J. C. García Fajardo |
![]() Cuaderno de Bitácora sobre Mundo actual y Sabiduría universal.
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Se muestran los artículos pertenecientes a Junio de 2009.
¿Es África un continente balcanizado?, se pregunta B. Ben Yahmed desde su indiscutible autoridad y prestigio. El problema se plantea por la absurda inclinación a admirar lo más grande y lo más caro. Al igual que muchos confunden valor con precio, no pocos sigue uncidos al sofisma de que cuanto más, mejor; en lugar de cuánto mejor, más. Por balcanización entendemos la situación en que quedó esa región de Europa cuando fue arbitrariamente desmembrada, en razón de etnias, religiones, o nacionalismos periclitados. Tanto bajo los imperios ruso, austro húngaro, alemán u otomano, al igual que con Yugoslavia, hoy una sangrante herida. Dicen que África está excesivamente dividida y que por eso es tan vulnerable. Las potencias colonizadoras hicieron un cruel reparto de pueblos y de tierras de acuerdo con sus intereses económicos y de sus ansias de poder. Ahí están las actas de la Conferencia de Berlín de 1885 repartiéndose el gran continente como un pastel. No hay más que contemplar un mapa que parece cuarteado a cartabón y plomada. Y esa depredación con la anuencia de religiones europeas que se apoyaron en la fuerza para “civilizar, cristianizar y abrir a los mercados” (europeos) mientras se apoderaban de las conciencias de personas que tenían tradiciones y cosmovisiones, en muchos aspectos, más amplias y abiertas que las de los monoteísmos importados. Esa es la “carga del hombre blanco” la pretensión de “salvar” a todo el mundo, como sea. Se lo oí al Superior de los Padres Blancos: “Para poder explicarles la necesidad de la redención antes tuvimos que convencerlos de que estaban en pecado”. Pero vengamos a los datos. Tanto América como Europa, incluida Turquía, tienen una población equivalente a la de África, cerca de mil millones de habitantes. América tiene 35 países mientras que Europa 46. África 53. Asia está dividida en 47 países pero su población sobrepasa los cuatro mil millones. Sin contar a Oceanía que, con 30 millones, está compuesta por 10 países. El gran historiador y profesor en la universidad de Yale, Paul Kennedy, hace una reflexión interesante sobre esta división del mundo en un ensayo citado por el maestro de periodismo Ben Yahmed. Desde siempre, escribe, los historiadores y los expertos en estrategia saben que países pequeños pero bien organizados pueden alcanzar una influencia desproporcionada a su tamaño. Fue el caso de Portugal, Países Bajos, Gran Bretaña o España que extendieron sus dominios sobre gran parte de la tierra. En nuestro tiempo, Hong Kong o Dubai “pelean, dice Kennedy, en categorías muy superiores a su peso”. Pero si la pequeñez no es sinónimo de insignificancia, extenderse físicamente no supone necesariamente crecer en poder e importancia. Si la extensión geográfica fuera sinónimo de grandeza, entonces Rusia, con más de 17 millones de kilómetros cuadrados, dominaría el mundo. Canadá, en una menor medida, está en ese caso y Australia, también por razones climáticas, tiene limitadas sus zonas habitables. En los próximos 50 años, Rusia padecerá las consecuencias de su descenso demográfico mientras que Australia y Canadá albergarán mayores poblaciones adaptadas a sus inmensos territorios. Los casos de India y de China son aparte pues albergan al 40% de la población mundial, y mientras India padece un crecimiento demográfico desorbitado, China conocerá los problemas de una inmensa población envejecida. Para ambos países ese exceso de población no hace presagiar nada bueno para el resto de una humanidad globalizada e interdependiente. Paul Kennedy cita a Brasil: el equilibrio entre el crecimiento de su población, su extensión geográfica y sus recursos en agua y en tierras cultivables. De Estados Unidos, el profesor norteamericano dice “sus datos geopolíticos, una situación privilegiada entre dos océanos, sólo dos países como vecinos apacibles y la mayor ratio del planeta entre superficie, población y recursos agrícolas, le ofrecen formidables oportunidades para sobreponerse de sus estupideces presentes y futuras”. De ahí que ser grande en población o en territorio no garantizan el ser una gran potencia sino es con la ayuda imprescindible de estrategias inteligentes y la inversión en educación, sanidad y conciencia universal pues ya nadie podrá sobrevivir en un mundo con planteamientos injustos por inhumanos. Padecemos estrabismo y nos aferramos a ejércitos y policías porque tenemos miedo a Otro mundo posible que anhela manifestarse. José Carlos Gª Fajardo 1.