que ocurre es que no estamos bien educados. Vienen inmigrantes en masa, hay muchos españoles que han crecido con el televisivo Gran Hermano como referente, que no saben qué son, aparte de mileuristas. [la media de españoles que ganan en torno a mil euros al mes] Reconoce que hay una descomposición social gravísima que no tienen referentes. De ahí, esa sensación de orfandad y de desarraigo que padecen muchos jóvenes españoles y la generación de sus padres, que no la de sus abuelos. “Se da en las sociedades occidentales un alto grado de falta de orientación, a lo que nos ha llevado el capitalismo competitivo, una máquina de crear frustrados”. El llamado “pensamiento único” sostenido por los teocons, más que por los neocons que se tienen por liberales. “Y si no tienes una religión, cualquiera, te vuelves agresivo. A esta gente la frustras y mañana muerden”, dice el profesor Giner.
A la pregunta de la periodista C. Geli sobre la pérdida de la solidaridad y de ciertas convenciones sociales, responde que muchos padres actúan como si la escuela fuera un lugar para aparcar el niño y que allí ya le enseñarán lo que no les enseñan los padres. “Se le pide mucho a la escuela y nosotros no le damos lo que necesita. Si queremos una sociedad moderna necesitamos capital social y capital humano. Y eso se consigue con grandes escuelas. Además, antes había un respeto por el que sabía más que tú que se ha perdido. Somos una sociedad muy insolente”, afirma convencido y decepcionado a la vez. Hemos dado tantas cosas a nuestros niños que ahora les damos hasta insolencia. Insolencia y caos. Hay un problema de anomia o falta de ley. No tenemos creencias: somos indiferentes a la iglesia y al partido comunista, por simplificar así las ideologías. Estamos perdiendo referentes. Se disgregan los valores.
Porque el prestigioso sociólogo teme que estemos ante una sociedad en descomposición moral. “A esta sociedad le falta tensión moral. Y patriotismo”, dice. Giner entiende por patriotismo lo que otros denominamos civismo. Dice que “tanto en España como en Cataluña hay nacionalismo, pero no patriotismo. El que quiere a su país no destroza su paisaje o tira papeles al suelo. Eso es virtud patriótica. La media cívica española está muy por debajo de Holanda e Inglaterra. Eso es mesurable”.
Y ante la pregunta de que si nos podrían sacar de eso la sociedad de la información, responde que no cree en ella. “Es una inflación de información por unos medios tecnológicos que lo facilitan. De eso no puede venir nada bueno”. Reflexión pesimista que quizás se exceda ante una realidad de consumismo irracional, de desarrollismo inhumano que olvida una serie de valores con riesgo de perder sus señas de identidad. Las que hacen que los pueblos se reconozcan y vivan acordes con unas pautas y referentes acordes con los tiempos pero coherentes con una actitud ante la vida, más que con unas conductas determinadas.

José Carlos Gª Fajardo

 

 

