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J. C. García Fajardo

"La prisión judía" y el gran intelectual judío Jean Daniel, excelente periodista fundador del Nouvel Observateur

Jean Daniel, es uno de los más grandes periodistas e intelectuales europeos de nuestro tiempo, ha publicado La prisión judía una obra fundamental para entender el grave problema sionista y el polvorín de Oriente Medio. Nacido en el seno de una familia judía sefardí en la Argelia colonial francesa, educado en la escuela laica y en los principios y valores de la República, resistente antifascista, fundador del semanario progresista Le Nouvel Observateur, Jean Daniel ha estado siempre en el lado correcto en todos los debates de los últimos sesenta años, convirtiéndose en una referencia de envergadura para los demócratas de izquierda. Así escribe Javier Valenzuela en su crítica a la última obra del fundador del prestigioso semanario francés, Le nouvel observateur. De la raza del también judìo Edgard Morin, estamos ante dos de los más clarividentes y serios intelectuales de nuestro tiempo. Como periodista Jean Daniel brilla con luz propia e ilumina uno de los más graves problemas de nuestro tiempo: la presión suicida del sionismo más peligroso en Oriente Medio capaz de encenderlo todo con tal de mantener la fantasía de su insensata megalomanía. Hay muchísimos judíos, no sólo en el Estado de Israel sino en toda la diáspora, que no comparten esa locura del Ersetz Israel (el Gran Israel del Nilo al Tigris) y hay no pocos rabinos que consideran blasfema la conquista de Jerusalén y el establecimiento de un estado sionista antes de la llegada del Mesías. Muchos judíos que no practican la religión hebrea se sienten coaccionados por este concepto clarividente de la "prisión judía" que los también judíos Morin y Daniel abordan con una valentía inconmensurable. Por el bien del auténtico Israel, como en su día por el bien del auténtico pueblo alemán debemo  luchar contra esa nefasta ideología del sionismo a ultranza como lo fue el nazismo como llaga del gran pueblo alemán. No podemos permanecer impasibles ante la oposición perversa al reconocimiento de un Estado de Palestina al igual que existe el Estado de Israel... aunque de las fronteras de 1967 como exigen todas las resoluciones del Consejo de Seguridad y el Derecho Internacional. ¿No querían democracia en Palestina? Ya ha habido elecciones democráticas supervisadas por instituciones internacionales y venció Hamás contra el movimiento Al Fatah lleno de corrupción y de connivencia con el Mosad. Ahora dicen los políticos de la extrema derecha de Israel y EEUU que "no  vale Hamás" porque no reconoce a Israel. Claro que nunca podrán reconocer al Estado de Israel si antes no regresa a las fronteras de 1967, devuelve los Altos del Golán, abandona Cisjordania y deja libre del todo a Gaza, destruye el muro construido sobre terrenos palestinos, reconoce el derecho al regreso a su tierra de los palestinos que padecen en el exilio desde hace medio siglo, devuelven mutuamente sus prisioneros y se retira de Jerusalén Este. Obviamente tienen que desalojar todos los asentamientos de colonos judíos edificados sobre territorio palestino. El Derecho Internacional lo exije porque es impensable el acrecentamiento del territorio nacional por acciones de guerra. ¿A qué juegan Bush, Cheney y Condoleza Rice? ¿Es tan loco y prepotente el lobby sionista en EEUU? ¿Cómo puede permitirse el arsenal atómico en poder de Israel, así como sus armas químicas de destrucción masiva?
Disidencia judía
El periodista francés Jean Daniel, uno de los grandes intelectuales de la izquierda europea, denuncia la identidad comunitaria y opta por la ciudadanía en "La prisión judía".
La última guerra librada por Israel -la invasión de Líbano del pasado verano- aportó conclusiones esclarecedoras. Para empezar, reveló las limitaciones del poder militar israelí, del mismo modo que la de Irak sigue evidenciando las del poder militar estadounidense. Dado que es difícil entender cómo esos dos países pudieron embarcarse en aventuras tan obviamente condenadas al fracaso, la explicación sólo puede provenir de la ceguera ideológica, de sus dirigentes, del abandono de la razón y el sentido común. Otra de las conclusiones de aquel conflicto fue que Israel está decidido a calificar sistemáticamente de "antisemita" a cualquier gentil que discrepe de su política belicista y a afirmar, si el crítico es judío, que éste "se odia a sí mismo". Muy cómodo y falso como lo fue el concepto de superioridad de la raza aria y el Holocausto de los judíos por los nazis.
Así que la honesta, intensa y documentada reflexión sobre la condición judía que constituye el último ensayo de Jean Daniel publicado en España no puede ser más oportuna
. Como señala Juan Goytisolo -otro gran faro intelectual y moral- en su prólogo a La prisión judía, Jean Daniel se ha situado siempre fuera del corsé de las identidades comunitarias fijas, a prueba de milenios, y ha acampado en el terreno mucho más incierto de la ciudadanía. Nacionalismos e integrismos no son, precisamente, lo suyo. Pero el periodista y ensayista francés ha tenido que afrontar, una y otra vez, no sólo la cuestión judía en general, sino la de su propio judaísmo.
Hay unos quince millones de judíos en el mundo -de ellos cinco millones en Israel- y muchos, si no la mayoría, han optado, según sostiene Jean Daniel, por encerrarse en lo que llama "la prisión judía". Así la describe: "Se puede salir de la religión, pero nunca se sale del pueblo judío y de su destino único, incluso si uno se declara no creyente. Se está condenado a la pertenencia".
Esa "prisión judía" se encuentra "en las mentes"; sus muros invisibles son "la esencia, la eternidad, el absoluto", y su carcelero, el mismísimo Dios, según Jean Daniel. De modo que, al final, resulta que "el judeocentrismo es un encarcelamiento común al pensamiento judío y al pensamiento antisemita".