- Bienaventurado el voluntario que no sólo “se matricula” en su voluntariado, sino que se forma y se informa constantemente de todo lo necesario para no meter la pata. Sobre todo, si no aprende de memoria la lección, sino que adapta la formación a sus motivaciones y a sus características personales. 2.- Bienaventurado el que sabe organizar su vida para no tener que fallar a su compromiso. Afortunado si sabe compaginar los exámenes, el encuentro con los amigos, su vida familiar, el partido de su equipo, su vida deportiva y las necesidades fisiológicas con su acción voluntaria. Y, en caso de conflicto, bendito si su sentido común le lleva a no dejar de lado aquella actividad donde está implicada una persona excluida. Bienaventurado si, en casos de fuerza mayor, sabe utilizar el teléfono o recurrir a los responsables de los programas o a sus compañeros voluntarios para que no cuenten con él. 3.- Bienaventurado el voluntario que sabe convivir y trabajar con aquellos que no piensan como él, sus compañeros voluntarios en primer lugar. Y bienaventurado si no pretende vestirse el mono de camuflaje para arrastrar prosélitos hacia otra plataforma ideológica que no sea el servicio desinteresado a los demás. 4.- Bienaventurado el voluntario que sabe que el marginado no es inferior ni superior, ni más bueno ni peor que él. Ese sabrá distinguir lo común que nos une a los seres humanos y las diferencias que nos hacen aprender unos de otros. Feliz aquel que no ve primero a un negro ni a un blanco, ni a un pobre ni a un rico, sino que sabe ver primero al ser humano y después a la riqueza de adjetivos que lo definen. Venerable será si en primer lugar sabe aceptarse a sí mismo con sus matices y aceptarse y quererse, ese aceptará al otro como es sin tener que tolerarlo, “a pesar de sus flaquezas”. 5.- Bienaventurado el voluntario que sabe trabajar en equipo y no se considera Superman ni mucho menos Spiderman (el hombre-araña que trepa). Bienaventurado aquel que gusta de D. Quijote como personaje literario, pero que sabe que su trabajo es muy real y válido para personas corrientes y molientes. Elogios merece si se considera más un Sancho Panza colaborador de las empresas nobles pero pegado a la tierra y a los problemas concretos de las gentes menesterosas. Ese sabrá poner límites a su acción voluntaria para que no se le convierta en una pesada losa y sabrá apoyarse en los demás para no caer en la tentación de creerse un mesías, aunque su trabajo sea imprescindible. 6.- Bienaventurado el voluntario que sabe convertir su trabajo en una actividad realmente gratuita por la que no espera que le den las gracias ni que su nombre pase a la lista de los elegidos entre el número de los buenos. Bueno será si disfruta con la acción voluntaria y no convierte al marginado en un “objeto” de sacrificio para alcanzar ningún fin sino como un fin en sí mismo. 7.- Bienaventurado el voluntario que no se toma su acción como un lavado de conciencia de tres horas semanales. Ese tipo de colada será de las que dejan rastro, como los malos detergentes de la tele. Bienaventurado aquel que es capaz de pensar el por qué de las situaciones de injusticia. Aquel que propone soluciones preventivas y exige a quien corresponde que corte la raíz de los problemas que tienen solución. 8.- Bienaventurado si cuando protesta por estas injusticias lo hace desde una participación coherente en los problemas. Bienaventurado si entiende que el voluntariado es una forma de construir la democracia, una forma de tomar decisiones sin delegarlas en nadie. Bienaventurado si cuando busca una transformación social interpreta que no tienen que ser los extraterrestres quien la hagan, sino cada uno de nosotros dentro de una organización o de un proyecto solidario. Y Bienaventurado el voluntario que sabe transmitir la actitud y la sensibilidad que lo alimenta a aquellos que aún creen nadar en un estanque de pirañas. Cristóbal Sánchez Blesa Es agosto en una pequeña ciudad de la costa en plena temporada. Cae una lluvia torrencial hace varios días y la ciudad parece desierta. Todos tienen deudas y viven a base de créditos. Por fortuna, llega un ruso millonario y entra en un pequeño hotel con encanto. Pide una habitación. Pone un billete de 100€ en la mesa del recepcionista y se va a ver las habitaciones. El jefe del hotel agarra el billete y sale corriendo a pagar sus deudas con el carnicero. Éste coge el