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J. C. García Fajardo

Nesemu: La cárcel es un equipamiento social más, como la escuela o el hospital

Mercwdes García Arán,Catedrática de Derecho Penal, escribe u interesante artículo sobre la misión de las prisiones y la necesidad de adoptar medidas adecuadas para reinsertar a personas que han atentado con su conducta las normas de convivencia de la sociedad de la que forman parte.
No olvidemos que le primer servicio social de Solidarios para el Desarrollo suergió en la prisión de Segovia hace casi 20 años para atender a un alumno mío que delinquió con delitos de muerte y allí se rehabilitó e insertó en la sociedad en la que es un miembro importante. El nunca olvida, ni su familia, que sin esas visitas y la presencia eficaz de Solidarios no sabe lo que hoy hubiera sido de él. Eso nos animò y desd entonces nunca jamás hemos dejado de estar presentes con Aulas de Cultura y otros servicios en importantes Centro Penitenciarios de España.
Nersemu

LA CÁRCEL, UN EQUIPAMIENTO MÁS • Si privamos de libertad, asumamos que la prisión presta un servicio como la escuela o el hospital


Un sector importante de la sociedad reclama más penas de cárcel y otro no quiere tener las cárceles cerca. Quizá coinciden unos y otros, lo que sería una contradicción, pero no me extrañaría que coincidieran, porque tienen en común que se desentienden de las políticas sociales frente al delito. Son políticas dirigidas a disminuir las causas de la delincuencia, que harían menos necesaria la cárcel, y políticas sociales que pretenden mejorar la cárcel como tratamiento de la delincuencia respetuoso con los derechos humanos y la orientación a la reinserción.
Asistimos a una demanda de aumento de las penas de prisión, y al mismo tiempo, a la alarma ante los permisos penitenciarios, el régimen abierto que permite salir de la prisión a trabajar y la concesión de la libertad condicional cuando ya se han cumplido tres cuartas partes de la pena. Por no hablar de la reivindicación de largos internamientos para los menores de edad, sin ni siquiera plantearse qué mensajes les estamos transmitiendo para que entre ellos se incremente la violencia.

...Parece que ha aumentado sustancialmente la delincuencia, pero no es cierto, porque el incremento no se debe a que entren muchos más condenados, sino a que salen muchos menos. Se debe a que las reformas penales recientes han agravado las penas de prisión haciéndolas más largas, han recuperado penas de tres a seis meses que se habían eliminado por su inutilidad y han reducido el régimen abierto y la libertad condicional. Todo ello ha sido aplaudido por algunos sectores, pero ahora hay que hacer más cárceles.
De otro lado, el hacinamiento dificulta las políticas de reinserción que, con todas sus limitaciones, incluyen programas de formación y prestación de trabajo penitenciario, hoy desbordados ante la superpoblación. Pero también aumenta la tensión y crea condiciones de peligro para la integridad tanto de los reclusos como de los trabajadores penitenciarios, por lo que la primera necesidad es puramente física.
No es sólo un problema de cantidad de plazas. Existe también un problema cualitativo, porque no todos los establecimientos --como las personas que acogen-- tienen las mismas características, y hay que diversificarlos, optando por centros menos grandes y más repartidos. El plan de Justícia prevé centros de cumplimiento de las penas fuera de los núcleos urbanos, que deben estar bien comunicados para el acceso de las familias de los internos.
También se prevé que estén en la ciudad los centros de preventivos que, al estar esperando su juicio, deben acudir a los juzgados cuando los reclaman y necesitan estar en contacto con sus abogados. La necesidad se extiende a quienes están en régimen abierto y deben acudir a sus centros de trabajo durante el día. Y faltan, además, centros para menores o para rehabilitación de toxicómanos. Ni unos ni otros pueden colocarse en espacios absolutamente aislados para que así nadie los vea, y no sólo por unas razones de eficacia y comodidad. La cárcel resulta un problema de todos.
No haría falta aumentar el número de establecimientos si la pena de prisión dejara de ser la más importante y se acudiera más a otras respuestas penales sin privación de libertad, que no sólo son más humanas, sino también más eficaces para evitar la reincidencia porque crean menos marginación social. El sometimiento a prueba con asistencia, la libertad vigilada, el trabajo en beneficio de la comunidad y el propio régimen abierto son alternativas a la prisión que, además, permiten una mayor implicación de actores sociales.

DEBERÍA saberse que los reclusos que disfrutan de contactos con el exterior, régimen abierto y, finalmente, de la libertad condicional reinciden la mitad que aquellos presos que pasan directamente de la total privación de libertad a una libertad definitiva.
Hay que abandonar la cómoda política del avestruz ante los problemas de la cárcel. Si no hemos sabido renunciar a privar de libertad a nuestros congéneres --y hay argumentos para empezar a cuestionarlo--, habrá que ir asumiendo que un establecimiento penitenciario es un equipamiento más, como puede serlo una escuela o un hospital, que debe integrarse en el paisaje urbano o en sus proximidades, pues al fin y al cabo, con razón o no, se espera de él que preste un servicio.
Es difícil interpretar el rechazo a la proximidad de la prisión, porque no he oído argumentos que vayan más allá del no a la cárcel porque es la cárcel, es decir, basados en un miedo irracional o un prejuicio estético alimentado por quienes se autoproclaman buenos ciudadanos con derecho a no compartir espacio con los que las leyes han declarado malos. Pero, lo quieran o no, los reclusos son ciudadanos con derecho a usar el territorio y a ser tratados como tales//

2 comentarios

Jorge P. -

No creo que el camino más adecuado sea la marginación. Cierto que hay asesinos, violadores... Pero hay que sentirse más responsables con los problemas. Hay que lavar la cara a las cárceles. Y eso no significa que se hagan concesiones disciplinarias. Si no se da una oportunidad de formarse a los presos, sólo se les priva de la libertad, de ahí a que no existan sólo hay un paso.

Scicker -

Es cierto que la reinsercción es positiva ya que en muchos casos ayuda a recuperar a personas que se creían ya perdidas por el mal camino para siempre, pero hay que tener cuidado. Ciertos delitos son muy graves y es dificil controlar que quienes los cometieron sean capaces de integrarse con normalidad. Por ejemplo los pederastas o los violadores, en algunos casos tienen problemas mentales y no es del todo segura su puesta en libertad.