Ante la conmemoración del "Tratado de Roma" en Berlín

Decía hace unos días Edgard Faure, el único superviviente de los firmantes del Tratado de Roma, que la firma en Berlín del documento con motivo de 50 aniversario del Tratado de Roma, le parecía "aberrante". No hay que olvidar la historia y el afán hegemónico del "pueblo alemán". Vale la pena leer las interesantes reflexiones de lluís Bassets sobre este tema:  La deconstrucción
Pocas ciudades en el mundo han sido capitales de tantas y tan distintas cosas. Sólo Roma, Estambul y Moscú la superan. Capital de Prusia, ducado y reino; del Reich bismarckiano; luego de la República de Weimar; durante doce años trágicos y criminales del III Reich hitleriano (también metrópolis soñada bajo el nombre de Germania -con diseño urbanístico de Albert Speer- en los delirios del Führer de un imperio que iba a durar mil años); a continuación de la pequeña Alemania comunista; y desde 1990 de la nueva Alemania unida, posnacional y europea. Y ahora, durante estos seis meses decisivos en que coinciden la presidencia de la UE y del G 8 bajo la batuta de Angela Merkel, podemos decir, al fin y sin inquietud alguna, al contrario: Europa, capital Berlín.
De allí saldrá este domingo una solemne declaración que celebra los 50 años de la firma del Tratado de Roma. Es una feliz ironía que sea Berlín el lugar de la celebración, pues a fin de cuentas el Mercado Común se puede entender como respuesta a todo lo que Berlín significó durante sus 56 años de capitalidad totalitaria (13 de un signo y 44 de otro): al nacionalismo, las libertades pisoteadas y la división de Europa. Había fracasado poco antes el intento prematuro de la Comunidad Europea de Defensa, ideada desde Francia pero rechazada también desde la misma Francia. Ya estaba en muchas bocas la idea de una Europa posnacional, que superara los Estados-nación, pero faltaron energías, como faltan ahora, para dar el salto histórico.
Los padres fundadores de Europa supieron cortar aquel nudo gordiano con un sistema de negociación y de compromisos permanentes, que conducía a compartir la soberanía de forma lenta y gradual en dos campos: la unión económica a la que se llamó Mercado Común, con la creación de una tarifa exterior común; y la política agrícola, más conocida como Europa verde, con la libre circulación de productos agrarios mediante subvenciones para sostener los precios. La primera ha culminado en el euro y es la parte más exitosa de la UE; la segunda, en cambio, constituye todavía uno de los mayores lastres para el presupuesto europeo, en detrimento de otras políticas, a la vez que dificulta la liberalización agraria y la apertura de mercados. De una se benefició sobre todo Alemania y de otra la que más Francia. La base de aquel proyecto modesto en método y ambicioso en objetivos fue la corta y fructífera experiencia de la Europa del carbón y del acero, que había puesto en común las materias primas de todas las guerras entre Francia y Alemania, y se extendió entonces al átomo.
Medio siglo después, una Europa irreconocible por el éxito obtenido tiene ante sí un nuevo nudo gordiano más enmarañado y difícil. El mercado que hay que inventar y compartir para evitar males mayores, como el carbón y el acero de entonces, es el de la energía, que nos hace dependientes de los países productores de gas y de petróleo. Como sucedió con la defensa europea en 1954, hay una Constitución descarrilada por las consultas negativas en Francia y en Holanda que pide una reacción enérgica. Pero el voto por unanimidad, exigido para gran número de políticas -energía y política exterior y de defensa, entre otras- se ha convertido en una traba insuperable, de forma que si Alemania no consigue romperla en su presidencia, vendrá la deconstrucción.
Dos políticas, la energética y la de defensa, paralizadas ambas por el derecho de veto de todos y cada uno de los 27 socios, ejemplifican la acción centrífuga. Nuestros buenos vecinos ya nos preparan una OPEP del gas, mientras los europeos nos obstinamos en navegar en el vacío, con modelos empresariales para todos los gustos, desde la propiedad estatal hasta la liberalización, desde la integración vertical de producción y distribución hasta la segregación. Washington negocia directamente con Polonia y Chequia la instalación de un escudo antimisiles pensado para Irán -pero quién sabe si también útil frente a Moscú- y rehuye el mero debate ya no en la UE, sino incluso en una Alianza Atlántica que es útil para combatir a los talibanes en Afganistán pero prescindible cuando se trata de defender el territorio europeo.
¿Celebrará alguien dentro de 50 años el centenario del Tratado de Roma? ¿Habrá algo que celebrar? ¿Premoniciones? El rampante populismo eurofóbico de Polonia, las centrales nucleares que proliferarán en la orilla sur del Mediterráneo o la competencia china al Airbus que ahora se anuncia. Y nuestra pasividad y torpeza ante todo ello. Sin un fuerte golpe de timón, en 2057 alguien celebrará, quién sabe si en Moscú o en Estambul, el centenario de una Europa en extinción o ya extinguida.

Esto es grave: peligran las Instituciones con el secuestro del órgano de Gobierno de los jueces

