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J. C. García Fajardo

Las pequeñas cosas: Criar gusanos de seda

Ya he contado que he vuelto a criar gusanos de seda. Después de más de medio siglo por mi cuenta, y luego ayudando a mis hijos pequeños.

Ahora me los ha facilitado uno de mis nietos de seis años, y otro de 9 me envió un mail “Yo también los crío, por si necesitas algo”.

Me levanto pensando en ellos, y los llevo a la mesa del desayuno para mirarlos. Después, los limpio en la cocina, coloco abundantes hojas frescas de morera de base, y otras bien troceadas para que las coman mejor.

Los he cambiado de la tradicional caja de cartón a una transparente que me permite ver cómo evolucionan. Por las tardes, al regresar de la universidad y dejar al perro en la terraza, me los llevo al salón mientras tomo una copa y veo el telediario.

No, no hay protestas… uno ya ha alcanzado un cierto grado de autonomía.

Uno de mis hijos, que ahora guía a los suyos, me animó a entrar en Google… cuánta información. Ahora sigo los ciclos de mis nuevos amigos, tantos días, cinco mutaciones, las paradas que hacen inmóviles con la cabeza hacia arriba, la voracidad en la última semana, el colocarles una especie de bosquecillo con ramas para que cuelguen sus capullos antes de encerrarse en ellos… la espera, las 24 horas de coyunda de machos y hembras… la pena es que ellos, después, se mueren… aunque no sé,visto visto. La puesta frenética de la mariposa hembra… el bajarlos al cuarto trastero para que estén al abrigo hasta que llegue la primavera, anunciada por los brotes de las moreras en el jardín. No antes, porque no tendrían comida.

Y los cuidados con las hojas: las has cogido del árbol sin dañar las ramas, las lavas, las colocas en un paño blanco húmedo que después colocas en la nevera, a la altura de las verduras.

Por la mañana y por la noche, selecciono bastantes, las pongo sobre papel de cocina para secarlas y luego caliento algo cada una entre las manos… y las tengo allí cerca, sin pensar los 65 días de su existencia visible… ni siquiera pienso en la metamorfosis.

Está bien así. Le echo un recuerdo cordial a Baricco y regreso a mis otras cosas... sin pensar en la Ruta de la seda, ni en Marco Polo, ni en las pinturas chinas.

J C Gª F

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