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J. C. García Fajardo

Cómplices de la pobreza

 Otro interesante artículo de Ana Muñoz sobre la pobreza, para animar el debate:

 Ochocientos cincuenta millones de personas en el mundo viven en la pobreza. Mil millones viven con menos de un dólar al día, cada cinco segundos muere un niño por problemas nutricionales, más de 1.200 millones de personas no tienen acceso al agua potable, 120 millones de niños no tienen acceso a la educación, 8.000 menores mueren cada día de malaria… Son las cifras de la pobreza. Cifras que cada día aparecen en los medios de comunicación y a las que la sociedad está empezando a acostumbrarse. Sin embargo, somos la primera generación que tenemos en nuestras manos erradicar la pobreza de nuestro planeta. “El mundo tiene hoy el conocimiento, los recursos y las tecnologías para erradicar la extrema pobreza”, denunia Bernal Davis,  administrador del PNUD. Así, la sociedad civil no puede dejar pasar la ocasión para rebelarse contra la injusticia. Es el momento para alzar la voz y exigir a los dirigentes de todo el mundo que cumplan sus compromisos con los más desfavorecidos.
El primer paso es cumplir con los plazos de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), firmados por 190 países en la Cumbre del Milenio que se celebró en Nueva York en el año 2000. Los últimos informes de Naciones Unidas ponen de manifiesto que al ritmo actual, se necesitarán más de 130 años para acabar con el hambre en el mundo. La FAO declara que cada año, seis millones de personas dejan de pasar hambre, pero para cumplir el objetivo de reducir a la mitad la pobreza en el mundo para el año 2015, deberían ser 22 millones de personas las que consiguieran los alimentos suficientes para vivir.
La única región del mundo donde se ha reducido el hambre es en Latinoamérica, según los informes de los organismos internacionales. En Asía y el Pacífico, vive el 62% de la población más pobre del mundo, a pesar de que es una zona considerada con “buenas posibilidades” debido al crecimiento de países como China o India. África y Oriente Medio son las áreas que más preocupan a los organismos internacionales ya que la cifra de pobreza no disminuye sino que aumenta cada año debido en gran medida a los conflictos armados que se dan en la zona y a que los niveles de mortalidad infantil son los mayores de todo el mundo.
La FAO señala que para erradicar la pobreza del planeta es fundamental el trabajo que se haga en las zonas rurales, las más desfavorecidas del planeta. En el campo viven los once millones de niños que mueren antes de los cinco año, más de medio millón de mujeres que mueren durante el embarazo y los 300 millones de personas que mueren de paludismo. Y el problema no está tanto en aumentar la producción de alimento sino en una mejora en la distribución de las materias primas. Los pobre son hoy cada vez más pobres y son los ricos del planeta los que disfrutan del 70% de la riqueza del planeta.
Un comercio internacional más justo, también ayudaría a la lucha contra la pobreza. Estados Unidos, UE y Japón se reparten la gran tarta mundial y ponen sus condiciones de compra-venta al resto de países a través de organismos como la Organización Mundial del Comercio (OMC) o el Banco Mundial (BM). Los países ricos manejan a su antojo los precios y los productos que se han de consumir. Aranceles, monocultivos, privatizaciones de sectores básicos… hacen que los países del Sur estén cada vez más empobrecidos. Basta como ejemplo, los 760 euros de subsidio que recibe una vaca de la Unión Europea, frente a los seis que recibe cada niño de África.
Del mismo modo, la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) ha ido disminuyendo a lo largo de la década de los 90. A principios de esta década la AOD superaba el 0’33%, hoy no llega al 0,25%. Tan sólo cinco países. Dinamarca, Luxemburgo, Paises Bajos, Noruega y Suecia, dedican el 0,7% de su PIB a ayudar a los países del Sur.
La sociedad civil no puede convertirse en cómplice de la pobreza. Los dirigente mundiales se comprometieron a frenar la pobreza y disminuir la brecha entre el Norte y el Sur en el año 2000. Y las promesas tienen fecha de caducidad.

 

 

 

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4 comentarios

Marta -

El Gobierno español anunció hace poco menos de una semana (el sábado si no me equivoco) que iba a aumentar hasta el 0,54 el PIB que se destina a la Ayuda para el Desarrollo, hasta alcanzar el 0,7% que exigen las ONGs antes del fin de la legislatura.
He leido los artículos anteriores, y he esperado para contestar en este, simplemente porque está claro que la concienciación ciudadana es básica para mover a los gobiernos en la lucha por la erradicacion de la pobreza pero también es sumamente dificil, pedirle a un ciudadano español que vive en una casa de 11 metros cuadrados (centro de Madrid) o pensionistas que cuentan con 150€ al mes, para que compren productos de comercio justo o no primen a las grandes multinacionales.
Elegimos unos representantes para que manejen las situaciones políticas del país pero también para que administren unos fondos para paliar situaciones como ésta.
Otra cosa es que lo consigamos, y que ellos prefieran hacerlo antes que usar su influencia para construir en Cien Pozuelos. Como ya dije en algún otro post, lo grave es que ante estos datos, se levantan cada mañana, se arreglan, se miran al espejo y son capaces de sentirse bien consigo mismos...
¿De verdad somos la primera generación que tiene en sus manos arreglar la desigualdad social? Porque desde el colonialismo han transcurrido más de cuatro generaciones ya...

Charles Michaelson -

Sí. Para empezar, participemos en la manifestación de hoy. Que vean que soñamos con otro mundo posible por necesario.

Noelia (Roja) -

Leyendo esto pensais que podemos conseguir otro mundo? que vamos por buen camino? podemos evitar la mala repartición de las materias primas? luchemos juntos y juntas....OTRO MUNDO ES POSIBLE....

Diego López -

Lo triste es, como bien dice en el artículo, que cada vez los ricos son más ricos y los pobres más pobres. El mundo va en dirección opuesta, somos nosotros quienes podemos hacerla cambiar. Pero si nos quedamos callados en casa, no hacemos nada. Tal vez una cacerolada no sirva de mucho porque habrá alguien que lo considere patético, pero así daremos una imagen en el mundo de que no vamos a callarnos. Podrán llamarnos paletos, pero no nos dirán que somos indiferentes a lo que ocurre en nuestra sociedad.

Luchemos como podamos, pero luchemos cada uno desde su parcela, desde su terreno, desde su guarida... desde su corazón.
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