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J. C. García Fajardo

Retazos de Ting Chang 006 Las Analectas, Tercer Libro Clásico de Confucio

Sergei observaba y se callaba, pero le llevaban los demonios al ver cómo se aprovechaban los comerciantes y hoteleros de tan importante comitiva. El Noble Ting Chang, se hizo el encontradizo con el rapaz mientras se encargaban de liquidar las cuentas y de cargar los equipajes.
 - Liebre de las estepas, no sufras por lo que crees que       es un abuso por parte de los que proveen de las cosas que necesitamos. A ti, que tanto te gustan los hazañas de Mulá Nasrudín, escucha ésta que me viene ahora a la mente.
- Cuenta, Noble señor, aunque me imagino que es tu manera de compartir tu buena fortuna. Un día me dijo nuestro Maestro que, ante la imposibilidad de atender a todos los que lo necesitan, debería bastarnos con favorecer del mejor modo posible a quienes nos encontramos en el camino, o a quienes están más próximos a nosotros.
- Cierto que esa es una sabia actitud para conducirnos en la vida, pero tampoco conviene tomarse las cosas con demasiada importancia. Escucha lo que le sucedió al Mulá: Resulta que un día en que le habían dejado al frente de la Casa del té, por ausencia de su dueño, llegó de improviso el Rey de aquel país que se encontraba de cacería en las cercanías. El soberano pidió una tortilla con crema y siropes. Cuando terminó, preguntó al Mulá que cuánto le debía y el Mulá respondió impávido: “ - A Su Majestad y a sus acompañantes las torillas y el servicio le costarán mil monedas de oro”. Al Rey se le iluminaron los ojos y también sin inmutarse le respondió: “ - Muy caros deben estar los huevos por aquí. ¿Tan escasos son?” Y el Mulá le respondió haciéndole un guiño de complicidad: “ - No, Poderoso Shahinshah, por quien reposa el Imperio, no son los huevos lo que escasean  por aquí, ¡son las visitas de los reyes para ocuparse del bienestar de sus súbditos”.
- ¡Caramba con el Mulá Nasrudín! Sí que hilaba fino. Pero, Noble Señor, para no desviarnos de nuestros asuntos, ¿me podrás pasar tus notas al Libro de las Analectas, o mejor, me las vas leyendo cuando continuemos el viaje?
- Sergei, lo haremos durante el viaje, pero no me has comentado nada de la enseñanza del cuento sufí.
- Noble Señor, ¿por qué se le llaman cuentos a los relatos sufís?
- Primero, porque se cuentan, son para ser escuchados más que para ser leídos. Parten de la enseñanza del sufismo, según el cual, cada persona percibe las cosas según el sistema en el que ha sido educado y en el que vive. Por eso, con los cuentos o historias imaginadas por los derviches, se pretende que lo insólito y a veces disparatado o sorprendente del relato conmueva los esquemas mentales de alguien del auditorio y acierte a ver las cosas desde otra perspectiva. Se trata de cuestionar la rigidez de los condicionamientos en los que nos han formado para convertirnos en artefactos sometidos al poder  establecido. Por eso se repiten los temas, las anécdotas y los disparates, una y otra vez, para que surja esa toma de conciencia que le lleve a reírse de sí mismo, a no tomarse demasiado en serio y a abrirse a la realidad real.
- Al final, como repetía nuestro Maestro, todos tenemos los culos redondos y partidos por la mitad, filosofó la, Liebre de las estepas.
- No está mal para abordar los temas que Confucio nos propone en las muy veneradas Analectas, comentarios filosóficos que han pasado de mano en mano durante más de dos milenios. Si lo que no es tradición es plagio, transmitir la sabiduría recibida es la obra más prudente para quién se sabe en el camino. No siempre hay que pretender ser originales. En lengua hebrea a la meditación se la llama “rumiar”. No está mal.
Ya en el coche, el Noble Médico le fue contando a Sergei y al conductor del coche que no perdía ripio, como más adelante habrían de comprobar:
· Si el hombre sabio observa una conducta displicente, no inspirará respeto; si se limita a estudiar, sus conocimientos no serán profundos. Debéis ser siempre sinceros, fieles y actuar con buena fe. No entabléis amistad con personas de virtud o conocimientos inferiores a los vuestros. (Parece duro y elitista pero es el fruto de la experiencia diaria. No dice que no te relaciones sino que no entables amistad, que no es lo mismo).

* La cortesía que debe presidir nuestras actuaciones cotidianas se fundamenta principalmente en el respeto y comprensión hacia todos. (La falta de cortesía es una forma de injusticia social, aunque parezca duro a ciertos oídos de nuestros días. La cortesía como parte de la justicia, dar a cada uno lo suyo, es clave en el pensamiento de Confucio).