Jean Daniel, fugado desde su juventud de esa prisión, opta por situarse en una línea de disidencia judía en la que incluye a Flavio Josefo, Spinoza, Heinrich Heine, Simone Veil, Henri Bergson, Hannah Arendt, Edith Stein y Edmund Husserl. "Como Spinoza", escribe, "no consigo creer realmente, completamente, que el pueblo judío, a pesar del milagro de su perennidad, sea el único testigo de la humanidad, así como el único instrumento de la divinidad. Y rechazo sobre todo que se comporte como si, con el pretexto de que se le persigue haga lo que haga, pueda abandonarse a hacer lo que le parezca, tanto bueno como malo. Como si en nombre de su elección o de su maldición, pudiera arrogarse una moral diferente a la de los demás".
Lo que lleva a Daniel a hablar con frecuencia de Israel en este libro y a lamentar su conversión en un Estado militarista que intenta justificarse con argumentos teológicos. Grandes escritores y pensadores israelíes como David Grossman y Amos Oz comparten sus reflexiones, pero ya se sabe que, a tenor de la propaganda oficial, son "judíos que se odian a sí mismos".
"Nacido para acabar con el antisemitismo cristiano", el que tuvo su expresión más brutal en el Holocausto, el Estado de Israel se desarrolla hoy "alimentando un nuevo antisemitismo árabe", señala Jean Daniel.
Y es que, en contra de lo que dicen muchos judíos, y no pocos gentiles, el fundador de Le Nouvel Observateur no cree que nos encontremos ante el resurgimiento del mismo fenómeno antisemita en una tierra diferente. Los que sostienen lo contrario -"infieles, a mi modo de ver, al mensaje de Auschwitz"- no distinguen entre "las barbaries de las que fueron víctimas simplemente por haber nacido y existir", y las vicisitudes que ahora afrontan "a causa de lo que hacen, libre y soberanamente".
"Los israelíes son dueños de su destino nacional", recuerda el periodistas y ensayista. "Están en el hacer y ya no sólo en el ser. Y he aquí que algunos de ellos, ofuscados para siempre por la fatalidad del mal, se muestran incapaces de distinguir entre los desastres que sufrieron en Auschwitz y las guerras que libran en Israel, en igualdad de condiciones con sus enemigos. Este sentimiento de fatalidad eterno y omnipresente empezó a confirmarme en la idea de que en el misterio judío había algo que se parecía a una prisión".
Lúcido, valiente y erudito como siempre, Jean Daniel aporta con La prisión judía un importante instrumento intelectual para las polémicas del momento. Y también una propuesta de conducta. Así la expresa: "He llegado a la conclusión de que los judíos sólo deberían retener de su Elección la exhortación a ser los mejores, y de la Alianza, la obligación de hacer de Israel un faro de las naciones. Si esto se considera imposible, entonces todo el mundo es judío y nadie lo es. En este caso, la prisión es cruel, gloriosa, absurda, eterna. ¿Como la condición humana? Como ella, en efecto. Pero el oficio del ser humano no consiste en elegir la servidumbre voluntaria".

