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J. C. García Fajardo

Nesemu. Una nueva peste

El 'mal francés' se denominaba a la sífilis; pero los franceses le llamaban 'el mal español', o italiano, dependía de dónde lo habían pillado. Al parecer, lo habían traído de las Indias en donde diz que los indígenas lo atraparon coyundando con las llams, con los animales quiero decir. Fabulaciones. Lo que sí me parece interesantes es este artículo de Luis Racionero acerca de la trenmenda crítica que está pasando la UE por culpa de los egoísmos extremos de Francia y de Inglaterra que quisieran una Europa coordinada por ellos. En el caso de Francia así lo habían escrito ya en plena Edad Media, según escribió Dubois.
Nesemu

//SE COMPRENDE QUE los demás países europeos no deseen seguir al francés en su política carente de realismo y contraproducente

Gracias a la penicilina, el mal francés ya no es lo que era y se ha transformado en algo cultural e inmaterial, pero no menos pernicioso. El mal francés del siglo XXI es la manía de creerse diferentes -la excepción francesa- fruto de los tres narcisismos que identifica André Glucksmann en un clarividente artículo a propósito del rechazo francés a la Constitución europea. El inefable Chirac -que ya es amigo de Bush- fue a la televisión para apoyar el sí y logró que la intención del no subiera hasta el 56%. Los grandes partidos de derecha e izquierda -dice Glucksmann-, así como todos los medios de comunicación, hicieron campaña infatigable a favor del sí. ¿Cómo es posible que tenga efectos tan claramente contraproducentes? Ni los expertos, ni los editorialistas, ni las grandes estrellas, ni los escritores millonarios (¿quién será?), consiguieron detener el no. "Semejante paradoja debe tener su clave en el narcisismo francés, compartido de forma casi unánime por los que están a favor y los que están en contra de la Constitución europea", dice.
Narcisismo intelectual, político y chovinista. Dado que Francia inspiró y dirigió culturalmente Europa en el siglo XVIII y parte del XIX, asumen que ahora sigue en el mismo nivel de hegemonía, cuando en realidad Francia se va pareciendo cada vez más -no a Mónaco, como escribe Glucksmann-, sino a Catalunya, en mayor, eso sí, pero con esa preocupación por la lengua y el imperialismo cultural yanqui que me recuerda lo que se suele oír entre los extremistas catalanes. Tahar Ben Jelloun escribió en La Vanguardia:"Los franceses se comportan a veces como el niño consentido que lo quiere todo y monta en cólera exigiendo que se cumplan sus caprichos. No se dan cuenta de la suerte que tienen de vivir en una Europa en paz, democrática, rica y en plena evolución. Francia es una sociedad que ha envejecido: cambiar, adaptarse e incorporar reformas que la globalización torna inevitables le cuesta trabajo".
Cuando critico a Francia pongo por delante todo tipo de elogios a su cultura; creo que ése es el quid de la cuestión: nos gusta tanto la cultura francesa, la elegancia, savoir faire,su cocina, sus poetas, sobre todo los vinos, que les perdonaríamos casi todo a los franceses si no llegaran a extremos como el centralismo jacobino, el creer que París es el centro no sólo de Europa, sino del mundo, o bien olvidar que los norteamericanos dejaron más de cien mil muertos para liberarlos del invasor alemán que ellos no supieron detener. Lo peor del caso es que luego parece que todos estuvieron en la resistencia. Esta ligereza para falsear la historia y la realidad a su conveniencia creo que está en la raíz del mal francés.
Su engreimiento político viene de una elite formada en la Escuela Nacional de Administración (ENA), institución muy práctica y funcional para tener buenos burócratas, pero pésima porque los convierte en una tribu movida por un excesivo esprit de corps.La Francia de Chirac cree que debe regir los destinos de Europa juntamente con Alemania, incluso Rusia, pero siempre contra Estados Unidos. Se comprende que los demás países europeos, sobre todo los que han sufrido las ocupaciones alemana y rusa, no deseen seguir al francés en esta política carente de realismo y contraproducente para Europa. La alianza que promovió Aznar con Inglaterra, Italia y Polonia era más beneficiosa para la UE que la política antiyanqui del viejo gaullismo francés secundado a regañadientes por los alemanes.
Ahora los franceses, en vez de apoyar la Constitución que ellos redactaron con la pluma de Giscard d´Estaing, se hacen el harakiri con el no en el referéndum inoportuna e innecesariamente -como de costumbre- convocado por Chirac. ¿Por qué deciden votar no? En ese no lo mezclan todo: el chovinismo contra los inmigrantes -sin los cuales, por cierto, el país ya no funcionaría-, el recelo contra la entrada de los países del Este en la UE, el rechazo al primer ministro Raffarin y a su valedor Chirac, las peleas entre Fabius y Jospin en la izquierda y las disputas entre Chirac y Sarkozy en la derecha.
Francia se ahoga en su caldo de narcisismo, chovinismo y jacobinismo creyéndose una excepción cultural cuando no es más que una vieja potencia europea que ha perdido su rango, como Austria, Inglaterra o España, pero que, a diferencia de éstas, no está educada para aceptar ese descenso y por lo mismo no halla su papel razonable en el nuevo equilibrio multicultural globalizado.
En un anónimo Panf leto contra los franceses que publicó Turmer en los años ochenta, el autor, hoy día conocido, afirmaba que el gran problema de Europa es que Francia está en medio. Según él, esa presencia presenta tal viscosidad que impide a los demás países comunicarse entre sí con comodidad. Luego los acusa de parásitos de la creatividad de italianos, españoles e ingleses. Yo añadiría a la lista los denostados yanquis, sin los cuales Francia en el siglo XX no puede entenderse ni política ni culturalmente.
Por fortuna, el mal francés de uno u otro tipo se está convirtiendo en una anécdota de la historia, por la penicilina y la globalización. Sólo falta que los franceses dejen de mirarse el ombligo, viajen y escuchen a voces no chovinistas como Glucksmann.
Cuando se pongan en su sitio, volverán a ser el gran país que siempre fueron, un lujo para Europa y para el mundo.//

3 comentarios

Nesemu para Fran -

¡No te cortes!
Regálanos esas perlas de sabiduria como yo un día os regalé en el CCS los más famosos graffiti de Ecuador

Carlos Miguélez -

Lo que algunos franceses pretenden es tan etnocentrista como lo que pretenden los Neocons. Perdón, los neoconservadores de EEUU. Quizá la diferencia está en que Francia sí tiene una cultura más rica. Pero no creo que los poetas, escritores y pintores hayan despreciado al resto de Europa como lo hacen los chovinistas de hoy.

Fran -

UNA PINTADA DEL MAYO FRANCES:
"Francia para los franceses, slogan fascista"

Y otra por mero disfrute: "Inventen nuevas perversiones sexuales¡No puedo más!" (Nanterre)

Y otra: "El derecho de vivir no se mendiga, se toma"(Nanterre)

Y ya me callo