* Se puede calificar de " hombre superior" al que primero pone en práctica sus ideas, y después propone a los demás lo que él ya realiza.

* La verdadera ciencia consiste en conocer que se sabe lo que realmente se sabe, y que se ignora lo que en verdad se ignora. En esto consiste la verdadera sabiduría. (La admirada máxima atribuida a Sócrates, aunque pienso que el noble griego nunca dijo semejante tontería, de que “sólo sé que no sé nada”, aparte de ser contradictoria y casi paradójica, es una pretensión de suprema sabiduría impropia del hijo de la partera y del escultor que se servía de la mayéutica para alcanzar el conocimiento: desbrozaba de lo accesorio, iba arrancando el embalaje para que se mostrase la realidad real. Como al parecer, Miguel Ángel respondió a quienes le alababan por la perfección alcanzada en el Moisés: “yo sólo me limité a liberarlo del mármol innecesario en el que venía encerrado”).

* Aprende a escuchar sin descanso para disipar tus dudas; mide tus palabras, para que nada de lo que digas sea superfluo; sólo de este modo lograrás evitar todo error. Obsérvalo todo, para prevenir los daños que pudiera ocasionarte una insuficiente información. Controla tus acciones, y así no tendrás que arrepentirte con frecuencia de ellas. En cuanto hayas conseguido que tus palabras sean normalmente rectas, y no debas arrepentirte con frecuencia de tus acciones, serás digno del cargo que ocupas.

* Conocer lo que es justo y no practicarlo es una cobardía. (Más aún, es convertirte en cómplice de la injusticia).

* El hombre superior no discute ni se pelea con nadie. Sólo discute cuando es preciso aclarar alguna cosa, pero aún entonces cede el primer lugar a su antagonista vencido y sube con él a la sala; terminada la discusión, bebe con su contrincante en señal de paz. Estas son las únicas discusiones del hombre superior. (Por eso en el deporte, como en el juego y en los lances de la caza, se distingue al caballero por su calidad ante el éxito, más que por su resignada actitud ante la derrota. Nunca se habla de victoria, porque esta engendra la revancha del vencido. Por eso la victoria nunca trae la paz. Ni casi de triunfo, porque este supone un derrotado. Se prefiere el éxito, de exire, sacar lo mejor de uno mismo, que no ofende a nadie ni lo rebaja ni lo humilla. Al contrario, todos se glorían y se reconocen, en cierta manera, en el éxito del ganador en cualquier torneo. De aquí la euforia  que nos invade cuando gana nuestro tu equipo. En el rugby es admirable el pasillo que abren los que ganan para acoger y aplaudir a los antagonistas, que no enemigos. El verdadero ganador es humilde, alegre y sencillo. La humildad no consiste en rebajarse, sino en aceptar la verdad del éxito de un esfuerzo porque sólo él conoce lo que le ha costado llegar a ese momento. De ahí, no pocas veces, las lágrimas, y la necesidad de abrazarse a su entrenador, a sus compañeros y hasta al utillero del equipo. Todas las personas verdaderamente grandes que he conocido en esta vida eran humildes, sencillas y conscientes de su fragilidad personal).

* Los hombres ambicionan las riquezas y los honores, pero si no es posible obtenerlos por medios honestos y rectos, deben renunciar a estos bienes. Los hombres huyen de la pobreza y de las injurias, pero, si no pueden evitarse por caminos honestos y rectos es preciso aceptar estos males.

* Los defectos y faltas de los hombres dan a conocer su verdadera valía. Si examinamos con atención las faltas de un hombre, llegaremos a conocer si su bondad es sincera o fingida.

* Observad a los sabios para comprobar si vosotros poseéis sus virtudes. Observad también a los perversos para meditar en vuestro interior si estáis libres de sus defectos. (No dice que juzguemos ni, mucho menos, que condenemos. Basta con observar y ser consecuentes).

* Los que controlan en todo momento sus actos, raras veces se desvían del camino recto. (Al menos, lo procuran y, cuando no lo consiguen, no se desmoronan ni se entristecen. Lo aceptan como parte del juego. Los auténticamente grandes se reconocen por su sentido del humor que les lleva a no darse demasiada importancia. Sin excepción, al menos hasta donde yo conozco, los sabios son alegres. Practican el consejo de Chuang Tsé, el más noble Maestro del Tao, después de Laotsé, cuando recomienda “no olvides cuando caigas que el suelo te ayudará a levantarte”).