billete y corre a pagar su deuda con el criador de cerdos. A su turno éste se da prisa a pagar lo que le debe al proveedor de pienso para animales. El del pienso coge el billete al vuelo y corre a liquidar su deuda con la prostituta a la que hace tiempo que no paga. En tiempos de crisis, hasta ella ofrece servicios a crédito. La prostituta coge el billete y sale para el pequeño hotel donde había traído a sus clientes las últimas veces y que todavía no había pagado. Entrega el billete de 100€ al dueño del hotel, y liquida sus deudas. En este momento baja el ruso, que acaba de echar un vistazo a las habitaciones, dice que no le convence ninguna, coge el billete que había dado antes, y se va de la ciudad. ¡Nadie ha ganado un duro, pero ahora toda la ciudad vive sin deudas y mira el futuro con confianza! Ahora resulta que los bancos norteamericanos que exigieron la ayuda del Estado para no declararse en quiebra, y someter al país a un colapso de magnitudes inimaginables, ya pueden devolver los créditos recibidos. ¿Magia financiera? ¿Milagro de San Obama? Nada de eso. Los mayores responsables de la hecatombe financiera que nos ha llevado a la crisis económica que padecemos en todo el mundo, se han librado de ir a la cárcel por sus fraudes, estafas, evasiones de capitales, alteración del precio de las cosas, fondos basura y tóxicos hasta constituir una pandemia más peligrosa y deletérea que la de la nueva gripe. Algunas entidades que solicitaron esas ayudas habían engordado su pasivo… con las enormes cantidades prometidas a sus ejecutivos en bonos, fondos de pensiones, primas preferentes, que se apresuraron a cobrar tan pronto como se aprobaron los créditos estatales. La Comisión del Congreso reclamó ese dinero, pero no lo ha conseguido ni en un 20%. El Tesoro impuso condiciones de transparencia que no gustaron a los beneficiados. Descontentos con la tutela estricta impuesta por Washington, los principales bancos del país querían salir del plan de ayuda impuesto. Y con un cinismo que asombra, el Departamento del Tesoro autorizó a esas entidades a devolver 68.000 millones de dólares del fondo de alivio de activos tóxicos lanzado en otoño… debido a su “recuperación financiera”. ¿No estaban ahogándose? ¿A qué se debe esa pretendida “recuperación financiera”? ¿Han vendido activos no declarados o repatriado capitales evadidos? Estas entidades se librarán del control de Washington que no se atreve a congelar los activos norteamericanos que desviaron a los paraísos fiscales evadiendo el fisco y dañando a la sociedad. Pero en esos paraísos también están miles de millones de dólares “relacionados” con los de otras grandes compañías transnacionales y a esto se oponen los grandes lobbies que dictan la economía del mundo. Pero que estén en condiciones de pagar no basta para darla por finiquitada. Obama señaló que las devoluciones son "una señal positiva", pero reiteró que la crisis financiera sigue amenazando a familias y empresas. Y advirtió que permitir estas restituciones no es "un perdón" de los excesos pasados ni un salvoconducto para que el sector financiero se embarque a asumir riesgos sin pensar en las consecuencias. Obama insistió en que no tiene interés alguno en "gestionar bancos, ni automovilísticas, ni constructoras ni ninguna compañía privada". El apoyo a la banca estaba concebido para tapar los agujeros creados en sus balances por la deuda de mala calidad, y así elevar la confianza entre las entidades y agilizar el crédito. La medida permite demostrar que los planes del Gobierno funcionan, aunque la economía se mantenga débil y dotará de nuevo al Estado de fondos para poder redistribuirlos entre entidades en problemas. En España la banca ha sido obligada a tasar los activos que pueda vender si tienen problemas. Se rescata la banca pero no aumentan los créditos a empresas ni a particulares, aunque sí a empresas participadas por esos mismos bancos. José Carlos Gª Fajardo Al comenzar el curso en la universidad, les digo a los alumnos: “He oído decir que en colegios e institutos hay profesores que padecen estrés. Olvídense de eso, porque los estresados pueden ser ustedes. A la universidad se viene a compartir saberes, y esto es imposible sin trabajar fuerte, respetando las reglas del juego establecidas, y que han dado su carácter y prestigio a la universidad”. Se extiende el maltrato de los muchos adolescentes a padres y profesores. Se ha cedido en aspectos fundamentales: respeto, cariño, comunicación, autoridad y concierto en una vida familiar. Hay padres