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J. C. García Fajardo

Cambio Climático

Anatomía de un desastre esperado

Pero la inmensa mayoría de los afectados son pobres, negros y sudistas. No lo olvidemos. Todo el mundo sabía el riesgo que corrían millones de personas,existían planes para reconstruir los diues, el Presidente Clinton había declarado no edificable una zona peligrosa que Bush volvió a sacar la mercado. Los estudios demostraban que ese 20% de refino de crudo que se efectuaba en la zona afectaría a su estabilidad atmosférica, el lago arificiall más grande del mundo había logrado canalizar las aguas de los pantanos para convertir esas tierras en edificables y cultivables priovando a sí a la naturaleza de zonas de expansión y de desahogo en las crecidas de los ríos, sobre todo en las del Misisipi. Había zonas en Nueva Orleans y en Luisiana más parecidas a barrios del tercer mundo en Africa o Latinoamérica que las propias de la primera potencia económica del mundo. No podemos pasar página ante este desastre natural que puso de manifiesto las injusticias sociales, la criminalidad, la pobreza y los peligros a que se somete a amplias zonas de la población en aras de un crecimiento salvaje y cancerígeno
El prof. Castells una autoridad académica reconocida en EEUU, en España y en el resto del mundo científico analiza este nuevo aspecto de la errática polìtica de un presidnete pato cojo que se va a marchar matando. Toda su ejecutoria como presidente ha estado y está marcada por el servilismo suicida a los intereses de los grandes grupos financieros sostenidos por una mentalidad retrógrada calvinista y sionista, sin entrañas. No es posible callar ante tanta injusticia.
Nesemu


Anatomía de un desastre



• El coloso norteamericano ha puesto en evidencia su bajo índice de desarrollo social

El colapso de Nueva Orleans no es un desastre natural sino una calamidad social y política. El huracán Katrina (mujer tenía que ser) no golpeó directamente Nueva Orleans. Su impacto en la costa de Misisipí fue devastador. Pero no comparable a lo que ha ocurrido en Nueva Orleans. En esa histórica ciudad la destrucción provino de la inundación por ruptura y desbordamiento de las aguas porque los diques protectores no eran suficientemente altos. La ciudad, construida bajo el nivel del mar entre lagos y el río Misisipí, se hizo precaria en las últimas décadas porque su protección natural de marismas ha sido erosionada por el desarrollo inmobiliario. Clinton declaró una amplia área no edificable. Pero Bush eliminó la protección federal y la erosión se acentuó.
Hace tiempo que los expertos denunciaron que los envejecidos diques necesitaban reparación. En junio del 2002 el periódico local Times-Piscayune predijo que un huracán de nivel 3 inundaría la ciudad. En abril del 2001 un informe del Congreso identificó Nueva Orleans como zona potencialmente catastrófica y recomendó una modernización del sistema de diques. El proyecto fue rechazado porque costaba 14.000 millones de dólares (es el gasto de un mes en Irak). Además, ante las dificultades presupuestarias derivadas de la guerra, Bush ha recortado fondos civiles. En junio del 2005 redujo en 44% los fondos del Cuerpo de Ingenieros de Nueva Orleans de los que depende el mantenimiento del sistema de diques y drenaje.
La inundación ha sido selectiva. La zona de hoteles y el histórico barrio francés fueron golpeados por la tormenta, pero apenas inundados. Los diques eran más vulnerables en zonas populares de Nueva Orleans, que han sido las más afectadas. Es una de las ciudades más pobres de Estados Unidos, con un 67% de población negra. Fue esa población la que más sufrió. ¿Por qué no se fueron? En su mayoría porque no pudieron. Hay un 20% de pobres en la ciudad, muchos de ellos no tienen coche y, sobre todo, no tienen dinero ahorrado ni ningún sitio adonde ir. Un diario local, pocos días antes del huracán, cuando ya se sabía que venía, estimó que había 100.000 personas sin coche. La orden de evacuación sólo pudieron seguirla las familias de clase media, con coche, ahorros y conexiones. Pocos de ellos están hoy entre las víctimas.