* Una virtud nunca puede subsistir aislada; siempre ha de hallarse protegida por otras virtudes.

· * El hombre prudente es parco en el hablar pero activo en el obrar.

* Cuando empecé a tratar con los hombres, escuchaba sus palabras y confiaba en que sus acciones se ajustarían a las mismas. Ahora, al tratar con los hombres, escucho sus palabras y al mismo tiempo observo sus acciones.

* No he conocido a ningún hombre que obrara siempre de acuerdo con sus principios. (De ahí su grandeza). Yo procuro no hacer a los demás lo que no quisiera que ellos hicieran conmigo.

* El que sabe mantener un porte digno aun cuando se halla entre sus amigos, conseguirá que sus más íntimos amigos sientan un gran respeto hacia él. (También existe una cortesía para con uno mismo, un respeto, una exigencia, comprensión y nobleza).

* Un hombre digno debe ayudar a los necesitados, pero no aumentar los bienes de los ricos. (Cuánto deberían tener en cuenta esta máxima algunos voluntarios sociales, altruistas y benefactores que, pensando que practican la asistencia social, fomentan una dependencia de la que se aprovechan los ricos, y el injusto sistema que los sostiene).

* Es mejor amar la verdad que el frío conocimiento de la misma; es mejor complacerse en la práctica de la verdad, que el simple amor hacia ella.

* Estaría dispuesto a ejercer cualquier oficio si con él pudiera obtener riquezas por medios honrados; si por el contrario, para enriquecerme tuviera que emplear medios deshonestos, preferiría seguir en la pobreza dedicándome a mis actividades preferidas.
No he hallado todavía ningún hombre santo; como máximo sólo he logrado conocer a algún hombre sabio. No comprendo cómo puede haber hombres que actúen sin saber lo que hacen.

* Quienes son pródigos en exceso y se entregan al lujo, fácilmente se vuelven orgullosos.

* Cuando el hombre se halla cerca de la muerte, sus palabras son sinceras y veraces. (Pero no son de gran utilidad porque no las avala una conducta coherente).

* Es posible lograr que el pueblo siga al hombre bueno, pero nunca se le podrá forzar a que le comprenda. (Proverbio árabe, puedes conseguir que el camello llegue hasta el abrevadero pero nunca podrás obligarlo a que beba a la fuerza).

* Cuando uno no ha alcanzado todavía la perfección en el servicio de los hombres, ¿ cómo es posible que sea digno de servir al Cielo?

* ¿Qué es la muerte? Si todavía no sabemos lo que es la vida, ¿cómo puede inquietarnos el conocer la esencia de la muerte?

* Tan malo es pasar de la medida como no alcanzarla. (Es la doctrina del justo medio, nada en demasía. No es cuánto más, mejor; sino cuánto mejor, más).

* En público, compórtate siempre como si estuvieras ante un personaje muy distinguido; cuando debas dar alguna orden al pueblo, muestra el mismo respeto y dignidad como si estuvieras ofreciendo un gran sacrificio.

* El hombre bondadoso es mesurado al hablar. El hombre noble es el que nunca siente pesar ni temor. Sólo el que cuando se examina en su interior no encuentra nada malo puede verse libre de todo pesar y de todo temor.

* Resulta totalmente imposible gobernar un pueblo si éste ha perdido la confianza en sus gobernantes.

* Buscar ante todo la rectitud de nuestras palabras, y ajustar luego nuestra conducta a ellas. Obrar siempre de acuerdo con la justicia, para perfeccionarnos cada día en su realización. Las inquietudes interiores provienen de desear la vida de quienes se ama, mientras que se desea la muerte de aquellos a quienes se odia, ya que ello es como desear al mismo tiempo la vida y la muerte de alguien. El hombre prudente no pone su máxima aspiración en las riquezas.

* Reflexionar con calma antes de adoptar ninguna determinación, no cansarse nunca de obrar el bien, y tratar cada asunto según convenga.

* Lo primero que debe mirar el jefe es que su conducta sea sencilla, recta y justa en todo momento; tener siempre en cuenta los consejos de los demás hombres, ha de controlar en todo momento sus propios actos, y nunca debe mandar despóticamente.

* El medio más eficaz para combatir nuestros vicios y malas inclinaciones consiste en no combatir los vicios y malas inclinaciones de los demás antes de haber eliminado los propios.

* ¿En qué consiste la bondad? En amar a todos los hombres. ¿En qué consiste la ciencia? En conocer a los hombres. El noble no expresa nunca su parecer sobre las cosas que no comprende. Busca la máxima precisión en sus palabras; esto es lo más importante.