que han pretendido ser los mejores “amigos de sus hijos” cuando estos lo que necesitaban eran padres y puntos de referencia. Los amigos se los buscan ellos. Padres insensatos han sobre protegido a sus hijos y les han consentido vivir sin reglas ni normas ni concierto. Niños y adolescentes han empezado a levantar la mano a sus progenitores, sobre todo a su madre y este maltrato ha adquirido tintes de epidemia. En España, durante 2008, las Fiscalías de Menores abrieron más de 4.200 expedientes por agresiones de hijos a padres. No todas las denuncias dan lugar a la apertura de expedientes judiciales -muchas se archivan tras labores de mediación-, y hay que pensar que por cada padre que denuncia a su hijo, hay otros que se resisten a dar ese paso. Consuelo Madrigal, fiscal de Menores del Tribunal Supremo, dice "Cuando los padres denuncian es porque han llegado a una situación límite. Se sienten doblemente avergonzados por tener que pedir que se actúe contra sus hijos y porque la denuncia misma les parece la constatación de un fracaso". Las estadísticas muestran un espectacular incremento de chicas que pegan a sus madres y también chicas que pegan a otras chicas. En esto, como en el consumo de alcohol, tabaco y drogas, también se han esforzado por imitar a sus compañeros para reproducir modelos machistas, por mucho que hayan estudiado en colegios mixtos y se les suponga aleccionados en los valores de la libertad y la igualdad. No son casos de marginación social sino que parece concentrarse en familias desestructuradas, de clases medias. Parece que esas conductas son formas de protesta ante una realidad desconcertante pues algunos han sido testigos de malos tratos conyugales o han padecido agresiones paternas. ¿Qué está pasando para que adolescentes que antes se fugaban del hogar opten por quedarse en casa a tiranizar a sus progenitores?, se pregunta Berbería. ¿Y para que los padres que antes expulsaban del hogar a sus hijos díscolos o depravados ocupen hoy el papel de víctimas? Muchos han sustituido el modelo del "ordeno y mando" por una permisividad sin límites, igualmente nefasta. El principio de autoridad se ha debilitado y ni la sociedad ni la familia han sabido establecer otros valores y límites. Nos estamos equivocando en la educación y muchos menores delincuentes surgen en un ambiente que genera niños individualistas y hedonistas, incapaces de aceptar la frustración. Algunos sostienen que la familia es la primera patología a tratar y muchos padres no saben qué hacer con sus hijos. Se detecta un problema de ausencia de la figura paterna, bien porque la pareja se haya separado o porque el padre o la madre se inhiben o están muy ocupados en el trabajo. El Defensor del Menor de Madrid, sostiene que la violencia ambiental influye, "aunque no sea el detonante del problema", por eso hay que prestar atención a esos chicos que "pasan muchas horas solos en casa, delante de la televisión, viendo cómo las situaciones más terribles se presentan como si fueran normales. Se ha comprobado que las imágenes violentas activan el área del cerebro que fomenta la agresión. La sobre exposición a estas señales hacen bajar las defensas frente a la violencia, de forma que la costumbre amortigua su sensibilidad. Estamos ante una sociedad dominada por un modelo económico y social agresivo que amenaza con pervertir los sistemas de valores para con devolvernos a la ley de la selva. El cibersadismo, la difusión de las agresiones, el incremento del maltrato doméstico y escolar practicado por menores sostienen la creciente degeneración. Es preciso volver a una educación en valores de justicia, de esfuerzo y de solidaridad para una convivencia ciudadana. José Carlos Gª Fajardo Todos nacemos con fecha de caducidad, pero ni la conocemos ni la podemos prolongar con violencia. “Lo entiendes con la cabeza, pero no con el corazón”, dijo el paciente al escuchar el diagnóstico: A.M.S. atrofia sistémica múltiple, una enfermedad neuro degenerativa, invalidante y mortal. Carlos Cristos, licenciado en Medicina y Cirugía, ejerció como médico de familia, con su mujer, también médico en Mallorca. Amante de la investigación y de la ciencia. Músico. Piloto de vuelo libre. Patrón de vela. Montañero. Colaboraron ambos con ONGs en Ruanda. Como médico ha tenido que transmitir diagnósticos fatales y ha tenido que acompañar a algunos pacientes hasta el final de sus vidas. Carlos Cristos reclama una vida y una muerte dignas; su familia y sus amigos también. Por eso invita a su amigo y director de cine, Antoni