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J. C. García Fajardo

Entre el desierto y la plaza del mercado: No existe un Dios tapaagujeros, ni un Dios que soluciona problemas.

Así se expresa y denuncia Josep M. Soler, abad del monasterio benedictino de Montserrat, en una buena entrevista con Mª Antonia Iglesias que no tiene desperdicio.                                                          "Es fácil percibir que un sector de la jerarquía católica tiene nostalgia del nacionalcatolicismo, sobre todo en ciertos círculos de la Conferencia Episcopal"
"Hoy la Iglesia no está presente en la sociedad, y, lo que es peor, cuando está presente, lo está de modo inadecuado, cuando no ridículo"
"La mayoría de los obispos creen que los nacionalismos ponen en peligro la unidad de España, y eso no es así"
"Es lamentable que los obispos no tengan el coraje de frenar la estrategia de envenenamiento de la sociedad que llevan a cabo colaboradores de la COPE"
"La Iglesia no debe quedar identificada con ningún partido concreto, en este caso con el Partido Popular como lo está haciendo"
"Las afirmaciones de monseñor Cañizares, además de no tener la más mínima apoyatura teológica, contradicen la propia identidad de Cataluña"                                                                                                                                                                                                                                                                                                               "Creo que es faltar a la verdad decir que la Iglesia está perseguida en España. Se puede decir que es criticada, o ignorada, pero tiene total libertad para decir lo que quiera, para salir a la calle cuantas veces quiera (que ya lo hace). Los obispos no quieren entender que España ya no es lo que era. Esto, que a algunos nos resulta fácil de comprender, resulta insoportable para sectores de la Iglesia que no aceptan los cambios democráticos." 
P. Ya voy entendiendo por qué usted no gobierna la Iglesia católica española. Pero no puedo evitar preguntarle si usted sería capaz de imponer la pobreza evangélica. Qué pasaría si el Papa decidiera vender las propiedades que no tengan un valor artístico, y por qué la jerarquía española acepta subvenciones del Gobierno y luego muerde la mano que le da de comer.
R. Pienso que sólo una Iglesia realmente pobre se puede considerar una Iglesia realmente libre. Pero también es cierto que es muy difícil servir a la gente sin tener medios en el mundo en el que vivimos. Si el Papa tomara esa decisión liberadora, yo lo aceptaría... yo renunciaría a las subvenciones y optaría por una Iglesia pobre pero libre.
P. Quizá de lo que no quiere, o no puede, liberarse la Iglesia es del recurso a la explicación, mágica, infantil, de la experiencia religiosa. Quizá por eso la gente que hoy vive en libertad y racionalidad le está dando la espalda. ¿Por qué se empecina en esa actitud?
R. Porque no saben hacer otra cosa. Porque es más exigente proponer a la persona de Jesús desde un planteamiento de inteligencia que no repugne la racionalidad, porque se ha prescindido del respeto a la naturaleza superior de la condición humana. Desde mi punto de vista, el concepto mágico prostituye la verdadera naturaleza de la fe, que es una adhesión racional, desde la afectividad y la inteligencia, a una creencia. Muchos problemas que hoy tiene la Iglesia se deben a la crisis del recurso a lo mágico, que hasta ahora apuntalaba unas verdades incontestables. Unas verdades que no sólo son contestadas por parte del hombre moderno, sino que, sencillamente, se desmoronan. No existe un Dios tapaagujeros, ni un Dios que soluciona problemas.
P. Lo cierto es que la jerarquía mantiene una pedagogía ininteligible del Evangelio,no tiene misericordia  es anacrónica. Pero también es cierto que la Iglesia monástica y contemplativa, como la de usted, mantiene un contumaz silencio sobre esa actitud de esa jerarquía. No sé si lo hacen por prudencia o por miedo.