* Si quien gobierna no es justo, aunque ordene que se practique la justicia no será obedecido.

* Cuando el pueblo es tan numeroso, ¿qué puede hacerse en su bien? Hacerlo rico y feliz. Y cuando sea rico ¿qué más puede hacerse por él? Educarlo.

* Quien se controla a sí mismo y se rige por la justicia, no tendrá dificultad alguna para gobernar con eficacia. Al que no sabe gobernarse a sí mismo, le resultará imposible ordenar la conducta de los demás hombres.

* ¿Cuál es la esencia de un buen gobierno? No resolver los asuntos con precipitación y no buscar el propio provecho.

* El hombre vulgar es vano y orgulloso, aun cuando su posición no sea elevada. Se halla muy cerca de la perfección el hombre que es constante, paciente, humilde y mesurado en el hablar.

* Deben imponerse castigos cuando convenga. La fidelidad y la lealtad no son contrarias a una justa corrección.

· El que habla en exceso y sin cordura raras veces pone en práctica lo que dice. El hombre noble nunca teme que sus palabras superen a sus obras.

* No debe afligirnos que los hombres no nos reconozcan. Lo lamentable es que no seáis dignos de ser conocidos por los hombres.

* La prudencia aconseja no indignarse cuando los hombres nos engañan, no entristecerse cuando son infieles. El hombre prudente prevé siempre estas eventualidades.

* El que de niño no ha respetado a sus hermanos ni a sus padres, en la edad madura no ha hecho nada provechoso, y al llegar la vejez es un hombre fracasado. (En el texto dice “despreciable”, pero me parece una traducción incorrecta pues nadie puede ser nunca despreciado).

* ¿Qué es lo más importante para alcanzar una conducta correcta? Ser sincero en todo momento y mantener siempre la palabra dada. Procurar que aún el menor gesto refleje la dignidad interior, y no cometer ninguna acción para asombrar a los demás. Si obras así, tu conducta será admirada en todos los lugares, aún entre los pueblos bárbaros. Por el contrario, si no eres sincero, si faltas a tus promesas, si tus gestos no son dignos o tus acciones son deshonrosas, tu conducta será despreciada tanto en una ciudad de 10.000 familias como en un villorrio de 35 vecinos.

* El hombre que no medita y obra con precipitación, no podrá evitar grandes fracasos.

* Sed exigentes con vosotros mismos, pero condescendientes con los demás. De este modo os veréis libres de toda envidia y resentimiento.

* El hombre que no examina cada día en su interior lo que debe hacer, lo que debe imitar, lo que debe aconsejar, y lo que debe reprochar, no hará nada bueno en su vida.

* Cuando permanecen muchas personas reunidas durante todo un día, no todo lo que se comenta es justo y equitativo. Es muy frecuente que se hable de cosas vulgares y que abunden las conversaciones necias.

* El noble no da crédito a las palabras por la sola autoridad de quien las pronuncia; tampoco rechaza la verdad aunque provenga de una persona ignorante.

* La inconstancia y la impaciencia destruyen los más elevados propósitos.

* Cuando la muchedumbre desprecia a alguien, debéis examinar con objetividad su conducta antes de emitir vuestra opinión. También cuando la multitud aclama a alguien, es preciso contemplar con imparcialidad sus obras antes de aprobarlas.

* El hombre puede ensalzar las excelencias de la virtud, pero la virtud (por sí sola) no puede proporcionar prosperidad y fama al hombre. (Hay muchas personas aparentemente virtuosas pero que viven en una torre de marfil sin darse cuenta de que lo que no se comparte, se pierde. Toda virtud ha de hacer referencia a los demás, aunque vivas en el fondo de una celda).

* Sólo puede ser calificado como " vicioso " al que comete un acto deshonroso, se vanagloria de él y no se corrige.

* El noble sólo busca la verdad y no se aferra con ciega obstinación a su criterio.

* Transmitid la cultura a todo el mundo, sin distinción de razas ni de categorías. (Quien dice cultura dice sabiduría, educación, ciencia, conocimiento, técnicas. Por eso, al encontrarnos, nos “salud-damos”).

* Las palabras han de expresar con fidelidad nuestro pensamiento.

* Los ministros de un príncipe virtuoso deben evitar tres faltas: la petulancia, consistente en hablar cuando nadie les ha pedido su opinión; la timidez, que consiste en no atreverse a expresar su opinión cuando se les invita a ello; y la imprudencia, que consiste en hablar sin haber observado antes el estado de ánimo del príncipe. ( El que habla cuando no debe o lo que no debe se arriesga a escuchar lo que no quiere).