LA CATÁSTROFE está marcada por clase y raza. Las autoridades dieron la orden de evacuar sin ningún plan, sin proveer transporte, sin asegurar refugio. Lo único que hicieron fue abrir el estadio de fútbol y allí fue la gente desesperada. Pero nadie había previsto retretes, duchas, comida, agua, nada. Al cabo de un día el lugar se convirtió en un infierno. Antes de que llegara ayuda pasaron cuatro días, cuatro largos días en una gran ciudad, en la que cientos de miles de personas deambulaban sin rumbo por aguas infectadas de ratas o se parapetaban en sus techos mientras el agua subía, esperando una ayuda que en muchos casos no llegó a tiempo,
¿Por que? Ineficiencia y desorganización, desde luego. Pero también falta de recursos. La Guardia Nacional de Luisiana, el recurso en estos casos, tiene el 35% de los efectivos y casi todos sus vehículos anfibios en Irak. Y la gobernadora de Luisiana tiene como única obsesión mantener el orden, y ha permitido que se tire a matar, incrementando la tensión. La agencia federal para emergencias no fue capaz de organizar la ayuda hasta que el Ejército tomo el tema en sus manos: la prioridad concentra en los militares la capacidad operativa.
Es significativa también la lenta reacción del presidente Bush y del Congreso. En el primer dia de catástrofe ni siquiera interrumpieron las vacaciones. En internet circuló una foto de Bush tocando la guitarra. Y a la secretaria de Estado Condi Rice la vieron en el teatro en Nueva York y comprándose pares de zapatos en la carísima tienda Ferragamo de la Quinta Avenida. Anécdota: a una señora que la increpó, la echaron a patadas. Es posible que la relativa indiferencia al sufrimiento de estos refugiados tenga una coloración racista. De hecho, el presidente del Congreso (republicano) declaró que sería mejor no reconstruir Nueva Orleans.
En este contexto hay que situar el pillaje y la violencia que se desataron en Nueva Orleans, lo que más ha alarmado a la élite del país. ¿Por qué disparan contra helicópteros de rescate? ¿Cómo pueden verse en el país de la democracia bandas armadas en camionetas aterrorizando y disparando, mientras la policia se atrincheraba en sus comisarías o abandonaba sus puestos porque la situación era, segun un policía, "como en Somalia"? En parte, fueron gente desesperada que sin comida ni bebida saquearon para sobrevivir. Y de paso, muchos se llevaron lo que pudieron. Algunos para canjearlo por comida. También asaltaron almacenes de armas.

POR OTRA parte, ocurre que en muchos barrios pobres de Estados Unidos la situación social es explosiva, sólo se mantiene con policía y si los jóvenes ven la posibilidad de revancha, se la toman, aunque sea por unas horas. Hacer explotar todo en su desesperación. Y ahora empiezan los incendios. Es otra forma de suicidio antisistema.
El desastre de Nueva Orleans, en toda su tragedia humana, denota la debilidad fundamental del coloso estadounidense, tan desarrollado militar y tecnológicamente, como socialmente subdesarrollado y políticamente descontrolado. Su crisis nos afectará a todos.

Manuel Castells
Catedrático emérito de Sociología de Berkeley y miembro de la Real Academia de Ciencias Económicas y Financieras

Crónica de una devastación anunciada

La inundación de Nueva Orleans, al ser una catástrofe meteorológicamente anunciada, no hizo mover un ápice la política económica, fiscal y de medio ambiente que la Administración Bush puso en práctica a partir de 2001Ernest Ekaizer realiza en El País un incisivo análisis de la catástrofe en Nueva Orleans, Lusiana y la costa de México en donde se realizan a mayor parte de los refinados de crudo de EEUU. Subraya que Las ayudas previas a Nueva Orleans no figuraban en la agenda de Bush, a pesar de estar anunciados en mil ocasiones los riesgos de desbordamineto del mayor lago artificial del mundo,Pontchartrain, y del río Missisipi. Ha sido la crónica de una catástrofe anunciada y no evitada.
Nesemu
La imprevisión como política

"No creo que nadie anticipara la ruptura de los diques", dijo el jueves, día 1 de septiembre, el presidente George W. Bush, en referencia a la vía de agua abierta al paso del huracán Katrina en la muralla de diques del lago Pontchartrain. ¿Despiste? ¿Mentira? Calificaciones aparte, los hechos permiten conocer hasta qué punto la ruptura de los diques era o no uno de los escenarios de la crónica de una devastación anunciada.