"El Constituyente de 1978 no imaginó que su sabia previsión de exigir una amplia mayoría de tres quintos de diputados y senadores para elegir a los miembros del Consejo General del Poder Judicial y de otras altas instituciones del Estado pudiera ser utilizada de forma ventajista por los partidos para afianzar su dominio sobre dichas instituciones. El Partido Popular está dando una lección magistral, al tiempo que burda y descarada, de ese ventajismo, exigiendo una cuota de nueve vocales afines sobre los 20 que integran el Consejo, a cambio de aportar los votos que son imprescindibles para renovar el órgano de gobierno de los jueces, en funciones desde hace cinco meses.
La pretensión del PP sería atendible si correspondiera a su actual peso parlamentario, cosa que no ocurre. Pero más grave es que su finalidad sea disponer de una minoría de bloqueo que impida al nuevo CGPJ actuar con normalidad. Y ello sucedería si un grupo de vocales afines a una sola formación política tuviera en sus manos la capacidad de impedir o condicionar unilateralmente la formación de las mayorías necesarias para tomar decisiones. Tras la última reforma de la Ley Orgánica del Poder Judicial, auspiciada por los socialistas, esa mayoría se elevó a los tres quintos de los vocales del Consejo -12 de ellos y, en todo caso, el presidente- para las cuestiones más trascendentales, en especial los nombramientos de los altos cargos judiciales.
El objetivo de esta reforma fue muy concreto: romper la división en dos bloques agudizada hasta el sectarismo del actual Consejo, elegido en noviembre de 2001 conforme a la mayoría absoluta del PP, y forzar el consenso entre mayorías y minorías, al menos en los asuntos judiciales más importantes. Pero mal se conseguiría ese objetivo si un grupo de vocales afines a un partido político pudiera por sí mismo y de manera sistemática bloquear o condicionar la toma de decisiones mayoritarias. Es posible que los vocales del PP tengan dificultades para entenderse o llegar a acuerdos con vocales afines a otras fuerzas políticas. Es el caso, según señala el PP, de las formaciones nacionalistas. Pero este partido debería reflexionar sobre los motivos de esa dificultad y no pretender obviarla mediante la creación de grupos compactos y cerrados de magistrados y juristas afines en el seno de las instituciones.
Aunque el verdadero objetivo del PP quizás sea, en lo referente al actual Consejo, llegar a las próximas elecciones generales y tentar la suerte de las urnas para, si le son propicias, poner en pie uno nuevo a su medida. Su rédito político sería inmenso, tanto como el destrozo institucional." (Sensato Editorial de El País)

 

Nueve días para pensar las palabras

Arranca en Medellín el encuentro de las academias previo al Congreso de la Lengua en Cartagena
Los autores están volando para asistir a partir de hoy al XIII Congreso de la Asociación de Academias, en Medellín; y la próxima semana, en Cartagena de Indias, al IV Congreso Internacional de la Lengua. Esta semana se presentará la esperada Gramática de la lengua española. Cartagena abrirá el lunes el congreso bajo el espíritu de la unidad en la diversidad.
Medellín y Caratagena serán los dos escenarios que durante nueve días tendrán al idioma hablado por más de 400 millones de personas como protagonista. 
Lengua, español, palabra, idioma, castellano, habla, voz, mestizaje, unidad, diversidad, hispanohablantes, América, España, vocablo... Y un sinfín de términos afines y vecinales protagonizarán estas dos citas en las ciudades colombianas. Allí han empezado a llegar los cerca de 1.200 invitados entre académicos, filólogos, escritores, profesores, lingüistas, periodistas, políticos y creadores en general de una treintena de países.
Medellín dará tres buenas noticias para cohesionar y ampliar aún más este idioma que ya es el cuarto más hablado del mundo: la nueva Gramática de la lengua española, el Diccionario esencial de la lengua española y los mecanismos para la certificación para los estudiantes del español en el mundo por parte del Instituto Cervantes.
El primer trabajo es uno de los más esperados debido a que desde 1931 no se realizaba una gramática oficial por parte de la RAE. Ésta es el resultado de 10 años de trabajo entre las 22 academias. El diccionario también surge de ese consenso, en un volumen que contiene 54.000 términos, el 80% de los cuales corresponde a vocablos del habla corriente y popular, siendo el resto voces propias de las ocho zonas lingüísticas hispanohablantes.
Si Medellín es mesa de trabajo y fijación de una política panhispánica, Cartagena de Indias será un gran foro en torno a un lema: Presente y futuro del español. Unidad en la diversidad. La fiesta del idioma en esta ciudad, declarada Patrimonio Histórico de la Humanidad, se abre el lunes con el homenaje al escritor colombiano Gabriel García Márquez. 2007 es uno de sus años al conmemorar cuatro fechas: 80 de vida, 60 de su primer cuento (La tercera resignación), 40 de Cien años de soledad, su obra más emblemática, y 25 del Nobel de Literatura. Una celebración que se realiza en una de las ciudades donde el novelista de Aracataca ha situado obras como El amor en los tiempos del cólera y Del amor y otros demonios.

LAS CIFRAS DEL ESPAÑOL
- En el mundo hay 400 millones de hispanohablantes.  Nueve de cada diez son latinoamericanos. Se calcula que en 2030 serán 535 millones.- 83.500 palabras, sin prefijos ni derivadas, constituyen el patrimonio del español.- 180.000 extranjeros viajaron a España en 2006 para aprender el idioma.- Las 22 academias de la lengua se encuentran en Europa, América y Filipinas.- El 4,6% de las páginas de Internet está en español.- La Real Academia Española recibe alrededor de 200 consultas diarias.