* Sólo los hombres de profunda inteligencia y los necios de mente más obtusa permanecen invariables. (No hay que vacilar en dar un cambio a nuestras vidas, por miedo a lo que puedan decir los demás).

* Si se mata una gallina, ¿para qué utilizar un cuchillo que sirve para matar bueyes? (De nuevo, la proporción, la mesura,  el equilibrio y la armonía).

* Si respetáis vuestra propia persona y a todos vuestros semejantes, nadie podrá despreciaros; si sois generosos, os ganaréis el afecto del pueblo; si sois sinceros, nadie desconfiará de vosotros; si todos vuestros actos os aproximan al bien, vuestro mérito será grande; el amor a los demás es la mejor arma para gobernar con eficacia.

* Aún las profesiones más humildes son dignas de respeto.

* Puede calificarse como " amante del estudio ” quien cada día adquiere un conocimiento nuevo, y cada mes retiene lo que ha aprendido. (Un orientalismo, “cada día” “cada mes”, no una proposición matemática).

* No os avergoncéis de preguntar para resolver vuestro dudas, y meditad las respuestas que os hayan sido dadas.

* Basta una sola palabra acertada del noble para que se le considere entendido sobre una cosa, pero también basta que cometa un solo error para que se diga que no sabe nada. Por consiguiente, el noble debe vigilar mucho sus palabras. (Cuando en estos textos se habla de “noble”, se puede aplicar a toda persona con un cargo de “responsabilidad”, y que es consecuente en su conducta)

* El buen gobernante debe ser generoso sin caer en la prodigalidad; debe cobrar los impuestos suficientes para llevar una vida digna, sin caer en la codicia; su porte debe ser digno y grave, sin dejarse llevar por una vana ostentación; debe tener autoridad, sin que su mando sea despótico; debe exigir con cautela la colaboración del pueblo en los trabajos públicos, para no suscitar su resentimiento.

* Realizar cuanto sea para el bien común, ¿no es ésta la mejor forma de generosidad? Desear únicamente las riquezas necesarias para la práctica de las virtudes propias de su dignidad, ¿puede a esto llamarse "codicia?" Si sus propiedades particulares no son demasiado grandes ni demasiado pequeñas, si se ocupa de los asuntos que no son ni muy importantes ni muy insignificantes, si se mantiene a cierta distancia de los hombres sin despreciar a nadie, ¿no es esto la dignidad exenta de orgullo? Si cuida su aspecto exterior, si es equilibrado y ecuánime en todos sus actos, el pueblo entero lo respetará sin experimentar temor, ¿no consiste en esto la autoridad libre de despotismo? Si sólo utiliza el trabajo de los súbditos para realizar lo que es razonablemente necesario, ¿quién podrá experimentar resentimiento?

* Los cuatro vicios relativos al gobierno son los siguientes: no instruir al pueblo y ocultarle la verdad, lo cual recibe el nombre de " tiranía "; exigir una conducta perfecta a todos los ciudadanos sin informarles previamente de sus obligaciones, lo que recibe el nombre de " opresión "; no tener prisa en dar las órdenes y pretender luego que se cumplan en el acto, lo que representa una grave injusticia; buscar siempre el propio provecho, lo que recibe el nombre " egoísmo ". (Son traducciones aproximadas).

 

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2 comentarios

Nesemu para el Oso -

Un fuerte abrazo, Oso inmenso. Sabiendo que estás tú ahí, ya todo cambia. Echo de menos a muchos de nuestros amigos...ellos ya saben. Pero entre todos, destaca Sergei.. ¿sabe adónde lo estamos conduciendo? Necesito sus comentarios porque el otro Sergei, que retozaba con la viuda de Nankíng en el andén 24, ¿o no era él?, se me pued escapar en cualquier momento. ¿Por eso estamos tardando tanto en llegar a Shangai! ¿Qué hacemos? Ahora voy a entretenerlo un poco con el Cuarto Libro...

Hormiguero -

¡Hola profesor! Aquí, desde estas playas de olivos jiennenses y desde mi querida redacción del Diario JAEN, sigo aún pendiente de cómo anda el mundo desde este su-nuestro blog. Así, también, ojeo cómo van los temas.
Tengo siempre presente Solidarios, Raitán y Marruecos, sobre todo cuando a veces más extresado me encuentro y recuerdo risas, broncas, charlas, más risas...
Sobre esta entrada diría muchas cosas. Pero es que leyendo cosas como estas es cuando me siento tan pequeño que he dejar pasar el aire, intentando dejar que me roce un poco...
Espero que todo vaya bien. A vuestra entera disposición y con los brazos bien abiertos,
Jesús.
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