En el año 2004, el Cuerpo de Ingenieros del Ejército de Estados Unidos explicó a la Administración que era necesario reforzar la muralla de diques y elevar su altura ante huracanes de mayor fuerza. Para ello solicitó 11 millones de dólares. El presidente Bush cogió las tijeras y pidió al Congreso 3 millones. El Congreso, a su vez, aprobó 5,5 millones.

Fue un año clave. Por dos cosas: por la experiencia del huracán Iván y precisamente por el recorte de la financiación federal. También por una tercera razón: el tijeretazo provocó la paralización de gran parte del proyecto. Era la primera vez en 37 años que ello ocurría.

Si en el caso de los atentados terroristas del 11-S, el presidente Bush recibió advertencias previas del director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), George Tenet, y del responsable de la lucha contraterrorista, Richard Clarke, todas clasificadas y, por tanto secretas, las tensiones por la petición de fondos para reforzar los diques de Nueva Orleans llenaron portadas de periódicos, programas de radio y telediarios. Los ingenieros militares estaban solicitando a Bush dinero para preparar las murallas ante un huracán de grado cuatro o cinco.

Uno de los diarios locales, el Times-Picayune, tituló una de sus informaciones así: 'El Cuerpo de Ingenieros alerta: Los diques no están a la altura; muchos no son tan elevados como se pensaba'.
Los expertos, por otra parte, no ocultaron sus temores tras la paralización de las obras de reforzamiento. 'Parece que el dinero se ha desplazado en el presupuesto del presidente para hacer frente a la seguridad interior y la guerra de Irak, y supongo que es el precio que estamos pagando. Nadie se siente feliz aquí de que los diques no puedan terminarse, y vamos a hacer todo lo posible para mostrar que para nosotros ésta es una cuestión de seguridad', dijo el 8 de junio de 2004 Walter Maestri, jefe de uno de los equipos de emergencia del consejo local de Jefferson, Luisiana, al Times-Picayune.

Otros periódicos fueron todavía más agresivos en sus titulares. El Pittsburgh Post-Gazette, por ejemplo, encabezó así, el 17 de octubre de 2004, la noticia sobre la reducción de la financiación federal: 'Nueva Orleans en peligro de inundación. El huracán Iván pasó de largo, pero un impacto directo de otro vendaval inundará sus diques y dejará miles de muertos'.
La Administración Bush es blanco a estas horas de críticas por su incapacidad manifiesta para haber garantizado la evacuación y, ahora, la ayuda a las víctimas. Pero las lecciones de estos días, según los expertos, son de largo alcance.

. Y ello a pesar de que, como señaló Maestri, estaba en juego una cuestión de seguridad. En la región se concentra el 20% de la capacidad de refino de petróleo de EE UU.

Katrina y el Calentamiento Global

Abrimos hoy una nueva sección en este Blog: CAMBIO CLIMATICO porque creo que es un de los temas más graves que azotan a la humanidad. Todos los demás palidecen ante él, hasta el segundo más grave y que no dejaremos de abordar contíuamente: la Explosión demográfica. Están muy conectados entre sí, como iremos comprobando.
Nesemu

Me parece m,uy interesante el artículo que Ross Gelbspan, ha escrito para The New York Times y El País:

Katrina y el cambio climático


El huracán que azotó la costa del sur de EE UU fue apodado Katrina por el Servicio Meteorológico Nacional. Su verdadero nombre es calentamiento global. Cuando el año empezó con una nevada de 60 centímetros de nieve en Los Ángeles, la causa fue el calentamiento global. Cuando los vientos de 200 kilómetros por hora cerraron centrales nucleares de Escandinavia y cortaron el suministro eléctrico de centenares de miles de personas en Irlanda y Reino Unido, el impulsor fue el calentamiento global. Cuando una grave sequía en el Medio Oeste reducía los niveles de agua del río Misuri a mínimos históricos este verano, el motivo fue el calentamiento global.