La salud mental, la epidemia más discapacitante, debe atenderse desde los ambulatorios

La psiquiatría llegará al ambulatorio
Sanidad y comunidades acuerdan una estrategia de salud mental porque un 10% de la población padece trastornosleves que sube al 10% cuando se suman las depresiones leves, la ansiedad, las fobias y otras condiciones que rara vez llegan al especialista. El Ministerio de Sanidad ha logrado que todas las comunidades autónomas pongan en común una estrategia única de salud mental cuyo primer objetivo es preparar a los médicos de atención primaria: ellos son los únicos que pueden gestionar un problema que afecta a más de 4 millones de personas.
Además, el plan incluye una vertiente pedagógica: se precisa también una cierta alfabetización psiquiátrica de la sociedad, empezando por dos de los principales grupos de riesgo: los adolescentes y las familias que cuidan a enfermos neurológicos.
Los trastornos mentales no son cosa de broma. Cuestan en España más de 3.000 millones de euros al año entre fármacos, gastos de hospitalización, pérdida de horas de trabajo, pensiones de invalidez y muertes prematuras, y suponen para Europa una mayor carga que el cáncer y las enfermedades cardiovasculares (las dos primeras causas de muerte en los países desarrollados).

La ministra de Sanidad presentará hoy la Estrategia en salud mental del Sistema Nacional de Salud en una jornada pública en Madrid, junto a una quincena de científicos y gestores sanitarios internacionales. Es el primer resultado de un acuerdo alcanzado en diciembre por todas las comunidades autónomas (en el Consejo Interterritorial, órgano de coordinación entre las administraciones) para "mejorar la atención a los pacientes, reducir el estigma y la marginación a que se ven sometidos e impulsar la prevención, el diagnóstico precoz, el tratamiento, la rehabilitación y reinserción social". Como otras iniciativas similares (estrategias del cáncer, cuidados paliativos) 
"Tanto los médicos no especializados como la sociedad tienen que concienciarse de que los trastornos mentales son muy frecuentes, y de que van en aumento", afirma el director general de la Agencia de Calidad del Sistema Nacional de Salud, Alberto Infante, responsable de la nueva estrategia. "El aumento se debe en parte a que se diagnostican más casos, pero también a que surgen más. La vida era antes más sedentaria, menos competitiva, la gente se sentía más apoyada por el entorno local, más amparada en sus referentes territoriales".
Infante destaca enseguida que 9 de cada 10 trastornos son leves o moderados: "No imposibilitan, y en general responden bien a los tratamientos actuales". El problema es que muchas veces los tratamientos no llegan a los pacientes porque el médico de primaria no lo diagnostica.
Un caso muy común, explica el director general, es el de la mujer que llega a la consulta quejándose de dolores de cabeza, o de su dificultad para conciliar el sueño. Como su médico no está buscando los signos de una depresión, es dudoso que los encuentre, pero eso es lo primero que debería sospechar si supiera que ella lleva 10 años cuidando en casa a un enfermo de Alzheimer, o a un esquizofrénico. Sin tratamiento, la depresión irá a peor y puede cronificarse.
El cuidado de un paciente con esquizofrenia supone de 6 a 9 horas diarias para las personas que los cuidan, generalmente mujeres. El nuevo plan considera esencial que estas familias con enfermos mentales graves a su cargo reciban apoyo psicológico. Para ello, sin embargo, es necesario antes que los médicos generales aprendan a detectarlos, y se acostumbren a considerarlos como una población de riesgo. El Ministerio está editando unas guías muy detalladas para ellos.

LA EPIDEMIA MÁS DISCAPACITANTE
-Una de cada 10 personas sufre un trastorno mental leve. Una de cada 100, uno grave.
-La Estrategia de Salud Mental centra en los médicos de primaria el diagnóstico y tratamiento de estos enfermos.
-El plan hace hincapié en adolescentes y familiares de enfermos.
-Los trastornos mentales son una carga sanitaria mayor que el cáncer y las enfermedades cardiovasculares.

Ante confesión de parte, no hay prueba en contrario.

