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J. C. García Fajardo

La inmigración es necesaria y signo de buena salud económica

Escribe el Prof. de Historia Francesc Granell:
Entre nosotros se ha instaurado el "vértigo" de la masa de inmigrantes cuando deberíamos concienciarnos de que la inmigración es necesaria e inevitable. Deberíamos, además, estar satisfechos de que España atraiga inmigrantes pues ello demuestra que nuestra economía ha venido creciendo más que la de otros países de nuestro entorno y ejerce un poderoso "efecto llamada".
Los subsaharianos, los marroquíes, los sudamericanos o los asiáticos no emigran a países en donde no van a encontrar trabajo. Van, precisamente, hacia donde sus amigos y familiares -que ya emigraron y se instalaron- les dicen que van a poder ganarse el sustento y van a poder remitir algunos ahorros a su familia. Este es el "verdadero efecto llamada" y no la simple posibilidad de "legalización".
Entre 1990 y 2005 Estados Unidos, con más de 15 millones, y Alemania y España con más de cuatro millones cada uno, fueron los países que más inmigrantes registraron, y el flujo seguirá si mantenemos las tasas de crecimiento. Estados Unidos, Canadá, Australia y otros países han sabido hacerlo y se sitúan -gracias en parte a ello- en los primeros lugares del ranking mundial de desarrollo.
Dadas las previsiones demográficas para los próximos años, hay que asumir la "inevitabilidad" de las migraciones masivas. Éstas van a producirse ante la realidad de unos países ricos con maltrechas tasas de natalidad y nuevas necesidades de mano de obra ante su progresivo envejecimiento, y de unos países del "Sur" con natalidad pujante y escasa creación de puestos de trabajo. El 98% del aumento esperado de la población mundial entre hoy y el 2050 tendrá lugar en los países del Sur y las llamadas a la emigración ante los desequilibrios Norte/Sur seguirán siendo enormes.
En los próximos años las migraciones masivas serán necesarias e inevitables y un ingrediente importante de la "globalización", contribuyendo a la lucha contra la pobreza en el Sur. Pues no en vano las remesas de los casi 200 millones de emigrantes que hoy existen en el mundo duplican el flujo de ayuda oficial al desarrollo (160.000 millones de dólares contra 79.000 millones). Esta cifra es superior, por ejemplo, al beneficio que supondría la liberalización comercial que se derivaría de la ahora embarrancada Ronda de Doha de la Organización Mundial de Comercio. Recordemos, además, que España recibe más remesas de emigrantes de las que manda al exterior pues hemos heredado una situación emigratoria que solo recientemente ha cambiado de signo.
Ante la "inevitabilidad" de que siga el flujo migratorio hacia España, como ocurre y ha ocurrido en otros "países del Norte", no hay que tratar de poner medidas policiales en contra de los inmigrantes, sino establecer políticas para minimizar los efectos negativos que genera la migración (gestión multiétnica, guetos, mafias, costes en sanidad y educación, desajustes salariales en relación a la productividad...) y para maximizar los efectos positivos de ella derivados.
Hay, pues, que evitar el "alarmismo" valorando los efectos positivos que comporta la "inmigración" (mejora de la fertilidad frenando el envejecimiento de nuestra población, rellenado de "huecos" en nuestro mercado laboral, aportación de nuevos productos y negocios, ingresos fiscales y para la seguridad social, activación del consumo y, a su través, la inversión...). ¿No se habría frenado ya la construcción si los millones de inmigrantes que han llegado a España en los últimos años no estuvieran comprando pisos?
Lo que debe preocuparnos no es que sigan viniendo más inmigrantes sino que la economía española pierda posibilidades de seguir atrayéndolos, pues ello querría decir que España ha dejado de ofrecer puestos de trabajo estables y productivos tanto para los "nacionales" como para los inmigrantes.
En otras palabras: lo que hay que conseguir es que el modelo económico español -inmigración incluida- se adapte lo mejor posible a la globalización de la que las migraciones son -también- un factor integrante.

Francesc Granell es catedrático de la Universidad de Barcelona y miembro de la Real Academia de Ciencias Económicas y Financieras.

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3 comentarios

Sergio -

En un país con millones de parados y prejubilados, la inmigración no es más que un síntoma de demanda de mano de obra barata y de condiciones laborales degradadas.

Bealma -

No estoy de acuerdo en lo que dice el artículo al principio, como que la inmigración es algo bueno porque tan bien vamos que todos quieren venir.
A parte de venir porque no les queda otra, españa es lo que más cerca pilla. Y ovbiamente somos un pais desarrollado, por lo tanto se quedan, pero nada que ver con un desarrollo fuera de lo común. Además creo que la inmigración masiva no es para nada positiva, un ejemplo: Canarias. Por lógica pura y dura si el flujo masivo sigue, a lo largo del tiempo llegará un momento de "overbooking" insostenible. Además me parece injusto que una persona tenga que dejar su pais y su vida para sorevivir en un lugar donde probablemente no consiga papeles y sea explotado por los empresarios españoles (hay gente que se queja de que cobran menos por lo que quitan el puesto de trabajo a los españoles que quieren trabajar en hostelería, construcción etc... pero los cuplables son los empresarios ESPAÑOLES que se forran a su costa).

Ovbiamente hay aspectos positivos en la inmigración, como la diversidad de culturas y la posibilidad de dar trabajo a personas que lo necesitan. Me encanta ir por lavapiés y ver que hay locales de todas las nacionalidades. Tambien me gustaría que mis hijos tuvieran en clase amigos de diferentes partes del mundo y crezcan todos ellos tolerantes. Pero eso es a lo que aspira el término "inmigrante" porque hoy en dia, y a menos que haya un cambio radical por parte del comportamiento de la mayoria de ciudadanos e inmigrantes y de los politicos, el término implica ilegalidad que les deriva a no llevar una vida como se merecen, falta de derechos y obligaciones.

Hoy en dia, inmigracion es sinónimo en la mayoría de los casos de sobrevivir como sea, cuando debería de ser sinónimo de buscarse la vida dignamente.

Javi R. -

Evidentemente, la inmigración es un hecho necesario, y tal y como dice el Profesor Granell, da una medida de la buena salud de la que goza nuestro país, ya que somos un claro reclamo para los inmigrantes. Ahora bien, la inmigración desmesurada puede traer consecuencias poco agradables. Y es que toda esa gente que llega a España de manera ilegal, si no encuentra trabajo (cosa nada difícil), se verán en una situación extrema, y tendrán que recurrir en muchos casos a la delincuencia, robos, etc. No hay que olvidar que más del 30% de los presos en las cárceles españolas son extranjeros, cifra que no ha dejado de crecer en los últimos años. En el año 2000 la cifra se situaba en un 16,71%, para llegar al más del 30% actual.

Todo esto es síntoma de que la inmigración masiva no es beneficiaria para el estado español. Una inmigración controlada sí, por supuesto, pero es inadmisible la llegada de 300-400 inmigrantes diarios a las costas españolas. Desde luego, hay que ponerle freno, y tanto la UE como los países de procedencia de dichos inmigrantes deben adoptar medidas para prevenir imágenes como las que vemos diariamente en los telediarios. UN SALUDO
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