J. C. García Fajardo |
![]() Cuaderno de Bitácora sobre Mundo actual y Sabiduría universal.
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“Mejor que hacer el bien es procurar que otros lo hagan” ENTREVISTA CON JOSÉ CARLOS GARCÍA FAJARDO. Profesor emérito de la Universidad Complutense de Madrid (UCM, José Carlos García Fajardo fundó en 1987 SOLIDARIOS para el Desarrollo, una organización de la sociedad civil declarada de interés público y vinculada a la UCM, cuyos objetivos prioritarios son el voluntariado social, la cooperación con los pueblos empobrecidos del Sur y la sensibilización de la sociedad en temas de justicia social y solidaridad. En este sentido, García Fajardo considera que el voluntariado tiene un papel muy importante en la eliminación de las barreras mentales para hacer frente a las diversas formas de exclusión social. Desde 1999, cuando se creó el Centro de Colaboraciones Solidarias dentro de la ONG, procura además que esta sensibilización social tenga eco en los medios de comunicación a nivel mundial. Ha señalado que los voluntarios sociales son caballeros andantes. ¿Por qué? Se trataba de una figura retórica. Porque con su transparencia asumen la causa de los más débiles, denuncian las estructuras de poder injustas, se ponen en camino y se saben responsables solidarios que no hallarán descanso mientras exista una sola persona o comunidad explotada, marginada o ignorada. Tienen el idealismo y andadura de ese Caballero de la Triste Figura que se mueve en un mundo donde le toman por loco por no seguir el pensamiento único del mercado, la competitividad y los beneficios. ¿Existe un riesgo de saturación en el voluntariado social? No lo creo. Al igual que la intensidad de una amistad no se mide por el tiempo que se pasa con el amigo, la intensidad y la calidad del voluntariado social se miden por la calidad de las horas invertidas en el servicio. Lo contrario podría influir en la continuidad de los voluntarios, pero para eso están las normas de conducta del voluntariado social que se aprenden en los cursos de formación continua y en la supervisión por los responsables de la ONG. El voluntario debe ver los problemas con perspectiva y saber que él es una pieza más en un proceso de reinserción o en la resolución de un problema. Una persona sin hogar que lleva quince años en la calle no puede pasar de la noche a la mañana a vivir una situación de completa normalidad. La implicación intensa para conseguir resultados a corto plazo puede conducir a la decepción del voluntario o al aborto de resultados más firmes aunque a más largo plazo. ¿Qué supone la formación para un voluntario? Durante mis años como presidente de nuestra ONG he sostenido que, sin formación, no hay voluntariado social. Una formación concreta para que el voluntario se desenvuelva en un entorno determinado, pero sobre todo un cierto aprendizaje en la sensibilidad, en el respeto y en la aceptación del otro, tal como es y sin pretender cambiarlo. Nosotros no vamos a enseñar nada ni a cambiar a nadie, sino a ayudar a transformar a quien lo desee, desde su propia realidad en la maduración de sus señas de identidad. Por ello escribí el “Manual del voluntario”, en el que recogí la experiencia de una vida. En nuestro país hay centenares de miles de personas que se forman como voluntarios sociales. Sólo una actitud contemplativa, brotada del silencio, puede fundamentar y dar sentido a un vivir coherente. Y eso es lo que debe aportar el voluntario. ¿Cual es el papel del voluntariado en pro de la justicia social? El voluntariado social no es prioritariamente una actividad asistencial con las personas marginadas, porque eso podría crear dependencia. La acción voluntaria tiene un componente asistencial decisivo en la resolución de problemas inmediatos, pero, sobre todo, se trata de buscar la colaboración mutua, la autonomía y, en definitiva, la felicidad para aquellos que no la tienen. Un voluntario puede ayudar a un discapacitado a sortear una barrera arquitectónica, pero su responsabilidad será, unida a otros miles de voluntarios, pedir a quien corresponda que desaparezcan las barreras. Su misión social se encamina hacia eliminar las barreras mentales frente a las diversas formas de exclusión social. Algo mejor que hacer el bien es procurar que otros lo hagan. El voluntariado es para todos y ahí radica