Cuatro años después, Aznar sigue defendiendo la guerra de Irak. Sostenella e no enmendalla. Parece increíble con la que está cayendo. Si todos los planteamientos del grupo de presión que preside FAES, y del partido del que es presidente honorario y en el que tanta influencia y presión nejerce por medio de sus cómitres, tienen esta solidez y grandeza de miras ....es como para echarse a temblar. Auguro una revuelta desde dentro del partido porque hay muchas personas honestas  que ya no pueden soportar más esta derechización sin límites y esta manera de hacer política con el todo vale. Nesemu                                        El ex presidente del Gobierno ha reiterado su apoyo a esta guerra injusta y criminal "para luchar contra el terrorismo internacional". El ex presidente diferenció además el 11-S del 11-M y aseguró que "el objetivo de los ataques del 11-M fue cambiar al Gobierno". Aznar: "Una alianza de extremistas quiere expulsar al PP del sistema” Por el contrario, el ex jefe del Ejecutivo defendió que los objetivos de los atentados de Nueva York fueron "distintos" y los terroristas "atacaron Estados Unidos para demostrar al mundo su poder".
Aznar hizo estas declaraciones en Sydney (Australia), en una conferencia en la que defendió también el mantenimiento de las tropas extranjeras en Irak. "No debemos escaparnos de Irak. Si escapamos sin haber conseguido la estabilidad es como aceptar que hemos perdido", dijo.
También se refirió a la lucha contra el terrorismo: "Nuestros enemigos no quieren hablar con nosotros ni quieren un compromiso", y recordó las palabras del presidente estadounidense, George W. Bush, según el cual "nuestra seguridad depende de la de los otros y nuestra libertad depende de la libertad en el mundo". "Mi experiencia es que es imposible dialogar con el terrorismo, y que la única forma es luchar y derrotarlo", añadió.

Es técnicamente posible transformar en chips las placas solares para obtener energía solar en proporciones ilimitadas

Marruecos aspira a incorporarse a la lista de países que recurren a la energía nuclear y va a convocar un concurso internacional para instalar una planta en Sidi Boulbra, junto a la costa atlántica. Las razones se encuentran en la creciente dependencia marroquí del petróleo, cuya factura supone un obstáculo añadido para su desarrollo. Pero también hay motivos políticos para la opción nuclear de Rabat. Estos planes marroquíes sobre los usos civiles de la energía nuclear despertaron el interés de Rusia que ha mostrado su disposición a construir la primera central marroquí y cuenta con el apoyo expreso de Putin. Estados Unidos y Francia están preparando sus propias ofertas. Si Rusia obtiene el contrato para construir la planta de Sidi Boulbra, y para ello cuenta a su favor con unos costes más competitivos, Putin seguirá consolidando su presencia en el sector energético mundial, algo que europeos y norteamericanos ven con creciente recelo.
La opción por la energía nuclear no es una decisión fácil en ningún país ni circunstancia, pero Rabat parece decidido a realizarla. El Gobierno marroquí está actuando con cautela debido a la tensión internacional en torno al programa nuclear de Irán, aunque en su caso no se produzcan equívocos al no aspirar al enriquecimiento de uranio. Por otra parte, es consciente de que la instalación de una planta en su territorio puede provocar recelos en España pues la planta estará a pocas millas de Canarias y despertar ambiciones equivalentes en Argelia y otros países del Mediterráneo. Esta decisión de Marruecos contrasta con la indefinición de la Unión Europea, que sigue sin abordar una cuestión estratégica crucial como es el futuro de los suministros energéticos. La paradoja a la que en pocos años podrían enfrentarse los europeos es que, mientras ellos siguen deshojando la margarita nuclear, las centrales se multipliquen a lo largo de una de sus fronteras más sensibles". Es hora de abordar la energía nuclear con la misma seriedad que otras alternativas, como la solar, que podría alcanzar su apogeo cuando se decidan a desarrollar la tecnología que permitirá sustituir las placas solares por chips de enorme potencia. No olvidemos que hace unos años el primer PC ocupaba una extensión como un edificio de 4 plantas. Todos sostenían que sería inviable para un uso comercial... ya hemos visto cómo lo han logrado transformar en un instrumento de uso cotidiano y popular que apenas ocupa espacio. La tecnología para optimizar la energía solar ya existe pero la guardan bajo siete llaves quienes quieren explotar al máximo sus inversiones y controles del gas y del petróleo. Aunque se hunda el mundo por la contaminación y el despilfarro. Entre el Trópico de Cáncer y el de Capricornio hay una inmensa franja que rodea la Tierra y en la que se garantiza la luz (fotos) durante la mayor parte de las horas de los 365 días del año.

