J. C. García Fajardo |
![]() Cuaderno de Bitácora sobre Mundo actual y Sabiduría universal.
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Ya alumbraban los membrillos sin que todavía hubieran terminado la vendimia y en el monasterio había una gran actividad para asegurarse el invierno, como las hormigas. También el tiempo de la recogida de los monjes vagabundos hacia sus lugares de descanso. En muchos monasterios eran admitidos porque, al igual que las cigarras, alegraban los descansos en los días más cortos que se avecinaban. Cierto que a muchos Abades no les gustaban un pelo porque, entre algunos auténticos místicos Chan, taoístas o budistas, se ocultaban no pocos frescos que preferían vivir sin trabajar. Al Maestro le hacían mucha gracia porque eran auténticos portadores de novedades y de experiencias. Ya había alcanzado una edad en la que el orden y las reglas necesarias para la convivencia en una comunidad las tomaba con mucha libertad. Como los monjes giróvagos (así los denominaban en Occidente hasta el siglo V) conocían al Maestro de cuando había fundado el monasterio, procuraban visitarlo y contarle las más divertidas historias, mientras disfrutaban de su hospitalidad. Reales o inventadas, ¿qué más daba? Una de éstas fue la que les contó una tarde al regresar de arreglar el estanque de las carpas doradas. José Carlos Gª Fajardo
Fecha: 09/05/2006 15:54.
Fecha: 09/05/2006 16:48.
Fecha: 11/05/2006 10:32. |