Canet, a que le acompañe en una narración única: su camino hacia la muerte, una historia esencialmente irrepetible. Cogidas de la mano, enfermedad y película han viajado con Carlos para reflexionar junto con su familia, sus amigos, sus compañeros, médicos y científicos, sobre las vivencias y los grandes temas asociados al final de la vida. Y el último tramo del camino lo han transitado como Carlos ha querido: mirando a la muerte a la cara, con serenidad…., pero, «mientras que suene la música, seguiremos bailando. Y a ser posible, con una sonrisa».” Estamos ante un testimonio conmovedor sobre la vida. Esta película transmite sosiego y paz, porque asume la muerte como justa, “sin la cual, la existencia sería inimaginable, horrible”. Una circunstancia a la que intenta enfrentarse con una curiosidad incluso científica, un presentimiento de trascendencia ajeno a cualquier atisbo de misticismo o religiosidad e incluso con un envidiable buen humor. “Que en los últimos momentos no se me acerque nadie disfrazado a contarme no sé qué. Quiero morir como he vivido”. El espectador acompaña la voz fragmentada del médico en su última consulta, un viaje cinematográfico y vital hacia la consumación de un periplo, porque vivir hasta morir es vivir lo suficiente. “Aunque el yo que habita en este cuerpo enfermo y terminal tenga sentimientos que no se pueden ignorar”. En contra de estas inercias actúa la película. El entorno favorable, la fortaleza intelectual y humana de Carlos, su poder comunicativo, la serenidad en la aceptación de lo inevitable, el arrojo para seguir activo y útil hasta el último momento, muestran que el final de la vida debe ser digno y confortable. En manos de la medicina está el deber de evitar el dolor, por medio de los cuidados paliativos, y en manos de los seres queridos está la posibilidad de ayudar a vencer la muerte solitaria del enfermo mediante la cooperación y el respeto a su libertad. “Las alas de la vida” reflexiona sobre la vida que se escapa y la muerte en una cultura, la nuestra, que la esconde como un tema tabú, ajeno y desconocido. La sencillez de una persona que ama a la vida en el proceso consciente, acelerado e irreversible de la separación de este mundo es conmovedora. Dotado de una mente poderosa, con un discurso de estremecedora clarividencia y de una entereza moral inquebrantable, el médico da una lección de humanidad, pero también de fragilidad ante su destino. Su deseo de saber más sobre su propio calvario, la manera tan tierna, pero también tan discreta, de irse despidiendo de todo lo que le importaba en la vida, nos conmueven sin sentimentalismo alguno. No excluye la importancia de la eutanasia, algo tratado en la lectura del testamento, una de las secuencias más electrizantes de este valioso film. Escribe C. Boyero, uno de los más prestigiosos críticos: Esta hermosa, necesaria y conmovedora película me inyecta vida, conocimiento, alegría y emoción. Me hace pensar, dudar y sentir. Y me enamoran el coraje, la lucidez, la dignidad, el terror, la generosidad, la inteligencia, la incertidumbre, la alegría, la angustia, la autenticidad, la complejidad y el humor de ese admirable ser humano llamado Carlos Cristos. También me hace llorar, pero esas lágrimas no son desesperadas, sino buenas para el alma. José Carlos Gª Fajardo Nota.- Esta película se puede conseguir en http://www.lasalasdelavida.com/index.html. Humo humano. Nicholson Baker. Debate. Barcelona, 2009. 535 páginas. Se trata de un fresco de momentos capitales, llenos de barbarie, sufrimiento y compasión, que contribuye al debate con la perspectiva actual. No todo fue una historia de buenos contra malos: en un lado los demócratas defensores de los derechos humanos y en el otro los bárbaros fascistas, nazis y japoneses sin escrúpulos. Recordemos que el sanguinario Stalin y su despótico régimen se encontraban en el bando de los “Aliados”. Baker muestra cómo la pulsión destructiva de la II Guerra Mundial no era sólo de un bando. El autor rinde homenaje al pacifismo fruto de la justicia y del diálogo entre los pueblos. Lo más relevante es responder a la pregunta de por qué el ser humano fue capaz de tantas atrocidades como tuvieron lugar entre 1939 y 1945. Humo humano muestra un amplio período, desde finales del siglo XIX hasta diciembre de 1941, para contar de una manera distinta y original los orígenes de la II Guerra Mundial. Leer ahora las salvajes propuestas de Churchill, de un joven Roosevelt o de tantos políticos aliados que han pasado a la historia como adalides de la justicia y de las libertades, será bueno para ampliar nuestra visión de los acontecimientos históricos, y que contiene un profundo lamento por la irreparable pérdida que la Humanidad se ha causado a sí misma. En septiembre se cumplen setenta años del estallido de la guerra. «Baker incomoda a aquellos que creen que todos los alemanes fueron malos y puede enojar a los que consideran a Churchill un héroe.»