"Quebrantando todas las leyes internacionales, y, so pretexto de luchar contra el terrorismo, se ha desarrollado un ataque demoledor contra el Estado de derecho y la propia esencia de la Comunidad Internacional"

Interesante y clarividente artículo del Magistrado Baltasar Garzón en el que ya se habla de las responsabilidades penales de los autores y colaboradores de este crimen que "debería de aterrarnos". Nesemu
El día de hoy, 20 de marzo, se cumplen cuatro años del inicio formal de la guerra de Irak. A instancias de Estados Unidos y Gran Bretaña y apoyado por España, entre otros países, dio comienzo uno de los episodios más sórdidos e injustificables de la historia de la humanidad recientes. Quebrantando todas las leyes internacionales, y, so pretexto de potenciar la lucha contra el terrorismo, se ha desarrollado, desde 2003, un ataque demoledor contra el Estado de derecho y la propia esencia de la Comunidad Internacional. En el camino, hechas jirones, quedaron instituciones como Naciones Unidas, que apenas se han recuperado todavía.
En vez de conmemorar el de la guerra de Irak- tendríamos que aterrarnos, gritar y manifestarnos, más que en aquel momento, contra la masacre actual, consecuencia de esta guerra. Porque entonces no sabíamos, aunque intuíamos lo que había detrás. Los ciudadanos no conocíamos, sólo nos imaginábamos que todo era una burda mentira. Ahora, sin embargo, sí sabemos, "incluido" el señor presidente del Gobierno español de la época, que, según ha reconocido recientemente, no existía causa para la guerra, aunque con gran frivolidad añadió la excusa de su falta de listeza para saberlo.
Como ciudadano, se me representa fundamental que el señor presidente haya, por fin, asumido su equivocación y que no sabía lo suficiente, porque si esto era así habría que preguntarle por qué no actuó como aconsejaba la prudencia, dando más margen a los inspectores de Naciones Unidas en vez de hacer lo contrario, con una fidelidad y sumisión totales al presidente Bush, aceptando la tesis más inverosímil, como a la postre se ha demostrado, y defendiendo lo que de antemano tenía decidido la Administración norteamericana. Asimismo, debería explicar por qué se prestó, junto con unos cuantos líderes más, para dar cobertura y coartada a esta acción ilegal. Probablemente, sin esta cooperación o apoyo, o incluso con la acción en contra, la decisión podría haberse cambiado o retrasado. Nunca lo sabremos. Por ello, la acción de los que acompañaron en la guerra contra Irak al presidente de los Estados Unidos tienen tanta o más responsabilidad que éste, porque a pesar de las dudas y a pesar de tener información sesgada, se pusieron en las manos del agresor para consumar una innoble acción de muerte y destrucción que aún continúa.
Creo que ha llegado el momento de hacer una reflexión seria y detenida sobre lo sucedido y lo que está ocurriendo en Irak, en una doble dirección. Por una parte, debería profundizarse sobre la eventual responsabilidad penal de quienes son o fueron responsables de esta guerra y si existen indicios bastantes para exigirles dicha responsabilidad. Para muchos se tratará de una mera responsabilidad política, pero comienzan a aflorar acciones judiciales en EE UU, como se ha demostrado con la condena de uno de los colaboradores del vicepresidente Cheney, que apuntan en la otra dirección. Seiscientos cincuenta mil muertos son un argumento suficiente para que esa investigación o indagación se aborde sin más dilación.
Por otra parte, y sin incidir en las culpas pero sin olvidar quienes fueron los responsables del inicio de esta ceremonia de horror y terror, debemos centrar nuestro análisis en un hecho incontestable, reconocido hoy día a todos los niveles: la acción bélica norteamericana, y la de los que la siguieron, ha determinado o cuando menos ha contribuido a la creación, desarrollo y consolidación del mayor de los campos de entrenamiento de terroristas en el mundo, con espacio, tiempo y medios más que suficientes para preparar a los más avezados terroristas. Ahora, los terroristas de Al Qaeda tienen un escenario idóneo para prepararse hasta que llegue el momento en el que estratégicamente les interese ampliar el radio de operaciones hacia su enemigo ancestral en Occidente. De una u otra forma, con una inconsciencia terrible, hemos estado y estamos contribuyendo a que el monstruo crezca cada vez más y se haga a cada instante más fuerte y, probablemente, invencible.
La organización terrorista Al Qaeda, o las redes que como hidras han ido naciendo, creciendo y fortaleciéndose, a la vez que entretejiéndose en diferentes partes de mundo, nos acecha y espera a la vuelta de la esquina. Mientras tanto, ante nosotros nuestros líderes andan enzarzados en otras batallas o contiendas que, presumen, les pueden dar mejores réditos electorales.
Europa, y España en particular, se encuentran en la encrucijada de poner en práctica lo que han aprendido tan dolorosamente en estos últimos años, y no estoy seguro de que se esté haciendo todo lo necesario. Por de pronto, el consenso en materia de terrorismo es básico, algo que parece hoy inalcanzable, pero aún lo es más el convencimiento de que se pueden afrontar los retos pendientes como, de una vez por todas, disponer la dotación de medios modernos humanos y materiales, la preparación y especialización de los cuerpos de inteligencia y de seguridad, la coordinación de los mismos -generando un espacio común en el que la solidaridad y confianza reine-, el fortalecimiento de la coordinación judicial, y tantos otros que se podrían enumerar, para adelantarnos a las intenciones de aquellas redes que antes o después -quizás nunca dejaron de hacerlo- vuelvan a poner sus ojos sobre nosotros. Unos ojos que miran más próximos desde sus nuevas bases del Magreb y del Sahel, con objetivos cada vez más concretos y más cargados de odio y de rencor porque se consideran injustamente masacrados en Irak.
En este tiempo, no lejano, España y Europa estarán al alcance de cualquier bomba o acción terrorista, y entonces será demasiado tarde. Es ahora, pues, cuando se tienen que hacer las cosas y no luego, cuando ya no tengan remedio, otra vez.
La indiferencia puede convertirse, de nuevo, en la invitada inoportuna y adueñarse de las mentes para adormecer nuestras conciencias con cortinas de humo que nos alejan de los problemas y riesgos reales del terrorismo, de cualquier terrorismo.Sólo la ley y el Estado de derecho nos hará combatir al monstruo antes de que nos devore y nos permitirá realizarlo sin ninguna concesión a los "espacios sin derecho" que nada bueno han aportado a la seguridad del mundo actual. Lo cierto es que se puede conseguir si nos esforzamos todos. Éstas serían unas buenas razones para celebrar el aniversario de la guerra de Irak.