su eficacia social. Siempre habrá un lugar adecuado para cada persona dentro del voluntariado. Los temas sociales tienen poca presencia en los medios de comunicación ¿Cuál es el papel de los mismos en las estructuras solidarias? Hace tiempo, la campaña de Manos Unidas me impresionó con el siguiente mensaje: “si quieres cambiar el mundo, cambia tu corazón”. Y para cambiarnos a nosotros mismos, debemos dejarnos empapar por las cosas, permitirnos conocerlas. Hace una semana celebramos unas Jornadas de Comunicación para el desarrollo con el objetivo de abrir un debate en torno a ese papel de los medios de comunicación. Periodistas como Rosa María Calaf y Ana Pastor, profesores como Carlos Taibo y otros expertos como Pilar Orenes, nos recordaban que muchos medios no hablan del “tercer mundo” porque lo consideran un mundo de tercera. Y porque siguen una ‘equidistancia’ y supuesta objetividad marcadas que los convierte en cómplices de la injusticia. Pero cada día está cambiando esa actitud con la fuerza de la profesionalidad y de la auténtica información. No ha sido otro el objetivo para fundar el Centro de Colaboraciones Solidarias, hace más de diez años y a lo que dedico lo mejor de mi tiempo “liberado” ¿Qué es el CCS y qué fines tiene? El Centro de Colaboraciones Solidarias (CCS) es un servicio gratuito del que se benefician más de 500 medios y cerca de 1.500 periodistas en toda América. Buscamos ampliar y profesionalizar la presencia de los temas sociales y de justicia social en universidades, centros de estudios y, sobre todo, medios de comunicación. Desde hace diez años analizamos la realidad social y humana de acuerdo con el calendario de las conmemoraciones más importantes en el campo de la salud, de la educación, de un desarrollo sostenible y de la justicia social. Cada semana enviamos siete artículos de nuestra redacción y nuestros colaboradores sobre los grandes temas que proponen ONU, UNESCO, FAO, OMS, Amnistía Internacional, UNICEF, etc. Y otros cuatro más breves para que sirvan de “faldón” Buscamos informar y sensibilizar a la sociedad y a los profesionales de la comunicación en temas de solidaridad, justicia social, por una cultura de paz, en defensa de los derechos humanos, con especial énfasis en la lucha contra la pobreza, la exclusión y la protección del medio ambiente. En tiempos de crisis económica algunas personas creen que el voluntariado social evita la contratación de profesionales remunerados. ¿Cómo los convencería que dicha afirmación no es cierta? El voluntario social nunca podrá amortizar ningún puesto de trabajo, pues eso supondría un intrusismo generador de mano de obra barata y, por tanto, de injusticia social. Igual sucedió con la prestación sustitutoria del servicio militar, hubo entidades que intentaron aprovecharse de los objetores de conciencia. Pero no prosperó en donde cada organización seria fue coherente con su concepción del voluntariado social. Hoy ya nadie puede llamarse a engaño. Los voluntarios sociales son mensajeros de justicia y de paz que saben robar unas horas a su tiempo para ayudar a que los demás se ayuden a sí mismos. Por eso los voluntarios sociales siempre serán necesarios, pues el modo en que ejercen su servicio a los más necesitados no interfiere sino que complementa la labor de los profesionales. Por su relación directa con los jóvenes ¿opina si éstos están realmente sensibilizados con la realidad social de nuestro tiempo o necesitan impulsos nuevos para participar en la ayuda a los demás? Es un error sostener que a los jóvenes les asustan el orden y la exigencia. Al contrario, si a un joven le pides poco no te dará nada, si les pides mucho te lo darán todo. Ésa es la experiencia cotidiana en las organizaciones de la sociedad civil con los voluntarios sociales que asumen un compromiso movidos por la compasión o espoleados por la injusticia. Lo que admiran y respetan no es la educación como transmisión de conocimientos sino la capacidad de los maestros para extraer lo mejor de cada uno de ellos. (Revista de la Federación Riojana del Voluntariado Social) LAS ABUELAS NO LO SABEN TODO ... El pequeño Esteban estaba pasando unos días con su abuela. Llevaba un rato jugando fuera con otros niños cuando entró en la casa y pregunta: - Abuela, ¿Cómo se llama cuando dos personas duermen en el mismo cuarto y una de ellas está encima de