(The New York Times) En un delicioso artículo, “El mal estaba en todas partes”, José María Ridao hace una espléndida reflexión sobre el tema. Desde que la investigación historiográfica empezó a confundirse con el denominado "trabajo de memoria", la idea de que el conflicto más devastador de todos los tiempos revestía los caracteres de una lucha escatológica, de un combate contra el Mal Absoluto, ha ido ganando terreno. Ese genérico ser humano que se libró a la destrucción y el asesinato en masa no se encontraba únicamente en las filas del nazismo, sino también en cada uno de los bandos enfrentados. El resultado es perturbador, como si, de pronto, hubieran sido convocados a escena todos los silencios, todos los equívocos imprescindibles para que la historia de la II Guerra Mundial se pueda seguir contando como hasta ahora. Es entonces cuando aparecen por primera vez protagonistas como el futuro jefe del Bombing Command, Arthur Harris, y el también futuro primer ministro británico, Winston Churchill. "Estoy decididamente a favor de emplear gas tóxico", escribe Churchill al jefe de la Royal Air Force, "contra tribus incivilizadas". La confianza del primer ministro en la eficacia del bombardeo contra civiles, aunque ya no con gas tóxico, que había sido prohibido, se mantiene intacta al iniciarse la II Guerra Mundial, sólo que ahora Churchill pretende que la lluvia de fuego que descarga sobre las ciudades de Alemania transmitan el mensaje de que los alemanes deben rebelarse contra Hitler. Con el implícito y aterrador corolario de que, si no lo hacen, se convierten en cómplices del dictador. Los textos que reproduce Baker recuerdan que el antisemitismo no fue sólo un sentimiento alimentado por el nazismo, sino un clima general. Cuando aún era un simple abogado, el futuro presidente Roosevelt se dirigió a la Junta de Supervisores de Harvard proponiendo que se redujera el número de judíos en la Universidad hasta que sólo representaran un 15%. Y Churchill, entretanto, publicaba en febrero de 1920 un artículo de prensa en el que decía que judíos "desleales" como Marx, Trotski, Béla Kun, Rosa Luxemburgo y Emma Goldman habían desarrollado "una conspiración mundial para el derrocamiento de la civilización". Creía, sin duda, en la existencia de "judíos leales", a quienes exigía en ese mismo artículo que vindicasen "el honor del nombre de judío", pero la obsesión antibolchevique le jugó la mala pasada de elogiar, también en la prensa, a Mussolini, de quien se declaró "encantado por el porte amable y sencillo" y "por su actitud serena e imparcial". E incluso a Hitler, de quien, dejándose influir por los comentarios de los que lo conocían, estima que era "un funcionario harto competente, sereno y bien informado de porte agradable y sonrisa encantadora". En contraposición, Trotski "era un judío. Seguía siendo un judío. Era imposible no tener en cuenta este detalle". Perlas: Un informe de la RAF, en 1936. "Si nuestros ataques pudieran desmoralizar al pueblo alemán, empleando métodos parecidos a los que prevemos que los alemanes utilizarían contra nosotros, su Gobierno podría verse obligado a desistir (...). Pero es probable que una dictadura militar sea menos susceptible a las protestas populares que un gobierno democrático". Capitán Philip Mumford, en 1937. "¿Qué diferencia hay entre arrojar 500 bebés a una hoguera y arrojar fuego desde un avión sobre 500 bebés?". Winston Churchill, en 1941. "Hay millones de alemanes que son curables y otros matables". José Carlos Gª Fajardo El autor de Las venas abiertas de América Latina cuestiona si es justa la justicia en el orbe Quiero compartir algunas preguntas, moscas que me zumban en la cabeza. ¿Es justa la justicia? ¿Está parada sobre sus pies la justicia del mundo al revés? El zapatista de Irak, el que arrojó los zapatazos contra Bush, fue condenado a tres años de cárcel. ¿No merecía, más bien, una condecoración? ¿Quién es el terrorista? ¿El zapatista o el zapateado? ¿No es culpable de terrorismo el serial killer que mintiendo inventó la guerra de Irak, asesinó a un gentío y legalizó la tortura y mandó aplicarla? ¿Son