 

 

Guerra "preventiva" en Irak: añadir escarnio a la infamia y al crimen

En este blog suscribimos este atinado editorial de El País, pero animamos a informarse lo más posible sobre este auténtico crimen que algún día ha de ser llevado ante el Tribunal Penal Internacional. Nesemu. "La invasión americana (apoyada por los británicos) de Irak comenzó hace cuatro años sobre una sarta de mentiras que elaboró la Administración de Bush, con el apoyo explícito de Tony Blair. José María Aznar actuó de comparsa en este terrible montaje, que resultó muy útil para dividir a los europeos. Los tres están en la desgraciada foto de las Azores.
Irak cumple cuatro años de terror. La excusa fue doble: las armas de destrucción masiva que EE UU aseguraba que tenía Sadam Husein y su vinculación con Al Qaeda y, por tanto, con los atentados del 11-S. No había ni lo uno ni lo otro, y a estas alturas está claro que no fue una guerra preventiva, sino unas mentiras preventivas para justificar una guerra que nunca debió ocurrir y que ha hecho de la región y del mundo un lugar más inseguro. Ayer Bush no resistió la tentación de volver a este vínculo, sólo que dándole la vuelta: una retirada precipitada de Irak alentaría a los terroristas. Así, la guerra de Bush se ha convertido en profética, pues ha alimentado al monstruo contra el que decía luchar.
El número de atentados yihadistas se ha multiplicado por siete tras la invasión con respecto a los ocurridos entre el 12 de septiembre de 2001 y el día de la invasión, según ha puesto de relieve un detallado estudio. Incluso sin contar lo que ocurre en Irak y Afganistán, estos ataques han aumentado un 35%. Tuvimos terribles experiencias de ello el 11-M en Madrid y el 7-J en Londres, además de Casablanca y otras ciudades. Irak se ha convertido así en vivero y faro de yihadistas.
Pero la guerra no sólo se libró desde las mentiras y violando la legalidad internacional, sino que los invasores y posteriores ocupantes cometieron errores de bulto, incluso desde su propia lógica bélica. Habían calculado que los iraquíes les recibieran con los brazos abiertos, pero no fue así, y todos se sienten bajo la ocupación. Se cometió el error colosal de desmantelar las estructuras del Estado -el Ejército y el partido baazista- sin tener otras que ocuparan su lugar. Nada se hizo para evitar que la pérdida de la hegemonía de los suníes en un país de mayoría chií desembocara en una guerra civil. Todo se hizo con una visión militar prepotente, con poco más de 150.000 soldados. Y se han cometido errores muy de fondo -incluso crímenes de guerra- que han dañado la propia imagen de Estados Unidos en el mundo, como algunas acciones contra poblaciones civiles o las torturas y vejaciones a presos en Abu Ghraib.
Bush nunca ha reconocido sus errores. Ayer siguió hablando de avanzar hacia la "victoria". Sin siquiera dejar entrever que las tropas de EE UU se retirarán un día. Es probable que quien le suceda en la Casa Blanca será quien deberá tomar una decisión sobre la retirada en las peores condiciones. Blair tampoco ha admitido haberse equivocado, lo que ha destrozado la imagen del dirigente laborista que más tiempo ha gobernado en el Reino Unido. Y Aznar sigue imperturbable apoyando las tesis de los neoconservadores.
Pese a la unanimidad oficial, en el PP muchos consideraban hasta ahora que la opción por la guerra había sido un error, aunque no lo reconocían. Sólo ayer empezó a romperse la unanimidad del Grupo Popular, y ya hay quien se atreve finalmente a admitir que Aznar "no debió estar en las Azores" ni "avalar" esta desastrosa guerra. La dirección del PP considera que es agua pasada, aunque cada día mueren allí decenas de personas y el mundo es mucho más peligroso.
Los diputados Juan Ignacio del Burgo y Joaquín L Médel reconocen que fue un inmenso error. Médel ya lo hizo hace cuatro años. Hay otros muchos que todavía no se atreven a reconocerlo porque Acebes dice que "Iraq es rancio, no es de actualidad, es agua pasada". Esperanza Aguirre hace unos minutos se negó en Radio Nacional a condenar esa invasión. Rajoy dice que ese tema no toca discutirlo ahora. Esto es añadir escarnio a la infamia.