la otra? La abuela se quedó un poco sorprendida, pero decidió decirle la verdad su nieto de 6 años: - 'A eso se le llama relaciones sexuales, cariño'. El pequeño Esteban dijo: - - 'Aahhh, vale!' y volvió a salir a charlar y a jugar con los otros niños. Unos minutos después volvió a entrar y dijo todo enfadado: - Abuela, no se llaman relaciones sexuales, se llaman literas! ...y la mamá de Diego quiere hablar contigo. ________________________________ En un casting para un programa de televisión, se pide a los participantes que den el nombre, los apellidos y una característica que los haga especiales. Llega el primero y le dice a la recepcionista: - Pepe Romerales. Corredor, 100 metros llanos en 10 segundos. El siguiente: - Manuel Vargas. Bailarín profesional. 104 horas de baile sin parar. Llega otro y dice: - José Unamuno. Tengo una poronga de treinta centímetros. La que estaba anotando lo mira con los ojos desorbitados y le pregunta: - ¿Una qué?.. - Una... muno, tarada... ¡Como el escritor! El autor de Las venas abiertas de América Latina cuestiona si es justa la justicia en el orbe Quiero compartir algunas preguntas, moscas que me zumban en la cabeza. ¿Es justa la justicia? ¿Está parada sobre sus pies la justicia del mundo al revés? El zapatista de Irak, el que arrojó los zapatazos contra Bush, fue condenado a tres años de cárcel. ¿No merecía, más bien, una condecoración? ¿Quién es el terrorista? ¿El zapatista o el zapateado? ¿No es culpable de terrorismo el serial killer que mintiendo inventó la guerra de Irak, asesinó a un gentío y legalizó la tortura y mandó aplicarla? ¿Son culpables los pobladores de Atenco, en México, o los indígenas mapuches de Chile, o los kekchíes de Guatemala, o los campesinos sin tierra de Brasil, acusados todos de terrorismo por defender su derecho a la tierra? Si sagrada es la tierra, aunque la ley no lo diga, ¿no son sagrados, también, quienes la defienden? Según la revista Foreign Policy, Somalia es el lugar más peligroso de todos. Pero, ¿quiénes son los piratas? ¿Los muertos de hambre que asaltan barcos o los especuladores de Wall Street, que llevan años asaltando el mundo y ahora reciben multimillonarias recompensas por sus afanes? ¿Por qué el mundo premia a quienes lo desvalijan? ¿Por qué la justicia es ciega de un solo ojo? Wal-Mart, la empresa más poderosa de todas, prohíbe los sindicatos. MacDonald’s, también. ¿Por qué estas empresas violan, con delincuente impunidad, la ley internacional? ¿Será porque en el mundo de nuestro tiempo el trabajo vale menos que la basura, y menos todavía valen los derechos de los trabajadores? ¿Quiénes son los justos, y quiénes los injustos? Si la justicia internacional de veras existe, ¿por qué nunca juzga a los poderosos? No van presos los autores de las más feroces carnicerías. ¿Será porque son ellos quienes tienen las llaves de las cárceles? ¿Por qué son intocables las cinco potencias que tienen derecho de veto en Naciones Unidas? ¿Ese derecho tiene origen divino? ¿Velan por la paz los que hacen el negocio de la guerra? ¿Es justo que la paz mundial esté a cargo de las cinco potencias que son las principales productoras de armas? Sin despreciar a los narcotraficantes, ¿no es éste también un caso de “crimen organizado”? Pero no demandan castigo contra los amos del mundo los clamores de quienes exigen, en todas partes, la pena de muerte. Faltaba más. Los clamores claman contra los asesinos que usan navajas, no contra los que usan misiles. Y uno se pregunta: ya que esos justicieros están tan locos de ganas de matar, ¿por qué no exigen la pena de muerte contra la injusticia social? ¿Es justo un mundo que cada minuto destina 3 millones de dólares a los gastos militares, mientras cada minuto mueren 15 niños por hambre o enfermedad curable? ¿Contra quién se arma, hasta los dientes, la llamada comunidad internacional? ¿Contra la pobreza o contra los pobres? ¿Por qué los fervorosos de la pena capital no exigen la pena de muerte contra los valores de la sociedad de consumo, que cotidianamente atentan contra la seguridad pública? ¿O acaso no invita al crimen el bombardeo de la publicidad que aturde a millones y millones de jóvenes desempleados, o mal pagados, repitiéndoles noche y día que ser es tener, tener un automóvil, tener zapatos de marca, tener, tener, y quien no tiene, no es? ¿Y por qué no se implanta la