En julio, cuando la peor sequía registrada provocó incendios en España y Portugal y los niveles de agua en Francia eran los más bajos en 30 años, la explicación fue el calentamiento global. Cuando una ola de calor letal en Arizona mantuvo unas temperaturas superiores a los 43 grados centígrados y acabó con la vida de más de 30 personas en una semana, el culpable fue el calentamiento global. Y cuando la ciudad india de Bombay (Mumbai) acumuló un metro de agua en un día, lo que mató a 1.000 personas y desbarató la vida de 20 millones más, el villano fue el calentamiento global.

A medida que la atmósfera se calienta, genera sequías más prolongadas, lluvias más intensas, olas de calor más frecuentes y tormentas más rigurosas. Aunque el Katrina comenzó como un huracán relativamente pequeño que acechaba las costas del sur de Florida, recibió una enorme carga de extraordinaria intensidad de las temperaturas relativamente abrasadoras de la superficie marina en el Golfo de México. Las consecuencias son desgarradoras y aterradoras en igual medida. Por desgracia, muy pocos estadounidenses conocen el nombre auténtico del huracán Katrina, porque las industrias del carbón y el petróleo han invertido millones de dólares para mantener al público con dudas sobre la cuestión.

El motivo es simple: permitir que el clima se estabilice exige que la humanidad reduzca su consumo de carbón y petróleo en un 70%. Eso, naturalmente, amenaza la supervivencia de las mayores empresas comerciales de la historia. En 1995, los servicios públicos de Minnesota descubrieron que la industria del carbón había pagado más de 800 millones de euros a cuatro científicos que mostraban públicamente su disconformidad con el calentamiento global.
Y ExxonMobil ha gastado más de 10 millones de euros desde 1998 en una campaña de relaciones públicas y cabildeo contra el calentamiento global. En 2000, los magnates del petróleo y el carbón se apuntaron su mayor victoria electoral hasta la fecha cuando el presidente George W. Bush salió elegido y a renglón seguido aceptó las insinuaciones del sector respecto a su política climática y energética.
A medida que el cambio climático acelera el paso, muchos investigadores temen que ya nos encontremos en un periodo de mutación irreversible y descontrolada. Con este telón de fondo, la ignorancia de la ciudadanía estadounidense sobre el calentamiento global destaca como una crítica contra los medios de comunicación estadounidenses. Cuando la prensa de EE UU se ha molestado en abordar el tema del calentamiento global, se ha centrado casi exclusivamente en los aspectos políticos y diplomáticos y no en lo que el calentamiento está haciendo a nuestra agricultura, al suministro de agua, a la vida vegetal y animal, a la salud pública y al clima.

Durante años, la industria de los combustibles fósiles ha presionado a los medios para que confieran el mismo peso a un puñado de escépticos del calentamiento global que a los hallazgos de la Comisión Intergubernamental sobre el Cambio Climático (más de 2.000 científicos procedentes de 100 países que informan a Naciones Unidas). Ahora que la ciencia se ha vuelto incluso más sólida -y los impactos tan visibles como la enorme tormenta que ha alcanzado a gran parte del Golfo de México- la prensa comparte la culpa de la destrucción que nos hemos infligido con los sectores del petróleo y el carbón. Como bostoniano, tengo miedo de que el próximo invierno -al igual que el pasado- sea inusualmente breve y devastadoramente riguroso. A principios de 2005, una mortífera tormenta de nieve dejaba sin suministro eléctrico a miles de personas en Nueva Inglaterra y una capa récord de 1,6 metros de nieve en Boston. El nombre tradicional de aquel mes era enero. El verdadero es calentamiento global.

Ross Gelbspan es autor de The Heat Is On y Boiling Point. Traducción de News Clips. © 2005 The New York Times