culpables los pobladores de Atenco, en México, o los indígenas mapuches de Chile, o los kekchíes de Guatemala, o los campesinos sin tierra de Brasil, acusados todos de terrorismo por defender su derecho a la tierra? Si sagrada es la tierra, aunque la ley no lo diga, ¿no son sagrados, también, quienes la defienden? Según la revista Foreign Policy, Somalia es el lugar más peligroso de todos. Pero, ¿quiénes son los piratas? ¿Los muertos de hambre que asaltan barcos o los especuladores de Wall Street, que llevan años asaltando el mundo y ahora reciben multimillonarias recompensas por sus afanes? ¿Por qué el mundo premia a quienes lo desvalijan? ¿Por qué la justicia es ciega de un solo ojo? Wal-Mart, la empresa más poderosa de todas, prohíbe los sindicatos. MacDonald’s, también. ¿Por qué estas empresas violan, con delincuente impunidad, la ley internacional? ¿Será porque en el mundo de nuestro tiempo el trabajo vale menos que la basura, y menos todavía valen los derechos de los trabajadores? ¿Quiénes son los justos, y quiénes los injustos? Si la justicia internacional de veras existe, ¿por qué nunca juzga a los poderosos? No van presos los autores de las más feroces carnicerías. ¿Será porque son ellos quienes tienen las llaves de las cárceles? ¿Por qué son intocables las cinco potencias que tienen derecho de veto en Naciones Unidas? ¿Ese derecho tiene origen divino? ¿Velan por la paz los que hacen el negocio de la guerra? ¿Es justo que la paz mundial esté a cargo de las cinco potencias que son las principales productoras de armas? Sin despreciar a los narcotraficantes, ¿no es éste también un caso de “crimen organizado”? Pero no demandan castigo contra los amos del mundo los clamores de quienes exigen, en todas partes, la pena de muerte. Faltaba más. Los clamores claman contra los asesinos que usan navajas, no contra los que usan misiles. Y uno se pregunta: ya que esos justicieros están tan locos de ganas de matar, ¿por qué no exigen la pena de muerte contra la injusticia social? ¿Es justo un mundo que cada minuto destina 3 millones de dólares a los gastos militares, mientras cada minuto mueren 15 niños por hambre o enfermedad curable? ¿Contra quién se arma, hasta los dientes, la llamada comunidad internacional? ¿Contra la pobreza o contra los pobres? ¿Por qué los fervorosos de la pena capital no exigen la pena de muerte contra los valores de la sociedad de consumo, que cotidianamente atentan contra la seguridad pública? ¿O acaso no invita al crimen el bombardeo de la publicidad que aturde a millones y millones de jóvenes desempleados, o mal pagados, repitiéndoles noche y día que ser es tener, tener un automóvil, tener zapatos de marca, tener, tener, y quien no tiene, no es? ¿Y por qué no se implanta la pena de muerte contra la muerte? El mundo está organizado al servicio de la muerte. ¿O no fabrica muerte la industria militar, que devora la mayor parte de nuestros recursos y buena parte de nuestras energías? Los amos del mundo sólo condenan la violencia cuando la ejercen otros. Y este monopolio de la violencia se traduce en un hecho inexplicable para los extraterrestres, y también insoportable para los terrestres que todavía queremos, contra toda evidencia, sobrevivir: los humanos somos los únicos animales especializados en el exterminio mutuo, y hemos desarrollado una tecnología de la destrucción que está aniquilando, de paso, al planeta y a todos sus habitantes. Esa tecnología se alimenta del miedo. Es el miedo quien fabrica los enemigos que justifican el derroche militar y policial. Y en tren de implantar la pena de muerte, ¿qué tal si condenamos a muerte al miedo? ¿No sería sano acabar con esta dictadura universal de los asustadores profesionales? Los sembradores de pánicos nos condenan a la soledad, nos prohíben la solidaridad: sálvese quien pueda, aplastaos los unos a los otros, el prójimo es siempre un peligro que acecha, ojo, mucho cuidado, éste te robará, aquél te violará, ese cochecito de bebé esconde una bomba musulmana y si esa mujer te mira, esa vecina de aspecto inocente, es seguro que te contagia la peste porcina. En el mundo al revés, dan miedo hasta los más elementales actos de justicia y sentido común. Cuando el presidente Evo Morales inició la refundación de Bolivia, para que este país de mayoría indígena dejara de tener vergüenza de mirarse al espejo, provocó pánico. Este desafío era catastrófico desde el punto de vista del orden racista tradicional, que decía ser el único orden posible: Evo traía el caos y la violencia, y por su culpa la