pena de muerte contra la muerte? El mundo está organizado al servicio de la muerte. ¿O no fabrica muerte la industria militar, que devora la mayor parte de nuestros recursos y buena parte de nuestras energías? Los amos del mundo sólo condenan la violencia cuando la ejercen otros. Y este monopolio de la violencia se traduce en un hecho inexplicable para los extraterrestres, y también insoportable para los terrestres que todavía queremos, contra toda evidencia, sobrevivir: los humanos somos los únicos animales especializados en el exterminio mutuo, y hemos desarrollado una tecnología de la destrucción que está aniquilando, de paso, al planeta y a todos sus habitantes. Esa tecnología se alimenta del miedo. Es el miedo quien fabrica los enemigos que justifican el derroche militar y policial. Y en tren de implantar la pena de muerte, ¿qué tal si condenamos a muerte al miedo? ¿No sería sano acabar con esta dictadura universal de los asustadores profesionales? Los sembradores de pánicos nos condenan a la soledad, nos prohíben la solidaridad: sálvese quien pueda, aplastaos los unos a los otros, el prójimo es siempre un peligro que acecha, ojo, mucho cuidado, éste te robará, aquél te violará, ese cochecito de bebé esconde una bomba musulmana y si esa mujer te mira, esa vecina de aspecto inocente, es seguro que te contagia la peste porcina. En el mundo al revés, dan miedo hasta los más elementales actos de justicia y sentido común. Cuando el presidente Evo Morales inició la refundación de Bolivia, para que este país de mayoría indígena dejara de tener vergüenza de mirarse al espejo, provocó pánico. Este desafío era catastrófico desde el punto de vista del orden racista tradicional, que decía ser el único orden posible: Evo traía el caos y la violencia, y por su culpa la unidad nacional iba a estallar, rota en pedazos. Y cuando el presidente ecuatoriano Correa anunció que se negaba a pagar las deudas no legítimas, la noticia produjo terror en el mundo financiero y el Ecuador fue amenazado con terribles castigos, por estar dando tan mal ejemplo. Si las dictaduras militares y los políticos ladrones han sido siempre mimados por la banca internacional, ¿no nos hemos acostumbrado ya a aceptar como fatalidad del destino que el pueblo pague el garrote que lo golpea y la codicia que lo saquea? Pero, ¿será que han sido divorciados para siempre jamás el sentido común y la justicia? ¿No nacieron para caminar juntos, bien pegaditos, el sentido común y la justicia? ¿No es de sentido común, y también de justicia, ese lema de las feministas que dicen que si nosotros, los machos, quedáramos embarazados, el aborto sería libre? ¿Por qué no se legaliza el derecho al aborto? ¿Será porque entonces dejaría de ser el privilegio de las mujeres que pueden pagarlo y de los médicos que pueden cobrarlo? Lo mismo ocurre con otro escandaloso caso de negación de la justicia y el sentido común: ¿por qué no se legaliza la droga? ¿Acaso no es, como el aborto, un tema de salud pública? Y el país que más drogadictos contiene, ¿qué autoridad moral tiene para condenar a quienes abastecen su demanda? ¿Y por qué los grandes medios de comunicación, tan consagrados a la guerra contra el flagelo de la droga, jamás dicen que proviene de Afganistán casi toda la heroína que se consume en el mundo? ¿Quién manda en Afganistán? ¿No es ése un país militarmente ocupado por el mesiánico país que se atribuye la misión de salvarnos a todos? ¿Por qué no se legalizan las drogas de una buena vez? ¿No será porque brindan el mejor pretexto para las invasiones militares, además de brindar las más jugosas ganancias a los grandes bancos que en las noches trabajan como lavanderías? Ahora el mundo está triste porque se venden menos autos. Una de las consecuencias de la crisis mundial es la caída de la próspera industria del automóvil. Si tuviéramos algún resto de sentido común, y alguito de sentido de la justicia, ¿no tendríamos que celebrar esa buena noticia? ¿O acaso la disminución de los automóviles no es una buena noticia, desde el punto de vista de la naturaleza, que estará un poquito menos envenenada, y de los peatones, que morirán un poquito menos? Según Lewis Carroll, la reina explicó a Alicia cómo funciona la justicia en el país de las maravillas: –Ahí lo tienes –dijo la reina–. Está encerrado en la cárcel, cumpliendo su condena; pero el