Faltan médicos y enfermeras en España porque les pagan y tratan mejor en otros países de la UE

María Rosa Albañil Ballesteros ha escrito esta sensata reflexión en Cartas al Director. Es un tema grave y que necesita una coordinación a nivel europeo. Nuestros médicos y enfermeras reciben una gran formación y son muy apreciados.  Urge una homologación en estudios, prácticas, títulos y remuneraciones. Nesemu "El Ministerio de Sanidad ha cifrado en 3.000 el déficit de médicos especialistas en España. Sólo en Madrid, y según fuentes de la Dirección General de Recursos Humanos, se estima en 1.000. Teniendo en cuenta qu:  e la formación de un médico dura como mínimo 10 años (para trabajar en la sanidad pública no sólo hay que ser médico, sino también especialista), la cascada de jubilaciones que se avecinan, las medidas previstas para favorecer la conciliación de vida familiar y laboral, que también afectan a los médicos y de forma especial en una profesión cada vez más feminizada, y el previsible aumento de la población, probablemente estas cifras aumentarán en un futuro inmediato.
Esta verdadera descapitalización de profesionales es, sin duda, uno de los mayores peligros que amenazan actualmente a la sanidad pública, que, a pesar de sus deficiencias, es un servicio público que globalmente se presta en condiciones de alta calidad y que es mayoritariamente apreciado y reconocido por los ciudadanos, como lo demuestran las encuestas de opinión entre los usuarios y, a título más anecdótico, las cartas que a menudo llegan a la prensa reconociendo la labor de los profesionales que suplen en bastantes ocasiones con su esfuerzo carencias que son responsabilidad de las administraciones.
En las facultades de Medicina españolas se mantienen desde hace una década restricciones incomprensibles al acceso de alumnos, de forma que excelentes estudiantes con puntuaciones medias, incluso superiores a 8, no pueden acceder a estos estudios, a la par que las malas condiciones laborales de la sanidad pública han provocado el éxodo de profesionales a países del extranjero o a la sanidad privada. Una de las soluciones propuestas para paliar esta falta de especialistas es la homologación de profesionales de otros países, que si bien se hará con los requisitos previstos para ello, habrá de ser complementada, sin duda, con una formación específica que adecue la práctica de estos profesionales a la forma de trabajar y a las necesidades concretas de nuestro país.
Querría llamar la atención sobre la paradoja que representa que el mismo sistema que provoca la salida de profesionales excelentemente cualificados y rechaza en sus facultades formar como médicos a alumnos muchas veces brillantes, abrirá sus puertas a profesionales formados en otros países, a los que, desde luego, no se habrá exigido para acceder a sus estudios un nivel semejante al exigido a nuestros alumnos, y cuya formación habrá que completar probablemente con fondos públicos."