unidad nacional iba a estallar, rota en pedazos. Y cuando el presidente ecuatoriano Correa anunció que se negaba a pagar las deudas no legítimas, la noticia produjo terror en el mundo financiero y el Ecuador fue amenazado con terribles castigos, por estar dando tan mal ejemplo. Si las dictaduras militares y los políticos ladrones han sido siempre mimados por la banca internacional, ¿no nos hemos acostumbrado ya a aceptar como fatalidad del destino que el pueblo pague el garrote que lo golpea y la codicia que lo saquea? Pero, ¿será que han sido divorciados para siempre jamás el sentido común y la justicia? ¿No nacieron para caminar juntos, bien pegaditos, el sentido común y la justicia? ¿No es de sentido común, y también de justicia, ese lema de las feministas que dicen que si nosotros, los machos, quedáramos embarazados, el aborto sería libre? ¿Por qué no se legaliza el derecho al aborto? ¿Será porque entonces dejaría de ser el privilegio de las mujeres que pueden pagarlo y de los médicos que pueden cobrarlo? Lo mismo ocurre con otro escandaloso caso de negación de la justicia y el sentido común: ¿por qué no se legaliza la droga? ¿Acaso no es, como el aborto, un tema de salud pública? Y el país que más drogadictos contiene, ¿qué autoridad moral tiene para condenar a quienes abastecen su demanda? ¿Y por qué los grandes medios de comunicación, tan consagrados a la guerra contra el flagelo de la droga, jamás dicen que proviene de Afganistán casi toda la heroína que se consume en el mundo? ¿Quién manda en Afganistán? ¿No es ése un país militarmente ocupado por el mesiánico país que se atribuye la misión de salvarnos a todos? ¿Por qué no se legalizan las drogas de una buena vez? ¿No será porque brindan el mejor pretexto para las invasiones militares, además de brindar las más jugosas ganancias a los grandes bancos que en las noches trabajan como lavanderías? Ahora el mundo está triste porque se venden menos autos. Una de las consecuencias de la crisis mundial es la caída de la próspera industria del automóvil. Si tuviéramos algún resto de sentido común, y alguito de sentido de la justicia, ¿no tendríamos que celebrar esa buena noticia? ¿O acaso la disminución de los automóviles no es una buena noticia, desde el punto de vista de la naturaleza, que estará un poquito menos envenenada, y de los peatones, que morirán un poquito menos? Según Lewis Carroll, la reina explicó a Alicia cómo funciona la justicia en el país de las maravillas: –Ahí lo tienes –dijo la reina–. Está encerrado en la cárcel, cumpliendo su condena; pero el juicio no empezará hasta el próximo miércoles. Y por supuesto, el crimen será cometido al final. En El Salvador, el arzobispo Óscar Arnulfo Romero comprobó que la justicia, como la serpiente, sólo muerde a los descalzos. Él murió a balazos, por denunciar que en su país los descalzos nacían de antemano condenados, por delito de nacimiento. El resultado de las recientes elecciones en El Salvador, ¿no es de alguna manera un homenaje? ¿Un homenaje al arzobispo Romero y a los miles que como él murieron luchando por una justicia justa en el reino de la injusticia? A veces terminan mal las historias de la Historia; pero ella, la Historia, no termina. Cuando dice adiós, dice hasta luego. LAS ABUELAS NO LO SABEN TODO ... El pequeño Esteban estaba pasando unos días con su abuela. Llevaba un rato jugando fuera con otros niños cuando entró en la casa y pregunta: - Abuela, ¿Cómo se llama cuando dos personas duermen en el mismo cuarto y una de ellas está encima de la otra? La abuela se quedó un poco sorprendida, pero decidió decirle la verdad su nieto de 6 años: - 'A eso se le llama relaciones sexuales, cariño'. El pequeño Esteban dijo: - - 'Aahhh, vale!' y volvió a salir a charlar y a jugar con los otros niños. Unos minutos después volvió a entrar y dijo todo enfadado: - Abuela, no se llaman relaciones sexuales, se llaman literas! ...y la mamá de Diego quiere hablar contigo. ________________________________ En un casting para un programa de televisión, se pide a los participantes que den el nombre, los apellidos y una característica que los haga especiales. Llega el primero y le dice a la recepcionista: - Pepe Romerales. Corredor, 100 metros llanos en 10 segundos. El siguiente: - Manuel Vargas. Bailarín profesional. 104 horas de baile sin parar. Llega otro y dice: - José Unamuno. Tengo una poronga de treinta centímetros. La que estaba anotando lo mira con los ojos desorbitados y le pregunta: - ¿Una qué?.. - Una... muno, tarada... ¡Como el escritor! |