juicio no empezará hasta el próximo miércoles. Y por supuesto, el crimen será cometido al final. En El Salvador, el arzobispo Óscar Arnulfo Romero comprobó que la justicia, como la serpiente, sólo muerde a los descalzos. Él murió a balazos, por denunciar que en su país los descalzos nacían de antemano condenados, por delito de nacimiento. El resultado de las recientes elecciones en El Salvador, ¿no es de alguna manera un homenaje? ¿Un homenaje al arzobispo Romero y a los miles que como él murieron luchando por una justicia justa en el reino de la injusticia? A veces terminan mal las historias de la Historia; pero ella, la Historia, no termina. Cuando dice adiós, dice hasta luego. Humo humano. Nicholson Baker. Debate. Barcelona, 2009. 535 páginas. Se trata de un fresco de momentos capitales, llenos de barbarie, sufrimiento y compasión, que contribuye al debate con la perspectiva actual. No todo fue una historia de buenos contra malos: en un lado los demócratas defensores de los derechos humanos y en el otro los bárbaros fascistas, nazis y japoneses sin escrúpulos. Recordemos que el sanguinario Stalin y su despótico régimen se encontraban en el bando de los “Aliados”. Baker muestra cómo la pulsión destructiva de la II Guerra Mundial no era sólo de un bando. El autor rinde homenaje al pacifismo fruto de la justicia y del diálogo entre los pueblos. Lo más relevante es responder a la pregunta de por qué el ser humano fue capaz de tantas atrocidades como tuvieron lugar entre 1939 y 1945. Humo humano muestra un amplio período, desde finales del siglo XIX hasta diciembre de 1941, para contar de una manera distinta y original los orígenes de la II Guerra Mundial. Leer ahora las salvajes propuestas de Churchill, de un joven Roosevelt o de tantos políticos aliados que han pasado a la historia como adalides de la justicia y de las libertades, será bueno para ampliar nuestra visión de los acontecimientos históricos, y que contiene un profundo lamento por la irreparable pérdida que la Humanidad se ha causado a sí misma. En septiembre se cumplen setenta años del estallido de la guerra. «Baker incomoda a aquellos que creen que todos los alemanes fueron malos y puede enojar a los que consideran a Churchill un héroe.»(The New York Times) En un delicioso artículo, “El mal estaba en todas partes”, José María Ridao hace una espléndida reflexión sobre el tema. Desde que la investigación historiográfica empezó a confundirse con el denominado "trabajo de memoria", la idea de que el conflicto más devastador de todos los tiempos revestía los caracteres de una lucha escatológica, de un combate contra el Mal Absoluto, ha ido ganando terreno. Ese genérico ser humano que se libró a la destrucción y el asesinato en masa no se encontraba únicamente en las filas del nazismo, sino también en cada uno de los bandos enfrentados. El resultado es perturbador, como si, de pronto, hubieran sido convocados a escena todos los silencios, todos los equívocos imprescindibles para que la historia de la II Guerra Mundial se pueda seguir contando como hasta ahora. Es entonces cuando aparecen por primera vez protagonistas como el futuro jefe del Bombing Command, Arthur Harris, y el también futuro primer ministro británico, Winston Churchill. "Estoy decididamente a favor de emplear gas tóxico", escribe Churchill al jefe de la Royal Air Force, "contra tribus incivilizadas". La confianza del primer ministro en la eficacia del bombardeo contra civiles, aunque ya no con gas tóxico, que había sido prohibido, se mantiene intacta al iniciarse la II Guerra Mundial, sólo que ahora Churchill pretende que la lluvia de fuego que descarga sobre las ciudades de Alemania transmitan el mensaje de que los alemanes deben rebelarse contra Hitler. Con el implícito y aterrador corolario de que, si no lo hacen, se convierten en cómplices del dictador. Los textos que reproduce Baker recuerdan que el antisemitismo no fue sólo un sentimiento alimentado por el nazismo, sino un clima general. Cuando aún era un simple abogado, el futuro presidente Roosevelt se dirigió a la Junta de Supervisores de Harvard proponiendo que se redujera el número de judíos en la Universidad hasta que sólo representaran un 15%. Y Churchill, entretanto, publicaba en febrero de 1920 un artículo de prensa en el que decía que judíos "desleales" como Marx, Trotski, Béla Kun, Rosa