 

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11 comentarios

Anónimo -

estos pueblos vivan enfrentados toda la vida. mientras esto siga así, uno por encima del otro, seguirá el "caos",Los israelíes son dueños de su destino nacional

Paola Hexel -

No creo que haya fin. El ser humano es un animal que (en muchos casos) se cree por encima de todo, estas ansias de poder le llevan a cometer atrocidades. Y cuanto más poder se tiene, más se quiere. Es lo que está pasando en Oriente Medio: Israel, quiere las tierras y tiene/cree que tiene capacidad de hacerse con ellas (gracias también al "apoyo" de EEUU) y mientras esto siga así, uno por encima del otro, seguirá el 'caos'.

Sylvia -

La infinidad de posturas políticas, ideológicas y de origen territorial han hecho que estos pueblos vivan enfrentados toda la vida. Se trata de una lucha contínua que lejos de acabarse se alimenta a diario de odio y venganza...¿Tendrá fin algún día esta guerra?

Ana Caterina Lopez -

Creo que nada, y menos la religión de unos o de otros, puede justificar tanta muerte y tanto horror!
... yo no entiendo nada de verdad...

Sara Ayllón -

Estoy de acuerdo con Alberto, no se puede olvidar el nacionalsmo existente, que sin duda está muy relacionado con las religiones y culturas. No olvidemos que en Oriente Medio poder y religión van unidos en la mayoría de lso casos. La religión no es opcional es casi una obligación.

Azahara Morales -

El problema de Oriente Medio está promovido en primer lugar por la diversidad de religiones e ideales. Si a esta situación inestable le añadimos que los judíos se adjudicaron un territorio por la fuerza, el conflicto se hace insostenible.

Alberto Luque -

Como todo país sin historia común, a pesar de que Israel ya existía como reino en épocas muy anteriores, el nacionalismo está caliente sobre la mesa, y por tanto Israel sufre los males y consecuencias de una sociedad nacionalista. Así paso en los EEUU recien salidos de la Guerra de Secesión por ejemplo.

jose navareño garrido -

Esto siempre es lo mismo esta situación los debe desbordar y nosotros la podemos simplificar en una frase NI PA´ TI NI PA´ MI.

alejandro estrada -

No logro entender la situación de Oriente Medio: lucha entre pueblos, cambios continuos de fronteras, enfrentamientos ideológicos... Es imposible que la paz llegue a esta zona si las cosas continúan así, lo único que se consigue con estos enfrentamientos es empeorar las cosas para las generaciones futuras.

Noelia (Roja) -

Creo que confundir la religión judía con el pueblo judía es algo a mirarse.... no se puede confundir Yahve con el Holocausto....

Diego López -

Como el perro del hortelano que ni come ni deja comer. Eso ocurre en Oriente Medio.
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