R. Yo no afirmaría, de forma tan tajante, que la Iglesia carece de misericordia, aunque sí es cierto que hay textos de la Iglesia española que tienen menos misericordia con la condición humana, con el hombre que sufre, que el catecismo de la Iglesia oficial. Me estoy acordando de un documento de la Conferencia Episcopal sobre los teólogos y las actitudes morales que era realmente terrible. Creo que esto es muy grave porque el Evangelio nos obliga a ponernos en el corazón del otro, en las angustias del otro, y, realmente, los obispos españoles, como colectivo, no parece que sean capaces de hacerlo. Quizá ellos teman que si adoptan una actitud de comprensión y tolerancia se relajen las cosas, no sé. Me resulta muy difícil comprenderles, la verdad. Pero lo que más me preocupa es que esas actitudes de intransigencia son las que determinan a la gente a ignorar lo que pueda decir la Iglesia a nivel ético, o el tema de la moral sexual, por ejemplo. La Iglesia se resiste a revisar sus criterios poniéndolos en el contexto de los avances de la ciencia, de la medicina, de la antropología, y yo creo que urge esa reflexión.
P. Pero no me acaba de explicar por qué, a la vista de tantos problemas como tiene la Iglesia, de tantos errores como cometen, ustedes, los que viven refugiados en la vida monástica, callan tanto, no denuncian, no se arriesgan.
R. Estamos entre el desierto y la plaza del mercado. Cuando me he pronunciado sobre algo y lo que he dicho no ha sido del agrado de la autoridad eclesiástica, me han enviado mensajes muy claros de que yo, como monje, lo que tenía que hacer era limitarme a rezar y callar.
P. Y ¿está usted de acuerdo con esa recomendación?
R. ¡No! ¡Por supuesto que no! ¡Ya lo está comprobando usted! En mis homilías son muy claras y tienen una notoria divulgación en Cataluña, en una emisora de radio de la Iglesia que...
P. No será la COPE...
R. ¡No! ¡Por Dios! Es Radio Estell. Pero sí quiero reconocerle que tendríamos que ser más valientes y denunciar más claramente situaciones en las que la Iglesia ni transmite ni vive el Evangelio.
P. Pero, con la excepción de hoy, y de su persona, la Iglesia contemplativa calla. Que es tanto como otorgar, como ser cómplice. Y lo malo es que, para la gente, la voz de la Iglesia son ellos: Cañizares, Rouco Varela...izares, Rouco Varela...
R. ¡Gracias a Dios hay otras voces en la Iglesia! Por ejemplo, en el tema de la COPE, que yo ya no la escucho, he hecho algunas gestiones en el Vaticano, en la Nunciatura, y firmé un documento que se envió a la Conferencia Episcopal protestando por sus contenidos. Creo que es lamentable que los obispos no tengan el coraje de poner freno a la estrategia de envenenamiento de la sociedad que llevan a cabo los más destacados colaboradores de la emisora. Así lo dije y lo sigo diciendo, y me parece muy triste que no haya una mayoría de obispos que tengan el valor de poner fin a una situación que contradice y repugna abiertamente los valores del Evangelio y también los de la convivencia democrática. Me atrevo a decir que los obispos mantienen la COPE en esos niveles de beligerancia porque les interesa mantener, también, lo que ellos pueden considerar una situación de equilibrio con... con la SER, aunque pienso que la SER no es tan radical como la COPE... En definitiva, la Conferencia Episcopal mantiene la COPE como está por una estrategia política y no eclesial.
P. Lo cierto es que hemos visto una sintonía total entre las tesis del PP y la actitud de la jerarquía. ¿Por qué? ¿Qué razones les llevan a esa complicidad tan explícita?
R. Creo que la jerarquía católica tiene la convicción de que hay que defender lo que ellos llaman la unidad de España, que, según ellos, los nacionalistas quieren romper. Ellos mantienen que la unidad de España, según ellos la entienden, claro, es un bien moral, lo cual es absolutamente falso y no tiene base teológica. Pero lo más importante es que, desde mi punto de vista, la Iglesia no debe quedar identificada con ningún partido concreto, en este caso con el PP como lo está haciendo. Lamentablemente, la mayoría de obispos creen que los nacionalismos ponen en peligro la unidad de España, y eso no es así. Una cosa es la unidad de fe, y otra muy diferente, el tema de la organización política de una sociedad, de un Estado que puede tomar mil formas.
P. Pues me imagino cómo ha debido de sentirse al oír a monseñor Cañizares que las autonomías y la autodeterminación van en contra del cristianismo porque el cristianismo es unidad.
R. Las afirmaciones de monseñor Cañizares me han dejado estupefacto.Además de no tener la más mínima apoyatura teológica, contradicen la propia identidad de Cataluña, de su historia. Es cierto que el cristianismo es unidad, pero unidad de fe, unidad en la solidaridad, como lo es la unidad con la Iglesia de Europa. ¡Pero no hace falta que sea una unidad política, porque entonces tendríamos que hacer con todos los católicos del mundo un solo Estado!
(El País, 27 07 06)

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