Luxemburgo y Emma Goldman habían desarrollado "una conspiración mundial para el derrocamiento de la civilización". Creía, sin duda, en la existencia de "judíos leales", a quienes exigía en ese mismo artículo que vindicasen "el honor del nombre de judío", pero la obsesión antibolchevique le jugó la mala pasada de elogiar, también en la prensa, a Mussolini, de quien se declaró "encantado por el porte amable y sencillo" y "por su actitud serena e imparcial". E incluso a Hitler, de quien, dejándose influir por los comentarios de los que lo conocían, estima que era "un funcionario harto competente, sereno y bien informado de porte agradable y sonrisa encantadora". En contraposición, Trotski "era un judío. Seguía siendo un judío. Era imposible no tener en cuenta este detalle". Perlas: Un informe de la RAF, en 1936. "Si nuestros ataques pudieran desmoralizar al pueblo alemán, empleando métodos parecidos a los que prevemos que los alemanes utilizarían contra nosotros, su Gobierno podría verse obligado a desistir (...). Pero es probable que una dictadura militar sea menos susceptible a las protestas populares que un gobierno democrático". Capitán Philip Mumford, en 1937. "¿Qué diferencia hay entre arrojar 500 bebés a una hoguera y arrojar fuego desde un avión sobre 500 bebés?". Winston Churchill, en 1941. "Hay millones de alemanes que son curables y otros matables". José Carlos Gª Fajardo Todos nacemos con fecha de caducidad, pero ni la conocemos ni la podemos prolongar con violencia. “Lo entiendes con la cabeza, pero no con el corazón”, dijo el paciente al escuchar el diagnóstico: A.M.S. atrofia sistémica múltiple, una enfermedad neuro degenerativa, invalidante y mortal. Carlos Cristos, licenciado en Medicina y Cirugía, ejerció como médico de familia, con su mujer, también médico en Mallorca. Amante de la investigación y de la ciencia. Músico. Piloto de vuelo libre. Patrón de vela. Montañero. Colaboraron ambos con ONGs en Ruanda. Como médico ha tenido que transmitir diagnósticos fatales y ha tenido que acompañar a algunos pacientes hasta el final de sus vidas. Carlos Cristos reclama una vida y una muerte dignas; su familia y sus amigos también. Por eso invita a su amigo y director de cine, Antoni Canet, a que le acompañe en una narración única: su camino hacia la muerte, una historia esencialmente irrepetible. Cogidas de la mano, enfermedad y película han viajado con Carlos para reflexionar junto con su familia, sus amigos, sus compañeros, médicos y científicos, sobre las vivencias y los grandes temas asociados al final de la vida. Y el último tramo del camino lo han transitado como Carlos ha querido: mirando a la muerte a la cara, con serenidad…., pero, «mientras que suene la música, seguiremos bailando. Y a ser posible, con una sonrisa».” Estamos ante un testimonio conmovedor sobre la vida. Esta película transmite sosiego y paz, porque asume la muerte como justa, “sin la cual, la existencia sería inimaginable, horrible”. Una circunstancia a la que intenta enfrentarse con una curiosidad incluso científica, un presentimiento de trascendencia ajeno a cualquier atisbo de misticismo o religiosidad e incluso con un envidiable buen humor. “Que en los últimos momentos no se me acerque nadie disfrazado a contarme no sé qué. Quiero morir como he vivido”. El espectador acompaña la voz fragmentada del médico en su última consulta, un viaje cinematográfico y vital hacia la consumación de un periplo, porque vivir hasta morir es vivir lo suficiente. “Aunque el yo que habita en este cuerpo enfermo y terminal tenga sentimientos que no se pueden ignorar”. En contra de estas inercias actúa la película. El entorno favorable, la fortaleza intelectual y humana de Carlos, su poder comunicativo, la serenidad en la aceptación de lo inevitable, el arrojo para seguir activo y útil hasta el último momento, muestran que el final de la vida debe ser digno y confortable. En manos de la medicina está el deber de evitar el dolor, por medio de los cuidados paliativos, y en manos de los seres queridos está la posibilidad de ayudar a vencer la muerte solitaria del enfermo mediante la cooperación y el respeto a su libertad. “Las alas de la vida” reflexiona sobre la vida que se escapa y la muerte en una cultura, la nuestra, que la esconde como un tema tabú, ajeno y desconocido. La sencillez de una persona que ama a la vida en el proceso consciente, acelerado e irreversible de la separación de este mundo es conmovedora. Dotado de una mente poderosa, con un discurso de estremecedora clarividencia y de una entereza moral inquebrantable, el médico da una lección de humanidad, pero también de fragilidad ante su destino. Su deseo de saber más sobre su propio calvario, la manera tan tierna, pero también tan discreta, de irse despidiendo de todo lo que le importaba en la vida, nos conmueven sin sentimentalismo alguno. No excluye la importancia de la eutanasia, algo tratado en la lectura del testamento, una de las secuencias más electrizantes de este valioso film. Escribe C. Boyero, uno de los más prestigiosos críticos: Esta hermosa, necesaria y conmovedora película me inyecta vida, conocimiento, alegría y emoción. Me hace pensar, dudar y sentir. Y me enamoran el coraje, la lucidez, la dignidad, el terror, la generosidad, la inteligencia, la incertidumbre, la alegría, la angustia, la autenticidad, la complejidad y el humor de ese admirable ser humano llamado Carlos Cristos. También me hace llorar, pero esas lágrimas no son desesperadas, sino buenas para el alma. José Carlos Gª Fajardo Nota.- Esta película se puede conseguir en http://www.lasalasdelavida.com/index.html. Al comenzar el curso en la universidad, les digo a los alumnos: “He oído decir que en colegios e institutos hay profesores que padecen estrés. Olvídense de eso, porque los estresados pueden ser ustedes. A la universidad se viene a compartir saberes, y esto es imposible sin trabajar fuerte, respetando las reglas del juego establecidas, y que han dado su carácter y prestigio a la universidad”. Se extiende el maltrato de los muchos adolescentes a padres y profesores. Se ha cedido en aspectos fundamentales: respeto, cariño, comunicación, autoridad y concierto en una vida familiar. Hay padres que han pretendido ser los mejores “amigos de sus hijos” cuando estos lo que necesitaban eran padres y puntos de referencia. Los amigos se los buscan ellos. Padres insensatos han sobre protegido a sus hijos y les han consentido vivir sin reglas ni normas ni concierto. Niños y adolescentes han empezado a levantar la mano a sus progenitores, sobre todo a su madre y este maltrato ha adquirido tintes de epidemia. En España, durante 2008, las Fiscalías de Menores abrieron más de 4.200 expedientes por agresiones de hijos a padres. No todas las denuncias dan lugar a la apertura de expedientes judiciales -muchas se archivan tras labores de mediación-, y hay que pensar que por cada padre que denuncia a su hijo, hay otros que se resisten a dar ese paso. Consuelo Madrigal, fiscal de Menores del Tribunal Supremo, dice "Cuando los padres denuncian es porque han llegado a una situación límite. Se sienten doblemente avergonzados por tener que pedir que se actúe contra sus hijos y porque la denuncia misma les parece la constatación de un fracaso". Las estadísticas muestran un espectacular incremento de chicas que pegan a sus madres y también chicas que pegan a otras chicas. En esto, como en el consumo de alcohol, tabaco y drogas, también se han esforzado por imitar a sus compañeros para reproducir modelos machistas, por mucho que hayan estudiado en colegios mixtos y se les suponga aleccionados en los valores de la libertad y la igualdad. No son casos de marginación social sino que parece concentrarse en familias desestructuradas, de clases medias. Parece que esas conductas son formas de protesta ante una realidad desconcertante pues algunos han sido testigos de malos tratos conyugales o han padecido agresiones paternas. ¿Qué está pasando para que adolescentes que antes se fugaban del hogar opten por quedarse en casa a tiranizar a sus progenitores?, se pregunta Berbería. ¿Y para que los padres que antes expulsaban del hogar a sus hijos díscolos o depravados ocupen hoy el papel de víctimas? Muchos han sustituido el modelo del "ordeno y mando" por una permisividad sin límites, igualmente nefasta. El principio de autoridad se ha debilitado y ni la sociedad ni la familia han sabido establecer otros valores y límites. Nos estamos equivocando en la educación y muchos menores delincuentes surgen en un ambiente que genera niños individualistas y hedonistas, incapaces de aceptar la frustración. Algunos sostienen que la familia es la primera patología a tratar y muchos padres no saben qué hacer con sus hijos. Se detecta un problema de ausencia de la figura paterna, bien porque la pareja se haya separado o porque el padre o la madre se inhiben o están muy ocupados en el trabajo. El Defensor del Menor de Madrid, sostiene que la violencia ambiental influye, "aunque no sea el detonante del problema", por eso hay que prestar atención a esos chicos que "pasan muchas horas solos en casa, delante de la televisión, viendo cómo las situaciones más terribles se presentan como si fueran normales. Se ha comprobado que las imágenes violentas activan el área del cerebro que fomenta la agresión. La sobre exposición a estas señales hacen bajar las defensas frente a la violencia, de forma que la costumbre amortigua su sensibilidad. Estamos ante una sociedad dominada por un modelo económico y social agresivo que amenaza con pervertir los sistemas de valores para con devolvernos a la ley de la selva. El cibersadismo, la difusión de las agresiones, el incremento del maltrato doméstico y escolar practicado por menores sostienen la creciente degeneración. Es preciso volver a una educación en valores de justicia, de esfuerzo y de solidaridad para una convivencia ciudadana. José Carlos Gª Fajardo Ahora resulta que los bancos norteamericanos que exigieron la ayuda del Estado para no declararse en quiebra, y someter al país a un colapso de magnitudes inimaginables, ya pueden devolver los créditos recibidos. ¿Magia financiera? ¿Milagro de San Obama? Nada de eso. Los mayores responsables de la hecatombe financiera que nos ha llevado a la crisis económica que padecemos en todo el mundo, se han librado de ir a la cárcel por sus fraudes, estafas, evasiones de capitales, alteración del precio de las cosas, fondos basura y tóxicos hasta constituir una pandemia más peligrosa y deletérea que la de la nueva gripe. Algunas entidades que solicitaron esas ayudas habían engordado su pasivo… con las enormes cantidades prometidas a sus ejecutivos en bonos, fondos de pensiones, primas preferentes, que se apresuraron a cobrar tan pronto como se aprobaron los créditos estatales. La Comisión del Congreso reclamó ese dinero, pero no lo ha conseguido ni en un 20%. El Tesoro impuso condiciones de transparencia que no gustaron a los beneficiados. Descontentos con la tutela estricta impuesta por Washington, los principales bancos del país querían salir del plan de ayuda impuesto. Y con un cinismo que asombra, el Departamento del Tesoro autorizó a esas entidades a devolver 68.000 millones de dólares del fondo de alivio de activos tóxicos lanzado en otoño… debido a su “recuperación financiera”. ¿No estaban ahogándose? ¿A qué se debe esa pretendida “recuperación financiera”? ¿Han vendido activos no declarados o repatriado capitales evadidos? Estas entidades se librarán del control de Washington que no se atreve a congelar los activos norteamericanos que desviaron a los paraísos fiscales evadiendo el fisco y dañando a la sociedad. Pero en esos paraísos también están miles de millones de dólares “relacionados” con los de otras grandes compañías transnacionales y a esto se oponen los grandes lobbies que dictan la economía del mundo. Pero que estén en condiciones de pagar no basta para darla por finiquitada. Obama señaló que las devoluciones son "una señal positiva", pero reiteró que la crisis financiera sigue amenazando a familias y empresas. Y advirtió que permitir estas restituciones no es "un perdón" de los excesos pasados ni un salvoconducto para que el sector financiero se embarque a asumir riesgos sin pensar en las consecuencias. Obama insistió en que no tiene interés alguno en "gestionar bancos, ni automovilísticas, ni constructoras ni ninguna compañía privada". El apoyo a la banca estaba concebido para tapar los agujeros creados en sus balances por la deuda de mala calidad, y así elevar la confianza entre las entidades y agilizar el crédito. La medida permite demostrar que los planes del Gobierno funcionan, aunque la economía se mantenga débil y dotará de nuevo al Estado de fondos para poder redistribuirlos entre entidades en problemas. En España la banca ha sido obligada a tasar los activos que pueda vender si tienen problemas. Se rescata la banca pero no aumentan los créditos a empresas ni a particulares, aunque sí a empresas participadas por esos mismos bancos. José Carlos Gª Fajardo |